Holaaaa
Gracias por dejarme sus comentarios. Algunos de ustedes si se acercaron bastante e inclusive le atinaron a quien pertenecía los ojos negros. ¿Qué creen que vaya a pasar desde ahora?
Buenooo, les dejo un nuevo cap, cada vez nos vamos acercando al desenlace. Me gustaría saber mucho si son team Kohaku o team Sesshomaru jajaja
¿Con quién cree que termine Riin?
Sin mas a leer!
ESTUPIDEZ
El golpe de la lata contra el contenedor me obligó a abrir los ojos, estaba consciente que la Coca-Cola estaba en el fondo de la maquinita expendedora, sin embargo, no tenía ganas de moverme ni separar la frente de la superficie plástica de la puertecita.
-Rin—la inesperada voz de Aome me provocó un respingo aunque tardé un par de minutos más antes de despegarme de la máquina, sacar mi refresco y volverme, por fin, a ella.
Iba vestida con ropa deportiva, algo totalmente fuera de lo normal en ella, así que supuse que venía directamente desde el aeropuerto. Inclusive su largo cabello negro estaba atado con descuido, aunque lo que definitivamente me soprendió fue la expresión consternada con la que me miraba.
-Lamento haber arruinado el viaje—musito colocándome la lata helada en la frente, tratando de aliviar el dolor de cabeza; a decir verdad, no albergaba muchas esperanzas.
Me encaminé con desgana hacia las mesitas de la cafetería, el principal motivo por el cual había permanecido tanto tiempo contemplando los brillantes colores de las sodas era porque no había nadie esperando que me moviera. La cafetería del hospital estaba totalmente vacía.
Cuando Aome se sentó frente a mí sin despegar sus acusadores ojos negros de mi cansancio al sostener el refresco contra la sien, di por sentado que la hora de dar explicaciones había llegado.
Bajé los ojos esperando el huracán de preguntas que nunca llegó.
-Aome, yo…-suspiré alzando la cara.
-No tienes que decirme nada—interrumpió con un mal disimulado resoplido de reproche. Sus palmas alzadas hacía mí marcaron una línea imaginaria entre nosotras que me provocó un malestar general.
-Siento que sí—repuse, y no mentía, ya iba siendo hora de dejar las mentiras.
-No, Rin, en serio—Esto va en serio, realmente está molesta…o quizás solo decepcionada, es difícil descifrar su expresión. Parece hasta preocupada.
Transcurrió un largo momento en silencio hasta que decidí que si ella prefería no enterarse podría tragarme mis palabras y todo lo que conllevaban, me lo merecía después de todo. Yo me metí sola en esto y así se suponía que debía seguir.
-¿Les dirás a las otras que estoy bien?—quise saber. Ella asintió.
-Hablé con la mamá de Kohaku—insinúa mirándome fijamente, como si no quisiera perderse ni un solo detalle de mi gesto—Supuse que estarías con él y pasé primero a su habitación—abrí la boca para defenderme pero Aome siguió hablando—Me dijo que te envió a comer algo—el tono ahora parecía tranquilizador.
Asentí dejando los hombros caídos, sin ganas para seguir la conversación mientras no pudiera soltarme a llorar y rumiar mi cadena de malas decisiones.
Mi amiga tamborileó los dedos sobre la mesa.
"Escúpelo, Aome", quise decirle.
-Oye—soltó un hondo suspiro sonriendo de lado con algo parecido a la resignación—Si hay otro no tienes que decírmelo pero debes hablarlo con Kohaku.
Alcé los ojos al momento, los colores se me fueron del rostro y recordé la sequedad en la garganta que me habían llevado a desear un refresco helado en primer lugar.
Por la expresión de Aome supe que esperaba que lo negara rotundamente como venía haciendo desde que me lié con Sesshomaru; cerró los ojos un instante murmurando algo para sí misma tan bajito que quizás solo estaba articulando varios números para calmarse antes de comenzar el regaño.
-¿Y a quién amas?—preguntó de pronto. Me mordí el labio.
-Kohaku.
Ella enarcó una de sus perfiladas cejas.
-¿En serio?—el tono irónico pudo sacarme una carcajada amarga si tan solo tuviera más fuerzas. Su comentario me desarmó—Si amaras a Kohaku no habría problema con éste otro hombre…porque supongo que es un hombre ¿verdad?—se inclinó al frente mirándome fijamente.
Ahí si alcancé a reírme un poco, divertida por las ocurrencias idiotas de la azabache. Ella dejó el cuerpo flojo sobre el asiento en el instante mismo en que la atmósfera entre las dos se aligeró.
-Hablo en serio, Rin—otra vez mi nombre—No andas con cara de miedo en tu cena de compromiso, no te escapas a la mitad de tu fiesta con una excusa que hasta Shippo podría superar, tampoco te escondes para responder llamadas y sobre todo, no te fastidian los preparativos de tu propia boda—enumeró elevando dedo a dedo—…si amaras solamente a Kohaku.
Solamente. La palabra parecía tener más sentido del que quería admitir; apreté los labios ahogando el temblor de mis labios y mis potentes ganas de soltarme a llorar en ese instante.
-Mira, no soy la más indicada para darte algún consejo de amor—apoyó las manos en la mesa—Y tranquila no meteré a Akitoki en esto—sonrió tratando de infundirme ánimo—Solo pienso que si amas a Kohaku termines tu relación con este otro hombre.
-Ya terminó—exclamé pasándome a la otra sien la lata, por el lado que no estaba caliente todavía.
-Y…-me ignoró—Si no estás segura es porque no amas a Kohaku. No digo que ames al otro…solo que hagas lo que sea mejor para ti—alcanzó una de sus manos sobre la mía, traspasándome un poco de mudo apoyo.
Quise preguntarle cómo diablos descubriría eso pero me contuve, ello implicaría más plática motivacional que culminaría con mi confesión.
