Capítulo 24
Koga frunció el cejo. Miró directamente a su hermana a los ojos y ésta no pudo ser capaz de sostenerle la mirada por dos segundos. Agachó la cabeza avergonzada. Él la tomó del brazo obligándola a que lo mirara fijamente.
— ¿A qué se refiere con eso la tía Kaede, Kikyo? — su voz era dura.
—Koga… — ella se mordió el labio inferior — Lo que pasa es que…
Se calló y miró a Inuyasha en busca de apoyo, pero su hermano apretó aún más sus dedos sobre los delicados brazos de su hermana.
—No lo mires a él —dijo esta vez más furioso —Mírame a mí. ¿A esto has venido a Londres? —Respiró profundamente — ¿Quién fue el maldito?
—Koga... —
Inuyasha se había acercado a ellos con ligeros pasos, aún estaba débil debido a la fiebre, pero Koga lo apartó de un empujón con otra mano.
—No intercedas —dijo él sin mirar a nadie más que a su hermana —Esto es entre ella y yo y me gustaría que nos dejaran solos para poder hablar.
—Disculpa hijo — intervino la anciana Kaede— Pero Kikyo es mi sobrina y…
—Pero yo soy su hermano tía — la interrumpió tajantemente —Mis padres me la encargaron. Así que tu responsabilidad tiene límites. Por favor déjenme a solas con ella.
Kikyo los vio salir del estudio. La anciana ayudó a Inuyasha ya que aún estaba un poco débil. Notaba como el despacho comenzaba nublarse debido a las lágrimas que amenazaban con salir descontroladamente. Koga la llevó hacia una silla que estaba en el escritorio y posteriormente tomó asiento en frente de ella.
—Muy bien. Ahora, explícame lo que ha pasado.
Él colocó sus brazos sobre el escritorio, la miraba con el cejo fruncido y no tenía buena cara. Al contrario, parecía furioso, era como si su mirada matara y por primera vez sintió miedo de su propio hermano.
—No hay nada que explicar —ella alzó la mirada y lo miró de frente —La tía Kaede te ha dicho la verdad.
Lo oyó suspirar y luego maldecir en voz baja.
— ¿Cómo pudiste… – golpeó el escritorio con un puño, haciéndola que se sobresaltara—…comprometerte de esa forma? ¿Cuándo y quien fue el maldito que te ha hecho eso?
Mientras tanto, Kaede ayudó a Inuyasha a tomar asiento en uno de los sofás, aún estaba un poco débil por la fiebre que traía. No era correcto que estuviera fuera de cama.
—Es mejor que vayas a descansar —preguntó, sentándose a su lado.
—No — él negó con la cabeza.
— ¿Quieres que te traiga algo, hijo?
—Gracias pero no— volvió a negar. —Mejor dime que fue todo ese alboroto en el estudio —la miró, recargando su cabeza en el respaldo del amplió sofá.
—Esta mañana la doncella de Kikyo descubrió…
Guardó silencio por un momento. Lo mejor era esperar a que Koga y Kikyo hablaran en privado y ya después que él mismo le informara de la situación.
—Tía ¿Qué ha pasado? —exigió saber él.
—Será mejor que esperemos — dijo ella — Esperar a que Koga hable con Kikyo.
—…
Pero antes de que él pudiera decir algo, el mayordomo interrumpió en la sala.
—Disculpe milord. Pero lo busca Lord De la Rosa.
Y de pronto Inuyasha comprendió todo.
Koga se llevó las manos a la cara. Se levantó y caminó de un lado a otro del estudio. No tenía el valor de ver a su hermana a la cara, no era por vergüenza sino por algo más fuerte de lo que no podía describir. Se negaba a creer la historia de su hermana, pero en ningún momento había pronunciado el nombre de aquel hombre.
—Y es así como pasó todo.
— No puedo creerlo —exhaló llevándose las manos al cabello.
Kikyo se mordió el labio inferior, se levantó de su lugar y fue hacia él.
—Siento haberte decepcionado. —dijo ella.
