Capítulo 34

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Gold aún se encontraba detrás del mostrador de su tienda. No habían pasado ni 10 minutos desde que Regina y Emma habían salido por la misma puerta por donde en este momento entraba Blancanieves.

-Oscuro! -. Dijo acercándose con pasos rápidos hasta el mostrador –Quiero hacer un trato contigo.

Gold solo enmarco una ceja mirando a una de las causantes del sufrimiento de su hija. Esta mujer junto con Cora y él mismo habían sido la ruina de la reina.

-Que tipo de trato querida?-. Preguntó con curiosidad.

Blancanieves iba a contestar cuando la atravesó el soplo de magia. Habían roto la maldición. Eso la enfureció más, seguro Regina pondría a todos en su contra y no la dejaría ver a su hija.

Gold por contrario se alegró de sentir las dos olas, solo cruzaba los dedos de que esa segunda ráfaga, fuera la maldición de Regina. Quería tanto redimirse ante la morena.

-Y bien?

-Quiero que vuelvas todo a la normalidad!, que todos odien nuevamente a la reina malvada!-. Dijo con el rostro rojo de furia.

-Y que me darás a cambio?

-Lo que sea!-. Dijo desesperada.

-Y si elijo tu corazón?... o mejor… tu vida?-. Dijo el oscuro con una sonrisa malévola, provocándole un escalofrío a Nieves.

-Que?-. Preguntó extrañada, pensó que le pediría un cabello como aquella vez.

-Bueno… no me sirves para nada, excepto, quitarte del camino para que mi hija y su familia sean felices-. Respondió serio.

-No…-. Murmuró Nieves retrocediendo lentamente hasta la puerta, luego se volteo y salió corriendo.

Gold soltó una carcajada, la cara de susto de esa niña malcriada era un show digno de ver.

-Hora de ver si mi niña volvió-. Se dijo, tomando camino hacia el hostal de la abuelita.

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Regina aún abrazada a su esposa y su hijo, escuchó la risa inconfundible de la dragón. Se separó ligeramente del abrazo y la vio.

-Mal!-. Exclamó acercándose rápidamente abrazándola.

-Bienvenida hermanita!-. Dijo la dragón correspondiendo el abrazo fuertemente.

-Hermanita?-. Le preguntó Henry a Emma.

-Te explicaré luego si?-. El niño solo asintió con la cabeza.

-Perdóname Mal. No quería dejarte sola ahí abajo-. Dijo la reina sollozando aun pegada al cuerpo de Maléfica.

-Claro que te perdono!, eres mi hermanita recuerdas?-. Dijo ésta haciendo reír a la morena y separándola para mirarla a la cara. –Luego nos pondremos al día.

-De mi también te acuerdas Chica?-. Se pronuncio la voz de la anciana.

-Granny!-. Dijo la reina, nuevas lágrimas aparecieron en sus ojos del miedo de acercarse y que la loba la rechazara.

-Ven aquí pequeña reina-. Dijo la anciana notando su miedo y abrazándola estrechamente, provocando un sollozo en la reina.

-Yo también quiero!-. Dijo Ruby haciendo un puchero y las abrazó a las dos, Regina se rio entre lágrimas.

-Las extrañe tanto, me sentí tan sola…

-Lo sé mi niña-. Dijo Granny soltando también algunas lágrimas acariciándole el cabello.

David veía todo desde un costado, totalmente impresionado. Granny nunca, en todo el tiempo que la conocía, había sido tan cariñosa con Nieves como lo estaba siendo con Regina ahora, ni siquiera la había visto así con Red, definitivamente le gustaría conocer a la verdadera Regina. Sonrió cuando la morena se soltó de nieta y abuela y se abrazó a los dos ex guardias y estos dos lloraron cual niños pequeños.

-No sabía que fueran tan nenas…-. Se burló Emma.

-Parecen niños chiquitos…-. Le siguió Maléfica.

-No les hagan caso-. Dijo Regina aún abrazada a ellos.

-Ya… hey suelten a mi mujer!-. Exclamó Emma ya un tanto celosa haciendo reír a todos.

