Los personajes y lugares fueron creados por J.K. Rowling, yo sólo cambio la historia.
¡A leer!
¿Destino?
- Últimamente…- pausó y dudó por unos segundos. – Blaise ha estado muy atento a mis movimientos- mi corazón se detuvo y apreté la mandíbula. Realmente no entendía que es lo que Zabini se traía entre manos, pero ver que Malfoy sospechaba de él al igual que yo, hacía que la cosa comenzara a tornarse un poco macabra.
- ¿Por qué lo dices? – tal vez él sabía algo que yo no. Comenzó a lanzar miradas alrededor, se veía nervioso.
- Es por eso por lo que quiero verte en privado… ya no me siento seguro encontrándome contigo en el castillo… - la urgencia de vernos a escondidas comenzaba a cobrar sentido, yo también tenía cosas que contar sobre Zabini y su extraño comportamiento, seguramente Malfoy podría explicármelo.
Él había agachado la mirada, tenía miedo. Me parecía extraño verlo de esa manera, siempre creí que él era el rey de la casa de Slytherin y que nadie podría intimidarlo. Algo muy malo debe de estar pasando, ¿Zabini sabe de lo nuestro? ¿estará chantajeando a Malfoy…?
Varias preguntas comenzaron a invadir mi cabeza y mi estómago sentía cosquilleos. Tenía muchas dudas que necesitaba aclarar y más que nada, tenía que ayudar a Malfoy.
Busqué su mano por debajo de la mesa y lo miré fijamente. Al sentir mi mano la tomó de inmediato y su mirada se clavó con la mía.
- Entonces, ¿el domingo a las 10? – dije lo más segura que pude y el asintió casi de inmediato.
Apretó con un poco más de fuerza mi mano y después se puso de pie. Con las facciones de su rostro más relajadas, metió sus manos en los bolsillos y se puso a un lado de mí. Cerciorándose de que no hubiera ningún mirón, se agachó para darme un beso veloz en la mejilla y salió de la biblioteca sin mirar atrás.
No habíamos hecho ningún trato respecto a ya no vernos hasta el domingo, sin embargo, entendía que ese era el plan una vez que lo veía dándome la espalda en el gran comedor. Debíamos ser más discretos debido a la situación, a pesar de que yo no entendía en su totalidad la "situación" en la que estábamos.
La noche anterior muchas dudas habían usurpado mi cerebro. Todo comenzó con las intenciones de Zabini, después siguieron las dudas de qué tanto debo confiar en Malfoy para luego rematar con un "¿es esta la relación que quiero?", "¿en serio preferí esto sobre mi relación con Ron?".
Quería indagar más, acercarme más al fondo de esto, cosa que debí hacer desde un principio, pero no tenía en quién confiar y la única persona al tanto de la situación estaba dándome la espalda mientras comía con el que se podría considerar como el enemigo. No quedaba nada más que esperar al domingo.
Las clases eran eternas y mi concentración falló en cada una de ellas. Escuchaba que mis amigos hacían planes a la hora de la comida y yo sólo asentía automáticamente. Existiendo muy a fuerzas fue como pasé el miércoles esperando a que la noche hiciera lo suyo y llegara el jueves.
Llegó el jueves y no fue muy diferente al día anterior. Sólo veía la espalda del Slytherin, las risas de mis amigos y a los maestros hablar al frente del aula. Los deberes los hacía casi sin ver, sin estar totalmente segura de que estuviera realizándolos cómo debería.
Cayó la noche y hoy era mi turno de guardia como prefecta. Ron no podría acompañarme el día de hoy porque él había hecho guardia la noche anterior y, a pesar de que creí que ya había olvidado el incidente con Zabini, las dudas que rondaban mi cabeza me hicieron recordar el miedo que había provocado su presencia aquella noche en la cual Ron me había salvado. ¿De qué me salvó? No tengo idea, pero así fue como sentí su llegada la noche del domingo.
Caminaba por los pasillos con la concentración que me había faltado últimamente en clases, al menos estaba segura de que no había desaparecido para siempre…
Evitaba el pasillo en el cual había tenido mi encuentro con Zabini. Era curioso, en la semana debí haberlo pasado unas veinte veces, sin embargo, hoy era diferente, hoy estaba consciente de que nadie me escucharía, nadie me encontraría…
Me quedé quieta, analizándolo. No tenía nada en especial, de hecho, era como cualquier otro pasillo. Caminé hacia él y una vez que llegué a la mitad, no pude evitar reír al sentirme como una niñita con temor a algo que no tendría por qué dar miedo. Unos pasos a mis espaldas me sacaron del pensamiento de "te mereces un helado por tu hazaña" y giré para sorprenderme.
Malfoy y Zabini habían entrado con paso seguro cómo si fuera horario matutino. Malfoy no se veía nada sorprendido de que yo estuviera ahí y Zabini, él tenía una sonrisa juguetona y sus ojos brillaron en cuanto me vieron.
Intenté decir algo, pero al ver mi intención, Zabini se llevó un dedo a los labios y entre sus dientes apenas separados, dejó salir un "shh", cosa que hizo que mi sangre comenzara a hervir.
Justo al pasar a mi lado, casi sin que pudiera notarlo, Malfoy rosó ligeramente mi mano con la suya sin dejar de mirar hacia enfrente, sin hacer ningún gesto con su rostro, sin articular ninguna palabra.
Zabini soltó una carcajada y Malfoy lo tomó del cuello de la camisa y lo empujó al dar vuelta en el pasillo para después desaparecer junto con el sonido de sus pasos.
- Fui una estúpida – susurré. Llevé mis manos a la boca y sentí como toda la sangre se iba a mis pies.