Él la miró y en sus ojos había profunda decepción y algo más reflejado como la tristeza.
— ¿En qué he fallado, Kikyo?—preguntó él devastado.
En ese momento la joven se sentía culpable. Jamás llegó a pensar que su decisión de arruinar su reputación terminara lastimando a su hermano.
— ¿Quién fue?
—No me hagas decírtelo.
—Pues me lo tendrás que decir. Creo que tengo que hacerle una "cordial" visita. — él se apartó fríamente de ella y Kikyo sintió su helado contacto.
Alguien llamó a la puerta y Koga dirigió su mirada de Kikyo hacia la puerta y vio a Inuyasha.
—Kikyo — él la miró —Déjame a solas con Koga.
Ella asintió y cuando estaba a punto de levantarse de su asiento la voz de Koga se lo impidió.
—De ninguna manera. Tú te quedas aquí hasta que hayamos terminado nuestra conversación.
—Koga—la voz de Inuyasha era más serena—Hazme caso. Allá afuera hay alguien que quiere hablar con nosotros dos.
El ojiazul frunció el cejo ― le dolía tanto de haberlo hecho, pero estaba demasiado furioso – miró a su primo y preguntó:
— ¿Quién?
Inuyasha suspiró y dijo:
—Lord De la Rosa.
Kikyo abrió los ojos como platos ¿Qué hacia él aquí? Las cosas no estaban bien por aquí él se dignaba a venir. La habitación comenzó a darle vueltas, sentía que en cualquier momento se iba a desmayar.
Después de meditarlo por un momento, él asintió y miró a su hermana.
—Tú y yo — la señaló con un dedo — Tenemos una conversación pendiente.
Salió disparara del estudió, cerrando la puerta tras de ella.
— ¿Por qué tan agitada, mi hermoso ángel?
En cuanto escuchó su voz soltó un pequeño grito. Entonces lo vio recargado en la pared justo al lado de ella. Kikyo se tranquilizó un poco y le preguntó sin dudar.
— ¿Qué estás haciendo aquí? — Preguntó en voz baja — No es el momento para una visita.
Él esbozó una media sonrisa. La miró de abajo hacia arriba.
—Estas hermosas esta tarde. Mucho más hermosa que en la mañana que te vi paseando por el Serpentine.
Ante el alago no pudo evitar sonrojarse. Él también estaba atractivo, mucho más de lo que recordaba.
Parpadeó, no podía permitir que algo así captara su atención.
—Escucha…
Pero se obligó a callar cuando la puerta del estudio se abrió y era Inuyasha.
—Kikyo, la tía Kaede te espera en el salón verde — dijo él— No lo hagas esperar —después le hizo una seña a Lord De la Rosa —Lord De la Rosa, haga el favor de entrar.
Inuyasha giró sobre sus talones y entró una vez más al estudio. El duque esbozó una sonrisa e hizo una reverencia.
—Le aseguro que después de esta tarde nada será igual.
Ella lo tomó del brazo, evitando que entrara.
—Por favor — lo miró a los ojos y esta vez ya no pudo contener las lágrimas —No les diga lo que ha pasado entre nosotros dos.
Él negó con la cabeza, sacando un pañuelo y enjuagando sus lágrimas.
—Tengo que hacerlo milady. Es el honor de un caballero que le exige responder ante sus actos.
Y así lo vio entrar en el estudio, cerrando las puertas ante ella.
—Cuídate mucho— fue lo único que pudo decir.
Lord De la Rosa se aclaró la garganta. En el fondo del estudio estaban Koga e Inuyasha. Koga estaba sentado al borde del escritorio, mientras que Inuyasha en la silla que había ocupado antes su primo. Ambos no le quitaron la vista hasta que éste se hubiera sentado en una de las sillas que daban en frente de ellos.
—Y bien — dijo Koga — ¿Qué es eso de lo que quieres hablar con nosotros en privado?
—Antes de que les diga algo. Déjenme decirles que he terminado mi compromiso con Lady Higurashi.
Ante ese comentario, Inuyasha abrió aún más los ojos y lo miró directamente. Lord De la Rosa inclinó la cabeza en modo de afirmación.
