Capítulo 24

William, recibía una carta de George, donde le informaba que ya pronto Candy, daría a luz su bebe, que debía regresar para su nacimiento.

"William, sé que no me incumbe, pero estoy en mi deber de informarte que tu esposa ya está a unas semanas de dar a luz, urge tu presencia, sé que piensas que ella te falto, pero te puedo asegurar que no es así, tu hijo está por nacer no te puedes perder esto que es tan importante.

George Johnson."

William leía aquella carta que lo dejaba con un mal sabor de boca, los trabajos en África ya hacia algunos meses que se habían acabado solo se había quedado porque el dolor que sentía no se había podido curar, así que decidió que debía quedarse más tiempo, aunque ahora que George le había mandado lo inquietaba.

Y si él era el que estaba equivocado, si ella jamás le había faltado, quería creerlo con todas sus fuerzas, pero las imágenes de los dos besándose era algo que no lo dejaba en paz, era una imagen que lo atormentaba, que no lo dejaba tomar una decisión para su vida.

Salió como siempre con su café a observar el cielo las estrellas para pensar, la anciana lo observaba hasta que se acercó…

-Deberías ir.

-No sé de qué me habla.

-Del viento que te llego, deberías ir, solo ve y llena tu corazón, recuerda que la mujer que está por llegar a tu vida, iluminara tu existencia.

-¡De verdad!, que no la entiendo, por más que trato.

-Ya lo entenderás, solo ve.

William, se quedó pensando en lo que aquella anciana le decía y no pudo ni dormir de estar pensando en lo que le había dicho, pero si había una razón para regresar poner en orden su vida, así que, si era hora de regresar.

Su viaje de regreso a Chicago tardo un poco de tres semanas, cuando llego a la mansión bajo del auto, pero observo que nadie salía a recibirlo, la servidumbre solo corría de arriba abajo con cosas corriendo.

-Alguien me puede decir ¿Qué pasa?

-Oh señor, sea bienvenido, es solo que su señora está a punto de dar a luz, su familia está en el salón esperando.

-Ha eso, que suban mis maletas a una recamara, ¿mi abuela?…

-En el salón, igual con la familia de la señora.

William, se dirigió aquel salón, cuando su abuela lo vio. – hijo ¡por dios! qué alegría, que regresaste.

-¡Hermano! que gusto, acercándose para abrasarlo y enseñándole a su bebe.

-Pero mira este muchacho tan grande, ¡esta precioso! Paty, de verdad que solo me ausento unos meses y casi lo encuentro caminando.

-Hay no exageres aún falta para eso, verdad amor.

-Sí, así es cuñado que gusto que regresaste, - dándole un abrazo de bienvenida.

La señora Briter, lo miraba con ojos suplicantes – William, hijo que gusto que llegaste pensamos que no podrías llegar a tiempo, ya que tu carta decía que tenías muchos problemas en las minas.

-Sí, así es – acercándose para besar su dorso.

-No, veo que pueda ser más problemático como para que te pierdas el nacimiento de tu hijo, pero que gusto que, ya que estés aquí, me debes una plática que después tendremos, un Briter muy molesto.

-Sí, claro.

-Hijo podemos pasar a tu despacho, creo que tengo que decirte algunas cosas.

-Sí, yo igual, tengo cosas que hablar contigo William -menciono George, saliendo para el despacho.

-Viste ni siquiera pregunto por mi hija, dime ¿algo paso? Porque no entiendo ¿Qué está pasando?

-Nada amor, no quieras ver cosas, William viene llegando esta aturdido del viaje y no solo eso, se topa con la noticia que su mujer está dando a luz, además aparte tú lo recibes con cara de que lo quieres fulminar. Pobre debe venir cansado, aparte lo recibes con tremenda reprimenda, no sabes por todo lo que paso para llegar.

-Querida, tu siempre tienes la razón, ahora hasta le debo una disculpa, es solo que estoy nervioso aun no dicen nada y ya mi hija lleva horas ahí encerrada.

-Tranquilo, ya debe faltar poco.

William, tenía una plática con su abuela…

-Me puedes decir ¿porque Candy, está aquí?, si deje bien claro que no la quería aquí, no solo eso, hasta su familia está aquí.

-Hijo, yo di la orden de que ella se quedara, esta también es mi casa y así lo decidí.

