El gigante avanzó con lentitud por el denso bosque guiado por la Driada Nelly, quien de pié sobre la cabeza del VF-4 indicaba el mejor camino a seguir para que el enorme robot no tumbara ningún árbol a medida que avanzaba por la floresta.
Dante se asomaba cada tanto por encima del borde de aquella especie de "nido" que la exploradora había conjurado para que pudiesen viajar ocultos debajo del hechizo de ilusión y miraba nervioso las formas oscuras que había por delante, confiando plenamente en las habilidades de su guía, pero fundamentalmente en los sensores pasivos del VF-4.
—Si nos topamos con algo en el bosque, definitivamente los sensores del VF-4 lo verán primero. —dijo usando el chat privado para que solo Diógenes pudiera leerlo.
—Dudo que algo le salga al encuentro a Karina en estos momentos. —respondió el Archivista. —Pero un encuentro aleatorio es lo que menos me preocupa en este momento. —dijo.
—¿Crees que la ilusión no funcione con los demás jugadores? —preguntó Dante.
—A decir verdad, no se lo que me provoca mas temor. —escribió Diógenes. —Si disparar alguna salvaguarda contra magia o que no se traguen la historia de la señorita Karina.
El joven estratega se dejó caer en el fondo de la bolsa y meditó aquello. —Es tarde. —dijo. —La actividad de jugadores debe haber mermado bastante… es posible que los sorprendamos con la guardia baja.
—Algo me dice que no tienes un plan de respaldo por si falla este. —observó el Archivista.
—Bueno… en realidad si. —respondió Dante. —De última siempre podemos dejar que Karina atraiga su atención hacia el Valle mientras nosotros nos escurrimos en las cuevas…
—Pero la expondremos a ella al peligro de entablar un combate PvP.
—Cosa que debemos evitar por completo. —aseguró el joven. —Si lo se… como plan B es un idea horrible, pero no veo otra alternativa.
El robot se detuvo en ese momento y pudieron escuchar la voz de Karina. —Estamos saliendo del bosque. —informó. —La entrada al valle de los Gigantes está justo frente a nosotros a unos quinientos metros.
Dante y Diógenes se asomaron fuera y observaron las espirales de roca que se elevaban en el oscuro cielo. Había un par de antorchas encendidas a cada lado de las mismas pero no se veía a nadie de guardia en aquel lugar.
—No veo gigantes… pero eso no quiere decir que no haya jugadores del Enjambre de guardia sobre alguna de aquellas empalizadas. —observó Dante señalando las antorchas que asomaban sobre una cerca de troncos emplazada a uno metros de altura del camino que atravesaba las agujas de piedra.
—¿Ves algo con Golem-Kun? —preguntó Diogenes.
—Negativo. —respondió Karina usando el chat del grupo. —No detecto fuentes de calor en aquella dirección.
Nelly se descolgó de la cabeza del robot y se sentó en el borde de la cesta junto a Dante. —Tampoco se escucha nada en la brisa nocturna. —dijo mirando las elevaciones de piedras cercanas. —Pero huelo algo raro en el aire.
—Ojalá sea solo la ciénaga. —rogó Diógenes.
—¿Y bien? ¿Listos? —preguntó Karina.
—Adelante. Iniciemos el rescate. —ordenó el joven estratega.
El robót volvió a ponerse en marcha y atravesó aquella entrada de roca. Delante de ellos se abrió el profundo valle pero solo Karina podia ver toda la extensión del mismo gracias a las cámaras de alta sensibilidad instaladas en la cabeza del robot.
—No hay moros en la costa. —informó.
Mientras el VF-4 avanzaba por el valle los tres aventureros se sentaron en el fondo de la cesta a planificar su siguiente movimiento.
—¿Cuál es el plan entonces? —preguntó Diógenes.
—Asumiendo que Karina pueda entrar a la base enemiga sin ningún problema, tendremos que buscar a Silvana y a Mirna en el interior de esas cuevas sin perdernos nosotros. —explicó Dante.
Nelly estaba sentada con las piernas cruzadas y miraba silenciosa a los dos aventureros. —¿Y si nos separamos? —preguntó levantando una mano. —Podríamos cubrir mas terreno si cada uno busca por su lado.
—Esa es… una pésima idea. —dijo Dante haciendo un gesto con la mano.
—¿Lo es…? —preguntó confundida la Druida.
—Cuando no se tiene información sobre un teatro de op… es decir, cuando no se conoce un lugar es mejor mantenerse juntos. —explicó el joven.
—No comprendo. —respondió Nelly inclinando la cabeza hacia un lado. —Es muy fácil esconderse de esos gigantes… yo misma me he escurrido a sus espaldas sin que pudieran verme o escucharme.
—Tu eres una exploradora experta. —explicó Diógenes. —Y puedes ocultarte fácilmente de ellos… pero Dante y yo no tenemos tus habilidades… si nos ponemos a investigar por nuestra cuenta seremos descubiertos irremediablemente.
—Y no es con un combate la forma en que vamos a triunfar en esta misión. —agregó Dante. —Debemos mantenernos ocultos hasta el momento del rescate… y luego…
—¿Y luego? —preguntó Diógenes
—Luego… dios dirá. —suspiró Dante. —Salir lo más pronto posible de territorio enemigo y tratar de que no nos siga nadie. —dijo.
—Como plan… es algo improvisado. —opinó la Driada pensativa.
Antes que la joven pudiera continuar mostrando algo más de desconfianza hacia el ya deficiente plan del Estratega, Karina utilizó el chat de la party para informar sobre la situación en el valle.
—No detecto actividad enemiga en el valle, los caminos están desiertos. —dijo mirando las cámaras de monitoreo externas. —Al parecer no hay nadie en el Valle.
—¿Cómo se ve el terreno? —preguntó Dante.
—Agreste. —respondió la teniente O'Higgins. —Los caminos son… bueno, llamarlos "caminos" es ser muy generosos. —afirmó. —Han abierto senderos por todo el valle pero no se han molestado en retirar los árboles destrozados o las rocas…
—Ingeniería civil Zentradi en su máximo explendor. —ironizó Diógenes.
—Veo rastros en el barro… como si hubiesen arrastrado algo pesado. —volvió a informar la joven. —Han estado moviendo algo en dirección a su base.
—Si, eso lo observamos nosotros también hoy por la tarde. —explicó Dante. —El Jefe está interesado también en ello; pero no sabemos si esto podría estar relacionado con la profecía.
—Algo me dice que pronto lo descubriremos. —profetizó el Archivista.
El grupo se sumió en el silencio durante los últimos minutos que duró el avance del robot disfrazado. El terreno comenzó a volverse rocoso a medida que se acercaban al enorme acantilado de granito que formaba una de las paredes del valle. Los árboles desaparecieron por completo y pronto Karina avanzaba al descubierto a la vista de una enorme caverna que se abría en la pared de roca a unos doscientos metros de distancia.
—Bueno… aquí vamos. —dijo al ver la enorme forma humanoide que se encontraba de pie junto a la entrada oscura. El sensor de la cabeza del robot detectó el cuerpo del gigante del Enjambre destacándose por completo de las frías rocas en las que estaba apoyado. Había algunas antorchas en las paredes de roca y una solitaria lámpara que colgaba de un poste de madera arrojaba una pálida luz verdosa sobre las lozas del piso, fuera de eso solo las lunas daban algo de luz al valle. Karina avanzó con normalidad y se detuvo frente al gigante, quien extrañamente pareció no percatarse de su presencia.
Dante y los demás se asomaron desde su escondite protegidos por la ilusión del artefacto mágico y contemplaron al Zentradi que vigilaba la entrada.
—¿Que está haciendo? —preguntó Nelly sin comprender. —¿No puede vernos? —preguntó confundida.
Diógenes sacudió la cabeza. —Oh, parece que está leyendo algo en su interfaz y no parece haberse dado cuenta que estamos parados delante de sus narices. —dijo sin poder creer lo que veía.
En efecto el gigante se encontraba con la cabeza gacha mirando algún punto frente a él, completamente ignorante de lo que sucedía a su alrededor, hasta había dejado su garrote a un lado apoyado en la pared de roca.
—Vaya centinela. —suspiró Karina. —Creo que podríamos pasar a su lado sin que nos vea. —dijo.
Dante estuvo a punto de abrir la boca pero en cambio ahogó un grito en cuanto vió como Nelly daba un salto desde el fondo de la cesta y se encaramaba al borde de la misma con el enorme cuchillo de obsidiana negro en la boca.
—¡Espera! —gritó Dante tomando la pierna de la Dríada justo en el momento en que daba el salto. Los dos aventureros cayeron en el fondo de la cesta ante la mirada atónita de Diógenes.
—¿¡Qué estás haciendo!? —lo enfrentó furiosa la exploradora una vez que pudo soltarse de las manos del joven. —¡Podría haberle cortado la garganta de un solo golpe! ¡Estaba totalmente expuesto!
—Así no funciona la infiltración, Nelly!. —respondió Dante tratando de no gritar.
—Pero…
—No sirve de nada matar a uno de ellos. —explicó Diógenes. —Solo servirá para que vuelva a renacer en donde sea que tenga su punto de inicio y de la alarma de inmediato.
—Yo no…. no comprendo. —balbuceó la joven guardando su puñal.
—Te lo explicaremos más tarde… pero por el momento recuerda que debemos evitar un combate a toda costa… o jamás podremos rescatar a las chicas.
