Capitulo 43 – Elsa – Plan vergonzoso.
Se quedó de piedra mientras miraba a la rubia frente a ella, la cual estaba muy derecha bebiendo de una taza de té.
Estaban en una cafetería, un día temprano en la mañana. No solía tomar desayuno fuera, porque prefería que Anna le cocinara algo, pero al recibir una llamada de Diana, supo que debía dejar la comida para otro día. De todas formas, cuando salió de casa, la pelirroja seguía enterrada entre las almohadas, y al parecer tardaría demasiado en despertar.
Intentó calmar su impresión bebiendo de su propio chocolate, estaba caliente y dulce, tal y como lo apreciaba.
Levantó la mirada, encontrándose con la mirada suplicante y seria de la chica.
Soltó un suspiro.
Era una mujer mayor, la mayor del grupo, no podía avergonzarse.
Debía guiar a la menor.
"Entonces, tú quieres…"
Las palabras no salieron de su boca, y no pudo evitar masajear sus manos sobre la mesa. No podía seguir avergonzándose así, de hecho, ni siquiera la menor parecía avergonzada. Su rostro estaba tan estoico y serio como de costumbre.
Diana asintió, así que no tuvo que seguir formulando la frase.
"Pasaron los exámenes, y todo ha sido rígido, hay una gran tensión entre nosotras, y asumo que es debido a eso. Es probablemente la raíz de el problema."
Tomó otro poco de líquido, calmando su interior con el calor de la bebida.
"Creo que Anna sería más útil que yo en este momento."
Dijo en un susurro. Las palabras se escaparon de sus labios sin control. No podía evitarlo, y sabía que tenía razón. Ella misma empezó con aquellas actividades sentimentales cuando ya era más mayor que la rubia. Pasó en aislamiento años y años, así que pudo liberar ese lado de sí misma recién cuando empezó una relación con la pelirroja. Antes nada. Ni siquiera estaba interesada en tener relaciones con nadie.
No quería pensar en Anna, o volvería a deprimirse, y prometió que no caería de nuevo en los engaños de su cabeza.
Ella tenía más experiencia en esas cosas.
Diana arregló su cabello, sonriendo levemente.
"Anna probablemente haría que me avergonzara mucho, y confío en ella, pero no sé si pueda hablar de algo así manteniendo la calma."
Lo entendía. Era la persona más confiable que Diana tenía, así que tenía que enfriar su cabeza y ayudar a la chica con todos sus dilemas.
Respiró profundamente, poniéndose seria en su lugar, tal y como lo hacía en sus reuniones. Diana era su amiga, así que estaba acostumbrada a ser más natural con ella, pero en este momento necesitaba ese lado rígido de ella misma.
"¿Entonces crees que ya es el momento indicado? ¿Te sientes preparada para dar ese paso?"
No era la gran cosa para su persona, pero Diana aún era joven, aunque estaba en una edad perfecta para empezar con la actividad sexual. No había apuro para algo así, pero ambas chicas se notaban unidas la una de la otra, así que era un paso casi obvio. Si las dos estaban de acuerdo, no había problema alguno.
Diana pareció estar, por primera vez, realmente nerviosa.
"Si, ambas hemos pasado por ciertos momentos últimamente, pero siempre hay alguien que nos interrumpe. En mi casa están mis compañeras, y Akko vive con sus padres. Sería muy vergonzoso que alguien nos descubriera, sobre todo la primera vez."
Asintió, no era una situación que le hubiese ocurrido, pero podía empatizar con eso. Si son primerizas, será todo con torpeza, así que estarían aún más incomodas con alguien rondando. Se acercó un poco más a la chica. A pesar de estar en un lugar alejado y en una cafetería tranquila, igual debía bajar la voz.
"¿Y no has pensado en un motel?"
Vio el color rojo iluminando la piel pálida. Evidentemente nerviosa y sorprendida. Su mirada luego bajó a su regazo. Al parecer ya lo había pensado.
"¿Es el dinero un problema?"
Le preguntó, pero Diana levantó su mirada, negando.
"Ese no es un problema, supongo que me avergüenza el llevar a Akko a un lugar así, cuando apenas podemos besarnos sin ser un puñado de nervios. No creo que sea lo mejor. Solo nos haría poner más nerviosas y más conscientes de lo que vamos a hacer."
