Capítulo 23
A la mañana siguiente, Bella salió de sus habitaciones para ir a desayunar sólo para darse cuenta que no sólo la actuación de anoche había reafirmado el enamoramiento de Jake por ella, sino que también tenía algunos reclutas adicionales para añadirle a su lista. Mik, Gio y dos guerreros más a quienes no había sido presentada hasta ahora, la seguían como cachorros que clamaban por su atención.
"Soy yo quien debería escoltarla a desayunar", declaró Jake.
"No", Mik frunció el ceño, "Tú la escoltas casi todas las mañanas".
"¿Crees que eres tú quien debería hacerlo?" Gio le espetó a Mik.
Así fue la conversación hasta que Bella alzó la palma de una mano y les pidió a todos que la escoltaran al desayuno. Cuando entonces ellos casi llegaron a los golpes sobre quién estaría de qué lado de ella, ya había tenido suficiente.
Bella les dio crédito, luego ella asignó a Jake a su izquierda, Gio a su derecha y, los otros tres atrás de ella. Al principio, los "perdedores" del sorteo pensaron en quejarse, pero entonces obtuvieron una vista de cerca de lo que perder les ofrecía y cerraron la boca.
Sin embargo, Jake y Gio eran los más contentos, ya que estar a ambos lados de la Gran Reina les hacía más fácil mirar hacia abajo y ver como sus pechos se cacudián mientras ella caminaba.
Con una sonrisa dulce e igual de falsa, Bella les preguntó a sus escoltas si ya los habían trasladado a sus nuevas suites.
"No", Gio hizo un mohín, su hermoso ceño fruncido. "Podría pasar quizá otra noche antes de que nuestras suites estén listas".
"¿Así que eso significa que no han tenido a sus mujeres todavía?" "No", contestaron todos al unísono.
"Excepto Jake", dijo Gio, "Que tiene a Tanya".
Bella asintió con la cabeza, mientras se lo imaginaba. Decidió hacer que su siguiente proyecto fuera un truco de magia, ella averiguaría cómo convertir una noche en un día. Por favor, suspiró para sí misma, que sea posible.
"Ah", Kil se burló de Edward. "Ahí viene tu nee' ka ahora. Y mira, cinco guerreros duros están con ella". Gruñendo de risa por su propio juego de palabras, se agarró el estómago y se rió a carcajadas.
Edward puso los ojos en blanco, evidentemente no asombrado por el ingenio retorcido de su hermano, aunque era bueno verlo reírse más y más en estos días. "Cesa tu carcajada, tonto. Ellos sólo procuran escoltarla hasta la mesa".
"Uh huh. Entonces eso explica que sus cueros se estiren en la entrepierna".
Argg. Edward carraspeó en desaprobación. "Ellos no están… ellos están". Carraspeando otra vez le contesto: "Veo lo que quieres decir".
Los ojos de Edward se posaron de forma posesiva arriba y abajo a lo largo del cuerpo de su nee' ka. Ella se veía resplandeciente hoy en una qi' ka verde que encendía su vello de color de las bayas de fuego, tanto sobre su cabeza como entre sus muslos. Era casi inexistente, la qi' ka era tan transparente, que él podía entender la reacción que tuvo sobre los jóvenes guerreros calientes. Siendo honesto, tenía el mismo efecto en él.
"Soy yo quien apartará la silla para ella". "No, imbécil, soy yo".
"¡Ja! No creo que sea alguno de ustedes. Yo creo que…"
"Basta". Edward frunció el ceño a sus guerreros que daban objeciones mientras él se ponía de pie. "Yo voy a sostener la silla para mi nee' ka esta mañana". Cuando supieron lo suficiente como para ponerse torpemente en pie y mirar al suelo, él se dio cuenta que ellos lo entendían bien. "¿Quién de ustedes ha cuidado de la Gran Reina hasta ahora?"
"Jake", contestó Gio a regañadientes.
"Entonces Jake se va a encargar de ella de ahora en adelante, ¿sí?" "Sí", contestaron al unísono.
"Váyanse y salgan al campo. Kil les enseñará más maniobras ofensivas este día". Cuando los guerreros se habían ido y Edward todavía no había hecho un gesto para sentarla, Bella carraspeó con delicadeza, llamando la atención de su esposo. Él la estaba mirando fijamente de forma territorial y, si su instinto no se equivocaba, él quería unirse, pero había algo más. Un brillo en sus ojos que Bella no reconoció. "¿Sí?" preguntó Edward en un susurro áspero.
"Mi silla" susurró ella. "Ah. Por supuesto, pani".