Karina había esperado pacientemente a que sus tres compañeros se callaran la boca. Una vez que la Driada estuvo relativamente en calma continuó con el plan.
—Ejem. —exclamó aclarándose la garganta.
El gigante levantó la cabeza y se quedó como petrificado mientras trataba de comprender lo que tenia delante. Fué un par de segundos pero todos los aventureros contuvieron el aliento.
—¿Quién demonios eres tú? —preguntó el Zentradi con rudeza dando un paso hacia atrás. —¿Qué haces aquí sin ser de nuestro clan?
—Justamente vengo a unirme al Enjambre. —respondió Karina. —Me dijeron que esta es su base o algo así…
El jugador miró al extraño que tenía delante de arriba a abajo sin comprender del todo. —Esta no es una base de reclutamiento. —dijo tomando el garrote. —No debes estar aquí, tienes que rellenar un formulario en el foro que…
—Es mi primer día en Calypso. —mintió la joven. —No quiero perder tiempo con formularios y demás papeleo… quiero aplastar jugadores. —dijo remarcando las últimas palabras.
—El protocolo…
—Mire… con este asunto del adelantamiento del Gran Salto realmente no quise perder el tiempo navegando en la Red… cree este personaje y me dijeron que no me acercara a las ciudades o los del Imperio me harían la vida imposible.
El gigante no respondió y la miró de forma extraña.
—Karina. —exclamó Dante desde el fondo de la cesta. —Tu postura.
La Teniente O'Higgins no comprendió de inmediato, pero una mirada al monitor que indicaba la postura del VF-4 la hizo comprender a lo que se refería su compañero; estaba adoptando una pose excesivamente femenina con una de las manos del robot apoyada en su cadera mientras la otra descansaba a un lado.
—Oh mierda. —exclamó adoptando una posición de firme, lo que causó aún mayor extrañeza en el Zentradi. —En fin… ¿Con quién tengo que hablar para entrar en El Enjambre? —preguntó tratando de volver al tema.
El gigante sacudió la cabeza. —¿A esta hora? Olvidalo, no hay ningún oficial conectado, solo estamos los que jugamos en el turno noche. Ve al foro y busca a alguno de los reclutadores, no tienes nada que hacer aquí.
Karina observó al jugador con atención. —Supongo que puedo hacer eso. —dijo. —Pero… ¿El Enjambre los obliga a montar guardia aquí fuera? Pensaba que… bueno, era algo mas emocionante con la guerra contra todos los jugadores de Calypso y todo eso…
El gigante suspiró. —Solo a los novatos los ponen a hacer las guardias y los trabajos monótonos. —dijo haciendo una mueca.
—¿Osea que tú también eres un novato recién ingresado? —preguntó Karina.
—Hey… no es que sea novato, llevo más de un mes en el Clan. —respondió visiblemente molesto el jugador. —Solo tengo la mala suerte de tener un horario de trabajo de mierda y mis horas en Calypso casi siempre corresponden al horario nocturno.
—¿Entonces si entro al Enjambre tendría que reemplazarte en este lugar de mierda? —preguntó Karina fingiendo preocupación. —Yo también tengo que conectarme de noche por mi trabajo.
El gigante se rascó la barbilla. —Eh… ahora que lo pienso creo que me gustaría que entres lo más pronto posible a reemplazarme. —dijo con una mueca. —Lo que sea con tal de dejar de hacer estas guardias de mierda…. en fin, te diré que podemos hacer… yo no puedo dejar mi puesto, pero hay una party de PK's que se está preparando para salir en un rato. Ve a hablar con ellos y diles que vienes por recomendación mía, al menos uno de los sargentos tiene atributos de liderazgo y puede darte estatus de invitado para que te quedes en la base hasta que se conecte uno de los reclutadores.
—Supongo…. que podemos hacer eso. —respondió Karina viendo la oportunidad de entrar a la base enemiga.
El gigante del Enjambre movió sus manos para invocar la interfaz de juego. —Avisaré al gestor de permisos de que un desconocido entra a la base en forma temporal, asi no te volverás hostil apenas cruces la entrada… ¿Puedes activar tu interfaz social para que te agregue al sistema? —preguntó el gigante.
—Oh mierda. —susurró Diógenes. —¿Crees que si Karina hace eso aparezca su nombre en la interfaz?
—Ya es tarde para preocuparnos por eso me temo. —respondió Dante —Cruza los dedos.
Karina activó la ventana indicada y el nombre del usuario apareció sobre el espejismo del robot.
—¿Gork? —preguntó el jugador del Enjambre activando el permiso en la ventana de su interfaz. —Que nombre tan estúpido para en Zentradi. —dijo. —¿No serás uno de esos insidiosos Roleplayers…?
—¿Gork? —preguntó a su vez Dante mirando a Diógenes.
—Parece que la ilusión también incluye perfil falso en las interfaces de los otros jugadores de Calypso. —respondió el Archivista encogiéndose de hombros.
—Es un nombre al azar. —respondió Karina. —Solo apreté «Continuar» y «Siguiente» en los formularios… ya te dije que odio el papeleo…
—Eh… supongo que tienes razón. —dijo el gigante no demasiado convencido. —Bueno, ya tienes el permiso, recuerda que es temporal y en diez minutos te volverás hostil a todo el mundo si no te renuevan el permiso de permanencia.
—De acuerdo. —respondió la Teniente.
El gigante se volvió y señaló la entrada a la cueva con el dedo. —Ve derecho por el camino principal y cuando llegues a donde el túnel se bifurca en tres toma el derecho que sube… el salón de reunión está dos niveles por encima de la entrada asi que procura no perderte.
—Túnel de la derecha, subir dos niveles. —repitió Karina.
—Pregunta por «xxKillarxx» , es el tipo que necesitas encontrar, dile que te envia «Raper_56» de la puerta. Recuerda; sólo puedes ir hacia arriba; nada de dar vueltas por la base y absolutamente prohibido que desciendas a los subterráneos.
—De acuerdo.
El guardia tomó el garrote y adoptó, al menos momentáneamente, la postura de un eficiente guardián. —Espero que te dejen entrar al Enjambre. —dijo. —Ya me estoy cansando de estar en este puesto.
—No me imagino por que. —respondió Karina haciendo un gesto de saludo con la mano. —Nos vemos luego. —se despidió haciendo que el robot atravesara el pórtico a un lado de donde la lámpara extraña que colgaba del poste iluminaba la entrada a la caverna con aquella luz de un tono verde malsano. Mientras tanto el Zentradi la miraba con atención a medida que cruzaba la entrada.
Diógenes ahogó un grito en cuanto miró hacia abajo. De repente uno de los pies de "Gork" ya no estaba ahí y en cambio la tobera de metal del VF-4 fué perfectamente visible a medida que el pié del gigante cruzaba la zona iluminada.
—Oh mierda. —comprendió el Archivista de pronto.
—¿Qué sucede? —preguntó preocupado Dante asomándose también hacia donde miraba el jugador.
—Esa lámpara es un artefacto para disipar ilusiones… ¿Como no me di cuenta antes? La han puesto allí para atrapar a cualquiera que intente entrar a su base usando magia de ilusión o invisibilidad. —explicó el Archivista.
Por suerte el centinela del imperio no estaba mirando hacia abajo. Al ver que el nuevo "recluta" no sufria cambio alguno al pasar por la entrada suspiró decepcionado; definitivamente no era uno de esos espías que usaban magia para infiltrarse.
Karina hizo que el VF-4 entrara a la base del Enjambre y pronto se encontraron atravesando un enorme túnel de más de treinta metros de altura que se internaba en las enormes montañas que habían visto desde el valle.
—Si esa lámpara hubiera estado instalada unos metros más arriba, ese centinela hubiera visto la verdadera forma de Golem-Kun. —suspiró aliviado Diógenes. —La suerte nos ayudó esta vez.
—Estos tipos están más organizados de lo que pensaba. —observó Dante. —¿Crees que haya trampas en la base?
—Si las hay, yo me encargaré de descubrirlas. —dijo Nelly y antes que Dante o Diógenes pudieran hacer o decir algo, la Driada dió un salto y salió de la cesta para treparse a los hombros del VF-4.
—¡Eh… regresa aquí! —gritó Dante.
Pero la Driada lo ignoró por completo y con un gran salto desapareció en la oscuridad de la caverna.
—Hija de…. —exclamó Diógenes.
—Ya se ha ido. —lo tranquilizó Dante. —En todo caso es una exploradora y está haciendo el trabajo que le corresponde… además…
—Dudo que esos gigantes puedan verla. —observó Diógenes. —Así que… ¿Y ahora qué?
Karina detuvo el avance del robot y dejó que los sensores pasivos del VF-4 registraran los alrededores. —Supongo que definitivamente deberíamos ir hacia los subterráneos… ¿Verdad?
—Es el mejor lugar para empezar a buscar. —reconoció el joven.
Recorrieron un centenar de metros y se encontraron frente a los tres túneles que había descrito el centinela.
—¿Izquierda o centro? —preguntó Dante.
—No tengo idea. —reconoció Karina. —Puedo ver en el monitor que ambos caminos siguen al mismo nivel por varios metros más por delante, pero no veo que ninguno de ellos descienda. —informó.
Diógenes se trepó a la espalda de Dante y se asomó por sobre la cabeza del joven. —Dejame intentar sentir el aire. —dijo.
—¿El aire?