-Pues no abuela, a ti te habrá engañado con su cara de yo no fui, pero a mí no, ya lo hizo una vez no dejare que me siga pisoteando, no la saco ahora por la situación, pero realmente si no fuera así, yo mismo la echaría a la calle.

-Hijo, creo que los celos te han segado, las cosas no son como tú crees, debes escucharla la has juzgado por cosa que no has hecho, él bebe que está por nacer es tuyo, de nadie más, crees que ella estaría aquí, si no fuera así, exponiéndose aún más a algo peor.

-Abuela, no sabes de lo que es capaz Candy.

-Bueno espera a que nazca y sabremos que mira la sangre de los Andrew es muy fuerte, algo debe de sacar de nosotros, las características de aquel joven son diferentes, así que, si no crees en ella solo debemos esperar.

Vamos hijo, sabes que hay la posibilidad de que sea tu hijo, si es así, le darías la espalda, dime ¿lo harías?

-Por supuesto que no abuela y lo sabes, sería mi hijo.

-Bueno yo te diré, aunque no lo creas también vivo aquí y me di cuenta muchas veces como ese joven venía a molestarla, cada vez que lo hacia ella lo corría, creo que el más se empecinaba al ver que ella se le negaba, así que te puedo decir que esa muchacha jamás te falto.

-Abuela, no voy a discutir eso contigo.

Cuando de repente entra George, al despacho…

-Señora, William ya nació, el doctor quiere hablar contigo William.

-Sí, subo en un momento.

-Su abuela sonrió, ¡dios! Hijo, ya nació que alegría, dejando caer un par de lágrimas, anda hijo ve yo iré en un momento.

William, subía para la habitación donde la estaban atendiendo, pero el doctor ya estaba afuera – dígame doctor.

-Bueno señor Andrew fue una niña, la atenderán en la habitación anexa, ya que el parto fue muy difícil, por un poco y no lo logra, ahora ella descansa, pero pase para que conozca a su hija, en estos momentos la están bañando.

El doctor le abrió paso a la habitación anexa, donde estaban un par de enfermeras atendiéndola.

La niña pegaba de gritos al sentir el agua, ya que acababa de nacer todo era desconocido para ella, William, la miro cuando la cubrieron con una toalla para cambiarla y al ponerla en la cama para ponerle su ropa, en el tobillo observo una nube en color azul que era la prueba de que era una Andrew.

Podría decirse que un lunar así era demasiado raro que alguien lo tuviera, era su hija, su hija ¡dios! Se había negado a creerlo, pero lo era lejos a lo que él creía, el lunar de la niña en ese momento era algo que desde lejos resaltaba, su piel blanca, labios rositas, una pelusita rubia y unas pequitas en la nariz casi impredecible, muy parecidas a la de su madre.

-Señor, ¿quiere cargarla?

Con aquella pregunta William, estaba en shock, cargarla si hasta temblaba con solo verla.

– vamos siéntese la pondré en su regazo dijo la enfermera.

William, hizo lo que le dijo la enfermera sin dejar de ver su tobillo, solo lo toco y cubrió con la cobija, al tenerla en los brazos sintió como su corazón de embriago de amor.

En ese momento entendió, lo que la anciana la dijo que llegaría la mujer que llenaría su mundo con un amor que jamás había sentido, cuando la bebe abrió sus ojos observo un par de esmeraldas que le dio una vuelta completa a su corazón y comenzó a llorar, era tan parecida a Candy, al verla sintió que debía protegerla contra todo y todos.

Haría todo con lo que pretendió en un principio con Candy, consentirla, llenarla de regalos darle todo su amor que él podía dar, todo absolutamente seria para ella, ya no habría nadie más en su corazón, de hecho, no cabía nadie más, todo había pasado a segundo plano.

Doctor, la niña ¿está bien?

-Muy sana señor Andrew, por ahora deberá alimentarla una nodriza, ya la mandaron a traer, no tarda en demandar su comida y por ahora su esposa está muy agotada.

-Mi esposa, ella ¿Cómo está?

-Pensé que no preguntaría, pero ella esta bien el parto fue difícil, pero se pondrá bien, aunque por ahora no se podrá hacer cargo de la niña, hasta que se sienta mejor eso será en un par de días más.

Bueno de mi parte seria todo, vendré mañana a revisarlas, me retiro muchas felicidades, aunque haya sido niña.