Inhalé profundo buscando la respuesta adecuada, al final traté de sonreírle –sospecho que no salió como planeaba- para decirle la misma frase tonta que venía repitiéndome a mí misma: lo arreglaría.
A punto de abrir la boca llamó mi atención la figura masculina detrás de Aome a una distancia prudente (y educada).
Como todo un príncipe azul vestido de doctor, me dije.
La morena notó mi distracción, volvió los ojos hacia Miroku; pese a su manía por andarse sin cuidado acerca de la mesura, esta vez Aome captó el mensaje implícito en la mirada de mi futuro cuñado.
-Llevaré tu equipaje a tu departamento—avisó poniéndose en pie, al instante le sujeté la mano atrayendo su atención otra vez.
-¿Podrías llevarlo al de Kohaku?
Aome asintió un tanto insegura antes de soltarse y darse la vuelta, saludó a Miroku con una sonrisa antes de echarse a andar hacia la salida.
Él esperó hasta que mi amiga hubo desaparecido por las puertas dobles para acercarse y tomar el asiento que ella dejó libre; avergonzada clavé los ojos en la superficie gris despidiéndome del poco alivio que había ganado con la lata fría. Dejé el refresco sobre la mesa preguntándome si sería muy cínico de mi parte pedirle que me recetara una tableta de ibuprofeno…luego me di cuenta que solamente quería hablarle de lo que fuera antes de tener que enfretarme a él.
Desconocía totalmente si tocó el tema con su tío una vez que nos cruzamos en el pasillo, yo huyendo de su mirada confundida, él quieto en su lugar sosteniendo el expediente de Kohaku. Si habló con Sesshomaru respecto a lo que vio afuera de su oficina ahora no podría saberlo y quizás así era mejor.
El silencio de Miroku estaba desesperándome, el corazón de por sí me martilleaba con fuerza contra el pecho como para agregarle más pánico a la situación. Supuse que si no hablaba yo, él no iba a hacerlo. De todas formas era yo quien debía las explicaciones antes de que le comentara a su hermano, mi prometido, que su tío me besó en la frente de manera poco natural…como si ya lo hubiese hecho antes. Podía imaginarme la expresión de Kohaku, me estremecí y decidí hablar.
-Miroku, acerca de lo que pasó en el corredor…-me interrumpí tomando una bocanada de aire. Él permenció callado, imaginé que no iba a interrumpirme diciendo que Sesshomaru lo había explicado y que no tenía nada de qué preocuparme.
Miroku iba por una aclaración y no interrumpiría hasta obtenerla, puede que tenga pensado compararla con la versión de su tío (si es que Sesshomaru se dignó a mencionar algo al respecto), analizarlas juntas luego y sacar una conclusión.
Inteligente, pensé.
Al alzar el rostro me encontré con su gesto neutro, totalmente indiferente, sin rastro de la gentileza que lo caracterizaba. La total dureza de sus pupilas negras me encogió sobre la silla.
-Fui a la oficina del profesor Taisho para agradecerle haber operado a tu hermano—admití, esa parte era cierta de modo que mi rostro no podía dejar lugar a dudas. Me arrepentí de decir "tu hermano" y no "Kohaku" o "el amor de mi vida", pero ya estaba dicho.
Él mantuvo el mismo gesto atento. Descarté de inmediato la opción de fiebre porque resulta ridículo tomar la temperatura corporal usando los labios…sobre todo viniendo de un médico especializado con su propio botiquín en el despacho, así que, me quedé con la explicación más creíble dentro de mi escaso arsenal de mentiras.
-Notó que estaba nerviosa cuando salí así que…-aspiré—Me presentó su apoyo—el encogimiento de hombros me salió bastante natural pese a no ser nada más que un embuste—Es mi profesor y pronto seremos familia—me apresuré a agregar como si aquello fuera una respuesta convincente.
¡Ni siquiera Hojo o Hakkaku me pegan los labios a la frente!
-Familia política—Miroku fue abrupto al hablar. Su voz hizo un extraño eco dentro de mi cabeza provocándome nuevos asaltos nerviosos.
-Lo sé—carraspee creyendo que era mejor no decir nada más.
Me removí incómoda sobre mi asiento, si le pedía que no se lo comentara a Kohaku estaría admitiendo mi falta, aunado a que si se atrevió a ser igual de firme con Sesshomaru seguramente la conversación tomó un ritmo peligroso, podía imaginarme el tono tajante dirigido a Miroku. Seguramente Sesshomaru negó y lo pasó por alto como si no significara nada.
Atraje mis manos debajo de la mesa para evitar que notara que iba cerrando los puños, repentinamente frustrada. Tal vez debería optar por la misma actitud defensiva y orgullosa.
-Lamento que parecería algo más—reconocí aunque el tono no fue precisamente una súplica, más bien una frase hasta déspota.
Miroku afiló suavemente sus bellas facciones, atravesándome con una frialdad que no le conocía hasta ahora, plagada de sospecha y sutil acusación. Obviamente no me creyó ni a mí ni a Sesshomaru. Miroku es demasiado inteligente como para que intentáramos engañar a su vista con haber presenciado algo que en realidad no estaba ahí, ni hacerlo parecer como un acercamiento usual. Para él mi contacto con Sesshomaru ha sido plenamente escolar, ni siquiera me ha visto hablar con él fuera de la facultad.
-Supongo que lo malinterpreté—dijo tras un largo momento de silencio en el cual creí que no diría nada más, incluso pensé en escapar de la cafetería. Obviamente tuve que volver a acomodarme correctamente sobre el asiento.
Pese a que sus palabras debieran tranquilizarme, la entonación apenas escondió la advertencia implícita.
Clavé los ojos en los suyos, enmarcados por sus espesas pestañas negras, profundos e inescrutables. Amables en el fondo.