-Cállate Swan… es nuestra mamá pato-. Dijo Jack infantilmente. Y Richard asintió de acuerdo con su amigo sacándole la lengua a la rubia.

-Hey!-. Dijo Henry poniéndose de pie con los brazos cruzados sobre su pecho, y una mueca que no dejaba lugar a dudas de que era hijo de Regina –Es MI mamá no suya-. Se acercó a separarlos y se aferró a la cintura de la morena haciéndola reír junto con todos.

-Tú eres mi único bebé!-. Le susurró Regina, a lo que el niño la abrazó más fuerte.

-Vamos todos a festejar a la cafetería, yo invito!-. Dijo Granny.

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Gold llego a la hostal de la abuelita justo cuando todos bajaban las escaleras, David, Henry y los demás se tensaron al ver que traía una espada en la mano.

Todos excepto Emma quedaron en shock al ver a Regina casi correr para llegar a él y darle un enorme abrazo.

-Papá!-. Dijo ésta asombrando a todos incluido Gold.

-Mi pequeña-. Dijo éste estrechándola más en sus brazos, casi soltando lágrimas –Es la primera vez que me dices así.

-Después de lo que hiciste por mí, lo menos que te mereces es que te llame así-. Respondió la morena separándose y regalándole una sonrisa.

-No. No me lo merezco. No después de todo lo que te he hecho.

-Hey, tampoco eh sido una blanca paloma recuerdas?

-Pero soy el responsable de todo tu sufrimiento… yo provoqué que Blancanieves encontrara esa lámpara.

-Pero no fuiste tú quien pidió los deseos. Además, no sabíamos que era tu hija. Y… yo también te oculte información.

-Eh?

-Belle… no está muerta-. Dijo mirando a Gold con remordimiento –No pude matarla… se volvió mi única amiga.

Gold solo la miraba, casi sin pestañear. Todos los demás contuvieron la respiración, temiendo la peor reacción del oscuro. Pero en cambio, solo llego una carcajada, dejando a todos descolocados.

-Te entiendo perfectamente querida, me pasó lo mismo. Nunca pude matarla. Es muy buena haciendo amigos. Y donde esta?-. Dijo relajado.

-En… el psiquiátrico?-. Gold la miro impresionado –No me mires así, de no haberme dado esa poción te lo hubiera dicho antes, la visitaba todos los días como a Maléfica-. Gold solo sonrió y negó con la cabeza.

-Señorita Swan, creo que esto es suyo-. Dijo extendiendo el brazo con la espada.

-Swanqueen!-. Dijo la rubia, cogiendo la espada y desenvainándola.

-Es una de las cosas tuyas que saque de la bóveda de Regina, espero que con esto protejas a mi hija y mi nieto-. Dijo serio –Poco después de que se fueron de mi tienda Blancanieves vino a ofrecerme un trato.

-Que tipo de Trato?-. Preguntó un preocupado David.

-Me pidió que volviera todo a la normalidad. Que todos volvieran a odiar a la reina malvada. Esas fueron sus palabras exactas.

-Dios mío se ha vuelto loca-. Murmuro David.

-No… En realidad siempre ah sido así-. Contestó Ruby.

-Espero que no aceptaras-. Preguntó Emma, mirándolo seria.

-Por supuesto que no. Ya una vez fui en contra de la felicidad de Regina. No lo volveré a hacer, ni dejare que otros lo hagan… pobre del que lastime de alguna forma a mi hija.

Regina sonrió ante esas palabras. Era increíble como su relación había comenzado y lo que eran ahora. Después de todo Rumpel siempre quiso tener una hija.

-Tranquilo papá oso… soy grande, puedo defenderme solita-. Le dijo sonriéndole.

-Siempre serás mi pequeña-. Respondió tierno, y luego se aclaró la garganta al recordar que los demás también estaban ahí –Será mejor que saque a Belle de ahí antes de que en verdad se vuelva loca. Ah! y Henry… lamento haberte puesto bajo esa maldición, pero era la única manera para que todos recordaran sin tener que usar una verdadera maldición de dormir.

