Capitulo 47

¿Qué quieres Hermione? —preguntó Amelia a sus espaldas, Hermione seguía con los ojos cerrados, observando al hombre que amaba—. ¿Has decidido ya lo que deseas hacer? —la chica se quedó muda—. ¡Dímelo querida, y tu deseo se concederá! Pero esta vez, ya no habrá marcha atrás.

—Deseo regresar, necesito volver a su lado. Él es el hombre al que amo y debo estar junto a él. Todo lo demás, ya no me importa —suplicó entre lágrimas.

—Deseo aceptado. Abre los ojos y camina hacia tu destino…

Marzo de 1952…

Riddle intentó retrasar el regreso a su casa de campo durante varios días, pero no podía seguir aplazando lo inevitable. Tenía compromisos a los que no podía faltar, con sus seguidores planes que cumplir.

Regresar a la mansión Riddle era un verdadero suplicio para él. Cada rincón le recordaba a ella y cada parte de aquella mansión seguía manteniendo su aroma. Pero el lugar que realmente le martirizaba era su cama, aquella que había sido testigo de su última noche con Hermione. Todo había comenzado esa noche y de igual forma, todo había terminado para él. Habían transcurrido varios meses desde que ella se había marchado y cada día que pasaba la extrañaba más. A veces pensaba que no conseguiría soportar el dolor de su ausencia. En consecuencia, su humor había empeorado y se había convertido en un hombre anti-social, frio. Ya no quedaba nada de la persona educada y agradable al que todos adoraban.

Meses después debía volver a revivir aquellos momentos con Hermione, con la diferencia de que ella ya no estaba. Entrar en esa casa era recuperar todo lo vivido. Sin embargo, por mucho que intentara recordarlos con una sonrisa por lo vivido con ella, no dejaban de ser los recuerdos más amargos de su vida. Nunca se perdonaría haber llegado demasiado tarde.

Entró a la habitación, fue a su armario y sacó el pañuelo que Hermione se había dejado olvidado el día que se marchó. Ella no se lo había llevado y él lo guardó como el mayor de sus tesoros. Se tumbó en la cama, abrazado a él y aspiró su aroma que aún estaba intacto en esa delicada prenda, cerró los ojos e imaginó que ella estaba junto a él, intentando convencerse de que todo lo vivido en los últimos meses simplemente había sido una pesadilla. Pero cuando volvió a abrir los ojos y comprobó que era su cruel realidad.

La puerta estaba entreabierta un de los elfos entraron a la habitación. Riddle se levantó tan rápido como fue posible, no quería que nadie le viera en aquel estado de abatimiento.

El elfo al ver la tristeza reflejada en el rostro de su señor, se tensó.

—Perdone mi señor, no era mi intención molestarle —dijo el elfo inclinándose.

—No te preocupes.

—Iba a recoger sus pertenencias.

Riddle lo miró con detenimiento.

—No te preocupes déjalo.

El elfo con una inclinación de cabeza retiro de su señor y salió de la habitación.

Se levantó de la cama y se dirigió hacia la ventana para mirar el paisaje.

Maldijo a voces pegando un puñetazo a la ventana, el cristal se desquebrajó y Riddle se cortó en su mano derecha. Un hilo de sangre empezó a gotear de su mano, pero el dolor que sentía por el golpe nunca sería tan fuerte como el que le ocasionaba la pérdida de la mujer, que unos meses antes, se había convertido en su otra mitad.

Sin hacer caso de la herida de su mano, bajó las escaleras de dos en dos y se encerró en la biblioteca para ahogar sus penas en alcohol nuevamente. Todo el mundo le había repetido hasta la saciedad que la bebida acabaría provocándole adicción, pero él hacía caso omiso de los consejos de los demás. Aquella fue la única manera que encontró de mitigar su dolor y ya estaba cansado de sufrir. Sólo ebrio, la pena era más llevadera.

En el momento en el que la anci9ana le había dicho que podía abrir los ojos y caminar hacia su destino, Hermione tuvo que cerrarlos y volver a abrirlos un par de veces para comprobar que era real lo que estaba viendo. Reconocía aquella entrada en la que había aparecido, era la mansión, aquella que a ella tanto le había gustado el primer día que fue. Su corazón latía con rapidez y las lágrimas rápidamente invadieron sus mejillas. Sin embargo, esta vez a diferencia del resto, eran de felicidad. No quiso perder más tiempo y se acercó a la puerta para poder encontrarse con el amor de su vida. Tenía miedo de no saber qué se encontraría en el interior.

