* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 24

Fiesta de emociones

— ¿Una fiesta sorpresa… para mí?

— ¿Acaso hay alguien más cuyo cumpleaños sea el día de hoy? —Preguntó Saburota entre fuertes carcajadas. Se acercó a Hyakkimaru y como era su costumbre le dio una fuerte palmada en su espalda—¡Por supuesto que es para ti! Tal parece que en verdad te sorprendiste mucho.

— Creí que lo habían olvidado…

Admitió el guitarrista visiblemente apenado, bajó la vista a la par que sus mejillas se sonrojaban. Me fue imposible separar mi mirada del apenado rostro de Hyakkimaru, parecía imposible, pero su rostro apenado lo hacía lucir mucho más apuesto de lo que ya era. Continué concentrada en su rostro mientras escuchaba a Tahomaru a su lado:

— ¿Cómo crees que podríamos olvidarlo? ¡Eso nunca! Muchas felicidades, hermano.

Tahomaru se acercó a su hermano mayor y lo atrapó en un cariñoso abrazo, gesto que este correspondió al instante con una pequeña y tierna sonrisa.

— ¡Muy bien! ¡La operación "fiesta sorpresa" fue todo un éxito! —Al escuchar mi alegre grito los hermanos se separaron y voltearon a verme con atención—Muy feliz cumpleaños, Hyakkimaru.

Me acerqué para abrazarlo también, pero para mi sorpresa, estaba ya a unos dos pasos de él cuando sentí como este me tomaba de los hombros, impidiendo de esa manera que me acercara más.

— Muchas gracias pequeña Dororo, en verdad me sorprendieron.

A pesar de sus dulces palabras, me pareció muy extraño que me mostrara una triste sonrisa. No quería pensar cosas incorrectas, pero al tomarme de los hombros de esa manera era como si no quisiera que lo abrazase. A pesar de lo confundida que me sentía, hice mi mayor esfuerzo por responderle con una radiante sonrisa, desafortunadamente no tuvo el efecto esperado. Al verla el semblante de Hyakkimaru solo decayó más ¿acaso había hecho algo incorrecto?

— Es cierto… ¿Dónde está Mio? —Continuó Hyakkimaru, volteando de un lado a otro con interés.

— Ella no pudo venir hoy…

Le respondí desviando la vista, esperando nerviosamente su reacción. Calló por unos cuantos segundos antes de preguntar el porqué.

— Ella quería disculparse cuanto antes, pero obviamente no pudo hacerlo porque si no la sorpresa se hubiera arruinado. —Expliqué rápidamente, regresando mi mirada hacia él—. Mio nee asistió hoy a una exhibición de diseño de modas en Harajuku, ella se moría por ir ya que su diseñador favorito iba a estar en ese evento.

— Ya veo, fue por eso…

Nada, en el rostro de Hyakkimaru no podía captarse nada. Bajó los labios y su mirada se mostró indiferente, me sentía tan frustrada cuando reaccionaba de esa forma pues no podía comprender como se sentía. Solo pude sentirme más tranquila cuando al volver a hablar, cambió a una mirada más tranquila:

— Me hubiera gustado que estuviera aquí, pero no tiene que dejar de hacer las cosas que le gustan solo por mí. Espero que se divierta mucho en ese evento.

— ¡Además ella preparó toda la comida del día de hoy, y ese enorme pastel de chocolate amargo también! Incluso se durmió tarde ayer para terminar todo, Mio nee en verdad se esforzó para que todo quedara delicioso.

A pesar de que dije eso en un intento para justificarla, Hyakkimaru ya no agregó nada más al respecto. Tras oír mi comentario dirigió su mirada hacia la mesa central donde estaba toda la comida y el pastel. Lo observó en silencio con gesto pensativo para después preguntarme con una voz plana:

— Me pregunto… ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar? Dororo ¿tú hubieras faltado a mi fiesta de cumpleaños para hacer algo que amaras?

— ¿Eh?

Fue el único sonido que logró salir de mi boca a causa del nerviosismo que me invadió al escuchar su extraña pregunta. Hyakkimaru regresó su rostro y nuestras miradas se encontraron, permaneció observándome con unos ojos sumamente tristes y frustrados. Dándose cuenta de que no era capaz de responder, volvió a hablar con un tono cansado:

— No… Disculpa, estoy haciendo preguntas muy extrañas. Solo olvida lo que te pregunté ¿de acuerdo?

Se dio la media vuelta y se alejó de mí, dejándome sumamente confundida. En verdad no pude comprender el significado de esa extraña pregunta, por esa razón decidí que lo mejor era dejar eso de lado y enfocarme en pasarla bien en la fiesta.

Me acerqué de nuevo a todos para ver como Hyakkimaru hablaba con varios compañeros de clase y del club de música, Tahomaru también le mostraba todos los regalos que habían traído para él.

Cuando Hyakkimaru se percató de los pequeños Rainbow Tears de fieltro que había hecho contuve la respiración, esperando ansiosamente su reacción. Mi corazón bailó de alegría al ver como los tomaba entre sus manos y mostraba una enternecida sonrisa.

— Dororo los hizo. —Explicó Tahomaru con alegría.

— ¿Dororo? —Preguntó Hyakkimaru, volteando a verme con asombro. No pude más que reír nerviosamente mientras afirmaba con la cabeza—¡Son idénticos a nosotros! Muchas gracias, son en verdad maravillosos.

Al escuchar sus palabras un sentimiento cálido invadió mi pecho mientras una dulce sonrisa asomó en mis labios. Solo fui capaz de salir de mi ensoñación al notar como se colocaba delante de mí. Lo miré con interés, este sostenía protectoramente a los pequeños Rainbow Tears entre sus brazos.

— Aun así, este grupo no está bien. Hay algo que hace falta.

