DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola chicas! Me da mucho gusto enterarme de cuánto les está gustando ésta historia. A mi me fascina, y ahora traduciéndola en verdad la estoy disfrutando aún más. Muchísimas gracias por tomarse el tiempo de dejar sus comentarios, en verdad hacen sentir que vale la pena continuar. Seguimos avanzando rumbo a la recta final y esto seguirá subiendo de intensidad poco a poco, no desesperen y les prometo que la espera se verá recompensada. ¡Nos quedan 7! Y recuerden, todas sus dudas se irán aclarando rumbo al final o en el POV de Draco. (Qué maravilla).

Espero continuar traduciendo a este ritmo, aunque no puedo prometerlo… se acerca el regreso a clases, y como continuamos en cuarentena, el tiempo volverá a ser reducido para mi. Aún así tengan la certeza de que no las abandonaré y cada minuto disponible lo dedicaré a continuar traduciendo para ustedes.

Nota Autora: ¡Gracias por todos sus amables comentarios! ¡Y hola a todos los nuevos lectores! Gracias por unirse a nosotros.

La Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 29

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Había firmado el Contrato de Amor hacía menos de tres semanas, y ya estaba permitiendo que Draco la acostara sobre el escritorio y la besuqueara.

Tragó saliva, tamborileando con las uñas sobre ese mismo escritorio, y dejó que su mirada se desenfocara mientras observaba las estanterías frente a ella. La pluma en su mano chocó contra un pergamino, creando manchas y borrones por doquier.

¿Se lo habría hecho como en las películas? Barriendo de un empujón el bote de tinta, los marcos y fotografías, y regando por el piso todos sus documentos; para después recostarla contra la superficie. Tal vez se hubieran reído de eso.

Hermione parpadeó y sacudió la cabeza, ahuyentando esa imagen.

No podía decir quién se sintió más incómodo durante el almuerzo, Harry o ella. Fue el almuerzo más rápido y silencioso que jamás habían tenido. Harry le había pedido reunirse el día anterior, por lo que pensó que tendría noticias que contarle o alguna historia graciosa, pero sólo se quedó ahí sentado, observándola comer. Observándola pensar.

Hermione mantuvo la puerta de su oficina cerrada durante el resto de la tarde, y cada vez que alguien tocaba, ella se sobresaltaba. Esperando que no fuera Draco. Esperando que sí fuera.

Pensamientos oscuros se deslizaron en su distraída mente durante toda la tarde. ¿Y si Harry no hubiera entrado? ¿Lo habría dejado hacerle... todo? Ella nunca había...

¿Draco lo sabría? En los tiempos de La Subasta, lo había asumido. Había pedido 35,000 galeones, pensando que serían necesarios esos 5,000 adicionales.

Otros 5,000 serían añadidos si se podía probar que estabas "intacta"

Hermione cerró los ojos, burlándose de sí misma y de sus estúpidos y oscuros pensamientos.

Walter llegó alrededor de las 3 p.m., preguntándole sobre el avance con los Snidgets Dorados de la reunión matutina. Hermione se había olvidado por completo de esa parte de su día. Él se decepcionó al escuchar que el proyecto se retrasaría, pero Hermione le dijo que deberían continuar avanzando tanto como fuera posible.

Se quedó treinta minutos más tarde de lo habitual, sólo para evitar cruzarse con alguien mientras salía. Había una luz encendida en la oficina de Draco. Pudo distinguirlo a través del reflejo bajo la puerta mientras presionaba el botón del ascensor. El ascensor tardó una eternidad en llegar y Hermione se sintió muy vulnerable, expuesta. Contó los segundos, mirando de reojo la puerta de Draco, rezando para que no se abriera mientras aún estaba ahí parada.

El ascensor llegó haciendo un fuerte tañido y ella hizo una mueca, entró de un brinco y presionó con desesperación el botón de "cerrar" unas veinte veces.

Apareció cerca de casa y caminó las pocas cuadras restantes hasta su edificio. Giró la cerradura de la puerta exterior y al levantar la vista encontró a Ginny sentada en los escalones que conducían a su departamento.

Ginny se levantó de un salto, con los ojos muy abiertos, una mano en la barandilla y la otra apoyada contra el cuello.

Hermione se detuvo. Parpadeó hacia su amiga. La puerta exterior se cerró tras su espalda.

Ginny le devolvió la mirada.

Hermione abrió la boca y no emitió ningún sonido.

Ginny inclinó la cabeza, intentando escucharla.

Hermione miró por encima del hombro de Ginny, con ojos distantes. Cerró la boca, y desvió la mirada hacia las escaleras.

Ginny respiró hondo, y contuvo el aliento. Miró a la pared. Volvió a inhalar- y contuvo el aliento.

Hermione apretó los labios.

—¿Quién besó a quién?

—Él. Él me besó.

Ginny asintió, intentando descifrarla con la mirada.

—¿Y qué tal estuvo?

—Estuvo- estuvo… Sí. Muy bien. Fue muy... Sí.

Ginny se cruzó de brazos. Luego los dejó caer. —¿Pedimos comida china?

—Sí. Excelente.

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Ginny colgó la llamada con el restaurante chino. Se giró hacia Hermione.

—Entonces él... quiero decir... —Ginny frunció el ceño—. Harry me dijo que ¿hubo un escritorio involucrado?

—Sí. Escritorio. Sí.

Ginny asintió con la cabeza. Hermione se mordió el interior de la mejilla.

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—¿Hubo lengua?

—Sí.

Ginny asintió y Hermione comenzó a lavar los platos.

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Hermione abrió un paquete de salsa de soja.

—¿Fue tierno? ¿O... lento?

—No. Yo usaría la palabra agresivo.

Ginny asintió y mordió su rollo primavera.

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—¿Te dijo lo que sentía por ti o pudieron conectarse-?

—Estábamos discutiendo.

—Mhm —Ginny encendió la televisión.

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—¿Manoseos?