-Supongo que sí—musité poniéndome de pie, sintiéndome culpable y tonta frente a él. Ni siquiera debería tener el atrevimiento de encararlo, no obstante, me asombré de mi despreocupación por si se le ocurría contárselo a Kohaku, cuando debería hincarme frente a Miroku para suplicarle que mantenga cerrada la boca.
Tal vez es porque estoy exhausta de toda esta historia que se está llevando mi autocontrol consigo.
-Con tu permiso—susurro tomando mi refresco caliente. Cuando paso a su lado escucho su voz aunque él no me mira.
-Kohaku despertó. Está estable y consciente.
Me freno de golpe, sonriendo sinceramente al saber que está bien. Una preocupación menos, me digo.
-Tal vez sea mejor que descanses un poco antes de ir a verlo—la sugerencia suena como imperativo—Te puede servir—el doble sentido de sus palabras sentencían mi pasos hacia la salida del hospital.
Quiero replicarle que estoy bien pero me contengo al saber que no tengo derecho para hacerlo…Y porque realmente necesito algo de reposo.
-Le avisaré que volverás más tarde para hablar con él.
Aprieto el respaldo de una de las sillas sin atreverme a mirar a Miroku, me muerdo los labios para detener los temblores involuntarios y me echo a andar hacia la salida sin intenciones de mirar hacia atrás.
No importa cuánto alce el mentón en un intento barato de mantener mi dignidad intacta con la excusa del orgullo, simplemente siento la culpa irse acumulando sobre mis hombros conforme me alejo del hermano protector de Kohaku. La dejo aguijonearme porque lo merezco.
Tiro el refresco intacto dentro del primer bote de basura que se me cruza en el pasillo, convencida de que ningún líquido (por dulce que sea) va a aliviar la resequedad en mi garganta, que más bien parece un pesado nudo que no me permite respirar sin recurrir a ahogar los sollozos que pugnan por salir.
Aprieto mis brazos contra las costillas como un acto reflejo de mi propia fragilidad, me voy haciendo pequeña en cada paso, dejándome aplastar por la responsabilidad.
Alcanzo a ver a Sesshomaru frente a la estación de enfermeras, parece intentar concentrarse en la tablilla que sostiene, se apoya en la madera. Pasa su peso de un pie a otro en cuanto me nota, sus profundos ojos dorados me siguen al acercarme, veo la tensión en su mandíbula y el fruncido casi imperceptible de sus labios.
Nunca antes lo he visto… ¿nervioso? ¿Ansioso? No, solo está enojado.
Ladea el torso en mi dirección como si fuera a hablarme…o esperar que le dirija la palabra, sus furtivos orbes se han vuelto de hielo.
Estrecho mi auto abrazo rehuyendo su mirada, pasándolo de largo por el pasillo.
Huir se ha convertido en una costumbre. Huyo de mi vida, de mis errores, de Kohaku, Sesshomaru y ahora también de Miroku.
¡Falta que tenga que escapar de Shippo o Hojo un día de estos! Un momento, ya lo he hecho.
Demonios, Rin.
Por ahora, de nuevo, no importa, quiero huir de nuevo, salir corriendo porque si no lo hago voy a explotar de la peor manera, pasaré a traer más que solo mi compromiso, la confianza que una vez conseguí…mis amistades…Mi vida. Ese el principal motivo por el cual me negué a ir al apartamento de Kohaku para acomodar mis cosas y a limpiarlo luego del desastre que debieron dejar sus amigos durante la fallida fiesta de soltero. Por supuesto que mi departamento también está descartado, me trae recuerdos y me pone nerviosa estar ahí, cada rincón me grita algo distinto pero igual de tortuoso.
Me moví por inercia hacia la casa de la abuela Kaede. Necesitaba un consejo duro, un regaño contundente que se fastidiara con mi presencia, necesitaba a Hojo. A él no se le iba a ocurrir abrazarme como consuelo para permitirme revolcarme en mi miseria (como Shippo, por ejemplo), de modo que estaba bien, me ayudaría a mantenerme incólume.
Cuando llegué y entré con la llave escondida debajo del felpudo, encontré el inmueble solitario por completo. Rumié mi pésima suerte una vez más cuando recorrí el salón, seguí maldiciendo al revisar la cocina y llamar a cada uno de mis primos.
¡No podía ser! En esa casa viven la abuela, Hojo y ahora también Amari y Tsuyu (hasta que me casara); además Hakkaku se la pasa rondando seguido y a veces arrastra a Eri, quien a su vez lleva a su novio a comer bastante seguido.
Miro el reloj de mi móvil, son casi las ocho, Hojo ya debió salir del trabajo. Decidida a fastidiarlo por su falta de presencia cuando lo necesito, me dirijo hasta su habitación dejando botada la cartera sobre su cama, ignorando sus figuras a medio terminar sobre su escritorio y plantándome después contra su ventana. Apoyo los codos sobre el marco y dejo a la delicada brisa refrescar un poco el bochorno encerrado en la casa.
El silencio me rodea completamente como hacía mucho no lo hacía, desde que Mizuki se fue a vivir conmigo a la posada, de hecho. Ya no me acordaba como era estar sola con mis pensamientos…No me gusta, me hacen desear arrancarme los cabellos y gritar. Contengo mis alaridos de frustración porque de nada sirven, antes hubiese pensado que eran mi desahogo emocional, ahora, sin embargo, sé que no sirven de nada. En mi caso no apartan la desdicha, simplemente me hacen sentir furiosa. Nunca logro sentirme mejor.
Una punzada de dolor que me recorre los brazos me hace brincar, creo que apreté demasiado fuerte las manos contra el marco de aluminio, ahora me escocen las palmas de las manos. Al mirar las marcas inofensivas que enrojecen mi piel me doy cuenta que las palabras de Miroku tienen todo el sentido del mundo, también su actitud al estar en todo su derecho como amoroso hermano preocupado, como siempre, por el bienestar de Kohaku y sus intereses. Puede que el príncipe azul de los Taisho ahora me tenga en el peor de los conceptos, puede que lo mejor sea que se lo cuente a su hermano menor y Kohaku pueda, por fin, exigirme explicaciones a mi comportamiento errático. Ya se ha desvanecido el miedo que me producía su posible enfretamiento así que ahora puedo hasta pensar que no vendría mal, todos estaríamos al tanto de la situación.