Están jugando conmigo…
Y ahora todas mis dudas de repente tenían respuestas. Cómo si hubiera despertado con un baldazo de agua fría.
Toda esta extraña situación no había comenzado con la actitud de Zabini, comenzó con Malfoy acechándome en los pasillos de la biblioteca y diciendo cosas indebidas, comenzó con Malfoy mostrándome una faceta de su personalidad que ahora no sabía si era real. Mi amistad con Malfoy comenzó no muy diferente a lo que Zabini había intentado hacer en repetidas ocasiones.
Fui cegada por sus estúpidos métodos de conquista y la sensación de romper las reglas por el simple hecho de estar con él, por ser prohibido. Fui cegada porque él estaba cuando nadie lo hacía y porque me permitía consolarlo, fingir que me necesitaba.
El pasillo maldito comenzó a girar y no tuve otra opción más que sentarme en el suelo para procesar todas las mentiras que me había tragado sin siquiera poner un poco de oposición. No sabía si lo que sentía era tristeza, un agujero en el pecho o la ira más pura que jamás había sentido en mi vida.
Todo este tiempo había idealizado a un Draco Malfoy que no existía, un Draco Malfoy que tenía la esperanza de que viviera dentro de la serpiente que siempre alardea ser y que sólo yo había logrado descubrir.
Recogí mis piernas para rodearlas con mis brazos y recargué mi frente en mis rodillas. Cerraba los ojos con fuerza, el coraje era tanto que no salían lágrimas de ellos, simplemente aumentaba la temperatura de mi rostro y la respiración era pesada.
La imagen de sus ojos grises era lo que mi cerebro había creído, incorrectamente, que era lo más prudente de proyectar. Llevé mis manos a mis ojos como intento por borrar lo que veía sin ver y justo en este momento las lágrimas comenzaron a inundar mis párpados.
De los ojos grises se pasó a los finos labios que ya habían aparecido en sueños y comenzaba a odiarme por eso…
- Granger… - susurró mientras sacudía mi hombro y yo levanté la mirada sorprendida. Los ojos grises y los rosados labios que mi mente utilizaba para torturarme habían aparecido a centímetros de mi cara. - ¿Estás bien? – dijo confundido y yo ya no le creía nada.
Lo miré por unos segundos, analicé su rostro como nunca, buscaba indicios, algo que lo delatara, algo que me asegurara de ya no creer nada porque, a pesar de que ya me sentía una estúpida, una parte de mí caía aún más bajo creyendo que el Draco Malfoy que había conocido estas últimas semanas no sería capaz de hacerme daño…
- ¿Por qué lloras? – sus cejas se fruncían hacia arriba y sus ojos estaban dilatados. Se sentó frente a mí cruzando las piernas y colocando sus manos en mis tobillos. Era bueno fingiendo…
- No es nada… - limpié las lágrimas de mis mejillas con el dorso de mis manos. – Vi por la ventana cómo una lechuza se comía a un ratón… - frunció aún más el entrecejo y se giró un poco para ver hacia el ventanal del pasillo. Regresó la mirada hacia mí y me miró un poco confundido.
Suspiró y llevó su mano a mi cabello, cómo acto reflejo me alejé un poco, confundiéndolo aún más. Llevó sus manos a sus rodillas, sin intentar tocarme de nuevo, dándome espacio.
- ¿Es por lo de Blaise? – soltó de la nada y me tomó por sorpresa. – Créeme que no entiendo la forma en la que está actuando, lo he estado vigilando – agachó la mirada y recargó sus manos que, había colocado detrás de sí, en el suelo.
Su mirada no volvió a la mía y se veía incómodo, cosa que podía confirmarme lo que estaba sospechando, él sabía exactamente por qué Zabini actuaba de esa manera.
Me puse de pie y le tendí mi mano para ayudarlo a incorporarse. Él se levantó por su parte y tomó mi mano, me llevó hacia la pared del pasillo y él recargo su espalda mientras entrelazaba sus dedos con los míos.
Debo admitir que las mariposas estaban causando estragos en mi estómago, pero mi cerebro seguía punzando por la ira que le provocaba el ser tomado cómo algo fácil de controlar.
Él mostró una pequeña sonrisita y yo me las arreglé para que mis labios parecieran sonrientes, por dentro, mis dientes casi rechinaban.
Me acercó a él y acarició mi mejilla mientras observaba mis labios. Sus ojos pasaron a mis ojos y estaba impresionada por la dulzura que su mirada podía llegar a fingir.
Se acercó hasta rozar mis labios y pasó su mano de mi mejilla a mi cuello y de mi mano a mi cintura, intensificando un poco más el beso, pero sin dejar atrás la delicadeza con la que lo había empezado. Se separó un poco para analizar mi rostro y volvió a clavar su mirada con la mía…
- Creo que te quiero…- dije mientras lo miraba fijamente. Tres podían jugar este estúpido juego.
Él llevó ambas manos a mis mejillas y me observó por unos segundos que parecieron eternos, incluso llegué a pensar que no diría nada, cómo la vez que intenté desahogarme con él con respecto a mi ruptura con Ron…
Besó mi frente y me rodeó con sus brazos.
– Creo que yo también te quiero…- añadió mientras recargaba su barbilla en la coronilla de mi cabeza y pude sentir un ligero suspiro, un suspiro de resignación.
Mi sangre hervía con mayor intensidad, incluso tenía la sensación de que toda mi piel tenía un tono incandescente. Quería gritarle, demostrarle que conmigo no se juega… pero debía esperar, el plan de verlo a solas el domingo no me parecía tan malo después de todo.
- Debo irme – dije separándome. – Mi turno de guardia está por terminar – él me miró cómo si no esperara que me fuera tan pronto.
