— No irás a ningún lado, Potter — dijo de pronto una voz poderosa y fría. Todos se detuvieron abruptamente y Harry abrió los ojos sorprendido. Alto, flaco, con una capucha negra y aquellos ojos grises penetrantes mirándolo… Lord Voldemort había aparecido en la entrada del vestíbulo, su varita apuntando hacia Harry, cortándoles la salida.

No, aquello no podía ser cierto… ¡Él no debía estar aquí!

El pecho de Valerie se contrajo de dolor y su cuerpo se congeló. ¿Qué era lo que sus ojos estaban viendo? ¿Era ese Lord Voldemort? ¿Donde estaba la tez blanca, los ojos de color sangre y su rostro de serpiente? Su corazón dio un vuelco al ver su rostro. Cabello negro arreglado como siempre, sus ojos grises brillaban con maldad y sus facciones… ¿¡No debería tener como sesenta años o algo así!? En cambio, el hombre parado en medio del vestíbulo no debía tener más de 35 años, sus rasgos no habían cambiado y seguía irremediablemente atractivo como siempre.

¡¿Qué es esta mierda?! La mente de Valerie no lograba salir de su estupor. Si hubiera tenido las facciones de serpiente que esperaba todo sería más fácil, pues no podría ver en él al joven que alguna vez amo. ¿Cómo podría enfrentarlo?

Y de pronto, todo aquel dolor y pasmo cambió. Ese instante en que la pena se comienza a convertir en rabia fue algo que la vampira no puedo controlar. Ese hombre a quien tanto había querido, quien la había hecho sufrir, reír, con quien estaba dispuesta a recorrer el mundo y convertir el mundo mágico en un mejor lugar, aquel hombre se mofaba de su dolor con su presencia y sus rasgos normales como si nada hubiera ocurrido… Como si todo el sacrificio que ella había hecho hubiera sido por nada… Su cuerpo hervió en cólera…¡Lo haría sufrir! Oh, como haría sufrir a ese mal nacido mestizo, como iba a desear no haberla conocido… ¡Se arrepentiría de haber elegido ese camino!

Pese a su deseo y sus instintos que la llamaban a destruir todo a su paso, su mente la obligó a pensar en sus acciones, pues no podía actar súbitamente y dejar a sus amigos en merced de sus enemigos. ¿Cómo debía proceder entonces?


— Cómo siempre, el joven Potter buscando proteger a sus amigos — masculló Voldemort despacio mientras sonreía con malicia, lanzándole una mirada despiadada al mago de anteojos. — Pero… veo que nos falta alguien —. Observó la estatua del elfo que intentaba todavía mantenerse en pie. — ¿Dónde esta la nieta de Dumbledore? — exigió.

— Amo, ella nos repelió. Esta escondida en alguna parte y despertó aquella estatua para que sus amigos escaparan — sollozó Bellatrix arrodillándose a sus pies mientras el avanzaba.

— ¡Cállate Bella! — le interrumpió Voldemort peligrosamente. — ¿Acaso crees que he entrado en el Ministerio de Magia para escuchar tus patéticas excusas? Veo que mis seguidores son incapaces de hacer las tareas que les pido…

— Pero amo… — Voldemort no le prestó atención.

— No tengo nada más que decirte Potter — agregó rápidamente. — Eres igual de iluso que siempre y arrastraste a tus amigos a un peligro innecesario. Me has fastidiado mucho y por mucho tiempo. ¡AVADA KEVADRA!

— ¡OPUNGO!

Harry ni siquiera abrió la boca para resistir, su mente estaba en blanco y su varita apuntando inútilmente al piso. Pero la estatua del elfo volvió a saltar, aterrizando con un gran estruendo entre Harry y Voldemort. El hechizo rebotó en lo que quedaba de la estatua y se deshizo en pedazos protegiendo a Harry.

— ¿Qué…? — gritó Voldemort mirando a su alrededor.