-¿Por qué dice eso?

- En la mayoría de las familias siempre prefieren un niño, ya sabe el primogénito, el varón, es por eso que usted está así, me imagino que deseaba un niño, solo le recuerdo que eso no es culpa de nadie, animo ya vendrá el varón después.

-Sí, gracias, solo viendo a su bebe.

La abuela, entro a verla y al observarla –hay hijo se parece un poco a tu madre, mira tiene sus rasgos, dime ya encontraste algo que no te haga dudar.

-William, destapo un poco la manta y le enseño a su abuela el tobillo de la niña. – mira que cosa, la abuela levanto su vestido y le enseño el mismo lunar en el mismo lugar. -vamos hijo sé que es difícil tu solo decidiste que las cosas fueron como solo las imaginaste, ahora también deberás de pedir perdón.

Candy, despertaba después de unas horas de sueño, despues de su parto no sabía que había pasado, cuando una enfermera entro …

-Señora, despertó ¿dígame cómo se siente?

-Cansada, pero ¿mi bebe?

-Su, hija está bien, solo que aún está usted muy cansada por eso la pusimos en el cuarto anexo, pero si desea se la traigo, solo espere en un momento…

Candy, se acomodó en la cama, cuando escucho que la puerta se abría y se acercaban unos pasos, cuando alzo la vista vio a William cargando a su bebe, cosa que le lleno de angustia pensó que lo estaba soñando, solo volvió a cerrar los ojos para volverlos abrir, ahí estaba acercándose a ella.

-¡William!

-Solo quédate tranquila, hay alguien que quiere verte, dándole la bebe en sus brazos.

-Candy, solo miro a su bebe, - es tan pequeña que no sé qué hacer.

- No debes preocuparte de eso, la enfermera te dirá que hacer.

-No sé, como llamarla, estaba esperando a que regresaras para escoger el nombre, estuve pensando en algunos…

-Se llamará Amelia Katherine Alexandra Andrew, solo acomodo al bebe en sus brazos, se levantó y salió de aquella habitación, casi sin ni siquiera mirarla.

-Candy, sintió que su corazón estallaba de alegría, por un lado, al saber que su hija era reconocida por su padre, pero por el otro la frialdad como William la miro, es algo que nunca hubiera querido ver.

Su madre entro después junto con su padre abordándola para conocer al bebe.

-Hija, pero si esta hermosa.

Candy, solo dejo derramar un par de lágrimas.

-Pero ¿Por qué lloras? No llores, debes estar contenta, ahora ya llego William, veras que las cosas se arreglan anda limpia las lágrimas, que tu padre se dará cuenta.

-Un par de minutos después, entro a la habitación el señor Briter – hija, quiero ver a la princesa, hay pero que bonita esta, se parece un poco a ti. – mirando a las dos, con mucho amor. – note a William un poco serio ¿está todo bien?

-Hay querido, es la noticia todo hombre espera el varón y que le llegue una niña, eso le afecta a cualquiera.

-Bueno yo hubiera sido feliz, mira tengo dos hijas y soy muy feliz.

-Sí, pero para William no es así, el debió esperar un varón, eso es lo que tiene ya se le pasará, solo deja que pasen los días y se hará a la idea ya veras, además las niñas son más del papa.

-Cierto, mírame que no paro de pensar en mis hijas, aun así, platicare con él, creo que nos debemos una charla.

-No papa, es como dice mama, deja que se le pase.

-Sabes que querido, ya vámonos estoy muy cansada y supongo que Candy debe descansar, recuerda lo que dijo el médico, el parto fue difícil.

-Sí, es verdad, bueno mis amores nos despedimos - dándole un beso en la frente a Candy y otro a la niña.

-Hija nos veremos en la semana, tu padre también debe descansar, aunque conociéndolo querrá venir mañana.

-Así es, aquí me tendrás.

-Pues no, ya que William acaba de llegar y querrá estar a solas con su familia, ya parece que va a querer tener aquí a los suegros, robándole tiempo con su hija.

-Sí amor, tienes razón, es verdad ha estado ausente tanto tiempo que querrá recuperar el tiempo perdido.

William, se encerró en el despacho, no quería ver a nadie, ni se despidió de los Briter, solo se quedó pensando un buen rato, ¿Qué hacer? Después de un rato fue con la única persona que lo escucharía llegando a la casa de Julieth…

-Hola querido, pero dime ¿qué te trae por aquí?

