Los personajes de Twlight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.

Disfrútenlo.


Día 26

La luz de la mañana iluminaba el cuarto y la claridad terminó por despertarme. Eran las nueve y nuestra reserva duraba hasta el mediodía. Edward aún dormía pacíficamente a mi lado y me levanté de la cama para cerrar un poco las cortinas.

Aproveché que ya estaba en pie y pedí que nos entreguen el desayuno para comer antes de irnos. Tomé una ducha rápida y me vestí con la misma ropa que llegué anoche al hotel.

Apenas la persona responsable por el servicio al cuarto timbró, corrí a abrir la puerta. Separé toda la comida en el comedor y regresé a la suite en la que estábamos, con la misión de despertar a Edward.

Me senté en la cama y pasé la palma por el rostro de mi novio, intentando despertarlo de manera delicada.

—Buenos días, dormiloncito —hablé, dándole un beso en la mejilla—. ¿Vamos a desayunar?

—¿Qué hora es? —preguntó, respirando profundo y desperezándose.

—Casi las nueve y media. Vamos, levántate y a comer. Voy a pedirle a Félix que nos busque dentro de más o menos una hora.

—¿Ya? ¿No hay manera que nos quedemos un poquito más?

—Nuestra reserva termina al mediodía, pero creo que es mejor ir a casa pronto, ¿no? Vamos a estar prácticamente toda la tarde fuera y anoche tu hermana me dijo que pasaría por allá.

—Deja a Alice sola, ella sabe desenvolverse en casa. Probablemente va solo para molestar a Zaza, ella piensa que no sé qué su sueño es llevarse a la abuela de casa.

—Para de pelear con tu hermana; si no fuese por ella, no estaríamos aquí. Levanta ese trasero blanco de la cama y vamos a comer que el desayuno aquí es delicioso.

Se levantó un poco refunfuñón y se desperezó una vez más, en seguida poniendo la mano dentro de sus calzoncillos y rascándose como un perro.

—Vas a lavarte las manos antes, ¿cierto?

—¿Por qué? Está todo limpio ahí abajo, tomé un baño antes de dormir.

—Porque es asqueroso.

—No lo encuentras asqueroso cuando pones tu boca ahí.

—¡Edward! —hablé, con los ojos amplios y mi boca formando una perfecta O, debido a la sorpresa por sus palabras.

—¿Estoy mintiendo?

—¡No hables de esa manera! —dije, sintiendo mis mejillas colorearse.

—Voy a lavarme las manos, si tanto insistes, pero sabes que tengo razón —concluyó entrando al baño.

Un día me va a matar de vergüenza.

Llamé rápidamente a Félix y le avisé que podría buscarnos en una hora. Estaba sirviendo un waffle para mí y otro para Edward cuando entró en el mismo cuarto que yo.

—Listo, limpiecitas —habló, sacudiendo las manos prácticamente encima de mi rostro.

—No necesitas restregarlas en mi cara —dije, rolando los ojos y agarrando un vaso.

—¿Tienes jugo? —cuestionó, sentándose a mi lado y dándome un beso en el hombro.

—Naranja, pero no está muy helado.

—No hay problema —habló, agarrando la jarra.

—Hmmm… ¡Hay crema y fresas para ponerle a los waffles!

—Ponme a mí también —pidió y puse un poco de crema blanca encima de su waffle. En seguida esparcí algunas fresas.

—Está una delicia —hablé después de dar la primera mordida.

—Concuerdo. Mejoraría si solo pudiese comer esto encima de ti —expresó con una sonrisa torcida en el rostro.

Simplemente paré y lo miré. Edward continuó mirándome con una sonrisa ladeada. Miré la crema. Lo miré nuevamente. De nuevo a la crema. Agarré mi celular y marqué el número de Félix.

—Cambio de planes, búscanos dentro de una hora y media, ¿ok? —dije y Edward abrió una enorme sonrisa al escuchar mis palabras.

Cuando Félix llegó a buscarnos, algo que no esperábamos pasó: dos paparazzi estaban parados en la puerta del hotel, listos para tomar fotos nuestras a través de la ventana del carro. Gracias al vidrio polarizado, no fueron capaces de hacer una buena toma, pero eso dejaba claro lo que nos esperaba de aquí en adelante.

Al llegar a casa, el caro de Alice estaba en el estacionamiento del garaje, como lo prevé.

—Sé bueno con tu hermana, ¿ok? —le dije antes de entrar a la casa,

—Ok, mamá —respondió, rolando los ojos.

—No me hagas ponerte un castigo —bromee.

—Dependiendo del castigo, no me importa ser malcriado… —dijo, guiñándome y poniendo una cara que dejaba claro que alguna perversión estaba pasando por su mente.

—Hay días en que te despiertas como un perro detrás de una perra en celo, ¿eh? Dios mío, ¿no bastó con nuestro desayuno?

—¿Y qué? Cuando la comida es buena, siempre se tiene hambre.

—Terrible, Cachorro. Eres terrible —hablé, sacudiendo la cabeza de un lado para otro y entrando a la casa.

Zafrina y Alice estaban conversando en la cocina. La señora preparaba lo que imaginaba ser el almuerzo y Alice estaba sentada en el mesón, balanceando los pies y hablando animadamente, parecía una niña.