— ¿A qué te refieres? —Pregunté confundida.

— Aquí falta nuestra fan número uno. —Explicó con una cálida sonrisa—¿puedes hacer después una pequeña Dororo para que el grupo esté completo?

Abrí mis ojos con sorpresa mientras que sentí mis mejillas calientes. Ese idiota de Hyakkimaru ¿por qué siempre tenía que decir esas cosas tan dulces que me hacían enternecer al punto de ni siquiera poder dar una respuesta coherente? A causa de los nervios, solo fui capaz de reaccionar dándole un golpe en su brazo, al tiempo que le decía entre risas:

— Tonto Hyakkimaru… Dado lo obsesivo que eres, seguramente no me dejarás en paz hasta que lo haga ¿verdad? —Hice una pequeña pausa para observar como afirmaba lentamente con la cabeza— Está bien, haré una mini Dororo de fieltro en cuanto tenga oportunidad.

Finalicé con una pequeña sonrisa, al verla Hyakkimaru se mostró mucho más animado que antes. Que deleite era para mí poder hacerlo feliz, si él se sentía de esta manera entonces no podía pedirle nada más a la vida.

— Ya estoy aquí, Sabuidiota.

Escuchamos de pronto a nuestras espaldas, se trataba de Shiranui. Como de costumbre, el joven de dientes afilados mostraba una mirada desinteresada.

— ¡Oh! ¡Shirachibi! Qué bueno que si pudiste venir. —Lo saludó Saburota con alegría.

— Aizawa…—Susurró Hyakkimaru con sorpresa.

— Hola Kagemitsu idiota, Kagemitsu menor y mocosa. —Nos saludó con una sonrisa presumida mientras su mirada iba de Hyakkimaru, luego a Tahomaru y luego a mí—. Saburota me dijo que hoy iba a venir a esta tonta fiesta y me invitó, ya que no tenía nada mejor que hacer, decidí venir. Así que, ya sabes… Feliz cumpleaños y todas esas tonterías que se dicen, esto es para ti.

Shiranui se acercó a Hyakkimaru y le tendió algo entre sus manos, cuando Hyakkimaru lo tomó pude ver que se trataba de un álbum de música cuya portada era negra con unas letras blancas muy bizarras.

— Es uno de mis grupos favoritos. —Explicó fingiendo un tono rudo—. Decidí traerte este álbum como regalo para que te instruyas en lo que es la buena música.

Los ojos de Hyakkimaru brillaron con sumo interés mientras examinaba el álbum en sus manos.

— Gracias, lo escucharé esta noche antes de dormir.

La reacción de Hyakkimaru pareció dejar al vocalista satisfecho, por primera vez vi cómo le mostraba una pequeña y sincera sonrisa al que antes había sido su rival. Shiranui miró a su alrededor con interés hasta que su mirada se detuvo en los instrumentos y el karaoke que habían traído para la fiesta, no perdió tiempo y se acercó a ellos cambiando a un semblante alegre.

— Miren estas hermosuras. —Exclamó como si hubiera visto un cofre del tesoro.

— Ya que es una fiesta con temática musical, obviamente los instrumentos no podían faltar. —Explicó Saburota con orgullo.

— ¿Y qué mierda están esperando, tontos? —Se quejó Shiranui mientras acariciaba el bajo con sus dedos—¡Vamos a tocar ahora mismo!

Segundos después de pronunciar esas palabras Hyakkimaru ya estaba a su lado, colgándose su amada Gibson con impaciencia. Al darse cuenta de esto Shiranui le mostró una mirada desafiante. Saburota se colocó en su lugar en la batería, mientras Tahomaru llegaba a un lado de mí, mostrando una alegre sonrisa.

— ¿Qué quieres tocar, chico del cumpleaños?

Preguntó Saburota, girando las baquetas entre sus dedos. Hyakkimaru pensó por varios segundos para después responder con un enorme brillo en su mirada:

— Rock And Roll, de Led Zeppelin.

— Excelente decisión. —Lo apoyó Shiranui mientras afinaba el bajo.

Cuando ya estuvieron listos y comenzaron a tocar, un asombrado "guau" escapó de mis labios al escuchar la sorprendente música que ese trío comenzó a hacer sonar. Era doloroso admitirlo, pero sin Mio y Tahomaru el sonido que llegaba a mis oídos podía percibirse mucho más poderoso y limpio, era algo completamente diferente a la sensación que me transmitía Rainbow Tears, se sentía mucho más poderoso y excitante.

Shiranui en verdad era un excelente músico, su voz era rasposa y potente, se adecuaba perfectamente para cantar rock. De soslayo me fijé en Tahomaru, este observaba a los tres músicos con una triste sonrisa, aun así, en su mirada podía captarse una enorme satisfacción. La guitarra, el bajo y la batería se unieron a la perfección, era un poderoso sonido que hacía al corazón vibrar en éxtasis.

Tiempo después, Hyakkimaru me explicó que eso se debía a que los tres tenían una excelente química musical. No pude comprender muy bien sus palabras, pero me gusta pensar que es algo así como cuando logras entenderte a la perfección con una persona apenas la conoces. Los músicos abren sus corazones y dejan salir todos sus sentimientos durante su interpretación, el cómo logran responder a eso otros músicos, ya sea bueno o malo, define el rumbo de la interpretación. Me gusta imaginar que a eso se refería Hyakkimaru con lo de "química musical".

Cuando la canción terminó todos los presentes aplaudimos con alegría. Escuchar la voz de Tahomaru me hizo detenerme de inmediato:

— Madre…

Alguien se paró a un lado de mí. Abrí mis ojos con sorpresa al volver la vista y ver a la Dra. Nui. La hermosa mujer aplaudía vigorosamente, miraba a su primogénito con un enorme orgullo en sus ojos. En cuanto se percató de su presencia Hyakkimaru se quitó la guitarra con cuidado dejándola sobre una silla para después avanzar hacia ella con pasos apresurados.