-Necesito platicar contigo, eres la única amiga que tengo y en la única en quien confió.

-Claro pasa a mi suite… dime ¿Qué te pasa?

-Acaba de nacer mi hija.

-¡De verdad! Debes estar feliz por eso, hay no me digas que estas así, porque fue niña.

-No como crees, si la vieras es preciosa, es la niña más hermosa que he visto.

-Hay amor de padre, entonces ¿Qué es lo que te tiene así?

-Bueno, yo venía decidido a divorciarme, lo pensé mucho y creí que era lo mejor para los dos separarnos, ya que pensaba que ella me había faltado, -contándole lo que vio antes de irse – ahora llego y veo a mi hija, porque lo es, pero era algo que no espere.

-Bueno y ¿cómo estas tan seguro que lo es?

-William, se quita el calcetín y le muestra en la pierna izquierda el mismo lunar de la niña, este lunar lo tenemos todos los Andrew, ella lo tiene en el talón, así que es mi hija y aunque no lo fuera el hecho, que sea de Candy me desarma.

-Hmm ya veo, pero dime ¿Qué tienes pensado hacer?

-No sé, la verdad no sé pensaba llegar y pedir el divorcio, pero al verla, solo me rendí ante ella, la amo como no tienes una idea, pero tampoco estoy dispuesto hacer su pelele, el cual puede manejar a su antojo, ella me lastimo de una manera inimaginable, el hecho es que nunca tuvo la intención de amarme.

Todo este tiempo solo lo ha protegido y no solo eso, tuvo el atrevimiento que ese idiota y yo conviviéramos, si no la descubro no se de lo que puede llegar hacer, quizás hasta tenernos a los dos.

-Hablas así, porque estas celoso, eso es lo que tienes son celos y sabes que más, haber dime que hubiera pasado si te hubiera dicho de quien se trataba, te hubieras vuelto loco igual o peor de cómo estas ahora.

William, sabes que conozco a los hombres y muchos han venido aquí por la misma razón que tú, pero dime te vas a divorciar, no te das cuenta que con eso estarías perjudicando a tu hija, Candy ahora pasa a segundo plano, pero ¡¿y la niña?!, sabes que pasara cuando crezca y se quiera casar.

Dime ¿Quién se querrá casar con ella? Si sus padres están divorciados, sabes cómo es esta sociedad y no solo eso, divorciarte con que motivo, mancharías a la niña de un modo inimaginable, señalada por todo mundo, dime ¿eso quieres? Es el futuro que quieres para tu hija.

Ahora, cuando te llevaste a Candy de aquí, tú ya sabias que no te amaba, para que la hiciste tu mujer, pudiste dejarla libre, dentro de todo ella fue honesta te dijo que no tenía sentimientos hacia a ti, si no, que amaba a otro. Tu aceptaste eso, ahora te escandalizas por que no te dijo de quien se trataba, yo en su lugar hubiera hecho lo mismo.

-Sí, pero tú eres…

-Anda dilo, ¡una prostituta!

-Perdón, no quise ofenderte, es solo que.

-Si, en todo tengo razón, mira querido, sabes que soy la única que se atreverá a decirte las cosas sin tapujos, ahora ya no podrás divorciarte y eso lo sabes, habla con ella trata de arreglar las cosas, la amas solo deben darse otra oportunidad.

-Otra, no ya no, creo que las oportunidades caducaron, ya no creo en ella, aunque me lo diga no le creo de ¡verdad!, pienso que solo se embarazo porque sabía que las cosas se tornarían así, con un bebe de por medio, yo solo no podría dejarla, es astuta así que créeme que, si pienso así, es porque quería protegerse.

-Bueno toma una decisión, pero hazlo con la convicción que ahora ya hay un ser de por medio, ya no solo son tú y ella, si no, que ahora tu hija es lo más importante, pero si te quedas con la madre el trato debe ser cordial, no es sano que tu hija vea un matrimonio desbaratado en su entorno.

-Sí, creo que tienes razón, bueno me voy estoy muy casado las emociones me agotaron, dándole un beso en la mejilla a Julieth, gracias por escucharme.

-¡William!…

-Dime.

-Felicidades, esa niña llenara tu mundo.

