Día X de la cuarentena (ya he perdido la cuenta): Por fin he logrado terminar este condenado capítulo.

La verdad es que al principio con todo este problema de estar encerrada en casa pensé que tendría más tiempo para escribir y estaba un poquito feliz. Sin embargo, mis profesores no opinaban lo mismo y acabé ahogada en trabajos estúpidos y clases online, así que al final resulta que tenía si cabe menos tiempo que antes.

Sé que muchas/os no sois de España así que tenía curiosidad por saber cómo lo estáis llevando en vuestros países. Os leo, podéis escribirme lo que queráis ^^

Os deseo mucho ánimo y salud.

Y ya os dejo tranquilas para que leáis el capítulo. Espero que os guste.

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama.


Capítulo 34: La liga de detectives juvenil

...

Las puertas del metro se cerraron justo a sus espaldas, dos segundos más tarde y hubieran perdido su objetivo. Mitsuhiko resopló cansado después de semejante carrera que acababan de pegar mientras que Genta, de pie a su lado, parecía envidiablemente bien. Al crecer su amigo no solo había pegado el estirón sino que también había cambiado gran parte de sus kilos de más por músculo. Ahora parecía un gorila gigante, sobretodo comparado con él, que se había quedado bajito.

Mitsuhiko se aclaró la garganta, desechando esos pensamientos, levantó la mirada y la paseó a su alrededor dentro del vagón hasta encontrar lo que buscaba: estaba en el siguiente vagón y solo podía verlo a través del cristal, pero al menos no lo perdería de vista.

—Genta-kun. —Llamó a su compañero. —Yo me encargo de vigilar. ¿Hay noticias de Ayumi-chan?

Este sostenía dos teléfonos móvil, uno en cada mano, sin perderlos apenas de vista y concentrado en su misión de avisar cuando recibiera la llamada de su amiga. Negó con la cabeza. Tan pronto como empezaron la persecución Mitsuhiko había dividido sus papeles para no perder a su objetivo de vista: él vigilaba y Genta se encargaba de darle la información que Ayumi pudiera conseguir. Sin embargo, Mitsuhiko había cometido un error al olvidar decirle a Ayumi cuando se separaron que contactase al número de Genta, así que se había visto obligado a darle su teléfono para que el grandullón comprobase ambos.

—Todavía nada.

—Espero que Haibara-san se encuentre bien. —Masculló el más bajito, mordisqueándose el labio inferior con nerviosismo.

Hacía apenas una hora se estaban dirigiendo a casa del profesor, preocupados porque desde el incidente de la explosión ni Haibara ni Conan habían vuelto al instituto.

En realidad, el chico también tenía curiosidad por hablar con Conan. Después de tantos años desaparecido, volvía a andarse con los mismo secretos de siempre, tratándolos como niños como si él fuese superior. ¿Qué era eso de agente del FBI? Estaba seguro de que había escuchado a Conan decirle al prometido de Ran que era un agente del FBI, ¿pero cómo era eso posible?

Sin embargo, Genta y Ayumi no parecían haber notado nada raro y se lo habían tomado como algo normal, como si ya estuviesen acostumbrados a que Conan les sacase tres pasos de distancia.

Los tres juntos habían llegado hasta la entrada del jardín del profesor, pero no llegaron a entrar porque justo en ese momento escucharon un ruido procedente de la casa del vecino, la casa donde supuestamente estaba viviendo Conan. Casi por instinto los tres niños se escondieron tras el muro de profesor, justo a tiempo para ver como Ran-san, con una mirada entre colérica y desesperada abandonaba la casa a la carrera y se dirigía corriendo calle abajo hacia la estación de metro.

Mitsuhiko reaccionó inmediatamente. ¿Qué hacía Ran-san allí si se suponía que estaba escondida en algún lugar seguro? No estaba del todo enterado de la situación, pero por la conversación que había tenido Conan-kun con el prometido de la mujer, podía suponer que ni este había tenido oportunidad de encontrarse correctamente con ella. Así que, ¿Cómo es posible que anduviese por ahí sola?

Así que sin pensárselo dos veces había dado órdenes claras a sus dos amigos y él y Genta habían salido corriendo en persecución de la mujer policía, mientras que Ayumi se había quedado rezagada para buscar a Haibara y a Conan.