—¡Finalmente llegaron! —exclamó, saltando al suelo y corriendo para darme un abrazo—. ¿Fue todo bien ahí en el hotel?

—¡Sí! Muchas gracias, Alice. No necesitabas haber pagado, después voy a encontrar la manera de retribuírtelo.

—No necesitas retribuir con nada, solo con el hecho de dejar a mi hermano menos irritante ya ayuda bastante.

—Mira quien habla… —dijo Edward detrás de mí, dirigiendo sus palabras a Alice.

—Soy adorable, tú eres un gruñón —concluyó, mostrando una sonrisa infantil.

—¿Qué viniste a hacer aquí a casa?

—Vine a traerte ropa nueva. De nada, hermanito. Además, encontré esto en tu armario —habló, mostrando un paquetito de adhesivos de nicotina—. ¿Estás dejando de fumar?

—¡Para de revolver en mis cosas! —dijo él, quitándole el paquete de las manos a Alice—. La próxima vez solo pon la ropa ahí y listo.

—Hey, chico, no necesitas ser grosero, solo quería decirte que estoy contenta porqué hayas elegido parar. Intento ser buena hermana, ¿pero él me trata bien? ¡No! —reclamó, bufando y yendo al lado de Zaza—. Lo viste, ¿verdad, abu? Chico malhumorado, ni parece que cabalgó toda la noche.

—¡Niña Alice! —habló Zaza con una mirada horrorizada—. ¡Mira los términos que usas!

—Como sea —dijo, rolando los ojos e intentando robar un pedazo de la comida de Zafrina.

—Alice, el almuerzo aún no está listo.

—Pero huele rico.

—¿Por qué no vas a la sala y miras un programa de TV? Quédate quietita, mi angelito.

—¿Por qué no me contaste que estabas usando esos adhesivos? —le pregunté a Edward, dejando de lado lo que pasaba entre Zafrina y su nieta.

—No lo sé —habló, encogiéndose de hombros—. Mucho estrés últimamente, me da ganas de fumar y sé que no te gusta. No sé…

—No me gusta porque perjudica tu salud. Pudiste haberme contado, Edward, jamás pensaría que eres débil o cualquier cosa de esas por haber estado usando alguna cosa de esas. Nadie deja un vicio de la noche a la mañana.

—Lo sé. Tonterías mías.

—Sé que te estás esforzando y estoy muy orgullosa de ti —dije, dándole un beso en la mejilla.

—Gracias —agradeció, poniendo los brazos a mi alrededor.

—¿Viste? Con ella es un dulce. Ahora conmigo es solo groserías —refunfuñó Alice un poco más.

—¿Quién mandó un mensaje anoche diciendo "vete a la mierda"? ¿Fui yo? No —dijo Edward con cinismo.

—¡Me mandaste a la mierda también!

—¡Claro, comienzas a molestarme de la nada y tengo que reaccionar!

—¡Alice y Edward! quietos —habló Zafrina, poniendo la cuchara de palo dentro de la olla y una mano en la cintura. Su cara no era nada buena y no quería estar en la piel de ninguno de los dos—. Edward, para de ser grosero con tu hermana porque la niña es un poco entrometida, pero siempre ha sido una buena hermana para ti. Y Alice, deja de colmar la paciencia de Edward, sabes que no le gusta cuando revuelven en sus cosas. Pidan disculpas.

—Solo si él lo pide primero —habló Alice, cruzándose de brazos.

—Disculpa —pidió, rolando los ojos, pero sabía que estaba siendo sincero.

Alice fue hasta él y lo abrazó, cuchicheando algo en su oído, en seguida le dio un beso en la mejilla.

—Ahora, sean buenitos y quédense en la sala mientras termino de preparar el almuerzo, ¿ok? —pidió Zafrina y nos encaminamos a la sala.

Fue solamente tiempo de sentarnos para que una visita más que inesperada surgiera frente a nosotros.

—¡Voy a matar al puto de tu hermano! —habló Rosalie y se sentó en el sofá. Su rostro estaba rojo y parecía haber llorado durante todo el camino a casa de Edward.

—¿Qué pasó? —cuestionó Alice, preocupada fue al lado de Rose. No sabía si debía hacer lo mismo, porque no creía que éramos lo suficientemente cercanas.

—¡Es un idiota! —habló y de pronto algunas lágrimas surgieron en sus ojos. Edward estaba un poco estático a mi lado y sabía que no iba a moverse. Decidí entonces levantarme e intentar consolar a Rosalie junto con Alice.

—Cuéntanos qué pasó, Rosalie.

—Estábamos arreglando el cuarto libre para poner las cosas del bebé, porque antes era un cuarto de chécheres, ¿sabes? —preguntó retóricamente, con el reclamo implícito—. Ahí encontramos las fotos de nuestro matrimonio y luna de miel. Me quedé observándolas porque puta madre, cómo estaba de linda en mi matrimonio. Hasta ahí todo bien, estábamos viendo y recordando todo como si fuese ayer. Cuando agarré las fotos de la luna de miel, las cosas fueron diferentes. Estaba guapísima, de verdad. ¿Y sabes lo que su hermano me dijo? —prácticamente gritó, mirando a Alice y Edward.

—¿Qué? —indagó Edward, un poco asustado con su cuñada.