-William, -solo sonrió, saliendo de ahí, ella tenía razón, desde ya le había iluminado la vida, en realidad muy en el fondo estaba feliz, realmente feliz una hija de él y de Candy, la mujer que amaba con todo su ser, que solo sin saber sonreía de solo pensarlo.

Al llegar a su casa, fue a la recamara que pidió, pero al escuchar el llanto de su hija, corrió hasta su habitación, encontrando a la enfermera durmiendo.

-William, fue hasta la cuna y la cargo, se sentó con ella, para arrullarla sentándose en un mueble que habían puesto para alimentarla, solo la puso en su regazo y comenzó a acariciar su rostro, la niña con su manita apretaba su dedo.

Hola mi amor, soy tu papa, de ahora en adelante yo siempre estaré para ti, solo para ti, eres la mujer más importante de mi vida, nadie más podrá ocupar el lugar que te corresponde, eres mía, mi hija, mi niña.

La enfermera despertaba – perdón señor, me quede dormida.

-William, dejo la niña en su cuna – mi hija estaba los gritos, que sea la última vez que pase esto, jamás escúcheme bien la quiero escuchar llorar, porque si es así, créame que lo lamentaran, ahora atiéndala, - saliendo de aquella habitación molesto.

Los días pasaron William, pidió a George que arreglara todo sobre el registro de la niña, también de puño y letra hizo la descripción de la niña, para el libro de las generaciones de los Andrew, poniendo las características de ella, si como fecha de nacimiento, la hora y los lunares con los que había nacido, acentuando el lunar azul en el tobillo. Ese libro cada que había un nacimiento de un niño Andrew, se llenaba una ficha oficial donde se ponía el sello de la familia mandando hacer un broche con el emblema de la familia.

Candy, ya se paraba de la cama y estaba muy al pendiente de su hija, aunque William no había ido a verla solo el día que llego, pero sabía que no podía pedir más, aun sentía culpabilidad de todo, así que justificaba su forma de actuar con ella.

Unos golpes se escucharon en la puerta – toc, toc, toc.- adelante…

-Hola, ¿Cómo estás?

-Bien, ya estoy bastante recuperada del parto.

-Sí, ya veo, vengo hablar contigo de como llevaremos nuestro matrimonio de ahora en adelante, por el bien de la niña.

-Candy, sintió que su única esperanza se le escapaba de las manos. –bien te escucho.

-Creo que ya te quedo bastante claro, que, aunque sé que la niña es mi hija, aun así, no puedo perdonar que me hayas ocultado lo de ese tipo, sabes bien que era algo que nunca debiste callar. Yo venía realmente a pedirte el divorcio, pero no lo hare, la niña nos necesita y una mancha así, sé que podría perjudicarla más adelante.

Así, que esto es lo que hare, viviremos en la mansión, seremos un matrimonio ante los demás, pero en esta casa estaremos separados, solo me quedare a tu lado por ella, solo por ella, pero ya no esperes nada de mi Candy.

-Candy, solo derramaba las lágrimas sin poder contenerlas – por favor William, sé que hice mal, pero te pido que me perdones, hazlo por nuestra hija.

-Por eso, precisamente es que me quedare contigo, si no fuera así, créeme que ya me hubiera divorciado de ti.

-Por favor William, no me hagas eso, sabes que te amo.

-Candy, no juegues con eso, ya no te creo ni la mitad de lo que dices, por cierto, ni se te ocurra enlodar mi apellido, porque si lo haces me divorciare sin pensarlo y me llevare a Katherine de tu lado, así que no saques al león de su jaula. - saliendo de la habitación.

Candy, caía sobre sus rodillas llorando, sabía que su matrimonio estaba fracturado, muy fracturado e iba ser difícil recuperarlo.

William, al salir de la habitación se fue a montar a su diablo, iba como si fuera un demonio, que entre más rápido iba sentía que con eso iba arrancar todo lo que sentía por Candy, quería que el caballo volara, el aire solo le pegaba en la cara y en todos lados solo escuchaba la voz de Candy, -te amo- pero el ya no le creía, como hacerlo se decía así mismo.

Cuando termino su paseo, entraba a la mansión y ahí estaba su abuela esperándolo – hijo puedo hablar contigo.

-Claro abuela, dime.

