Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Latidos

El ambiente en la casa había dado un vuelco gigantesco en cuestión de horas. Ahora sería fácil tropezar con un mecedor musical o un portabebé en el piso de la sala estar, así como en la cocina se podía hallar cualquier biberón a medio uso, la encimera se convirtió en un neceser improvisado tapizada de cosas esenciales para bebés desde toallitas húmedas hasta un termómetro infantil.

Nadie parecía querer despegarse de las niñas ni un solo minuto. Papá seguía con Grace en sus brazos mientras le arrullaba de un lado a otro, tan suavemente como sus grandes manos se lo permitían. Edward hacía lo propio con Arienne paseando por toda la estancia susurrando en su diminuta oreja quizás alguna canción de Oasis porque él decía que las canciones de cuna estaban pasadas de moda. Y mamá, ella simplemente arropada en su regazo a Daphne de una forma tierna y amorosa, mientras Esme seguía embelesada con Eileen deslizando la punta de su dedo por el rostro sonrojado y terso de la niña.

La madre de Edward había aceptado sin pensar la propuesta de venir a ayudar en la crianza de sus nietas, ella amaba a las niñas y en cuestion de horas había llegado a la ciudad, no deseaba perder tiempo alejada de las chicas.

― ¿Qué se siente ser gobernado por cinco mujeres? ―lanzó Victoria con su risita burlona, sentada en medio de nosotras y al lado de Esme nunca medía sus palabras para molestar al hijo de ésta.

Papá se burló y fingió toser cuando mamá le gruñó.

― Es la mejor sensación, pelirroja, mucho mejor a no tener a nadie en tu vida ―contestó Edward mirándola con enfado siguiendo su recorrido con Arienne en sus brazos.

― Yo tengo a muchas personas en mi vida ―contraatacó Vic con su rostro encendido por la rabia― que no estés enterado porque simplemente no perteneces a mi círculo de amigos, es otra historia.

― ¡Ajá! ―murmuró Edward sonriendo y sabiendo que había enfadado a mi amiga―. Mejor haz algo con tu inútil vida y cuida de mi hija ―dejó a la pequeña Arienne en los brazos de Victoria poniéndola nerviosa porque era inexperta en sostener con precaución a un bebé.

― ¡Santo cielo! ―exclamó Victoria al descubrir el porqué Edward le había dado a la niña, haciendo a todos reír por su cara―. ¿Tu hija se está pudriendo o algo así?

Golpeé su costado con mi mano y Victoria refunfuñó.

― Ayúdame a cambiar su pañal ―pedí poniéndome de pie para que me siguiera a la habitación rosada, necesitaba detalles de su noche. Ella rodó los ojos antes de seguirme.

Observé divertida que mi amiga era bastante torpe en manipular el pequeño y regordete cuerpo de Arienne que estaba sobre el cambiador. A modo lento, muy lento, y sin dejar de hacer sus muecas de arcadas y varias veces cubrir su nariz por el aroma que despedía mi bebé, ¡por fin! pudo poner un pañal limpio.

― ¿Le has dicho a Edward sobre Gabrielle? ―me miró interrogante, al momento que llenaba de besos las mejillas de Arienne que estaba de nuevo en sus brazos―. La pobre está desesperada y siento pena por ella.

― No le he dicho ―confesé― no estoy segura que sea buena opción Gabrielle trabajando en el mismo lugar que Edward.

Victoria volteó a mirarme y puso la niña en mis brazos.

― ¿Estás celosa? ―inquirió― ¿dudas de Edward o de Gabrielle?

Rodé los ojos.

― No es eso. Simplemente no quiero que Edward piense que lo estoy vigilando.

Estrechó su mirada.

― Edward no tiene por qué pensar una mierda. Gabrielle es nuestra amiga y necesita un trabajo y el idiota de tu concubino puede ayudar.

― No estoy convencida ―musité dándole la espalda para llevar a mi bebé a su cuna.

― ¿Qué pasa contigo? ―me hizo voltear frente a ella―. ¿Está todo bien entre ustedes?