—Dijo: mierda, cómo está de diferente tu cuerpo a esas fotos. Así mismo, en mi cara. ¡Me llamó gorda! Estoy en el tercer mes de embarazo y ya me está llamando gorda.

—¿Estás llorando por eso? —cuestionó Edward, obviamente sin el mínimo tacto que podría tener con la embarazada que estaba en la habitación.

—¿Y crees que es poco? —cuestionó, levantándose del sofá en el que estaba y yendo en dirección a Edward. Nunca lo vi con una mirada tan temerosa.

—No fue lo que quise decir.

—Mira estas fotos, Edward. ¡Mira! —dijo, prácticamente restregándole en la cara de Edward las fotografías que estaban en su mano—. Guapísima y caliente como el infierno, era eso lo que era.

Y su llanto comenzó de nuevo. Dios, si ese era solamente el tercer mes de embarazo, Emmett estaba realmente jodido.

—No quiero estar gorda —dijo entre sollozos, aún con las fotos en la mano.

Fui nuevamente hasta su lado y agarré las fotos, brevemente analizándolas. Mierda, estaba en lo cierto. Rosalie estaba increíblemente linda en todas esas fotografías, pero continuaba con la misma belleza; si ganó peso, era imperceptible.

—Rose, continuas hermosa.

—Hermosa y gorda. ¡Estoy en el tercer mes y mira mi barriga! —reclamó, levantándose la blusa y mostrando una barriga que tenía un mísero volumen. Parecía que solo estaba un poco hinchada, pero nada para hacer ese escándalo. Obvio que no le iba a decir eso en la cara, porque me daba miedo.

—Tu barriga continua igual, Rose.

—¡No es cierto! —dijo, limpiándose las lágrimas.

—Claro que lo está, Rose. De verdad, eres muy bonita, apuesto que cuando pasas por la calle todo el mundo te mira y se queda babeando —dijo Alice—. Nadie sospecharía que estás embarazada.

—Es porque aún no han visto cómo aumentaron de tamaño mis pechos—dijo y comenzó a levantarse la blusa.

—¡Rosalie, por el amor de Dios! —gritó Edward, tapándose los ojos—. Eres como mi hermana, ¡bájate esa blusa!

—¡Mira cómo mis pechos están de hinchados! —dijo ella, mostrando sus pechos cubiertos por el sostén. Ok, realmente habían cambiado de tamaño, pero nada radical.

—Pero los pechos grandes no son algo malo —hablé—. ¿No es así, Edward?

—Por el contrario, estoy seguro que Emmett lo va a aprobar —habló, aún con los ojos cubiertos—. ¿Ya se bajó la blusa?

—Ya puedes parar con el show —respondió Rose—. ¿Y si mis pechos crecen mucho y después quedan caídos? No quiero que queden caídos, pueden llamarme superficial, pero mis pechos siempre fueron duros y lindos…

Y comenzó a llorar de nuevo.

—Mi celular está sonando, ya regreso —habló Edward, corriendo a la sala, pero sabía muy bien que no había ninguna porquería de celular sonando, porque el aparato estaba dentro de mi bolso.

—Rose, ¿querías quedar embarazada? —indagué.

—¡Claro que lo quería! Es un sueño mío, pero olvidé que iba a engordar y quedar toda fofa.

—No necesariamente —habló Alice—. ¿Ya no te cansaste de ver un montón de gente que tiene hijos y continua con un cuerpo bonito? Hay mujeres que hasta después de tener un bebé quedan más acuerpadas, llenas de curvas… es así que les gusta a los hombres, Rose.

—Habló la flacuchenta —bufó Rose. Ok, la sensibilidad no era un punto fuerte de Rosalie.

—Ven aquí, estoy intentando consolarte, ¿eh? ¡Soy flaca porque como y no engordo, no tengo culpa si mi metabolismo es acelerado! Siempre quise tener más pechos, más culo, más curvas… espero que el día que quede embarazada, gane un poco de eso.

—Creo que deberías parar a pensar en el bien de tu bebé antes que todo —le dije a ella—. Desgastándote de esa manera solo vas a perjudicar a tu hijo.

—Hijo o hija, aún no lo sabemos —dijo, pasando la mano por su vientre—. No quiero dejar que él o ella se estresen, pero es que el maldito de Emmett fue quien me dejó en este estado.

—Debe solo haber estado comentando que estaba comenzando a notar el cambio, Rose. En algún momento el cambio va a ser más que perceptible, pero piensa que después vas a ser recompensada con un lindo bebé —afirmó Alice.

—Exactamente. Apuesto que vas a continuar con ese hermoso cuerpo, solo va a parecer que te tragaste una sandía, y después que el bebé nazca, rapidito vas a entrar en forma —apoyé.

—¿Será? —cuestionó y asentimos—. Voy a intentar estar más calmada, no quiero perjudicar a mi bebecito. Él o ella será muy bienvenido y si fuera preciso que quede como la réplica de Liberen a Willy para que venga con salud, no me importará. Aunque quede muy triste por perder mi cuerpo de infarto.

—Tienes que ver las cosas por un lado más optimista —dijo Alice—. Conversa con Emmett, apuesto que va a decir que continuas igual de guapa.

