Estaba en mi playa favorita de Sidney, siempre llena de gente joven y de surfistas porque solía haber buenas olas para que ellos practicaran su deporte.
Me gustaba ir allí cuando me dejaban salir más temprano del laboratorio para relajarme y nadar un rato antes de volver a casa.
Shaoran no llegaba hasta la hora de la cena y prefería estar tomando el sol y sintiendo la brisa del mar a estar metida en nuestro apartamento sola.
Además, hacía un mes que había conocido a varios profesores de surf y se habían ofrecido a darme unas clases gratis, me encantaba poder aprender un deporte nuevo y tenía que aprovechar la oportunidad.
Quería sorprender a Shaoran más adelante enseñándole lo que era capaz de hacer con una tabla.
Los dos seguíamos con nuestro juego de rivalidad, nos gustaba aprender a hacer algo que el otro no sabía y retarnos entre nosotros.
Para mi mala suerte él ya había conseguido estar a mi nivel en artes marciales, aunque al menos seguía sin ser mejor que yo.
Sonreí al pensar en la paliza que le había dado ocho meses antes delante de sus primos.
Seguí remando hasta estar en la cresta de la ola y me coloqué de pie en la tabla siguiendo las indicaciones de los tres profesores que estaban a mi alrededor.
Una de ellos era Kate, según decían ella era la mejor surfeando de todo Sídney y quería aprender mucho de ella.
Conseguí aguantar unos veinte segundos subida en la tabla pero al final me caí al agua, aún me quedaba mucho que aprender.
Al salir a la superficie los tres se acercaron preguntando si estaba bien.
-sí tranquilos, otro día seguimos que ya es tarde y me tengo que ir- les dije.
Nos despedimos y empecé a nadar hacia la orilla, ellos se quedaron en la parte profunda a la búsqueda de más olas.
Cuando por fin hice pie levanté la vista y sentí un escalofrío en la espalda.
Shaoran estaba sentado en la arena a lo lejos observándome.
Joder, si me había visto con los profesores seguro que estaba celoso.
Desde que llegamos en septiembre se sentía algo inseguro con los australianos, todos eran bastante guapos, rubios, deportistas... y alguna vez me había pillado mirando a alguno.
Pero era solo eso, una mirada. ¿qué pretendía, que fuera caminando con los ojos vendados?
La verdad es que había chicos guapísimos por todas partes pero... a mí solo me interesaba un ingeniero chino que me miraba con mala cara mientras me acercaba a él.
Dejé mi tabla junto a las demás en un lado de la caseta de los instructores y me senté a su lado.
-¿qué haces aquí? pensaba que hasta dentro de una hora no salías del trabajo-.
Shaoran levantó una ceja y respondió -lo mismo pensaba yo de ti-.
-a veces puedo salir un poco antes y vengo aquí-.
Él entrecerró los ojos.
-¿para estar un rato con ellos?- preguntó señalando a los profesores que seguían dentro del agua.
Puse los ojos en blanco y suspiré.
-no, para aprender surf-.
-vaya, que excusa más buena, Sakura- dijo Shaoran con ironía levantándose y empezando a andar.
Recogí mis cosas y lo seguí.
-¿cómo sabías que estaba aquí?- pregunté cuando lo alcancé.
-no lo sabía, solo iba de vuelta a casa y me pareció verte-.
Intenté agarrarlo de la mano pero no me dejó.
-venga ya Shaoran, no puedes estar celoso otra vez-.
-no lo estoy- respondió sin mirarme.
Seguimos caminando en silencio hasta que entramos en el edificio donde vivíamos.
Y una mierda que no estaba celoso, eso no se lo creía nadie.
Abrió la puerta del apartamento, tras entrar detrás de él la cerré de un portazo y lo agarré del brazo poniéndolo entre la pared y yo.
-me estoy empezando a cansar de tus celos- dije atrapándolo con mis brazos para que no pudiera huir.
Shaoran me dedicó una sonrisa torcida y respondió -me gustaría ver que pensarías tú si me vieras en una playa rodeado de desconocidas muy guapas-.
Fruncí el ceño, seguramente me habría enfadado mucho.
-vale, tienes razón, debí contártelo pero no le di importancia- dije apartándome para dejarlo libre.