—Tal vez pueda detectar la magia de Silvana. —respondió el jugador. —Si estamos relativamente cerca, creo que podría sentir su poder…
—Hazlo.
Diógenes cerró los ojos y se concentró por varios minutos mientras sus dos compañeros guardaban completo silencio.
—Izquierda. —dijo de pronto abriendo los ojos.
—Izquierda. —repitió Karina haciendo que el robot avanzara despacio internándose en el estrecho túnel.
Tras recorrer al menos unos trescientos metros y dar varias vueltas, finalmente para el alivio de los tres compañeros el túnel comenzó a descender de forma apreciable. El camino se retorcía sobre sí mismo y pronto perdieron la cuenta de cuántos niveles habían descendido desde que entraran a la montaña.
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—¡Curación!
El hechizo apenas tenía la fuerza suficiente para crear unos pocos reflejos esmeralda que momentáneamente iluminaron el rostro demacrado de la agotada Druida.
La barra de vida de Mirna se expandió solo unos cuantos pixels, lo suficiente para que dejase de parpadear violentamente en la interfaz frente a sus ojos.
—N-Nya… —exclamó la chica-gato cayendo de rodillas en el fango de color verdoso del fondo del paso. Frente a ella centenares de Slimes formaban verdaderas torres vivientes de varios tonos de verdes y azules, apilandose y agrupandose como si una sola masa viviente se tratase.
Los slimes eran criaturas extremadamente débiles en comparación con las otras monstruosidades que habitaban los lugares más oscuros de Calypso, no obstante en gran número podían ser un problema incluso para el más veterano de los jugadores.
—Resiste. —dijo Silvana asumiendo una postura defensiva. —El "cooldown" de la próxima sanación es de veintiocho segundos...
—¡Nya!
La arquera se puso de pié y extendió sus garras. Ya no tenía armas en condiciones de combate; el ácido de los incontables slimes que había matado en ese pozo había corroído su equipo e items hasta el punto que debió utilizar sus propias garras para seguir combatiendo. No solo sus armas se habían deteriorado al punto de ser inutilizables… las ropas de ambas chicas estaba llenas de agujeros y en algunos sitios reducida prácticamente a jirones, por suerte Calypso tenía un sistema de censura que evitaba que nada inapropiado se mostrase a los jugadores más jóvenes y las partes más privadas del cuerpo de ambas jugadoras seguian cubiertas por piezas de ropa.
Los monstruos comenzaron a moverse de inmediato. Saltando unos sobre otros comenzaron a formar varias "torres" de slimes de hasta cinco individuos apilados unos sobre otros. Aquella maniobra les permitía saltar sobre la arquera Voldoriana en oleadas mientras intentaban sepultarla viva en una marea de gelatina disolvente.
—¡Nya!
Mirna atacó con un enorme salto mientras lanzaba poderos zarpazos en una y otra dirección. Sus afiladas uñas atravesaban la materia gelatinosa sin encontrar resistencia y con cada ataque liquidaba dos o tres monstruos consecutivamente, no obstante cada vez que realizaba un ataque exitoso su cuerpo recibía el daño acumulativo del contacto con el agente corrosivo de los slimes.
Eran demasiados. Cada salto y cada voltereta que la chica-gato realizaba solo la llevaba a caer dentro del alcance de otro grupo de monstruos. No habían pasado ni diez segundos de iniciado el ataque de los monstruos que ya la joven había perdido todos los puntos de vida recuperados gracias al hechizo de Silvana.
—¡Mirna retrocede! —gritó Silvana comprendiendo la posibilidad de que la arquera quedase rodeada irremediablemente. —¡Ahora!
Mirna dió un repentino salto hacia atrás mientras tres columnas de slimes se derrumbaban sobre ella. Casi milagrosamente pudo escabullirse por el pequeño espacio libre y cayó con fuerza sobre el fango del fondo del pozo.
Silvana rápidamente cubrió a la joven y blandió su báculo con fuerza para repeler el ataque de los monstruos. Su arma hizo explotar a varios de ellos en el aire y el resto volvió a retroceder para intentar reagruparse.
—Lo siento. —dijo Silvana volteandose. —Esa acción retrasará la próxima curación diez segundos más.
La arquera suspiró. —Es inutil. —dijo casi en un murmullo.
—No me rendiré. —exclamó la joven Druida plantando los pies en el terreno resbaladizo por toda aquella sustancia gelatinosa. —No dejaré que esos malditos se salgan con la suya.
—Pero… ya se han salido con la suya. —gimió Mirna incorporándose a medias. —Ya perdimos.
—¡No!
Las orejas de Mirna se pararon de golpe al escuchar a su amiga gritar de esa forma.
—Yo… yo no quiero darme por vencida. —dijo con lágrimas en los ojos. —No es justo.
—Nyan…
—Prepárate… ¡Curación!
El báculo giró en el aire y la magia de Silvana hizo que el cuerpo de su amiga volviera a brillar mientras recuperaba nuevamente unos pocos puntos de vida. —Próxima sanación en veintidos segundos…
Las penalizaciones por agotamiento y una docena de otros factores se estaban apilando sobre aquellas dos valientes guerreras. Llevaban horas de batalla continua contra aquellas criaturas que no paraban de salir de los túneles que cubrían las paredes de aquel enorme y profundo foso al cual habían sido arrojadas para deleite de los gigantes Zentradis.
Mirna se puso de pie y se quitó la porquería que había manchado su cara. Si ella también estaba llorando, al menos no se distinguia entre toda aquella gelatina verdosa que manchaba su rostro —¡Nya! —exclamó lanzándose nuevamente al ataque mientras extendía sus garras hacia los incontables enemigos.
Silvana tenía razón… tal vez su destino en aquel pozo era inevitable… pero al menos no dejarían de luchar.
La joven Druida miró hacia arriba y no vió ningún gigante. Hacía rato que había dejado de escuchar las risas y las groserías de los jugadores del Enjambre y supuso que se habían aburrido de ver aquel espectáculo. Tanto ella como Mirna habían luchado incansablemente contra todos esos monstruos por horas y horas y nada había parecido cambiar en todo ese tiempo… bueno, nada salvo el hecho que su maná se regeneraba cada vez más lentamente.
Los gigantes solo se habían limitado a mirarlas desde las alturas y tal vez hacer apuestas sobre cuál de los dos se desconectaría primero al darse por vencida… al menos el haberles demostrado que no se rendiría tan fácilmente era una especie de premio de consolación… una victoria con gusto amargo.
Era una carrera contra el reloj y la estaban perdiendo ¿Cuanto más podría resistir a ese ritmo? Silvana miró el indicador en su interfaz que marcaba la hora "real" en el TEC (Tiempo Estándar Colonial) y vió que eran pasadas las dos de la mañana… no era de extrañar entonces los dos mensajes de su madre en la bandeja de entradas, seguramente recordandole que no se exceda en su tiempo de juego.
Hubiese sido reconfortante escuchar la voz de su madre en esos momentos… tal vez ella podría darle las fuerzas que necesitaba para soportar aquello.
El grito de Mirna hizo que volviera sus ojos al campo de batalla.
—¡Se está formando un Elite! —gritó Mirna dando un salto para retroceder junto a su compañera.
—¡Oh no!
Tres columnas de Slimes habían comenzado acercarse y a moverse de forma extraña. La primera vez que había ocurrido aquello las jóvenes no entendían lo que pasaba, pero pronto comprendieron que se trataba de un comportamiento avanzados de aquellos monstruos. Una docena o más de criaturas se congregaban en una enorme masa de gelatina y al cabo de unos segundos los colores desaparecian y la nueva criatura tomaba un color rojo brillante; una versión más fuerte y peligrosa de Slime.
Un «Elite»
Cuando aquello sucedió por primera vez las dos chicas se prepararon para un combate desesperado, pero para su sorpresa la criatura fué repentinamente izada por el aire ante sus propios ojos. Uno de los Zentradi que estaba observando el espectáculo llevaba una enorme pértiga en cuyo extremo había fijado dos enormes pinches de metal. Como si de un enorme tenedor gigante se tratase, el Zentradi enganchó al enorme Slime escarlata y de un poderoso tirón lo sacó del pozo. —Esto es demasiado para ustedes. —dijo entre risas. —Será mejor que solo jueguen con los más pequeños.
El gigante se había llevado el monstruo y de inmediato otra docena de los slimes más pequeños aparecieron para reemplazarlo.
Y el combate había vuelto a comenzar.
Esta vez parecía que ellas dos solas tendrían que encargarse del problema.
Mirna y Silvana retrocedieron hasta una de las paredes de roca del pozo y se prepararon para resistir a aquella amenaza. La masa gelatinosa comenzó a crecer y a cambiar de color a medida que mas y mas criaturas se unian a aquella amalgama de cuerpos temblorosos.
—Tendremos que atacar las dos juntas me temo. —dijo Silvana. —Tu sola no podrás.
—Nya. —coincidió su amiga. —El último esfuerzo.
—Gracias por acompañarme hasta las últimas. —dijo la Druida colocando su mano sobre el hombro de su compañera. —Eres mi mejor amiga.
—Nyaaaa… —respondió la joven con una sonrisa justo en cuanto el enorme Slime, ya de color rojo sangre se avalanzaba sobre ellas.
Silvana levantó el báculo y lanzó un golpe hacia el monstruo que ocupaba todo su campo de visión. No era necesario apuntar ni nada, aquella cosa enorme pronto cubrió todo el espacio sobre sus cabezas como una enorme medusa de pesadilla.
