Y tú puedes llamarme

24/7, 24/7, 24/7

Estaré allí para escucharte en cualquier momento

Sé lo que significa para ti

En cualquier momento, todo el día, toda la semana

Para ti

Estaré allí para escucharte y creer en ti


Si Jean no podía vengarse de forma física descargándose con Yuri, entonces lo haría con su mundo y todo lo que le rodeaba. Se desquitaría con todo lo que tenía al alcance de Yuri y sabía eran sus puntos débiles. Solo así se iría tranquilo. Solo así podría alejarse feliz y dejar a Yuri destrozado con su desastre.

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La ceremonia de graduación de Yuri Plisetsky fue muy bonita, hasta el mismo graduado se sorprendió de lo bien preparado que estaba todo. Habían sutiles rosas blancas y azules decorando el gimnasio cerrado y las sillas estaban adornadas con listones para los invitados. Habían cambiado las feas cortinas rojas del escenario por unas plateadas modestas y opacas, pero que causaban un aire elegante. Todo parecía bien organizado y lindo. El único disgusto del chico fue que tuvo que recortar su cabello porque la ceremonia requería ser "formal y seria", y su profesora a cargo lo había dejado claro. ¿Acaso no les bastaba con hacer usar a todos sus estudiantes ese maldito uniforme escolar? ¡sentía que la corbata lo estaba ahogando!

En ese mismo instante, las preciosas hebras de Yuri no eran más que mechoncitos lo bastante cortos como para dejar al descubierto su blanco cuello y hacerlo sentir escalos fríos cuando la brisa corría por su nuca.

...

—Formalidad mis pelotas — había farfullado mientras escuchaba con su corazoncito rompiéndose cada tijereteo de la peluquera — dónde está la puñetera inclusión en este país.

—Putin solo le dará inclusión a los perros — se había burlado Yuuri Katsuki de él, sentado en el sofá de espera, mirando su celular mientras sonreía — Mira esto.

Por unos segundos esos ojos de víbora que poseía el Katsuki parecieron derretirse en amor mientras le estiraba el móvil a Yuri y este lo veía a través del espejo. Hizo una mueca. Nop, esa jodida imagen de Putin abrazando un perrito no mecía ni el cimiento más débil de sus sentimientos, él era un cat lover de corazón.

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Por otro lado, Beka le había dicho que tenía un cierto aire más varonil con ese estilo. Yuri no supo si aquello era un comentario ordinario o un halago.

— ¿Eso es bueno o malo?

Iban de camino a la ceremonia cuando la conversación se había dado.

Otabek sonrió de lado.

Me gusta tu pelo largo, pero el cabello corto se te ve bien también... es como verte crecer, me hace sentir como un padre viendo a su hijo madurar.

Yuri frunció las cejas y negó con la cabeza, una sonrisa entretenida creciendo en sus labios.

Oh my god, Beka, eso es bastante enfermo, ¿estás teniendo en cuenta que follamos? dijo soltando una carcajada creo que tenemos un serio caso de daddy issues aquí.

Ambos se rieron por el comentario y así fue el camino hasta llegar al colegio, entre bromas y risas.

...

Al finalizar todo ese embrollo de dos horas en las que Yuri estuvo sonriendo todo el tiempo, la fotografía entre sus manos seguía siendo razón de alegría.

Bien sabía que Otabek Altin no le gustaban mucho las fotografías (ni siquiera tenía una en sus fotos de perfil) y mucho menos en la graduación de cualquier baby del que hubiera sido el tutor. Solía enviar a un representante pagado para no inmiscuirse en esos asuntos "tediosos".

Sin embargo, Yuri ya no era un baby. Y si lo fuera, no era uno común y corriente: era un baby personal.

Se sentía pleno y satisfecho. ¡Había terminado por fin la preparatoria! Adiós a todos los tarados que habían sido sus compañeros, ¡no pensaba verlos nunca más en su perra vida!. Menos a Sala, por supuesto, ella era un sol.

Recibió felicitaciones por parte de Mila y Yuuri que se disculparon por no poder estar presente, pero prometieron llevarlo a ese café de gatos que se había instaurado en la ciudad hacía pocos meses.