— ¡He dicho que corran! — gritó Valerie furiosa oculta en las sombras, sin revelar su presencia… No todavía, lo haría cuando fuera necesario.

— ¡Deja de esconderte y enfrentame! — gritó Voldemort mientras sus ojos buscaban a la nieta de Dumbledore. Aquella joven tenía talento y eso solo aumentaba más su curiosidad.

— Atrapame, si eres realmente un mago tan poderoso como clamas ser — se mofó Valerie escabulliéndose entre las sombras.

Harry aprovecho la distracción y movió a sus amigos hacia la cabina telefónica con rapidez y gran esfuerzo, el peso de Neville cada vez era más difícil de llevar.

— ¡No irás a ninguna parte Potter! — un hechizo salió de la varita de Voldemort y destruyó la cabina. Estaba por realizar otro ataque cuando una lluvia de piedras comenzó a atacarle.

— ¡No deberías bajar la guardia, Voldemort! — rió con malicia Valerie. El mago se protegió con rapidez y transformó las piedras en gotas de agua mientras le gritaba a los mortifagos — ¡Traigan a Potter! — Avanzó hacia los pilares del vestíbulo buscando a la joven que osaba burlarse de él.

Los mortifagos corrieron tras el resto de los jóvenes magos que buscaban frenéticamente una nueva salida.


— Tenemos que ayudar a Valerie — resopló preocupado Draco mientras miraba hacia atrás.

— Ella estará bien, los está distrayendo por nosotros — señaló Luna que corría tras el rubio.

— ¡Vamos, ella dijo que nos moviéramos, así que será mejor hacerle caso! — gritó Harry al percatarse de los mortifagos que comenzaban a pisarle los talones. — ¡Tenemos que encontrar una salida ante de…!

— ¡Dumbledore! !— aulló Neville, su cara sudaba por el esfuerzo mientras miraba hacia arriba.

— ¿Qué? — Harry siguió la mirada. Justo sobre ellos, en una pequeña escalera que ascendía hacia uno de los pasillos estaba Albus Dumbledore, su varita alzada, su rostro blanco y lleno de furia. Todos sintieron una especie de carga eléctrica a través de cada partícula de su cuerpo… Estaban salvados.

Dumbledore bajó la escalera y ya estaba al lado de Harry cuando los mortifagos más cercanos se dieron cuenta de su presencia y avisaron a los demás. Uno de los mortifagos corrió hacia él, moviéndose como un mono. El hechizo de Dumbledore lo alejó tan fácilmente y sin esfuerzo como si hubiera sido enganchado por una cuerda invisible.

— Todos, escuchen con atención — ordenó Dumbledore — para que puedan salir de aquí…

— ¡Tenemos que ayudar a Valerie! — le interrumpió Draco angustiado. — Voldemort la está acorralando.

Albus tensó el cuerpo y miró el escenario que tenía enfrente ideando un plan. — Señorita Weasley y señorita Granger defiendan los costados ante cualquiera que se acerque. Señorita Lovegood y señor Weasley se encargaran de repeler a cualquiera que se acerque. Señor Malfoy le encargo de liberar al señor Longbottom de esas cuerdas. Harry, ataca a cualquier enemigo que veas cerca. No se muevan de aquí, no piensen por ningún momento en ir ayudar, solo se expondrán innecesariamente ¿quedó claro? — pero antes de que alguno pudiera responderle el viejo mago avanzó con rapidez en dirección a Voldemort.


Valerie se movía con rapidez por las penumbras del vestíbulo, burlándose de Tom para distraerlo, aun sabiendo que aquella movida podía jugarle en contra. No tenía como saber cual sería la siguiente movida del mago y eso lo hacia un contrincante peligroso.