—No, no en realidad.

Ginny partió su galleta de la fortuna por la mitad.

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Ginny la dejó sola después de la cena. Esa noche se acostó en la cama, girando y golpeando su almohada hasta que finalmente cedió ante su inquieta mente y simplemente se dejó llevar.

¿Qué iba a decirle mañana? ¿Tenía que decirle algo?

Quizás todo eso de ser compañeros de trabajo había sido una mala idea. Tal vez podía escribirle a Mathilda para averiguar si su puesto ya había sido ocupado.

Todavía necesitaba castigar a Draco por usar su nombre para iniciar la Compañía.

¿Por qué tuvo que tocarlo después de que él le pidió no hacerlo? ¿Por qué había hecho eso?

¿Qué atuendo usaría de mañana? ¿Sería demasiado revelador? Tenía que comprobarlo.

Ella le había tocado la mejilla y él la había tomado por la cadera. Había comenzado a reclinarla, a recostarla sobre su escritorio... ¿y luego qué?

¿Qué pensaba Harry de todo eso?

¿Cuáles eran las verdaderas implicaciones legales de aquel Contrato de Amor? Tendría que comprobarlo.

¿Volvería a suceder? ¿O nunca más volvería a suceder? ¿Cuál era peor?

¿Cómo lograría sentarse junto a él en una sala de juntas, hablando sobre Hombres Lobo y juicios en el Wizengamot?

Se preguntó si en realidad besaba como virgen…

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Se subió a la cama de Ginny a las 3 de la madrugada. Y comenzó desde el principio.

Hermione le contó sobre el descubrimiento de que él había usado su nombre para negociar y conseguir respeto. Le contó sobre el vestido, el cabello, los Snidgets Dorados y finalmente el beso.

Ginny jadeó en los momentos correctos, gruñó ante la estupidez de Draco y se carcajeó ante la insolencia de Hermione. Su amiga hurgó en cada detalles, haciendo que Hermione se sonrojara y tartamudeara. Le preguntó cómo se había sentido que la besara, y dónde le había puesto las manos, y a qué se refería con "ruidos", y si lo habría dejado hacerle todo.

Ginny tenía que levantarse a las 5 de la mañana para sus prácticas, así que Hermione finalmente la dejó ir, después de disculparse con ella. Hermione durmió aproximadamente una hora.

Soñó con el balcón que daba a los jardines Malfoy. Estaba de pie en la barandilla, mirando por encima del estanque. Draco se acercó a ella por detrás y ella se giró para verlo en su túnica negra de bordes plateados, y se miró a si misma para descubrirse usando el vestido blanco de Año Nuevo.

Él le sonrió y la tomó de la mano, y cuando ella levantó la vista, estaban de pie en el gazebo. Llevaba en la mano un ramo de flores plateadas. Se giró para ver a Ginny con un vestido azul, caminando hacia ella para tomar de sus manos el ramo de flores.

Hermione se despertó sonriendo al techo de Ginny, con la cama vacía y el sonido de la ducha encendida. Entonces se echó a llorar.

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Hermione dejó que todo saliera de su sistema.

No, no tenía todas las respuestas. No, no sabía qué desafíos enfrentaría hoy con Draco. Pero aún así se puso su vestido morado, sus tacones a juego, maquilló sus ojeras y se dirigió a la oficina.

Podía sentir los latidos de su corazón en los oídos cuando las puertas del ascensor se abrieron. Pero luego Melody le sonrió, le dio los buenos días y ella recuperó la concentración.

Llegó a su oficina y casi cerró la puerta tras ella, pero se dio cuenta que no tenía razón para hacerlo. La dejó abierta, sintiéndose vulnerable, pero al menos podría verlo o escucharlo llegar.

La primera hora de su día fue tranquila. Walter trajo su correspondencia y Hermione respondió algunas cartas. Hizo todo lo posible para no saltar sobresaltada cada vez que escuchaba pasos o el sonido de alguna voz masculina.

Blaise entró haciendo mohines a su oficina. Hermione volteó a verlo y él se arrojó como niño pequeño en una de las sillas de invitados.

—No quiero hacer las entrevistas, ¿puedes hacerlas por mí, por favor? —Frunció el ceño y se frotó la cara con una mano.

—¿Las entrevistas para el puesto de Relaciones con el Wizengamot? —Él asintió—. ¿Por qué las harás tú?

—Porque Draco no quiso reprogramarlas- lo siento, el Sr. Malfoy. —Blaise puso los ojos en blanco—. ¿Las harías conmigo?

Hermione frunció el ceño —¿Por qué estás tú a cargo?

—¡Me rindo! —Blaise se dejó caer en la silla—. Me pidió que hiciera las entrevistas mientras estaba fuera.

Hermione lo miró fijamente. —¿Dra- Malfoy estará hoy fuera de la oficina?

—Ah-já —Blaise jugó con la manga de su túnica.

Hermione miró por encima del hombro de Blaise, con la mente trabajando. ¿Por qué se había ido? ¿Estaba enfermo? ¿Estaba evitándola? Esto era un negocio, en el nombre de Merlín, ¡Él tenía que estar aquí!

—La primera cita es a las once. ¿Podrías hacerla conmigo? Si no lo haces, es muy probable que contrate a la primera chica guapa que cruce la puerta.

Ella frunció el ceño, con la certeza de que estaba diciendo la verdad —Está bien.

Hermione pasó los siguientes treinta minutos revisando la descripción del puesto y las solicitudes presentadas.

Ella y Blaise se instalaron en la sala de conferencias, elaborando una lista de preguntas que formularían por turnos. Blaise no parecía tener intención de tomar notas, por lo que Hermione se resignó a ser quien las tomara.

Después de las dos primeras entrevistas, Blaise hizo que uno de los becarios trajera el almuerzo para ambos a la sala de conferencias. Hermione no era muy adepta a usar de ese modo a los becarios, o gastar así los fondos de la Compañía, pero Blaise puso los ojos en blanco y le dijo que él pagaría de su bolsillo.