- Si… yo… debo irme también… - dijo con torpeza, pero una vez que lo notó, recuperó la compostura. - Nos vemos Granger – robó un pequeño beso de mis labios y con las manos en los bolsillos del pantalón se alejó de mí.
Llegó el viernes y la Hermione Jean Granger llena de dudas había salido de la sala, en su lugar, se encontraba una Hermione Jean Granger poseída por el espíritu de la venganza. Las constantes preguntas de días anteriores se habían convertido en planes para hacer la vida imposible de los Slytherin que creyeron ser más listos que yo.
Claro, la Hermione vengativa tenía sus altibajos, su sed de venganza no implicaba el olvido de un corazón roto, ahí era cuando volvía la Hermione dolida y con esperanza, la de las dudas y a la cual intentaba encerrar en un espacio de mi mente en el cual no le estorbara a la Hermione vengativa… Okay, tengo que parar de hablar en tercera persona…
- Hermione, ¿vienes? – Ginny me sacó de mis pensamientos y me observaba extrañada.
- Sí, claro – me levanté de mi asiento y seguí a Ginny hasta salir del gran comedor.
- Últimamente te he notado rara – dijo con el ceño un poco fruncido. – estás muy metida en tus pensamientos –
- Lo sé, lo sé… tenemos mucho sin pasar un rato a solas – sonreí. Mi relación con Ginny había cambiado desde mi ruptura con Ron, ella estaba muy emocionada por lo nuestro, aunque dejara claro que le parecía repugnante imaginarse a Ron como un novio.
- Supongo que es incómodo ¿no? – preguntó y yo sabía que se refería a el fin de mi relación con Ron.
- Debo admitir que me lo imaginaba peor – claro, ignorando el hecho de que lo arruiné todo por un rubio que no valió la pena.
- Debo pedirte una disculpa – dijo Ginny mientras se ponía delante de mí, deteniendo la marcha. – Tu relación con mi hermano no tuvo por qué afectar nuestra amistad, tú tuviste tus razones para terminar con él y yo no debería juzgarte - su rostro se veía sincero.
- No te preocupes por eso, ya todo está bien – sonreí, si supiera que dentro de mí nada está bien… Pasé mi brazo por debajo del suyo para hacer que se girara y continuar caminando por los pasillos. – Ahora dime, ¿tienes alguna confesión? – dije sonriente. Ginny tenía algo que confesar, era evidente porque la disculpa ya ni siquiera era necesaria, estaba de más. Normalmente, Ginny empezaba con una pequeña confesión para dar seguimiento con algo más jugoso, sus ataques de sinceridad comenzaban con pláticas inocentes que llevaban a un ambiente más confidente.
- ¿Qué te hace pensar eso? – dijo con una enorme sonrisa en el rostro, fingiendo que mi pregunta la había ofendido.
- Nada… - me encogí de hombros sin poder borra mi sonrisa. – Sólo fue una pregunta inocente-
- ¡Ay, ajá! – me empujó levemente sin deshacer nuestros brazos entrelazados. – El domingo pasaré la tarde en Hogsmeade con el señor Potter – dijo sin poder evitar una sonrisa tímida. Yo abrí mucho la boca, realmente era algo esperado y para nada una sorpresa que ellos terminarían juntos, pero el tiempo pasaba y ninguno de los dos tomaba la iniciativa, hasta ahora. Me sentía feliz tanto por ella como por Harry, creía que eran el uno para el otro y que ella era la única capaz de tolerar el lío que rodeaba la vida de Harry James Potter.
Entre mi felicidad no pude evitar pensar en cómo me gustaría tener la libertad de confesar al igual que ella… yo también tenía una cita con alguien… si a eso podría llamarle cita… pero, todo sería más fácil si ella estuviera al tanto como la vez que espiamos a Pansy…
- Sé lo que estás pensando, "¿qué pasa con Dean?" – dijo con un pésimo intento de imitación de mi voz. – Él se dio cuenta de que lo nuestro ya no era lo mismo – se encogió de hombros.
- Tranquila, él tendrá sus razones, no deberíamos juzgarlo – me burlé y recibí otro empujoncito por parte de Ginny. – Estoy muy feliz por ustedes Ginny – sonreí y ella sonrió. - ¡Ya era hora! -grité e inmediatamente me separé de ella para esquivar un tercer empujón, además, tenía que tomar ese pasillo para llegar a mi clase.
- ¡Ya encontraremos alguien para ti! – dijo cuando le había dado la espalda para dirigirme al aula correspondiente.
- ¡Oye! – giré bastante avergonzada, el pasillo estaba repleto de estudiantes y nuestra conversación ya no estaba siendo para nada privada. Ginny soltó una carcajada y se giró para seguir su camino no sin antes lanzarme un beso burlesco.
Negué con la cabeza y en cuanto giré hacia mi destino, Malfoy apareció de la nada para estampar su pecho contra mi cara.
- Debo admitir que ya me parecía raro que no te aparecieras de esta manera Granger – es una suerte que no usara maquillaje porque este hubiera quedado embarrado en la camisa del platinado.
- ¿Aparecer? Venías viendo hacia enfrente, tenías que haberme visto ¿tus ojos no funcionan Malfoy? – dije sin poder disimular el coraje que se había acumulado en mi ser. Malfoy no pudo disimular una pequeña sonrisa, por alguna extraña razón se veía divertido.
- Cuida tus palabras Granger – intentó decirlo en un tono serio, pero inmediatamente mordió el interior de su mejilla.
Me acerqué a él, con mi cara punzando por el golpe y me puse de puntillas para intentar alcanzar su oído. Él se inclinó un poco al ver que ni siquiera de puntillas podía alcanzarlo y había mandado su cara de seriedad al carajo.
