Epílogo

Los rayos del sol le dieron en la cara mientras aún dormía y le obligaron a abrir los ojos a la luminosidad de la mañana, estiró el cuerpo en un extraño movimiento felino y oyó una suave risa masculina desde el costado de la habitación, justo frente a la ventana abierta.

Draco estaba solo en ropa interior, sentado en un sillón verde slytherin, con el diario abierto de par en par. Su falta de prendas hacía que el verano se notara aún más, tanto en el ambiente como en el propio cuerpo de Hermione que lo miraba con algo de hambre y también vergüenza, nunca se acostumbraría del todo a despertar con él, pero estaba profundamente encantada con el hecho.

El rubio se levantó, dió un par de pasos hasta una mesa redonda cerca de la cama y tomó un vaso de jugo de naranja que se veía bastante refrescante. Se sentó al lado de ella, justo sobre las sábanas que la cubrían haciendo que se deslizaran a un lado y dejaran al descubierto su desnudez.

Sus mejillas se colorearon y quiso mirar a cualquier lado menos a los ojos brillantes de su esposo, pero él no la dejó pensar mucho y cubrió sus labios con un fugaz beso de buenos días.

"¿Dormiste bien?" Preguntó él.

Ella asintió, estirando la mano para tomar el vaso que él le ofrecía. Las puntas de sus dedos se tocaron y su magia vibró contenta en unión a la de él.

"¿Y tú?".

"Como un bebé" Respondió. "No olvides que nos esperan abajo a las doce".

"¿De nuevo?" Se quejó Hermione antes de dar un sorbo a su bebida. "No creo poder soportar otro interrogatorio de los del Ministerio acerca del incendio en las oficinas de Malfoy Enterpr..."

Los labios de Draco se curvaron en esa forma que a ella le revolvía el estómago y hacía que todo bulliera de gusto en su interior.

"No son los del Ministerio esta vez, cariño. Es Longbottom".

"¿Ya es sábado?" Preguntó, recordando la carta que le había enviado Neville en la semana. "¡Ahora es Snape, deja de llamarlo así!".

Draco puso los ojos en blanco. "Siempre será Longbottom, no le calza el talle para ser un Snap... Auch!".

"No insultes a Neville" Le advirtió Hermione luego del golpe que le asestó en el brazo. "¿Qué hora es?".

El rubio frunció el ceño y miró al pequeño artefacto muggle que su esposa había puesto en su lado de la cabecera de la cama. El reloj digital marcaba la hora en brillantes números verdes.

"Faltan veinte para las doce".

"¡Draco!" Exclamó la chica levantándose de golpe y dejando el vaso semi lleno en la mesa de luz. "¡No debiste dejarme dormir tanto!".

Él no contestó, se recreó en las sutiles curvas de su mujer que corría sin ropa hasta el baño que estaba dentro de su habitación. Negó divertido con la cabeza, realmente le encantaba molestar a Hermione, era un gusto que por más que pasaran los años no dejaba de darse cada vez que podía, aunque tampoco tan seguido pues podría meterlo en problemas con ella y aquello era lo último que quería. Aún recordaba la noche que él durmió en el cuarto de huéspedes porque citó sesenta y dos defectos de los gryffindors.

La morena se dió una ducha tan rápida que dudaba haberse sacado correctamente los resquicios de la noche anterior donde Draco había estado especialmente enérgico. Se miró al espejo para aplicar los hechizos de peinado y maquillaje habituales y le alegró encontrar la imagen que se le había hecho tan natural con los años, grandes ojos oscuros y una cortina de cabello negro rizado cubriendo su pálida piel, y el siempre fiel collar de los Black en su cuello. Nada quedaba ya de aquella niña de Gryffindor que había sido producto de Albus Dumbledore.

Una vez fuera del baño, fue al vestidor donde también utilizó magia para vestirse y calzarse. Eran pocas las veces que hacía las cosas «a la forma muggle», pero aún así nunca olvidaba sus raíces ni la educación que sus padres Jane y Robert le habían dado.

Encontró a su esposo esperándola sentado en su sillón verde slytherin leyendo entretenido el periódico, completamente vestido y siendo el intimidante y elegante Draco Malfoy, el millonario empresario que tanto le gustaba.

"Siempre podríamos cancelar el almuerzo y quedarnos aquí encerrados" Ofreció él sin mirarla. La chica bufó al ser descubierta observándolo y se preguntó cómo siempre lograba darse cuenta cuando ella lo miraba.

