Espero que este capítulo sirva de respuesta para la Guest que me preguntó si iba a seguir con la historia, espero se relaje un poco. Cuidate!
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Lo que hoy parece un huracán en tu vida, mañana comprobarás que tan solo fue el viento abriéndote paso a un nuevo camino".
FUERZA
CAPITULO XXVIII
Había pasado toda la noche cuidando su sueño, ella seguía sumergida en ese sueño reparador que le anunciaba el regreso de sus recuerdos, había sido sedada completamente esta vez para que lograra tranquilizar los nervios que le había provocado recordar de una sola vez todos los recuerdos que le azotaban en su cabeza. Tom se encontraba a su lado como desde hacía una semana lo estaba haciendo, preocupándose por ella y por su salud y a la vez culpándose porque la cosas se le habían salido de control, nunca imaginó que el solo mencionar a Candy fuera el detonante para regresar todos sus recuerdos a ella.
Tenía los ojos inflamados no solo por haber derramado unas lágrimas la noche anterior, sino por el recuerdo del sufrimiento reflejado en el rostro de Elisa al recordar el trauma que había vivido en manos de aquel desalmado, el cual esperaba que no volviera a ver la libertad en mucho tiempo.
Eliza comenzó a despertar, sus ojos comenzaban a parpadear, fue en un momento, uno en el que Tom había cerrado sus párpados por primera vez en casi 36 horas ya que no podía permitirse largas horas de sueño.
-¿Tom? – Preguntó Elisa una vez que lo vio sentado ahí junto a su cama, como lo había estado haciendo los últimos días, eso sí lo recordaba a pesar de que los días anteriores no lo había reconocido, esa mañana era diferente.
-¿Elisa? – Se levantó el joven de golpe al escuchar su nombre en labios de ella. - ¿Cómo te sientes? – Inmediatamente investigó su estado, quería saber cómo estaba, cómo se sentía y de qué manera podía ayudar a su amada a sentirse mejor. - ¿Necesitas al médico? – Decía impaciente, no sabía si ella quería hablar o no con él. Elisa negó.
-¿Qué día es? – Preguntó, de pronto había sentido la necesidad de saber qué día era y cuantos días llevaba ahí en aquel hospital.
-Es lunes. – Dijo únicamente como respuesta, como esperando que ella ampliara más sus comentarios.
-¿Cuánto tiempo llevo en el hospital? - Decía sujetándose la cabeza como tratando de recordar cuando había sido aquella obra.
-Llevas nueve días en el hospital. – Respondió Tom, observando como Elisa volteaba a verlo y sus ojos se le nublaban por las lágrimas que se comenzaban a formar en ellos.
-Tú me has cuidado todo este tiempo. – Dijo sorprendida, recordando que todos esos días lo había visto ahí a su lado, día y noche a pesar de la posición incómoda que tomaba su cuerpo cuando dormía en aquel sillón. Tom asintió.
-Y te cuidaría toda la vida si tú así lo quieres. – Le dijo tierno, en una forma dulce, algo que Tom nunca había sido con ella, él siempre había sido directo, apasionado y hasta algunas veces algo cortante, la había tratado siempre como ella lo trataba a él, pero en ese momento era un Tom diferente con ella.
-Te agradezco que lo hayas hecho, pero es mejor que te vayas con tu prometida. – Dijo con su ya habitual aire de autosuficiencia, se sentía aún herida por lo que había descubierto en el teatro y a pesar de no querer realmente que se fuera, ella quería desahogarse hasta poder olvidar a aquel que ella había considerado el amor de su vida. Tom sonrió con tristeza, sabía que estaba dolida y eso le dolía a él.
-Perdóname. – Le dijo Tom a Elisa, ella esperaba el típico discurso que escuchaba por parte de las novelas cursis que a veces leían sus amigas y le comentaban lo que ocurrí, ya que ella lo consideraba tonto y tiempo perdido. – No pude decirte en el teatro que lo que viste ahí…
-No quiero escucharlo. – Le dijo callándolo de golpe, no quería seguir sufriendo, no podía mantener aquella imagen de chica fría y poco me importa que tenía, no delante de él, él había sido el único que le había hecho perder el control de una manera que nunca lo había imaginado.
-Pues me vas a escuchar. – Le dijo Tom firme, volviendo a ser aquel chico que siempre la desafiaba en sus decisiones, aquel que se imponía por sobre su carácter y sus berrinches.
-¡Pues no quiero! – Dijo levantando la voz para intimidar a Tom a ver si era posible ya que nunca lo había logrado, al contrario siempre que trataba de hacerlo él siempre se imponía con más fuerza ante ella, como si se tratara de una yegua salvaje que él se divertía en domar.