- Tú deberías cuidar por dónde caminas – el alumnado alrededor coreó un "¡uuuuuuuh!" que llamó la atención de los estudiantes que iban pasando, haciendo que varios mirones se acumularan a nuestro alrededor.
Malfoy llevó su mano hacia su nariz en un intento de disimular su sonrisa coqueta y yo me alejé para seguir mi camino. En cuanto notó que un inocente estudiante se reía de la humillación, lo tomó del cuello de su camisa para escupir un "¿qué es tan gracioso?" y después alejarlo con fuerza, haciendo que la pequeña multitud se dispersara y todo continuara con normalidad.
Al final del pasillo, justo en la entrada del aula, Harry y Ron me miraban perplejos.
- ¿Por qué tanto alboroto? – preguntó Ron viendo detrás de mí.
- Le di su merecido a Malfoy – dije triunfante por mi pequeñita victoria.
- ¡Eso Hermione! – me animó Harry mientras entrabamos al aula.
- Por favor dime que le diste otro puñetazo… - insistió Ron.
- Fue algo más sutil, pero oye, tomaré eso como una sugerencia para la próxima – ellos rieron y lo tomaron como broma, pero yo hablaba muy en serio…
El viernes había terminado y el sábado había llegado. Era una mañana fría, la primera nevada del año y, ¡vaya nevada!
Me enrollé en mi cobertor, me puse mis acolchonadas pantuflas y observé por unos minutos la ventana. A lo lejos, el sauce boxeador sacudía ligeramente sus ramas para evitar el acumulamiento de copos de nieve. Un cosquilleo en mi abdomen se sintió al pensar que el día de mañana en la noche debía estar al pie de ese enorme árbol para decir lo que ya no podía callar, demostrar que se habían metido con la persona equivocada y que no habría segundas oportunidades.
¡TOC! ¡TOC! ¡TOC!
- ¡Hermione! – abrí la puerta de mi habitación y Ginny entró como un torbellino, escupiendo palabras a 100 kilómetros por hora.
- ¿Hola? – dije sin soltar mi acolchonado cobertor color guinda que me hacía sentir como un burrito recién hecho y calientito.
- ¡Tenemos qué desayunar para regresar y escoger el atuendo ideal! – y todo tomó sentido, estaba nerviosa por su cita de mañana.
- Si claro… - bostecé. – Sólo debo vestirme…-
- ¡No hay tiempo! – me tomó por sorpresa, despojándome de mi acogedor caparazón compuesto de algodón y me sacó de mi habitación sin darme tiempo para renegar o… ¡VESTIRME DE UNA MANERA DECENTE!
- ¡No puedo salir así Ginny! – dije haciendo un intento para nada efectivo.
- Todos siguen dormidos, nadie te verá – rodó los ojos sin aflojar el agarre con el que me privaba de mi libertad.
- Claro, no importa… cómo tú si estás presentable – bufé.
La sala común se encontraba totalmente vacía, claro, nadie en su sano juicio abandonaría su cama en una mañana tan fría como la de hoy…
Ya que estábamos cerca del gran comedor y Ginny consideró que ya no pasaría por mi cabeza el regresar a mi habitación, liberó mi mano y fue hasta ese momento en el que pude intentar domar a la bestia que se encontraba muy cómoda en mi cabeza. Lo había intentado con anterioridad, pero mi brazo aún dolía al estirarlo…
- Aquí – indicó Ginny entrando al gran comedor, en el lugar más cercano a la puerta principal.
Tomamos asiento y yo inmediatamente tomé una taza de chocolate caliente. Ginny se veía muy cómoda con su gorro, bufanda y suéter tejidos por su madre mientras yo intentaba no dejar escapar el poco calor que mi pijama, chillantemente violeta, podía acumular.
Ginny comenzó a comer como si se tratara del mismísimo Ronald Weasley, la única diferencia es que ella no perdía el tiempo intentado entablar una conversación con la boca llena. Realmente estaba nerviosa…
El gran comedor se encontraba vacío al igual que todo Hogwarts, al parecer, hasta que la persona que menos esperaba encontrar despierta apareció para interrumpir un "ameno" desayuno con mi mejor amiga.
Malfoy se detuvo en la puerta y observó el lugar hasta detener su mirada en mí. Sonrió y mordió sus labios para después llevar su mano a su boca y afinar la garganta. De inmediato recuperó la compostura, pero sus ojos no habían apagado el brillo de diversión que se iluminaron al verme.
Rodé los ojos ¿ahora cómo será posible intimidarlo el día de mañana? ¡Parezco una maldita berenjena!
Caminó hacía un lugar lejano en la mesa de Slytherin, pero esta vez, ignorando lo que se había vuelto una tradición esta semana, se sentó viendo hacia mí, sin darme la espalda… ¡Justo hoy!
El desayuno se había vuelto muy incómodo, a pesar de los ruidos ensordecedores que Ginny hacía mientras masticaba todo lo que se le pusiera enfrente, lograba escuchar cómo Malfoy hacía uso de los cubiertos para tomar su desayuno de una manera muy elegante. Seguramente estaba acostumbrado a comer así en su hogar, pensé.
De un momento a otro, dejaba de lado el cubierto y tomaba una pluma para hacer una pequeña anotación en un trozo de pergamino que no vi de dónde había sacado. Me observó por unos segundos, sonrió y tomó el cubierto para llevar un trozo de pan francés a su boca para después sonreír de nuevo con un bultito en su mejilla. Me parecía irritante, aunque sabía que eso me derretía.