-Hijo, la niña debe ser bautizada, estaba pensando en hacer una fiesta, no sé, si estás de acuerdo, aparte mencionar en el periódico que tu hija ya nació, dar a conocer que una Andrew ya nació.

-Por supuesto, has lo que creas pertinente, sabes que tienes libertad de gastar lo que necesites, también haré unos arreglos para dejarlas protegidas, sabes que será mi única heredera.

-Hay hijo, como si no fueras a tener más hijos.

-No los tendré, Candy y yo estamos separados, solo estaremos juntos ante los demás por la niña, solo por eso.

-La abuela solo suspiro, - hay hijo, creo que te estas equivocando, pero, en fin, espero y no te des cuenta que lo que haces es lo peor que puedes hacer, ella te ama hijo, lo sé, lo veo en sus ojos, aunque no lo creas, pero también una mujer se cansa de pedir perdón, cuando eso pase buscara lo que no tiene junto a ti.

-Espero que no se atreva, porque si es así, créeme soy capaz de matarla y con mis propias manos, así como yo me quedare atado a ella para siempre, así que ella también se llevara su parte.

-Eso es cruel, William

-Ella fue muy cruel conmigo desde el principio y que hay con eso, me mintió, se burló de mí y no solo eso, siempre me hizo ver como un idiota, bueno si yo voy a sufrir ella sufrirá por igual.

-Hay hijo, que te digo, si ya lo decidiste solo harás que sufran los dos, solo movió la cabeza en señal de negación, saliendo del despacho, fue a ver a Candy la cual estaba cambiando a la niña.

-Hay, pero mira que hermosa mi niña, hay hija, esta hermosa mi nieta.

-Sí, pero tiene un carácter peor que su padre, solo grita cuando demanda su comida, hasta me parece que escucho a su padre gritando.

En eso la beba, comenzó a llorar muy brava porque Candy, no se podía quitar el vestido – ya la escucho, como se pone.

-Sí, ya veo, que pulmones, pero hija deja que la nodriza te ayude, para eso está.

-Sí, lo sé, pero me gusta darle de comer.

-Bueno hija, hay que preparar el bautizo, haremos una fiesta enorme así que prepárate para ver todo lo de los invitados.

-Sí, pero quienes serán los padrinos, a mi William no me ha dicho nada, ahora casi ni me dirige la palabra, solo me habla cuando es necesario.

-Hay hija, mi nieto es rencoroso, pero sé que con el tiempo se le pasará, ya veras, solo deja que pase el tiempo, solo trata de portarte digna ante él, no lo hagas enfadar más, que solito vendrá a ti, ya verás.

Pero eso que decía la abuela, estaba muy lejos de suceder ya que William, cada que Candy quería acercarse solo la evitaba cada vez más, se había sumido en un estado donde no quería olvidar, cada vez que sentía que flaquearía solo se marchaba de su lado para evitar cualquier acercamiento.

Madeleine, le daban la noticia que su esposo, acaba de fallecer de un ataque cardiaco, su esposo no era joven él, ya tenía problemas de salud muy fuertes cuando se casó con ella.

Su tía, acaba de llegar una, para ver lo de la investigación de su hija y dos para apoyar a su sobrina en la cuestión del fallecimiento de su esposo.

-¿Cómo estas hija?

- Bien por el momento, ahora soy libre, por fin tanto de mi padre como del idiota de mi esposo.

-Hija, pero yo pensé que tu…

-No tía, me case sin amor, solo porque mi padre acepto ese estúpido matrimonio, pero fui muy infeliz, siempre que me tocaba me daba asco y ahora soy libre. En eso checo el periódico y observo en primera plana una foto de William, cargando a su bebe con Candy a su lado, diciendo que había nacido la heredera del emporio Andrew.

Solo lo arrugo el periódico, con sus manos…

-¿Que pasa hija? Te pusiste pálida.

-La hija de William ya nació, tía mira se le ve tan feliz.

-Bueno tú te casaste ¿Qué esperabas? Él, iba hacer lo mismo.

-Sí, lo sé, pero ahora que yo soy libre, ¿porque tía?, ¿Por qué?

-Sabes que, aunque estés viuda tu padre jamás permitirá una unión con él, eso quítatelo de la cabeza, anda vamos que quiero ver el investigador.

-Sí, ya está investigando, pero aun no encuentra nada.

-Bueno ahora tengo algunas pistas y sabes creo que estoy cerca de ella, lo sé.