"Quizás esté con Mariene ya convertida en su mujer." Sin embargo, de un manotazo apartó esa idea de su mente. Necesitaba ver al padre de sus hijos y dueño de su corazón, aunque su amor nunca volviera a pertenecerle.

El elfo se quedó de piedra cuando la vio. La reconoció en ese mismo momento y se alegró muchísimo al comprobar que había regresado, sin embargo, algo en ella era diferente y no lo decía precisamente por su estado de gestación. Más bien, en lo que se fijó el elfo fue en la vestimenta que llevaba Hermione, una camiseta de tirantes, una falda por encima de las rodillas y unas francesitas negras, algo totalmente inusual en aquella época.

—¡Bue… buenos días, señorita! —saludó asombrado—. Bienvenida de nuevo a la mansión Riddle. Supongo que viene a visitar al amo.

—Así es, ¿sería posible…?

—¡Señorita! ¡Qué alegría volver a verla! — dijo una elfa que entraba en ese momento.

—Yo también estoy muy contenta de saber que se encuentra bien y la felicito por su… ¿embarazo? —preguntó sorprendida al ver la abultada barriga de la chica.

Ella se llevó las manos a su vientre y lo acarició como si de un acto reflejo se tratara, sin poder evitar una amplia sonrisa en el rostro.

—He viajado desde muy lejos para ver de To..., al Sr. Riddle —rectificó rápidamente, no sabía si aún tenía el derecho de llamarlo por su nombre.

—Antes creo que debo informarle de algo, quizás no sea muy agradable verlo sin que le haya contado lo que sucede.

Hermione sintió como su cuerpo se tensaba debajo de su ropa, su corazón latía muy deprisa y el pánico se apoderó de su interior. Las peores noticias pasaron por su mente y no pudo ocultar su nerviosismo. Estaba convencida de que el hombre al que amaba estaba con Mariene.

—Vayamos dentro, seguro que está cansada y necesita sentarse.

—Les diré a los demás elfos que te preparen un té para vosotras y os lo sirvan en la sala —dijo la elfina.

Hermione entró a la casa que tan buenos recuerdos le traía mientras lo iba observando todo con detenimiento. Todo estaba igual como ella lo recordaba y una sensación de alivio se adueñó de su cuerpo.

—Se casó con la señorita Miller, ¿verdad? —preguntó directamente Hermione, con el corazón revolucionado.

En ese momento llegó una de los elfos y empezó a servir el té y la bandeja de pastas. Apenas tardó unos minutos en hacerlo, pero aquel rato se le estaba haciendo eterno. Necesitaba saber la respuesta a su pregunta, pero la elfa no tenía intención de responder hasta que estuvieran nuevamente solas en la sala.

—No se preocupe por eso, aunque no puedo darle tal información. Es un tema delicado y debe hablarlo directamente con el señor.

—¿Qué ocurre entonces? ¿Qué es eso tan grave que tiene que contarme?

La elfa dio un suspiro ante la atenta mirada de Hermione, le habló del mal estado en el que se encontraba el Sr. Riddle. Le aseguró que su malhumor le había acompañado durante todos aquellos meses, que había caído en un profundo estado de apatía y que había perdido bastantes amistades por no querer relacionarse con ellos.

—Puedo asegurarle que yo no he estado mucho mejor —confesó con tristeza—. Mi única felicidad estos meses ha sido saber de la existencia de estos dos bebés —dijo señalando su barriga—. Deseo verle.

—Su aspecto no es el mismo que hace unos meses y todo por culpa de su afición al alcohol. Se pasa el día encerrado en la biblioteca, sin querer ver a nadie y con la única compañía de sus botellas de licor. No come demasiado, no deja que nadie le ayude. —Hermione no se sorprendió al conocer aquellos detalles—. ¿Este hombre se habría convertido en Voldemort? Hermione le entro el pánico, había empeorado las cosas…

—Aun así, deseo verle y me gustaría que fuese en este mismo momento.