Exhalé.

No dudaba de Gabrielle. Desde luego que no, ella seguía en el intento de superar su ruptura y estaba tan abatida siquiera para fijarse en otro hombre, además le conocía bien y su conducta intachable aludía su tímida personalidad. Tampoco tenía que ver con Edward, yo era consciente de su amor por mí, lo sabía, no había duda. Mejor dicho; era la negación que existía dentro de mí a querer saber más de lo que él me contaba. Podría sonar estúpido, pero no tenía interés de que alguien cercano a mí estuviese contando a detalle lo que Edward hacía y con quién se relacionaba, no podría soportar algo así.

Quizás en el fondo debía admitir haberme vuelto celosa… desconfiada.

― Todo perfecto ―respondí con mi mejor sonrisa―. Oye, siguieron la fiesta anoche, ¿no?

― Fuimos al departamento de James y bebimos un par de copas, la pasamos bien ―comentó risueña, olvidándose de seguir haciendo preguntas―. Cuidado con tus pensamientos sucios y perversos ―me advirtió al ver mi sonrisa― no estábamos solos, fuimos los cuatro.

― Emmett estaba muy absorto contigo, no quitaba sus ojos de ti ―le molesté.

― No me di cuenta ―respondió arrugando su frente―. Tiene un niño precioso, me mostró algunas fotos de él en su celular. Está divorciado.

― ¿Y James? ―indagué haciéndome la tonta porque ya sabía un poco sobre Emmett. En cambio a mí me interesaba el tema de James―. ¿Qué hablaron?

― ¡Desgraciada! ―fingió ahorcar mi cuello provocando cosquillas en mi piel― ¿por qué no me dijiste que estaba en una relación con la odiosa hermana de Edward?

― No quería herir tus sentimientos.

Ella sonrió, abrazó mis hombros soltando un suave suspiro.

― Hablamos sobre su relación y parece que realmente se enamoró de Kate. Él está intentando olvidarla ―su voz era baja―. Te confieso que cuando le volví a ver no niego que me emocioné, pero fue solo eso, una emoción por ver al chico lindo que una vez amé. Ya quedó atrás, ambos seguimos y nos quedamos con los mejores recuerdos del otro, te aseguro que hoy en día solo le veo como un gran hombre, nada más, no tienes porque temer por mí.

Miré su rostro sereno y sonriente sabía que hablaba en serio dejándome tranquila que no sufriría por un amor no correspondido.

― Adivina quién se muere por verte y fue capaz de proponer una cita a escondidas en mi casa… Eric ―reveló, dando un giro a nuestra conversación―. Aún no le queda claro que estás con el insoportable padre de las pulgas. Sentí pena por él ―frunció sus labios―, aunque tampoco acepté nada de lo que me pidió, jamás te metería en problemas con el inútil de tu concubino.

Llevaba tiempo sin saber de Eric. No había respondido a mis mensajes ni llamadas desde hace un tiempo, estaba alejado por completo de mí. Era interesante que no quisiese responder directamente , sin embargo pedía a Victoria hacerme coincidir con él. Le daría su espacio para volver a buscarle.

― Entonces, ¿le pedirás a tu concubino una oportunidad para Gabrielle?

Sacudí mi cabeza, ocultando mi risa por el sobrenombre de Edward.

― Le diré esta misma noche.

Ella envolvió sus brazos en mí. En el momento que la abracé miré la gran cuna con mi bebé adentro, comprendí que sería un gran desafío para superar.

Necesitaba saber si mi confianza por Edward estaba restaurada por completo.

-0-

― Deja de hacer eso ―le llamé la atención a Edward cuando seguía aspirando ruidosamente un brazo de Grace.

― Ellas huelen delicioso ―se defendió volviendo a oler la delicada piel― además ya te dije que aquí cabemos todos muy bien ―se acomodó en la cama tamaño gigante muy cerca del rostro de Grace.