— Mamá…—La llamó el guitarrista con una enorme dicha en sus ojos.

— Fue una interpretación asombrosa. —Le dijo con alegría—. Hyakki, muy feliz cumpleaños.

No perdió tiempo y atrapó a su hijo en un fuerte y cariñoso abrazo, este le correspondió de inmediato, dejando su barbilla apoyada en su nuca. Nui se movió un poco para tocar lentamente el brazo de Tahomaru con su mano, lo jaló con delicadeza para poder atrapar a sus dos hijos en su abrazo cariñoso.

Permanecí en silencio observando esta tierna escena. Madre e hijos se abrazaban con dulzura, a pesar de esto, de cierta forma podía captarse también como un abrazo desesperado y fuerte, esa casi como si temieran que alguien fuera a llegar de pronto para separarlos.

Cuando los tres se separaron, Hyakkimaru le habló a su madre con cariño:

— Mamá, vamos a tocar especialmente para ti… ¿Qué quieres que toquemos?

— Oh ¿no soy en verdad una mujer afortunada al tener a estos dos encantadores jovencitos tocando para mí? —Bromeó Nui entre risitas tiernas. Guardó silencio para pensar, hasta que respondió quedamente—: Me encantaría escuchar una canción de mi juventud, espero eso no les moleste… Por favor, toquen Burning Love de Elvis Presley.

— Por supuesto, será un placer. —Respondió Hyakkmaru con dulzura. Después añadió, dirigiéndose a su hermano menor—: Vamos Taho, toca conmigo.

— ¿Eh? ¿Yo? Pero… Shiranui-san estaba tocando el bajo…—Finalizó inseguro.

— No importa, quiero que toques junto a mí esta canción para mamá.

Hyakkimaru tomó la muñeca de su hermano menor y la jaló para que caminara con él, lo hizo en silencio con una mirada derrotada. Podía suponer el motivo de la reacción de Tahomaru, seguía sintiéndose frustrado de que Shiranui lo superara como bajista, pero, sobre todo, estaba segura que le preocupaba la reacción de su hermano mayor cuando le contara acerca de su decisión de dejar Rainbow Tears.

— Aizawa, vamos a tocar una canción para mi madre… ¿podrías dejar que mi hermano toque el bajo mientras tú cantas en esta ocasión?

Shiranui entrecerró los ojos mostrándose no muy convencido al principio, sin embargo, le dirigió una fugaz mirada a Nui y al ver su rostro lleno entusiasmado cambió de opinión al instante. Sonrío de lado mientras le pasaba a un sorprendido Tahomaru el bajo.

— Está bien, pero solo porque hoy es tu cumpleaños.

Aclaró fingiendo desinterés mientras tomaba el micrófono en su pedestal con ambas manos. Cuando la increíble interpretación terminó Nui se mostraba más que satisfecha. Mi corazón enterneció al ver como la dulce mujer volvía a aplaudir con fuerza, sus ojos se veían húmedos, al parecer la interpretación de sus hijos en verdad la habían conmovido. Impulsados por los aplausos de todos los presentes decidieron tocar otra canción, eligiendo en esta ocasión "All you need is love" de The Beatles.

Apenas había comenzado a mover mi cabeza al ritmo de la canción cuando escuchar como Nui me hablaba me hizo detenerme y prestarle toda mi atención:

— Es bueno volver a verte, Dororo-chan. Muchas gracias por este tan lindo detalle que tuviste hoy con mi hijo.

— N-no es para tanto. —Respondí entre risas nerviosas—. Tahomaru es el que se merece todo el crédito, él tuvo la idea después de todo.

— Pero él me contó lo mucho que lo ayudaste para que todo saliera a la perfección, así que muchas gracias por eso.

Sentí una enorme ola de calidez en mi corazón al escuchar sus palabras y ver la dulce sonrisa que esa hermosa mujer me dedicaba. Era muy vergonzoso para mí cuando me halagaban de esa manera, por esta razón solo pude regresarle una tímida sonrisa mientras sentía a mis mejillas arder. El silencio se dejó venir mientras las dos continuamos escuchando la interpretación de esa hermosa canción. Nui retomó la plática sin dejar de ver con cariño a sus hijos tocar:

— Había pasado ya mucho tiempo desde que hacíamos una fiesta aquí, fueron varios años.

— ¿No les gustan las fiestas?

— No mucho… Vivimos en una jaula de oro, después de todo…

No fui capaz de comprender el significado de esas palabras, motivo por el cual me fue imposible responder. Sentí cierta incomodidad al apreciar como por unos breves segundos, los ojos caramelo de Nui mostraban una profunda tristeza. Esto sin embargo desapareció cuando siguió hablando fingiendo que nada había pasado:

— A diferencia de hace años, ahora mis hijos se ven tan felices. He notado que lucen mucho más animados desde que iniciaron esta amistad contigo. —Nui río tiernamente en voz baja al ver como bajaba la vista y me sonrojaba más—. Creo que conocerte les hizo muy bien, cada día los veo muy contentos. Hyakki trata de hablar más con las personas y Taho muestra una dulce sonrisa todos los días.

— Ah… yo… Me gusta pasar tiempo con ellos y los aprecio, no creo que haya hecho nada en especial.

— Es difícil que por nosotros mismos nos demos cuenta del impacto que tenemos en las personas. Sin embargo, puedo asegurar esto pues ellos muy a menudo me hablan sobre ti. "Dororo dijo esto, Dororo hizo aquello, Dororo opina que…" Esos son comentarios ya más que normales cuando estoy con ellos. Mis hijos en verdad te adoran, Dororo-chan. Es por esta razón, que quiero aprovechar esta oportunidad que tuve de verte de nuevo para pedirte un enorme favor.