— ¿Qué tiene que ver esto con nosotros? — era ahora él, el mismo Inuyasha quien preguntaba de manera fría. Impidiendo que sus sentimientos afloraran.
—Bueno porque…—se acomodó el nudo de su pañuelo. Comenzaba sentir calor. La mirada de Koga era asesina —Comprometí a tu hermana. En todos los aspectos.
—Ya veo — dijo Koga, con una media sonrisa.
Se levantó. Fue hasta él y con el puño cerrado le dio en una mejilla derribándolo, haciendo que cayera de espaldas con todo y silla. Inuyasha al ver la reacción de su primo se levantó apresuradamente y fue hacia él, deteniéndolo para evitar que hiciera una locura.
Lord De la Rosa se levantó, llevándose una mano a su mejilla adolorida y recogiendo la silla.
—Supongo que me lo merecía — dijo él.
—No supongas — la voz de Koga era de una fiera —Te lo merecías. — y de pronto lo agarró de la camisa del cuello— ¿En que estabas pensando al tocarla? — preguntó furioso.
Inuyasha se acercó a ellos y los separó.
—Tranquilos caballeros — dijo él —Koga, es mejor que escuchemos lo que nos tiene que decir Antonio.
— ¡Pero si no hay nada que decir! — Estalló más en furia —Te harás responsable de cada uno de tus actos.
—Para eso estoy aquí.
Koga más tranquilo, volvió a tomar asiento al borde del escritorio, acompañado por Inuyasha. Ambos hombres tenían los brazos cruzados y la vista fija hacia Lord De la Rosa, que los miraba nervioso desde su silla. Era como si estuviera siendo enjuiciado por un crimen que no había cometido. Bueno, tal vez si después de todo.
Después de escuchar a Lord De la Rosa, sobre que tenía intenciones de romper el compromiso con Lady Higurashi para hacerle frente a Kikyo. Él se había sorprendido de que ella fuera la primera en sugerirlo. Y lo primero que hizo al verse liberado del compromiso había sido venir hasta aquí para responder por Kikyo.
—Bien —Asintió Koga. Un poco más sereno —Te vas a casar con ella—dijo él y Antonio asintió —Y de preferencia que sea en dos semanas.
— ¿No lo vas a consultar con tu hermana primero? —preguntó Antonio.
—Cuando la reputación de una dama es arruinada, está de sobra su opinión ¿O usted qué opina, Lord De la Rosa?
Kikyo golpeaba el suelo con el tacón de sus zapatillas. La tía le había armado el mismo sermón cuando ellas discutían y prefirió que mejor tomara porque tenía dolor de cabeza. Sus sentidos se agudizaron cuando escuchó desde el corredor las voces de tres hombres.
Pero permaneció en su lugar.
— ¿Me concedes hablar con tu hermana?
Ella lo oyó preguntar.
—Cinco minutos. No más.
Lo vio entrar en el estudio, alto, imperioso, con una mirada seria. Kikyo frunció el cejo al ver una mancha roja en su mejilla. ¡Dios! Estaba segura que había sido Koga quien lo había golpeado.
Ella se levantó y tocó con cuidado su mejilla.
— ¿Qué ha pasado?
Lord De la Rosa esbozó una media sonrisa —Creo que no fui bien recibido por tu hermano.
—Te advertí que no hablaras con él. Que no era el momento.
—Tenía que hacerlo hermoso ángel. Te he comprometido y lo más correcto es que responda por ello.
Kikyo retrocedió un paso.
—Lo veo más como reparar el daño que has cometido. — dijo ella.
—Es así como se deben hacer estas cosas Kikyo. Le he dado a tu hermano mi palabra de casarnos y lo vamos hacer dentro de dos semanas.
¿Dentro de una semana?
Ella abrió los ojos como platos. Se supone que se había entregado a él para rehuir de un matrimonio que estaba planeando su tía con el duque De Caterville. Ahora resulta que estaba comprometida con el Lord De la Rosa.
— ¿Qué hay si me rehúso?