-¡Pues lo harás aunque no quieras! – Le dijo de nueva cuenta, mientras Eliza cruzaba los brazos y volteaba al lado contrario de la cama para según ella no escuchar lo que tenía que decir aquel joven, ella no quería escuchar el "perdóname, me enamoré" o un simple "siempre la he amado" ella no se dejaría humillar y mucho menos le daría el gusto de verla llorar por él a pesar de que se estuviera muriendo de celos. – Candy es mi hermana. – Dijo ante el supuesto "no escucho de Elisa". – ¡Ella está comprometida con otra persona que no soy yo, ella se va a casar en menos de dos meses y que el imbécil de Terry haya pensado que ella y yo éramos pareja es culpa de él no mía! – Le dijo sin bajar el tono de su voz, hablándole como siempre le hablaba cuando se encaprichaba de esa forma. Elisa seguía sin voltear sin dar su brazo a torcer, no quería creer que lo que Tom le decía era cierto.
-Candy siempre ha sido importante para mí, pero como tú lo eres para Neal, nada más, yo desafortunadamente estoy enamorado de una chica caprichosa, berrinchuda, que no tiene el menor respeto por las personas, que le encanta humillar a cuantos están a su alrededor y que a pesar de que me ha abofeteado tantas veces que no las he podido contar, la sigo amando, la amo tal y como es, berrinchuda, caprichosa, mimada, y la mayoría de las veces odiosa y desesperante. – Le decía mientras Elisa comenzaba a reflejar en sus gestos que la estaba desarmando.
-Si soy todo eso que dices ¿Por qué estás aquí? – Preguntó con un nudo en la garganta, pero tratando de tomar el valor suficiente para encararlo, volteo a verlo y sus ojos se encontraron, en los de ella había miedo e inseguridad, sin embargo levantaba su frente en alto orgullosa de lo que era y en los de él había amor, fuego, decisión, pero también le sostuvo la frente en alto también orgulloso de lo que él era, orgulloso de amarla tal y cual ella era, sin embargo ninguno ya era el mismo, ambos habían cambiado solo que ninguno quería aceptarlo, el amor los había unido y poco a poco su manera de ser se iba transformando sin que ellos lo notaran, Tom iba dejando de ser el mujeriego rompecorazones que buscaba en una y otra cama la satisfacción en su cuerpo y Elisa iba demostrando poco a poco que ya no le era divertido humillar a la gente, sus cambios no habían sido de golpe, ni de un día para otro, sino que poco a poco ambos sin querer habían decidido ser una mejor persona para el ser amado.
-Porque a pesar de todo eso te amo. – Dijo y fue cuando Elisa derramó aquellas lágrimas que esperaban salir de sus ojos, como solicitando permiso para poder ser libres. – A pesar de tus defectos y podrán decir muchos que pocas virtudes, te amo, eres la mujer que amo y que deseo tener a mi lado para siempre, solo contigo me podría comprometer, solo contigo podría ser feliz, por nadie más me arriesgaría a ser abofeteado más que por ti. – Le dijo cada vez más cerca de ella, buscando el calor de su cuerpo. Sin darse cuenta Elisa ya lo tenía frente a ella a unos centímetros de distancia, esperando que ella le autorizara robar un beso de sus labios, sin embargo él comenzó a besar su rostro, secando con sus labios cada una de las lágrimas que habían rodado de ellos.
-Yo también te amo, Tom. – Le dijo en un susurro entreabriendo los labios para que él por fin los atrapara e hiciera con ellos lo que quisiera, Elisa se abandonaba por fin a los brazos de su amado vaquero, aquel que sabía bien como domar su indomable carácter, aquel que sabía sortear bien su forma de ser tan volátil, aquel que nunca había demostrado temor o pena por enfrentarse a ella y derribar sus maneras tan poco sutiles de tratar a la gente.
Tom la tomó de la cintura con mucho cuidado de no lastimar los moretones que aún tenía por todo su cuerpo, se sentó con cuidado en aquella cama que ella se había mantenido los últimos días y comenzó a besarla, primero con cuidado, con ternura, lentamente, como si fuera la primera vez que lo hacía, sin embargo era muy diferente a aquel beso que le había dado por primera vez. Poco a poco sus labios comenzaron a pedir más, acostumbrados uno al otro de sentir el fuego recorriendo sus venas en cada contacto que tenían, sus lenguas se rozaron para iniciar una candente danza dentro de sus bocas, buscando mitigar el dolor de aquella separación sufrida tiempo atrás, el beso fue largo y apasionado, sin embargo como siempre alguien los interrumpía en aquella reconciliación que tanto habían esperado.
