Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.


Thank you iambeagle for trusting me with your story!


Capítulo 29

Pasan de las dos de la tarde cuando llegamos al Santa Barbara Inn. Está frente al mar y la arquitectura de estilo mediterráneo español es alucinante. Ben, María, Paul y yo nos registramos en el hotel, luego nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones para desempacar y hacer lo que sea que necesitemos. Tenemos planeado reunirnos en recepción dentro de una hora para visitar el centro de logística, luego iremos a cenar pare revisar nuestro itinerario de los siguientes días.

Cuando llego a mi habitación, dejo la maleta junto a la puerta y veo todo. Hay una cama tamaño King, una bañera con patas de garra que definitivamente planeo aprovechar más tarde y una impresionante vista del Océano Pacifico. El arreglo de flores en el escritorio está hermoso, pero no es hasta que estoy más cerca que noto una tarjeta sobresaliendo. Mis palmas se ponen sudorosas al acercarme, viendo la docena de peonías rosa clarito. La parte escéptica – e irritada – de mí asume que son de parte de Ben. Pero cuando abro la tarjeta, veo que son de Edward.

Sé que esto no compensa por no poder verte, pero ¿al menos se ven lindas? Lo siento. Te lo compensaré. Con amor, Edward.

Mi corazón se suaviza más de lo que ya estaba desde que leí su carta anoche. Me agacho para olerlas. Dios. Nunca he sido una persona de flores, pero hay algo muy jodidamente romántico en recibirlas inesperadamente de alguien a quien amas.

Sé que en Chicago están adelantados por un par de horas, así que probablemente sigue en el trabajo, pero de todas formas le envío un mensaje rápido.

¿Puedes hablar? Pregunto. Cuelgo algunas de mis ropas en el armario y me lavo la cara, poniéndome la crema humectante de prisa luego de escuchar el sonido de mi teléfono.

Puedo hablar por un minuto, pero definitivamente tengo más tiempo esta noche.

En lugar de contestar, lo llamo y sonrío cuando responde de inmediato.

—Recibí tus flores de disculpa —le digo al instante—. No tenías que hacerlo. Pero gracias. Son hermosas.

—Quería hacerlo. Y perdón.

—No es necesario.

—¿Estás en Santa Barbara?

—No —bromeo—. Sólo asumí que enviaste flores a mi hotel y tuve razón.

—Mierda. Cierto —se ríe—. Lamento no haberte llamado estas últimas noches. Es que… sí. Mi cabeza estaba en un lugar raro. Espero que las flores también compensen por eso.

—¿En un lugar raro sobre nosotros?

—Es como… sentir que te decepcioné. Otra vez. No sé.

Puedo escuchar el remordimiento en su voz y eso me mata.

—Edward… no. Este viaje de trabajo a Chicago estuvo fuera de tu control. Nunca te lo reclamaría.

Escucho algo de conmoción en el fondo.

—¿Puedo llamarte esta noche? Es que me tengo que ir…

—Sí. —Hago una pausa, y susurro—. Leí tu carta.

Se queda callado, luego ofrece un suave:

—¿De verdad?

—Sí. Fue perfecta, Edward. Significó todo para mí. Yo… —No puedo ni encontrar las palabras adecuadas para transmitir lo segura y amada que me hizo sentir—. Fue perfecta —repito.

Exhala, su aliento llena mi oído.

—Carajo, te extraño.

—Yo también. Llámame más tarde.

—Bien. —Vacila—. Bella, te… —se detiene, pero siento que ya lo sé. Sé lo que quiere decir, pero está preocupado. Pero no debería, porque yo nunca dejé de amarlo. Ni por un segundo.

Mi estómago revolotea, las mariposas nadan por ahí y crean el mejor de los nervios.

—Yo también —digo en voz baja.

—Muy bien. —Es como si pudiera sentir su alivio a través de la línea—. Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. Adiós.

XXX

Estoy en la bañera cuando Edward me llama por FaceTime.

Vacilo, no estoy segura de si debería contestar… luego lo hago de todas formas.

—Vaya —dice, sonriendo—. Esta es una agradable sorpresa.