— Eres muy escurridiza — dijo Voldemort con una sonrisa maliciosa. — Digna de una serpiente — añadió mientras observó como una silueta se desplazaba con rapidez por la sombras adivinando su próxima acción. — No puedes esconderte por siempre — movió su varita y una larga cuerda negra salió en dirección a la vampira adivinando su posición. ¡PUM! Uno de los pilares explotó y sus pedazos volaron formando una pared que impidió atraparla.

— ¿De nuevo…? — gritó Voldemort buscando a la vampira mirando a su alrededor. — ¡Dumbledore! — exclamó.

Albus Dumbledore estaba parado al lado de la fuente de agua con varita en mano. — Buenas noches Tom. Agradecería dejaras en paz a mi nieta — señaló con calma. Entre los escombros Valerie agradeció en silencio la intervención oportuna de su amigo.

— No estás en posición de exigir nada — respondió Voldemort con una mueca de desprecio. Levantó su varita y un destello de luz verde pasó como un rayo hacia Dumbledore, pero este desapareció con un giro de su túnica. Un segundo más tarde reapareció a un lado de Voldemort, movió su varita hacia las estatuas restantes de la fuente las cuales cobraron vida. La estatua de la bruja corrió hacia donde se encontraban los jóvenes magos para ponerse frente a ellos como protección. Mientras tanto, el duende se escabulló hacia las chimeneas ubicadas en un costado del vestíbulo, ocultas por la oscuridad y el centauro galopó hacia Voldemort, quien desapareció y reapareció a un costado de la fuente.

— Fue una tontería venir aquí esta noche, Tom — señaló Dumbledore todavía con calma. — Los aurores no tardaran en llegar.

— Oh, no, la única tontería aquí es que hayas venido solo para proteger a estos patéticos niños. Mientras tu peles conmigo ¿cómo cuidaras a tus queridos alumnos de mis mortifagos?

Albus mantuvo el semblante serio para no mostrar su preocupación, cuando sintió que alguien quiso entrar en su mente. Intentó repeler la intrusión, pero no lo logró; y una voz resonó en su cabeza: "Tranquilo viejo amigo, estoy aquí para ayudarte, confía en mi y sigue mi juego". La voz de Valerie sonaba segura y poderosa, por lo que las preocupaciones del viejo mago se evaporaron rápidamente.

— ¿Quién dijo que vine solo?

¡CRAC!

Repentinamente, una persona apareció junto a Dumbledore. Vestía una larga capa negra que le llegaba hasta los pies y la enorme capucha impedía verle el rostro.

— ¿Esa es tu apoyo? — se burló Voldemort tras unos segundos y sus mortifagos se rieron junto con él. Vencer entre dos a el mago oscuro y la docena de mortifagos que lo acompañaban no se veía como algo fácil de lograr.

— Estoy seguro que podrá encargarse de tus seguidores… con bastante facilidad — explicó Dumbledore tranquilamente.

Harry y sus amigos observaron sorprendidos al extraño encapuchado ¿quién podría estar oculto detrás de esa capa? Pero sobre todo ¿quién podría darle tanta seguridad a Dumbledore para que solo su presencia fuera suficiente para vencer a sus oponentes?

"Al menos Valerie podrá ganar tiempo y no salir herida". Draco intentaba encontrar a su amiga con desesperación, pero agradeció que permaneciera escondida para no llamar la atención de Voldemort. Ahora debía concentrarse en los mortifagos que, dentro de poco, vendrían por ellos.

— Me estás haciendo perder el tiempo — escupió Voldemort. Envió otra maldición mortal hacia Dumbledore, pero el encapuchado fue más rápido, alzó los brazos y movió su varita: una pared de tierra se formó frente a ellos y los protegió de la maldición asesina con facilidad. Cuando la defensa se desvaneció, todos los presentes quedaron absortos mirando al desconocido; la duda y la sorpresa se instaló en cada rostro. La manga izquierda del encapuchado se había deslizado revelando su antebrazo, en el cual descansaba la marca tenebrosa, la cual parecía brillar orgullosa.