-¡Elisa! – Gritó esa voz femenina que le hablaba en señal de reproche y escándalo.
-¡Madre! – Contestó Elisa asustada al ver que a aquella mujer tan elegante estar parada frente a la puerta de su habitación, nueve días habían pasado y era la primera vez que aquella mujer se paraba ahí.
Mientras tanto en el rancho de los Brower la plática que se producía ahí era una muy diferente, Anthony seguía mucho mejor y a pesar de seguir con su brazo inmóvil nadie lo detenía para comenzar los preparativos de la boda con su amada Candy.
-Anthony, ¿No te parece que es muy pronto para la boda? ¿Por qué no esperan a que te recuperes completamente? – Decía Albert quien no entendía el apuro de aquellos dos por casarse. Candy había pedido a Anthony que por favor no dijera nada de su estado porque le resultaba verdaderamente vergonzoso que descubrieran que no habían tenido la fuerza de contenerse.
-La fecha ya estaba acordada tío, además yo estoy bien, y dentro de mes y medio estaré mejor. – Decía Anthony seguro, además con este atentado vuelvo a comprobar que no tenemos la vida comprada y me gustaría disfrutar más tiempo junto a Candy. – Albert escuchaba lo que decía su sobrino y si se ponía en el lugar de él lo entendía completamente, ya había perdido a Candy por seis años y gracias a las idiotez de Neal y la venganza absurda de Jack pudo haberla perdido ahora sí para siempre.
-Vamos tío, sabes que tiene razón. – Decía Archie. – Además no hay impedimento alguno para que se casen ¿O sí? – Preguntaba dudoso.
-De ninguna manera, yo solo quería ver que Anthony estuviera bien al cien por ciento. - Dijo con una sonrisa. – Pero creo que no lo voy a convencer, así que adelante hijo, ya saben que tienen todo mi apoyo para lo que se ofrezca. – Dijo con una sonrisa palmeando el hombro sano de su sobrino, ocasionándole una hermosa sonrisa de agradecimiento. - ¿Y a todo esto, dónde está la novia? – Preguntó un poco confundido ya que no había visto a la rubia desde había rato.
-Fue un rato al hogar de Ponny, por estar al pendiente de mí no había ido a saludar a sus madres. – Contestó Anthony.
-Siempre tan responsable. – Dijo Albert.
-Sí, es una gran enfermera. – Dijo Stear.
-Tanto así que el doctor se la quiere quitar a Anthony. – Dicho Archie con burla, mirando al rubio mientras Stear se reía también.
-¿Cómo es eso? – Preguntó Albert a Anthony. Anthony los veía nada divertido con lo que había dicho su primo.
-Lo que sucede que el médico que me atendió conoce a Candy. – Comenzó a explicar.
-Sí, creo recordar que dijo que había trabajado con ella algunas veces en el hospital San José de Chicago. –Comentó Albert.
-Pues el médico quedó enamorado de Candy, tío. – dijo Stear sin poder contener un poco la gracia que le había aquel acontecimiento.
-Tengo que reconocer que no se me hace extraño. – Dijo Albert ante la mirada de inconformidad de Anthony, sin embargo sabía que era cierto. – A lo largo de su vida Candy siempre ha despertado sentimientos de todo tipo entre las personas y el amor es uno de los que más despierta entre los caballeros. – Dijo tranquilamente.
-Sé muy bien que lo que dices es verdad tío, sin embargo a este médico parecería que no lo importaba en lo más mínimo que Candy estuviera comprometida conmigo. – Decía Anthony de nuevo.
-Eso es verdad. – Dijo Stear. – Hasta que Anthony le dijo que estaban enamorados desde que ella tenía doce años, fue tal la sorpresa del médico que hasta le dijo a Anthony que ya no necesitaba venir a diario para revisarlo. – Decía Stear riendo, mientras Archie y Albert se unían a las risas de Stear.
-Bueno, él tendrá que entender que cuando dos personas se aman no es bueno meterse entre ellas. – Dijo Albert riendo.
-De todas formas, Candy es una excelente enfermera y tal vez él como médico requerirá alguna vez de sus servicios. – Dijo pensativo.
-¿Y tú no piensas permitírselo? – Preguntó Albert estudiando el semblante de su sobrino.