Hermione hurgaba su ensalada, separando los crotones cuando Blaise habló de pronto.

—¿Por qué testificaste en el juicio de Draco?

Ella volteó a verlo. Él estaba mirándola, mordisqueando el pan de su emparedado.

—Era la forma correcta de actuar —Comenzaba a cansarse de esas palabras...

Él entrecerró los ojos —¿Y qué significa eso? —Se colocó un pedazo de migajón entre los labios.

—Yo... pensaba que no eran justos, los cargos que interpuso el Wizengamot. Fue el único estudiante acusado y…

—Fue el único estudiante que intentó matar a Albus Dumbledore.

Hermione lo miró fijamente. Blaise masticó, sin dejar de mirarla.

—Y fracasó. Él bajó su varita. Harry lo vio.

Blaise levantó una ceja —Entonces eso explica por qué Harry Potter testificó a su favor, —dijo, y ella se quedó esperando el "pero..."

—Cuando fuimos capturados por los rapiñadores -Ron, Harry y yo- fuimos llevados a la Mansión Malfoy, —dijo, mirando su ensalada—. Y él se negó a identificarnos. —Ella apuñaló un tomate—. No creo que una persona así deba ser encerrada en Azkaban.

La imagen de Draco apartándose de su cuerpo torturado, el sonido de su jadeo-

—¿Y si hubiera sido alguien más? —preguntó él, y Hermione lo miró—. Digamos que hubiera sido Gregory Goyle a quien pidieron que los identificara. Y él hubiera dicho que no estaba seguro.

Los ojos de Blaise brillaron, y en ese momento, ella lo supo. No estaba engañándolo ni un poco.

Hermione tragó saliva. —En ese caso, hubiera testificado por Goyle, si el Wizengamot hubiese decidido ponerlo en juicio.

Blaise le sonrió. —Porque es "la forma correcta de actuar" —dijo, y se metió otro pedazo de pan a la boca.

Hermione asintió y él sonrió con ironía. Podía sentir el rubor en su rostro, así que lo observó mientras él separaba su emparedado. Una forma interesante de comer...

—¿Qué pasa contigo y con Daphne?

Los dedos de Blaise se detuvieron, y ella levantó la vista a tiempo para ver cómo desaparecía la sonrisa de su rostro. De pronto sintió que había ido muy lejos con su pregunta.

—Nosotros ... solíamos salir. —Blaise bajó la mirada hacia su emparedado y volvió a dejar en su lugar la pieza separada.

—Oh, —dijo ella—. ¿Una ruptura difícil, supongo?

—¿No lo son todas? —Dibujó una pequeña sonrisa, antes de desvanecerla nuevamente.

Hermione pensó que podía leer la culpa en sus rasgos, e imaginó cómo sería estar en una relación con Blaise Zabini, el más incorregible coqueto que había conocido. Así que avanzó a tientas.

—¿La engañaste? —Preguntó, intentando mantener su rostro indulgente.

Él alzó la vista abruptamente; Hermione se había equivocado. Él apretó los labios.

—Lo contrario, en realidad. —Blaise tragó saliva, dobló y arrugó su envoltorio, se puso de pie y se excusó al salir.

Hermione cerró los ojos, arrojó el tenedor, y se recordó a si misma que nunca debía asumir nada tratándose de Slytherins. Eran mucho más complicados de lo que alguna vez había llegado a imaginar.

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Hermione y Blaise terminaron las entrevistas, y ella redactó sus notas para Draco. Habían programado más entrevistas para el jueves, y esperaba que para entonces Draco estuviera presente.

Madame Michele fue una terrorista esa noche. Nada de lo que Hermione hacía era correcto, y la lista de notas para que trabajara había sido escandalosa. Era su quinta lección. Ahora estaba a medio camino y no sentía que estuviera aprendiendo nada o mejorando.

Si Lucius Malfoy realmente quería torturarla, programaría un examen al final de las lecciones.

El miércoles, repitió los pasos del día anterior. Se puso su ropa, su maquillaje y su mejor careta de insensibilidad, y se preparó para enfrentar a Draco ese día.

Pero él aún no regresaba a la oficina.

Hermione se acercó a su secretaria alrededor de las diez.

—¿Llegará hoy el Sr. Malfoy?

—No lo creo. —La chica levantó la vista de su revista, intentando deslizarla bajo algún documento.

—Está bien, —dijo Hermione—. Hum... ¿Ha cancelado la reunión de ésta noche con el Sr. Townsend?

La chica revisó la agenda. —No —dijo ella—. Todavía está agendada. —Ella la miró—. Creo que el traslador está programado para llegar ésta noche, justo antes de la cita.

Hermione parpadeó —¿Traslador? Vaya, ¿está... fuera de la ciudad?

—Sí, está en la ciudad de Nueva York. Él programó una cita allá. —La chica le sonrió y se acomodó el cabello.

Hermione se quedó sin habla por un momento. Era un extraño problema. —¿Podrías reunirme las notas que tengas sobre la reunión con Townsend? Me temo que no estoy preparada y esperaba reunirme hoy con Malfoy para ponerme al día.

—Por supuesto, —dijo la chica. Sacó una nota adhesiva y comenzó a escribir—. Le haré llegar el archivo.

—Gracias, —contestó, girándose para volver a su oficina.

Nueva York. La única persona estadounidense en la que podía pensar era Noelle, y en realidad no creía que Draco pudiera tener una reunión con ella después de haber insistido tanto en que Hermione no se pusiera en contacto con ella. Además, estaba bastante segura que la Universidad de Noelle estaba en California.

¿A quién vería en Nueva York?

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Llegó quince minutos antes a la cena con el Sr. Townsend. Se había preparado por completo, en caso de que Draco no apareciera.

La chica de recepción la acompañó a su mesa y se sintió aliviada al comprobar que era la primera en llegar.