Edward convoco telequinéticamente la silla para que se moviera. Cuando Bella se sentó, él movió su muñeca para meterla otra vez. "Bueno", dijo con rigidez mientras se sentaba. "¿de qué se trataba esa triste escena?"
Bella se encogió de hombros y le indico a Kil que le pasara el jugo de taka. "¡Qué sé yo! ¿Dónde están Rosalie y Emmett?"
"Ellos todavía no han salido de sus habitaciones. ¿Por qué esos jóvenes te seguían de esa manera?"
Bella le lanzo a Kil una mirada de "¡No me digas! ¿Por qué será?" "No lo sé. ¿Los ha visto alguien? ¿Todo fue bien en la unión?"
"Son jodidamente como dos bestias maki en pleno celo. ¿Por qué te siguían?" rugió Edward.
El gran salón quedo en silencio. Las sirvientas trataron de no mirar mientras pasaban por la mesa alzada con cosas de comer y bebidas.
El rostro de Bella se ruborizó. Ella desvió su mirada a su copa de jugo. "Supongo que ellos están enamorados de mí".
"Entiendo. ¿Y por qué seria eso?" Preguntó Edward con saña. "¿Los dejabas que te tocaran antes de bajar? ¿Abriste tu qi' ka y los dejaste acariciarte el canal?"
"Hermano", dijo Kil en murmullo, "avergüenzas a tu nee' ka".
"¡No te metas!" Edward alzó una mano para callar a Kil sin quitar la mirada de Bella. "Entonces, dime, mi devota nee' ka. Dime por qué. Dime cuál de ellos te ha estado dando tu gozo de mujer, ¿o han sido todos ellos?"
"¡Vete a la mierda!"
Bella se puso en pie, sobre sus talones y huyó del gran salón.
Kil respiró calmadamente para tranquilizarse antes de atacar a Edward. "¡Así se hace, hermano! Supongo que disfrutas tener a tu nee' ka de mal humor contigo. Me parece que acababas de a hacer las paces con ella y ya has vuelto a salirte de ellas".
Edward golpeó su puño sobre la mesa, tumbando copas de vino y platos de cristal. "¡Cómo te atreves a defenderla!"
"¡Ella no ha hecho nada!"
"¿Oh? ¿Y cómo sabes eso? ¿Porque ella guarda todos sus encantos para ti?"
"Tú…", gritó Kil "…ya has ido demasiado lejos".
"No tanto como tú con ella anoche". "¡Fue un banquete de consumación!"
Edward sacudió su mano por el aire escuetamente. "No me importa lo que haya sido. ¡Hiciste todo menos follarla ahí mismo en el suelo!"
"Yo no le hice más a Bella, y quizá mucho menos que lo que tú le hiciste a la nee' ka de Jasper durante su banquete de consumación. Y como sólo la nee' ka del mayor necesita ser calmada, ambos sabemos que no eras un marido menor para ella". Cuando Edward se ruborizó, Kil sonrió sin humor. "Ahora veo de qué se trata tu temperamento".
"No sé a qué te refieres", gruñó a la defensiva.
"Sí hermano, entiendes". Kil se puso en pie, preparándose para salir al campo. "Te sientes peor que una bestia-heeka por exponer a tu mujer y follarla como un perro ante los guerreros comunes". Kil sacudió la cabeza y suspiró. "Deberías haber estado agradecida de que tu nee'ka todavía te hablara, pero como ella fue tan buena que te perdonó, la castigas por ello en lugar de darle las gracias".
Edward cerró los ojos y bajó su cabeza entre sus manos. "Ella jamás me perdonará ahora", susurró él. "Jamás. Lo sé".
Kil suspiró profundamente. "Estás equivocado, hermano". Le dio una palmada a Edward en la espalda. "Si tan sólo abrieras tus ojos tontos, podrías darte cuenta de cuánto te quiere la pequeña mujer".
Edward encontró a Bella en Pika's Place, sentada con desaliento en un taburete de cantina intentando emborracharse. Afortunadamente ni Death ni Glok estaban en ninguna parte a la vista, de lo contrario, Edward no estaba seguro de que él hubiera podido controlar su temperamento. De hecho, no había muchos a la vista a esta hora del día, salvo una pareja de rezagados por ahí.
Cuando Bella levanto la vista de su botella de alcohol ilegal y lo vio, ella rápidamente apartó su mirada, murmurando algo sobre todos los antros de ginebra del mundo y su suerte de que él llegara a la suya. Él no estaba seguro, pero Edward presintió que era su sarcasmo de la primera dimensión en acción otra vez.
"¿Qué haces aquí, Edward?" Bella le hizo la pregunta con un suspiro mientras frotaba sus sienes, como si ella estuviera demasiado cansada para discutir con él
"Vine por ti, nee' ka".