-Yo no soy quien para prohibir lo que Candy quiere, tío, soy su futuro esposo, pero nada más, ella es libre de ayudar a quien desee y a quien lo requiera, además ella ama su profesión y yo… yo confío plenamente en ella, en su amor, en nuestra relación. – Dijo con una sonrisa, seguro, atrás había quedado aquel Tonny Stevens desconfiado y terco que había existido por un tiempo, gracias a Candy una vez más había renacido el Anthony, noble, bueno, justo, dulce y sobre todo que confiaba en la buena fe de las personas y en Candy era en la persona que más confiaba en el mundo, ella le había demostrado muchas veces que lo amaba y que quería estar a su lado.
-Por eso te amo tanto mi amor. – Le dijo una voz que él ya conocía, una voz que él amaba desde hacía tiempo atrás, mientras lo abrazaba por la espalda y se acomodaba en el hueco de su cuello y su cabeza, cerrando los ojos para llenarse del aroma de su cuerpo. Anthony se sorprendió por esas palabras, no había reparado que Candy había llegado y lo había escuchado hablar con esa ternura de ella, le besó la mejilla con cariño y volteó a ver a los presentes.
-Y yo te amo a ti, amor. – Le dijo respuesta.
-Bueno, bueno, basta de comer delante de los pobres. – Dijo Stear quien ya comenzaba a extrañar a su Patty.
-Mi hermano tiene razón Candy, no consientas tanto a Anthony que no lo vamos a aguantar después. – Decía ahora Stear mientras todos reían.
-Pues tú pasas hambre porque quieres Archie. – Decía Jhon que iba llegando del campo. – Allá afuera te están esperando.
-¿Otra vez? – Preguntó Archie alarmado, mientras Stear comenzaba a reírse de la suerte de su hermano.
-¿Qué sucede? –preguntó Albert sin comprender por qué Archie estaba pálido mientras los demás reían a carcajadas.
-Lo que pasa que mi hermano tiene un tino para las chicas acosadoras. – Decía Stear recordando cuando Annie también lo correteaba siempre solo por verlo aunque fuera unos minutos.
-Tranquilo Stear, que Annie dejó de hacer eso y por eso me conquistó. – Dijo Archie defendiendo a su prometida.
-Menos mal. – Decía Stear. –Porque la verdad no me imagino a otra chica que te soportase como te soporta Annie. – Decía molestando a su hermano.
-Archie. –Dijo Jhon. - ¿Qué le digo a Nancy? – Pregunto de nuevo, ya que la chica no se había atrevido a entrar al rancho para "saludar" al gatito.
-No te preocupes Archie. –Dijo Candy al ver el rostro de preocupación que tenía su pobre primo, ella ya lo había comprometido a cuidar a Annie y él había aceptado, enamorándose con el tiempo de ella, sin embargo no le gustaría que tuviera que compartir de nuevo a fuerzas con una chica y más estando él comprometido con su hermana del alma. – Yo me encargaré de Nancy. – Le dijo cerrando un ojo a su primo. - ¿Me acompañas amor? – Le preguntó a su príncipe extendiéndole la mano, él no comprendía lo que haría, sin embargo confiaba en aquella chica.
-Vamos hermosa. – Le dijo tomando su mano y siguiéndola hacia donde ella iba.
-¿Qué es lo que tendrá en mente Candy? – Preguntó Archie preocupado.
- No tengo idea hijo. – Dijo Albert. – Sin embargo es algo que te librará de aquella chica, que por cierto ¿Quién es? – preguntó Albert quien ya había visto varias veces a aquella joven que buscaba a su sobrino menor, que si bien era hermosa resultaba un tanto empalagosa.
-Es una chica que anda en busca de un amor. – Dijo Jhon encogiéndose de hombros mientras Stear y Archie se reían por su explicación.
-¿Y eso? – Preguntó Albert confundido.
-Lo que sucede tío, que al parecer esta joven estuvo enamorada un tiempo de Tom, después de Anthony, pero como una amiga de ella mostraba interés por ellos ella decidía hacerse a un lado. – Explicaba Stear.
-Vaya, por lo menos es buena amiga. – Decía Albert sorprendido por el interés tan múltiple de aquella joven.
-Cuando fuimos al baile del pueblo, Stear se encargó de quitar a Magdalena del camino de Anthony. – Dijo Archie, mientras Stear rodeaba los ojos por lo incómodo que había resultado aquella noche. – Y a mí me tocó entretener a Nancy. – Dijo de nueva cuenta. – Sin embargo un día después comenzó a traerme detalles como regalo y solo se había detenido cuando Annie estuvo aquí y se enteró que era mi prometida, pero al retirarse Annie ha seguido con sus visitas, al principio era para preguntar por Anthony, pero él ya se levantó y sigue viniendo preguntando por mí. – decía incómodo.