—Ja, ja. —En realidad no puede ver nada porque el teléfono no está lo suficiente bajo. Por la sonrisa coqueta en su rostro, pensarías que puede verlo todo.

—¿Es mi agradecimiento por las flores?

Sonrío.

—Eso desearías.

—En serio, ¿estás intentando torturarme? —pregunta, su mirada se vuelve más pesada.

No. Puedo llamarte luego si te distrae mucho.

Sacude la cabeza, se ve como el epítome de un hombre que está sexualmente frustrado.

—Está bien. Quiero hablar contigo.

—¿Cómo te va en Chicago?

—Bien. Aunque me estaría divirtiendo más en Santa Barbara.

Gimo.

—Desearía que estuvieras aquí.

—O sea, ¿en la bañera contigo? —pregunta sonriendo.

—Pues… no me opondría.

Es su turno de gemir. Se agarra un poco de cabello y éste se mantiene levantado, haciéndome sonreír.

—Por cierto, ¿quién está contigo? —pregunta.

—Nadie. Tengo la habitación para mí sola.

—Me refería al viaje.

—María, Paul y… Ben.

Asiente, su rostro se ve neutral.

—¿Puedo preguntar sobre eso?

—¿Qué quieres saber?

—¿Pasó algo con él después de que me fui?

Vacilo.

—Tal vez deberíamos de hablar de estas cosas en persona.

—¿Por qué?

—Porque puede dejar mucho espacio para malinterpretarnos. No quiero que pase eso cuando estamos a miles de millas de distancia el uno del otro.

—Lo entiendo… pero ahora tengo la sensación de que pasó algo con él y no quieres decirme.

—No pasó nada con él. —Hago una pausa, reúno el valor para contarle el resto. Me imagino que no estará emocionado; demonios, ni siquiera le gustó cuando el tipo me dio un aventón a casa. Pero tengo que ser honesta si espero que él también lo sea—. Hubo algo hace meses… preguntó si había una vibra entre nosotros. Pero eso fue todo.

La mirada de Edward se endurece.

—Lo preguntó, ¿eh?

—Supongo que pensó que había algo ahí, pero lo rechacé.

Se queda callado y puedo ver a su cerebro trabajando de más.

—¿Cuándo?

—Unos días después de que te fuiste.

Su risa carece de humor.

—¿Ni siquiera se pudo esperar una semana antes de intentar algo?

—Lo rechacé —repito con firmeza—. No pasó nada después de eso.

—¿No se da cuenta de lo jodidamente inapropiado que es eso?

—Ahora sí. No es como que se me haya declarado, sólo preguntó…

—Sí se te declaró.

—Bien. De acuerdo. Pero no se sintió así. Después de que expresé que no estaba interesada, él jamás lo volvió a mencionar. Y la verdad ha actuado muy decente.

—Como tu jefe, ni siquiera debió haberte preguntado si estás interesada. Es… —se moja lo labios, sacude la cabeza—. Qué cretino.

—Fue hace meses —murmuro, pero sé que eso no lo hace sentir mejor.

Exhala, su frente se arruga con frustración.

—Tal vez sea bueno que no esté allá. No creo poder contenerme de golpearlo.

—Edward.

—¿Qué?

—Es que… espera. —Suelto el teléfono, vacío la bañera y me pongo la esponjosa bata—. No puedes golpear a mi jefe —digo cuando estoy sosteniendo el teléfono de nuevo y salgo del baño—. Aunque es algo atractivo y satisfactorio de imaginar, no está bien. Podría perder mi trabajo.

Él debería perder su trabajo —murmura—. ¿Mi mamá lo sabe?

—¿Qué?

—¿Que el hijo de su amiga es un cretino poco profesional?

—No, no le dije a Esme. No se lo diré. Ya está arreglado. No digas nada, por favor. No busco problemas.

No se ve feliz, pero dice:

—Bien.

Me siento en la cama y me recargo en la montaña de almohadas, suspirando exageradamente.

—Pues ahora es tu turno —lo animo, alzando las cejas.

—¿De qué?

—¿Has salido con alguien? O… algo así.