El que quisiera casarse aun así luego de eso…sería otro cantar.
Me maldigo entre dientes porque no me atrevería a hacer eso, no solamente arruinaría el concepto que tiene Kohaku de mí desde que éramos unos niños, puede que hasta Shippo no pueda sobreponer su nobleza ante mis errores y no me perdone… Mis padres y el resto de mi familia se decepcionarían tanto como mis amigas.
Y Sesshomaru estaría en muchos líos, no solo con sus familiares sino con su trabajo como docente, inclusive su puesto en el Shikon no Tama peligraría. Lo admito, en este preciso instante me estoy detestando por preocuparme por él de esa forma, porque aun signifique algo para mí luego de lo que ha pasado, sus hirientes palabras y lo cretino que se ha venido portando desde que le di aquella noticia. Ahí comenzó nuestro descenso en picada…o tal vez, solo la caída de la venda que me reveló a todas luces la bruma que cubría la verdad sobre nosotros.
Inconscientemente he tomado una de las figuras de madera de Hojo, es un pequeño muñeco con apariencia de maniquí en miniatura, sin cara ni detalles confeccionados aún; presumo que todavía sigue en la etapa de ensamblamiento porque Hojo no le sujetado los hilos ni la guía para manipularlo. Paso los dedos por la suave superficie, imaginándome como una especie de títere también, solo que no estoy segura de quien está detrás de la trama de mi vida, no sé quien es el marionetista. Porque me ha quedado claro que no soy yo.
¿Debía llamar a Sesshomaru y preguntar que le dijo a Miroku? Así podríamos tener la misma versión…
-Deberías devolverla a su sitio.
Doy un respingo al escuchar la indiferente voz, obedezco de inmediato arrepintiéndome de mi torpeza cuando la figura pasa a tirar dos más que Hojo debió dejar secar luego de aplicar el barnizado.
Al volverme me encuentro con la expresión circunspecta de Amari que contempla fijamente el desastre que he armado en la habitación de la persona más impaciente y obsesiva en el planeta tierra.
Frunzo los labios con disculpa pese a que él no es el dueño de la habitación…ni ante quien deberé suplicar clemencia cuando descubra el desorden.
-Creí que no había nadie en la casa—admito tratando de acomodar de vuelta los muñecos, la mancha de barniz sobre el, hasta ahora, inmaculado escritorio de mi primo queda como una plasta de mal aspecto.
Los ojos negro de Amari se fijan en mí evidenciando mi error, en ese preciso momento me sienta mal que mi primo menor no hable sino cuando es puramente necesario.
-¿Está Tsuyu?—pregunto de la nada, él arquea suavemente las cejas.
-Sí.
¿Por qué Amari tiene que ser tan hermético?
De pronto se me ocurre una espectacular idea para hacerle conversación.
-¿Están ustedes dos solos?—le sonrío de lado con picardía. En algún mundo paralelo Amari se ruboriza y me pide que cierre el pico, luego me cuenta cómo se enamoró de su novia y terminamos compartiendo nuestras historias…por desgracia, en el mundo real, mi primo se limita a observarme sin ningún cambio en su gesto. No obstante su falta de expresión facial me doy cuenta que está preguntándose si acaso he perdido la cabeza.
-Me rindo—musito volviéndome hacia la ventana. Tengo la impresión de que mi doblego tuvo más de un significado literal.
No escucho sus pasos pero seguro me ha abandonado de nuevo, silencioso, como siempre ha sido-de hecho, en la familia hay una anécdota sobre su tío Totosai un día que acarreaba las compras desde el auto, Amari era tan pequeño y callado como un fantasma que su tío no lo vio al entrar y mi primo terminó en el suelo, atropellado-.
-La abuela Kaede volverá más tarde.
El aviso de Amari me llama la atención, me vuelvo sobre el hombro descubriendo que sigue mirándome.
-¿A dónde fue?
-La abuela lo envió a buscarte al hospital—Sonrío por lo bajo con ironía dirigida a mí y mi falta de cabeza. Olvidé eso por completo en mi afán por escapar.
-Supongo que ambos están allá—concluyo con un suspiro pesado.
Transcurre otro momento de silencio hasta que oigo los pasos ahogados de Amari al acercarse, se detiene a una, excesivamente, prudente distancia.
-¿Cómo está tu prometido?
La pregunta no me toma por sorpresa tanto como su tono realmente interesado. Me parece que Amari se está esforzando en ser empático.
-Miroku dijo que ya despertó—respondo volviendo la mirada al exterior. La noche está cerniendo su manto, trayendo también un cansancio del que no era consciente hasta ese momento. ¿Hacía cuanto que no dormía bien?
-¿Quién es?
-El hermano de Kohaku, mi prometido—termino la explicación. Amari seguramente no se acuerda de los nombres de todas las personas que estuvieron revoloteando a su alrededor durante la fiesta.
Asiente una sola vez dándose por enterado.
-Me alegra que hayas venido antes—digo. Él tensa los hombros de forma casi adorable, a pesar de que sus ojos siguen siendo igual de indiferentes; definitivamente no es nada sencillo para él recibir muestras de cariño tan obvias. Debe ser peor tener que darlas…o no poder hacerlo aunque lo sienta.
Me abstengo de abrazarlo porque no quiero incomodarlo más…y además debido al peligro de sollozar en cuanto obtenga contacto humano.
-Era importante.