- Deberíamos irnos – solté volteando a ver a Ginny, quien estaba limpiando los restos de comida de su plato con un trozo de pan tostado. Siguiendo su ejemplo, la tomé de la muñeca y la saqué del gran comedor justo como ella me había arrancado de la comodidad de mi habitación. Justo antes de levantarse de su asiento alcanzó a tomar un bollito de chocolate, cosa que la hizo no mostrar tanta resistencia a mi jaloneo. No podía verlo, pero estaba cien por ciento segura de que Malfoy reía al ver la escena. Bufé.
- Tranquila, tranquila… - dijo Ginny al no lograr seguir mi paso. -… ya voooooy –
Llegamos a la sala común y esta seguía vacía. Corrí a gran velocidad por las escaleras hasta llegar a mi habitación, tomé un cambio rápido de ropa y me puse tres suéteres encima y un gorro para disimular mi enmarañado cabello.
A pesar de la mañana desastrosa, la tarde de chicas había sido divertida. Cómo se lo había comentado a Ginny, ya hacía falta pasar un tiempo juntas.
Al caer la noche la pasamos frente a la chimenea en la sala común con Harry y Ron. Ginny y yo habíamos ideado un plan para que Harry y Ginny pudieran ir a Hogsmeade sin personas que estuvieran detrás de ellos interrumpiendo su momento. Consistía en convencer a Ron para que se quedara en Hogwarts conmigo bajo la excusa de que quería aprender ajedrez mágico para enseñarle a mi padre a jugar en las vacaciones de invierno.
- Creí que ya sabías… - dijo confundido. Harry sólo observaba la escena sin decir nada, lanzando miradas de complicidad tanto a Ginny como a mí.
- Realmente no me interesaba porque creo que es horrible, pero… -
- ¿Entonces por qué hacerte sufrir…? –
- Mi padre quiere saber más sobre este mundo… - interrumpí. - … haremos una noche de juegos… - me encogí de hombros creyendo que no lo lograría convencer.
- Está bien…- dijo resignado. – Agradezco que te hayas acercado al mejor – dijo con aire de superioridad mientras se recargaba en el respaldo del sillón con sus manos cruzadas detrás de su nuca. Un almohadazo propinado por el mismísimo Harry Potter aterrizó en su cara haciéndolo perder la compostura y haciéndonos reír a todos.
La velada había sido demasiado agradable, parecían meses desde que no reíamos juntos y que no se sentía tanta tensión en el ambiente. Al final, nos venció el cansancio y decidimos ir a dormir, el domingo prometía ser un día lleno de aventuras.
Al entrar a mi habitación noté que algo picoteaba en la ventana, me acerqué y al abrirla, un prominente búho de intensos ojos naranjas y plumaje oscuro me esperaba con un pergamino enrollado atado a su pata. Tomé el pergamino y el búho sacudió la nieve que había caído en él mientras esperaba para después emprender el vuelo.
Desaté el nudo que mantenía amarrado el pequeño pergamino y dejó ver un texto corto con una estilizada caligrafía.
"Querida Granger:
Bonito pijama.
P.d. Recuerda que el día de mañana tienes una cita.
Atentamente:
Draco Delicius Malfoy"
Volví a leer la nota tres veces más porque realmente no sabía qué pensar. En primera, ¡qué vergüenza recordar que me vio en pijama! Segundo… ¿en serio no nota que estoy furiosa? … y Tercera… ¡¿DELICIUS?!
Debo admitirlo, sonreí como una tonta y eso me decepcionaba bastante de mí misma, ¡debía odiarlo! El sujeto, aunque ha tenido buenos detalles, es importante recalcar que seguramente, nada comprobado, pero totalmente segura, estaba jugando conmigo. Él y Zabini se traían algo entre manos y ya sólo faltaban menos de 24 horas para averiguarlo.
Desperté a la mañana siguiente con la nota de un tal "Delicius" en la mano. Tratando de reprenderme la partí en pequeños pedazos y la lancé por el retrete.
- Mantén la cabeza fría Hermione- susurré y unos golpes en la puerta me tomaron desprevenida.
Abrí la puerta de mi habitación y, cómo siempre, Ginny entró como un torbellino.
- Bien, ¿cómo me veo? – se detuvo en el centro de mi habitación estirando ambos brazos para que pudiera apreciar su vestimenta, la cual ya había visto un día antes porque yo misma le ayudé a elegirla.
Comenzó a girar y dar pequeños brinquitos como una niña feliz bajo la promesa de un paseo en el parque. Ginny llevaba un suéter de tortuga marrón con mangas largas que cubrían sus manos vestidas por unos guantes negros los cuáles combinaban con su boina, sus botas y su falda, la cual caía sobre unas medias oscuras que cubrían sus piernas. Su cabello, ojos y sonrisa brillaban cómo nunca y no pude evitar sonreír al verla.
- ¿Vas a llorar? – dijo burlona.
- ¡Por supuesto que no! – admito que se asomó una pequeñísima lágrima en mi ojo. - ¿A qué hora salen? – pregunté para cambiar de tema y limpiar la lágrima disimuladamente.
- En una hora - dijo sonriente. – Estoy lista desde las cinco de la mañana –
- No puedo creer que no intentaras algo con Harry desde hace tiempo – dije al ver lo emocionada que estaba. Ella rodó los ojos y se sentó en mi cama.
- No creí que él me viera de esa manera – se encogió de hombros. – Actúe cómo toda una fan la primera vez que lo vi – se burló al recordar. Me senté a su lado y sonreí.
- Seguramente él no lo vio de esa manera –
- Sí, claro – rió.
La hora había pasado y Ginny salió de mi habitación con una enorme sonrisa en la cara. Yo me preparé para bajar a desayunar y después verme con Ron para unas largas horas de lecciones de ajedrez mágico.
Al regresar del gran comedor me senté en el sillón frente a la chimenea en la sala común. Varios alumnos caminaban de aquí para allá disfrutando de un domingo libre de deberes escolares.