La elfa asintió y la acompañó hasta la puerta de la biblioteca. Hermione le pidió que no la anunciara y la elfa asintió. Ella mejor que nadie sabía que la única que podía sacar a Riddle de aquel profundo agujero en el que se había metido era aquella mujer y no tenía dudas de que su visita volvería a ilusionar a Tom

Riddle estaba de espaldas, con la mirada perdida en el horizonte y su frente apoyada en la ventana de la biblioteca. En su mano derecha tenía una copa de vino.

Tom encolerizó al escuchar el ruido de la puerta abrirse y cerrarse segundos después. Unos pasos se acercaban con sigilo hacia él, pero no estaba dispuesto a que nadie irrumpiera en su necesitada soledad.

—¡Déjame enpaz! —exclamó creyendo que se trataba de la elfa—. Me apetece estar solo.

Sin embargo, los pasos seguían acercándose y el enfado de Riddle cada vez era mayor. Hermione pudo ver como buscaba en el bolsillo del pantalón la varita.

—¡Maldita sea! ¿Cuándo entenderán que no quiero ver a nadie?

—¿También quieres que me vaya yo? Porque de ser así, dímelo y lo haré —consiguió decir Hermione con la voz entrecortada, deteniéndose a varios metros de él.

El corazón de Riddle se paró en aquel mismo momento. No sabía si volverse o seguir en aquella posición. Conocía perfectamente esa voz y no tenía duda de que se trataba de ella.

Riddle, con el corazón en la garganta, se giró y cuando vio a Hermione, una amplia sonrisa se dibujó en el rostro. Hermione se sorprendió al ver el mal aspecto del él. Riddle, en cambio, estaba tan cegado por volver a tenerla cerca, que no se percató de ningún cambio en el aspecto de la mujer a la que amaba. Solo quería acercarse a ella, estrecharla en sus brazos y abrazarla. Cuando iba a caminar, Hermione levantó su mano para que no lo hiciera. Ella se moría de ganas de volver a disfrutar de su cercanía, pero antes debían mantener una conversación, las cosas entre ellos no habían terminado bien la última vez que se vieron y tenían que aclarar ciertas cosas. La mujer buscaba las palabras exactas para comenzar a hablar con él, cuando él se percató de algo e interrumpió sus pensamientos.

—¿Estás… estás en cinta? —consiguió preguntar. Hermione asintió nerviosa llevándose las manos a la barriga. No podía ocultar algo tan evidente.

—De esto hablaremos después —aseguró Hermione, antes necesitaba saber algo y sin pensar mucho, realizó la pregunta que tanto le había atormentado todos esos meses—. ¿Qué ha pasado con la Señorita Mariene? ¿Te has casado con ella?

—Puedes estar tranquila, pues eso nunca ha sucedido —respondió decidido al ver el gesto contraído de Hermione y aprovechó que ella asimilaba lo que acababa de decir, para acercarse varios pasos—. Estaba seguro que ese bebé no era mío y al final, Mariene pareció entrar en razón y me confesó que el hijo que esperaba era de Malfoy. —Hermione respiró aliviada y toda la tensión que acumulaba en su cuerpo desapareció.

—¿Cómo cambió de opinión? —preguntó nerviosa.

—Viendo que no conseguía convencerme para casarme con ella, le propuse un trato, más bien la acorralé para que hablara. —Se acercó un paso más a ella y el corazón de Hermione se revolucionó al sentirlo más cerca—. Ella me dijo quién era el padre de su hijo y yo a cambio no la delataba. Ella había sido cómplice del Malfoy y puedo asegurarte que de buena gana la hubiera culpado, sin embargo, tuve… "compasión" del bebé que llevaba en sus entrañas. Él no tenía culpa de nada. —Riddle dio otro paso, alargo su mano y acarició la mejilla de Hermione con delicadeza, necesitaba sentir su suavidad—. Ella aceptó decírmelo y cuando lo hizo, la obligué a salir de mi casa, exigiéndole que nunca más volviera a aparecer por aquí. Días después los rumores se hicieron evidentes y todos conocieron el verdadero nombre del padre de su hijo. —Riddle pasó sus manos por los hombros de ella y las posó a su cintura, atrayéndola hacia su cuerpo para abrazarla como llevaba meses deseando. Hermione se lo permitió encantada, ella también necesitaba sentirlo de nuevo—. Los padres de la señorita Miller, se quedaron tan avergonzados por el escándalo que se organizó, que mandaron a su hija a casa de una tía abuela que vivía en Irlanda, hasta que la situación se tranquilizara.