Yuri bajó las notificaciones con un desliz rápido; varias notificaciones, likes en la última foto de su Instagram con su certificado de graduado, otros mensajes de felicitaciones por parte de sus compañeros, un mensaje de Leo preguntando si estaba con Otabek que ignoró olímpicamente porque si lo que quería era robarle su tiempo de calidad con él hablándole de estupideces del trabajo, que se pudriera. Buen viaje Leo y arréglatelas solo.

La cena estuvo deliciosa y la conversación se dio de forma natural. Hablaron de su relación, de pequeños planes a futuro, de lo que quería hacer Yuri tras haber salido del colegio. Otabek se tomó a bien que el chico decidiera tomarse un año sabático porque no sabía si entrar a la universidad o no.

— Lo que sea que quieras hacer, te voy a apoyar. Pero no descuides tu tiempo ni holgazanees porque sí.

Yuri había sonreído divertido. Y con una sonrisa coqueta le dijo:

— Sí, papá.

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Cuando volvieron a subir al carro, Otabek le atrapó por sorpresa con un beso travieso justo cuando se hallaba abrochándose el cinturón de seguridad.

Altin sintió la ternura en su corazón cuando el chico soltó una risita nerviosa por el choque, pero correspondió de inmediato inclinando su cuerpo hacia él.

Los labios de Yuri todavía tenían el sabor salado de la salsa de champiñones. Eran suaves y redondos. Ambos inclinaron sus cabezas y el movimiento fue muy suave, con mucha paciencia y cariño. La mano de Yuri le acarició la mejilla y él la sostuvo ahí con su diestra porque se sentía bien, estar con Yuri era sentirse realmente bien. Lo adoraba.

— ¿Estás cansado? — le preguntó en un suave susurro sin esperar una respuesta — quiero llevarte a un lugar.

Los ojos de Yuri brillaron como dos esmeraldas bajo cristalinas aguas. El chico asintió con una sonrisa.

— Sí, no hay problema. ¿Dónde es? Que tenga espejos en el techo, por favor.

Otabek correspondió con una risa corta. La chispa que tenía Yuri para insinuar cosas sexuales de forma graciosa era algo que le gustaba; sentía en la mirada el código. Yuri era, definitivamente, lo que nunca había tenido y lo que nunca había deseado, pero ahora todo lo que más apreciaba y lo que no quería jamás soltar.

— No es nada del otro mundo, solo es un mirador cualquiera.

Yuri volvió a asentir, y apuntó con su mirada al volante, para que empezara a conducir.

— ¿Qué esperas?

Otabek le dejó un beso en la frente, giró la llave del carro encendiendo el motor y volvieron a partir.

Internamente Yuri pensó que, si Otabek quería llevarlo a un lugar y decía que no era la gran cosa, definitivamente debía haber un mensaje clarísimo. Debía ser algo importante para el kazajo, y si lo era y quería mostrárselo, entonces él era feliz, ¡con mucho gusto!

La ciudad seguía igual de iluminada. Las personas fuera de las discoteques haciendo largas filas, clubes repletos, familias paseando por el centro, algunos escolares rezagados que todavía no llegaban a casa, trabajadores cruzando las calles, el tráfico en la avenida principal era el de siempre. Era un día viernes cualquiera.

Las primeras estrellas ya habían aparecido.

Sin embargo, poco a poco las personas fueron desapareciendo de la vista de Yuri a medida que Otabek los adentraba por un camino más alejado de la luminaria, alejado de los rascacielos de Moscú y sus bulliciosas callejuelas. Llegaron a una zona apartada, lejana del bullicio y casi campestre de no ser por las coloridas y pequeñas casas a los costados de la carretera. Estaban en la zona baja de Moscú, entre barrios más modestos y casi considerados pobres.

— ¿Vamos a cometer un homicidio? — preguntó Yuri al ver todo muy sospechoso.

Aquello le arrancó una risa a Otabek.

— Te aseguro que ni alcanzaríamos a poner un pie entre las calles antes de que nos roben todo.

— Oh, los suburbios, ¿eh?

— Así es.

Yuri siguió observando cómo el camino se hacía más oscuro y estrecho. No estaba asustado, pero sí intrigado. Las casas desaparecieron en un punto y en pocos minutos fueron hacia otro lado, pero poco y nada Yuri visualizó pues con solo las luces del carro lo único a la vista era un camino terrado en subida. Iban subiendo por un mirador.