Esperé unos minutos más, pero Ron no aparecía, lo cual ya me parecía bastante extraño hasta que Errol aterrizó de una manera muy descuidada en la ventana que se encontraba a un lado de la chimenea. Algo estaba mal.
Me levanté del asiento para acercarme a Errol. Abrí la ventana y tomé la pequeña nota que llevaba en su pata esperando que no fuera un mensaje de Ron en el que explicaba que se había escapado a Hogsmeade arruinando la cita de su hermana y mejor amigo…
"Hermione:
Te estoy esperando en el gran comedor…
- Ron"
Un largo suspiro de alivio salió de entre mis labios y sin perder más el tiempo, me dirigí al gran comedor.
- Creí que eras puntual Hermione – reprochó Ron en cuanto me vio llegar.
- ¿Disculpa? – dije sin poder evitar el alterarme un poco. - Cambiaste de planes en último momento, la cita era en la sala común… - tomé asiento y crucé mis brazos sobre la mesa.
- Recuerdo muy bien que anoche acordamos que sería aquí, en el gran comedor – dijo con sus facciones cada vez más endurecidas.
- No Ronald, acordamos que sería en la sala común… - fruncí el ceño y el duelo de miradas había comenzado. Él cruzó sus brazos sobre la mesa al igual que yo y entrecerró los ojos.
- Al parecer ya volvimos a ser los mismos de antes – dijo con una ligera sonrisa después de unos segundos sin que ninguno cediera. Le di un empujoncito en su brazo y comenzamos a reír.
- Será mejor que empecemos ya – comencé a apartar los platos casi relucientes que Ron había dejado al desayunar.
- Sobre eso… el tablero está en la sala común… - dijo Ron con una sonrisa no muy convincente y yo sólo rodé los ojos.
Pasamos la mañana junto a la chimenea intentando mantener una buena partida de ajedrez mágico. Mi corazón se estrujaba cada vez que una pieza tenía que ser destruida por una mala jugada de mi parte.
- Tengo entendido que el ajedrez muggle no es muy diferente a este – dijo Ron después de unas largas horas de batallas fácilmente ganadas. – ¿Nunca lo has jugado? – me observaba aburrido, pero disimulándolo con falsa curiosidad con su rostro recargado en su mano.
- Lo he jugado, sólo que este me parece más difícil – dije mientras intentaba concentrarme para mi siguiente jugada.
- ¿Cómo puede parecerte más difícil? ¡Es exactamente lo mismo! – se recargó en el respaldo de la silla y se cruzó de brazos. – Hasta se podría considerar más sencillo porque no es necesario que tu misma muevas las piezas – se encogió de hombros.
- No quiero que tus piezas destruyan a las mías, pero tampoco quiero destruir las tuyas… ¡pobrecillos! -Ron bufó.
- Son sólo piezas – se burló. – Después se reparan y quedan como nuevas, además…-
- Peón, G5 por favor- un pequeño peón se movió para nada convencido hacía la casilla indicada.
- … los estás dejando cumplir con su propósito – continúo Ron observando a la pequeña pieza en movimiento. – Y creo que si no estás dispuesta a dejar que las piezas cumplan con ese propósito…, Caballo A3 – uno de sus caballos siguió las órdenes con notorio orgullo. - … sería mejor que en la noche de juegos con tu familia utilicen la versión muggle – se encogió de hombros mientras el caballo acorralaba a mi rey en una esquina del tablero. – Jaque mate –
- ¡Ugh! – exclamé molesta y Ron ya ni siquiera sonreía al ganar, había perdido la diversión desde ya hace varias horas atrás.
- ¿Qué tal si tomamos un descanso y vamos por algo de comer? – dijo mientras acariciaba su abdomen tratando de domar a la bestia que comenzaba a alborotarse en su estómago. Asentí y nos dirigimos a tomar el almuerzo.
- Bueno, viendo que no hay mucho más qué hacer por ti en el ajedrez mágico, alcanzaré a Harry y Ginny en Hogsmeade, ¿vienes? – dijo justo al terminar el almuerzo y yo intenté disimular mi sobresalto.
- Ahora quiero aprender Quidditch – dije sin saber qué más decir. Ron inmediatamente frunció el ceño y negó con la cabeza.
- ¡¿Estás loca?! Tú brazo no se ha recuperado, eres pésima volando en la escoba y el clima allá afuera complicará todo – reprochó.
- Pero… -
– Además… - interrumpió. - …con la experiencia de la última vez, no pienso volver a tocar un balón cerca de ti – se cruzó de brazos, considerando esa discusión terminada y yo me quedé sin argumento para defenderme.
- Ya es muy tarde para ir a Hogsmeade – dije como último recurso y me encogí de hombros. Ron miró hacia el techo del gran comedor el cual llevaba cubierto de nubes grises todo el día y analizó la situación por un momento.
- Tal vez tengas razón. – dijo sin despegar sus intensos ojos azules de las nubes y yo sentí un gran alivio. – Veré qué están haciendo Seamus y Dean – me miró. – La situación ya no es tan tensa con Dean desde que dejó de salir con Ginny – explicó tranquilo y yo no pude evitar pensar en cómo tomaría la noticia cuando sepa que, de hecho, Harry está saliendo con su hermana… justo en este momento... - ¿Te veo en la cena? – asentí de inmediato, sintiendo que si abría mi boca diría imprudencias de las cuales Harry y Ginny me harían arrepentirme.
Ron dio un golpecillo en la mesa con sus dedos, se levantó sin más y salió del gran comedor.