-No hay problema… a… abuelo?-. Dijo un poco incierto y luego soltó una pequeña risita –Ahora tengo a mis dos madres juntas y mamá recuerda a má, y todos los demás también recuerdan, ya no mas mentiras!-. Emocionado levantó los brazos por encima de su cabeza saltando.

-Si chico, pero relájate acabas de despertar.

-Mamá puedo tener un chocolate caliente?

-Claro cariño, ve con Granny-. Le dijo la morena y el pequeño se alejó junto a la anciana.

-Crees que Nieves sea una gran amenaza?-. Preguntó Emma a Rumpel.

-No es una santa, pero tampoco un demonio… lo más probable es que ponga a toda la gente que no conoce su historia, en su contra-. Dijo Rumpel apoyando su peso en su bastón.

-Bueno… cualquier cosa estaremos preparados, tampoco dejaré que las separen nuevamente.

-Gracias Mal-. Dijo Emma.

-Bien, ahora si me voy-. Se dio media vuelta y se fue con dirección al hospital.

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No pasó mucho tiempo para que la predicción de Rumpel se hiciera un hecho.

Blancanieves apareció en Granny's con su grupo de enanos, con el doctor Whale y para sorpresa de David, también del rey George.

Definitivamente tener a un dragón defendiéndolas tenía sus ventajas. Nadie más que Nieves se atrevió a hablar, ni mucho menos acercarse. Y en cuanto Ruby rebeló lo que había echo Nieves para separar a Regina y Emma, la mayoría dejaron de ver a su princesa como la chica pura y buena, comenzando a entender las razones de la reina, aun era pronto para perdonar todo lo que había echo… pero al menos la entendían.

Incluso los enanos se dividieron entre estar del lado de nieves y el no entrometerse. Blancanieves al ver que ya no le quedaban aliados y que todos defendían el "amor" de Regina y Emma (en especial David) prefirió darse media vuelta y volver a su departamento, donde bebió hasta perder el conocimiento.

Leroy hizo un comentario diciendo que desde hace un buen rato veía que Emma se moría de amor por la reina y que todo el mundo se había dado cuenta. La rubia se sonrojó hasta la raíz del cabello, haciéndola ver adorable a ojos de Regina, quien besó su mejilla, provocando que se sonrojara más si aun era posible.

Entonces el enano soltó lo que todos pensaban. Que eran adorables juntas, e incluso añadió que la reina se veía más hermosa sonriendo verdaderamente. Lo cual la rubia le respondió en modo esposa celosa, que esa sonrisa solo la provocaba y era para ella así que si quería seguir viviendo no la mirara mucho. Lo cual en efecto provocó la risa de todos los que estaban en el comensal.

Entonces Henry soltó que ambas eran sus madres biológicas. Lo que dejó descolocados a todos por un tiempo, pero luego llegaron a la conclusión de que eran amores verdaderos. Y el producto de su amor era el pequeño. Una mezcla perfecta de ambas.

Viendo al par de enamoradas, David comprendió que necesitaban tiempo a solas, después de todo, para Regina habían sido más de 30 años separadas. Por lo que convenció rápidamente a Henry de hacer una especie de pijamada juntos en una de las habitaciones de Granny. Hablaron primero con la anciana y viendo las intenciones de David sonrió ampliamente y aceptó. Al momento de decírselo a Regina y Emma, ambas no querían dejar que Henry se les perdiera de vista, tenían cierto temor de que le ocurriera cualquier cosa y ellas no estuvieran ahí para ayudarlo, pero David les aseguró que lo cuidaría con su vida, además de que en el hostal también estarían las dos lobas y la dragón, para protegerlo. Con esto quedaron más tranquilas.

Pasaban de las nueve de la noche, cuando se dispusieron a volver a casa, no sin antes acostar juntas a Henry.

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-Es increíble-. Dijo Emma en cuanto entraron en la casa.

-Que cosa?

-Que después de tantos años me sigas amando-. La tomó de la cintura acercándola a ella –Me siento la mujer más afortunada del mundo por tenerte.