— ¿Qué es?

Pregunté sinceramente interesada. Nui tomó mis manos con cariño al responderme:

— Sé que esta será una petición muy egoísta de mi parte, pero la hago como madre, la cual ama a sus hijos más que a su vida misma. Dororo-chan… ¿podrías permanecer al lado de mis hijos para siempre? Por favor, sigue con ellos, no los dejes solos, no les retires tu amistad. Si haces esto, entonces estoy segura que ellos siempre serán felices y yo podré estar tranquila, sabiendo que siempre lo serán.

Esa petición me la hizo con una voz ahogada, casi al borde de las lágrimas. A pesar de esto, sus ojos no derramaron ni una sola. Tal vez fue por esta razón que sentí unos enormes deseos de llorar tras escucharla. Solo ella era capaz de saber el profundo dolor que había tenido que soportar todos esos años y del cual no era capaz de huir.

De cierta forma, fue capaz de transmitirme esa enorme desesperación al sujetar mis manos con fuerza y ver sus ojos suplicantes. Rápidamente le contesté, mirándola a los ojos con seguridad:

— No es necesario hacerle esa promesa ya que eso es algo que estoy segura haré. Hyakkimaru y Tahomaru son dos personas muy importantes para mí, por eso no debe preocuparse, Sra. Nui. Yo estaré siempre con ellos, nunca voy a separarme de su lado.

— Gracias, muchas gracias Dororo-chan. En verdad eres una persona muy dulce y bondadosa.

Nos seguimos sujetando de las manos a la par que nos sonreíamos con ternura. Estar al lado de ella me transmitía sensaciones de paz y tranquilidad, su compañía en verdad era muy agradable. No tenía ninguna duda, quería hacerlo, en verdad yo deseaba poder ser amiga de esos dos maravillosos muchachos para toda la vida. Por desgracia, por más que así lo deseé, esa fue una promesa que no fui capaz de cumplir.


Interpretamos unas cuatro canciones más hasta que Saburota se quejó de que ya le dolían las manos y la espalda, por este motivo optamos por dejar los instrumentos de lado y pasar al karaoke. La comida que había preparado Mio en verdad era deliciosa, a pesar de esto, de pronto sentí la urgencia de tomar un vaso de agua natural.

Impulsado por esta necesidad me dirigí a la cocina para servirme y descansar unos minutos del barullo de la fiesta. Mientras me servía el cristalino líquido en un vaso pensaba en todo el tiempo que había pasado desde que me había divertido tanto. Yo, hablando con tantas personas a la vez, eso en verdad hubiera sido impensable hace años, pero fue hasta ese momento de esa fiesta que pude darme cuenta de cómo poco a poco había cambiado para bien sin darme cuenta.

El sonido de la puerta principal abriéndose me hizo parar mis reflexiones. Me dirigí intrigado hacia allí, mi sangre se heló al ver como mi padre iba atravesando el recibidor con paso apresurado y su semblante frío como de costumbre. No, eso no podía ser… ¿era un sueño? Ojalá así hubiera sido, por desgracia que estuviera ahí más bien significaba que era una pesadilla.

Al percatarme del escándalo de la fiesta en el jardín me di cuenta que no podía dejarlo ir hacia allí, tenía que entretenerlo de cualquier manera. Ya no había forma de idear un plan pues cada vez se acercaba más, tendría que idear sobre la marcha. No perdí tiempo y salí rápidamente de la cocina logrando alcanzarlo en la sala de estar, no me quedó más remedio que colocarme delante de él para evitar que siguiera avanzando.

— ¿Qué quieres? Quítate de mi camino. —Dijo con indiferencia.

— ¿Por qué estás aquí?

Le pregunté lo primero que me vino a la cabeza, lo cual fue una pregunta un tanto insolente. Mi padre torció un poco su boca con enfado antes de responder:

— ¿Acaso necesito permiso para llegar a mi propia casa? No es de tu incumbencia, pero te lo diré… La reunión con los inversionistas se pospuso hasta la semana que viene, así que vine a revisar unos documentos. Ahora, vete a molestar a otro lado.

No me moví ni un centímetro, cerré mis manos en puño esforzándome lo más posible por ignorar el temor que comenzaba apoderarse de mí. Mi padre enarcó una ceja con curiosidad para después girar la cabeza y centrar su atención en dirección donde estaba el jardín. Moviéndose rápidamente con la agilidad digna de un depredador me pasó de lado y se detuvo a unos pasos de una ventana por la cual se podía ver todo el exterior. No pude evitarlo, se dio cuenta de la bulliciosa fiesta.

Se volvió a verme con ojos destellando furia, levantó su brazo apuntando con su dedo al fondo de un pasillo para después ordenarme con voz fría:

— A mi estudio, ahora…

Cerré los ojos y solté un bajo suspiro para seguirlo en silencio, sabía que nada bueno podía pasar cuando me pedía acompañarlo ahí.


— Creo que por hoy ya es suficiente. —Dije con voz cansada mientras dejaba el micrófono del karaoke en una mesa.

— Vamos Dororo-chan, no seas aguafiestas. —Se quejó Saburota mientras tomaba algunos canapés—. Solo canta una más y ya.

— ¡Ya me cansé de cantar! —Me quejé apretando mis dientes.

— La voz de la mocosa al cantar es tan desafinada que es divertida. —Se burló Shiranui mostrándome una traviesa sonrisa.

— Menos seguiré cantando si me dicen eso.

— Vamos, la voz de Dororo no es tan desafinada como dicen. —Me defendió Tahomaru mostrándome una pequeña sonrisa. Después pareció percatarse de algo y comenzó a voltear de un lado a otro con interés—: Por cierto ¿Dónde se metió mi hermano?