-Eso te pasa por ser tan galán. – Decía Albert riéndose. – Por lo que veo sufren el mismo mal que hemos sufrido en la familia a lo largo del tiempo. – Dijo dejando un poco la broma.
-¿A qué te refieres tío? – Preguntó Stear curioso.
-Lo que sucede que aparte de ser buenos mozos en la familia, el ser caballero y atento con las damas da pie para que ellas se enamoren o crean enamorarse con facilidad. Ustedes mismos han sido testigos de la cantidad de chicas que Anthony ha tenido tras de él, lo mismo ha pasado con ustedes. – Dijo Albert viéndolos confundidos a ambos. – Y no lo nieguen que siempre en el colegio recibían cartas de jóvenes admiradoras.
-¿Tú también sufriste de ese mal tío?
-¡Claro! Y lo sigo sufriendo. – Dijo mientras comenzaban a reír por la forma en la que decía, pero la verdad era que la vida amorosa de Albert era por completo un misterio, sin embargo no siguió ahondando mucho más en el tema.
Mientras tanto Candy y Anthony recibían a Nancy.
-Buenas tardes Nancy. – Dijo Candy viendo a la joven frente a ella que se sorprendía por que no era el joven de ojos color almendra que ella esperaba.
-Buenas tardes Candy, Tonny, que gusto de verte ya de pie. – Le dijo con una sonrisa tímida y sincera, a pesar de que estaba tras de Archie le causaba nerviosismo ver a aquel guapo rubio.
-Me da gusto verte porque hace rato que quiero hablar contigo. – Dijo Candy, mientras Anthony la escuchaba atento, no tenía idea que era lo que haría para alejar a la chica de su primo, lo que si sabía era que Candy era capaz de cualquier cosa por tal de que su familia estuviera bien.
-¿Conmigo? –preguntó la chica confundida. Candy asintió.
-¿Tienes tiempo de hablar con nosotros? - Preguntó de nueva cuenta mientras la guiaba hacia una banca que estaba en el pequeño porche de la entrada del rancho, mientras Anthony iba de su mano y la pobre Nancy volteaba inquieta a la puerta para cerciorarse que llegara aquel joven que anhelaba ver.
-Ustedes dirán. – Dijo la chica enfocándose a Candy y Anthony, sin embargo el rubio no sabía nada de lo que su prometida diría.
-Nancy, me imagino que estás enterada de que llegó un nuevo médico. – Nancy asintió. – Pues bien, como sabes yo soy enfermera titulada, pero pronto me voy a casar con Tonny. – Decía mientras Anthony comenzaba a comprender a donde iba dirigida su novia. – Y a pesar de que por el momento he ayudado un poco al doctor Lerry, dentro de poco ya no podré hacerlo. – Le dijo siendo consciente que pronto el embarazo no le permitiría tanta libertad, y además ella deseaba disfrutar esos meses que duraría su embarazo.
-¿Y qué tengo que ver yo con eso? – Preguntaba confundida la joven.
-Quería saber si te gustaría aprender para que seas la asistente del médico. – Dijo Candy esperando que su plan funcionara, Anthony rogaba lo mismo.
-¿Tú crees que el doctor acepte? – Preguntaba sorprendida.
-¡Claro que sí! Si yo te recomiendo él te aceptará y además tú aprenderás un oficio que es bastante noble. – Decía Candy a Nancy tratando de convencerla. – Tú eres una chica noble y desinteresada. – Decía dándole por el lado, Nancy asentía estando de acuerdo con Candy. – Y el médico estaría encantado además, así no trabajaría solo en su consultorio.
-Si crees que puedo ayudar. – Dijo Nancy.
-¡Magnífico! – Dijo Candy bastante emocionada. – Vamos de una vez con el doctor Lerry para decirle que ya encontré a la chica que le ayudará. Candy jalaba tanto a Nancy como a Anthony para que la siguieran hasta el consultorio del médico llegando un poco después a su destino.
-Buenas tardes doctor Lerry. – Dijo Candy adentrándose a aquel pequeño consultorio.
-¡Candy! Ya te he dicho que me llames Patrick. – Dijo el joven médico entusiasmado de escuchar a Candy llegar a visitarlo, sin embargo al voltear a verlo y ver que iba acompañada de su prometido y otra chica su semblante cambio al enfocarse en la figura del rubio, Anthony rápidamente sintió su decepción y le sonrió de lado.