Llevábamos media hora dialogando que las niñas debían dormir desde el día uno en su cuna según las indicaciones del pediatra debían acostumbrarse a su habitación, pero no, Edward no estaba de acuerdo porque temía no escuchar el llanto de ellas por la madrugada, no le interesaba que teníamos activado un monitor con cámara para escuchar y mirar cuando estuviesen en su recámara.

Bufé, no iba a convencerlo.

― No podemos dormir en la misma cama, Edward ―intenté hacerlo razonar― las niñas son muy pequeñas y necesitan su propio espacio solo para ellas.

La habitación iluminada por la lámpara de noche dejaba ver por completo que Edward había cerrado los ojos fingiendo estar dormido. Las cuatro niñas estaban en medio de nosotros vestidas con sus pijamas rosadas y sus bellos ojos muy abiertos. Estaban satisfechas con sus barrigas llenas y sin ganas de dormir.

Me sentía agotada y para ser casi la medianoche estaba por cerrar mis ojos y dejarme arrastrar por el sueño.

Me senté de golpe recordando la petición de Victoria.

― Edward, ¿crees que puedas emplear a Gabrielle en tu despacho?

Abrió sus ojos de inmediato y se sentó en la cama haciendo gestos cariñosos a las bebés.

― No quiero que pienses que te quiero tener vigilado o… ―guardé silencio.

― Ni siquiera me pasó por la cabeza ―dijo con su profunda mirada en mí―. Necesitamos personal para cubrir varios puestos vacantes, puedes decirle que se presente en la oficina la secretaria le hará una entrevista. De todos modos hablaré con Jade y le pediré que la acomode en lo que ella crea conveniente.

Asentí sin mirarlo.

Me concentré en las niñas acariciando su suave piel. Grace había cerrado sus ojos se estaba durmiendo al igual que Daphne, solo Arienne y Eileen tenían sus pequeñas bocas formando unas graciosas 'o' mientras manoteaban sin parar.

― ¿Qué pasa, Bella? De pronto te quedaste muy seria.

Un bostezo se escapó de mi boca.

― Tengo sueño ―musité con otro bostezo siendo una verdad a medias.

Cuando Edward se bajó y rodeó la cama hasta llegar a mi lado supe que no creía del todo el cansancio que sentía.

Sujetó mi rostro entre sus manos y me hizo mirarlo, despejando algunos cabellos que caían sobre mis ojos.

― ¿Qué tienes? ―demandó y noté que sus iris verdes se habían oscurecido por el enfado―. Y no respondas con evasivas, quiero la verdad.

― No quería que creyeras que estaba metiendo a Gabrielle en tu trabajo para tenerte vigilado a cerca de lo que haces ―le dije sin ser verdaderamente honesta.

Soltó mi rostro y exhaló ruidosamente llevando sus manos a su pelo. A medio vestir con su pijama de rayas azules y descalzo comenzó a caminar por la habitación.

― Me estás mintiendo, Isabella, sé que lo haces.

Irguiendo mi cuerpo de la cama, lo alcancé. Toqué su brazo para que se volviera a mirarme.

― Comprendeme. Vamos empezando y no es tan fácil para mí. Te amo y estoy segura de tu amor, es solo que a veces imagino que aparecerá cualquier mujer que llamará tu atención, no sé, quizás alguna otra abogada.

― No aparecerá nadie, Isabella ―farfulló.

― No podemos saberlo. Antes también lo decías y ya sabemos qué sucedió.

― No sucederá ―me abrazó fuerte entre sus brazos― no dudes de mí, por favor, no lo hagas, mi vida.

― No quiero dudar, lo prometo ―también lo abracé con fuerza― solo te pido un poco de paciencia, solo eso.

Escuché su fuerte suspiro retumbando en mi cabeza y un quejido a mi espalda antes de convertirse en un llanto desgarrador.

Edward dejó un beso fugaz seguido de una palmada en mi trasero, alentandome a mirar a Eileen que lloraba a todo pulmón.