—¿Qué pasó con Malfoy? —Hermione apoyó su cabeza en el pecho de Tom y éste le acarició el hombro.

—A Malfoy le esperan un tiempo largo en prisión de Azkaban.

Riddle agarró el rostro de Hermione con sus manos y clavó sus intensos ojos negros en los almendrados de ella. Poco a poco empezaron a unir sus cabezas, hasta que sellaron sus labios con un necesitado beso. Riddle enloqueció en el mismo momento que introdujo su lengua en la boca de la mujer a la que había extrañado tanto y se deleitó con su exquisito sabor. Sus lenguas se reencontraban meses después y se acariciaban con tanto amor que ambos volvieron a sentir la felicidad plena. Después de ese tierno beso, llegaron varios más, con los que intentaron recuperar todo el tiempo perdido.

—. Estás muy sexy con esa ropa, pero no me gusta que vayas mostrando tus encantos a otros hombres. Quiero ser el único que disfrute enteramente de ti. —Susurró besando su cuello y fundiéndose en un nuevo beso—. Aún no me creo que estés de nuevo aquí conmigo. Pensaba que me volvería loco por no tenerte a mi lado —aseguró Riddle llevando a Hermione de la mano hasta el sillón.

—Tom, he regresado y esta vez no pienso irme nunca más.

—No sabes cuánto te he echado de menos —Riddle apoyó a Hermione sobre su hombro y le acarició el pelo con delicadeza, totalmente hipnotizado por el reencuentro.

—Claro que lo sé porque yo he sentido lo mismo.

—¿Por qué te fuiste maldita tozuda? —Riddle agarró la cara de Hermione entre sus manos, sin apartar los ojos de aquel rostro que tanto le gustaba.

—Mi enfado me cegó la razón —contestó hechizada por su cercanía—. Me sentí traicionada.

—Pero yo…

—No digas nada —Hermione selló los labios de Tom con sus dedos—. Necesito que me perdones por no haberte dado la oportunidad de explicarme lo que estaba pasando. Pensé que regresando a mi época conseguiría sacarte de mi corazón y podría volver a ser feliz. Pero eso ha sido imposible, ¿y sabes por qué? —Riddle negó emocionado—. Porque mi única felicidad eres tú. Te amo y lo que más deseo en esta vida es estar junto a ti. —Hermione suspiró intentando controlar el nudo de emociones—. Si puedes perdonarme y todavía quieres, me gustaría pasar el resto de mi vida contigo y retomar nuestros planes juntos.

—Eres lo que más deseo, estar junto a ti sería mi mayor dicha. Estos meses han sido los peores de mi vida. Necesitaba explicarte tantas cosas y tenía tan pocas posibilidades de hacerlo.

Riddle fijó de nuevo sus ojos oscuros en la abultada barriga de la mujer a la que amaba.

—Estoy seguro de que este bebé es mío…

—Sí es tuyo. Mejor dicho, si son tuyos porque vamos a ser padres de dos preciosos bebés.

Hermione, divertida al ver la cara de sorpresa de Riddle.

Sintió como su corazón volvía a latir ilusionado y estaba convencido de que no se podía ser más feliz. Volvía a tener a su lado a la mujer más maravillosa que había conocido.

—Te amo. —Volvió a deleitarse con su sabor—. Me estás haciendo el hombre más feliz. —Le regaló varios besos más—. Nunca dejaré que vuelvas a escapar de mi lado.

—¿Aunque esté gorda y fea por el embarazo?

—Eres la mujer más hermosa del mundo y en cinta, mucho más.

Riddle se separó de Hermione, se puso de rodillas ante ella y pegó su boca al lugar donde se encontraban sus futuros hijos.

—No sabes cuánto te deseo y si no fuera porque estás embarazada, te haría el amor como llevo meses necesitando.

—Yo también te deseo y quiero volver a ser tuya. Esta vez, para siempre.

Hermione atrapó los labios de Tom con desesperación y llevó sus manos a su pantalón para desabrocharlo. Necesitaba volver a liberar aquel miembro viril que tanto le había hecho disfrutar meses antes. Riddle, tuvo que armarse de fuerza de voluntad para no arrancarle el vestido a la madre de sus hijos y hacerle el amor como deseaba.