-La afortunada soy yo-. Aferró sus manos a sus brazos –Todo lo que he hecho... yo-. Emma la interrumpió con un beso.

-No me importa lo que haz hecho… de haberse invertido los papeles y fueras tú la que cayera en este mundo yo hubiera hecho exactamente lo mismo para llegar a ti… hasta lo imposible.

-Por favor no me digas "siempre te encontraré" porque esa es la frase de tus estúpidos padres. Bueno… David ya no me parece tan estúpido-. Emma estalló en una sonora carcajada, contagiando a Regina.

-En verdad no te agradaban eh?

-Ugh, su amor casi provoca que vomite arcoíris.

-Mmhm recuerdo que Jack dijo exactamente lo mismo de nosotras-. La rubia acariciando lentamente la espalda de Regina y besándola nuevamente.

La morena respondió el beso casi al instante, sintiéndose completamente segura en los fuertes brazos de su mujer. La rubia bajó los besos a su mandíbula y poco a poco a su cuello, colando una mano por dentro de su ropa y acariciando su abdomen, llegando a sus pechos, acarició y amasó uno mientras succionó levemente detrás de la oreja, donde sabia era el punto débil de la morena, ésta emitió un ronroneo que elevó a cien la temperatura de Emma.

-Amm… Em… Emma… habitación. Ahora!-. Logró decir la morena con un tono autoritario.

-A sus ordenes majestad-. Sonrió al recordar que fue ella misma quien le pidió que le exigiera con su sexy tono de reina. La morena soltó una pequeña risita y ambas subieron la escalera torpemente entre besos.

Al llegar a la habitación la morena la empotró contra la puerta colando sus manos por debajo de su blusa y besando su cuello. La rubia gimió sonoramente ante el arrebato de su esposa. Le recordó cuando tenía al pequeño Gino y le gustaba mandar.

Pero pronto en su mente algo hizo clic, hacia más de 30 años para Regina que no habían estado juntas, para ella ya casi 11 y tan pronto como esa revelación le llegó, también le llegó el recuerdo de que Regina estando desmemoriada se acostaba con el idiota de Graham. Eso hirió su orgullo. Pero no podía culparla, ella también había estado desmemoriada y había hecho lo mismo.

Se quitó rápidamente la chaqueta y Regina le quitó la blusa, dejándola solo con el sujetador.

La mirada atenta y llena de deseo de la morena no le pasó desapercibida, lo que le sumó a su ego saber que Regina aún se ponía así con solo mirarla.

-Ve algo que le guste majestad?-. La mirada de Regina se fijó en la suya y se sintió la cosa más hermosa solo porque ella la miraba. La morena le sonrió.

-Absolutamente todo de ti-. Respondió y la rubia se llenó de adoración por ella, la tomó de la cintura apegando las caderas al ras con las suyas y la besó apasionadamente desasiéndose de sus ropas.

-Mmm estás muy húmeda-. Dijo Emma sonriendo satisfecha.

-Te extrañe un montón.

Regina la tomó de la nuca para acercarla y devorar sus labios, mientras la rubia la depositaba con delicadeza en la cama y se subía con ella. Correspondió el beso con las mismas ansias, hasta que se separaron para coger aire. Emma no perdió tiempo en bajar para cubrir sus senos con su boca, mientras una de sus manos descendía hasta su intimidad y la otra se apoyaba en la cama para no aplastarla. Regina se aferró a su cabello arqueando la espalda y gimiendo sin control. Emma siempre había tenido la habilidad de llevarla rápidamente a la locura.

Emma introdujo dos de sus ágiles dedos en el delicioso y goteante sexo de su esposa, arrancándole un excitante gemido. La morena se derretía entre sus brazos y a ella le encantaba. Amaba ver su rostro contraído por el placer. Placer que ella le daba. No aquel idiota. ELLA.

-Emma... ah!... Emma estoy cerca!-. Gimió desesperada retorciéndose debajo de ella y la rubia sonrió encogiendo sus ojos, pero de pronto detuvo sus movimientos. –Que ocurre?!-. Preguntó totalmente frustrada.