Esa tarde había leído todo acerca del Sr. Townsend. Era un viudo mestizo de unos sesenta años que había amasado una pequeña fortuna con su negocio de pociones. Era bastante abierto con su creencia de que la poción de Acónito debía ponerse a disposición de quienes no tenían cómo costearla.

Al cinco a las siete, una de las recepcionistas llevó a la mesa a un hombre canoso. Hermione se puso de pie, sonriendo.

—¿Sr. Townsend? —Extendió la mano, segura de que Madame Michele lo aprobaría.

—Así es. Qué tal, Srta. Granger. —Él le estrechó la mano y le dirigió una cálida sonrisa—. Estoy muy feliz de conocerte.

—Igualmente, Sr. Townsend. —Ella tomó asiento nuevamente—. Aprecio mucho su intención de reunirse con nosotros en favor de la Ley de Hombres Lobo. El Sr. Malfoy ya debería estar aquí, pero según tengo entendido, él tuvo que salir de la ciudad por negocios. —Hizo un gesto hacia su silla vacía.

El camarero tomó su orden de bebidas. El Sr. Townsend ordenó un whisky y eso dio pie a que Hermione ordenara una copa de vino.

Y fue en ese momento que se preguntó si el pago de ésta cena saldría del bolsillo de Malfoy Consulting. Hermione parpadeó hacia la mesa, preguntándose si traería suficiente oro para cubrir los gastos, y luego recibir el reembolso. ¿Así funcionaban las cenas de negocios? ¿O Draco tendría una cuenta abierta en el restaurante para poder cargar los gastos? Miró a su alrededor. Éste era un restaurante mágico, ¿cierto? Había olvidado su tarjeta de crédito Muggle.

Escondió sus preocupaciones, resolviendo disculparse más tarde para ir a hablar con el jefe de meseros. Centró su atención en el Sr. Townsend, quien era un hombre muy agradable.

Charlaron sobre Hogwarts y sobre libros, avanzando lentamente hacia los Hombres Lobo.

Eran las siete y diez cuando decidió que ya era tiempo de entrar de lleno en la conversación aunque no estuviera Draco. Había iniciado la discusión con el Sr. Townsend sobre el actual progreso del caso cuando una voz familiar la congeló.

—Lamento llegar tan tarde.

Hermione levantó la vista para encontrar a Draco Malfoy, sonriéndole ligeramente al Sr. Townsend. Lo vio disculparse, y el Sr. Townsend se levantó para estrechar su mano. Estaba indecisa, ponderando si ella también debía ponerse en pie. ¿Sería necesario? Maldita sea, Madame Michele. ¿Por qué nunca aprendía nada útil?

Draco se veía excelente. Más que excelente. Se veía delicioso.

Hermione parpadeó y tomó su vaso de agua cuando Draco se sentó a su lado, de frente al Sr. Townsend.

Lo contempló, intentando mantener una expresión neutral, mientras él conducía una conversación trivial. Él sonrió, gesticulando con sus manos y ordenó Whiskey de Fuego -era un restaurante mágico después de todo- e interpretó el papel del simpático, aunque impuntual anfitrión. Hermione lo observó. E intentó no observarlo.

Una vez que la conversación se decantó nuevamente hacia los Hombres Lobo, Draco le hizo un gesto para que tomara la palabra. Hermione notó que él no había volteado a verla ni una sola vez.

Hermione parpadeó y se giró hacia el Sr. Townsend, retomando la conversación desde donde se habían quedado. Ella le explicó los eventos claves a través del tiempo hasta llegar a los problemas actuales que enfrentaban. Draco se mostraba de acuerdo cada cierto tiempo y ella se las arreglaba para estremecerse una sola vez ante el sonido de su voz.

Draco pidió algunos aperitivos para la mesa, y Hermione se tomó un momento para revisar el menú. Se apartaron un poco de la Política cuando el Sr. Townsend inició una conversación con Draco sobre conocidos mutuos, y Hermione releyó el menú.

—¡Y Marcus Flint! ¿Eran cercanos en Hogwarts, con es así?

Hermione se estremeció. Respiró profundamente y miró al Sr. Townsend. Estaba sonriendo, como si el recuerdo de Marcus Flint fuera algo radiante y feliz.

Miró a Draco justo a tiempo para verlo sonreír —Sí, fue mi capitán de Quidditch durante algunos años. —Tuvo que inspeccionarlo atentamente para notar la tensión en sus ojos.

Hermione tomó su copa de vino.

—En realidad, fue Marcus quien me habló de la Ley de Hombres Lobo. —El Sr. Townsend sonrió y Hermione bebió un largo trago—. Me dijo: "Geoffrey, ¿escuchaste lo que Draco Malfoy y Hermione Granger están haciendo?' —El Sr. Townsend -Geoffrey- se rió entre dientes.

Hermione apretó los labios. Se sintió un poco asqueada.

—Era un excelente aprendiz. Muy bueno en pociones.

Y al fin encajó. Marcus Flint había preparado la poción él mismo. Había sido aprendiz del Sr. Townsend, quien había dedicado su vida a ayudar a la gente elaborando pociones. Qué terriblemente triste. Ella contuvo el aliento y trató de exhalar la tensión.

—Fue muy amable al hablarle sobre nuestro proyecto —dijo. Hermione sonrió y escuchó a su derecha el sonido del nudillo de Draco al tronar.

Ella aprovechó la oportunidad para desviar la conversación y alejarla de Marcus Flint. El camarero se acercó a tomar su orden. Por el breve vistazo que le había dado a los precios del menú, se sintió muy contenta de que Draco estuviera ahí para cubrir la cuenta.

Una vez que el camarero desapareció, el Sr. Townsend se quitó la servilleta del regazo.

—Mis disculpas, debo ir a buscar el sanitario.

Hermione sintió una helada opresión retorcerse en su pecho. Oh, Sr. Townsend, por favor no haga esto...