—No. Una de mis compañeras insinuó que debería invitarla a salir, pero nunca lo hice. Después cuando finalmente sugirió que saliéramos, le dije que estaba involucrado con alguien. Eso terminó su interés.

—Oh. —Mi mente gira un poco imaginándome el tipo de mujer con el que trabaja Edward. Locamente inteligente, divertida, alta, probablemente una ardiente pelirroja. Lo suficiente directa para invitar a un hombre a salir. Viene de buena familia, tiene una relación de verdad con su mamá. Exactamente el tipo de mujer con el que habría imaginado a Edward. Pero él no quiere eso. Me quiere a mí. Es un poco más fácil respirar luego de recordarme eso—. Creí que esta conversación sería… diferente.

—¿Cómo diferente? —pregunta, su tono se suaviza.

—Creí que hablaríamos de tu carta. De lo maravillosa que fue y lo mucho que aprecié y amé cada palabra. No creí que usaríamos este tiempo para hablar de gente que no importa.

—Perdón. Me mataba no saber —murmura—. Estoy muy feliz de que finalmente hayas leído la carta. Espero que sepas que digo de verdad cada palabra.

—Lo sé. —Nos miramos el uno al otro, todo mi ser extraña muchísimo a este hombre. No estoy segura de cuántas veces tendré que decirlo, pero—: Desearía que estuvieras aquí.

—Yo también.

—¿Te pusieron en un hotel elegante? —pregunto. Cambia la cámara para mostrarme su habitación y suelto un silbido—. Lindo cuarto. ¿También tienes cocina?

—Es uno de esos lugares de estancias largas, así que está amueblado como un apartamento supongo. Y sí, hay una cocina para toda la comida que no cocinaré.

Me rio entre dientes.

—Puede que eventualmente te canses de comprar comida rápida.

Edward comienza a acercarse a la ventana, aparta las cortinas y me muestra su vista.

—Estamos justo frente a Millennium Park, así que está genial —dice, regresando la cámara hacia él.

—Mándame una foto de ti con The Bean mañana.

Sonríe y sacude la cabeza.

—No soy del tipo que se toman selfies, Bella.

—Creo que sí lo eres. ¿Por mí?

—Ya veremos. —Suspira, su expresión se vuelve tierna—. Entonces, ¿cuándo podré verte en persona?

—¿Cuándo regresas a LA?

—El 30 de abril, muy en la noche.

—Entonces el primero de mayo… —comienzo, sonriendo.

—Más te vale que tu culo este en un vuelo para venir a verme —dice juguetón, sus ojos se suavizan—. O yo iré a ti. De cualquier forma, va a pasar.

—Sí —digo, mi corazón explota con anticipación—. Es una cita.

XXX

Mi tiempo en Santa Barbara se pasa rápidamente.

Los días son soleados y cálidos, llenos de reuniones, de pasear alrededor de árboles de café y de conseguir todo el contenido que puedo. Mis tardes – la mejor parte del viaje – están llenas de Edward.

Hablamos todas las noches. Vemos Netflix juntos en nuestras habitaciones de hotel, comemos durante FaceTime. Él práctica su próxima presentación, preguntándome mi opinión. Entre más hablamos y más pasamos este tiempo juntos, más necesito que mayo llegue jodidamente ya.

La noche antes de volar de regreso, él está siendo coqueto. Sexy. Está diciendo tantas cosas de lo que quiere hacerme cuando finalmente nos veamos. Lo ha hecho un par de veces antes, pero yo lo detengo, riéndome de él y quitándole importancia. Pero no está noche. Lo dejo decir lo que quiere, incluso lo animo a decir más. Sus palabras son eróticas y dulces, y ansío por él. Comienzo a imaginar lo que está diciendo y puedo verlo todo tan jodidamente bien. Luego mi mano se desliza dentro de mi ropa interior y puedo sentir lo que está diciendo. Él está haciendo los mejores sonidos, se está tocando, me lo muestra, gruñe y gime cuando le muestro yo también a él. Se siente tan bien y sé que su mano se sentiría mejor, pero justo ahora esto es lo mejor. Lo imagino tocándome, respirando en mi cuello, el peso de su cuerpo. Y entonces le estoy rogando en voz alta que me ame, que me folle. Ámame. Fóllame.