"¿Por qué?"
"Perteneces conmigo", dijo Edward suavemente.
Bella resopló. "Y con todos los demás, según dices", refunfuñó ella.
Edward se estremeció, odiándose por lo que dijo en el gran salón. "Pani, por favor. Yo no lo hice a propósito. Yo sólo estaba… sólo…"
"¿Sólo qué?"
"Furioso con mí mismo"
Bella se giró sobre el taburete. Y le dio una mirada de arriba abajo con curiosidad. Cuando abrió su boca para decir algo, cerró sus dientes de golpe, y se lo pensó mejor. Balanceándose, ella estaba a punto de beber otro sorbo del alcohol ilegal, pero vaciló cuando sintió que un extraño aleteo atravesó su vientre. Era la cuarta o quinta vez que sentía eso en las últimas semanas.
"Por favor, mis corazones", suplicó Edward en voz baja detrás de ella. Estrechándola y apretándola entre sus brazos gruesos y musculosos alrededor de ella con fuerza,
frotó la mejilla suave como la seda de Bella con su propia mejilla áspera. "Por favor
sólo ven a un paseo en mi vehículo y hablemos. Yo me disculparé, y explicaré mi comportamiento".
"Edward…" vaciló Bella, evidentemente indecisa. "No lo sé. Yo-"
"Por favor". Él la apretó, abrazándola como si temiera soltarla. "Yo no puedo", confesó con voz ronca, "pasar ni una salida más de la luna como hice cuando me encerraste fuera de nuestras recámaras". Meciéndola suavemente de un lado a otro en el taburete, Edward le imploró una vez más. "Por favor, pequeña", susurró con voz ronca, "Yo te otorgaré cualquier bendición salvo dejarme si vienes conmigo ahora".
No le era necesario a Bella adivinar si Edward se sentía tan mal como parecía, porque sus alhajas matrimoniales le decían que era probable que hasta se sintiera peor. Estaba asustado de que ella no lo perdonara, asustado de que hubiera dañado su relación de forma irreparable, y completamente aterrorizado de que ella buscara la manera de dejarlo.
"¡Ay, está bien!". Ella suspiró decidiendo ceder un poquito y escucharlo. "Viajare contigo en tu vehículo y escucharé lo que tienes que decir".
"Gracias", contestó Edward en una voz baja. Sin darle a Bella tiempo para que cambiara de opinión, él la levantó y la acunó en sus brazos mientras se iban de Pika's con grandes zancadas.
"Pensé que querías hablar".
Edward no había dicho ni una palabra desde el momento en que tomaron asiento en el vehículo Q'an Tal. Sin embargo, lo que él había hecho estaba demostrando ser mucho más efectivo para Bella: su espalda contra su pecho, él simplemente la sostenía.
Despojada de su qi' ka con el masivo pene de Edward incrustado con firmeza en ella, Bella se había sorprendido al principio cuando él no había hecho ningún intento de darse placer con ella. Él no hizo ningún movimiento, nada que le diera liberación, simplemente se sentó allí y sostuvo a Kyra con fuerza, como si tuviera miedo de dejarla ir.
La estaba afectando.
Sólo estar sentada en su regazo, sostenida por este hombre primitivo que necesitaba acercarse cuanto más fuera posible físicamente a su pareja, le estaba destruyendo poco a poco sus defensas. Era como si no pudiera soportar el pensamiento de ser alejado de ella ni siquiera como para permitirle sentarse en el asiento junto a él.
Edward abrazó con fuerza el cuerpo de Bella mientras que el vehículo de cristal negro serpenteaba sin rumbo por Sand City. Aspiró el aroma de su cabello, apoyó la barbilla sobre su hombro, cerró los ojos y la abrazó posesivamente. No dijo nada, no hizo gestos ni movimiento.
Bella comenzaba a pensar que Edward nunca empezaría a hablar, ni para contestar su pregunta, pero finalmente lo hizo.
"No le veo propósito a las palabras, mis corazones, excepto para decir que lo siento, porque fueron mis palabras las que te lastimaron en primer lugar". Él suspiró, su tono antinaturalmente tenue. "Pero 'me arrepiento' difícilmente arregla el dolor del todo, ¿no?"
"No lo sé", dijo Bella en murmullo con voz dulce, "pero me gustaría oír las palabras de todas formas y saber que las quieres decir".
"Ah pani, por supuesto que me arrepiento, y por supuesto que es verdad". Edward respiró profundamente, el aroma del cabello de Bella provocaba sus sentidos. "Estaba enojado conmigo mismo, pero nunca tuve el derecho de desquitarme contigo".