— ¡TRAIDOR! — gritó fuera de si Bellatrix, los mortifagos gritaron de rabia y se lanzaron contra el desconocido. Fue así que el caos se desató.

Dumbledore agitó su varita contra Voldemort: la fuerza del hechizó que emanó de ella fue tan grande que esta vez el mago oscuro se vio forzado a conjurar un escudo plateado y brillante de fino aire para protegerse. El hechizo, cualquier que fuera, no causó ningún daño visible al escudo, aunque una nota profunda reverberó de él.

— No pretende matarme, ¿verdad Dumbledore? — cuestionó Voldemort, aguzando sus ojos grisáceos tras el borde del escudo. — ¿Se encuentra por encima de tales brutalidades?

— Ambos sabemos que hay otras maneras de destruir a un hombre, Tom — replicó Dumbledore con lentitud, mientras caminaba hacia él como si no tuviera nada que temer en el mundo. — Solo el tomar tu vida no me satisfaría, lo admito…

— ¡No hay nada peor que la muerte, Dumbledore! — gruño Voldemort.

— Te equivocas — respondió el viejo mago acercándose todavía más a Voldemort y hablando tan ligeramente como si estuviera discutiendo el asunto frente a unas copas. — Tu incapacidad para entender que no es la muerte a lo que más temes, sino a que estás solo, completamente solo desde que ella murió…

— ¡Cállate! — Otro destello de luz verde salió de atrás del escudo plateado. Esta vez fue el centauro que galopaba cerca a Dumbledore quien recibió el golpe quedando destruido en cientos de pedazos, pero antes que los fragmentos hubieran siquiera tocado el piso Dumbledore agitó su varita como blandiendo un látigo, y una flama larga y delgada emanó de la punta, enredándose en torno a Voldemort, con todo y escudo.

Parecía que Dumbledore hubiera ganado, pero entonces la ardiente cuerda se convirtió en una serpiente que aflojó de inmediato la atadura de Voldemort y se volteó siseando furiosamente para enfrentar al viejo mago. Voldemort desapareció; la serpiente se levantó del piso lista para atacar. Hubo un estallido de fuego en el aire sobre Dumbledore justo cuando Voldemort reaparecía, parado en medio de la fuente donde antes se encontraban las cinco estatuas. — ¡Cuidado! — logró gritar Harry, pero mientras gritaba, otro destello de luz verde voló hacía Dumbledore desde la varita de Voldemort y la serpiente atacó.

— ¡NO!


Draco y los demás se prepararon para enfrentar a los mortifagos, pero para su sorpresa, el misterioso encapuchado blandió su varita y la mayoría de los mortifagos salieron volando por los aires como si fueran de pluma.

— ¡Te matare traidor! — gritó fuera de si Bellatrix. — ¡Vayan por Potter, yo me encargó de él! — Los pocos que se mantuvieron en pie fueron tras los jóvenes magos.

Bellatrix comenzó a lanzar maleficios como loca, que fueron esquivados con facilidad por su contrincante, su capa negra parecía danzar por los aires mientras los maleficios pasaban por su lado sin tocarlo. De pronto, uno de los ataques logró impactar en su pecho haciéndolo caer y Bellatrix chilló de emoción, pero para su sorpresa, el mortifago se puso de pie con lentitud mientras su cuerpo temblaba pese al maleficio, actuando como si nada hubiera pasado. Bellatrix no daba crédito a lo que veía, su maldición cruciatus no era algo de que se pudiera salir ileso y comenzó a desesperarse.

Al mismo tiempo, Harry, Ron, Draco y Hermione lograron atacar a los mortifagos mientras Luna, Ginny y Neville los protegían con rapidez. La enorme estatua de la bruja los resguardaba de cualquier maleficio asesino que intentaba llegar a ellos.