—Sé que aún me encuentra guapa, si fuese por él, follaríamos todo el día. Pero ando tan enojada, hinchada, malhumorada, que la última cosa que quiero tener es sexo. Estoy como en mi fase de TPM, solo que mucho peor.

—Por eso solo quiero quedar embarazada después de los treinta —habló Alice y en ese mismo momento reparó que había sido un poco irrespetuosa—. Quiero decir, quiero eso para mí, porque creo que tengo que tener una relación firme para pensar en un hijo. Tú y mi hermano ya están juntos hace años, casados… un hijo es todo lo que faltaba para completar su familia.

—Y cómo está tu relación con Jasper, ¿eh? —cuestionó Rose.

—Una locura —dijo Alice, haciendo una sonrisa de niña loca—. Jasper es… increíble, en todos los sentidos. En los primeros días solo era sexo, ¿sabes? ¡Porqué chicas, ese hombre es una máquina! Solo que después conversamos, hablamos de su vida y me encantó. Me gusta lo que tenemos y mis instintos me dicen que será algo duradero.

—Tus sueños, ¿eh? —dije, un poco burlona.

—¡Cuando me pida matrimonio, vas a ver que estoy en lo correcto!

—¿Pedir matrimonio? —cuestionó Rose.

—Larga historia —dijo Alice.

—Largo sueño —afirmé.

Con Rosalie más calmada, fuimos capaces de conversar tranquilamente mientras el almuerzo estaba listo. Rose parecía haber dejado de lado la paranoia de engordar y comió un plato de almuerzo —creo que su inseguridad en cuanto a su físico era uno de los síntomas del embarazo. La convencimos de llamar a Emmett y avisarle que estaba aquí. Dijo que vendría corriendo para buscarla.

—Creo que no vamos a estar aquí cuando Emmett llegue —dijo Edward cuando estábamos de vuelta en la sala.

—¿Por qué? ¿Qué hay marcado para hoy? —cuestionó Alice.

—Sophie debe llegar aquí a casa dentro de poco, tengo una entrevista en la radio.

—¿Sophie?

—Mi nueva asesora.

—¿Qué pasó con Jessica? ¿El diablo decidió llevar a su secretaria de regreso? —indagó Alice y no aguanté la risa.

—La despedí. Hizo algo muy malo conmigo, ¿no lees las revistas o ves los periódicos?

—Hermanito, mi novio es un ex actor porno. ¿Necesito decir más? —preguntó retóricamente y Edward hizo cara de asco.

Le contamos a Alice y Rose todo lo que había pasado en los últimos días. Las dos quedaron en shock y Rosalie afirmó que, si no estuviese llevando un niño, saldría detrás de la piraña desgraciada —palabras de ella, pero estoy de acuerdo— y terminaría con su estirpe.

Sophie llego algunos minutos después y se presentó con todo el mundo. Alice y Rose la quedaron mirando con un poco de desconfianza, pero creo que simpatizaron con la mujer.

El programa de radio en el cual Edward participaría era muy popular y la mayoría de sus oyentes variaban entre dieciséis y veinticinco años. Él ya estaba acostumbrado a lidiar con todo eso y sentí que permanecía bastante tranquilo, pero cuando Sophie le dio una noticia por la cual no esperábamos, las cosas cambiaron un poco.

—¿Recuerdas cuando anoche diste la entrevista y hablaste sobre que habías tenido una mala influencia de una persona que trabajó contigo?

—Sí —dijo él.

—Entonces, como había previsto, fueron detrás a investigar y descubrieron que era Jessica. Lo que no esperaba es que ella fuese lo suficientemente idiota para referirse a esa situación. Bien, yendo directo a lo que interesa, decidió abrir la boca y dice que estás cayendo en los chismes de Isabella y que la intención de tu novia es únicamente aprovecharse de tu dinero y fama. La revista The Moon ya publicó hoy un artículo con ella, y probablemente algunas más, que aman las noticias amarillistas, irán tras ella.

—Chicos, esa mujer está loca —hablé, abismada con la capacidad que Jessica tenía de probar que realmente era una demente—. Jamás pensaría en aprovecharme de Edward.

—Solo está quemando su nombre, no entiendo la obsesión que tiene, pero, en fin, poco me estoy preocupando por Jessica, no quiero que perjudique tu carrera, Edward. También dijo que siempre deslumbraste a Tanya y que la chica creyó que podría tener un romance contigo, pero que quedó devastada cuando supo que estabas con Isabella.

—¡Qué piraña! —grité y todos en el carro parecieron un poco asustados con la fuerza de mi declaración—. Disculpa, pero… Ay, en este momento siento un inmenso odio por esa mujer. Tengo ganas de agarrarla del cuello y no soltarla.

—¿Qué voy a decir? —cuestionó Edward, un poco preocupado.

—Ya hablé con la asesora de Tanya y con la gente de la radio, ella va a entrar en vivo y hablar brevemente de lo que pasó y vamos a aclarar todo. Mantente calmado y enfocado en la divulgación de CD, cuanta menos pantalla le demos a lo que Jessica está diciendo, menos va alimentar esa historia para vender a las revistas. Lo que ellos quieren saber ahora es de tu relación con Isabella, y ya les dije que no quieres hablar sobre eso; lo máximo que pueden preguntar es si estás en una relación y punto. Cualquier cosa que te haga sentir inseguro o que yo encuentre inapropiado, lo interrumpiré. ¿ok?