— Ya, dime, ¿dónde estamos? — preguntó mirando a Otabek quien iba concentrado en el camino.

El kazajo lo miró de reojo y sonrió divertido por el rostro confundido y expectante de Yuri. Se mantuvo enigmático hasta que estacionó en una esquina e hizo la seña con la cabeza a Yuri para que bajara junto a él.

Por supuesto que el ruso lo siguió al segundo, el frío del lugar recibiéndolo de inmediato, pero la sorpresa llegando a él como un golpe. Todo era tan...

— Tan silencioso...

Yuri quedó maravillado al instante, su boca abierta cuando vio el río de lucecitas sobre su cabeza. El cielo se abría con una facilidad que los focos de la ciudad opacaban, pero que a falta de ellos en ese lugar, dejaba que cada estrella -por más pequeña que fuera- se uniera a sus hermanas en el oscuro y profundo cielo de la noche.

Se acercó a pasos torpes a la baranda del pequeño mirador, sin dejar de mirar el cielo.

Recordaba haber visto un cielo así alguna vez, pero hacía muchos años atrás, cuando solo era un crío con las rodillas raspadas.

Valerik lo hubiera amado. Pensó inconscientemente.

— Allá — apuntó de pronto Otabek— es donde vivía con mi madre y mis hermanas cuando era niño. Por eso sé que es peligroso.

Yuri siguió la línea invisible que se trazaba desde el índice de Otabek hasta las casas que había visto por la carretera, antes de lugar a ese lugar en alto.

— Cuando me enfadaba con ella me escapaba acá.

Yuri lo miró muy sorprendido. ¡Era mucha la distancia!

— Sí que debiste estar muy enfadado como para alejarte tanto — susurró Yuri, calculando al menos tres kilómetros, pero que en subida eran tres kilómetros considerables para un niño — ¿qué hacías al llegar aquí? ¿llorabas mucho? Oh, me habría gustado ser tu amigo para consolarte — soltó con voz calma, la ternura y la burla bailando en su tono.

Otabek sonrió mientras observaba el perfil de Yuri observando el cielo.

— Eras un bebé en ese tiempo. Además, incluso si te hubieras acercado a mí de seguro te habría golpeado, de verdad odiaba que intentaran consolarme, me daba vergüenza.

— Dios, qué adorable chico.

Yuri se rio y Otabek le miró. En un movimiento totalmente natural, ambos se abrazaron. Yuri quedó totalmente acobijado bajo el abrigo ajeno, quien lo arropó como si pudiera tapar todo su cuerpo con su prenda.

— ¿Es este un lugar especial para ti? — preguntó Yuri mirándole desde muy cerca. Sus narices heladas casi podían tocarse.

— Un poco, sí. La verdad, solo quería traerte para que vieras las estrellas... es cursi, ¿cierto?

La voz de Altin, de pronto, sonó un poco apenada, pero Yuri halló eso sumamente adorable. Le dejó un suave beso sobre los labios.

— Sí, es muy cursi. Me gusta.

¿Quién habría dicho que aquella noche podría convertirse en una de las favoritas de ambos?

Otabek por primera vez pudo sentir toda la emoción que Yuri siempre sentía al estar junto a él. Fue como si, por primera vez, los sentimientos en aquella relación fueran cargados de forma equitativa en ambos, siendo tanto amantes como compañeros.

Si alguien en el pasado le hubiera dicho a Otabek que terminaría enamorándose de Yuri Plisetsky, simplemente no le habría creído. Porque él solía pensar que estaría siempre solo.

Pero, en ese momento teniendo su cuerpo entre sus brazos, con tantas experiencias entre ellos y con tanto amor que le había demostrado Yuri, él por fin se sentía listo, se sentía pleno y feliz.

Sintió que no necesitaba más.

Los ojos felinos de Yuri le miraban con coquetería y con cariño, una mezcla tan hermosa y una sonrisa tan genuina que remecía todo en su corazón, hasta aquellas heridas que creía congeladas, era como bálsamo, tan suave, tan cálido... Yuri tenía un alma tan viva y hermosa.

Quería estar más con él, mucho más. Todo el día, todos los días.

Oh, rayos, ¿sería muy egoísta desear quedarse atrapados en ese mismo momento por toda una eternidad?