Él suspiró. —Sabes que no puedes hacer eso.
— ¿Y qué harás con tu prometida, con Lady Higurashi? El honor de ella también está en juego.
—Para tu información preciosa, ella rompió el compromiso. —Asintió al ver la cara de sorpresa de su prometida —Además ponte a pensar ¿Te has imaginado si llegas a quedar embarazada?
Kikyo bajó la mirada hacia su vientre e instintivamente se llevó una mano a él.
—Será mejor que lo aceptes Kikyo. Porque dentro de dos semanas estaremos casados.
Habían pasado los días. Tanto Kagome como Inuyasha no se habían vuelto a buscar y si se encontraban en un evento social en el cual él actuaba indiferente mostrándose frío, distante y cortes. Simplemente cumplía su promesa, mantenerse lejos de ella.
Pero sobre todo lo que le afectaba no era su indiferencia, sino que se le había visto con una mujer diferente cada semana. Incluso, su último romance era con una cantante de ópera, cuyo nombre ignoraba y no deseaba saberlo.
Los rumores de su compromiso anulado no se habían hecho esperar, además circulaban en torno a ellos de que Lord De la Rosa había roto su compromiso para casarse con Kikyo. La verdad era que eso a ella poco le importaba.
Ese día se celebraba el compromiso entre Lady Ayame y Koga. Era difícil imaginar que él se hubiese enamorado a primera vista de ella, se sentía orgullosa en gran parte porque había contribuido en eso, alentando a Koga a invitar a bailar a Ayame y de ahí surgió el amor.
Se miró por cuarta ocasión en el espejo de cuerpo completo que estaba en frente de ella. Dio varios giros y la falda de su vestido se levantó al vuelo. Era de color amarillo, con encajes, de hombros caídos y mangas tres cuartos.
Llamaron a la puerta y era su dama de compañía, Ayumi.
—Sus padres y su tía la esperan abajo, señorita — Anunció la joven.
—Gracias Ayumi. Dile que en seguida bajo.
La chica asintió y cerró la puerta tras de ella.
Una vez de que comprobó que todo estuviera bien (tanto peinado como vestido), tomó el abanico que estaba en el tocador y después un pequeño chal blanco. Salió de la habitación y bajó las escaleras para encontrarse con el resto de su familia.
El corazón se le disparó a mil cuando delante de la ventanilla se distinguía el portón de la entrada. Las rejas eran de acero dorado y tenían grabadas el emblema familiar. Estrechaba sus manos contra las suyas, el sólo hecho de pensar que estará más cerca de Inuyasha le hacían que los nervios se le alteraran. Por fin se verían sin tanta gente y eso serviría para que ella le explicara las cosas.
En cuanto el carruaje se detuvo, fue la primera en bajar seguida de sus padres. Llamó a la puerta y un hombre alto y de cabello negro les abrió la puerta. Entregaron sus respectivos abrigos (chal en el caso de ella) y fueron hasta el salón de reunión. Ella no esperó a sus padres, aun por más que escuchaba la voz de su padre detrás de ella, no le importó. Esbozó una sonrisa de enamorada, lo único que quería verlo, quería balar con él, quería decirle que…
Se detuvo en seco justo en la entrada del salón de baile y esa sonrisa estúpida que había hecho se le borró de los labios. Si, efectivamente ahí estaba él, pero estaba bailando con otra mujer. Una mujer de pelo rojizo, ojos verdes y labios rojas. Kagome la reconoció como la cantante de ópera.
—Me alegro de que hayan podido asistir.
Tuvo que parpadear y ver a la anciana Kaede que se había detenido a saludarlos. Entonces, ella siguió la mirada atenta de la joven e hizo una mueca.
—Safira, la cantante de ópera — hizo una negación —Tal parece que mi sobrino busca desafiarme en todos los sentidos. Le he prohibido que trajera a su…—guardó silencio por respeto a Kagome y después corrigió — A su amiga.
La anciana los hizo entrar más al salón. Kagome no dejaba de ver a la pareja. ¿Así que ella era Safira?