Entonces para su sorpresa vió como cinco enormes agujeros redondos aparecían en la materia gelatinosa.
—¿Que…?
Los agujeros temblaron y se agrandaron rápidamente. De pronto la criatura se contrajo sobre sí misma como un papel al que una enorme mano invisible estrujara para formar un bollo en el aire, entonces cayó al suelo con un sonido sordo.
—¡Mirna! —¿Que ha…?
—¡No fui yo! —gritó su compañera mientras retrocedia asustada. —¡Mira allí!
Silvana miró hacia donde señalaba su amiga y vió cinco flechas de plumaje gris clavadas en el suelo justo delante del malherido Slime, quien se retorcía y temblaba como una hoja.
—¿Pero quién…?
Nelly aterrizó de espaldas frente a ellas sin hacer prácticamente ruido. Las dos chicas ahogaron un grito al ver aquella misteriosa aparición que de pronto tenía nuevamente una flecha lista y tensada en el arco en un movimiento tan fugaz que parecía una ilusión.
—Desaparece. —exclamó la Dríada mientras soltaba la flecha.
Por supuesto no era un disparo común. La flecha se iluminó con un resplandor verdoso y de pronto aceleró a una velocidad increíble. El Slime recibió el impacto de lleno y la flecha desapareció en el interior del cuerpo gelatinoso como si nada hubiese sucedido, pero era solo una ilusión.
Un segundo mas tarde un enorme agujero apareció en el sitio que habia atravesado el proyectil y como si de un agujero negro se tratara, se expandió de forma tan rápida que el Slime ya no estaba allí cuando el sonido que hizo aquello llegó a los oidos de las sorprendidas chicas.
—Justo a tiempo. —dijo la recién llegada mientras colgaba su arco tras lo cual se volvió hacia las dos chicas gato, quienes la miraban en silencio con sus espaldas aún pegadas a la pared de roca. —¿Están bien? —preguntó.
—¿Ny-nya…? —atinó a decir Mirna sin salir de su postura de combate.
Silvana tenía aún su báculo levantado tras lanzar un golpe que jamás encontró un blanco. Tras bajar los brazos dejó el arma a un lado y dió un paso al frente. —Tu… ¿Quién eres tú? —preguntó con un hilo de voz.
—Mi nombre es- —comenzó a decir la Driada en cuanto algo enorme cayó detrás suyo haciendo que todo el pozo temblara de repente. Silvana y Mirna se cubrieron el rostro para protegerse de toda aquella porquería gelatinosa que salió volando tras el poderoso impacto.
—...Nelly. —se escuchó la voz de la desconocida visiblemente molesta. —Y ese de atrás es Golem-Kun.
Cuando las dos jóvenes levantaron la vista sintieron que sus corazones se paralizaban del miedo. Un enorme gigante del Enjambre había aterrizado en el fondo del pozo y ahora se erguía en toda su poderosa altura mientras las miraba con ojos brillantes.
Mirna se puso delante de Silvana y de inmediato desplegó su garras mientras sus orejas y cola se erizaban por completo.
El gigante no dijo una sola palabra y en cambio se agachó con lentitud extendiendo la mano izquierda. —Sube. —dijo apremiante la misteriosa joven que se había presentado como Nelly. —Tenemos que salir de aquí rápido antes que nos descubran.
—No… no voy a dejar que me atrapen nuevamente. —dijo Silvana tomando su báculo con ambas manos nuevamente. —¿Quienes son ustedes? ¿Qué quieren de nosotras...? ¿Que…?
—Rescatarte obviamente. —dijo una voz bien conocida en lo alto. Silvana levantó la vista y vió el rostro de Dante asomándose entre la tela desgarrada del extraño poncho que vestía aquel gigante. —¡Rápido! ¡Suban antes que…!
Una serie de gritos provenientes de arriba les hizo saber que ya habían sido descubiertos. Cientos de ecos de gritos y pisadas comenzaron a llenar los recovecos de las cavernas como si de pronto hubiese estallado un vendaval dentro de la cueva.
—¡Oh mierda, sácanos de aquí Karina! —gritó Dante desapareciendo tras las ropas del gigante.
La mano del Zentradi giró sobre sí misma y de pronto atrapó con un movimiento envolvente a ambas chicas, quienes gritaron por la violencia de aquel movimiento. Pero la Teniente O'Higgins sabía lo que hacía; con habilidad y pericia sujetó a ambas jóvenes sin causarles daño y se irguió por completo mientras Nelly trepaba por una de las piernas y ocupaba un lugar sobre el hombro derecho del gigante. —¡Sujétense fuerte! —gritó la joven mientras activaba los propulsores principales para salir del pozo.
Un fogonazo de luz iluminó por completo el foso y el gigante salió disparado hacia arriba mientras Silvana y Mirna gritaban por la terrible aceleración. En solo un segundo alcanzaron el borde del pozo justo en el preciso instante en que una media docena de gigantes llegaba corriendo desde varias direcciones alertados por la presencia del intruso en su base. Los Zentradi gritaron salvajemente al ver al desconocido que aterrizaba justo al borde del pozo y se lanzaron sobre el blandiendo garrotes y hachas de piedra.
Karina no perdió el tiempo con ellos. Tenían que salir de allí a toda velocidad a como de lugar. Activó el modo Gerwalk y apuntó la nariz de su aeronave al túnel por el que habían venido.
Entonces sucedió algo increíble.
Los Zentradi detuvieron su ataque y comenzaron a correr aterrados soltando sus armas. Karina no desaprovechó la oportunidad y aceleró a toda velocidad para entrar al túnel mientras los gigantes aullaban de terror a su alrededor.
—¿Qué rayos está pasando? —preguntó Nelly sin comprender lo que sucedía. —Parece... que están aterrados.
Diógenes asomó la cabeza por el borde de la cesta y señaló hacia abajo. —Es la ilusión. —dijo.
—¿La ilusión?
—Golem-Kun está en modo GERW… digo, ha adoptado una postura antinatural que la ilusión está enmascarando lo mejor que puede… y eso se traduce en algo tan horrible a la vista hasta para los propios Zentradi.
Diógenes no se equivocaba; lo que los gigantes vieron de pronto avanzar a toda velocidad sobre ellos no fué un Zentradi desconocido… sinó una visión de pesadilla compuesta por un torso sin cabeza con las enormes piernas separadas pero inmóviles que parecían flotar sobre el piso de roca… pero eso no era ni por asomo lo más aterrador.
El morro del VF-4 en Modo GERWALK se extendía de forma desproporcionada del fuselaje… y el hechizo de la Semilla Estelar enmascaró aquella extensión del robot de la forma mas anatómicamente posible que pudo interpretar; lo que se tradujo como un enorme miembro masculino extendiéndose casi cuatro metros por debajo del poncho que vestía el gigante.
Por supuesto el protocolo de juego del UniEngine no permitia renderizar aquel órgano sexual en concordancia con las leyes vigentes, por lo que una máscara de pixels en mosaico "censuraba" aquel gigantesco miembro, lo que lo hacía resaltar aún más como algo peligrosamente obsceno.
Los gigantes del Enjambre huyeron despavoridos de aquel monstruoso gigante sin cabeza que flotaba en el aire con el pene erecto y que de pronto se arrojó sobre ellos a toda velocidad.
Aquella confusión y pánico generalizado fué lo que Karina necesitaba para escapar de allí sin que nadie intentara entablar combate con ella. Aceleró lo más que pudo en aquel reducido espacio e ingresó al túnel por el que habían llegado, más pronto tuvo que desviarse de la ruta de forma violenta al toparse de frente con dos gigantes que llegaban a la carrera por el estrecho pasadizo.
Pronto se vió completamente desorientada por las vueltas y revueltas de aquellos túneles que parecían subir o bajar sin ningún sentido.
Todo esto lo hacía a toda velocidad mientras Nelly continuaba sujeta de una de las antenas del fuselaje del VF-4 y gritaba de excitación cada vez que Karina se veía obligada a dar una vuelta cerrada para entrar a otro túnel.
—La hija de puta lo está disfrutando. —masculló Diógenes asomándose por el cesto. —¿Cómo están las chicas?
Dante miró hacia donde el puño cerrado del VF sostenía firmemente a las damiselas en apuros. —Parece que están bien, pero deberías bajar un poco la velocidad Karina, si alguna piedra o escombro las golpea a esta velocidad…
—Entendido… espera, veo luz adelante.
Dante y Diógenes voltearon sus cabezas hacia el túnel que se extendía delante; un resplandor rojizo se podía ver al final del mismo.
—Que no sea lava… que no sea lava… —comenzó a rogar el Archivista a medida que la luz rojiza se volvía cada vez más intensa.
El VF-4 salió a un enorme espacio abierto, una caverna central aún más amplia que la que se encontraba inmediatamente luego de la entrada principal, abundantemente iluminada por aquel resplandor rojizo que emanaba desde enormes fosas y grietas bajo el puente de roca que conectaba los diferentes túneles como si de una precaria pasarela se tratara.
Pero no era lava.
—¿Esos son…? —preguntó Dante asomándose al ver aquello que brillaba allá abajo.
—Sep… creo que hemos encontrado a La Horda Escarlata. —confirmó Diógenes. —Misión cumplida, Karina. —agregó.
—¿Que la misión no era rescatar a tus compañeras? —preguntó la Teniente haciendo que el robot se detuviera sobre una saliente.