Y dice que sí lo hace. Y que lo hará. Y entonces ambos nos dejamos ir.

XXX

Me despierto de golpe y sudorosa.

Mi teléfono dice que son las cuatro de la mañana. Todavía puedo dormir por un par de horas más antes de tener que estar en el aeropuerto, pero la pesadilla que tuve me mantiene despierta.

Tenía que ver con Edward. Es difícil recordar cómo comienza, pero es fácil recordar cómo termina – con él no queriéndome. Se porta distante, raro. Yo sigo intentando captar su atención, y él me evita a propósito, me hace perseguirlo. Cuando finalmente lo alcanzo, no se ve como él mismo. Es entonces que se convierte en Ben. No, en Renee. Es tan confuso y estoy llorando – creo que lloré dormida de verdad – hasta que es Edward de nuevo y se está riendo. Como diciendo, ¿qué? ¿Qué carajos esperas de mí?

Es entonces cuando me despierto.

Hago una mueca, recordándolo. Sé que en realidad no significa nada, es sólo un mal momento. Últimamente muchos pensamientos de Edward y de nosotros regresando han estado invadiendo mi mente, era sólo cuestión de tiempo hasta que mi subconsciente se hiciera cargo y me volteara el libreto.

Me quedo despierta, bebo mucho café y recojo la habitación, así que todavía tengo una hora libre antes de tener que reunirme con todos abajo para irnos al aeropuerto.

Le mando un mensaje a Edward, sé que puede que no responda, pero está a dos horas más, así que sé que está despierto.

Tuve el peor sueño del mundo.

Dios. Soy una grabadora rota, pero lo extraño. Es que… ¿cuatro semanas más? ¿Cuatro semanas más de FaceTime? Y después del tiempo que logremos pasar juntos en persona, ¿volveremos a las pantallas, los mensajes y a tocarnos nosotros mismos pretendiendo que es el otro? No quiero despedidas de aeropuerto ni que pasen meses sin besarlo. Me invade la tristeza al imaginarlo. Esa no es una relación. Es apenas sobrevivir. Pero él vale la pena y tomaré lo que pueda. Aunque en este punto… me siento tan estúpida. Él es lo que quiero y es a quién necesito. Entonces, ¿por qué carajo no me estoy entregando completamente a él? ¿Por qué demonios no estoy desarraigando mi vida y diciéndole que él es mi vida? ¿Que estoy totalmente comprometida? Porque debería hacerlo. ¿A quién tengo en realidad en Seattle aparte de Emmett y Charlie? Los quiero, pero amo más a Edward. ¿Qué es lo que me está dando; qué está en realidad llenando mi vida allá?

La respuesta es nada.

Al carajo con mi trabajo. Al carajo con Ben. Al carajo con Renee. Al carajo con mi apartamento de una habitación que huele a mariguana rancia. Al carajo con sentirme menos. Al carajo con dudar de mí y de Edward y del amor que él me da tan libremente. Al carajo conmigo por hacerlo pensar que no significa todo para mí.

Al carajo con esto.

Con todo esto.

Abro mi laptop y con manos temblorosas, busco vuelos de Santa Barbara a Chicago. No lo pienso – sólo lo hago. Cuando encuentro uno que sale a las diez, lo elijo, decidiendo no usar sus millas en caso de que le manden un correo de confirmación. En lugar de eso, agarro mi tarjeta de crédito y tecleo frenéticamente mi información, y reservo un vuelo sólo de ida de último minuto hacia Edward.


¡Qué emoción! Después de tanto pensar, finalmente se decidió a ir tras Edward. ¿Y notaron que fue un boleto de ida nada más? Eso para mí significa que no quiere regresar. Lo que muchas esperábamos al fin pasó: Bella decidió dar ese paso e ir tras Edward.

Recuerden que sólo nos quedan dos capítulos de esta historia que se subirán mañana y el domingo.

Si les gustó el capítulo, no olviden dejarme sus comentarios 😉