Inuyasha le sonreía a cada instante a esa mujer que iba con vestido de color rojo que resaltaba su piel. Al parecer era evidente que él se fijaba en damas de ojos verdes.
Él no había reparado en su presencia, simplemente se limitaba en ponerle atención a su fina compañera.
Tomaron asiento en unas de las sillas que se habían colocado especialmente ahí, en ese instante un mesero se acercó a ellos para ofrecerles algo de tomar, el padre Kagome tomó una copa de whisky, mientras que su madre y su tía únicamente vino.
—Hija, escuché que tu compromiso con…
—Lady Clearwater, en estos momentos lo menos que deseamos es hablar del compromiso roto de mi hija con Lord De la Rosa —intercedió el padre por ella, al verla que esa pregunta la había incomodado — Además tengo entendido que él y su sobrina se casaran la semana próxima.
Kagome volteó a ver a su padre y articuló un "Gracias" y él, en señal de apoyo alzó la copa hacia ella.
—Aún sigo sin entender como fue ese compromiso tan repentino — comentó la condesa Higurashi.
Lady Kaede carraspeó al ver que la conversación había dado un giro de 360° así que prefirió cambiar de tema lo más antes posible, no le apetecía hablar del compromiso de su sobrina con el español.
—Condesa, si usted no lo comprende menos yo — explicó con una sonrisa nerviosa —Nunca llegué a imaginar que ellos dos pudieran tener un romance escondido. — no le agradaba del todo hablar del tema, así que prefirió cambiarlo a uno más agradable —Por cierto — dijo mirando a Kagome —El día de mañana iniciamos los ensayos de la obra. Si lo prefieres puedo mandarte a buscar o…
—No se preocupe — la interrumpió Kagome con una sonrisa —Estaré puntual.
Las últimas notas de la melodía se escucharon y todos aplaudieron, los presentes fueron a unirse con sus demás familiares. Inuyasha le tendió su brazo a la mujer que lo acompañaba y en lugar de unirse a la conversación con ellos, se fue directo a un rincón donde había una mesa con varios bocadillos.
La pareja reía en todo momento, la mujer agitaba sus pestañas, coqueteando con él en todo momento. De vez en cuando rosaban sus encantos con el pecho masculino de Inuyasha. Kagome frunció el cejo, era su culpa, ella lo había arrojado a los brazos de esa mujer.
—Si me disculpan. Iré a tomar aire fresco.
Pero en cuanto se levantó, justo en su camino iba pasando un mesero con una bandeja llena de comida, ella se golpeó con la base de la bandeja y ambos terminaron en el suelo. La comida y la vajilla dieron varios giros al aire, cayendo en varias direcciones y en la de ellos dos.
Tanto el padre de Kagome como los demás se acercaron para ayudarle a ponerse de pie.
Unas manos fuertes y suaves rodearon su cintura poniéndola de pie.
— ¿Se encuentra bien, milady?
En un momento pensó que era Inuyasha por esa voz ronca y cálida. Pero cuando alzó la mirada se encontró con unos ojos dorados y cabello plateado.
—Eh…yo…
Se sentía mareada y todo le daba vueltas. Así que tuvo que apoyarse mientras Sesshomaru De Canterville la llevaba en dirección hacia una silla, ahí pidió que alguien le llevara algo de hielo. Lo puso en una servilleta de trapo y se la colocó en la frente, justo donde comenzaba a notarse una línea roja en su piel.
— ¿Cómo se siente, milady?
Ella asintió y su familia se acercó a ella, pero el duque intervino.
—Será mejor que le den espacio para que pueda respirar — le dijo tanto a los padres como a las personas que se comenzaban a reunir alrededor.
Al instante, comenzaron a dispersarse, aunque los condes no desearon irse, el duque les dijo que no había nada que preocuparse, que era médico y que su hija estaba en buenas manos. Si algo pasaba les avisaría.
— ¿Qué es lo que siente? — preguntó.
—Siento…—roló los ojos —Como si un carruaje pasara justo por mi cabeza.