Abrió la puerta de la habitación dispuesta a bajar a la sala sin esperarlo, pero pronto sintió una mano en su cintura y la corriente mágica de él recorriendola. Sonrió para sí misma y se encaminaron escaleras abajo.

Justo al llegar al final, una pequeña mancha negra se estrelló contra ambos envolviendolos en un abrazo de brazos cortos y cabello rizado.

"¡Buenos días!" Saludó una vocecita familiar. "¡Vengan a ver lo que Neville me ha traído! ¡Es una escoba!".

"¿Una escoba?" Preguntó Hermione mirando con preocupación a Draco. "¿No es demasiado pequeña para una escoba?".

El rubio puso los ojos en blanco y despeinó a la niña que bufó ofendida. "Ya casi tiene cinco años, mi padre me compró mi primera escoba a los cuatro".

"A los siete, de hecho" Corrigió la voz de Narcisa entrando al salón. "Y también me parecías muy pequeño para montarla, creo que Hermione tiene razón".

Draco y la niña pusieron los ojos en blanco y ambas mujeres no pudieron evitar reír ante el gesto.

"Vamos afuera, el tiempo está precioso para almorzar al aire libre. Neville y Hannah ya han llegado".

La pareja siguió a Narcisa al jardín trasero donde se encontraron con que ya todos estaban presentes y ellos eran los últimos en llegar. Hermione saludó a Bellatrix con un abrazo, le dió un beso en la mejilla a Severus y recibió uno en la frente, abrazó a Neville y a su esposa Hannah, le tocó la pequeña mano al bebé de pocos meses de su hermano y finalmente se sentó al lado de su suegro, quien le palmeó la espalda al sentir su presencia.

"¿Cómo te sientes hoy, Lucius?" Preguntó la chica.

El rubio giró la cabeza en su dirección y sonrió gentilmente. "Mucho mejor que hace un momento, ahora que has llegado todo se ha vuelto más luminoso".

"Oh por favor" Murmuró Bellatrix. Hermione soltó una suave risita.

Su suegro había sido sometido a varios hechizos en San Mungo en los últimos años luego de que Voldemort le sacara los ojos bajo tortura y lo usara como sacrificio para un horrocrux que terminó siendo destruido por Dumbledore. Los medimagos habían intentado un sinfín de métodos para devolverle la vista mágicamente pero nada había funcionado, hasta que meses atrás Hermione lo había convencido de que el mundo muggle ofrecía transplantes de córneas y podía ser una opción para recuperar la vista. Después de varias negativas, el mayor de los Malfoy finalmente había aceptado y se había sometido a una exitosa operación cuando apareció un donante, pero solo había pasado un par de semanas y la recuperación era lenta, los médicos habían avisado que no vería claramente hasta dentro de tres o cuatro semanas, por lo que todavía todo era solamente luz y manchas borrosas para él, debía llevar lentes oscuros en el exterior y no someterse a grandes cantidades de luz eléctrica, aunque eso no era un problema en la mansión.

"Mamá, ¿Puedo montarme en la escoba por favor?" Interrumpió la niña con las manos apoyadas en las rodillas de su madre y esa mirada de cachorro que había aprendido a poner.

"¡Neville no puedo creer que le hayas traído una escoba!" Exclamó Hermione al escuchar a la niña. El susodicho encogió los hombros y puso cara de culpa.

"Tal vez luego de almorzar, Helena, si te portas bien". Contestó Severus ante el silencio de la madre de la pequeña.

"¡Pero paaapá..." Se quejó ella.

"Helena" Advirtió Bellatrix con el ceño fruncido.

"Sí mamá" Refunfuñó la niña, alejándose para jugar con uno de los elfos más jóvenes de la mansión que la esperaba ansioso.

Poco después la familia se mudó a la mesa que Narcisa había preparado -con ayuda de los elfos- en el jardín principal, rodeados de flores y esculturas de piedras que recordaban las hazañas de los primeros Malfoy, mientras algunos pavos reales blancos caminaban alrededor suyo con las plumas levantadas paseando su esplendor.

"Harry me ha escrito" Anunció de repente Neville, justo cuando Hermione tenía el tenedor a mitad de camino hacia su boca. El pedazo de carne cayó a su plato y toda la mesa quedó en silencio. "Ginny ya va por el último trimestre de su segundo embarazo, a él lo ascendieron, ahora es auror en jefe de..."