Estuvieron a punto de detener a Ran, llamarla y preguntarle a dónde iba, pero algo en su mirada hizo que el chico se lo pensase mejor, así que de momento se dedicaban a seguirla sin perderla de vista al tiempo que se aseguraban de mantenerse escondidos.

Sin embargo, llegados a estas alturas, era obvio que Ran-san estaba tratando de perder de vista a cualquier que pudiera estar siguiéndola y eso, era si cabe lo más sospechoso de todo. Se había subido a un tren en la estación de Beika en dirección al centro, pero se había bajado de pronto tres estaciones después, solo para subir en otro tren diferente. Llevaban casi 40 minutos metidos en los túneles del tren y habían hecho por lo menos 7 trasbordos. Si a Mitsuhiko no le fallaba su sentido de la orientación, y estaba bastante seguro de que no lo hacía, habían estado dando vueltas estúpidamente alrededor de la misma zona y de hecho, seguían irónicamente relativamente cerca de Beika.

Si embargo eso no tardó el cambiar.

Estaban en el octavo tren que abordaban y el chico empezaba a entender el patrón que estaba siguiendo la mujer, así que tenía una idea más o menos clara de cuál sería la siguiente estación en la que se bajaría.

—Genta-kun, estate listo. Nos bajamos en la siguiente. —Le dijo a su compañero.

—¿Cómo lo sabes? —El chico lo miró interrogante, tras lanzar una mirada de soslayo a Ran y verla sentada tranquilamente en un asiento del metro. —Ran-neechan no parece tener intención de moverse.

—Estamos yendo a la comisaría. —Terció Mitsuhiko. —No sé por qué, pero está teniendo un montón de cuidado solo para llegar a la comisaría. Pasa algo malo y tenemos que averiguar qué es, no podemos perderla de vista.

Ran se bajó del tren exactamente en la estación que Mitsuhiko había dicho, sin embargo, para sorpresa del muchacho a continuación ocurrió algo que no había predicho.

Tal y como habían hecho hasta ahora, Mitsuhiko y Genta esperaron un rato a que la chica se bajase del vagón y echase a caminar un poco para que no los viese de pronto bajarse al mismo tiempo que ella. Pero de la misma forma en que ellos tardaron en salir del tren, justo cuando las puertas se estaban a punto de cerrar, Ran dio un salto atrás y de improvisto volvió a subirse al tren.

Mitsuhiko se sorprendió con ese gesto, tanto que no fue capaz de reaccionar a tiempo. Intentó girarse para volver a subir al tren, pero su agilidad no era precisamente la más brillante y acabó chocándose con Genta, quien venía detrás de él. Trastabilló y estuvo a punto de caer al suelo, confuso porque todavía no era capaz de entender qué había pasado. Solo era capaz de entender una cosa: que costase lo que costase no podían perder a Ran de vista, así que en el último segundo y de mala manera empujó a Genta, quien estaba si cabe más confuso que él, de vuelta al interior del tren justo a tiempo para que las puertas del metro de cerrasen sobre su mano y se la pillasen, obligándolo a callarse un quejido de dolor y a retirar la mano dolorida con rapidez.

—¡Mitsu…! —Genta desde el otro lado de la puerta gritó su nombre asustado al ver como su amigo se agarraba la mano con fuerza y mostraba una cara de dolor, pero el chico lo mandó callar rápidamente y soportando los pinchazos de dolor se apresuró a darle dos simples instrucciones a su amigo

—Sigue a Ran a donde sea que vaya. No puedes perderla de vista. No grites, no destaques, estoy bien. —Forzó una sonrisa, aunque en realidad la mano le dolía muchísimo. — Me reuniré contigo tan pronto como pueda. Mantente comunicado.

—Mitsu… —Intentó volver a decir su nombre, pero volvió a interrumpirlo.

—Tienes tu chapa de detective encima, ¿verdad? —Preguntó, mientras sacaba del bolsillo interior de su chaqueta su propia chapa. —Tienes mi teléfono así que solo podemos comunicarnos con esto.

El chico no tuvo tiempo ni de ver si en efecto su amigo tenía o no la chapa, porque en ese momento el tren se puso en marcha y se quedó atrás, tirado en medio de una estación desconocida y sin otra cosa para poder comunicarse que esa chapa que guardaba tantos recuerdos de su infancia. Genta se había llevado su teléfono consigo, precisamente porque había sido un tonto al trazar el plan y había olvidado mencionar ese estúpido detalle. Si Genta realmente no tenía la chapa estaba perdido.