Con cada paso que él daba para apartarse de la mesa, más se apretaba su estómago. Hermione no se atrevió a mirar a Draco. Alcanzó su copa de vino y casi la derramó. La estabilizó y se la llevó a los labios.

Dejó la copa sobre la mesa. Esperó tres segundos y se la llevó nuevamente a los labios.

Podía escucharlo respirando a su lado.

—¿Cómo te fue en Nueva York?

Ella volteó a verlo. Él contemplaba el salero y pimentero. Vio cómo se apretaba su mandíbula. Luego cómo se relajaba.

—Excelente.

Él no la miró. Y ella casi se sintió agradecida, no estaba segura de cómo reaccionaría si él la miraba.

—¿Un cliente potencial? —Ella recorrió con los ojos el contorno de su mandíbula, descansando la mirada en sus labios.

—No, —contestó él, y se aclaró la garganta—. Una cita personal.

—Oh, —dijo ella—. Lo siento, no era mi intención entrometerme-

Draco sacudió la cabeza sin dejar de ver el salero, insinuando que no se estaba entrometiendo.

—Blaise y yo nos encargamos de las entrevistas. —Deseaba que pudieran sentarse en silencio, pero aparentemente ella no era capaz de hacerlo—. Algunos candidatos son excelentes.

Él asintió.

—¿Estarás mañana en la oficina?

—Sí.

El señor Townsend regresó. Y Hermione pudo respirar de nuevo.

El resto de la velada fue preciosa. Su cena estuvo deliciosa, el Sr. Townsend mantuvo el ambiente relajado e incluso prometió cubrir la mitad de la cuota que se había fijado como objetivo para su recaudación de fondos. Hermione estaba en shock.

Townsend y Draco discutieron sobre quién pagaría la cuenta, lo que a Hermione le pareció adorable. Cuando se levantó de la mesa para usar el baño, ambos hombres se pusieron de pie. Qué belleza.

Cuando se fueron, estrechando la mano del Sr. Townsend y programando una reunión de seguimiento la próxima semana en la oficina, Draco le hizo un gesto para que ella saliera primero.

No se había dado cuenta de lo acostumbrada que estaba a la sensación de la mano de Draco sobre su espalda baja, guiándola, hasta que él dejó de hacerlo.

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Draco, Blaise y ella se reunieron el jueves por la mañana para discutir las entrevistas de principios de semana.

Triplicó sus notas del martes y les entregó un juego a cada uno de ellos. La mujer por la que Hermione se decantaba con más firmeza era la menos favorita de Blaise, por supuesto.

—Pero quiero compartirles una de sus respuestas. Realmente fue bastante impresionante, —dijo Hermione, hojeando las notas—. Ah, aquí está. Le pedimos: "nombra una ocasión en que hayas tenido alguna diferencia o malentendido con un compañero de trabajo y cómo han resuelto el problema". Y ella contestó que le gustaba enfrentar los problemas desde múltiples puntos de vista. Que le gustaba tomarse un momento para intentar averiguar las motivaciones de la otra persona, ponerse en su lugar y aceptar el hecho de que ella también podía estar equivocada.

Hermione levantó la vista de sus notas para encontrar a Draco mirándola directamente. Ella parpadeó. No había visto sus ojos desde el lunes, desde antes de que la besara. Habían sido tan cálidos y llenos de promesas en aquel momento.

Ahora sus ojos eran neutrales y nivelados. Buscó alguno de sus tics faciales. No había ninguno.

—Hum, —continuó—, también dijo que maneja cada situación en la oficina como "negocios, nada personal" y sabe que a veces las amistades de oficina deben ser sacrificadas por el bien del cliente.

Levantó la vista de nuevo y los ojos de Draco todavía estaban sobre ella. Igual que antes.

—Era terriblemente aburrida, —se quejó Blaise—. Y me sentí personalmente atacado cuando dijo que "no todos pueden ser amigos".

—Está bien, —dijo Draco—. La tendré en cuenta. Blaise y yo haremos las entrevistas de hoy, para poder comparar y contrastar adecuadamente a todos los candidatos que no pude entrevistar. —Él se levantó de la mesa, recogiendo sus notas.

¿Blaise haría las entrevistas de hoy? Hermione frunció el ceño. ¿Blaise, quién no tomó una sola nota y juzgó a las candidatas exclusivamente por su apariencia? Abrió la boca para discutir, pero Draco ya había salido de la habitación.

Hermione resopló.

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Hermione le pidió a la secretaria de Draco que revisara su agenda del viernes y le encontrara un espacio. Si bien a ella le hubiese encantado hablar sobre el uso manipulador de su nombre, la atmósfera actual era demasiado... volátil para esa discusión.

Quería darle a Walter la oportunidad de volver a presentar su idea de los Snidgets Dorados. Él también había desarrollado otros dos portafolios, y uno de los cuales era sumamente interesante; había redactado una propuesta para que Hermione y su división iniciaran un servicio de consultoría para las familias de los nacidos muggles que ingresarían a Hogwarts, dónde se brindaría asesoría a los padres y se ofrecería un programa de "introducción" a los nuevos estudiantes.

A Hermione le encantó la propuesta. Era exactamente el tipo de trabajo en el que se interesaba. Recordó a Arthur Weasley mostrándole a sus padres el Callejón Diagon, viendo a su padre abrumado y el asombro de su madre. Le encantaría poder ayudar a las familias de nacidos muggles en su proceso de transición.

Unos treinta minutos antes de su reunión improvisada, Walter entró en su oficina.

—Acabo de recibir esto, —dijo, agitando un trozo de papel—. Tendremos que reagendar para la próxima semana.

Hermione frunció el ceño mientras tomaba el papel. Era una nota de la secretaria de Draco, disculpándose porque Draco en realidad no estaría disponible a las 3:00 p.m.

Acababa de ver un par de horas atrás que la chica comprobaba la agenda de Draco, y ese horario sí estaba disponible.