Entré en el baño, necesitaba una ducha para quitarme la sal del cuerpo. Abrí el grifo y esperé hasta que el agua estuvo templada para meterme debajo.
Cuando me estaba enjabonando el pelo escuché su voz.
-¿desde cuándo vas a esa playa sin mí?-.
Shaoran había entrado en el baño, aunque no le veía porque la mampara de la ducha no era transparente.
- desde hace unos meses cuando salgo antes me paso un rato-.
Le escuché refunfuñar y no pude evitar reírme.
-no tiene gracia- dijo Shaoran entre dientes.
-voy a tener que contarte un secreto, a ver si así dejas de sentirte celoso-.
-te escucho-.
Suspiré, esto no se lo había contado todavía.
-me gustas desde el primer día que te vi y desde entonces no he pensado en nadie más-.
Hubo un momento de silencio hasta que vi la puerta de la ducha moverse y un segundo después Shaoran estaba dentro detrás de mí.
-¿qué día fue ese?- preguntó abrazándome.
-el día que fui con Tomoyo a tu casa y nos estuviste explicando-.
Sentí cómo me abrazaba más fuerte.
-¿en serio? pero si eras una enana de dieciséis años- dijo entre risas.
-y tú eras un enano de diecisiete- respondí girándome para verlo.
Aunque llevábamos meses viviendo juntos y le había visto desnudo cientos de veces todavía me ponía algo nerviosa en ese tipo de situaciones, y más si era sin previo aviso como en ese momento.
-entonces...¿te gusto desde hace seis años?- preguntó a la vez que se echaba un poco de jabón en la palma de su mano.
-eso parece- respondí mientras veía a Shaoran enjabonarme el cuerpo muerta de vergüenza.
Se acercó más a mí hasta que el agua empezó a caer también sobre su cabeza y susurró -ese día tú también llamaste mi atención, pero me empezaste a gustar de verdad unas semanas después, cuando empezamos a hablar más-.
-¿vas a bañarme tú?- pregunté nerviosa notando cómo sus manos recorrían todo mi cuerpo.
Lo vi alzar una ceja.
-¿algún problema?-.
Negué con la cabeza.
Una sonrisa traviesa es lo último que vi antes de que sus labios atacaran a los míos.
Me di un pequeño golpe contra la pared de la ducha pero no lo noté mucho porque los brazos de Shaoran me rodeaban.
Su lengua buscó con desesperación a la mía y me empezó a faltar el aire.
El agua seguía cayendo sobre nosotros pero no nos importaba.
Puse mis brazos en su pecho y lo atraje más para profundizar en el beso.
Escuché un jadeo y Shaoran me aplastó contra la pared devorándome sin piedad.
Las piernas me temblaban y me empecé a resbalar, él se dio cuenta y me levantó un poco soportando todo mi peso con sus brazos.
Era la primera vez que estábamos en la ducha juntos, hasta ese momento siempre habíamos respetado la privacidad del otro en el baño.
Me pregunté cómo no habíamos hecho esto antes, tener a Shaoran entre mis brazos tan mojado y besarnos bajo el agua me estaba resultando muy interesante.
Rodeé su cintura con mis piernas y se me escapó un gemido al sentir como nuestras partes íntimas se rozaban.
-hazlo ya- dije entre sus labios.
Shaoran dejó mi boca para atacar mi cuello con sus dientes y su lengua haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera.
-di que eres mía-.
Abrí los ojos sorprendida.
-¿qué?-.
-dilo- susurró él en mi oreja.
Otro escalofrío al notar su lengua ahí, le gustaba demasiado hacerme sufrir.
-soy tuya-.
Subió la cabeza hasta que sus ojos ambarinos y los míos estuvieron a la misma altura.
Esa mirada llena de fuego me estaba quemando... y eso que estaba metida debajo del agua.
-y yo soy tuyo- dijo antes de volver a besarme.
Nuestros cuerpos se unieron del todo y los dos jadeamos al sentirlo.
Lo abracé más fuerte y nos seguimos besando mientras Shaoran hacía lo que quería conmigo, al tenerme levantada yo no podía hacer mucho y me tenía totalmente dominada.
Y eso no podía gustarme más.
Mientras cenábamos, lo estuve observando con la mente en otro sitio.
No podía dejar de pensar en lo que había pasado en la ducha una hora antes.