—Claro —aprobó.

Al llegar a la radio, Edward fue recibido y yo también —pero aún más por uno de los presentadores que me miraba de manera totalmente descarada, y a mi novio, eso no le estaba gustando ni un poco—. Al programa le llevó menos de media hora comenzar.

—Ustedes probablemente ya escucharon mencionar este nombre millones de veces en los últimos años, él ya posicionó varios éxitos en las listas nacionales e internacionales, está con un álbum que será lanzado el día diecinueve del siguiente mes y ustedes no se cansan de pedir la canción "Flaws" todos los días. ¡Con ustedes, Edwaaaard Cullen! —dijo Ryan, uno de los presentadores de manera tan animada que estaba intentando controlar mi risa.

—Hola. ¡Buenas tardes! —habló Edward.

—¿Cómo estás, Edward? — preguntó Martín, el presentador con cara de pito.

—Bien, lleno de trabajo de aquí en adelante, pero contento.

—¡Imagino que debes estarlo! Eres número uno en nuestra radio y más encima, eres novio de una de las mujeres más bonitas que he visto —comentó Martín, dejándome incómoda y vi rápidamente que Edward se controló para no hacer algún comentario inapropiado.

—¿Qué puedo hacer? Creo que soy un hombre con suerte —respondió con una carcajada, pero sabía que se incomodó.

—Tenemos una exclusiva para los fans de hoy. Quien esté con nosotros durante toda la transmisión de esta entrevista, va a tener la oportunidad de escuchar quince segundos de todas las canciones del CD "Flaws" —Ryan habló y pusieron un efecto de sonido ridículo de fans gritando, esta vez no pude contener mi risa—. ¿Muy animado por el lanzamiento, Edward?

—¡Bastante! No veo la hora.

—¿Qué hiciste en el último año? Digo, después de acabar la gira de tu CD anterior. ¿Entraste de inmediato en proceso de grabación?

—Básicamente sí. No paré por mucho tiempo, creo que tal vez, por aproximadamente dos meses. Ya tenía la mitad de las canciones de "Flaws" escritas cuando estaba en la gira, fue una época muy productiva. Cuando entré en el estudio para grabar, el foco fue completamente a producir un buen CD y siempre hacer algo para superarme.

—¿Eso quiere decir que crees que este nuevo CD es mejor que el anterior?

—Son diferentes. Hasta sonoramente creo que tienen bastante diferencia, pero aún tiene la misma esencia. No puedo hacer un CD de pop rock, blues y de pronto cambiar a hip hop —dijo con una carcajada—, pero creo que me arriesgué más en este, de una manera positiva. El sonido es más maduro, las letras están más… como decirlo, más realistas, ¿tal vez? Son más personales, es eso lo que quería decir.

—¿Sentiste más facilidad grabando este? ¿Menos presión?

—Sí y no. Primero el miedo de pensar que iba a cagar mi nuevo álbum… mierda, perdón por la palabrota. Opa, disculpa de nuevo —habló un poco nervioso por estar tropezándose con sus propias palabras, y todos en el estudio reían—. Con el primer álbum no tenía expectativas, con el segundo sabía que tenía que hacer un CD mejor, pero también ya conocía mejor el medio del entretenimiento, y creo que eso facilitó mucho mi vida.

—¿Crees que tu carrera ya está establecida? ¿O este CD que va a salir aún es una prueba más?

—Es siempre una prueba, creo que lo que cambia es la confianza. En mi primer CD no tenía idea de cómo las personas iban a recibir ese material, ya con este estoy seguro que me dediqué mucho y que di lo mejor. Logro lidiar mejor con eso, pero no significa que mi carrera ya fue establecida y que todo va a volverse oro, por así decirlo.

—¿Tienes miedo de caer en el olvido? —cuestionó Martín—, de un día envejece y perder esa carita que tantas chicas admiran… ¿eso es algo que te preocupa?

—Tengo miedo de no poder hacer una de las cosas que más amo en la vida, que es cantar. En cuanto a envejecer, es parte de la vida, no creo que los fans me admiren solamente por mi apariencia física, si fuese así, nadie compraría un CD mío. Cuando alguien compra un CD y lo pone en la radio, está escuchando mi voz, no mirando mi cara. Nunca me expondría de esa manera, si no creyera que tengo talento. Cantar es algo que crecí haciendo y espero continuar hasta el día que sea capaz de hacerlo.

—¡Muy bien! Estoy seguro que si depende de la gente, vas a cantar hasta los ochenta años —bromeó Ryan—. Vamos ahora a escuchar un pedacito de la primera canción del CD de Edward. Ésta, ustedes ya obviamente la conocen, se llama "Flaws"

Una parte de la canción comenzó a sonar y sentía que Edward se ponía un poco tenso cada vez que Martín se dirigía a él, pero al parecer estaba lidiando bien con todo eso. No sé si yo podría lidiar bien con las provocaciones que el locutor hacía, pero mi novio sabía salir bien con todo. Al menos era lo que creía.