—Oh bueno. —Walter se encogió de hombros—. Seguiré puliéndolo e intentaremos nuevamente la próxima semana. —Él se fue.

Hermione se acercó a su puerta y se apoyó contra el marco. La puerta de Draco estaba cerrada y había una luz encendida.

¿En verdad se le había presentado un contratiempo? ¿O simplemente había decidido cancelar su encuentro a solas?

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El fin de semana fue lento. No sucedió nada remotamente emocionante en Cornerstone, y Hermione se preguntó si debería plantearse el renunciar. Después se preguntó si debería continuar trabajando allí sólo para molestar a Draco.

El lunes salió el número de Corazón de Bruja. Habían elegido el vestido añil para la portada, y algunas otras poses y atuendos llenaban las páginas centrales. Hermione estaba bastante complacida, y recibió una adorable nota de Pansy, diciéndole lo emocionada que estaba.

Salió de los ascensores ese lunes y casi tropezó al ver a Draco en recepción, leyendo algo mientras Melody abría el correo. Se giró para regresar a su oficina, y los ojos de Draco se posaron en ella.

Ella asintió hacia él y caminó rumbo a su oficina, intentando sacudirse de encima la mirada inexpresiva que él le había dado.

En la reunión del lunes con los Consultores en Jefe, ella abordó las propuestas de Walter. Parecía que Wentworth había seguido su ejemplo de la semana pasada y había redactado su propio carpeta para compartir a todos, proponiendo sus próximos pasos en la adquisición de nuevos negocios en el Callejón Diagon.

Cuando llegó su turno, ella les entregó dos carpetas.

—Walter y yo hemos estado trabajando en la revisión de la propuesta de los Snidgets Dorados, reajustando el presupuesto y estableciendo un marco de tiempo factible para poder iniciar el proyecto éste trimestre en lugar del próximo-

—Pensé que ya había echado atrás ese proyecto.

Hermione miró a Draco. Sus ojos todavía eran inexpresivos.

—Lo hiciste. Por eso lo reajustamos. Para tu revisión.

Draco cerró la carpeta, abrió la boca para hablar y ella lo interrumpió.

—Lo que significa que debes tomarlo, leerlo por completo, piensas en él y regresar posteriormente conmigo para compartirme tu decisión, —dijo.

Su cuello estaba acalorado. Por un momento pensó haber visto un destello de vida en los ojos de Draco, pero desapareció antes de que pudiera profundizar en ello. Hermione inhaló profundamente.

—El siguiente proyecto que quiero presentarles es realmente idea de Walter, y creo que es maravilloso.

Continuó describiendo el Programa de Integración de Nacidos Muggles, llevándolos a través de la documentación. Una vez que terminó, se giró para ver a Wentworth sonriendo, a Mockridge inspeccionando el análisis financiero y a Blaise garabateando en las páginas... como era de esperarse. Draco frunció el ceño ante la portada. En cuanto Hermione terminó, él habló.

—Entonces, ¿éste es el tercer proyecto de tu división que dependerá de una recaudación, sin ingresos directos de clientes específicos?

Hermione evitó poner los ojos en blanco. —Algunas familias de nacidos muggles pueden hacerse cargo de las tarifas del programa; pero sí, he proyectado que se necesitará una especie de "fondo de becas" para la integración de los nacidos muggles-

—Entonces, de nuevo, los gastos de tu departamento nos pondrán en números rojos, sin ninguna proyección de ingreso a futuro para ninguno de tus proyectos.

Ella se encontró con sus fríos ojos, intentando mantener el calor fuera de los suyos.

—¿Qué no es ese el punto de una recaudación de fondos?

—¿Tres proyectos a la vez?

—El Programa de Integración de Nacidos Muggle ni siquiera será necesario hasta que se acerque julio, cuando se entreguen las cartas de Hogwarts. Es algo que definitivamente empezará hasta el próximo trimestre.

—Esto es un negocio, Granger. —Draco se recostó en su silla y su despreocupación la irritó—. Sólo piensas en gastar dinero en lugar de pensar en la rentabilidad de tu división. A pesar de que todas tus causas, por supuesto, conseguirán una excelente publicidad para M.C.G-

—¿Y no es por eso que estoy aquí? ¿Por la opinión pública? —disparó ella.

Blaise levantó una ceja, repentinamente interesado.

Definitivamente vio fuego en los ojos de Draco ésta vez. Él cerró la mandíbula. Y el fuego murió.

—Sigue pensando en ideas que puedan aumentar la rentabilidad.

Hermione respiró hondo. Draco dio por finalizada la reunión, y ella regresó a su oficina tan tranquilamente como fue capaz.

Una parte de ella sabía que él tenía toda la razón. Hermione sabía mejor que nadie la situación financiera de la Empresa. ¿Pero cuánto tiempo más sería capaz de trabajar exclusivamente en el proyecto de los Hombres Lobo?. Comenzaba a aburrirse con el trabajo que realizaba, y su relación con Draco la mantenía al borde en todo momento.

Esto se estaba volviendo... imposible.

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El martes por la tarde, Hermione cruzó la oficina, papel doblado en mano. Se acercó a la secretaria de Draco, -cuyo nombre, le daba vergüenza admitir, todavía no se sabía- y comprobó si él tenía alguna reunión.

La chica le dijo que no, desviando la mirada, pero que le había pedido no ser molestado a menos que se tratara de algo de gran importancia.

Hermione asintió y llamó a la puerta.

Un momento de pausa.

—Adelante.

Hermione respiró hondo y abrió la puerta. Draco estaba detrás de su escritorio leyendo la propuesta de Wentworth de la reunión de ayer. Estaba reclinado en su silla, cómodo. Sus ojos se alzaron hacia ella, luego de vuelta a la documentación.

—¿Sí?

Hermione cerró la puerta a su espalda. Él la miró de nuevo, con los ojos danzando entre ella y la puerta cerrada. Ella tragó saliva.