—Si se encuentra mal debería ir a casa a descansar — sugirió él.
— ¿Y perderme el compromiso de Lady Ayame?
En ese momento se acercó la chica de la cual estaban hablando, no iba con su prometido, ya que él se había unido a la
— ¿Estas bien, Kagome?
—Si — ella asintió — Disculpa por haber llamado así la atención.
—No te preocupes. Lo bueno que mi primo estaba para atenderte.
Kagome parpadeó y giró la vista hacia el hombre de mirada dorada que estaba justo en frente de ella. Era tan idéntico a Inuyasha a excepción por el color del cabello, aunque mucho más mayor que él.
—Sesshomaru De Canterville — tomó su mano y la besó.
Entonces, el hombre se puso de pie e hizo una reverencia a las dos mujeres que tenía en frente de ella.
—Si me disculpan señoritas. Debo saludar a mis tíos — esbozó una sonrisa y miró por última vez a Kagome — Si se siente mal, hágamelo saber.
Ambas se quedaron platicando por breve momento, hasta que llegó Koga, saludó a Kagome y se llevó a Ayame para saludar a unos amigos que habían llegado de Francia. En ese instante ella se sintió sola y decidió ir en busca de sus padres aunque no tardó en encontrarlos, estaban conversando con los padres de su amiga Ayame, la anciana Kaede su tía y el duque De Canterville, que además, era médico.
Pero antes de llegar a ellos se tropezó nuevamente, pero estaba con una pelirroja, ella al verla alzó una de sus pestañas cobrizas y la miró de arriba abajo.
—Debería de tener más cuidado milady — dijo la mujer, sacando su abanico — Está noche a estado muy… desubicada.
Kagome frunció el cejo, pero si era la misma mujer que acompañaba a Inuyasha. ¿Otra arpía como Lady Andrews? Aunque sin duda esta mujer se veía que era más astuta.
—La desubicada es otra — respondió.
— ¡¿Disculpe?! — exclamó sorprendida.
—Esta disculpada por su ignorancia señorita. Además, no repito dos veces. Con permiso, tengo cosas mejores que hacer.
En ese instante la figura de un hombre se interpuso en su camino, abrazó a la pelirroja y miró a Kagome.
—Lady Higurashi — saludó Inuyasha —Es un honor verla. ¿Cómo sigue después de su caída?
Kagome se mordió el labio inferior, estaba claro que ese par disfrutaba con el espectáculo vergonzoso que había dado. La pelirroja contenía una risa, mientras rodeaba a Inuyasha por la cintura y lo atraía hacia ella, como diciendo "es mío, no te acerques a él o te desgreño".
Está bien, debía admitir que ella misma había tenido la culpa, si no lo hubiera rechazado un sinnúmero de veces y no hubiese sido tan orgullosa era probable que él no se hubiera lanzado a los brazos de esa mujer.
"¿Quién era más arpía? ¿Lady Andrews o ella?" se volvía a preguntar por segunda ocasión.
Ella estaba a punto de responder, pero la cantante de ópera se le adelantó.
—Cariño está iniciando otro baile ¿Vamos?
Él miró por última vez a Kagome, después a la pista y al final a su acompañante.
—Tus deseos son órdenes para mí, querida — y estas últimas palabras las había dicho mirando a Kagome.
Los vio avanzar hacia la pista, esa mujer sonreía en todo momento y se veía feliz en sus brazos.
Por dentro ardía cielo, mar y tierra. Lo único que imaginaba era como el piso se abría ante la pelirroja y ésta caía en un pozo sin fin.
—Por lo visto tú yo estábamos destinadas a tener un fallido intento de matrimonio.
Kagome frunció el cejo. Conocía esa voz, no tenía que volverse a sus espaldas para encontrarse con la voz arpía de Lady Andrews. Pero tuvo que hacerlo, ya que era sería de mal gusto dar la espalda.
— ¿Decías? — repitió, arqueando la ceja derecha.
Lady Andrews esbozó una media sonrisa.