"No lo entiendo". Bella sacudió la cabeza ligeramente, sin entender. "¿Por qué estabas enojado contigo mismo?"
"¿Porqué?" Edward se quedó boquiabierto. Atónito, él parpadeó dos veces antes de contestar. "Por dejar que los celos pudrieran mi cerebro, por ser un Compañero Sagrado animal que necesitaba probar que podía darte placer mejor que cualquier otro frente a mis hombres en la pasada salida de luna".
"¿Estás enojado por eso?" Bella se mordió el labio. "¿De verdad?" "¿No lo estabas tú?" preguntó incrédulo él.
"En realidad, no". Ante la fuerte inhalación de Edward, Bella no pudo evitar reírse.
"¿Qué es tan divertido?" rugió él.
"Sólo tienes que entender cómo es de donde vengo". Bella recostó su cabeza otra vez en el pecho de Edward y se puso sentimental por su crianza. "En la tierra, el placer sexual se ve de forma negativa. Incluso algunos tipos de actos eróticos compartidos entre compañeros comprometidos se consideran amorales. De hecho, en mi propio país, eh, colonia, ahí hay varios estados, quiero decir, sectores, en los que la estimulación oral es ilegal".
"Por la diosa", se quejó Edward, "Me hubieran encerrado el mismo día en que mi padre me trajo mi primer Kefa".
"No tenemos Kefas en la tierra, pero entiendo tu punto". Bella miró distraídamente las preciosas casas de cristal a las que le pasaban por arriba mientras continuaba su explicación. "Cuando yo vine a Tryston, yo me sentí como la primera vez que tu padre te regaló una Kefa". Ella sacudió la cabeza y sonrió. "Yo quería probar todo, recuperar todo el tiempo que perdí, descubrir por mí misma lo que me excitaba y lo que no me excitaba".
Edward vio su primera sonrisa. "Tú estás resultando ser más de lo que un guerrero pudiera esperar. Un lascivo equipaje, eres tú", dijo él en broma.
Bella extendió su mano tras sí y la pasó por la mandíbula de Edward. Se volvió hacia ella, acariciando su palma con satisfacción. "Pero me encanta, Edward. Todos los días aprendo algo más de mí sexualmente. Estoy llegando a comprender mis necesidades de una manera que no había entendido nunca antes de que vinieras a mi vida, o quizá debo decir, corrieras a mi vida".
Él sonrió con el recuerdo de la reclamación. "Entonces, me alegro de haber sido yo quien te haya dado este tiempo para las experiencias". Él le tomó la mano y la besó suavemente.
"Yo también", confesó Bella.
Edward apretó a su nee'ka con fuerza. "Entonces, ¿lo que dices es que viste nuestro apareamiento en la fiesta de consumación de la pasada salida de luna como otra de estas experiencias?"
"Sí".
Él gruñó. "Desearía poder verlo de esa manera y tal vez lo haría si te hubiera tomado por las razones correctas". Doblando el cuello, él la besó con dulzura en el hombro. "Pero te agradezco por no odiarme por eso", dijo él en voz baja.
"Yo jamás te podría odiar". Bella sacudió su cabeza. "Jamás".
"Ah, nee' ka". Edward le besó la mejilla, entonces viró su rostro ligeramente para besar la punta de su nariz. "No merezco a alguien tan buena como tú".
Cuando Bella indicó que quería darse la vuelta en su regazo, Edward de alguna manera lo logró sin romper su íntima unión. Riendo ante su escandalosa habilidad, ella extendió la mano y tomó su rostro entre sus manos. Besando a Edward primero en los labios, luego deslizando su lengua dentro de su boca, ella comenzó a balancear sus caderas hacia adelante y hacia atrás sobre él.
"Ah, nee'ka". Edward dejó el beso por un momento y le agarró una nalga con su mano. "Quédate quieta, dulzura, y yo usaré mis poderes para balancearte".
"Mmmm". Con los ojos cerrados, Bella sonrió ante la sensación familiar de la erección sobresaliente de su marido enterrada dentro de ella, dándole placer. Ella lo besó otra vez antes de agregar, "A propósito…"
"¿Sí?"
"Descubrí algo más sobre mí anoche".
"¿Oh?" Edward convocó su cuerpo, meciéndola más rápido. Ella gimió hedonísticamente y contuvo el aliento. "¿Y qué fue eso, mi pequeña lujuriosa?"
Bella sonrió sin abrir sus ojos. "Soy una exhibicionista".
Hola!
Como verán Edward metió la pata otra vez, lo bueno es que se disculpo y Bella lo perdonó.Espero disfrutarán el capítulo y prometo actualizar esta semana.
Muchas gracias a todas por sus comentarios y a las que solo leen también.
Cuídense.