Fue un murmuro entre dientes pero de ninguna manera fastidiado. Amari si que se esfuerza. Ojalá pudiera comenzar a hablar de mi boda como una maniática, aburrirlo con los preparativos, contarles todos los problemas nímios con los que me he enfrentado, hacer dramas sobre cuánto tardé en elegir el color de los cubre manteles...o si quería la recepción en un jardín. Comentarle que convencí a Kohaku de que quería otros aretes que combinaran con las luces…o hasta le pidiera su opinión de entre muchos posibles peinados. Abrumar a Amari con mi emoción tonta por el acontecimiento más importante en mi vida.
Pero…no pude. Me sentí tan inútil como él para exteriorizarme, aunque, claro, la diferencia es que Amari sí siente solo que no está acostumbrado a demostrarlo y por ello se le dificulta demasiado. Por el contrario, yo no siento ni un ápice de excitación. Y me odio por eso.
No puedo hablarle sobre mis dudas o el pánico que me inundó cuando a Kohaku se le ocurrió casarnos antes, de los celos asesinos que experimento al imaginar a Sesshomaru con otra mujer…ni que no tengo la más mínima idea de cómo peinarme ese día ni que no tengo ni el vestido. Y ya solo faltan cinco semanas.
Asomo los ojos discretamente encontrándome con el perfil pálido de Amari, en total constraste con sus rebeldes cabellos negros y sus ojos rodeados por unas profundas ojeras. Son parte de él de la misma manera que de Miroku o las ligeras de Sesshomaru, por ejemplo, con la diferencia que en Amari son amoratadas y le rodean casi todo el ojo.
Me muerdo los labios preguntándome si se tomará a mal que le pregunte a él directamente, no parece tan mala idea, después de todo Hojo sí conoce a Sesshomaru, tiene una sospecha bastante acertada de lo que hubo entre nosotros y tiende a chasquear la lengua cada vez que se da cuenta que estoy a punto de hacer otra estupidez. Amari, en cambio, es alguien neutro y maduro.
A lo mejor la pregunta es idiota formulada a alguien que es un año menor que yo…pero aquí voy.
-Amari ¿cómo supiste que estabas enamorado de Tsuyu?
Él abre los ojos con fuerza, le he tomado por sorpresa. Carraspea ladeando el rostro para evitar que siga mirándolo, si no supiera que es casi físicamente imposible juraría que esconde un rubor.
-¿Quién dice que lo estoy?—su tétrica voz tomó una entonación a la defensiva. Siento la sonrisa enternecida curvearme apenas los labios.
-Pensé que lo estás—admito liberándolo de mi mirada para permitirle que recobre su máscara indiferente—Le pediste a Hojo un pase extra para ella y volaron desde Corea—apoyo los brazos sobre el marco de la ventana, aspirando el aire caliente.
Amari eleva sus brazos y los cruza sobre su pecho.
-Tsuyu es…-se interrumpe meditando su respuesta, me inclino al frente, expectante a lo que va a decir. Frunce los labios ligeramente pese a su mirada apacible. Es como si estuviera acordándose de algo…o valorando. A saber.
Pero me da gusto sinceramente. Amari se ve feliz, y entonces doy con mi respuesta.
-Te hace feliz ¿verdad?—suelto un suspiro. Él me mira de refilón con su nada disimulada elegancia y alza el mentón.
-¿Amari?—la vocecita de Tsuyu llama mi atención. Ambos nos volvemos a medias hacia la puerta, la castaña asoma los ojos mientras sostiene un atizador de leña. Creí que la abuela se había deshecho de esos cachivaches cuando Hojo tapió la chimenea. Fue en sus primeros años estudiando arquitectura.
Enarco una ceja porque no puedo evitarlo y la saludo. Ella sonríe ampliamente dirigéndose hacia nosotros.
-¡Lo siento!—le dice a él—Tardaste mucho y pensé que había entrado un ladrón.
Los dos son igual de menudos.
-Solo era yo—alzo una mano.
-¿Rin, verdad? La casa de tu abuela es muy bonita, y tu abuela es muy graciosa. Hojo es un poco gruñón pero me agrada también, Hakkaku dice que es así porque sus padres murieron, pero no le creo—hace una pausa para tomar aire—Mis padres también fallecieron y no creo ser tan cascarrabias—se gira a mirar a Amari con sus grandes ojos llenos de esperanza.
Mi primo niega en silencio un par de veces sin cambiar su expresión neutra, y ahí están de nuevo: el par de corazones imaginarios en los ojos de su novia que le iluminan el rostro.
Oficialmente entrego el trofeo a la pareja más adorable, lo siento Miroku, lo siento Sango.
Tsuyu suelta el atizador para colgarse del torso de mi primo, obligándolo a deshacer el cruce de brazos y aunque no la atrae como haría cualquier novio, se deja hacer.
-¿Viniste a visitar a tu abuela?—me pregunta, sin embargo antes de que responda vuelve a hablar—Gracias por invitarme a tu boda, seguro te verás muy bonita. ¿Ya tienes el vestido? Amari me dijo que podía ayudarte. ¿Puedo?
Asiento de inmediato, tener a Tsuyu conmigo seguro mantiene al margen a Aome hasta que logre poner en orden las ideas que debo decirle.
De pronto me siento fuera de lugar, estoy haciendo un horrible mal tercio con los dos ahí…curioso porque no se están besando y Amari sigue en su misma posición.
-Tengo que irme—suspiro metiendo las manos dentro de los bolsillos de los tejanos.
-¿Irás a ver a tu novio?—Tsuyu se muerde los labios con expresión consternada—Sentimos mucho lo que pasó. ¿Está bien?
-Lo está. De hecho debo limpiar tu departamento—me encamino hacia la puerta.
-¡Te ayudamos!—Tsuyu tira a Amari del brazo, él no opone resistencia pero me lanza una mirada.
No necesito mucho para aceptar. No quiero estar sola con mis pensamientos todavía.
-Iré por mis zapatos—avisa la castaña desapareciendo por la puerta. Hasta ese momento me di cuenta que efectivamente andaba descalza.