— Solo a Kagemitsu se le ocurre desaparecer de su propia fiesta. —Se burló Saburota encogiéndose de hombros.

— ¡Iré a buscarlo! —Anuncié poniéndome de pie de un salto—¿Está bien si entro a tu casa para buscarlo, Tahomaru?

— Claro, no hay problema. —Respondió mirándome de esa manera tan profunda que me ponía nerviosa—. Disculpa que no te acompañe, pero yo debo quedarme aquí atendiendo a los invitados.

— Muy bien, volveré enseguida.

Me dirigí un tanto insegura hacia la mansión. Tenía el permiso de Tahomaru, aun así, me sentía avergonzada de explorar esa enorme casa yo sola. Mientras atravesaba el jardín, no pude evitar soltarle algunos reclamos a Hyakkimaru en mi mente por ser tan distraído e incluso olvidarse de su propia fiesta. Ya me encargaría de reclamarle cuando lo encontrara.


— ¿¡Quieres decirme que mierda significa eso de allá afuera!?

Gritó mi padre con furia mientras me jalaba fuertemente de mis cabellos. Le respondí cerrando los ojos, haciendo un enorme esfuerzo porque no notara en mi voz que me dolía:

— Es una fiesta… es mi cumpleaños…

— Claro que sé que hoy es tu cumpleaños ¿¡crees que olvidaría el día en que llegaste a arruinar mi vida!?

Me soltó una fuerte bofetada que me hizo retroceder unos pasos hacia atrás. Aun sintiendo el intenso ardor en mi mejilla, le respondí con prepotencia:

— Yo también vivo aquí, eso me da el derecho de hacer lo que quiera en la casa.

No podía decirle la verdad, no podía decirle que todo había sido idea de Taho. Mi hermano nunca había sido capaz de hacerle frente por sí solo, él le tenía pavor, y la verdad era que no podía culparlo por eso.

Como muchas otras veces antes, decidí echarme la culpa para que no lastimara a Taho. Volví a cerrar los ojos y apreté los labios al sentir como volvía abofetear la misma mejilla de hace un momento.

— Además de un vago inútil, también eres un insolente. —Continuó con crueldad—. Voy a salir a decirle a todos esos amigos patéticos tuyos buenos para nada que se larguen de mi casa ahora mismo.

Caminó con pasos fuertes y seguros, sin embargo, se vio obligado a pararse en seco en cuanto escuchó como le hablaba con ironía:

— ¿En serio vas a hacer eso? ¿Vas a dejar que todas esas personas tengan esa mala opinión de ti? ¿Qué dirán si se enteran que el gran Daigo Kagemitsu no es lo que aparenta ser? ¿No querías dar esa imagen falsa del filántropo exitoso? Eso comenzará a arruinarse si sales a interrumpir mi fiesta. Mamá también se encuentra ahí ¿sabes?

Le regresé una mirada soberbia cuando este se volvió a verme con ojos encolerizados. No me respondió de inmediato pues parecía estar meditando seriamente mis palabras. Finalmente volvió sobre sus pasos y se dirigió a mí caminando lentamente:

— Por hoy voy a dejarte ganar. Pero quiero que te quede muy claro algo… Esta es mi casa, y mientras vivas bajo mi techo no puedes hacer lo que te plazca. Si no fuera por Nui, desde ya hace un buen tiempo te hubiera echado a ti y a tu hermano a la calle. No quiero que esto se repita, da un paso en falso y podrás despedirte de tus valiosas manos para siempre…

— No será necesario que te preocupes por eso más tiempo. —Respondí con coraje—. Apenas me gradúe de la preparatoria me voy a largar de esta casa. Entonces, podré hacer que te tragues tus palabras cuando sea un guitarrista profesional. Solo ten en cuenta algo, Daigo… No permitiré que mamá se quede contigo, apenas tenga oportunidad me la llevaré conmigo, voy a liberarla de ti, no dejaré que la sigas lastimando… Te voy a quitar lo que más amas en el mundo.

Esas palabras solo elevaron su furia, a pesar de todas las veces anteriores, esa fue la primera vez que lo vi perderse en ella. Se sentía tan lleno de ira que incluso una vena comenzó a palpitar en su cien. Supe que había llegado demasiado lejos cuando tomó un filoso abre cartas que estaba en su escritorio y se lanzó de lleno hacia mí.


La mansión Kagemitsu era tan grande que ya habían pasado unos quince minutos y no lograba encontrar a Hyakkimaru por ningún lado. Comenzaba a sentirme desesperada cuando una de las sirvientas por fin pudo darme una pista de su paradero:

— Vi que el amo Hyakkimaru entró junto con el Amo Kagemitsu a su despacho, es esa habitación con la puerta negra al fondo.

— De acuerdo, muchas gracias.

Le agradecí con un ligero movimiento de cabeza y me dirigí con pasos pesados a la puerta. Como si no fuera ya suficientemente vergonzosa la situación, ahora resultaba que el padre de Hyakkimaru también estaba en casa. Nunca lo había conocido, y ahora que pensaba sobre eso, Hyakkimaru nunca me había hablado de él en todo el tiempo que llevaba de conocerlo. Muy a menudo había pensado que eso era extraño.

No pensaba interrumpirlos, opté por detenerme a unos metros de la puerta y esperar a que Hyakkimaru saliera. Claro, lo mejor hubiera sido volver con Tahomaru y decirle que ya sabía dónde estaba su hermano, pero me es muy extraño explicar por qué sentí la necesidad de quedarme ahí, se puede decir que fue una especie de mal presentimiento.

Mientras seguía esperando de pronto se escuchó el sonido de algo pesado caer contra el suelo seguido de una exclamación de dolor. Mi respiración se detuvo al darme cuenta que había sido la voz de Hyakkimaru. Me olvidé de la vergüenza y las reglas de etiqueta, y sin importarme nada más me dirigí rápidamente a la puerta y la abrí de un tirón.