"No me interesa saberlo" Declaró la chica.

Narcisa carraspeó incómoda. "¿Me pasas la ensalada, Draco?". El rubio hizo levitar la fuente hacia su madre y abrió la boca para iniciar una nueva conversación cuando el otro chico volvió a hablar.

"Él me preguntó por ti, realmente te extraña, Hermione" Insistió el moreno. "Quiere verte, dice que han pasado muchos años y está muy arrep..."

"¡No me importa!" Exclamó la bruja, cortando con violencia el pedazo de carne de su plato. "No quiero saber nada de Potter ni de Weasley. Ellos lo saben, se los he dejado muy en claro la última vez que hablamos".

"Lo sé, pero han pasado seis años, Ron también te extraña y..."

"Suficiente, Hermes" Terció Bellatrix sin dejar de mirar su propio plato. "Sabes que a tu hermana no le gusta el tema. Ha perdonado a sus ex amigos pero no quiere tener ningún tipo de relación con ellos. Déjalo ya".

"Tu madre tiene razón" Apoyó Severus. Lucius asintió en acuerdo con su concuñado.

Neville -ahora legalmente Hermes- apretó los labios, completamente en desacuerdo con Hermione. Todavía podía recordar la enorme pelea que habían tenido esos tres durante la reconstrucción de Hogwarts. Todo el castillo se había enterado de que Hermione les había gritado «asesinos», tanto que el escándalo había llegado a El Profeta y fueron tema de qué hablar en Corazón de Bruja por semanas. Según Hermione, ella los había disculpado por consejo de su padre, Severus, quien le había recomendado perdonar pero no olvidar. Ron y Harry estaban seguros de que el antiguo profesor de pociones solo quería que estuvieran separados de Hermione, y cada vez que el tema salía las veces que se veía con ellos Neville terminaba discutiendo, odiaba que hablaran mal de su padre.

La comida transcurrió con calma luego del pequeño episodio. Draco no retiró la mano del muslo de su esposa luego de eso, logrando así que ella se tranquilizara. Él sabía lo mucho que todavía le afectaba el tema del asesinato de sus padres muggles y la traición de sus amigos.

Entre comentarios de Narcisa, anécdotas de Bellatrix sobre el recientemente fallecido Albus Dumbledore y chistes de Hermione acerca del pastel de Hannah que se había desarmado durante la aparición, el almuerzo llegó a su fin y nuevamente volvieron al jardín posterior.

Lucius se excusó y se retiró para descansar, tal como el médico le había indicado que debía hacer luego de haber estado mucho tiempo levantado. Hannah pidió pasar a una habitación para alimentar a su bebé y hacerlo dormir la siesta. Hermione y Draco se alejaron junto con Helena hasta la zona más despoblada del jardín para enseñarle a andar en su nueva escoba, ya que su padre finalmente lo había permitido. Neville y Severus caminaban cerca, este último con el brazo sobre los hombros del chico quien sonreía por algo que el mayor iba diciendo.

"Realmente lo has hecho bien, Bella" Dijo la suave voz de Narcisa, sentada al lado de su hermana, mirando hacia donde estaban los demás.

"¿A qué te refieres, Cissy?" Preguntó la morena.

Narcisa sonrió en dirección al jardín. "Has recorrido un largo camino para llegar hasta aquí, tienes a Severus, tienes a tus hijos mayores vivos y sanos, y también tienes a Helena".

Bella sonrió. Realmente lo había hecho bien. Le había costado lo suyo, tantos años, tanta infelicidad, tanto dolor. En los días lluviosos todavía podía recordar su recorrido desde la mansión Malfoy hasta el Bosque Prohibido para entregar a su pequeña Hermione. Todavía podía sentir el dolor en sus entrañas y en su corazón cuando recordaba el bulto sangrante que cargaba y del que se había tenido que separar sin esperanza de volver a verla.

Observó cómo Hermione apretaba el brazo de Draco con nerviosismo al ver que Helena se elevaba unos centímetros del suelo en su nueva escoba. Sonrió al ver los rizos oscuros de ambas moverse con el viento. Sus dos niñas, una que había sido arrebatada cruelmente de su vida por las circunstancias pero que había vuelto para devolverle la felicidad, y la otra quien había llegado en el momento más inesperado para completarla.