Al apartar mi mirada de la puerta del gran comedor, sentí que alguien me observaba. Al otro lado de la habitación, Zabinni me miraba sin disimulo y un escalofrío erizó los vellos de mi piel. Si me levantaba en este momento, seguramente iría tras de mí, o al menos esa sensación tenía.
Aparté mi mirada y observé alrededor, no había muchos alumnos, pero tampoco podría considerarse que el gran comedor estaba vacío, cosa que de alguna forma me hacía sentir más segura, ignorando el hecho de que la incomodidad iba en aumento al notar que Zabinni no planeaba dejar de observarme y que a su molesta mirada se había unido su característica sonrisa.
Después de varios minutos que me parecieron horas y de que el gran comedor se veía cada vez más vacío, Malfoy hizo acto de presencia distrayendo totalmente la mirada de Zabinni, ya que Malfoy había decidido sentarse justo delante de él, estropeando completamente su vista hacia mí. Fue en ese momento que me levanté y salí del gran comedor a una velocidad no muy rápida para no llamar la atención, pero tampoco tan lenta.
Decidí caminar hacia la biblioteca mientras mi mente entraba en una revolución. Ya no estaba segura de ver a Malfoy. Las dos serpientes me ponían de nervios, una más que la otra, pero el pensamiento de que trabajaban en equipo realmente me inquietaba.
¿Y si lo dejo plantado y no vuelvo a dirigirle la palabra nunca? Eso podría funcionar cómo una buena venganza…
Tomé el primer libro que encontré en el estante de "Historia de la magia" y tomé asiento en el lugar más recóndito de la biblioteca, junto a una pequeña ventana.
Desde la ventana, observaba cómo se mecían los árboles al viento y un ligero chiflido lograba infiltrarse por una pequeña grieta de la ventana. Llevé el libro a mi pecho y lo abracé recargando mi cabeza en la pared.
A lo lejos, una criatura alada volaba por los grises cielos causando que su reflejo bailoteara por la superficie del lago, el cual se veía más oscuro de lo normal y ligeramente turbio por el viento.
Parpadeé y noté que estaba en paz a pesar de la alteración de hace un rato, parpadeé y a pesar de que la vista me parecía gratificante, mis párpados preferían unir mis pestañas inferiores con las superiores. Parpadeé y la criatura voladora se movía más lento, parpadeé y el silbido del viento se volvió más suave, parpadeé y mis ojos se cerraron…
PIC PIC PIC PIC
Desperté exaltada y el libro cayó entre mis pies.
En la pequeña ventana el búho de la noche anterior picoteaba el vidrio mientras intentaba mantenerse de pie en el reducido espacio del alféizar de la ventana. Al notar que su gran tamaño le haría la tarea imposible de posicionarse justo en ese lugar, voló unos cuantos metros a una ventana más grande para picotear el vidrio de nuevo.
Tomé el libro del suelo y caminé hacia el ave mientras me debatía si tomar la nota o no. Al acercarme noté cómo el viento removía el plumaje del búho y él intentaba acurrucarse junto a la ventana para evitar lo más posible las frías corrientes de viento.
Si no tomaba la nota nunca se iría, "déjalo cumplir con su propósito" dije recordando la voz de Ron y abrí la ventana haciendo que el viento entrara furioso a la biblioteca. Tomé rápidamente la nota que el ave llevaba amarrada en su garra e inmediatamente éste emprendió el vuelo. Cerré la ventana con fuerza y la tranquilidad había regresado al lugar, el cual estaba un poco más oscuro ya que algunas velas se habían apagado y que la escasa luz que lograba atravesar las espesas nubes ya se estaba extinguiendo.
Llevé la nota al bolsillo de mi pantalón, coloqué el libro en el estante correspondiente y decidí ir a mi habitación.
Al igual que en la biblioteca, me quedé viendo por la ventana de mi habitación, pero la tranquilidad que había conseguido anteriormente no regresó a mí. Mi estómago hacía cosquillas incómodas que no podía controlar y el bultito provocado por la nota en el bolsillo de mi pantalón comenzaba a estorbar.
No quería leerla, la idea de no asistir a la esperada "cita" cada vez se volvía más atractiva.
Tomé un trozo de pergamino, un tintero y una pluma y acerqué el sillón a la mesita de noche que estaba bajo la ventana.
"Draco LUCIUS Malfoy…"
- No…- taché con fuerza.
"Draco,
Lamento informarte que no podré asistir el día de hoy. Estoy indispuesta.
- Hermione"
- No…- tomé el trozó de pergamino, lo convertí en una bolita y lo hice a un lado.
"Malfoy…
Sé lo que haces y no pienso seguir cayendo en tu estúpido juego.
P.D. Estoy muy molesta y no quiero volver a saber nada de ti.
Sinceramente, Hermione Jean Granger"
- ¡No! – suspiré y taché todo.
PIC PIC PIC
Escuché en la ventana y los redondos ojos naranjas aparecieron por segunda vez en el día. Abrí la ventana, esta vez sin dudarlo, y el ave dejó caer una rosa negra en la mesita de noche, justo encima del pergamino en el que estaba escribiendo, y con su pico tiró un poco de la manga de mi suéter. Tomé la rosa y el búho consideró que su trabajo estaba hecho, se giró y desapareció en la noche.
Cerré la ventana, tomé asiento en mi cama y observé la rosa. A pesar de su aspecto lúgubre, se veía elegante, extrañamente hermosa y olía a… olía a Draco Delicius Malfoy…
- No podría ser más egocéntrico – sonreí.
Llevé mi mano al bolsillo de mi pantalón y tomé la nota sin desenrollar. Aún dudando en abrirla, coloqué la rosa en la mesita de noche y comencé a desatar el nudo que mantenía cerrada la nota.
La estilizada caligrafía no tardó en aparecer una vez que desenrollé el pergamino. Inhalé profundo y exhalé en un suspiro.