—Como nos enteramos anoche por el programa de TJ Lenon, quisiste dejar claro que nunca tuviste nada con Tanya. Tengo que admitir que, si tuviese que elegir entre Isabella y Tanya, también me quedaría con Isabella, ¿pero me vas a decir que nunca tuviste la curiosidad de saber si Tanya es realmente tan pura como dice ser? —cuestionó Martín y, al mismo tiempo, Sophie salió de mi lado e hizo una señal indicando que Edward no debería responder esa pregunta.

—Disculpa, Edward, Martín a veces pierde la noción del buen tacto a la hora de hacer sus preguntas —dijo Ryan, pareciendo realmente un poco avergonzado por el comportamiento de su compañero de radio.

—No hay problema —habló Edward, pero vi su puño cerrado. Estaba controlándose—. Solo creo que aparentas tener unos cuarenta años, Martin, ¿correcto? Podrías tener un poco más de respeto al hablar de una chica de dieciocho.

—Edward —dijo Sophie al lado de él y le hizo una señal que le indicaba que se calmara. Lo hizo.

—Disculpa a todos los oyentes y a Edward, Martín hoy no está muy bien —dijo Ryan—. ¿Qué tal si escuchamos una canción más del CD de Edward? Esta se llama "Conquer and Devour".

El presentador puso la canción y al mismo tiempo se quitó los auriculares de los oídos y se giró hacia Edward, probablemente pidiéndole disculpas. Sophie estaba hablando con Martín y los dos parecían no llevarse muy bien. No veía la hora de esa entrevista acabar, pero aún teníamos treinta minutos por delante.

Cuando regresaron, Ryan pidió que Edward hablara un poco de la canción que había terminado de sonar y él lo hizo. Martín se quedó quieto, pero fue solamente cuestión de tiempo para que quisiera hablar, una vez más, de la vida personal de Edward.

—Salieron unas declaraciones de tu ex asesora, Jessica Stanley, que Isabella solo estaría interesada en tu dinero. ¿Tienes algo qué declarar?

—Confío en mi novia, es la única cosa que tengo para decir.

—Dijo también que Tanya quedó herida con todo esto —interrumpió Ryan—. Para aclarar eso, nadie mejor que Tanya, ¿eh? estamos entrando en contacto ahora con ella y si fuera ustedes, no cambiaba de estación por nada del mundo.

—¿Hola? —habló Tanya por teléfono—. Hola Ryan, Edward.

—¿No merezco un "hola" también? —preguntó Martín, sarcástico.

—Lo que mereces definitivamente no es un "hola", Martín —dijo Tanya. Ryan y Edward soltaron una risa baja—. Gracias por el espacio aquí en la radio, Ryan, creo que va a ser una perfecta manera de aclarar lo que pasó entre Edward y yo. Nuestros fans no necesitan preocuparse, continúo admirando el trabajo de Edward y él es un genial amigo. Bella es un dulce de persona, estoy segura que Edward no podría haber encontrado una mujer mejor, y esas declaraciones que salieron son super descabezadas. Nunca tuvimos nada y no tenemos, Edward y yo solo mantenemos un interés en común que es la música.

—Los fans estaban preocupados por ti, Tanya. Creyeron que saliste con el corazón roto de todo esto.

—Solo rumores, estoy muy bien. "Eternal" fue el último sencillo de mi CD "Girl Next Door". El DVD debe salir en breve y dentro de dos meses estaré entrando al estudio para grabar mi siguiente CD y eso. ¡Estoy super contenta!

—Creo que ahora lo dejamos claro, ¿eh? —preguntó Edward en un todo risueño—. Es un poco loco lo que el medio hace, cambiar las palabras de los otros, de crear rumores… a veces creo que olvidan que somos humanos como ellos.

—Verdad —concordó Tanya.

—Muchas gracias, Tanya, por habernos atendido y dejado claro para los oyentes lo que realmente pasó. Contamos con tu presencia de aquí en breve, ¿escuchaste?

—Claro, Ryan. Un día que estés solo, es claro —habló y una vez más todos rieron, menos Martín, que no parecía muy feliz.

—Vamos a escuchar una canción más de "Flaws". Esta se llama "It's a Funny Thing".

Una vez más comentaron sobre la canción y hablaron sobre la grabación del CD, los productores y la inspiración de Edward.

Así siguió la entrevista, hasta que en el último bloque los fans llamaron para hacer preguntas y nadie sabía qué esperar.

—Quería saber si tienes alguna manía —dijo una fan llamada Mary.

—Hmmm… difícil pensar ahora —dijo él y me miró. Puse mi mano en el centro de mis piernas y fingí que estaba rascándome el paquete. Él rio—. No sé si puedo decir eso —dijo, acompañado de más risas—. Yo, así como buena parte de los hombres, tengo la manía un poco fea de rascarme ahí de vez en cuando.

—Pésimo habito. ¿Será que Isabella lo aprueba? —cuestionó Martin—. Ven a participar un poco, niña. Apuesto que tienes una voz tan bella como tu apariencia.

—Martín, creo que necesitas encontrar una mujer ¿eh? Porqué la cantidad de elogios que le estás dando a mi novia solo puede ser indicio de eso.

—Vamos, ¿quién tiene una pregunta más para Edward? —dijo Ryan, intentando cortar a los dos hombres, que obviamente no estaban llevándose bien.

—Hola, mi nombre es Elizabeth. ¡Quería saber lo que a Edward le gusta hacer en los días de descanso!

—Me gusta estar en casa, no soy de salir mucho —respondió.