—¡Detente! —ordenó preocupado—. No quiero hacerte daño. Esperaremos hasta que hayas dado a luz.

—No te preocupes, no hay ningún riesgo.

—No, no es bueno.

Hermione se enterneció al comprobar el afán de protección que mostraba Riddle y con una sensualidad que tocó el alma de él, susurró a pocos centímetros de su boca.

—Tom, me vas a hacer el amor porque ambos lo deseamos, lo queremos y lo necesitamos. —Riddle endureció sus facciones y negó rotundamente—. Nuestro amor nunca les haría daño a nuestros hijos —mordisqueó los labios tentando al hombre al que amaba—, que el médico me ha dicho que no hay ningún peligro. Al contrario, es bueno para el parto.

Riddle sopesó aquellas palabras y finalmente respondió:

—Siendo así, lo haremos despacito y con delicadeza.

Riddle cogió a Hermione de la mano, la ayudó a levantarse y la guio hasta su dormitorio. Una vez allí, la desnudó con mimo mientras acariciaba la piel que iba quedando desnuda y la tumbó sobre la cama. Cuando la tuvo totalmente desvestida, le pareció la persona más bella del mundo. Tenía los pechos más hinchados por el embarazo y junto a la abultada barriga, le daban un toque demasiado sensual e irresistible. Besó cada centímetro de su cuerpo algo que hacía que el cuerpo de la mujer se tensara por el deseo que sentía en ese momento. Necesitaba sentirlo dentro con urgencia, aunque debería conformarse con disfrutar de él sin demasiada brusquedad. Riddle acarició el monte de Venus y se relamió los labios sin dejar de mirar a los ojos almendrados que tanto le gustaban.

—No sabes lo mucho que me gustas. Me estas volviendo loco y voy a tener que controlarme mucho. —Suspiró—. ¡Demasiado!

Riddle acercó sus labios al pubis de Hermione y lo saboreó con deleite.

—Mmm, ¡tan exquisito como tú!

Hermione no soportaba más la excitación y le suplicó al conde que le hiciera el amor. Tom, con una sonrisa en la boca por la impaciencia de su mujer, le abrió un poco más las piernas y se adentró en ella con cuidado. Sus movimientos fueron lentos y delicados, pero estaban tan necesitados de volver a sentirse uno, que disfrutaron de un orgasmo intenso, llegando al clímax los dos a la vez, quedando tumbados, abrazados y deseosos de disfrutar de sus cuerpos.

Riddle arropó con cuidado a Hermione con las suaves sábanas, mientras la mimaba y le acariciaba el pelo. La mujer tenía los ojos brillosos y se sentía rebosante de felicidad. Pero una idea fugaz pasó por su mente y comenzó a sentirse inquieta. Tom notó como su cuerpo se tensaba y se preocupó por el motivo.

—¿Qué ocurre, Herm?

Hermione se preocupó por su familia, Todos pensaban que ella había regresado al pueblo donde supuestamente se había criado, como había mencionado en la nota que Hermione dejó en su dormitorio. Creían que la pena por haber perdido a Riddle le había hecho tomar aquella decisión.

—Todos menos Abril, ella sí sabía la verdad —aseguró Riddle.

—Tengo muchas ganas de verlos.

—Tendrás que esperar a mañana, porque ellos aún no han regresado de su viaje. Pero estoy seguro que tu vuelta les hará muy feliz. Si quieres, pasado mañana organizamos una cena con todas las personas a las que quieres ver.

Riddle besó a Hermione y volvió a asegurarle que la amaba.

—Esta vez, nadie nos va a separar. Nos casaremos mañana mismo si es necesario.

—¿Te das cuenta que si todos se enteran que estoy embarazada de ti sin que estemos casados, seremos protagonistas de un nuevo escándalo?

Cariño, a ti nunca te importaron los escándalos. —Rió divertido—. ¿Ahora sí?

—Me importan muy poco —chasqueó la lengua—, al revés, cada día me gustan más.

—Creo que por eso te amo tanto. Porque eres diferente a todas las demás. —Hermione le regaló una sonrisa que le llegó al corazón—. Hermione, ¿qué has hecho para poder regresar de nuevo?

—Cariño, mi destino siempre ha estado contigo y nuestros caminos estaban condenados a encontrarse. Tarde o temprano.

Continuara…