Amari suspira yendo a rebuscar un abrigo ligero al armario de Hojo, seguramente los que trajo de Corea son para climas mucho más fríos.
-Los veré en la puerta—le digo echándome a andar hacia la salida.
-Rin.
-¿Eh?
-La respuesta es sí—dice, sin mirarme, forzándose a ser gentil.
Entonces sí está enamorado de Tsuyu…ella lo hace feliz. Inhalo hondo peguntándome desde cuando Amari se ha vuelto experto en relaciones; cuando me doy cuenta que no lo sabré sigo mi camino hacia el salón.
La pregunta ahora es quién realmente es un propósito para ti, Rin.
Puede que, de hecho, ni siquiera tú misma.
Kohaku huele a medicina, el aroma picante le envuelve la nariz provocando que de vez en vez la arrugue. Pero a mí no me molesta, puede ser porque es un olor que me rodeará el resto de mi vida o quizás solo no me molesta nada de él.
Siempre ha sido así, exceptuando claro esos años de rechazos y mensajes confusos, esos sí los odié.
Mientras apoyo la mejilla contra mi brazo soportado en el lecho, jugueteo con sus dedos con mi otra mano, levantándolos y dejádolos caer con delicadeza.
-Rin, es difícil ignorar la molestia si te diviertes con mi mano—su voz grave capta mi atención. Vuelvo los ojos a él, despegando la mano del sensor de pinza que mide su pulso. Tiene razón, la presión es incómoda.
Kohaku me mira desde la almohada, su gesto neutro parece relajarse cuando incorporo el rostro.
Cuando llegué al hospital me sentía casi renovada, con la sensación de ligereza que trae consigo una buena siesta y una ducha caliente. Amari y Tsuyu me ayudaron a limpiar los destrozos en el departamento de Kohaku, empero en algún momento caí rendida al sofá.
Cuando desperté supuse que mi primo fue quien me llevó a la habitación de mi prometido, antes de marcharse con su encantadora novia.
Dado que había dormido el resto de la noche y despertado casi a las diez de la mañana, el dolor de cabeza desapareció para dejar solamente la zozobra que ya conocía. Me salté las últimas clases (que más bien eran pláticas motivacionales y despedidas de los docentes) y salí disparada hacia el hospital. En el camino mi corazón fue aumentando su trabajo hasta llegar a plantearme comenzar a sufrir una taquicardia, ni siquiera los mensajes de Hojo sobre haberlos dejado plantados en el Shikon no Tama, lograron calmar mi ansiedad.
No fue sino hasta que entré a la habitación de Kohaku y lo encontré despierto, que mis nervios empezaron a relajarse…o al menos a eso me forcé. Si él comenzaba los reclamos debía estar lo más tranquila posible para recibir los embistes de su furia, sus seguras palabras hirientes y seguramente la ruptura del compromiso. Sin embargo, ninguno de esos escenarios ocurrió.
Estaba claro que Miroku todavía no le decía nada. Pensarlo solamente me anudó el estómago, obligándome a evitar enfrentarme con los ojos negros de Kohaku para concentrarme en cualquier otra cosa, su mano por ejemplo.
-Lo siento—musité al fin. Él ladeó la boca con una mueca de descontento pero lo dejó pasar.
Su pálida piel estaba amoratada en el lado izquierdo de la frente (donde su cabeza se estrelló contra el volante), tenía el labio roto también y varios cortes leves en el rostro debido a las esquirlas de vidrio que lo salpicaron cuando el parabrisas explotó. Ya podía respirar por sí mismo de modo que Miroku ordenó que se le fuera retirada la mascarilla y permaneciera lista por si era necesario. Personalmente opinaba que no lo sería pero su hermano no se detiene en nada cuando se trata de cuidarlo.
Aprieto los labios resintiendo una nueva oleada de culpabilidad, de pronto no puedo verlo a los ojos así que decido mirar el yeso que le sostiene el brazo derecho contra el torso envuelto en vendas limpias.
-Rin.
Inhalo hondo antes de mirarlo otra vez, sus amoratados ojos me atraviesan con silenciosa exigencia.
-No me gusta verte así—admito. Pese a que es verdad lo que dije también recurrí a ello para evitar comenzar con el doloroso proceso de confesión.
-No es nada—replica echándose una fugaz mirada. Le sonrío—Shippo y Miroku exageran.
Mi sonrisa se ensancha a una risa ligera. La habitación de Kohaku está repleta de olorosas flores y globos que simulan que ha dado a luz en lugar de estar convaleciente luego de sufrir un accidente. Cada vez que recibe un nuevo obsequio Kohaku frunce los labios con orgulloso desdén, evidenciando lo poco que le gusta que lo conscientan tan melosamente.
Entre todos esos regalos se encuentra el mío, pequeño en comparación con los que ha recibido, pero curiosamente apostado a su lado. Dónde él me ordenó que lo colocara.
-También mi madre y tú—agrega sin apartar los ojos de mí. Me muerdo el interior del labio.
-Queremos que te mejores.
Kohaku resopla con fastidio pero abre el brazo libre, gruñe despacio debido al esfuerzo pero al final logra atraerme hacia él. Me acomodo delicadamente sobre su pecho, tratando de no dificultarle la respiración.
En cuanto mi oreja choca contra su pecho sobre las sábanas, me acuerdo de uno de sus partidos de soccer en la secundaria. Se había convertido en el goleador el equipo (y rival de Shippo por tanto), así que los demás equipos lo veían como una amenaza durante el torneo estatal. En aquél partido de semifinal fue literalmente tacleado por un jugador del equipo contrario.
Podría sonreír divertida si reviviera lo que hice: bajé corriendo las gradas y zarandeé a Kohaku de un lado a otro creyendo que se había desmayado, ignorando sus quejidos de dolor. A partir de ahí, el adjetivo calificativo favorito de Kohaku para mí fue: torpe.