-Dime que solo yo te hago sentir así... que solo yo te vuelvo loca de esta manera-. Pidió en un susurro exigente.

Regina la miró extrañada tratando de registrar sus palabras -Estas bromeando?-. Contestó la morena y las cejas prácticamente le tocaron el nacimiento del cabello al darse cuenta que no, la rubia no bromeaba –Espera… porque me pides que te diga… oh no es cierto-. Dijo y comenzó a reír.

-Hey… no es para que te burles-. Dijo apoyando ambas manos a los costados de la cabeza de Regina con una mueca de indignación desviando su mirada.

La morena le obligo a mirarla cogiéndola del rostro –En serio estas celosa de Graham?-. La pregunta solo ofuscó un poco más a la rubia quien intentó levantarse de la cama, pero Regina se lo impidió dándoles la vuelta y quedando ella sentada ahorcadas sobre la rubia –No te vas de aquí hasta que aclaremos esto!-. Emma la miro impresionada –No me mires así, me acabas de negar un orgasmo-. Se cruzo de brazos –Enserio crees que me hubiera acostado con él si no hubiese bebido esa pócima? Responde… crees que lo hubiese hecho?-. Exigió con voz calmada –Yo no te recordaba… en mi mente solo estaba el recuerdo de Graham y el rey-. Sus ojos se llenaron de lágrimas y Emma inmediatamente se odio por hacerla llorar, Regina se inclinó hasta ella –En mis recuerdos no contaba con el amor ni el placer tan inmenso que tú y solo TÚ me haz hecho sentir-. Junto sus frentes rozando sus labios –Solo te eh amado, te amo y te amaré a ti Emma Swan.

La rubia no soportó más y la besó con todas las ganas que tenia desde que la vio por primera vez, tanto en el bosque encantado como en Storybrooke y la morena le respondió de la misma forma. Pronto fueron las manos de la misma Regina las que comenzaron inquietas deslizándose hacia el sur del cuerpo de la rubia, encantándose de encontrarla tan húmeda y resbaladiza.

-Hecho de menos también a Gino-. Dijo Emma entremedio de un gemido cuando Regina introdujo sus dedos en ella.

-Tal vez deberías ser tú quien lleve un pequeño Emmet?

-Mmm ah!... no creo que pueda… oh!... Ocultarlo teniéndote cerca, mmm sí…

-Bueno… no tienes que llevarlo todo el tiempo… aprendí como conjurarlo-. Informó con una sonrisa orgullosa.

-Pero… ah!... aquí no hay magia… oh si!... estoy cerca cariño…

-Si es cierto… pero con Gold estábamos de acuerdo en que necesitaríamos magia para defendernos-. De pronto se detuvo justo antes de que la rubia explotara en éxtasis. Frustrada la miró –Que? Creías que no me vengaría?-. Se acercó a besarla castamente.

-Perdóname! No lo volveré a hacer-. Dijo la rubia tratando de recuperar el aliento, y sentándose con Regina entre sus piernas.

La morena sonrió y volvió a besarla perdiéndose en el beso mientras sentía la mano de la rubia descender hacia donde más la necesitaba. Definitivamente volvería hacer todo lo que hizo si esto le llevaba devuelta a su amada Emma.

Regina también llevó su mano hasta la intimidad de Emma y ambas se dejaron llevar por las caricias de la otra. El orgasmo fue tan intenso después de haberse negado el anterior que ni siquiera sintieron la bruma de magia que las traspasó, hasta que se miraron y Emma notó que sus ojos por un momento se volvieron purpura.

-Gina tus ojos-. Le dijo, pero la morena le sonrió una vez que sintió que la magia había vuelto a ella. –Estás bien?

-Perfectamente-. La besó levemente –La magia volvió-. Dijo separándose para crear una pequeña bola de fuego –Sabes lo que significa?-. Cerró su puño para apagar la bola de fuego. Volviendo a acercarse a la rubia para devorar sus labios. –Será una noche larga…-. Con un giro de su muñeca pronto Emma tenía un nuevo apéndice entre sus piernas.