El clima de la entrevista se volvió más light después que las fans fueron las responsables por las preguntas. Edward estaba menos tenso y no habló más con Martín hasta el final del programa. Se despidió de Ryan, quien una vez más pidió disculpas por el comportamiento irrespetuoso de su colega de trabajo, no solo a Edward, también a Sophie, que no estaba ni un poco contenta con el comportamiento del locutor.

—Intenté controlarme, pero que tipo tan ridículo. No era ni por celos, era más porque me estaba irritando con su falta de respeto. Primero con Bella y después con Tanya —estaba frustrado cuando estábamos en el carro y dirigiéndonos a un restaurante donde daría una entrevista para "Strike a Pose".

—Lo sé —dijo Sophie—, la credibilidad de ellos se fue a la basura, aún con Ryan siendo una excelente persona. Pasa, hay cosas que nunca esperamos, lo importante es no dejar que se repita.

—También me estaba irritando, odio a los hombres que se refieren a las mujeres como si fuesen un pedazo de carne —hablé.

Llegamos al restaurante "Maison" y la periodista Janis Young ya nos esperaba para una charla rápida con Edward, quien recibiría un artículo en una página en la revista del próximo mes.

—Hola, Edward —dijo saludándolo y en seguida se detuvo a hablar conmigo y Sophie también.

Edward se sentó y cubrieron algunas partes relacionadas al CD —ya que la revista saldría la semana del lanzamiento del álbum—. Y pararon para hablar un poco de la vida sentimental de Edward.

—Es la primera vez que decides aceptar una relación, ¿qué te llevó a hacerlo? —indagó.

—Bella es la primera novia que tengo desde que mi vida se volvió pública. Naturalmente, fue por eso que solo ahora me manifesté sobre el asunto.

—¿Crees que las personas tenían la expectativa que ibas a ser novio de alguien del medio como Tanya?

—No tengo idea, nunca supe lo que especulaban sobre mi vida amorosa, pero creo que es natural que pongan a una persona famosa con otro, pues normalmente estamos en los mismos lugares, entonces el medio puede explorar eso.

—¿Qué piensas que hizo que quisieras perder el status de soltero codiciado? ¿Por qué solo ahora decidiste envolverte con alguien?

—Bella —respondió con finalidad, dando a entender que no comentaría nada más sobre el asunto. Janis hizo dos preguntas más y cerró la entrevista agradeciendo a todos por nuestra atención y tiempo.

Por más que solo hubiésemos estado fuera de casa por un poco más de cuatro horas, cuando llegué estaba exhausta. Entramos derecho a la cocina, locos por saber si Zaza había dejado la cena lista.

—¿Qué están haciendo aún aquí? —preguntó Edward al ver a Rosalie y Emmett sentados en la barra de la cocina.

—También te extrañaba, hermanito —dijo Emmett, bromeando.

—Disculpa —pidió Edward—, pero es que por lo que Rose dio a entender cuando salimos de aquí, creí que solo vendrías a buscarla para llevarla a casa.

—Ese era el plan inicial, pero la abuela dijo que iba a hacer pastel, ahí ya viste como se puso ella ¿eh? —dijo Emmett y le dio una mirada fea a Rose—. No es para que te engordes, amor, es porque siempre amaste los pasteles de Zaza, como cualquiera persona que tenga un mínimo de buen gusto los amaría.

—¿Hizo pastel? —pregunté.

—Sí — respondió Rose, levantando el plato.

—¿De chocolate? —indagué, acercándome más.

—Sí.

—Quiero. ¿Por qué el chocolate siempre parece más sabroso cuando estás con TPM? —cuestioné.

—Espera hasta el día que quedes embarazada, vas a desearlo el triple. Y no importa si tienes que vomitarlo después por las náuseas, ¡siempre vale la pena! —concluyó y me junté a ella, agarrando un pedazo mientras Emmett y Edward conversaban.

—¿Estás mejor? —indague.

—Sí. Emmett llegó y está siendo muy tierno, como siempre. Creo que tuve suerte —habló más calmada y comiendo tranquilamente su pastel.

—Estoy segura que, aunque engordes cincuenta kilos, aún te va a amar.

—Creo que sí, pero ojalá que eso no pase para estar segura —dijo ella, golpeando la madera y haciéndome reír por su comentario.

—Nos quedaremos hoy aquí, si no se incomodan —habló Emmett—. Pero debemos salir bien temprano porque Rose tiene cita médica. No quiero salir a esta hora porque ya está oscuro y no deseo ponernos en riesgo, aún más ahora con el bebé.

Emmett realmente era un tierno, hablaba de forma tan preocupada y atenta, siempre pensando en el bien de su mujer y ahora de su hijo, que era difícil no tener ganas de apretarlo como si fuese un osito de peluche. Esme y Carlisle supieron realmente educar bien a sus niños.

—Dentro de poco caeré patas arriba —dijo Rose, bostezando—. No sé qué me da a esta hora que ya me dan ganitas de acostarme en mi camita y estar viendo TV hasta que mis ojos se vuelvan demasiado pesados y no me reste otra opción que no sea dormir.

Terminé de comer y Edward hizo un sándwich para mí y otro para él, ya que Zafrina dijo que no hizo nada porque imaginó que íbamos a comer en la calle.