— ¡Hyakkimaru!

Grité con terror al ver como el joven estaba de rodillas en el suelo y había sangre debajo de él. Sintiendo a mi corazón casi en mi garganta seguí con pavor el rastro de la sangre y pude aliviarme un poco al ver que esta provenía de un profundo corte en el dorso de su mano derecha.

Delante de él se encontraba un hombre de facciones duras y ojos oscuros, al observarlo con atención y percatarme de que Tahomaru era muy parecido a él supuse que era su padre. El hombre me miraba incrédulo, su rostro estaba pálido, era casi como si hubiera visto un fantasma. Ignorándolo me dirigí rápidamente hacia Hyakkimaru y me coloqué de rodillas enfrente de él.

— Hyakkimaru ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a una ambulancia?

El mencionado volteó a mirarme abriendo sus ojos de par en par estupefacto, abrió la boca como intentando decir algo, pero no pudo hacerlo. Aun sin ser capaz de decirme nada bajó la vista y miré extrañada como cerraba la boca, sus labios estaban trémulos.

— Imagino que debes ser una amiga de mi hijo que vino hoy a su fiesta ¿verdad?

Me habló el alto hombre frente a mí con voz educada. Cuando me volví a verlo me mostraba una pequeña sonrisa.

— S-si… Soy Dororo Akiyama, mucho gusto.

A pesar de que ese hombre me habló con tranquilidad me fue imposible hacer los nervios a un lado, me daba mala espina por lo cual preferí mantener mi distancia. Afortunadamente pareció no notarlo pues continuó hablando con amabilidad:

— Igualmente, soy Daigo Kagemitsu, gracias por acompañarnos el día de hoy. Mi hijo es algo torpe y tropezó, por desgracia cortó una de sus manos al golpearse con la esquina de esa mesa de cristal que ves ahí. —Avanzó unos pasos y se agachó un poco, dirigiéndose a él—: Hijo, ¿estás bien? Déjame ayudarte…

Acercó su mano a él, apreté mis labios al ver como Hyakkimaru le daba un manotazo para evitar que lo tomara del hombro. Aun en el suelo y sin levantar la vista, el guitarrista le susurró con una voz asqueada:

— Solo vete, por favor…

Su padre se alejó mientras entrecerraba sus ojos, pareció esforzarse por no verse afectado por esto, sin embargo, pude captar una mirada furiosa por un momento.

— Yo lo ayudaré, por eso no debe preocuparse.

Dije rápidamente, casi atropellando las palabras a causa de los nervios, a pesar de esto, le dediqué una mirada segura y valiente. El hombre se levantó y tras verme unos segundos un tanto intrigado, me respondió aun con esa falsa amabilidad que me hizo revolver el estómago:

— Muchas gracias, eres muy amable señorita. Entonces me voy ya pues tengo algunos asuntos pendientes que atender en la oficina. Hijo, ten mucho cuidado por favor, nos vemos luego.

Y sin agregar nada más el hombre se dio media vuelta y salió del estudio. Volví a centrar mi atención en Hyakkimaru pero este continuaba en la misma posición, por alguna extraña razón no se atrevía a mirarme. Esforzándome por que no me notara nerviosa rápidamente examiné el estudio con atención y me sentí perder el aliento al ver un abre cartas cubierto con sangre en el escritorio.

Las piezas poco a poco comenzaban a encajar en mi cabeza mientras continuaba observando la habitación. Como si hubiera sido un regalo de los cielos pude ver un botiquín de primeros auxilios en una de las esquinas. No perdí tiempo y me dirigí a él, este tenía algunos medicamentos y el necesitado alcohol y vendas.

— ¡Que suerte! —Exclamé con alivio mientras regresaba a su lado—Aquí hay algunas vendas y alcohol. Hyakkimaru, déjame…

Ni siquiera terminé de hablar cuando se volteó y me arrebató las vendas de mis manos. Rápidamente se vendó su mano herida mientras se levantaba y salía corriendo del estudio.

— ¡Oye! ¿¡A dónde vas!? ¡Espera, por favor!

No podía dejarlo irse así después de lo que había pasado. Si deseaba huir tan desesperadamente era porque se sentía sumamente herido por lo que acababa de pasarle. No perdí tiempo y corrí lo más rápido que pude para no perderlo de vista. No tenía idea de donde planeaba huir pues incluso había atravesado la enorme reja negra para salir de su casa. Tal vez solo estaba corriendo en espera de que me cansara de seguirlo, pero estaba muy equivocado si pensaba que lo iba a abandonar en tales circunstancias.


¿Por qué de entre todas las personas, tenías que verme tú? Dororo, ante tus ojos quería ser perfecto. Quería que me vieras como una persona fuerte y valerosa. Quería ser como uno de esos caballeros de brillante armadura de esas novelas de fantasía que tanto te gustaban leer. Deseaba que pensaras que era alguien que te protegería siempre y nunca se dejaría vencer por nadie.

Ese día no fue así, me viste en uno de mis peores momentos, me viste ser derrotado y humillado por mi demonio personal, viste como mi padre me maltrataba y no era capaz de hacer nada para defenderme.

Simplemente no pude soportarlo, me sentía tan herido, tan frustrado, tan avergonzado que solo pude intentar huir de ti. Sentí a mi mano palpitar del dolor, pero no me importó, con un poco de suerte en algún momento te cansarías y yo podría estar solo para lamentarme por ser tan patético y cobarde.

Pero como era propio de ti, que eres tan testaruda, no te rendiste, seguí escuchando tus firmes pasos a la par que tu agitada respiración. Solo fui capaz de detenerme cuando te escuché gritarme con desesperación:

— ¡Hyakkimaru Kagemitsu, si no te detienes ahora mismo no volveré a hablarte nunca más!