-Creí que dolería?-. Dijo la rubia con los ojos como platos, de momento no era nada incomodo y se veía bastante proporcionado. Sonrió al recordar su reacción la primera vez que vio al pequeño, no tan pequeño Gino, este tampoco se quedaba atrás.

-He perfeccionado el truco-. Le guiño el ojo antes de abalanzarse sobre su esposa.

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Llegaban tarde…

Habían quedado para cenar, y aún no llegaban, tenían 20 minutos de retraso.

Su madre nunca llegaba tarde a ninguna parte.

Miró a David, su abuelo, frente a él. Parecía un tanto nervioso. Se preguntó porqué?.

-Ocurre algo?

-Eh? Oh no, no pasa nada Henry-. Dijo ofreciéndole una sonrisa tensa.

El pequeño iba a hacer otra pregunta cuando Ruby les interrumpió dejando sus bebidas.

-Aún no llegan?-. Le preguntó a Henry y el niño negó con la cabeza –Que largó reencuentro… ó caer sonriéndole a David a sabiendas de lo que la parejita estaban haciendo.

-Ya-. Dijo el príncipe desviando su mirada hacia la barra. A lo que Ruby solo rió y se alejó hacia la cocina.

-Que crees que hagan que les tome tanto tiempo?-. Preguntó inocentemente el niño a lo que David se atragantó con su bebida –Estás bien?

-Si… si, Henry estoy bien.

-Seguro?

-Sí… Ahí vienen!-. Dijo al verlas por fin entrar a la cafetería.

-Perdón… llegamos tarde!-. Dijeron juntas ganándose una risa de Henry, Ruby y la abuela, estas últimas con sus sentidos súper desarrollados de lobos las escucharon, recordando las múltiples veces que las habían escuchado decir lo mismo juntas.

Emma se sentó rápidamente al lado de Henry, obligando a Regina a sentarse junto a David. Estos dos evitaron sus miradas mientras la morena se sentaba, pero pronto ambos miraron a Emma y esta tenía una amplia sonrisa Juguetona, lo que provocó que tanto David como Regina se sonrojaran furiosamente.

David definitivamente le costaría mucho borrar de su mente lo que había ocurrido cuando llamó a casa de Regina, ante la insistencia de Henry de querer ver a sus madres, que se habían desaparecido desde la noche anterior. Un tono, dos tonos… al quinto tono le cogieron la llamada. Y contestó una agitada Regina, tratando de sonar relajada. Le dio rápidamente el mensaje de Henry, pero a sus oídos no se perdió el regaño que ésta le dio a Emma y luego el gemido que se le escapó a la morena. Definitivamente había interrumpido. Y colgó inmediatamente, tratando de borrar ese sonido de su cerebro. Ahora sentado junto a la morena y viendo la enorme sonrisa en la cara de su hija, supo que la rubia lo había hecho a propósito.

-Lo siento-. Dijo David mirando a una sonrojada Regina. Nunca se le pasó por la cabeza que la reina estaría avergonzada. Pero nuevamente pensó, él nunca había conocido a la reina.

-No yo lo siento. Debí detenerla antes, cuando capte sus intenciones-. Respondió la morena con una mirada de advertencia para Emma.

-No entiendo? Que pasó? Que intenciones? que de que?-. Preguntó Henry todo perdido. Emma se echó a reír. Y David y Regina se sonrojaron nuevamente.

-Nada chico… que cuando David llamó a casa yo estaba…-. Los otros dos adultos la miraron con los ojos como platos –Haciéndole cosquillas a tu madre-. Respondió mirando a Regina. Que junto a David soltaron un suspiro de alivio.

-Cosquillas se llaman ahora?-. Preguntó Ruby con un tono lúdico sarcástico una vez se acercó a la mesa. Y fue entonces cuando Regina estalló en carcajadas, contagiando a David y Henry que se reía sin saber realmente de que se reían los demás.

Las demás personas que se encontraban en la cafetería tampoco pudieron evitar soltar una pequeña sonrisa al oír a la reina reír de esa forma. Realmente era otra persona. Estuvieron cenando entre risas hasta que se les unieron Richard, Jack y Maléfica.