—No quiero todo eso, solo un pedazo —hablé mientras estábamos sentados en la cama de nuestro cuarto, agarrando una parte del sándwich y dejando el resto para Edward.

—¿Qué estás haciendo? —indagó, viendo que estaba buscando algo dentro de un bolso.

—Agarrando mi cuaderno rojo —hablé, mostrándole el objeto—. Creo que es mejor empezar a darle una organizada a mis pensamientos.

—¿Normalmente escribes todo antes? —cuestionó.

—Maso menos. Siempre pongo ideas y cosas principales mientras estoy viviendo con la persona; entonces, cuando llego a casa organizo todo, porque tengo una semana para escribir y tener el artículo aprobado por todo el mundo. O sea, no puedo acabar eso en el séptimo día. Tengo que tener todo un esquema hecho, porque si no, al final solo me estancaría.

—¿Y cómo están yendo las cosas?

—Pésimo —respondí—. Acostumbraba a ser tan organizada, Cachorro. Hiciste un desastre con mi vida —reí.

—¿Debería tomar eso como algo negativo?

—Nunca.

—¿Cuál es el problema?

—No lo sé. Es más difícil, no puedo negar que mi perspectiva cambia porque eres mi novio, y siento que tengo que escribir algo imparcial. Voy a intentar organizarme.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro, Cachorro.

—Es sobre James, no quiero que te enojes.

—Ok, puedes preguntar.

—¿Cómo fue cuando escribiste el artículo sobre él?

—Horrible. Lo peor de todo fue realmente escribir eso como si nada hubiese pasado y como si él fuese la persona más increíble del universo. Hay unas partes de mi artículo que logras notar un poco de mi sarcasmo, pero solo quien sabe lo que realmente pasé notaría algo del tipo. Fue malo porque me sentí tan vendida después de eso, Cachorro; tuve que elogiar y hablar bien de una persona que acabó conmigo.

—¿Y por qué hiciste eso? ¿Por qué no contaste cuan malo era?

—Porque infelizmente las cosas no funcionan así. Todo el mundo que participa en el artículo sabe que no puedo en ningún momento denigrar su imagen. Es por eso que la mayoría acepta participar, porque sabe que al final voy a ser obligada a ver solamente el lado positivo de la cosa.

—Entiendo —habló, pareciendo comprender un poco mi lado.

—Es hipócrita, lo sé. Aún más yo, que vivo juzgando y hablando mal de algunas celebridades y de este mundo de Hollywood. Soy una vendida como cualquier otro.

—No es así, Bella, las personas son malas por aquí porque son así. Tú estás solo haciendo tu trabajo, que infelizmente no te pone en una buena situación.

—Sí, es una manera de ver las cosas.

—¿Me prometes una cosa?

—Claro. ¿Qué quieres?

—No mientas cuando escribas sobre mí, ¿ok? Sea lo que sea que escribas, lo autorizaré. Quiero que seas siempre sincera conmigo.

—Edward, ni aunque quisiera, tendría algo malo para decir de ti —hablé, dándole un beso en los labios—. No estoy diciendo eso solamente porqué eres mi novio, sino porque eres una persona buena por encima de todo. Sincero, juguetón… lo máximo que podría hablar negativo, que está lejos de ser un defecto, es tu comportamiento bobo e infantil; pero son todos esos pequeños elementos que hicieron que me enamorara de ti.

—Creo que, si dices eso, va a salir muy bien, mi amor —dijo con una risa, besando mi frente.

—Pero no quiero que sea personal, ¿sabes? Lo que vivimos… y aún lo hacemos… es nuestro. Nuestro y de nadie más.

—Lo sé. Confío en que harás un buen trabajo.

—Gracias. Vas a ser el primero en leerlo.

—No. Publícalo sin verlo.

—¿Cómo así?

—Confío en que vas a hacer algo genial. No necesito leerlo antes, apenas la revista salga, voy a obtener la primera copia.

—¿De verdad?

—¡Aham!

Se bañó y se preparó para acostarse, con su típico calzoncillo. Continué acostada, concentrada en las cosas que ya había escrito y cuando noté, Edward ya se había dormido a mi lado.

En algún momento de la noche debo haberme dormido, pues cuando miré el reloj a mi lado, marcaba la una y cuarenta y siete de la madrugada. Puse mi cuaderno rojo en la mesita de noche y me enrosqué a Edward.

El trabajo quedaba para después, hoy en la noche, todo lo que quería era la comodidad de tener al hombre que amo durmiendo a mi lado.


Así es como vamos llegando al final, nos quedan ocho capítulos, incluido el epílogo :(

¿Qué les pareció este capítulo? ¿Qué tal ese Martín? Todo impertinente hmm… Al parecer, pese a haberlo sacado a la luz, estos tortolitos quieren mantener todo su romance para ellos, ¿y quién no? Es algo tan íntimo. Al menos nosotras si tuvimos la oportunidad de saber muy a fondo su amorío jajaja

Muchísimas gracias por sus lindos rr, espero con ansias saber más de ustedes y sus opiniones. Recuerden que a vuelta de rr, recibirán la escena extra de este capítulo, la cual publicaré el siguiente domingo. Si logro tener antes el siguiente capítulo traducido, lo publicaré antes, eso sí ;)

Besos

Merce