Caminó hacia su escritorio, los dedos jugueteando alrededor de la carta de una cuartilla que había redactado. Había elegido el atuendo que Pansy seleccionó para el viernes, pero era su favorito de la semana. Falda azul marino fluida hasta la rodilla con un saco gris abotonado. Había querido tener la oportunidad de usarlo. Llevaba el cabello recogido en una elegante cola de caballo, controlando los rizos como Pansy le había enseñado.

Colocó la carta sobre el escritorio. —Quiero... necesito presentarte mi renuncia.

Draco miró la carta y apretó la mandíbula.

—Empecé a sentirme incómoda aquí y no creo que mi comodidad mejore con el paso del tiempo. Mi trabajo está comenzando a verse afectado. Tenía expectativas irreales en ésta Empresa, y no creo que vaya a funcionar… Así que te entrego mi aviso de dos semanas.

Hermione juntó las manos frente a ella y se mordió el interior de la mejilla mientras lo contemplaba quedarse quieto.

—No.

Ella parpadeó. —¿No?

—No la acepto. —Regresó a la documentación que tenía enfrente, sin voltear a verla.

Hermione sintió el calor arrebolarse en su cuello y apretó los labios, reprimiendo cierta selección de palabras.

—Bueno, lamento mucho escuchar eso. Estaré encantada de entrenar a mi reemplazo. Pero mi último día será el 25 de febrero. Trabajaré esa semana de principio a fin y me iré ese viernes.

Draco se tronó el cuello, arrojó la propuesta de Wentworth sobre el escritorio y se levantó de su asiento. El corazón de Hermione latía con fuerza. Él la miró y aunque su cara parecía aburrida sus ojos estaban en llamas.

Él rodeó su escritorio, tomó el papel doblado que ella había colocado en la superficie y lo abrió. Se acercó hasta quedar a tres paso de Hermione, apoyándose contra el borde del escritorio. Sus ojos recorrieron rápidamente el escrito.

—Aquí no mencionas nada respecto al acoso sexual que recibiste por parte de tu jefe. —Draco la miró con el ceño fruncido.

Ella tragó saliva. Oh, ¿así que ahora iban a hablar de eso? —No. Esa no es mi intención-

—¿Y cuál es tu intención entonces, Granger? —Él arrugó la carta y la arrojó a un lado. Se aferró al borde del escritorio tras él, levantando la barbilla con orgullo. Sus mejillas estaban sonrojadas. —¿Qué es lo que quieres?

—Yo- yo quiero renunciar. Obviamente. —Ella sacudió la cabeza, sin comprender.

—Renunciarás si yo no hago... ¿qué? —Él se inclinó hacia ella.

—Si nada, —se rió. Hermione lo estudió. Tenía la mandíbula apretada y sus nudillos habían palidecido—. Esto no es un chantaje, Draco-

Draco, otra vez. —Él se irguió, apartándose del escritorio. Ahora a sólo dos pasos de ella—. Han pasado meses desde que te escuché decir mi nombre —Hermione escuchó uno de sus nudillos tronar y el aliento la abandonó—. Creo que la última vez fue en un callejón, susurrándolo en mi oído mientras tus dedos se aferraban a mi cabello…

Ella jadeó y dio un paso atrás.

—…O tal vez fue esa vez en mi balcón, contigo en aquel vestido blanco, sonriéndome como si tuvieras una idea de lo que estabas haciendo-

—¿De qué estás hablando, Malfoy-

—¡No-oh! No puedes retractarte ahora. Es Draco, otra vez. —Dio un paso hacia ella, con los ojos destellando y la respiración irregular. Hermione retrocedió otro paso, maldiciendo sus tacones. Sentía el pecho pesado y parecía como si él hubiera extraído todo el aire de la habitación. Sus ojos habían estado muertos hacía unos segundos, y ahora ardían.

—¿Quieres que presente un reclamo por acoso sexual? —Hermione se carcajeó, temblorosa.

—Quiero que seas honesta respecto al por qué de tu renuncia, Granger. —Él avanzó otro paso más y ella deseó ser capaz de alejarse—. Pequeña y valiente Chica Dorada de Gryffindor, permitió que la besara y ahora no sabe cómo retractarse.

Ella se rió a pesar de retroceder un paso —¿Soy yo quien quiere retractarse? —Sus ojos grises bailaron sobre su rostro, mientras las mejillas se le teñían con manchas rosadas y la espalda de Hermione chocaba contra la pared. La tenía acorralada, otra vez. Siempre inmovilizándola. Ella gruñó—. El tranquilo y ecuánime Draco Malfoy, quien nunca mezcla los negocios con el placer, besó a una empleada y ahora quiere ser castigado por eso.

Sus brazos se apoyaron contra la pared a cada lado de su rostro. Avanzó hasta quedar tan imposiblemente cerca, que Hermione pudo sentir el pecho de Draco contra el suyo.

—¿Vas a castigarme, Granger? —Él se mordió el labio inferior, y ella pudo distinguir una sonrisa asomándose en la comisura de sus labios.

Hermione se estremeció. Esto era... no lo que había buscado. Podía sentir el aliento de Draco en su boca. Ella esperó, sintiéndolo deslizarse en su interior y desaparecer con cada respiración. Inclinó la cabeza hacia atrás, esperándolo. El aliento del chico estaba agitado.

Ella encontró sus ojos, oscuros y brillantes; esperándola. Esperando a que ella lo besara a él.

Maldito fuera. Hermione se puso de puntitas, sobre sus tacones, y atrapó los labios de Draco entre los suyos. Él persiguió su boca y murmuró un "mierda" mientras sus caderas se conectaban. Ella jadeó y él se abrió paso en su boca.

Se escuchó a si misma gemir, y una de las manos de Draco la tomó por la cintura, mientras apoyaba su cadera contra la suya. La otra mano la tomó por el cuello. Él gruñó y extendió la mano, tomando su coleta y arrancando la banda elástica de su cabello.