—Digamos que fueron un Objetivo de Oportunidad. —respondió Dante saliendo de la cesta. —Voy a revisar a ver como están las chicas.
Karina acercó la mano hacia la canasta en donde estaban sus compañeros y Dante pudo llegar hasta donde estaban las dos jóvenes, quienes estaban bien sujetas por la mano del robot espalda contra espalda.
—¿Están bien ustedes dos? —preguntó una vez que estuvieron cerca.
—¡Dante! —exclamó Silvana abriendo los ojos. —¡Realmente eres tú!
—Perdón por dejarte sola con esos salvajes. —se disculpó haciendo una reverencia. —Tuvimos que buscar algo de ayuda antes de intentar el rescate.
—¿Nya? —preguntó Mirna sin poder ver por estar de espaldas a su amiga.
—Gracias por cuidar a Silvana, Mirna. —dijo el joven estratega. —Las sacaremos de aquí de inmediato. —prometió.
Silvana miró hacia abajo, hacia donde estaba aquello que brillaba con aquel poderoso fulgor rojizo. —Entonces… esos son…
—Creo que sin lugar a dudas esa es la famosa Horda Escarlata que estábamos buscando. —confirmó Diógenes trepando a la espalda de Dante.
—¿Slimes? ¿Slimes Elite? —preguntó la joven. —No… no entiendo.
—Yo tampoco. —reconoció Dante. —Pero es evidente que El Enjambre los está acumulando en esta cueva por alguna razón. —respondió el joven. —Mira esas enormes redes llenas de algas que hay allí. —observó señalando unas montañas desordenadas de lo que parecían ser redes de pesca hechas de cuerdas vegetales. —Al parecer han estado "pescando" Slimes de la ciénaga para transportarlos a este lugar.
—Osea que están "farmeando" a esos Slimes Elite. —razonó Diógenes. —¿Pero por qué?
Antes que pudieran responder a alguna de aquellas preguntas, los gritos de los Zentradis que se aproximaban por los túneles resonaron por toda la caverna.
—Hora de salir de aquí. —dijo Dante saltando junto con Diógenes a la cesta. —Resistan un poco más hasta que podamos ponernos a salvo.
Silvana asintió y volvió a cerrar los ojos en cuando sintió que la mano del gigante volvía a su posición al costado del enorme cuerpo.
Karina no tuvo problemas en localizar el túnel correcto. El rastro de algas, ramas y podredumbre que los gigantes dejaban a su paso al arrastrar aquellas enormes redes llenas de monstruos hasta allí era muy fácil de seguir. El VF-4 recorrió los túneles a toda velocidad y no tardaron en salir a la enorme caverna con los tres túneles en donde el camino principal llevaba a la entrada.
«Raper_56» se encontraba, por una vez en su vida al menos, alerta y con su garrote en la mano, pero él también huyó gritando al ver la monstruosidad con el miembro erecto que emergió de la oscuridad y atravesó la entrada derribando la lámpara mágica que explotó en mil pedazos al caer en el suelo de roca.
El griterío y maldiciones de los gigantes quedaron bien atrás en cuanto Karina salió al aire libre, mas no se animó a tomar vuelo por temor a herir a los "pasajeros" que precariamente llevaba en la mano. (De hecho existía un procedimiento para transportar personal de aquella forma y establecia una velocidad mínima de desplazamiento y aquello formaba parte del entrenamiento de la Teniente O'Higgins). La joven mantuvo la modalidad GERWALK y rápidamente recorrió el Valle de los Gigantes hasta llegar a la entrada que llevaba al bosque.
Una vez atravesada la entrada el VF se elevó por sobre las copas de los árboles y comenzó a avanzar en dirección a la ciudad de Jenne a poca velocidad, tratando que los propulsores de las piernas quedaran ocultos entre el follaje de los árboles.
—Diógenes. —dijo Dante una vez que Karina entrase en vuelo nivelado. —Invita a Silvana y a Mirna a la Party.
—De inmediato. —respondió el Archivista moviendo las manos.
La interfaz de juego se actualizó y los nombres de ambas jóvenes aparecieron frente a los ojos de los demás compañeros.
—Llegamos a justo tiempo. —observó Dante al ver los mermados indicadores de vida y maná de sus amigas. —Esas dos están casi muertas.
Nelly se había descolgado del fuselaje del VF-4 y volvió a la cesta con los demás. —El hechizo de la Semilla Estelar se está agotando. —advirtió. —Miren las flores.
En efecto, las delicadas flores blancas habían comenzado a secarse lentamente y a perder los pequeños pétalos uno a uno. La ilusión también se estaba disipando.
—Tenemos que aterrizar en algún lugar pronto o esta cesta podría marchitarse y caer con todos dentro al medio del bosque. —advirtió Dante usando el chat de grupo. Antes de que Karina pudiera responder se sorprendieron al ver lo que Silvana escribía en el chat.
—Un kilómetro y medio al Este hay un lugar seguro. —informó. —Compartiré mi Ubicación de Favoritos con el grupo.
Una marca apareció en los mapas de todos los jugadores.
—El Santuario. —leyó Dante en su interfaz. —¿La tienes Karina?
—LZ(1) confirmada. —respondió la joven. —Cambiando el rumbo.
La aeronave viró al este dejando tras si una lluvia de pétalos blancos sobre el oscuro bosque.
Llegaron al claro tras unos pocos minutos de vuelo y Karina posó el caza con suavidad en la verde hierba junto a la enorme piedra que se erguía a la luz de las lunas. Los aventureros saltaron de la cesta justo en el instante que la última flor se caía y el encantamiento de la Semilla Estelar se desvanecía por completo.
«Gork» desapareció en un abrir y cerrar de ojos y en su lugar todos, incluidos Silvana y una sorprendida Mirna, pudieron ver al VF-4 en todo su esplendor.
—Ny-nyaaan… —exclamó Mirna viendo al avión por primera vez.
Karina abrió la mano y extendió la palma abierta hasta tocar el suelo. Ambas chicas bajaron de un salto y se sentaron en la hierba verde a ver aquel enorme caza transformable a la luz de las lunas.
—¿Están bien? —volvió a preguntar Dante acercándose a las chicas-gato. Detrás de él Diógenes y Nelly se acercaron también en silencio —¿Necesitan curación o algo? Todavía tengo algunas pociones en mi inventario.
Silvana sacudió la cabeza. —Mi barra de maná está completamente llena. —dijo. —No te preocupes por la curación.
Era cierto. Al entrar al bosque la habilidad de la Druida había hecho que su barra de maná se llenase casi instantáneamente por efecto del "Sifón" que canalizaba las magia de las millones de plantas que crecían alrededor. Silvana se puso de pié y usó su báculo para conjurar un hechizo de sanación que afectara a toda la party. De inmediato las barras de vida de todos los aventureros quedaron llenas por completo.
—El poder de un Natural. —observó Diógenes.
La chica bajó el báculo y se volvió hacia la extraña que las había salvado. —¿Nelly? —preguntó. —Gra-gracias por habernos ayudado. —dijo inclinándose.
Mirna también se había puesto de pié y se inclinó junto a Silvana. —Nyan. —dijo mirando fijamente a la Exploradora desconocida.
—Bueno… dejame presentarlas de forma formal. —dijo Dante dando un paso al frente. —Ella es Silvana, una Druida muy poderosa y su amiga se llama Mirna, una arquera increíble y una excelente "Scout"... ella es Nelly, una Dríada del Bosque Viejo.
—¿Ny-a? —preguntó Mirna abriendo los ojos sorprendida.
Pero si la arquera estaba sorprendida, en cambio Silvana no lo estaba en absoluto y eso fué lo que mas confundió a Dante. —Lo… lo sabia. —dijo la Druida mientras avanzaba hasta Nelly y la tomaba de las manos. —Sentí… sentí que de alguna forma te conocía. —dijo.
La Exploradora inclinó la cabeza. —Eres una amiga del Bosque. —dijo. —Y mi Hermana siempre hablaba de ti y de como te esforzaste por cuidar y restaurar las plantas y animales que los demás siempre destruian. Ella… ella decía que jamás podría devolverte todo lo que haz hecho por nosotras.
Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de ambas jóvenes. —Tu hermana… ¿Como…? —preguntó Silvana.
—Delia. —respondió la Driada. —Gracias por estar con ella hasta el final.
Las dos mujeres se abrazaron y llorando cayeron de rodillas en la hierba.
Dante y Diógenes se alejaron en silencio y se dirigieron hacia el VF-4, donde Karina ya había abierto la cabina y miraba la escena completamente impasible. —¿Y bien? —preguntó al ver acercarse a sus compañeros. —Misión cumplida. ¿Ahora si podemos volver a la base? Ya tienes la información que buscabas y hemos rescatado a… quienes quiera que sean esas dos. —dijo señalando a Silvana y Mirna.
Diógenes se rascó la cabeza. —¿Entonces son ciertos esos rumores de una base militar en una de Las Hermanas? —preguntó.
—Claro que no. —respondió Dante. —Es algo más alucinante que eso. —dijo. —Ya lo verás.
—Algo me dice que no voy a desilusionarme. —respondió Diógenes.
Mirna se les unió unos momentos más tarde. La joven miraba de reojo el avión y a la mujer que se encontraba sentada en la cabina abierta del mismo. Dante se acercó a ella y señaló el enorme aparato. —Supongo que entenderás el por que no puedo hablar abiertamente de ciertas cosas con Alex y los demás miembros de La Orden. —dijo rascándose la cabeza. —Como verás las cosas son… algo complicadas.