Bellatrix perdió la compostura, volviéndose más peligrosa, pero aquel mortifago traidor parecía burlarse de ella, esquivando sus ataques sin hacer nada en su contra. De pronto, el joven Malfoy se movió con rapidez quedando desprotegido de la estatua. Como vil serpiente que era, de la varita de Bellatrix salió volando un destello negro el cual impactó en el costado de Draco, el cuall aulló de dolor y cayó al piso mientras su cuerpo se retorcía. La risa maniática de Bellatrix resonó con fuerza en el enorme vestíbulo.

— No debiste haber hecho eso — gruñó el encapuchado, y Bellatrix no logró saber si la voz que escuchó fue de un hombre o una mujer. De la punta de la varita del mortifago traidor se formó una bola de fuego gigante que voló hacia la bruja. Bellatrix levantó los brazos formando un escudo que logró protegerla, pero su rostro ya no mostraba signos de aquella alegre locura. El encapuchado se le acercó con rapidez moviendo su varita al mismo tiempo: del suelo brotaron cuatro cuerdas que se amarraron con rapidez en las piernas y brazos de la mortifaga.

— ¡Maldito traidor, sueltame ahora! — gritó fuera de si Bellatrix, pero el encapuchado solo chasqueó los dedos y las cuerdas comenzaron a arder quemando su cuerpo mientras aullidos de dolor salían de su boca.

— ¡Draco! — gritó Harry y logró arrastrarlo tras la estatua de la bruja, mientras Ron y Hermione detenían a los pocos mortifagos que quedaban de pie, cuando su mirada cayó en Dumbledore. — ¡Cuidado!

El mortifago traidor alzó la mirada cuando una enorme serpiente comenzó a tomar forma alrededor de Voldemort. El mago oscuro desapareció y volvió a aparecer. Vio el destello de luz verde y la serpiente dirigirse contra Dumbledore — ¡NO! — gritó.


Una bola de fuego apareció de súbito frente a Dumbledore, la cual explotó apenas el rayo de luz verde hizo contacto con él. En el mismo instante, Dumbledore blandió su varita en un movimiento largo, pero no fue lo suficientemente rápido, la serpiente logró clavar uno de sus dientes en su brazo antes de que volara por los aires y se desvaneciera en una voluta de humo cayó pesadamente al piso, su cuerpo temblaba mientras intentaba respirar con dificultad.

El encapuchado gritó y movió su varita contra Voldemort, el agua de la fuente se levantó cubriendo al mago oscuro en una esfera de vidrio liquido. Por unos segundos Voldemort fue visible solo como una oscura y ondulante figura sin rostro, como un borroso reflejo sobre el agua, claramente luchando por destruir la sofocante masa. Luego desapareció y el agua cayó estrepitosamente sobre la fuente, derramándose por el borde y empapando el piso.

— ¡AMO! — logró gritar Bellatrix antes de proferir otro aullido de dolor y caer al suelo mientras las cuerdas continuaban calcinandola.

¡CRAC! Voldemort apareció frente a Dumbledore con una mueca burlona y miró al mortifago traidor. Antes de que pudiera atacarlo, desapareció sin dejar rastro. — ¡Cobarde! — rugió Voldemort y escuchó que alguien se reía con dificultad.

Albus Dumbledore yacía en el suelo, su rostro transpiraba y sus ojos se abrían y cerraban con rapidez intentando mantenerse consciente.

— Estás solo en esto, Dumbledore — orgulloso el mago oscuro se le acercó apuntando la varita a su corazón. — Nunca pensé verte postrado ante mis pies de esta forma. ¿Alguna última palabra? — Dumbledore solo sonrió y Voldemort furioso alzó su varita.

— ¡ABUELO! — Valerie salió corriendo de entre las sombras de los pilares, se lanzó entremedio de Dumbledore y el mago oscuro como escudo humano con su varita en mano.