-Buenas tardes Patrick. – Dijo Anthony haciendo caso de tutearlo como él mismo acababa de autorizar a Candy a llamarlo. Sin embargo el saludo de aquel médico no fue muy grato.
-Buenas tardes joven Stevens. – Dijo con una sonrisa de desaliento. – Veo que ya está mucho mejor. –Dijo señalando su brazo.
-Efectivamente doctor, muchas gracias. – Le dijo agradecido por los servicios que había recibido por parte de aquel médico.
-Para eso estamos, pero dígame señorita White. – Dijo siendo formal hacia su trato con Candy. -¿Qué los trae por acá?
-Lo que sucede doctor Lerry, que cómo le había comentado yo no podré seguir viniendo a ayudarle diario una vez que Tonny y yo nos casemos. – Patrick veía a Candy con desilusión, sin embargo esperaba que siguiera hablando, le gustaba ver el ánimo que ponía en sus palabras.
-Por eso no se preocupe señorita White. – Decía, sin embargo Candy no lo dejaba continuar.
-Déjeme continuar por favor doctor. – Decía Candy quien era ajena a los sentimientos que aquel médico tenía hacia ella. – Nancy es una chica que está dispuesta a aprender para llegar a ser su asistente. – Decía mientras el médico posaba los ojos en aquella tímida chica quien bajaba su rostro mirando hacia el piso al ver que aquel médico era muy joven y guapo.
-Pero ella no tiene experiencia. – Dijo el médico como excusa.
-Por eso no se preocupe doctor, para los vendajes, inyecciones, ungüentos y limpieza de heridas que se hace aquí en el pueblo yo puedo capacitar a Nancy muy bien, y cuando se necesite algo más elaborado puede seguir contando con mi ayuda. – Decía Candy quien estaba interesada porque aquella chica cambiara un poco sus necesidades, tal vez si se enfocaba en otra cosa en vez de andar persiguiendo a su primo encontraría algo que verdaderamente le apasionara.
-Candy, si el doctor Lerry no le interesa no te preocupes. – Decía la chica tímida, el doctor sintió pena por ella y más por vergüenza que por ganas acepto a tenerla ahí para enseñarla.
-Si usted está dispuesta a aprender, señorita Nancy a mí me sería muy útil. – Dijo amable a la chica quien levantó su rostro y le dedicó una sonrisa que sin saber por qué ocasionó que el médico la correspondiera.
Candy y Anthony se voltearon a ver satisfechos por la reacción que había tenido aquella muchacha quien al ver que el médico le sonreía los colores le subieron a su rostro.
-Si gusta puede empezar desde hoy mismo. – Dijo el médico de forma espontánea. – Digo si no tiene otra cosa que hacer.
-De ninguna manera, puedo quedarme un rato. – Dijo Nancy tímida.
-Bien, entonces nosotros nos despedimos. – dijo Candy con una sonrisa, despidiéndose del médico con una sonrisa, mientras el doctor le sonreía a la rubia viendo lo feliz que se veía con aquel joven que tenía que reconocer era bastante atractivo.
-Muchas gracias, señorita White, señor Stevens. – Le dijo extendiendo una mano a aquel del cual había estado celoso sin motivo ya que Candy nunca le había correspondido en lo más mínimo a sus galanteos o comentarios que le hacía para alagarla, ella siempre le había dirigido una cálida sonrisa, sin hacer caso de lo que decía y simplemente lo seguía tratando igual, como un amigo. Ella siempre se había dado su lugar ante él.
Candy y Anthony regresaban a su hogar abrazados los dos Candy lo abrazaba por la cintura y Anthony con su brazo derecho la rodeaba por los hombros como siempre protegiéndola de todo.
-Cada día que pasa me sorprendes más. – Le dijo de pronto, provocando que la rubia volteara a verlo hasta cierto punto sorprendida.
-¿Por qué? – preguntó curiosa, enfocando sus ojos en el rostro de aquel que era su verdadero amor, mientras él veía hacia el horizonte, como buscando en aquel lugar la respuesta a su pregunta.
-Eres noble y maravillosa, siempre estás dispuesta ayudar a los demás sin importar que te hayan lastimado o no.
-El doctor Lerry no me lastimó. – Dijo Candy.
-No me refería a él, sino a Nancy, ella indirectamente te lastimó al estar del lado de Magdalena. –Dijo recordando a aquella joven que si bien fue su amiga le provocó mucho dolores de cabeza con respecto a su pecosa.
-Nancy es una chica noble, indecisa que solo busca un lugar al cual pertenecer, por eso es tan variable en sus sentimientos. – Dijo buscando de nuevo el rostro de su amado.