—Sí. Tú con Lord De la Rosa y yo con Lord Taisho. Aunque francamente me alegra el hecho de que no te hayas casado con ninguno de los dos. Eso sería una tragedia.
—Vanessa, debo ver a mis padres.
Cuando la joven giró sobre sus talones, dispuesta a abandonar a la ex prometida de Inuyasha, ésta la detuvo.
— ¿Qué se siente? — preguntó ella.
Kagome volvió sobre sus talones para hacerle frente.
—No entiendo tu pregunta.
Vanessa esbozó una media sonrisa y se acercó a ella.
— ¿Qué se siente que tu compromiso se haya cancelado? No debe ser una experiencia agradable. Imagina lo que sentí yo. Bueno, al menos yo ya estoy casada y tú…—ladeó la cabeza un poco — Serás la burla de todo Londres durante toda la temporada. Te tacharan como la mujer que despreció el duque Lord De la Rosa — volvió a esbozar una sonrisa, pero de satisfacción al ver que la estaba hiriendo en lo más profundo — Además, el Lord Taisho ha retomado su vida anterior, así que dudo que para él seas una opción. Te quedaras sola en las frías paredes de un convento y no sabes cuánto lo voy a disfrutar.
Sus palabras venenosas habían atravesado su piel. El veneno quemaba su sangre haciendo que todo su cuerpo le ardiera por dentro. Lady Vanessa había logrado hacerle sentir su fragilidad. Miraba esos ojos verdes y estaba a punto de abofetearla, cuando una mano enguantada se puso en medio de las dos.
— ¿Me concede el honor de esta pieza, milady?
Vanessa esbozó una hipócrita sonrisa.
—Por supuesto Lord De Canterville.
Sesshomaru arqueó una ceja y miró a la rubia.
—Oh lo siento milady — dijo diplomáticamente —Pero se lo estaba proponiendo a Lady Higurashi. — Mirando a Kagome y extendiendo su mano hacia ella —Sería un honor para mí.
Kagome esbozó una sonrisa al ver la expresión de furia por parte de la joven. Así que tomó la mano que le ofrecía Sesshomaru y dijo:
—Encantada Lord De Canterville. Será un placer.
El ojidorado se volvió hacia Lady Vanessa e hizo una inclinación con la cabeza para después llevar a Kagome hacia el salón de baile.
Se la llevó hasta al salón de baile. Donde ambos se incorporaron con las demás parejas.
— ¿Puedo hacerle una pregunta? — dijo el ojidorado.
—Siempre y cuando no sea personal.
Él ojidorado esbozó una sonrisa.
—No es personal. Téngalo por seguro.
Ella lo miró por unos instantes, pensando en su respuesta, hasta que por fin asintió.
— ¿Lord De la Rosa era su prometido?
—Disculpe Lord De Canterville. Pero esa es una pregunta personal.
Y eso le recordó la primera vez que conoció a Lord De la Rosa, haciéndole la misma pregunta que él.
—La verdad es que no tengo intenciones de responder a su pregunta — continuó ella —Si desea recibir una respuesta fácilmente la puede encontrar en todo Londres. Ya que el rumor se ha esparcido.
—Oh pero a mí no me interesa saber lo que la gente murmura. Me importa saber más su historia.
—Gracias Lord De Canterville…
—Sesshomaru por favor — la interrumpió — Me gusta que me hablen por mi nombre.
—Sesshomaru — corrigió ella — Creo que ese tema no es bueno y más en un salón lleno de personas bailando.
Él miró a ambos lado y asintió.
—Tiene toda la razón milady. Aunque, si yo hubiese sido él. — La miró y negó —No habría tenido el valor de romper el compromiso. Es usted una mujer demasiado bella.
Kagome se ruborizó, entonces, había llegado una parte de la danza en donde exigía cambiar de pareja. Ella sin ver al hombre que tomaba su mano se dejó arrastrar por él.
— ¿De modo que Lord De Canterville es su nueva conquista, Lady Higurashi?
Conocía esa voz. No tenía caso alzar la vista y encontrarse con él. Pero la tentación pudo más y terminó perdida en los ojos dorados de él.