Voldemort estaba por pronunciar el maleficio asesino cuando su mirada cayó en quien asumió era la joven Dumbledore y su cuerpo se contrajo por el estupor. ¿¡VALERIE!? No podía moverse… ¡No podía pensar! ¡AQUELLO NO PODÍA SER REAL! No podía ser que la nieta de Albus Dumbledore fuera igual a Valerie Deanoff. ¿¡QUÉ ESTABA PASANDO!?

Valerie le dedicó una mirada de dolor y odio y le apuntó con la varita — ¡INCENDIO! — Enormes llamas fueron hacia el mago oscuro, el cual se agitó con rapidez y conjuró el agua que había en el piso para cubrirse. Y, fue entonces, que Sirius Black, Remus Lupin, Nymphadora Tonk, Ojoloco Moody y Kingsley Shacklebolt aparecieron en medio del vestíbulo seguidos de treinta aurores.

Antes que alguno pudiera actuar Voldemort rugió de la rabia y desapareció llevando consigo a Bellatrix, los pocos mortifagos que seguían en pie lograron desaparecer también.

Valerie se giró y miro consternada a su viejo amigo que continuaba temblando y respirando con dificultad. — ¿Albus, me oyes? — el viejo mago asintió con dificultad. — Mierda, mierda, tengo que llevarte a San Mungo ahora — resopló la vampira desesperada.

— ¡Valerie! — gritó Sirius y se acercó corriendo hacia ella, seguido de Remus y de varios aurores.

— ¡Ayuda, tenemos que llevarlo a San Mungo ahora!

— Nosotros nos encargaremos — respondió con rapidez un auror de pelo pajoso y ojos verdes. Tres de sus compañeros movieron sus varitas y debajo de Dumbledore surgió una camilla que lo levitó con suavidad del suelo.

— ¡No! ¡No lo toquen, yo lo llevaré! — chilló la vampira furiosa intentando arrebatarles las varitas.

— ¡Valerie, tranquila! — Sirius se abalanzó hacia ella y la abrazó intentando calmarla. — Son del equipo medico de aurores, Dumbledore esta en buenas manos — Valerie se retorció, mientras veía como los aurores comenzaron a trabajar en varios hechizos sanadores y se llevaban a su viejo amigo del lugar. Enterró su rostro en el pecho de Sirius furiosa y asustada, apretando con sus manos la camisa del mago mientras intentaba controlar los sollozos que quisieron salir de su boca.

— ¡Remus, ve a ver a Harry y los demás! — le pidió Sirius preocupado.

— Tranquilo, Kingsley y Tonks están en eso, todos parecen estar bien. Malfoy parece ser el único que está herido, pero ya lo están revisando.

— ¿Draco? — preguntó Valerie, su cuerpo se tensó como piedra. — ¡Draco! — la bruja se separó con brusquedad de Sirius y corrió hacia su amigo, seguida por los dos magos. Apenas llegó donde el rubio le tocó el rostro y lo reviso atentamente. — ¿Draco, estas bien?

— Valerie, respira, estoy bien — resopló Malfoy un poco agotado y le tomó una de las manos con suavidad. No estaba acostumbrado a ver el semblante de su amiga lleno de preocupación. Ya era suficiente con las heridas de Dumbledore, su caso no era tan grave, pensaba el agradecido. — Solo me duele un poco, pero no es nada grave… — la vampira asintió acongojada y lo abrazó con fuerza.

El atrio comenzó a llenarse de gente, el piso reflejaba las llamas verdes de todas las chimeneas que se encontraban escondidas en las penumbras. una gran cantidad de magos y brujas emergían de ellas. Algunos aurores guiaban a un Cornelius Fudge hacia donde estaban los miembros de la Orden pareciendo aturdido.

— ¡Ahí estaba! — gritó un hombre, señalando los enormes hoyos del otro lado del vestíbulo donde Bellatrix había permanecido atrapada unos segundos antes. — Yo lo vi, señor Fudge, le puedo jurar que era Quien-Usted-Sabe, agarró a una mujer y desaparecieron.