-Archie se sentirá más tranquilo con lo que hiciste, por lo menos si no se enamora ella estará tan entretenida en el consultorio médico que no tendrá mucho tiempo de hornear galletas para llevarle.
Candy rió con el comentario de su prometido.
-Y Annie también, aunque ella no sabe nada me imagino que sería muy probable que algún día se diera cuenta, y Annie es muy insegura.
-Sí lo noté cuando vino, tal vez por la forma en la que se dio el romance entre ellos. – Dijo el rubio. Candy se sintió incómoda al recordar todo aquello. – Tú no tienes la culpa amor, es tu naturaleza, eres tan hermosa como transparente y sincera en tus sentimientos que provocas que se enamoren de ti.
-Lo dice el chico que no podía pararse en un baile sin que tuviera que salir huyendo por el acoso de las chicas. – Dijo Candy provocando una carcajada en su amado.
-Eso es diferente, ninguna de esas chicas me amaba de verdad. – Dijo defendiéndose a sí mismo. –La única que me ha amado eres tú hermosa. – Le dijo besando su cabeza.
-¿Estás diciendo que si alguna de ella te hubiera amado, le habrías dado una oportunidad? – Preguntó confusa, vaya que las hormonas estaban actuando en su pecosa.
-Candy, pasé seis años de mi vida esperando el momento oportuno para volverme a hacer presente, a pesar de haber negado todo sentimiento que tú generabas en mí, nunca pude olvidarte ni siquiera un solo minuto, añoraba tu presencia, añoraba tu risa, pero sobre todo añoraba volver a sentir tus manos y perderme en el verde mirar de tus ojos, si tú te hubieras casado con Grandchester o con alguien más yo me hubiera retirado en silencio de este lugar, buscando otro camino o la manera de rehacer mi vida.
-Si yo me hubiera casado con Terry o con alguien más y me hubiera enterado que seguías con vida, mi vida perdería por completo de sentido, tal vez hubiera encontrado la manera de volver a sonreír y de salir adelante, pero seguiría con ese vacío que había quedado en mi alma cuando tú te marchaste.
Candy detuvo sus pasos y se volteó a ver a Anthony, ya habían llegado al rancho, Anthony también se detuvo, ella lo abrazó por la cintura y él la rodeo con su brazo atrayéndola hacia él, buscando sus labios para besarlos, invadiendo su boca ansioso por ese contacto, enamorado por las palabras que le regalaba una vez más su amada, cayendo una vez más en aquel hechizo de amor en el que se había sumergido desde hacía años atrás, solo que ahora era diferente, era un amor más sólido, más maduro, algo real y palpable, ya no era aquel amor inocente y tierno que comenzó en aquel portal de las rosas aquella primavera.
Albert y los muchachos los veían por la ventana, felices de que por fin ambos fueran felices, ellos estaban en el lugar que les pertenecía.
-Te amo tanto pecosa.
-Y yo te amo a ti mi príncipe.
-No cabe duda que son el uno para el otro. – Dijo Albert quien venía saliendo junto a los muchachos. Candy se sonrojó por la presencia de su familia y escondió su rostro en su pecho, mientras él la aferraba más a su pecho, sonriendo por haber sido descubiertos.
-Nos atrapaste. – Dijo Anthony a su tío. Fijándose que traía una pequeña maleta. -¿Te vas? – Preguntó el rubio.
-Así es Anthony, tengo que estar en el juicio en contra de los Leagan y ver qué está sucediendo con Elisa.
-Yo voy contigo. – Dijo Anthony. – Quiero estar presente en el juicio, quiero ver sus rostros al verme. – Dijo Anthony.
-No te preocupes hijo, el juicio aún no se llevará a cabo con personas y testigos presentes, solo será el interrogatorio ante el inspector. – Dijo Albert. – Yo te avisaré para que estés presente, yo también tengo ganas de ver la cara que pondrá Louis y Sara cuando te vean. – Dijo Albert con una sonrisa.
-¿Tomaste los papeles para anular el acta de defunción? –Preguntó Anthony.
-Así es hijo. – Dijo mostrando una carpeta que llevaba en aquella maleta. – Con estos papeles oficialmente ya vuelves a recuperar tu nombre y eres libre para ofrecer a Candy el apellido Brower-Andrew. – Dijo con una sonrisa palmeando su hombro. – Por cierto eso me recuerda algo. – Dijo volteando a ver a Stear. - ¿Para cuándo piensas hacer formal el compromiso con Patty? No vaya a ser que ella se canse de ti Stear.