Además, se había equivocado en otra cosa: Ran no estaba yendo a la comisaría. Solo había actuado para que pensasen eso, y si hubiera reaccionado una milésima de segundo más tarde en efecto se hubieran quedado perdidos sin ninguna pista. Había sido un ingenuo.

—Chhss… Mitsuhiko —La voz de Genta le llegó procedente del interior de su bolsillo. —¿Estás ahí?

El chico se apresuró a sacar la chapa de detectives del interior de su bolsillo y la miró un poco sorprendido. Si bien es cierto que le había dicho a Genta que la usase, en verdad no pensó que el chico la llevaría encima.

—Genta-kun, tú… la chapa… —Masculló, sintiéndose sumamente aliviado de que, aunque la había cagado, no todo estaba perdido. —No pensé que de verdad la tuvieras.

—Jejeje —lo escuchó reír al otro lado de la línea —No eres el único que echa de menos la liga de jóvenes detectives. —Añadió —Siempre llevo esta chapa encima.

El chico no pudo evitar amagar una sonrisa al pensarlo. Durante años habían esquivado el tema. Conan los había abandonado sin dar ninguna explicación y de la noche a la mañana descubrieron que era cierto: sin Conan no eran más que unos niños entrometidos. Ya no tenía sentido hablar de ninguna liga de detectives si no eran capaz de resolver ni el más simple de los misterios. A pesar de lo mucho que lo intentó y lo mucho que había estudiado para tratar de algún día demostrarle a Conan que él también era capaz, al final el chico había vuelto siendo un agente del FBI y sin el más mínimo interés por volver a jugar con ellos. Lo había envidiado y se había pasado años tratando de superar algo que era insuperable, y ahora, cuando por fin había encontrado su oportunidad para demostrar que no pensaba quedarse atrás, no había tardado ni una hora en fastidiarlo.

Pero Genta había salvado la situación. Tenía la chapa, todavía seguía a Ran de cerca y podían empezar de nuevo y trazar otro plan. Quizá él solo no pudiera compararse a Conan-kun, pero quizá los tres, como equipo, pudieran hacer algo por ayudarlo.

—Genta-kun, ¿en qué tren estás? —Preguntó una vez hubo ordenado sus pensamientos.

—En la línea 3, dirección este.

—Eso quiere decir que te bajaste dos paradas después de donde estoy, ¿verdad? —Mitsuhiko caminó por la estación hasta que encontró un mural enorme pegado a la pared con el mapa de las líneas y las estaciones.

—Sí.

—¿Cuántas paradas llevas?

—Una de momento. Estamos a punto de llegar a la siguiente.

—Probablemente no se mueva, pero no bajes la guardia. En esa parada no hay ninguna otra vía con la que poder enlazar.

—Entiendo.

—¿Tienes noticias de Ayumi-chan? —Preguntó, recordando que todavía tenían ese tema por saldar.

—Aun no.

Mitsuhiko maldijo por lo bajo, tratando de pensar qué había podido pasar para que a Ayumi le costase tanto tiempo ponerse en contacto con ellos.

Además había otro problema: Genta se estaba alejando.

—Si estás yendo en dirección este por la línea 3 quiere decir que finalmente está saliendo de la ciudad.

—¿Qué? ¿En serio?

Tenía que darse prisa y empezar a moverse. Las chapas del profesor eran útiles en aquel momento, pero no infalibles. Si Genta se alejaba demasiado lo más probable es que dejasen de tener señal y no fuesen capaces de hablar más.

Justo en ese momento llegó a la estación el tren de la línea 7. No servía. Necesitaba el número 5 para poder enlazar correctamente con el 3 y seguir a Genta-kun.

Sin embargo…

Mitsuhiko lanzó una última mirada al mapa y se sorprendió al darse cuenta de una cosa. Ran no solo había estado dando vueltas por la misma zona, había dado vueltas alrededor de la comisaría por algo. ¿Cómo es que no se había dado cuenta antes? La mujer policía tampoco estaba dando esas vueltas por propia voluntad, alguien le estaba dando instrucciones. Aquello pintaba mucho peor de lo que se había imaginado.

De pronto, el tren tocó el silbato, anunciando que las puertas iban a cerrarse. No tenía tiempo para quedase atontado mirando un mapa. Mitsuhiko tragó saliva y lanzó una última mirada al mural, necesitaba memorizarlo ya. Conan habría sido capaz.