—Nunca vuelvas a hacer esto... —La voz de él sonaba ronca contra su cuello mientras el cabello de Hermione caía alrededor de ambos. Él succionó su cuello y ella se estremeció.

Sintió que los dientes de Draco recorrían su piel y permitió que sus ojos se cerraran. La mano en su cuello se deslizó por el cabello detrás de su oreja, curvando sus dedos contra su cuero cabelludo. Ella apretó los labios, pero el gemido aún así se desbordó.

Draco separó suavemente sus rodillas con su muslo derecho. Él se movía lentamente en su hemisferio inferior, pero avasallándola en el hemisferio superior. Hermione lo tomaba por los brazos, sin saber qué hacer. Estaba jadeando. La rodilla de él se coló entre las suyas, suavemente. Abriéndola. Podía sentir la mano en su cadera comenzando a aferrarse a la tela de su falda, levantándola.

Hermione se mordió el labio. Esto era el cielo. Era todo lo que se suponía que debía ser. Sintió que el muslo de Draco ascendía más, conectándose con su centro, y gimió, dándose cuenta que esto era lo que lo había visto hacerle a Pansy en los pasillos de Hogwarts. Esto era con lo que había soñado cuando tenía dieciséis años, lo que siempre se había preguntado.

Ella movió sus caderas hacia él, y la electricidad recorrió su cuerpo cuando entró en contacto con su muslo. Y lo hizo otra vez. Y otra vez.

—Oh, Dios, —gimió ella y las manos de Draco se deslizaron por sus hombros hasta aferrarse a su cabello. Era perfecto. Sintió que un estremecimiento lo atravesaba y ella tiró de su rostro, jalándolo de donde había estado arremetiendo contra su cuello. Sus labios estaban hinchados y a ella se le cortó la respiración cuando contempló su rostro. Hermione alcanzó nuevamente su boca y él la besó, acariciando su cuello, su pecho, apenas rozando sus senos y ella gimió contra su boca. Sintió los botones superiores de su blusa abriéndose, y la tela de su falda rozando contra el interior de su muslo cuando las yemas de los dedos de Draco finalmente encontraron su piel.

Draco la desnudaría en minutos y ella no iba a impedirlo. Él la deseaba y ella no lo detendría.

—Me estás volviendo loco. —Jadeó él contra sus labios, con los ojos cerrados, presionando su frente contra la de ella. Su mano derecha formaba círculos en la parte superior de su muslo donde había retirado la falda, y la izquierda se sumergía dentro de su blusa, alcanzando sus senos.

—Lo siento...

Draco se rió entre dientes, cerró los ojos y se mordió el labio. Él rozó sus senos, la tela de su sostén presionando contra su piel. Hermione jadeó y él la tomó por el muslo, acercándola a su cadera. Ella se tambaleó sobre uno de sus tacones, apenas capaz de mantenerse en pie cuando estaba en dos.

Los dedos de él vagaron por su muslo externo, recorriendo el trayecto hacia su trasero, encontrando la tela de sus pantaletas. Él la beso. Sus dedos se colaron bajo la tela y ella abrió los ojos de golpe.

Él lo sabría. Muy pronto él... podría sentirlo, ¿cierto? Hermione entró en pánico. Como si él no fuera capaz de saberlo por la forma en que ella apenas era capaz de tocarlo, incluso mientras él la desnudaba.

Esto era algo que debías advertirle a una persona ¿cierto? Incluso aunque él ya lo hubiese adivinado...

—Yo soy... yo...

Él besó su boca de nuevo, suspirando dentro de ella mientras deslizaba hacia abajo la copa de su sujetador.

—Espera, espera. —Ella jadeó—. Yo soy... tenías razón... al asumirlo, aquella vez. Sobre los cinco adicionales.

—¿Qué? —susurró Draco, sus dedos cada vez más cerca de su centro.

—Habrían sido 35, —dijo, sonrojándose.

—¿35?

—35,000 —jadeó Hermione. Los dedos de Draco se detuvieron en su piel. Sus ojos se abrieron de golpe para mirarla—. Yo soy… Yo nunca he…

Su boca estaba abierta y jadeaba. Él cerró los ojos con fuerza y dejó caer la cabeza sobre el hombro de Hermione.

—¿Cómo? —La palabra escapó de su cuerpo como una risa.

Ella no sabía si debía responder.

—Quería que lo supieras, antes de...

Entonces sintió que él removía la mano de sus pantaletas. Y se sintió como un balde de agua helada.

Draco dejó su cabeza sobre su hombro, exhalando humedad en su cuello, y colocó su mano contra la pared junto a su cuello. Él sacó la otra mano de su blusa.

Él dejó caer la rodilla desde donde la había estado presionando, frotándose contra ella tan perfectamente, y Hermione casi gimió.

Él no iba a continuar. Porque ella era virgen. ¿No la deseaba porque ella era virgen?

Hermione abrió la boca, pero no emitió ningún sonido.

—Lo siento, —susurró él contra su hombro—. Las cosas fueron demasiado lejos.

Hermione tragó saliva, las lágrimas cosquillaban en sus ojos. Esto no era justo. Ella había esperado. Ella solo había soñado con él. No se había interesado en nadie más, ¿y ahora él no la deseaba por eso?

Él levantó la cabeza y colocó una mano sobre su mejilla, sutilmente.

—No te vayas. —Sus ojos grises alternaban de uno a otro entre los suyos—. No renuncies. —Tragó saliva—. Seré mejor. Volveremos a cómo éramos... antes. No te ignoraré ni te trataré de manera diferente debido a esto.

De vuelta a como eran. De nuevo serían sólo compañeros de trabajo después de lo que habían hecho. Después de haberlo probado.

—No te vayas. —Su pulgar le rozó los labios.

Ella podía no tenerlo o podía tener un poco de él. Pero él no le daría todo.

—De acuerdo.