Le sonrió y movió su taza vacía a un lado, dándole más espacio a sus propias manos para apropiarse de ese sector de la mesa. Tenía una buena idea, así que usó sus manos para graficar la situación. La chica de inmediato captó su mirada y se puso seria, poniendo toda su atención en la explicación que iba a darle.
"Una cita, Diana, pides un cuarto elegante en algún hotel de otra ciudad, y viajas con Akko. Ella es extranjera, así que dudo que visitara muchos lugares. Aprovecha de mostrarle algunos sitios interesantes, y luego van a pasar la noche en el hotel. Sería como una gran cita, y no tendrían la obligación de hacerlo si es que en el momento no se sienten cómodas."
Diana parecía realmente sorprendida, luego la vio poner su mano en su mentón, meditando cuidadosamente la idea, pero parecía ir aceptando poco a poco. Era una idea simple, pero mataba dos pájaros de un tiro, y conociendo a Diana, haría que todo tuviese el ambiente preciso para hacer de todo un día perfecto.
Le sonrió levemente, con un brillo en sus ojos, calma en sus facciones.
"Gracias, Elsa, esa es una magnifica idea. Suena a una buena ocasión ahora que tenemos un receso."
Le devolvió la sonrisa.
"Si necesitas dinero, o lo que sea, avisame, o por último puedo prestarte a mi chofer para que las lleve en ese viaje."
Diana negó.
"Gracias, pero no me gustaría quitarte a tu chofer."
Soltó una leve risa ante su rostro preocupado.
"No necesito un chofer, prácticamente maneja para mí una vez o dos al mes. Prefiero ser yo quien esté al volante, o Anna, pero no una persona que no conozco."
Su acompañante soltó una leve risa luego de mantener su rostro incrédulo por varios segundos.
"Te avisaré si lo necesito entonces."
Diana se terminó de tomar el resto de té que tenía en su taza, y luego levantó la mirada, observándola, con curiosidad en sus ojos.
"¿Qué crees que me habría dicho Anna?"
Se sorprendió ante la pregunta, pero la conocía tan bien que ni siquiera tenía que hacer un esfuerzo muy grande para imaginárselo.
"Te hubiese pasado las llaves de nuestra casa para que ocupasen una de las habitaciones de invitados."
Por suerte el té se había acabado del todo, o Diana lo habría escupido, y hubiese sido muy gracioso ver a la heredera Cavendish hacer algo así. Por su rostro, era evidente que no podía creer aquello. Si, ella misma tampoco creía siquiera que Anna le pasara las llaves a sus amigas para que la visitaran, así que, por hacer una buena acción, era capaz de hacer aquello. Diana respiró lentamente, recuperando su compostura, pero aun notaba sorpresa en sus ojos.
"Anna es realmente…especial."
Soltó un suspiro, apoyándose su mentón en una de sus manos.
"Con tal de hacer una buena acción, es capaz de olvidar el sentido común."
Diana soltó otra risa.
Últimamente parecían todos más unidos. Toda esa pequeña familia que tenían. Y se alegraba de que así fuese. Antes Diana no se permitía siquiera reír en lo absoluto, al menos no con esa confianza. Akko había ayudado bastante, debía darle crédito. Las cosas siempre tendrían un camino difícil y escarchado, pero siempre seguían adelante y se unían cada vez más. Era muy cálida esa sensación en su pecho, al verlas a todas confiando entre ellas, superándose gracias a la ayuda de las otras. Tenían sus propios problemas donde no querían involucrar a sus amigas, pero al menos podían apoyarse de vez en cuando.
Esto era el ideal que tenía Anna para tener una familia, y ahí estaban.
Cerró los ojos y respiró profundo.
Ya se sentía una abuela, diciendo el típico 'crecen tan rápido'.
No quedaba tanto para su cumpleaños, y seguiría siendo la mayor del equipo, así que debía seguir siendo un apoyo positivo para sus amigas. Su objetivo para ese año era no recaer nuevamente, y tenía fe de que podría lograrlo.
Pero estaba determinada a conseguirlo.
No debía ser una carga para Anna, ni que sus miedos tomasen control de su cuerpo y de su mente. No se iba a rendir. Una Arendelle nunca se da por vencida, y tenía el ejemplo de la pelirroja, que cada día se superaba a sí misma. No debía quedarse atrás. Sus miedos no seguirían deteniéndola por más tiempo.