— ¡Lo sé, Williamson, lo sé, yo también lo vi! — balbuceó Fudge que traía el pijama puesto bajo su saco a rayas y estaba jadeando como si acabara de correr varios kilómetros.

— ¡Por las barbas de Merlín! ¡Aquí! ¡Aquí en el Ministerio de Magia! Por todos los cielos…No parece posible… ¿Cómo puede ser? — continuó balbuceando Williamson.

— ¡Señorita Dumbledore! — exclamó Fudge con sorpresa. — Usted… Usted… ¿Su abuelo? ¿Dumbledore? — miró alrededor hacia los aurores que había traído consigo, cuando se percató que a lo lejos se llevaban el cuerpo herido de Albus Dumbledore.

— Señor Ministro, estoy dispuesta a luchar contra todos sus hombres ¡y partirlos en pedazos!, si no deja a mi abuelo descansar y sanar tranquilo en San Mungo — declaró Valerie con voz estruendosa sorprendiendo a todos por su ferocidad. — Hace unos minutos vio con sus propios ojos la prueba de que mi abuelo le estuvo diciendo la verdad durante todo este tiempo. ¡Lord Voldemort ha vuelto, ha estado persiguiendo al hombre equivocado por varios meses, ya es hora de que entre en razón!

— Yo…No… Bueno… — balbuceó Fudge para sorpresa de todos, mirando alrededor como esperando que alguien le dijera qué hacer. Nadie pudo cuestionar que la joven Dumbledore daba más miedo de lo que uno pudiera esperar, mientras fulminaba con la mirada al ministro de magia y apretaba su varita con fuerza. — Muy bien. ¡Dawlish, Williamson! Encarcelen a todo mortifago que encuentren, el resto busque en todas partes que no haya algún cobarde escondido por aquí. Y… Y usted señorita Dumbledore, necesito que me diga exactamente… Merlín, la Fuente de la Hermandad Mágica… ¿qué paso? — terminó en una especie de lloriqueo, mirando fijamente al piso, donde se encontraban desparramados los restos de las estatuas de la bruja y el centauro.

— Señor Ministro, podrá discutir eso después, ahora quiero ocuparme de las heridas de mis amigos — respondió de mala gana la vampira.

— ¿Sus… sus amigos? — Fudge volteó y miró fijamente a todos los jóvenes, en especial a Harry. — ¿Él…aquí? — preguntó sorprendido. — ¿De qué se trata todo esto?

— Mi abuelo podrá explicarle los detalles cuando se recupere, pero lo sugiero lo siguiente: dará la orden para sacar a Dolores Umbridge de Hogwarts y dejará de inmiscuirse en los asuntos del colegio. Si tiene alguna duda estoy segura que mi abuelo lo recibirá gustoso en el castillo o simplemente le puede enviar una carta dirigida al director — el tono de voz de Valerie no admitía replicas y todos la observaron absortos por su desplante, pero la extraña aura que se deslizaba a su alrededor le puso los pelos de punta al ministro que solo pudo asentir como respuesta.

— Creo, señor Ministro, que estos jóvenes necesitan descansar — agregó Alastor Moody saliendo de entre los miembros de la Orden para zanjar el tema. — Las preguntas podrán hacerse después, ahora los llevaremos a un lugar seguro — Valerie vio como el mago y su extraño ojo mágico se fijaron en ella y su rostro se tensó. — Si no tiene nada más que agregar, nos retiraremos — agregó con la voz rígida, tomó del brazo a la vampira y la arrastro hacia donde estaban los demás, listos para partir.


— ¡INÚTILES! ¡PATÉTICOS! ¿CÓMO ES POSIBLE QUE NO HAYAN PODIDO ATRAPAR O VENCER A UN PUÑADO DE ALUMNOS! — Voldemort volvió a lanzar la maldición cruciatus sobre sus mortifagos. Sus ojos bañados en odio parecían perforar a cada mago que se encontraba tirado en el piso suplicando por piedad.