Me pierdo un momento en su acompasada respiración, aliviada sinceramente porque esté mejorando rápidamente. Kikyo opina que Kohaku estará cien por ciento repuesto para la boda y ha puesto todas sus esperanzas en Miroku aunque ya no dependa de él.
Faltan solo cinco semanas para el gran día, pensarlo me anuda el corazón porque una vez que ocurra ya no habrá vuelta atrás. No más desesperación ni cuestionamientos a mi propia cordura.
No habrá más Sesshomaru Taisho.
Eso claro, si es que Miroku no decide decírselo a Kohaku…
Aprieto los ojos ahogando las inoportunas lágrimas, luego decido que debo dejar de pensar en lo que no fue ni será, enfocarme en ser honesta.
-Kohaku—musito. Oigo un monosílabo interesado ahora que su atención estaba enfocada en el televisor.
Me acobardo al instante así que decido preguntar algo diferente.
-¿Por qué te peleaste con Miroku?—me incorporo, él desliza suavemente su brazo de vuelta a la cama con un quejido suave.
Él aprieta fútilmente los labios clavando la mirada en el techo, nos invade entonces un silencio extraño. El pitido del cardiofrecuenciador me está desesperando.
-Sigue creyendo que estamos yendo muy rápido—me lanza una mirada de refilón.
Inconscientemente echo el cuerpo hacia atrás, recargando la espalda en el respaldo de la silla. Su respuesta no es una revelación, en realidad no es nada nuevo que Miroku Taisho esté preocupado porque su hermano menor se apresure a casarse con alguien teniendo veinticuatro años de edad y recién salido de la facultad de derecho.
Su padre, por otro lado, lo tomó con más desinterés manifestando que si su hijo se sentía lo suficiente hombre para tomar una responsabilidad así, que lo demostrara (lo sé, Naraku Taisho no es precisamente un padre amoroso).
Sobre Kikyo: ella confió en su hijo.
Y mis padres… me preguntaron cuando sería la boda. El único contrariado fue Hojo pese a que al final fue convencido por la abuela Kaede para convertirse en mi chofer personal durante los preparativos.
-Eso ya lo sabías—apunto cuando me doy cuenta que no debe ser a primera vez que tienen esa conversación, además Miroku no es del tipo impertinente. De hecho, una vez que Kohaku expuso la firmeza en su decisión, su hermano mayor le sonrió deseándole lo mejor y ofreciéndole su apoyo.
¡Los anillos no se van a llevar solos a la iglesia!
No tiene sentido que hayan discutido hasta el extremo de que Miroku hubiera decidido irse de la fiesta y Kohaku saliera echo una fiera.
-¿Qué pasó?—inquiero inclinándome levemente al frente-¿Quién empezó la discusión?
Él parece renuente a responder, luego resopla con fastidio y abre la boca.
-Mencioné a Sango.
Arqueo las cejas, entonces Kohaku inició la pelea. No necesito que me de muchas explicaciones al respecto: sus padres nunca han estado de acuerdo con la relación que Miroku mantiene con Sango, la han calificado como oportunista dada la posición económica de la huérfana.
Si a mí no me odian es debido a los años que llevo conociéndolos, pero para la castaña no ha sido tan sencillo tratar de ganarse a la familia de su novio, ni a sus padres ni tampoco al hermano menor.
Es increíble que el carácter orgulloso de Kohaku le impida apoyar a su hermano mayor como Miroku lo ha hecho con él pese a que crea que se apresura en formalizar toda una vida conmigo.
Me remuevo incómoda.
-¿Por qué lo hiciste?
Kohaku me lanza una mirada fastidiada antes de seguir hablando.
-Miroku me dio el regalo que me enviaba mi padre, Bankotsu hizo una broma sobre el hermano menor que se casa antes del mayor—hablaba rápido y desinteresado, claramente no quería seguir contándome—Miroku se molestó cuando mencioné a Sango y fue a la cocina.
-Fuiste tras él y siguieron peleando—deduje con un suspiro. Si Kohaku llegó a esa parte de la casa para disculparse, obviamente no resultó como esperaba debido a que es prácticamente imposible que un Taisho pida perdón por una falta. Lo sabré yo por descontado.
Y también lo saben los trozos de vidrio desperdigados por el piso que Amari recogió.
Seguramente Kohaku siguió opinando sobre Sango, su hermano mencionó sus decisiones apresuradas…y de ahí, directo al accidente.
-Fuiste impulsivo—le digo con un suspiro—Ambos habían bebido además.
-No eres mi madre para regañarme.
Aprieto los labios ante su desplante de desdén.
-Pudiste haber muerto, Kohaku—me sorprendo con la firmeza de mis palabras, y no soy la única, él me mira fijamente con un dejo de desconcierto en los ojos.
Supongo que está acostumbrado a que Kohaku no replique. Carraspeo antes de tratar de sonreírle.
-Estaba muy preocupada—le digo y suena como disculpa.
-¿Por qué?—la entonación fue un reto. Parpadeo un par de ocasiones sin comprender.
-Porque eres importante para mí.
-¿Es porque me amas, Rin?—afila la mirada, al instante su mano libre viaja hasta la mía evitando que trate de huír.
Una oleada de pánico sube por mi cuerpo, pierdo el aliento deseando terminar la conversación.
Miroku se lo ha dicho, estoy segura. Aprieto las manos contra el colchón para que no note su temblor, elijo esconder la mirada detrás de la pantalla de mi cabello, así tampoco notará que me vibran los labios.
-Sabes lo que siento por ti—alcanzo a decir. Kohaku me aprieta la mano suavemente para llamar mi atención. No obstante me niego a mirarlo, prefiero seguir parloteando—Desde que éramos unos niños siempre lo hemos sabi…
-¿Entonces por qué mierda le mentiste al idiota de Shippo para irte esa noche?
Listo, Kohaku explotó por fin. Su mal humor guardado debió exacerbarse con la pelea con Miroku y ahora por fin, lo deja fluir.