Sus labios rozaron la piel suave de las mejillas porcelanas y atraparon despacio su frío lóbulo.

— Te amo.

Fue un golpe directo y certero al corazón de Yuri. Lo debilitó por completo de la forma más bella posible.

El chiquillo se separó y le miró, estaba atónito. Altin le sonreía amablemente.

¿Qué...?

— Te amo, Yuri Plisetsky.

¡Oh!

Yuri quiso saltar y gritar, sintió que su corazón iba a salirse de su pecho, su cara se sentía muy caliente. ¡Iba a morir!

Pero no pudo, simplemente se sintió congelar tal cual volcán, pero por dentro haciendo una tremenda erupción, ardiente y eufórico.

— B-Beka... — murmuró apenas, un nudo molesto en su garganta — ¡Be-Beka!

Se sintió tan sobrepasado en emoción que lo único que pudo hacer fue abrazarlo fuertemente y hundir su rostro en su cuello. El sutil mareo le hizo cuestionarse una y otra vez si aquello que estaba sucediendo no era un sueño.

Las manos que le correspondieron con fuerza el abrazo se lo negaron. Por supuesto que no era un sueño.

Pero habían sido tantas veces las que Yuri había soñado con ese momento, se lo había imaginado en muchas ocasiones... Y, justo en ese momento, ¡no se había esperado para nada una confesión así, tan corta, tan directa!

Se habría conformado con un manoseo descarado, un par de besos y una charla íntima. ¡Pero además de ello había recibido un "te amo" de la persona que más adoraba en el mundo!

Terminó sollozando como un niño de la felicidad dentro del carro.

— ¿Es mi idea o se te está corriendo el maquillaje? — bromeó Otabek sosteniéndolo en su regazo en el asiento de copiloto.

Yuri le golpeó el hombro bajando el parasol sobre el parabrisas y viéndose en el pequeño espejo de allí. Altin volvió a reírse mientras le acariciaba la espalda. Su maquillaje no estaba corrido, solo le estaba tomando el pelo.

— Eres tan malo — murmuró hundiéndose en su pecho.

— Sí, lo siento mucho.

Tomó sus manos y le dio un besito en la mejilla húmeda.

— Te adoro, Yuri.

De todo corazón.

La sonrisa de Otabek era tan bonita que, si Yuri no hubiera tenido la necesidad de besarlo, se habría puesto a llorar un buen rato más.

Con un jadeo ahogado de sorpresa, Altin sintió cuando Yuri reclinó el asiento por completo hacia atrás, él bajo la sinuosa silueta que se recostaba en su pecho y le tomaba el rostro como si fuera lo más preciado del mundo.

Oh, ese chico era incorregible.

Atrapó los labios rosados con travesura y le abrazó por la cintura mientras Yuri se acomodaba sobre él.

Se encargaría de corresponderle todo lo que le había dado hasta ese momento, con todo el amor que tenía, todo y más, mucho más.

Se separaron sutilmente y Yuri sonrió. Otabek le imitó, notando que los cabellos rubios ya no le caían y ya no le estorbaban para admirar por completo la bonita forma del rostro de Yuri.

— Me gusta este lugar — susurró Yuri.

— Me gusta tu nuevo corte de cabello.

Se rieron como idiotas y volvieron a acariciarse suavemente mientras la noche caía sobre ellos con las estrellas en alto cada vez más brillantes.


Hola!🌱

SOY LA PEOR, DEJÉ ESTA HISTORIA HACE MÁS DE UN AÑO POR UN BLOQUEO TREMENDO y nunca me esforcé lo suficiente por salir de él :( me hago responsable de todo, síp, por eso ahora estoy determinada a terminar esta historia e, incluso, estoy editándola desde el inicio (sin mayores cambios en la trama, claro, solo escenas que no me gustaban, errores de gramática, ortografía, etc ;) ya llevo hasta el capítulo 3 editado si no me equivoco) Y juro cortarme un seno si no termino esta historia, I swear!

La verdad no sé si todavía alguien siga Boys your age jasjsa, pero si alguien lo hace, bueno, nene, esta vez sí es la definitiva, tengo todo el boceto para finalizar este fic! ;)

Tengo otros dos capítulos a la cola, así que los corrijo y se los subo de inmediato!

¡Gracias por leer!