Se despidió de la rubia, y quedaron de hablar nuevamente.
Tomó su auto y fue a su casa. A penas abrió la puerta le llegó ese aroma tan característico y hogareño. Amaba su casa.
Era su castillo.
Anna estaba ya vestida, dándose vueltas por la cocina. Podía ver sus manos llenas de harina. Al parecer se había entretenido cocinando. Su celular estaba haciendo sonar su lista de reproducción, así que podía notar como bailaba y cantaba mientras revolvía el contenido de unos recipientes.
No la escuchó llegar ni entrar, estaba entretenida y ensimismada, así que caminó silenciosamente a la mesa de comedor, a solo dos metros de donde la chica estaba moviéndose, concentrada en lo suyo. Se sentó en una silla, y apoyó el rostro en sus manos, mirando a la menor, la cual no parecía preocupada de toda la harina e ingredientes que botaba al suelo cada vez que hacía un movimiento.
Estaba pensando seriamente en contratar a alguien que viniese a hacer la limpieza siempre que Anna pasaba horas cocinando, dejando la mitad de los ingredientes regados por toda la cocina.
No pudo evitar soltar una risa.
Como si fuese con esa intención, la pelirroja levantó la mirada, encontrándose con la de ella.
Se veía sorprendida y avergonzada, riendo.
"¿Cuánto tiempo llevas ahí, nerd?"
Le sonrió a la menor, la cual estaba literalmente con las manos en la masa, con la mitad de su ropa llena de harina.
"El tiempo suficiente, geek."
Anna frunció el ceño ante el apodo, haciendo un puchero. Se movió hasta su teléfono, para detener la música, pero con toda la masa en sus manos le era imposible. Ambas se miraron, pero sin decir nada. La pelirroja soltó un suspiro.
"¿Podría ayudarme, su majestad?"
Soltó una risa ante la actitud molesta de la menor, y se acercó, entrando al campo de batalla de comida y harina, para apretar el botón y detener la música.
"Un placer, mi princesa."
Anna la empujó con su cuerpo, notando claramente el tono de burla en sus palabras. A veces se preguntaba cómo sería su vida juntas si es que hubiesen sido criadas como hermanas, y no dudaba que hubiese sido una relación así, similar, apoyándose todo el tiempo, y a la vez molestándose la una a la otra, como hermanas normales.
"¿Cómo te fue con Diana?"
La vio volver a su lugar de trabajo, empezando a trabajar con la masa, moviéndola de un lado a otro, estirándola. Se dio la vuelta para sentarse frente a ella, en la barra que separaba los ambientes.
"Bien, le di un par de ideas para la cita perfecta."
Anna la miró, con interés en su mirada. Pero negó de inmediato, dándole a entender que no le diría acerca de eso. La chica solo le tiró un poco de harina, ya que tenía claro que su insistencia no serviría si se trataba de otra persona. Confidencialidad, ante todo.
Sacudió el rostro, liberándose del polvo en su cara y cabello. La miró con molestia, y recibió un levantamiento de hombros.
"Perdonaré tu impertinencia si me dejas comer lo que estás preparando."
Los ojos turquesa la miraron con suspicacia. Inseguros de aceptar aquel trato poco justo, pero rápidamente se dejó caer de brazos.
"¿Acaso tengo otra opción?"
Estaban a poca distancia, así que se levantó y acercó su cuerpo al de la menor, tomándola de la nuca, y acercándose lo suficiente para poder besarla.
Vio su mirada llena de sorpresa.
"Es un trato entonces."
Se volvió a sentar y le sonrió a la menor, que estaba atónita. Luego de unos segundos le terminó sonriendo.
Ya estaba logrando cambiar.
Estaba consiguiéndolo.
LA CITA PERFECTA SERA EL CAPITULO DEL HIATUS SORI, pero aun quedan un par más. Me motivé a subir capitulo, porque mañana estoy de aniversario con mi novia y me entra lo romántico. La extraño, ya semanas sin vernos, pero aprovecharé la ocasión para decirle que la amo y que le agradezco por ayudarme en mis procesos creativos, y por leer esta historia conmigo.
Espero ustedes estén bien, cuéntenme como les va en la cuarentena y toda esta mierda que está pasando apocalíptica.
Capitulo siguiente: Weiss – Relajo.
Nos leemos pronto.