"Querida Granger,
Lamento ser insistente, pero necesito asegurarme de que no olvides la cita de hoy. Tengo algo preparado para ti que espero sea de tu agrado y sería una lástima que sea desperdiciado con tu ausencia. Te veo a las 10 en punto.
P.d. Me altera un poco no recibir ninguna respuesta y no saber de ti.
Atentamente:
Draco M."
El cosquilleo en mi estómago había regresado. Pero esta vez no era para impulsarme a inventar una excusa, esta vez había vuelto porque había tomado la decisión de asistir a lo acordado con Malfoy.
Necesitaba una explicación y el acobardarme para evitar escuchar algo de lo que no estaba segura y que temía fuera real no me acercaría ni un poco a la verdad. Además, no debía ignorar la pequeña ilusión creciente por los detalles recibidos el día de hoy. Ilusión que intentaba con todas mis fuerzas no alimentar.
La hora acordada aún no llegaba, sin embargo, comencé a prepararme. Tomé un baño caliente para relajarme un poco y perder el tiempo que quedaba. Me vestí, vendé mi brazo y por encima, coloqué mi túnica y mi insignia de prefecta.
El plan era que, en caso de ser descubierta a las afueras del castillo, inventaría la excusa de que me había parecido ver alumnos por mi ventana vagando por los jardines del colegio. Claro, de igual forma me metería en problemas por no haber acudido a un profesor, pero al menos los haría pensar que fue por una buena causa.
El reloj en mi muñeca indicaba las nueve y treinta, la hora de irme había llegado y me sentía lista. Ajusté los cordones de mi túnica, a pesar de que no era necesario, y salí de mi habitación con paso decidido. La sala común contaba con bastantes alumnos de aquí para allá y salir de ella sin distracciones fue sencillo.
Recorrí los pasillos sin problema, hasta que pasé por las cocinas y el exquisito aroma me recordó que no había acudido a la cena, aunque probablemente me hubiera costado bastante probar algún bocado, Ron seguramente se quedó esperando a que apareciera...
Seguí con paso decidido hasta llegar a la salida del castillo. La noche era bastante fría y el viento lo empeoraba. Al primer paso en el jardín, mi pie se hundió un poco en la gruesa capa de nieve que cubría el césped. Mi cabello picoteaba mi rostro, el cual no lograba proteger del frío a pesar de que mi bufanda de rayas guindas y doradas lo cubría casi en su totalidad.
Con los brazos cruzados sobre mi pecho, como intento de mantener una temperatura agradable en mi cuerpo, caminé hasta llegar a una enorme roca en la cual se encontraba un cuervo que observaba cada uno de mis movimientos.
Al pasar justo por delante, éste soltó un fuerte graznido y voló hacía la dirección a la cual me dirigía y un mal presentimiento se depositó en mi mente, pero decidí seguir. Ya estaba más cerca del sauce boxeador que de Hogwarts y la idea de "ya no hay paso atrás" seguía vigente desde que di mi primer paso fuera del castillo.
Justo al llegar al sauce boxeador me detuve por unos momentos, el reloj indicaba las nueve con cuarenta y seis minutos. Miré alrededor y observé al gran sauce frente a mí. Sus ramas no se movían como era costumbre y el acumulamiento de nieve indicaba que ya llevaba tiempo inmovilizado. Alguien debió ajustar el nudo que lo mantenía tranquilo, lo que me indicaba que probablemente Malfoy ya me estaba esperando.
Caminé hacia él con mis manos dentro de los bolsillos de mi túnica y mi corazón comenzó a latir fuerte cuando logré visualizar la entrada al pasadizo secreto que llevaba a mi destino.
Realmente no tenía ni idea de qué es lo que me esperaba, pero era momento de confrontarlo…
ooOoo
Granger había aparecido al pie del sauce boxeador varios minutos antes de la hora acordada y no pude evitar reír por su excesiva puntualidad. Tardó unos segundos en decidirse a entrar pero al final, entró al pasadizo. Un calor reconfortante recorrió mi cuerpo y más allá del gozo de haber vencido a Blaise en la apuesta, debía admitir que me emocionaba el saber que Granger vería lo que había preparado para ella.
Un rato después de que Granger entrara al pasadizo, me puse de pie saliendo de mi escondite. Miré alrededor esperando a que Blaise diera la cara, él y su estúpida impuntualidad que acababan de perderse mi gran triunfo.
Pasaban los minutos pero no habían indicios de la serpiente. La situación comenzaba a exasperarme ya que tenía planeado seguir a Granger a la casa de los gritos una vez que Blaise comprobara mi victoria pero su retraso comenzaba a estropear mis planes.
Mi mirada pasaba de la entrada del pasadizo al camino por el cual esperaba que Blaise apareciera en cualquier momento. Cada vez me veía más tentado a entrar sin siquiera esperarlo.
Un cuervo comenzó a volar alrededor y su graznido comenzó a inquietarme. Sentía que llevaba bastante esperando y una idea escalofriante invadió mi mente dejándome frío. Blaise no está aquí, él no planeaba encontrarse conmigo...
- ¡Granger...! -
¡Hola! Sé que tardé más de lo normal pero este capítulo me resultó difícil de redactar. En ningún momento tenía pensado que Hermione descifrara que algo estaba mal pero fue algo que fluyó conforme iba escribiendo. Además, me parecía fuera del personaje, considerado como uno de los más inteligentes de la saga, que no notara que algo raro estaba pasando.
Pero bueno, espero que les haya gustado y me gustaría saber qué opinan, este ha sido mi capítulo más largo y vaya que me tomó tiempo.
Espero que todos estén bien.
¡Nos leemos pronto!
La ChancludaM