Maldije y admiré a la vez tu astucia al saber que decir exactamente para poder chantajearme. Detuve mi huida en un parque cercano a mi casa, por un breve momento solo se pudieron escuchar nuestras respiraciones agitadas. Ya que aún no me sentía capaz de mirarte a los ojos, te hablé dándote la espalda, mi mano la cual estaba terriblemente vendada seguía dejando un pequeño rastro de sangre cerca de mis pies:

— No quiero que pienses que soy un cobarde…—Te confesé con voz débil.

— ¿Por qué pensaría eso? —Preguntaste suavemente, acercándote lentamente a mí.

— Porque no fui capaz de defenderme de "él" …

— ¿Y por qué debes sentirte de esta manera si toda la culpa es de tu padre?

Contuve la respiración y mi corazón se agito al sentir como pasabas tus pequeños brazos por mi abdomen, me abrazaste por la cintura mientras apoyabas tu cabeza contra mi espalda. Continuaste hablándome con una voz extremadamente suave y comprensiva:

— Se trata de él ¿verdad? Él te cortó la mano, y te lastimó tu rostro… Hace un año, aquella noche de verano en la que me consolaste y miramos las luciérnagas, tenías un golpe en tu rostro y marcas en tu cuello y manos. Esa noche, estabas huyendo de "él". Tu padre… te golpea ¿verdad? Él te lastima y te hace daño.

Mi cuerpo tembló y me dejé caer de rodillas en el suelo, tú simplemente seguiste el movimiento en silencio sin aflojar tu fuerte abrazo ni un poco. No derramé ninguna lágrima, pero mi alma estaba llorando por dentro sumida en desesperación. Dejé mis manos apoyadas en el suelo, observando con impotencia la vena ensangrentada en mi mano.

— Dororo… Mi padre es un demonio…

Susurré con voz entrecortada, haciendo un enorme esfuerzo por no llorar. Ignorando mi lucha interna por no humillarme más frente a ti, tus manos se olvidaron de mi abdomen para dirigirse lentamente a mi mano herida. La tomaste con algo de vacilación para después suplicarme con tristeza:

— Por favor… Déjame curar tu mano…

Cuando menos me di cuenta, ambos estábamos sentados en el suelo uno frente al otro. Te esmerabas en curar mi mano, mientras tanto yo por mi parte te confesaba todo acerca de mi padre. Te conté de cómo nos maltrataba a Taho y a mí física y psicológicamente, como nunca nos había amado y era cruel con nosotros. Te dije que no apoyaba la idea de que fuéramos músicos, incluso el tener que hacer todo a escondidas. De cómo a pesar de que él proclamaba tanto amar a mi madre, era un hombre que se dejaba embriagar por el poder y el dinero, aprovechándose de esto para estar con varias mujeres.

Te lo confesé toda esa noche, fui capaz de decirte todo lo que nunca había podido confesarle a nadie más, ni siquiera a mi novia. Lo decidí pues sabía que contigo mis secretos estaban a salvo, sabía que ante todo siempre me apoyarías incondicionalmente, y no me equivoqué. Cuando terminé de contarte todo y tú terminaste de vendar mi mano, respondiste con rencor mientras unas tímidas lagrimas resbalaban por tus mejillas, irónicamente, tú derramaste las lágrimas que yo no dejé escapar de mis ojos por mero orgullo.

— Que se vaya al infierno. —Me dijiste derramando lágrimas de rabia—¡El dinero le pudrió el cerebro! ¿¡Como alguien puede ser tan malvado!?

— Es lo mismo que nos preguntamos cada vez que está en casa. —Te respondí con una sonrisa condescendiente.

Estábamos tan sumergidos en la plática que ni siquiera notaste que me seguías sujetando fuertemente de mis manos. Aunque yo si lo hice, desee internamente que no te dieras cuenta para que no me soltaras. Sentir tus pequeñas y cálidas manos aferrando fuertemente a las mías transmitía sensaciones de paz a mi lastimado corazón. Me olvidé momentáneamente de tus manos cuando seguiste hablando:

— Ahora puedo entender todo… Puedo entender porque tu madre siempre luce tan triste, porque Tahomaru defendía tanto tus manos, porque al principio dejaban sus instrumentos en nuestro departamento y luego en la sala de ensayos… Incluso, tú decidiste conseguir un trabajo pues tu padre de ninguna manera iba a apoyar tus gastos relacionados con la guitarra.

— Así es…

— ¿No han pensado en… demandarlo? ¿Tu madre no ha pensado en divorciarse?

— Claro que sí, pero… Él es una persona poderosa con muchos contactos. Cuando éramos más pequeños, mamá no se atrevía a dejarlo pues temía que nos buscara para hacernos daño. Aun ahora lo hace, es por eso que, aunque se lo hemos propuesto, nunca se ha atrevido a hacerlo.

«Por esa razón, Taho y yo solo podemos pretender que no existimos cada vez que está en casa para que no nos lastime y no haga sentir mal a mamá. Por desgracia, nadie pudo haberse imaginado que iba a volver antes a casa y por supuesto no apoyó la fiesta. Afortunadamente, es una persona sumamente ególatra, y para él es de suma importancia lo que piensen de él y su imagen ante la sociedad. Gracias a eso, pude manipularlo para que no saliera a arruinar la fiesta.

— Pero tu mano pagó las consecuencias. —Susurraste con dolor.

Di un bajo suspiro para hacer el dolor a un lado antes de responder:

— Si… sabe lo importante que son mis manos para mí pues soy un guitarrista. Por eso pensó que era un castigo apropiado cortar mi mano para darme una lección.