El periódico también llegaba a las manos de Annie y Archivald, el cual solo se encerró en el despacho, para ver la foto sin tener a Annie cerca solo pensando que, si él se hubiera casado con ella, ahora sería el que posaría en esa foto estaría feliz con una hija en brazos, más si era de Candy.

Annie, por su parte cada día le guardaba más rencor a su hermana y no le perdonaba que por su causa su esposo no la amaba, tenían ya meses de estar separados, solo acudía a ella cuando se sentía ansioso de tener una mujer a su lado, pero nunca le decía que la amaba, sino al contrario, siempre le decía que el a la que deseaba era a Candy.

Cosa que Annie cada que él, la lastimaba verbalmente ella más rencor le guardaba a Candy, cuando vio el periódico en Inglaterra, solo lo tomo y lo hizo pedacitos, cortando la foto donde estaba Candy y comenzó a quemarla muy lentamente, porque así sería su venganza en contra de ella.

El bautizo, se realizaría por todo lo alto, Candy se compró un vestido espectacular para esa fiesta, así como la niña que le hicieron un vestido para después del bautizo ya que la fiesta seria por todo lo alto, casi todos los socios de los Andrew asistirían, los padrinos serian su hermana Patricia y su cuñado Stear.

Candy, estaba por terminar de arreglarse cuando William entro a la habitación, - ya estas lista.

-Sí, solo veré que la niña ya este arreglada para bajar.

-Está bien, te vine a dejar esto - un estuche con un collar de Benitoita una piedra en color azul que, hacia juego con su vestido, junto con unos aretes a juegos.

-Es precioso, muchas gracias.

-No quiero que piensen, que soy tacaño con la madre de mi hija, dejando el estuche en el tocador hiendo por la niña para bajar.

Candy, tenía que tragarse su orgullo, solo vio el collar y muy a su pesar se lo puso, en otro escenario se lo habría tirado en los pies, pero ahora tendría que aguantar sus desplantes por su hija, solo por ella.

Cuando William, traía la niña en brazos y justo detrás venia Candy para bajar juntos, abajo ya los esperaban sus padres y los demás invitados, rompiendo la escena con unos fuertes abrazos, llevando la niña hasta donde sería el bautizo, ya que lo harían en el jardín de la propiedad.

La fiesta prosiguió, donde los de los periódicos tomarían las fotos correspondientes, así como una donde harían un cuadro familia donde aparecerían los tres como la familia feliz, para los demás así era, pero dentro los dos sufrían tanto William como Candy.

Cuando todos se fueron Candy, subió a darle de comer a su hija de ya tres meses de nacida, estaba muy metida en sus pensamientos cuando William entro, al verla solo se quedó ahí parado observando como su hija era alimentada.

-Perdón, no quise importunarte.

-William, creo que debemos hablar, dejando a la niña en su cuna y ella tapando su seno desnudo con su bata, cosa que para William no paso desapercibido.

-Dime, no te alcanza la mesada que te doy.

-No, no es eso, es que, William yo, yo, te extraño sé que me equivoque, pero creo que esto absurdo, no podemos llevar una vida así, míranos como si fuéramos extraños, acercándose a él, por favor perdóname, todo lo que hice, lo que no te dije, fue porque no quería lastimarte.

-Así, dime que pretendías Candy, seguir viéndome la cara, solo dejar que ese tipo entrara aquí como si nada, no Candy, no me creas idiota, no volveré a caer en tu juego, así que solo tendrás lo que te mereces mi desprecio…

Continuara…

Hola Chicas aquí con otra entrega de esta historia, que les digo sé que estarán enojadas por la actitud de William, pero se cansó de dar, de amar y solo recibir desilusiones así que esta etapa nuestro rubio será muy descortés, pero también está muy lastimado.

Sé que ustedes simpatizan mucho con Candy, pero cuando una persona te lastima como Candy lastimo a William es muy difícil solo olvidar, espero y entiendan su posición, por otro lado, pobre la Candy tendrá que pegar sus platos rotos de todo lo que provoco, por ser tan inmadura.

Mil gracias por sus review, de verdad que llenan mi corazón de muchísimo amor.

Les recuerdo los personajes no actuaran igual al libro, manga o serie.

Bueno las espero en el próximo capítulo, ya saben por la XEW, Radio.