—Eres militar. —dijo la chica mirándolo fijamente.
—Civil. —la corrigió él joven. —Pero ella si lo es, te presento a la Teniente Karina O'Higgins. Ella es Mirna, uno de los miembros de La Orden.
Karina hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo al que la chica-gato replicó moviendo las orejas.
Silvana y Nelly se acercaron a ellos y por fin todo el grupo estuvo reunido tras el caótico rescate.
—Gracias a todos por rescatarnos. —dijo colocándose junto a Mirna. —Jamás olvidaremos todo lo que han hecho por nosotras.
—Es nuestro trabajo. —respondió Diógenes con una sonrisa. —Es lo que hacen los aventureros.
La Driada se había sentado en el suelo con las piernas cruzadas y miraba al cielo con melancolía. —Yo solo cumplí los deseos de mi madre y hermana. —dijo mirando a las estrellas. —Ahora mi misión está completa.
Silvana se agachó junto a la Exploradora y colocó su mano en el hombro. —¿Cómo es que ella puede estar en nuestra party? —preguntó mirando a Dante. —¿Es por tu… trabajo?
El joven sacudió la cabeza. —No, te aseguro que ni Karina ni yo tenemos nada que ver con esto… ha sido Diógenes quien ha podido incorporar a Nelly a nuestra Party.
—Ella es un NPC. —dijo Mirna.
—Soy una Driada. —la corrigió Nelly algo ofendida. —No soy una EnePe… lo que sea eso.
—Lo… lo siento. —se disculpó la chica-gato bajando las orejas.
La joven Druida se volvió hacia donde el morro del VF-4 tocaba el suelo y saludó a la piloto que la miraba con atención desde la cabina. —Ya nos conocimos hace un tiempo. —dijo haciendo una reverencia. —Es un gusto verla nuevamente. Me llamo Silvana.
—Ah… tu eres la jugadora que estaba junto a Dante el día que entró a Calypso. —respondió la Teniente. —Lamento que mi compañero le haya causado tantos problemas, el no deberia haber estado allí en ese momento ni lugar.
—Y sin embargo aparentemente lo estaba. —dijo Diógenes. —Y yo diria que fué una verdadera suerte.
—Fué el destino. —dijo Nelly. —Estaba escrito que así fuera.
Los demás jugadores se miraron entre ellos. —Es posible. —dijo Dante encogiéndose de hombros. —En todo caso ahora que estamos todos juntos, es hora de decidir nuestro siguiente paso.
Al decir aquello Dante desplegó una pantalla que fue visible para todos, incluida Nelly (Aunque la Driada ya estaba acostumbrada a esos recuadros mágicos que flotaban en el aire) —La primera parte de la Profecía ha sido revelada. —dijo mostrando las entradas en su Jornal de Quests. —Y es evidente que El Enjambre está involucrado de forma activa en ella.
Karina se aclaró la garganta. —Tendrás que informar al Director de todo esto. —dijo la Teniente. —A pesar de toda la buena voluntad que tengas, no es algo que tú ni ninguno de nosotros pueda decidir al respecto.
Nelly miró a la piloto confundida. —¿Qué estás diciendo? —preguntó. —Salvar a Calypso ES nuestra responsabilidad. —le recriminó.
Karina la miró sorprendida. —Es decir… no es lo que…
—Nelly tiene razón. —dijo Silvana poniéndose de pie. —Independientemente del trabajo de Dante o de lo que esté haciendo la milicia en Calypso… es el planeta que habitamos, es nuestra responsabilidad protegerlo.
Diógenes suspiró. —¿Qué te parece? —le preguntó a Dante. —¿Qué crees que diga tu jefe en cuanto se entere que haz involucrado a dos jugadores más y a una Driada del Bosque?
—Duval volverá a golpearme, eso es seguro. —dijo. —Pero con respecto a Nelly… no estoy seguro si debamos involucrarla a ella en nuestra "Quest".
—¿Por qué no? —preguntó la joven incorporándose. —¿Acaso no demostré allá en el Valle de lo que soy capaz? —preguntó señalando hacia la dirección de la que habían venido.
—No. —respondió con seriedad Dante. —No dudo de tus capacidades, Nelly. —aseguro. —Pero no sabes la gravedad y la escala de esta amenaza para Calypso. —dijo.
—Si te refieres a Vorax, no temo enfrentarme a él. —aseguró la Driada.
—No es Vorax lo que me preocupa. —dijo Dante. —Eres tu.
—¿Yo?
—Nosotros somos Aventureros. —dijo señalando a los demás a su alrededor. —Y somos inmortales, pero tu no lo eres… si mueres, se acabó… y ya cargo en mi conciencia la muerte de tu hermana.
La Driada dió un salto y enfrentó a Dante cara a cara. —¡Mi hermana murió porque eligió dar su vida por el bosque! —gritó. —¡Su sacrificio no tuvo nada que ver contigo!
—Y sin embargo lo fué. —respondió el joven. —Tu hermana no debería haber muerto, fué mi error subestimar los poderes de Silvana, pero incluso así su vida no corría verdaderamente peligro.
—¿Que…. que quieres decir? —preguntó la joven confundida.
—Si aquel oso mataba a Silvana, ella simplemente renaceria en una de las ciudades. —respondió Diógenes. —Lo mismo pasa con todos nosotros.
La joven Dríada tardó unos segundos en procesar aquello. —Quieres… quieres decir que Delia… mi hermana se sacrificó… en vano… ¿Eso tratas de decir?
Ni Dante ni Diógenes respondieron y en cambio bajaron las cabezas.
—No… no puedes… no puedes decirme eso. —dijo con voz temblorosa la joven mientras las lágrimas resbalaba por sus mejillas… —¡Dime que no es cierto!
—Es la verdad. —dijo Silvana poniéndose a su lado. —Es tal y como dice Dante… por eso no queremos arriesgarnos a perderte a ti también —dijo.
Nelly apretó los puños y cerró los ojos con fuerza mientras todos los demás guardaban silencio a su alrededor. —No. —dijo de pronto decidida. —Ahora… ahora lo veo claro. —agregó mirando a Silvana. —Ahora comprendo.
—Nelly… —dijo Silvana preocupada. —Tu…
La joven Driada se volvió hacia Dante con fuego en la mirada. —Mi hermana no murió por nada como insinuas. Ella dió su vida y gracias a ello ustedes pudieron completar la búsqueda de esa Horda Escarlata. —dijo señalando la ventana en donde el Jornal mostraba la "Quest" del "Fin del Mundo". —Su muerte no fué en vano, su sacrificio estaba predestinado y gracias a él estamos ahora aquí. —dijo.
—Tu… —comenzó a decir Diógenes.
—Seré mortal, si. —dijo llevándose una mano al pecho. —Pero yo también formo parte de este "juego" que sus Dioses nos obligan a jugar. —dijo con seguridad. —Tal vez no sea una Aventurera como ustedes, pero participaré con lo que me ha tocado y haré todo lo posible por salvar a este mundo que amo.
—Oh mierda. —exclamó Dante comprendiendo aquello. —Ella…
—Ella ha ascendido más allá de la Cuarta Pared. —dijo Diógenes. —Es una de nosotros ahora.
Los seis aventureros permanecieron en silencio mientras las estrellas giraban lentamente sobre el claro. Nadie se animaba a decirlo, por lo que Dante se sintió obligado a hacerlo. —Quieres… ¿Es posible que Nelly entre a La Orden? —preguntó mirando a Diógenes. —¿Existe algun precedente de un… habitante del bosque que ingrese a un Clan? —preguntó.
Silvana y Mirna se miraron confundidas pero Diógenes sonrió. —¿Y por qué no? ¿O te olvidas del Mayordomo, la Mucama y el Cocinero que ya trabajan en el Clan Hall? —preguntó. —No veo porque Nelly no pueda hacer lo mismo.
El rostro de Silvana se iluminó de repente. —Lo… ¿Lo dices en serio? Es… ¡Es maravilloso! —exclamó tomando las manos de la confundida Driada. —¿Quieres unirte a nosotros?
La joven respondió con una sonrisa. —Será difícil abandonar el bosque. —dijo. —Pero es un sacrificio minúsculo comparado con el que hizo Delia… si, iré con ustedes. —dijo completamente segura.
Karina suspiró y se cruzó de brazos. —Espero que ni se te ocurra… un momento. —dijo la joven al ver la mirada que Dante y los demas le dirigían en ese momento, —No te atrevas a pedirme que…
—Sería genial tenerte en La Orden. —dijo Silvana. —¿Aceptas?
Karina O'Higgins abrió la boca sin saber que decir. —Yo… tengo que solicitar permiso al Director. —dijo indecisa.
—Seguro que Duval aprobará la idea. —dijo Dante. —Bien, solo nos queda regresar a un lugar seguro, ya es muy tarde.
Dante no se equivocaba; el reloj de la Colonia marcaba más de las tres de la mañana y el cansancio estaba haciéndose sentir en el grupo.
—No podemos ir con… Golem-Kun hasta Jenne. —dijo Karina dando un salto para descender de la cabina. —Tendremos que volver por medios mas… tradicionales.
Una vez que la Teniente hubiese aterrizado se volvió hacia el avión y tras hacer unos gestos con su mano la cabina del mismo se cerró sin hacer ruido. —Prepararé una red de camuflaje y partiremos enseguida.