Todos ajenos a la mujer fuera del restaurante, la cual hervía en cólera al ver reír feliz de la vida a la mujer que según ella, le había destrozado la vida. Y que no conforme con eso ahora le arrebataba a su familia y amigos. Pero lo pagaría. Así tuviera que matarla ella misma.

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-Pronto será el cumpleaños de mi pequeño príncipe-. Dijo Regina apoyando sus codos en la mesa para mirar bien a Henry –Hay algo que quieras de regalo?

El chico se puso a pensar mientras todos los adultos sentados junto a él esperaban pacientemente.

-Mmm no lo sé, mis deseos ya se cumplieron ayer-. Dijo y al ver todas las miradas interrogantes continuó –Se rompió la maldición y mamá recuerda-. Dijo simplemente sonriendo.

-Vamos Henry… debe haber algo que quieras no?-. Le incitó Jack.

-Mmm pues… en ese caso quiero…-. El chico sonrió brillantemente mirando a sus madres probando suerte –Un hermanito!-. Gritó provocando que Emma escupiera el agua que estaba bebiendo.

-Enserio Swan!-. Dijo Richard el cual quedó todo mojado con el agua que Emma escupió.

-Really Nigga?-. Se burló Jack, que recibió un golpe por parte de su amigo. –Auch…

–No prefieres una consola nueva… mas juegos…nuevos comics? -. Preguntó Emma ya un poco más relajada. Solo un poco.

-Tú tampoco me quieres dar un hermanito?-. Preguntó en un susurro y cabizbajo.

-Un hermanito enserio?-. Volvió a preguntar Emma.

-Lo ha querido desde los 5 años miss Swan-. Respondió de manera cortante la morena, le enfadaba que no tomara en serio a su bebé.

Rápidamente los demás se inventaron una escusa para escapar de la mesa, incluido Henry.

-Si no quieres más hijos te agradecería que lo hablaras conmigo primero antes de decirle nada a Henry.

-Yo?... que hay de ti? Él dijo claramente "tú tampoco quieres darme un hermanito" lo que quiere decir que tú ya le habías dicho que no-. Dijo la rubia a la defensiva.

-Y con quien querías que se lo diera?... con Graham?-. La rubia la miro enfadada en cuanto nombro al cazador –Además mi cuerpo estaba estancado en tiempo. Era imposible que quedara embarazada-. Se levantó de su asiento y Emma la agarró de la muñeca –Solo voy a fuera a tomar aire-. Dijo con voz cansada, Emma la dejó ir.

-He dicho algo malo verdad?-. Preguntó Henry sentándose frente a Emma donde había estado Regina antes.

-No chico. No has dicho nada malo. Soy yo… me asuste un poco con tu pregunta y reaccione mal… ahora Regina y tú creen que no quiero tener más hijos.

-Y no es cierto?

-Claro que no!. Por supuesto que quiero más hijos!. Siempre fue nuestro sueño tener una gran familia!.

-Entonces?-. Preguntó David esta vez parándose tras Henry.

-Es… demasiado pronto!

-Han pasado más de 30 años…

-Acabamos de romper la maldición!

-Cuanto tiempo más quieres perder?-. Pregunto Henry –Quiero ser un hermano mayor… pero no TAN mayor-. Dijo el pequeño cruzándose de brazos haciendo que Emma sonriera.

-Contigo es como hablar con un adulto… eres igual a Regina-. Dijo la rubia sonriendo y luego se quedó pensando –Quiero más como tú… voy a hablar con Regina-. Dijo colocándose de pie rápidamente ante las sonrisas de Henry y David.

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Regina acababa de salir de Granny´s. ¿Realmente Emma no quería más hijos? Si, siempre habían hablado de tener muchos…

-Así que… Emma era la verdadera razón para lanzar la maldición oscura-. Escuchó que decían y al voltear se encontró con nada mas ni nada menos que con la razón de los celos de su esposa.