― Tranquila, preciosa de mamá ―la tomé en brazos y ella lloró con más fuerza, arrullando su cuerpo empecé a caminar por la habitación con los ojos de Edward fijos en mí―. Deberías dormir, mañana tienes que estar en la oficina a primera hora.

― No importa. ―El tono de su voz se había vuelto tosco―. ¿Por qué no me habías dicho cómo te sentías? Si, en verdad queremos que nuestra relación funcione debemos hablar, Bella. Cualquier cosa que a ambos nos moleste tenemos que decirlo sin importar lo mucho que pueda doler.

― Todo empezó ahora con Gabrielle. Cuando Victoria planteó que tú podías ayudar vino todo a mi mente, ella al estar cerca de tu entorno laboral podía ver o saber cosas que quizás un día podría decirme y... no quiero saber.

― Estás desconfiando de mí. Eso quiere decir que imaginas que cuando voy a litigios estoy mirando las piernas de las fiscales o flirteando con abogadas, ¿eso crees?

― No digas tonterías, Edward. Tampoco pienso nada de esas cosas. Y no empieces con tu mal humor porque si me siento de este modo es por tu culpa.

Volvió a exhalar ruidosamente, acercándose a mí. Acarició mis hombros dejando un corto beso en la cabeza de Eileen.

― Se que jodí lo que teníamos y lo siento. Pero ya no soy ese tipo ―acunó mi cara― estoy aquí, por ti, por ellas. Porque te amo, las amo. Y son lo más importante en mi vida.

Sabía que no mentía. Lo veía incluso en su mirada, en sus acciones, entonces ¿por qué seguía sintiéndome de esta manera?

Sonreí, aún y con mis dudas. Sonreí con todas mis ganas de poder ser feliz con él de una buena vez.

Besó mi frente y me estrechó con cautela para no aplastar a nuestra bebé. En eso, unos fuertes chillidos empezaron a sonar con mayor fuerza, había empezado el concierto de su primera noche en casa.

Edward junto sus cejas y rascó su nuca dispuesto a calmar a sus pulgas que se propusieron a no dejar dormir a nadie.


¡Hola! Parece que el comienzo de nuestros protagonistas se esta viendo afectado por las secuelas que dejó el engaño de Edward. Tarde o temprano saldrían sus discrepancias. ¿Qué opinan? ¿creen que Bella exagera o es totalmente normal? Bueno, y qué decir de las pulgas tienen a todos prendados de ellas.

Muchísimas gracias cada favorito, alerta y reviews que me dejan.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Vanina Iliana: gracias por regalarme el comentario 800. (Guest): no me digas así. Daniela: por el momento no pasará. Adriu: saludos hasta Ecuador. Pameva: en el siguiente capítulo saldrá Gabrielle y veremos qué sucede. ALBANIDIA: bien dicho! James y Victoria son dinamita juntos. Lily: hola, muchas gracias. Ana: y todavía Bella pone a prueba su poca paciencia. Dulce Carolina: ah, ok. Iza: parece que no, quien sabe. PaolaValencia: a mí no me gusta ni Alice con Jasper. Vane: no te puedo decir. Diannita Robles: ya están en casa y tienen a todos a sus pies. Jade HSos: todos ayudarán creo le irá bien. Ximena: creo él piensa lo mismo. Flor Mcarty: en serio crees que son cortos? Para mí son largos. Lidia: me haces el día con tus comentarios. torrespera172: gracias por estar siempre. cavendano13: parece que ya empezaron un poco con el caos. debynoe12: gracias a ti por tu apoyo. jenni317: es un encanto. LittlePieceOfMyMind: hoy te di un poco de Victoria. Antonella Masen: yo también comprendo perfectamente a Charlie. Lili Cullen-Swan: es un hecho no más Kate y James. Lizdayanna: veremos que hará Edward por ganarse de nuevo a su suegro, por lo pronto también tiene que lidiar con las dudas de Bella. Rocio: considero que tienes razón y las cuatrillizas harán de las suyas con el pobre de su padre.

¡Gracias totales por leer!