-te estás mordiendo el labio, ¿en qué estás pensando?- preguntó Shaoran con un brillo especial en los ojos.
-en ti-.
-me lo imaginaba- dijo con una sonrisa ladeada.
Puse los ojos en blanco.
-eres un creído- protesté bajando la vista a mi plato.
-yo también estoy pensando en lo de antes-.
Al mirarlo de nuevo Shaoran levantó las dos cejas de forma sugerente lo que me hizo reír.
-a partir de ahora nos ducharemos más veces juntos- dijo antes de levantarse y empezar a recoger la mesa.
Me dirigí al salón para sentarme en el sofá, por la ventana vi que ya era de noche y había luna llena.
Un minuto después, Shaoran se acercó y se tumbó en el sofá apoyando su cabeza en mi regazo.
-¿has comprado los billetes?- preguntó cuando lo miré a los ojos.
-sí, ya está todo listo-.
En unas semanas empezaba nuestro mes de vacaciones y habíamos decidido pasarlo en Japón visitando a nuestra familia y amigos.
Desde que nos fuimos no habíamos podido ir de visita y los dos estábamos deseando volver a verlos, hasta Shaoran tenía ganas de ver a sus padres.
Ya se llevaban bastante mejor aunque yo seguía sin poder tragarlos, pero los toleraba porque no me quedaba otra.
Suspiré al pensar en que tendría que pasar un mes entero con ellos, mis padres no permitirían que Shaoran se quedara conmigo en su casa y yo no estaba dispuesta a estar un mes sin dormir con él a mi lado.
Una de sus manos empezó a acariciar mi mejilla.
-tranquila, si se atreven a decirte algo que no me guste los mataré-.
Sonreí al escucharlo.
-nunca matarías a tus padres- respondí enredando mis dedos en su pelo.
-por ti sí-.
Le tiré de un mechón hasta que lo escuché quejarse.
-no digas esas cosas, parece que estás loco-.
-y es cierto, estoy loco por ti-.
Puse los ojos en blanco y escuché la risa de Shaoran.
-tendrás ganas de verlos a todos, ¿no?- me preguntó.
-sí... les echo de menos, sobre todo a Eriol y a Rei- respondí volviendo a mirarlo.
-Touya va a pedirle que se case con él-.
El corazón se me paró por la sorpresa.
-¿en serio?-.
-sí pero no puedes contar nada, es un secreto y se supone que yo no podía decírtelo-.
Asentí y le respondí -un poco rápido...¿no?-.
Según mis cuentas apenas llevaban un año juntos.
Shaoran se encogió de hombros.
-Touya es así, no quiere esperar más-.
Me perdí en mis pensamientos intentando imaginar la reacción de Rei cuando se lo pidiera, mi amiga no era de esas que sueñan con su boda ni nada de eso aunque cada vez que hablaba con ella la notaba más enamorada de Touya.
Shaoran se incorporó y me levantó un poco hasta colocarme en su regazo.
Se acercó más a mí y cuando nuestras narices se rozaron susurró -¿y tú, quieres que yo te lo pida?-.
Un escalofrío me recorrió la espalda y escuché una risita suya al darse cuenta.
-yo... eso para mí no es importante- respondí con la voz entrecortada.
La verdad es que no me imaginaba haciendo algo así con Shaoran, no me gustaban nada las ceremonias ni estar rodeada de mucha gente.
Shaoran me besó unos segundos y sin apenas separarse dijo -para mí ya es como si fueras mi mujer-.
Otro estremecimiento me recorrió al oirle decir eso.
Noté su sonrisa sobre mis labios y susurró -bésame, señora Li-.
Solté un bufido y lo escuché reír otra vez.
-sobre mi cadáver-.
-nunca digas nunca, Sakura- respondió Shaoran antes de que nos fundiéramos en un beso.
Tenía razón, después de decir muchas veces que no volvería a estar con él me había tenido que tragar mis palabras.
Lo estrujé entre mis brazos y el beso se volvió más intenso, mientras estuviéramos juntos todo estaría bien.
FIN
Ya si hemos llegado al final 😊
Nos vemos en la próxima historia que se le ocurra a mi cabecita 😋 ya la estoy pensando y creo que incluiré la magia de Sakura y Shaoran
Hasta pronto