—Oh, yo me encargo de eso. —dijo Silvana levantando el báculo. —¡Nahi!
Hubo un resplandor esmeralda y de pronto un millar de enredaderas comenzaron a crecer debajo del VF-4 y pronto cubrieron por completo a la aeronave. —Listo… ¿Crees que servirá? —preguntó la joven señalando su obra.
—Servirá… pero la próxima vez procura que ninguna de esos tallos entre dentro de las tomas de aire de la turbina. —dijo Karina suspirando. —La revisión post encendido es muy engorrosa.
—Oh. —exclamó la joven.
La Teniente miró la nave cubierta de plantas y luego se volvió hacia los demas. —¿Es este lugar seguro? —preguntó. —Si está marcado en el mapa debe ser un lugar conocido por otros jugadores.
Silvana sacudió la cabeza. —El Santuario es un lugar que solo conocemos Mirna y yo… ah y Matilda. —dijo recordando de pronto. —No te preocupes, nadie vendrá a este lugar.
Nelly había comenzado a recorrer el lugar mientras miraba la misteriosa roca. —Yo tampoco conocía este sitio. —dijo. —Pero esta piedra es vieja… mas vieja que el bosque incluso. —aseguró mientras se inclinaba a examinar las plantas que crecían junto a la roca. De pronto una ventana se abrió delante de sus ojos y la joven cayó hacia atrás sorprendida.
—¿Sucede algo, Nelly? —preguntó Dante preocupado.
La joven Driada sacudió la cabeza. —Una de esas ventanas mágicas se abrió en cuanto toqué esta planta. —dijo.
Dante se acercó y examinó la ventana. —Oh… es la raíz que el cocinero de La Orden nos pidió buscar para hacer ese plato. —dijo.
Nelly desenterró con cuidado la planta y todos vieron que tenia una enorme raiz de color rojizo mucho mas ancha que el pequeño tallo que sobresalia por sobre el terreno. —¿Esto es… parte de salvar a Calypso? —preguntó mostrando la raíz a todos.
—Digamos que si. —respondió Silvana. —De alguna u otra forma todo está interconectado en Calypso. —afirmó.
La Exploradora guardó la raíz en uno de sus bolsillos y de repente todos escucharon el sonido de una campana indicando que la "Quest" había sido completada… solo faltaba volver al Cocinero y reclamar la recompensa.
Diógenes mientras tanto había descubierto la enorme piedra y su curiosidad fue tal que se acercó a examinarla. —¿Esto es un Menhir? —preguntó.
—Matilda dice que son ruinas con escritura de la Protocultura. —dijo.
—¿Proto…? —preguntó Nelly.
—Es una civilización antigua. —explicó Dante. —Eran viajeros de las estrellas.
La joven Driada abrió grandes ambos ojos. —Wow. —exclamó.
—Será mejor que no des demasiada información. —advirtió Dante. —No sabemos si el Uniengine permita que hablemos de ciertos temas frente a nuestra compañera. —dijo. —¿Alguien tiene luz?
Silvana levantó el báculo y una pequeña esfera de luz iluminó la roca.
—Si… en efecto son runas de la Protocultura. —dijo Diógenes. —Este es el símbolo de Nada.
—¿Nada? —preguntó Dante. —
—Bueno… mejor dicho «Null». —se corrigió Diógenes. —Es lo que me aparece como traducción en el reconocimiento rúnico de mi habilidad. —explicó.
—¿Y eso qué significa? —preguntó Silvana. —¿Algo así como "cero"?
—Bueno… no exactamente. —respondió el Archivista. —"Cero" es un valor, es algo… en cambio "Null" es "nada", no es un valor en sí.
—Me duele la cabeza. —dijo Dante suspirando. —Dejemos esta charla filosófica para más tarde… ¿Cómo podemos regresar a Jenne o a la piedra de teletransportación más cercana? —preguntó.
Karina silbó con fuerza y a los pocos segundos escucharon el galope atronador de un corcel. Valkyria apareció entre los árboles para sorpresa de Nelly y las otras dos chicas que no conocían a la magnifica yegua. —Uno más puede cabalgar conmigo. —dijo mientras saltaba hábilmente a la grupa de Valkyria.
—Diógenes puede ir en mi espalda. —dijo Dante mirando al Archivista. ¿Estás segura que quieres venir con nosotros? —preguntó volviéndose a la joven piloto. —¿No sería mejor que te quedes junto a Golem-Kun?
El Director me ordenó que estuviese cerca de ustedes todo el tiempo hasta que volvamos a… a casa. —dijo mirando de reojo al NPC. —Aún así necesitamos al menos dos cabalgaduras más.
Nelly se llevó las manos a un bolsillo que tenía entre las ropas y extrajo un pequeño artefacto de madera que parecía estar hecho con el nudo de madera de algún antiguo árbol. —Eso déjenmelo a mí. —pidió.
Se llevó el instrumento a la boca y sopló dos veces, más ningún sonido salió de la pequeña abertura.
—¿Eso fué…? —preguntó Dante.
Escucharon el sonido de ramas y arbustos moviéndose y al cabo de unos segundos dos enormes animales entraron al claro. Eran ciervos adultos con enormes cornamentas que se acercaron sin miedo a los aventureros y se detuvieron frente a Nelly moviendo las cabezas. —¿Servirá? —preguntó la Driada dándose la vuelta.
—Eres una maravilla. —respondió Silvana aplaudiendo de emoción. —Podremos llegar al Guardián antes que se haga de mañana.
Diogenes le dió un codazo a Dante y le habló al oído. —Te aseguro que el Uniengine acaba de crear ese ítem mágico en el bolsillo de nuestra amiga Driada. —aseguró. —Calypso está creando nuestra aventura a medida que la vivimos.
—Agradece que al menos no nos arroja un Dragón encima para hacer más emocionante la cosa. —Bromeó Dante. —Con todo los que nos pasó hoy, un poco de "Deus Ex Machina" no nos viene nada mal.—agregó.
—Concuerdo completamente con eso. —coincidió el Archivista.
Los aventureros montaron rápidamente. Karina, Dante y Diógenes montaron en Valkyria mientras que Nelly se subió a la grupa del ciervo más joven. Silvana y Mirna (Quien estaba más silenciosa que lo normal) montaron el animal más grande y abandonaron El Santuario en silencio.
Hacía rato que las lunas se habían ocultado tras las montañas y la noche envejecía. Galoparon sin parar siguiendo a Nelly por el bosque y la Exploradora los llevó por los caminos más directos hacia el este, hacia los dedos del bosque que se extendían hacia las llanuras cercanas a Jenne. Incluso con la experta guía de la Driada demoraron una hora completa en abandonar el bosque y entrar a las llanuras, donde pudieron galopar a toda velocidad hasta ver la línea de luz azul del Guardián elevarse en el horizonte.
No vieron a nadie en la llanura, a esa hora previa al alba casi no había jugadores en Calypso y ni siquiera los monstruos que rondaban los campos cercanos los molestaron en lo más mínimo.
El grupo llegó a la zona protegida del Guardián y desmontó junto a la piedra de teletransportación, en donde Nelly y Karina despidieron a las cabalgaduras que desaparecieron en la llanura a galope tendido mientras las estrellas poco a poco iban desapareciendo en el horizonte a medida que el cielo comenzaba a aclarar.
—Bueno… ¿Listos? —preguntó Diógenes acercándose a la piedra. —Voy a iniciar el teletransporte.
—Eres el líder de la party así que te corresponde. —confirmó Dante. —¡Adelante!
El Archivista tocó la piedra y con una explosión de luz los seis aventureros desaparecieron de las llanuras.
Jenne aún estaba dormida cuando Dante y sus compañeros aparecieron frente a la antigua catedral de la ciudad. Nelly sintió los olores del mercado y de inmediato se cubrió la boca y la nariz al recibir toda esa mezcla de fragancias desconocidas. Dante supuso que para alguien nacido y criado en medio de un bosque aquello era tan poderoso como un Shock Cultural. Esperaron a que la Driada se acostumbrase al aire de la ciudad y se pusieron en marcha de inmediato.
—Hay mucha madera muerta en esta ciudad. —observó visiblemente molesta la joven mientras el grupo caminaba por las calles. —Toda esta ciudad ha sido levantada con los cuerpos de los árboles asesinados en el bosque. —dijo.
—Deberíamos hacer que replantar el bosque sea una obligación para quienes viven en Calypso. —respondió Diógenes. —Si cada aventurero sembrara al menos un árbol por día, el bosque se recuperaria en sólo unas pocas décadas.
—Ojalá fuera tan fácil convencer a toda esa gente. —se lamentó Silvana. —Todos se toman a este mundo como… como un simple juego me temo.
Nelly la miró con lástima pero no dijo nada. Evidentemente había asumido que eso de referirse a Calypso como un "juego" era una construcción metafórica de los Aventureros y nada más.
El grupo llegó al Clan Hall de La Orden sin ser molestados por nadie. Las calles estaban vacías y ni siquiera vieron a los centinelas que se habían apostado el día anterior a vigilar la entrada del pequeño Clan.
—Que extraño. —dijo Dante. —No hay nadie vigilando.