No debía hacer ningún esfuerzo para revivir las angustiosas horas del parto de Helena, donde había exigido que tanto Narcisa como Severus estuvieran presentes y listos para cualquier eventualidad. La pequeña había nacido sin ningún problema y ella no podía estar más agradecida. Le gustaba rememorar la cara de absoluta felicidad de su esposo cuando le había dado la noticia de su embarazo en su noche de bodas, luego de una ceremonia que había sido muy íntima, solo su familia, Dumbledore y el oficial de justicia que los había unido después de tantos años juntos en clandestinidad.

Helena había llegado en el momento preciso, obrando de conector entre sus hijos y su esposo. Había pasado un año entero desde la guerra cuando se enteró que estaba encinta. La noticia fue muy bien recibida por sus hijos, especialmente por Hermione quien era su compañera inseparable. Cuando finalmente la niña nació, Neville se unió completamente a la familia, totalmente obnubilado por su hermana menor, quien logró que él y Severus limaran asperezas.

Aquello había sido difícil al principio. Severus no sabía cómo acercarse al chico que había despreciado desde el primer día que había puesto un pie en Hogwarts y Neville no podía dejar de ver en Snape al temible profesor que le había atormentado desde que entró a la escuela. Incluso aceptarla a ella había sido más fácil que aceptar a su padre.

Bella suspiró al traer a su memoria el final de la guerra, el día que había matado al Lord a quien había servido durante la mitad de su vida, pero también se enfrentaba a una de las más duras guerras que jamás había librado: su hijo Hermes.

Neville creía que ella era quien había torturado a sus padres, Frank y Alice. A la mujer le había costado que el chico se calmara para explicarle la verdad, habían sido necesarios un par de gritos y hechizos de la vieja Augusta para que el muchacho le pusiera atención. La historia había sido corta pero dolorosa, narrarle a su propio hijo las peripecias de su juventud no fue agradable, pero sí fue liberador. No había hablado con nadie de aquello en años, ni siquiera con Narcisa quien sabía que ella era inocente pero desconocía los detalles.

Cerró los ojos, rememorando la noche en que los aurores irrumpieron la mansión Lestrange para llevarla presa por los crímenes contra el matrimonio Longbottom. Todo había sido una locura, golpes, hechizos, gritos, y la enorme interrogante de qué había sucedido en realidad. También se llevaban a Rodolphus, quien la miraba con los ojos asustados y casi culpándola por un crimen que ella no había cometido. Tuvieron que pasar meses para que Lucius viniera con la noticia, había contratado a un detective que le costó una fortuna, pero finalmente había descubierto quién torturó a su antiguo amor.

James Potter. El primo-hermano de Alice Longbottom. Al parecer, según las declaraciones del mismo Potter en estado de ebriedad, Frank le había contado a su mujer sobre su romance con Bellatrix, y aunque había jurado que era cosa del pasado -lo cual para aquella época lo era-, Alice no le había creído. Deprimida y decepcionada, recurrió a su primo James para que «le diera una lección» a su esposo. Pero a su primo se le había pasado la mano con los cruciatus, Frank no respondía y parecía muerto. ¿Cómo podría James dejar rastro de algo así? No tuvo mejor opción que darle el mismo fin a su prima, la única testigo de su delito. Se lavó las manos diciendo a unos amigos aurores que había sido Bellatrix y «su grupo», el móvil fueron los celos y el odio hacia Alice. Un par de testigos comprados con algo de oro y ella, su esposo y su cuñado Rabastan habían terminado en la cárcel.

Cuando Lucius presentó las pruebas que el detective le había dado y abogó por la inocencia de su cuñada, nadie en el Ministerio le dió cabida. Ninguno de aquellos malditos holgazanes corruptos iba a manchar la memoria del gran James Potter, padre del niño-que-vivió y derrotó a Quien-no-debe-ser-nombrado. También estaba acusada de afiliación a los mortífagos y ese era un delito que Bellatrix sí había cometido.

La bruja aspiró y soltó lentamente el aire. Neville lo había entendido finalmente, ella tuvo que contarle sobre lo mucho que quiso a su padre y lo mucho que sentía el destino que le había tocado. El chico tardó en acercarse pero al fin aceptó que ella era su madre biológica y no lo había abandonado por voluntad, ni siquiera sabía de su existencia. Augusta Longbottom lo había resguardado muy bien haciéndolo pasar por el hijo muerto de Alice y Frank, quienes también se habían guardado la verdad con ellos. Bellatrix todavía se preguntaba si Frank había sabido que su hijo era de ella, pero Augusta no quiso soltar prenda y se llevó el secreto a la tumba.