Luego corrió hasta la puerta más cercana y se metió en el tren de la línea 7. Si su deducción era cierta, aquella línea también le servía.

-o0o-

Ahora entendía muchas cosas. Maldita sea si las entendía.

Darse cuenta de que Kudo Shinichi y Edogawa Conan eran en realidad la misma persona hizo que en su cabeza encajasen muchas cosas que desde el principio no habían tenido sentido.

La edad de Edogawa, aunque se había acostumbrado a ella, era para empezar un misterio. Su relación con Akai y con Charles del FBI, su relación con los señores Kudo, su parecido al niño que aparecía en las fotos de aquella casa pese a que supuestamente no compartían lazos de sangre.

Parecía mentira que no lo hubiera pensado antes, pero es que científicamente era algo impensable que una droga como aquella pudiera existir.

Pero ahora había demasiadas cosas que tenían sentido.

Edogawa Conan, o Kudo Shinichi, se había involucrado con la organización a la edad de 17 años y había dedicado su juventud entera a detenerlos. Incluso podía entender por qué había adoptado una doble identidad: todos los problemas que les había dado la organización era precisamente porque sabían quién era Edogawa Conan. Si en el pasado pudo haberlos investigado desde las sombras es porque nadie en su sano juicio pensaría que un niño de 7 años podría ser el enemigo.

Pero al hacer eso se había condenado a sí mismo a vivir una vida falsa para siempre. De pronto también entendía por qué había decidido abandonar Tokio aunque todo parecía haberse solucionado. La verdad es que desde que pusieron el primer pie en Japón había empezado a preguntárselo: ¿Por qué demonios Edogawa-san había abandonado un lugar en el que parecían quererlo tanto? ¿Solo por la oportunidad de trabajar en el FBI había abandonado amigos y familia sin siquiera despedirse? Siempre le había parecido raro y ahora por fin lo entendía: porque la vida de Edogawa Conan no es la que él deseaba vivir, pero ya nunca podría volver a vivir como Kudo Shinichi.

Probablemente no había sido el FBI quien dio a Kudo como muerto, sino el propio Kudo. Mejor muerto que desaparecido para siempre. Sonaba tanto a algo que haría su inspector.

Pero eso sonaba más triste si cabe. Eso quiere decir que Mouri-san se había pasado una vida intentando olvidar a su primer amor muerto, cuando en realidad ese hombre no solo seguía vivo sino que además, pese a los ocho largos años que habían pasado, la seguía queriendo.

Parecía sacado de una película de tragedia pero había pasado justo delante de sus ojos. Jonathan había sido testigo de todas y cada una de las miradas cargadas de ternura que su inspector le dirigía a la detective cada vez que ella no se daba cuenta. No le había dado importancia al principio porque le pareció imposible, había una diferencia de 10 años entre ellos, sin embargo ahora sabía que no se equivocaba.

Había muchas cosas que ahora tenían sentido, y había muchas cosas que le encantaría pararse a pensar, pero había algo que ahora mismo le importaba más que nada:

—¿Por qué sabes todo esto? —Preguntó con tono serio, aunque en realidad casi se lo estaba preguntando más a sí mismo que al científico.

Jonathan y Murakami seguían escondidos tras las estanterías del almacén, aunque se habían cambiado de lugar porque el detective había escuchado los pasos de su perseguidor acercarse demasiado. Esconderse empezaba a no resultar productivo y era consciente de que tarde o temprano tendría que idear una forma de enfrentarse a él de alguna manera.

—¿Por qué la organización sabe todo esto? —Reformuló su pregunta.

Era obvio que Murakami lo sabía porque la organización lo sabía. Eso en sí ya era una mala noticia, todo había sido una trampa y ellos se habían tirado de cabeza, pero además había algo más: ¿por qué la organización sabía tantas cosas?

Si la organización sabía sobre la naturaleza de la droga, quiere decir que sabía sobre la identidad de Edogawa. Por eso sabían que Kudo estaba vivo y que ahora trabajaba para FBI. Murakami sabía que Kudo era la segunda bala de plata, eso tampoco era difícil de averiguar, pero ¿Por qué sabía lo de los casos a puertas cerradas?

Sí, es cierto, Edogawa se hizo famoso dentro del FBI gracias a resolver ese tipo de casos que nadie más era capaz de entender: casos imposibles, casos que obviamente tenían que ser suicidios.