En realidad no importaba mucho eso ya que de todas formas estaban decididos a entrar para finalizar aquella larga jornada si o si. Todos (a excepción de Karina y Nelly que aparentaban no demostrarlo) estaban agotados y con mucho sueño. Las puertas del edificio se abrieron automáticamente al acercarse el grupo y un mensaje de bienvenida apareció en la interfaz en cuanto el último de ellos atravesó las puertas que se cerraron en silencio de inmediato. Los bonificadores de estar en un lugar protegido y confortable se activaron entonces e hicieron que el grupo se sintiese mucho mejor.
En la sala de estar fueron recibidos por el Mayordomo, quien se sintió aliviado de ver que estaban todos bien y también se presentó a las caras nuevas que visitaban el edificio.
—Las cabalgaduras volvieron solas a las caballerizas al anochecer. —explicó el hombre mientras repartía unas tazas de té caliente para todos. —Y estábamos preocupados por la suerte de su expedición… pero veo que aparentemente ha sido un éxito.
Dante se inclinó hacia Diógenes y le susurró al oído. —Creía que los Zentradi habían matado a los caballos. —dijo.
—Las monturas pueden renacer en Calypso tal y como los aventureros. —explicó el Archivista.
—No solo ha sido un éxito. —exclamó el joven estratega volviéndose hacia el NPC. —Sinó que además tenemos nuevos reclutas para el Clan. — agregó señalando a Nelly y Karina, pero la Teniente sacudió la cabeza. —Todavía no está decidido que me una a ustedes. —dijo cruzándose de brazos.
El Mayordomo volvió a inclinarse. —Igualmente usted es bienvenida a esta casa. —dijo. —Se ve que es usted una guerrera muy poderosa. —afirmó y la joven piloto se ruborizó visiblemente.
Silvana fue la primera en excusarse y salir del juego. Su madre se estaba preocupando y había enviado varios mensajes que la joven recién pudo responder durante la cabalgata de regreso. —Tengo que ir a dormir ahora mismo. —dijo saludando a todos. —Pero prometo volver en cuanto me desocupe… Mirna, Nelly, mañana quiero pasar todo el día hablando con ustedes y de las cosas que vamos a hacer juntas, por favor esperenme hasta entonces
.
Nelly levantó la mano para preguntar algo pero quedó paralizada al ver como Silvana desaparecía en medio de una lluvia multicolor de luces. —Que… ¿Qué le ha pasado a Silvana? ¿Por qué ha desaparecido?—preguntó alarmada volviéndose a Dante.
—Eh… lo que sucede es que….
—Los aventureros podemos descansar en un plano de realidad diferente. —explicó rápidamente Diógenes. —Pero solo en las ciudades o pueblos que son zonas seguras… si estamos en el campo abierto o en otro sitio dormimos como cualquier otro habitante de Calypso. —aclaró.
—Comprendo… creo. —respondió no muy segura la joven.
—Será mejor que tú descanses también. —opinó Diógenes. —Ha sido un día muy largo y debemos estar listos… para sea lo que sea que nos depare el día de mañana. —suspiró.
El mayordomo se acercó y volvió a inclinarse. —Si lo desean puedo enseñarle una habitación libre a la Señorita. —dijo ante la confundida mirada de la Druida. —Por aquí por favor.
La joven se dejó conducir por el Mayordomo y ambos subieron las escaleras en dirección al primer piso, dejando a Dante, Karina, Diógenes y Mirna solos en el salón recibidor. La chica-gato se quitó la armadura dañada y la depositó junto con los restos de sus armas en el arcón de reparación en donde Rita podría recogerla más tarde. Sus ropas de aventurera fueron reemplazadas por un simple vestido de tela oscura —Nyan. —dijo levantando la mano a modo de saludo mientras abría la interfaz para salir del juego.
—Espera Mirna. —dijo Dante señalandola. —¿Podemos hablar un minuto?
La joven se detuvo con la mano en alto mirando confundida al joven. —¿Ny-nyan? —preguntó algo dudosa.
El joven estratega se acercó unos pasos y la miró directamente a los ojos. —Solo quiero decirte que el juego que estás jugando es extremadamente peligroso. —dijo.
—¿Nya… que, a qué te refieres? —preguntó visiblemente nerviosa.
—Eres una doble agente. —dijo Dante de forma directa. —No es necesario que lo niegues; pero estoy seguro que no vas a hacerlo… ¿Verdad?
La joven no respondió y solo bajó la mano haciendo que la ventana de la interfaz que tenía abierta se cerrara.
—Tu intención es proteger a Silvana y por eso estas jugando este juego de espías. —continuó hablando Dante ante el silencio de la joven y la de sus dos compañeros, quienes observaban atentamente la escena desde un rincón. —Pero es peligroso. —dijo Dante. —Muy peligroso, especialmente estando involucrado El imperio.
—Tu… tu no sabes nada. —respondió la joven visiblemente encolerizada. —Eres… eres un extraño en este juego…
—Si, lo reconozco. —se sinceró el joven. —Pero en cambio conozco el espionaje, conozco las reglas de la información y sé el valor que se le dá a quienes la utilizan para sus fines… y los Agentes Dobles son las personas que más riesgo corren de perderlo todo.
—Yo no…
—Mirna… estoy seguro que crees que lo que haces es mantener segura a Silvana solo filtrando la información que crees que no puede hacerle daño. —aseguró el estratega. —Pero no conoces las reglas y te están utilizando; ningún Agente Doble está nunca en total control de su propia vida. Ese equilibrio que crees mantener espiando para el Imperio pero dando información que no perjudique a La Orden es una ilusión… tú jamás podrás tener el control, Mirna.
La joven Arquera apretó los puños con fuerza. —¿Eso es lo que tienes que decir? —gritó señalando con el dedo al joven que tenía delante. —¿Justo tú, el que trabaja en secreto para los militares y los administradores? ¿Y tienes el… coraje de llamarme espía a mi? —gritó con lágrimas en los ojos.
—No voy a negar que me vi obligado a ocultar mi identidad. —reconoció el joven. —Y por eso me estoy sincerando contigo; creo que tus razones son nobles, que realmente quieres proteger a Silvana… hoy lo demostraste con creces cuando te dejaste capturar por esos gigantes… nadie en esta habitación duda de la fuerza de tu amistad. —dijo.
—¿Entonces…?
—Queremos ayudarte. —dijo Dante. —Mi trabajo consiste en proteger no solo a este mundo, sinó también a los jugadores de Calypso.
—¿Proteger? —preguntó la joven con lágrimas en los ojos.
—He visto lo brutal que es este juego. —reconoció el joven. —No solo con los jugadores, también con los habitantes simulados del planeta como Nelly o su hermana… pero si queremos cambiar algo, si queremos que todos puedan disfrutar de Calypso, entonces tenemos que hacer algo juntos. Solo te pido que confíes en mí, Mirna. —dijo Dante.
—Yo…
—Mantente lejos del Imperio. —enfatizó Dante. —Corta por completo el contacto con ellos y no les suministres más información… aunque hayas creído que las cosas que contabas eran insignificantes y no perjudicaban en nada, realmente no era así. Te prometo que no le diremos nada a Silvana, nosotros también queremos protegerla como tú.
La joven bajó los brazos y permaneció mirando al suelo en silencio. —Crees que soy una porqueria de persona —dijo al cabo de unos segundos.
—No. —aseguró Dante. —Solo creo que hiciste lo que te pareció correcto para proteger a tus amigos y todos podemos equivocarnos. —dijo Dante esbozando una sonrisa. —Déjame a mí lidiar con los matones del Imperio… ¿De acuerdo? —pidió apoyando su mano en el hombro de la chica-gato.
Mirna se limpió los ojos con la palma de la mano y asintió con la cabeza. —Nyan. —dijo.
—Ahora ve a descansar. —pidió Dante. —Te prometo que te mantendremos al tanto de todos los planes que hagamos y no te ocultaremos nada más. ¿Te parece bien?
La chica volvió a asentir y Dante sonrió satisfecho. —Ahora nuestro equipo se ha vuelto más fuerte. —dijo.
La Arquera se desconectó del juego y el cuarto se iluminó con miles de colores mientras los tres miraban el espectáculo en silencio.
—¿Crees que es una buena idea confiar en ella? —preguntó Karina hablando por primera vez. —Recuerda que Duval ya tuvo problemas de seguridad en las oficinas… esa chica conoce nuestras identidades y lo que sabemos con respecto a la Profecía.
—Mirna es transparente como el agua. —respondió Dante sentándose en el sillón. —La chica estaba bajo la influencia de los espías del Imperio y creía tener la ventaja en lo que reportaba y ocultaba, pero la verdad es que la estaban engañando por completo... a veces la información que no se reporta dice más que la que se dice conocer.
—Eso no significa que debas confiar ciegamente en ella. —le recriminó Karina.
—No, pero se que no nos traicionará… porque nunca traicionaría a Silvana. —afirmó el joven. —Ustedes mismos vieron que ambas soportaron mas de cinco horas la tortura de esos gigantes, un lazo de amistad como ese no se rompe tan fácil.
—Y sin embargo la chica trató de jugar a los espías por su cuenta. —suspiró la Teniente O'Higgins. —Eso fue una tontería de su parte.
—Y además un juego doblemente peligroso. —afirmó Diógenes. —Me alegro al menos que no hayas intentado chantajear a la chica o de utilizarla para inyectar información al imperio, Dante.
—Eso solo lo harían los villanos. —respondió Dante. —Y nosotros definitivamente no lo somos… o al menos eso creo.
(1)LZ (Landing Zone en inglés) Zona de Aterrizaje Designada