Finalicé con una amarga sonrisa. Cerraste tus ojos apretándolos fuertemente, al parecer en un intento por no llorar de nuevo. Me sorprendió ver como tu semblante cambiaba rápidamente a uno mucho más seguro y animado al responderme:

— ¡Entonces conozco la mejor forma en que puedes vengarte de tu cruel padre!

— ¿Cuál es? —Te pregunté, ladeando mi cabeza con confusión—Ya te dije que no me atrevo a defenderme pues no quiero hacer sentir mal a mamá, por eso…

— No, no, no, no me refiero a eso. —Sentí con pensar como soltabas mis manos para agitar las tuyas de lado a lado, como para darle más fuerza a tus palabras—. Hacer eso sería rebajarte a su nivel, de ninguna manera puedes hacer eso… ¡lo que debes hacer es cumplir tu sueño de ser guitarrista profesional!

«Cuando logres eso, cuando por fin Rainbow Tears sea una banda famosa entonces tú podrás restregarle tu éxito en la cara. —Mostraste una enorme y radiante sonrisa—. Después de eso, cuando lo hallas humillado, podrás llevarte a tu mamá muy lejos de él, y de esa manera, tu bondadosa madre, tu amado hermano menor y tú podrán vivir una vida feliz lejos de ese cruel hombre.

— ¿En verdad crees que sea capaz de hacerlo?

— ¡Por supuesto! —Continuaste con entusiasmo—Estoy segura que estás destinado a cumplir tu sueño. Sin importar lo difícil que sea, sé que vas a triunfar. Por eso es que quiero que nunca olvides que yo siempre te apoyaré incondicionalmente. Sin importar el dolor o lo difíciles que puedan ponerse las cosas, yo caminaré siempre a tu lado, nunca te dejaré solo, Hyakkimaru.

Como si fuera posible, tu sonrisa creció aún más en tu rostro. Escuchar tus palabras tan llenas de cariño y calidez, ver esa alegre sonrisa asomando en tus labios, todo tu ser era como ver una brillante luz al final de un camino oscuro y sinuoso. Sin importar nada más, me dejé guiar por mis instintos y te tomé suavemente de tus delgados hombros para atraerte a mí y atraparte en un fuerte abrazo.

— Gracias, muchas gracias, pequeña Dororo.

Te susurré con dulzura mientras sentí tu cálido cuerpo tensarse en mis brazos. Te percibía tan pequeña y frágil debajo de mí que hasta sentía que al abrazarte tan fuerte podía romperte. Aun así, no me importó, quería transmitirte lo bien que me sentía a tu lado por medio de ese abrazo. Mi corazón palpitó velozmente al escuchar como soltabas un pequeño suspiro y dejabas tu cabeza apoyada en mi pecho.

Por un breve momento, me perdí en el éxtasis de escuchar tu suave respiración debajo de mí, de sentir el calor de tu menudo cuerpo extendiéndose por mis brazos, de aspirar el agradable aroma que desprendía tu cabello. Ya que te veías tan cómoda y parecía no molestarte la cercanía, me atreví a hacer algo más.

Me separé delicadamente de ti, al sentir este movimiento levantaste tu rostro y me miraste con inseguridad, tus redondas mejillas estaban tan rojas como las fresas que tanto te gustaban. Rememorando mi niñez, decidí imitar un acto de cariño que mi mamá siempre hacía con Taho y conmigo cuando llegaba la hora de que nos diera las buenas noches. Tomé tu suave rostro con mis manos para acercarme a ti y apoyar mi frente contra la tuya para después frotarla suavemente.

— ¿Q-que estás haciendo?

Preguntaste con un bajo y extraño tono de voz que no supe distinguir si eran nervios o emoción. No fui capaz de responderte pues yo tampoco sabía exactamente por qué lo hacía, estaba tan embriagado de ti que solo deseaba sentirte lo más cerca posible de mí.

De nueva cuenta, el hechizo se rompió al escuchar unos pasos detrás de nosotros. En un auto reflejo me separé de ti y al volver la vista me sorprendió ver que se trataba de Mio la cual caminaba hacia donde estábamos, debido a que ella tenía el móvil en su mano no se dio cuenta de nada.

— ¡Hyakkimaru, Dororo-chan! —Nos gritó con alegría cuando se percató de nuestra presencia, avanzó más rápido guardando el móvil en su bolsa—Que coincidencia encontrarlos aquí. Dororo-chan, estaba a punto de marcarte para que me mandaras la ubicación exacta de la casa de Hyakkimaru. Solo tenía de referencia este parque.

— Mio nee, que sorpresa. —Le respondiste a tu prima con nerviosismo— ¿Qué haces aquí?

— Pude ver a mi diseñador favorito y conseguir un autógrafo más rápido de lo que pensaba. —Explicó Mio con una tímida sonrisa—. Tras ver un rato más la exhibición decidí salir antes de que terminara para poder venir un rato a la fiesta. Ah… aún no termina ¿verdad?

Dororo ¿puedo confesarte algo? La verdad es que fue una fortuna que Mio haya aparecido justo a tiempo para interrumpirnos. En esos momentos en que me sentía tan triste y desesperado, mi cabeza era un entero caos.

Al contrario de lo que parezca, nunca he sido una persona tan fuerte como tú piensas. Es difícil para mí soportar el dolor, muchas veces me hace huir como un pequeño niño temeroso. Estúpidamente, siempre he pensado que el cariño y las muestras de afecto son suficientes para hacer el dolor a un lado.

Estaba tan perdido en ese momento, que hubiera hecho algo por lo que me hubiera arrepentido el resto de mi vida. Movido por el dolor, y por la enorme ternura que transmitiste a mi corazón con tu apoyo, hubiera hecho algo que te hubiera lastimado profundamente a ti y a Mio… Estoy seguro que hubiera terminado besándote.

Continuará