— ¡Amo… nosotros…! — intentó rogar Bellatrix.

— ¡SILENCIO! No quiero escuchar sus estúpidas excusas, me han decepcionado como nunca antes. Tal vez debería deshacerme de todos ustedes, así me aseguraría de no tener imbéciles en mis filas.

— ¡Amo… piedad…! — rogó Lucius mientras se retorcía en el suelo.

Voldemort levantó el maleficio mientras gruñía — Sus muertes no me darían ninguna satisfacción. ¡DESAPAREZCAN DE MI VISTA AHORA! — Ninguno deseo contradecirlo y a los pocos segundos el mago oscuro se vio solo en la habitación.

Se pasó la mano por el rostro con desesperación y maldijo en voz baja. ¡Había estado a punto de matar a Dumbledore! ¡Tan cerca! Pero… su nieta… Gritó furioso y moviendo su varita destruyó todos los muebles del lugar. ¡Había sido débil! ¡Él, Lord Voldemort, había sido débil ante una estúpida niña! Apretó los puños… La joven Dumbledore… ¿Cómo podía ser igual? ¿Cuál era el secreto? ¿Qué estaba ocurriendo? Todo debía ser obra de Albus Dumbledore... pero, las similitudes eran abismales, aquello no podía ser real.

Un grito salió de la garganta de Voldemort y todo a su alrededor explotó. Valerie Deanoff, todo era su culpa, su recuerdo lo debilitaba cuando pensó que ya no lo hacia. ¡Él la vio morir! ¡El vio su cuerpo en la tumba! ¿QUIÉN ERA ENTONCES VALERIE DUMBLEDORE? ¿Cuál era la conexión que tenía con Valerie Deanoff? La magia del mago oscuro osciló con peligro y se alzó destruyendo todo a su paso, el absoluto descontrol de su poder rompió el piso e hizo estremecer los cimientos de la mansión. Respiró varias veces intentado apaciguar su magia…

Encontraría la explicación, lo averiguaría, él lo averiguaría todo. Porque solo existía una Valerie Deanoff que yacía muerta y no iba a dejar que una joven fuera a interponerse en su camino. Quería saber todo sobre ella, quién era Valerie Dumbledore, de dónde había salido, qué hacia, absolutamente TODO. Porque esa niña tal vez no sabía lo que había desencadenado, pero se aseguraría de obtener sus respuestas y de paso hacerle más daño al viejo de mierda de Dumbledore.

Aun así, ese no era el único de sus problemas, había un mortifago que los había traicionado y no dudaría en averiguar quien era, para destruirlo lenta y dolorosamente, pero por ahora, su mente solo tenía fija la imagen de la nieta de Dumbledore. Pese a las similitudes que podía tener con Deanoff, no podía ser ella, al ver su mirada no hubo algun atisbo de reconocerlo, no había en aquellos ojos las últimas emociones que él vio antes de que se apagaran: dolor, pero sobre todo amor y respeto. La joven Dumbledore solo lo había mirado con odio y desesperación.

Pronto, muy pronto, tendría en sus manos a la joven Dumbledore y ella desearía no haber tenido algún parecido con Valerie Deanoff.


Hola! Lo prometido es deuda, intentaré actualizar todos los lunes la historia con los capítulos que faltan. He trabajado sin parar para que puedan disfrutar de lo que se viene. ¿Qué les pareció? El reencuentro será mas complejo, intenso e interesante, tengo varias sorpresas en mente! Pero, no podemos tener un reencuentro así como así, pues toda acción desencadena una consecuencia, ya verán!

Como siempre, espero ansiosa sus comentarios.

Nos vemos el próximo lunes con un nuevo capítulo! (Si logro tenerlo antes no duden en que se los subiré antes). Los quiere, Florence!