Cuando Helena cumplió dos años, Neville decidió que quería cambiarse el nombre y apellido a Hermes Snape-Black. Severus no había podido dormir de la emoción el día antes de ir al juzgado. Y finalmente, un año atrás, él les había comenzado a llamar mamá y papá, a diferencia de Hermione que había adoptado los nombres el mismo día que acabó la guerra.

Últimamente ambos hermanos insistían en que era hora de hacer pública su verdadera identidad. Narcisa estaba encantada con la idea de una fiesta para presentar en sociedad a los Snape Black. Bella no estaba tan segura, la sociedad no había sido tan buena con ellos, por más que Dumbledore había conseguido librarlos completamente de cualquier pena carcelaria, tanto ella como Lucius y Draco cumplieron con deberes comunitarios semanales y debieron ir al Ministerio durante cinco años, que se habían terminado un año atrás. La gente todavía la miraba con miedo por la calle, y muchos especulaban que matar a Voldemort solo había sido una movida desesperada para librarse del beso del dementor.

"¿En qué piensas?" Le preguntó Narcisa luego de un rato largo donde había estado sumida en sus recuerdos.

El tema de la guerra aún le ponía los pelos de punta a su hermana mayor, y sabía que la rubia todavía tenía pesadillas por las noches a pesar de haber sido obliviada. La guerra era un tema tabú que Bellatrix y Lucius se habían puesto de acuerdo en que nunca más debían mencionar.

Los ojos oscuros de Severus se posaron en los suyos desde la distancia y pudo sentir como desde lejos él enviaba hacia ella su magia para tranquilizarla porque la sentía abatida. Sonrió en respuesta a la mirada escudriñadora de su esposo y él amplió su red de magia, lo que hizo que ella soltara una risita divertida. Habían pasado tantos años juntos que Snape era un experto en controlar la afinidad que compartían, un secreto sabido solo por ellos, del cual no estaba enterada ni siquiera Narcisa que era su confidente.

Pensó en cuánto había pasado a su lado, cuanto silencio y cuantas pruebas que no hicieron más que reafirmar el amor que sentía hacia él. Podían haber muchos otros Frank más con amor de un rato, muchas otras Lily con amores egoístas, incluso otros Rodolphus con amor de camaradas, pero ninguno significaría tanto como lo que ellos eran el uno para el otro. Nadie, ni siquiera el mismo Lord, podía romper con un amor tan puro y verdadero como el que habían compartido Bella y Severus bajo el incansable sol de la lucha.

Posó los ojos en Hermione y Draco, quienes reían detrás de Helena, con las miradas brillantes y rebosantes de amor para con el otro. Se fijó en la sutil caricia de la mano de su sobrino sobre la pequeña curva del vientre de su hija.

"¿Bella?" Insistió Narcisa. "¿En qué piensas?".

Bellatrix sonrió. "En los que aman de verdad".


¡Llegamos al final de los finales! Muchísimas gracias a todos los que leyeron hasta aquí. ¡Es mi primer longfic terminado! A veces puede parecer poca cosa, pero para mí fue un sacrificio enorme. Lo empecé a escribir en septiembre como regalo de cumpleaños de mi mejor amiga. Lo inicié cuando estaba enferma, postrada en cama con leucemia y un tumor en la cabeza. Hoy la publicación del epílogo me encuentra más recuperada y parada en mis propios pies. De verdad les agradezco muchísimo a quienes me apoyaron, quienes dejaron sus reviews y a quienes me enviaron pms. Me gustaría responder todos y cada uno pero son muchísimos! Gracias de corazón a quienes me acompañaron en este camino, especialmente a Agustina que es mi guía, mi razón y mi final.

Estuve pensando en escribir un dramione donde Hermione haya sido desmemoriada en contexto de guerra y termine en la otra punta del mundo comandando un grupo narco! Draco sería detective y encargado de buscarla. Habría magia y mundo muggle, no es ooc. Les interesa la idea? Porque tambien estaba pensando que sería muy interesante para otro ship que tengo en mente. Que creen ustedes? Para mi es muy importante su opinión. Me dejan un review con su respuesta?

Con cariño, Ann.