Pero se supone que los informes sobre todos esos casos eran confidenciales. El FBI era muy cuidadoso con esa clase de cosas porque a veces las noticias sobre esa clase de casos podían ser tan erróneas que complicaban mucho los juicios y el cierre del caso. Sobre todo cuando Edogawa, un joven menor de edad, estaba involucrado.

Es decir: era información clasificada que solo dentro del FBI debería conocerse. Y sin embargo, la organización lo sabía.

Jonathan no quería pensarlo, pero eso solo podía significar una cosa: que tenían un espía dentro del FBI, y desgraciadamente ya tenía un nombre en mente.

-o0o-

Cuando Sato finalmente llegó a Beika, Conan estaba con el corazón en un puño y no podía apenas mantenerse quieto en el asiento del copiloto.

Había pasado casi una hora desde que había escuchado el mensaje de Ran y en todo ese tiempo su cabeza no había dejado de dar vueltas en busca de pistas que allí sentado no podía encontrar.

El mensaje de Ran había sido claro: "Tienen a Kazuha-chan, lo siento. ….".

Ran ya no estaba en esa casa, ella misma se lo había dicho, pero había mandado ese mensaje por algo. Aunque Sato había insistido en comenzar la búsqueda ya en lugar de pasar por allí, Conan estaba seguro de que tenía que ir. Quería creer en Ran y su instinto le decía que ella había dejado algo en casa que la ayudaría a buscarla. Si ella se hubiera tirado temerariamente a los brazos de la organización, no le habría enviado ningún mensaje.

Además, sin querer Ran le había dado otra pista: El mensaje duraba casi 3 segundos más después de ese "lo siento", 3 segundos de silencio en el que la chica probablemente dudó sin añadir algo, hasta que decidió colgar.

Eso significaba que probablemente la estaban vigilando. La organización podía ver y escuchar a Ran cuando hizo esa llamada, por eso la chica no pudo decir nada más. Esos 3 segundos de silencio estaban irónicamente cargados de mucha información y, sobre todo, le advertían a Conan de que una vez llegase a esa casa debía actuar acorde a su situación: totalmente desesperado y sin ninguna idea de dónde estaba la chica. Todo eso al mismo tiempo que en medio de su falta desesperación buscaba las pistas que ella había dejado para él.

Sato paró el coche delante del portal del jardín y Conan se bajó tan pronto como se soltó el cinturón, totalmente dispuesto a cumplir su rol de desesperado.

En la puerta de la casa se encontró a Takagi inconsciente. Sin siquiera pararse le pegó un grito a Sato para se lo socorriese, pero con una simple mirada sabía que quien lo había dejado en ese estado había sido Ran, después de todo, la chica incluso lo había dejado caer con cuidado al suelo para que no se golpease la cabeza con la gravilla.

La puerta estaba abierta, así que la empujó con cuidado y se detuvo dos milésimas de segundo a observar detenidamente su alrededor. Le gustaría pararse más, pero si lo hacía corría el riesgo de delatarse a sí mismo.

Sin embargo, esa sola mirada le bastó para darse cuenta de que Ran había cogido su abrigo marrón con el que había llegado el primer día que la trajo a casa y se había calzado con sus botas de suela plana que él mismo le había traído de su casa. Además de eso no había nada fuera de lo común.

Se adentró en la casa y el primer lugar al que se dirigió fue el salón. Encontró el teléfono descolgado, lo que le dio a entender que la organización probablemente se había puesto en contacto con Ran a través de él. Ran probablemente lo había dejado así para avisarlo de que podían escucharlo.

El resto de la habitación estaba ordenada, nadie había entrado allí, después de todo no tenían que hacerlo porque su objetivo había salido de la casa por sus propios pies. Subió las escaleras corriendo, en busca de más pistas pero no encontró nada ni en el cuarto de Ran ni en el suyo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que si había un lugar de la casa en el que Ran le fuese a dejar una pista sería sin lugar a dudas la biblioteca. Así que volvió a bajar corriendo las escaleras a trompicones, casi saltando los últimos diez escalones de una vez y aterrizando frenéticamente mientras giraba sobre sí mismo y echaba a correr de nuevo hacia la puerta de la biblioteca al final del pasillo.