-¡No! – Dijo Stear asustado. – De ninguna manera tío, una vez que pase todo lo del juicio iremos a pedir la mano de Patty. – Le dijo seguro.
-Muy bien estaré esperando tu invitación. – Le dijo con una sonrisa.
-¿Ya no seguirás escondiéndote? – preguntó Anthony.
-Ya no tiene caso, la tía abuela ya está muy mayor, y con lo de los Leagan ha quedado desilusionada ya no le importa si me descubren o no, lo único que quiere es que tome las riendas de todo. – Dijo con cierto pesar.
-No te preocupes tío, nosotros estaremos siempre dispuestos a ayudarte. – Dijo Anthony quien sabía bien que él era el que por derecho seguía de suplirlo, sin embargo él ya tenía una vida.
-Lo sé Anthony, y se los agradezco. – Dijo Albert subiendo al automóvil una vez más junto a George. – Volveré pronto. – Dijo a sus sobrinos, los cuatro lo despedían con un movimiento de mano esperando que el auto desapareciera en el camino.
Los cuatro Andrew restantes se dirigieron al interior del rancho mientras Archie miraba con curiosidad al par de rubios que aún no le decía lo que había hecho con su admiradora.
-¿Y bien? ¿Qué pasó con Nancy? – Preguntó intrigado, mientras Anthony y Candy se reían y comenzaban a relatarle lo que había hecho Candy con aquella chica, la puerta del rancho se cerró detrás de ellos y el sol comenzaba a bajar para dar paso al ocaso de ese día.
Continuará…
Bueno señoras y señoritas hermosas, espero que estén teniendo un excelente día, aquí estamos bien gracias a Dios pero con un calor que va en aumento que qué bárbaro, y las tarifas de luz aun no entran en modo de ahorro buaa! Ni modo a prender aires y pagar.
Estuve leyendo algunos comentarios que hicieron con respecto a la forma de ser de Anthony y me gusta que noten que la manera de ser de Anthony en mis cuatro historias es diferente, sin embargo no pierde su esencia, es tierno, noble, justo y firme en su carácter, pero sobre todo fiel y guapo, no guapo guapísimo y buenísimo jajaja, en fin el hombre perfecto, ese que no existe más que en los dibujos animados y que una vez soñamos de niñas.
El Anthony en el EFECTO CANDY-ANTHONY era un joven que había pasado su adolescencia dormido, por ello era un poco más hormonal e inquieto con sus impulsos, sin embargo era un amor y siempre cuidaba a su pecosa.
El Anthony de EN BUSCA DE LA FELICIDAD, era un joven tierno, noble y preocupado por los demás, le causaba pena ofender o lastimar a alguien, sin embargo no dudaba en actuar cuando se sentía amenazado y obviamente que no se dejaba intimidar ni mangonear por nadie.
El Anthony de LAZOS DE AMOR, es una ternura, es noble, tierno, amoroso, apasionado, cuidadoso, piensa las cosas antes de actuar, defiende su punto de vista y actúa conforme a lo que siente y piensa, es súper fiel y está enfocado en su futuro junto a la mujer de su vida.
El Anthony de EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ, este Anthony es el que se me ha hecho un poco más complejo, sin embargo lo amo igual que los otros tres, este personaje surgió cuando escuché la entrevista que le hicieron al dueño de la voz de Anthony en youtube, me hizo pensar porqué Candy se había enamorado de dos personas con personalidades tan diferentes y llegué a la misma conclusión que Andrés Turnes, Anthony despertó unas sensaciones en Candy y Terry despertó otras, así que trate de hacer un Anthony y un Terry combinado, para que en el cuerpo de Anthony fuera el merecedor del amor de Candy, por eso al principio él se porta tosco y necio con Candy, así como él lo hizo Terry al principio, es desconfiado, pero conforme va avanzando la historia aparece el Anthony bueno y noble que sin duda sigue enamorado de Candy aunque lo negara en un principio, por lo que he visto esta historia les ha gustado mucho ya que ha despuntado con más de 600 visitantes en tan solo este mes y más de seis mil vistas y eso me alegra mucho, saber que ha gustado esta historia, la cual la hago no como un trabajo, sino como un pasatiempo y que quise compartir con ustedes igual que las otras tres, va a un ritmo mucho más rápido que la primera que es la que más vistas tiene. Gracias, muchas gracias a cada una de las lectoras que me dedican un poco de tiempo para leer mis ocurrencias, les envío un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
Saludos y bendiciones, protéjanse por favor!