-Graham…

-Majestad-. Respondió él con una pequeña reverencia. –Enserio están casadas?-. Su curiosidad no pudo más. Lo que lo hizo pensar que la reina reaccionaria enfadándose, resultó ser todo lo contrario. Le sonrió, y no solo una de esas sonrisas falsas. Ésta era verdadera, y se veía realmente hermosa.

-Si es verdad… estamos casadas… Graham… yo…lamento haberte tratado como te trate. Y… usarte para mi placer-. De dijo un tanto sonrojada.

-No hay problema… además, lo que oí es que no tenías memoria de Emma en ese entonces. De lo contrario nunca lo hubiera hecho. Después de todo en el bosque encantado nunca pasó-. Respondió sincero.

-Cierto…

-Tampoco fue tan malo o si?-. Ese comentario hizo que la morena lo mirara impresionada, ¿estaba coqueteando con ella? Eso la hizo reír un poco al imaginarse la cara que tendría Emma de haberlo escuchado.

-No, no lo fue-. Respondió lo que provocó que Graham ampliara su sonrisa.

-Si me permite decirlo… tiene una hermosa sonrisa majestad-. En ese momento no se dio cuenta que Emma salía de Granny´s.

-Disculpa quieres volver a repetirlo?-. Dijo acercándose a la morena y rodeando su cintura con su brazo, como si estuviera marcando su territorio.

-Nada-. Respondió la morena llamando inmediatamente la mirada de la rubia sobre ella –Graham ven mañana a casa, tengo que entregarte algo-. Dijo y el cazador se volvió a ir por donde venia. Ni loco dejaba que la rubia le apretara ciertas partes nobles que aún le dolían al pensar en ella.

-Que tienes que darle? Alguna ropa que se le haya quedado?-. Pregunto cruzándose de brazos y poniendo ojos de cachorro.

-Deja ya tu celos… solo le devolveré su corazón-. Dijo sin mirarla aún, por lo que se perdió los ojos de cachorro.

-Regina…

-Que?

-Gina…

-Que?-. Volvió a preguntarle esta vez mirándola.

-Perdóname.

-Eh?-. No entendía a que se refería.

-No quiero que pienses que no quiero más hijos contigo… porque quiero todos los hijos que tú quieras tener conmigo. Más pequeños o pequeñas como Henry. Imagínate!-. Sonrió –De solo pensarlo quiero mínimo diez.

-Diez?

-Mhm y lo mejor es practicar-. Dijo con voz ronca tomándola de la cintura y acercándola a ella.

-No crees que es demasiado pronto?

-Alguien me dijo que ya habíamos perdido demasiado tiempo…

-Quien te dijo eso?

-Henry.

-Es un niño muy inteligente-. Contestó sonriendo.

-Es igual a su madre…

-Asumo que hablas de mí.

-Ummm bueno su otra madre igual es inteligente-. Respondió y se gano una mirada divertida de la morena. –Bueno tal vez no tanto… pero que le vamos a hacer… comparto la mitad de los genes con Blancanieves.

-Así que ahora soy una idiota!-. Gritó la mencionada princesa, haciendo que la miraran. Ésta traía un arma.

-Baja eso Mary Margaret…-. Intentó la rubia.

-MI NOMBRE ES BLANCANIEVES! ó con más fuerza llamando la atención de los que estaban dentro de la cafetería.

-Está bien! Blancanieves, pero baja el arma-. Trató una vez más Emma.

-Nieves, baja el arma, por favor-. Pidió David, pero ésta lo ignoró mirando y apuntando directamente a Regina.

-NO! ES QUE NO TE DAS CUENTA? ES LA REINA MALVADA! HA ECHIZADO A NUESTRA HIJA PARA QUE CREA QUE LA AMA!

-Eso no es cierto, Nieves y lo sabes. Ellas se aman están casadas!

-QUE SABRÁS TÚ! NO ESTABAS AHÍ!. NO PUEDEN AMARSE, SON DOS MUJERES! ES ANTINATURAL! UNA ABOMINACIÓN!-. Explotó jalando del gatillo. Dejando a todos los presentes fríos como estatuas sin poder moverse.