Mientras hacía todo eso su cabeza iba a mil por hora, revisando continuamente todo a su alrededor por miedo a encontrarse alguna trampa. No había pistas de que la organización se encontrase allí o que hubiera cambiado algo en los últimos días que se había pasado tanto tiempo fuera de casa. Eso quería decir que si le habían tendido una trampa en su propia casa, esta ya llevaba tendida mucho tiempo. Quizá desde antes de que volviese a Japón. Qué tonto había sido al pensar que la casa de los Kudo podría ser un lugar seguro. Qué tonto había sido al dejar a Ran sola en aquella casa.

Llegó a la biblioteca y abrió la puerta con cuidado. Se encontró con una habitación desierta y ordenada, el condenado violín estaba sobre la mesa y había pequeñas notitas en blanco que su padre utilizaba para hacer anotaciones esparcidos a su alrededor. Probablemente Ran las había utilizado para tomar nota de las instrucciones que le había dado el secuestrador por teléfono. Ran se las había llevado todas, seguramente por orden del mismo, señal de que probablemente también podían ver lo que pasaba en aquella habitación. Pero con un poco de suerte, si escribió una sobre la otra, usando la sombra de un lápiz igual podía averiguar algo.

Conan se acercó corriendo a la mesa y trató de buscar entre las notas aquellas que parecieran tener algún trazo o algo calcado. Cuando encontró una se apresuró a buscar un lápiz en medio de los cajones de la mesa para intentar comprobar si su teoría era correcta.

Sin embargo, además de un lápiz encontró algo mucho más importante. O más bien, no lo encontró.

Tardó un segundo en reaccionar, durante el cual su cabeza se quedó atorada tratando de pensar en demasiadas cosas a la vez, sentir alegría, alivio y miedo, todo al mismo tiempo. Después recordó que estaba siendo observado, así que apretó los labios y se apresuró a coger uno de los lápices que había en el cajón y continuar con su idea inicial de sombrear las notitas. Aunque ahora ya sabía que no le hacía falta.

Ran lo había sorprendido mucho más de lo que se esperaba. "¡Eres un genio, Ran!" pensó aunque trató de mantener su expresión de desesperación mientras comprobaba que en efecto el método del lápiz no le iba a servir de nada.

Arrugó el papel, lo hizo una bola y lo tiró con falsa rabia al suelo mientras soltaba una maldición. Después sacó su teléfono, continuando con la farsa, al tiempo que volvía a salir corriendo de la habitación y se dirigía a la entrada de la casa.

El sentimiento de alivio era tal que por un segundo tuvo miedo que se le notara en la cara. Sabía dónde estaba Ran. Podía ir a rescatarla. El simple hecho de sacarse la incertidumbre de desconocer su paradero de encima hizo que una sensación de alivio lo invadiese al instante. Pero en seguida se aseguró de desechar esos pensamientos, recordándose a sí mismo que aunque supiese dónde estaba, rescatarla no iba a ser fácil.

Hizo una llamada al teléfono de Ran y empezó a escucharlo sonar en el salón, confirmando sus sospechas de que la mujer lo había dejado atrás.

Pero ya daba igual. Ran se había llevado consigo algo mucho más importante que su teléfono móvil. Algo que hacía 8 años él solía guardar siempre en los cajones de aquella biblioteca y que había olvidado por completo. Eran viejas y no las había usado en años, sin embargo, estaba seguro de que todavía funcionaban.

Ran se había llevado sus antiguas gafas. Las mismas que tenían un rastreador colocado y que con darle a un simple botón en sus propias gafas era capaz de localizar al instante.

...

Continuará...


Tengo que admitir que no tengo ni idea de la geografía de Tokio. No sé muy bien siquiera si Beika existe o lo inventó Gosho Aoyama, y si existe no sé en qué lugar de Tokio queda. También intenté buscar en google dónde está el edificio de la comisaría (que sale muchas veces en el anime y que sí sé que existe), pero no lo conseguí. Al final me rendí e inventé todo, así que la escena de persecución en el metro no es real ni mucho menos.

¡Ran se ha llevado las gafas de Conan! La verdad es que esta idea fue de las primeras cosas que se me ocurrió en la historia. Yo no sabía muy bien cómo llegar hasta aqui, pero tenía seguro que Ran se iba a perder y que las gafas iban a ser la pista para encontrarla. Por eso mantuve el personaje de Conan con gafas aunque en realidad no las necesitase para ver. Al final, el principal detalle que siempre diferenció a Conan de Shinichi fue lo que le salvará la vida a Ran. Quería crear un símbolo como ese.

Contadme que os pareció y nos leemos en el próximo cap ^^