El miedo crece y él ciñe el agarre, gimo al darme cuenta que pese a su estado tiene la fuerza suficiente para llegar a lastimarme.
-Rin.
-Lo siento—murmuro vencida a las lágrimas que ya no logro retener.
Kohaku bufa tirando de mí, entonces sí me atrevo a mirarlo, lista para que me mande al diablo junto con nuestra amistad...Para que se acabe absolutamente mi vida, mis amigos y familia me odien.
-Quiero casarme contigo, Rin—dice de pronto.
Tardo un largo momento en comprender el significado de sus palabras, el mismo lapso en el que descubro que mi existencia no se ha desmoronado todavía.
-¿Quiéres seguir con esto o no?—exige. Separo los labios pero no soy capaz de decir nada, él cree que escapé por tener dudas al respecto.
Supongo que su amor propio le impiden pensar que he visto a alguien más, mucho menos a su insoportable tío.
Sus profundos ojos negros esperan una respuesta, pero me cuesta ordenar la frase que me he estado repitiendo, es curioso porque a él no se la he dicho nunca.
Miro atentamente el anillo de compromiso en mi anular izquierdo mientras me decido a hablar.
-Sé que debo estar contigo—musito por fin. Una honda gravitatoria me hala hacia el fondo de un abismo cuando termino de decirlo, solo espero que no se le ocurra preguntarme si lo amo.
Me suelta despacio, deslizando los dedos por mi muñeca.
-No me gusta que llores—vira los ojos al frente, está evidentemente incómodo. Me seco las lágrimas con la manga de mi blusa, obedeciendo a su acusación implícita.
Nos invade otro silencio incómodo que solo agrega más peso a la atmósfera. Entonces y gracias al cielo, la puerta se abre.
-¡Ey, Kohaku! ¡Rin!—Shippo grita mientras avanza a grandes zancadas. Me asaltan unas ganas injustificadas por reclamarle al rubio haber confesado mi mentira pero luego reparo en lo cínica que sería de hacerlo, además de que todos notaron mi embuste al volver con las manos vacías y los ojos hinchados.
Recompongo la expresión y Kohaku le dedica una mirada de fastidio.
-¿Qué quieres, Shippo?
-Me aseguraré que no haya un solo espacio en blanco —anuncia agitando un plumón indeleble y mirando con malevolencia el yeso de Kohaku. Mi prometido frunce el ceño de inmediato.
-No te acerques, idiota—advierte.
Dejo salir una risita divertida que Shippo nota.
-Rin, dile a tu novio que no sea tan amargado—se queja con un mohín infantil, suficiente para que me de cuenta que él nunca me traicionaría.
Me levanto de una vez estirando la mano, Kohaku sonríe de lado con satisfacción y Shippo se remueve como un chiquillo antes de poner sobre mi palma el plumón.
-No es justo.
Muerdo mi labio inferior sin poderme resistir a la tentación, me inclino sobre el torso de Kohaku y paso la tinta por la escayola.
R y K, escribo rápidamente, dejándome llevar por el deber para con mi salud anímica y mi corazón roto. Las tres simples letras serán el primer parche en él.
La expresión de mi rubio amigo se ilumina de inmediato mientras que Kohaku se queja.
-¡Rin!—gruñe.
Rodeo la cama con intenciones de darles su espacio como mejores amigos, además si Kohaku tiene algo que hablar sobre su problemática prometida, necesitará ahí a Shippo. Y dado que no se habla con Miroku…
-Deja espacio para los demás—le pido juguetonamente al rubio, él asiente tomando el plumón que le ofrezco y apresurándome a la cama.
Les doy la espalda hacia la puerta.
-¡Ni lo pienses, Shippo!
-¡Vamos, Kohaku!
-¿No deberías estar en la universidad, tarado?
Al cruzar la puerta imagino el encogimiento de hombros de Shippo, me causa ternura porque al ser su mejor amigo, es incapaz de seguir con su vida egoístamente mientras Kohaku lo necesita. Ya sea para velar su salud durante una operación, fastidiralo, organizarle una fiesta de soltero o…firmar su yeso.
Aspiré hondo antes de echarme a andar hacia la cafetería, seguramente venderían fruta que luciera mucho más apetitosa que el menú del hospital, una manzana no le haría ningún daño a Kohaku en este momento.
Mientras voy caminando me dejo llevar por mis pesamientos ahora que él decidió confrontarme, siento la sonrisa irse desinflando de mis labios conforme vuelvo a sentirme miserable, culpable por mentirle, mezquina y cínica por esconder la verdad pese a que él solamente cree que me asaltaron dudas inocentes; también me siento atrapada por mis propias decisiones y sobre todo triste, muy triste.
Aspiro hondo llevándome una mano a la sien para masajearla suavemente, en algún momento tendré que enfrentarme a la realidad…cuando Miroku se lo diga, por ejemplo. Aprieto los labios desistiendo de preguntarle a Sesshomaru directamente porque eso solamente traería más problemas de los que ya tengo y lo complicaría mucho más. Si es que eso es posible.
-¡Rin!
Me detengo en medio del pasillo volviendo los ojos hacia el origen del llamado, el doctor Jaken me sonríe amablemente desde un costado de la estación de enfermeras. No viste la bata por lo que supongo que la calidad de su visita es puramente amistosa.
¿Y cómo no? Está acompañado de Sesshomaru. ¡Dios mío! Qué guapo es. Desde esa distancia me doy cuenta que también ha hecho una parada en su casa para ducharse y dormir, ya no tiene ojeras y la incipiente barba ha desaparecido de su fuerte mentón.
Gimo para mis adentros sintiendo que el corazón se me anuda al punto del dolor físico.
Al parecer al karma le gusta demostrarme que siempre me equivoco: sí puede empeorar.
Me acerco a ellos tratando de ignorar el aroma a las colonias de los dos, luchando contra mi consciencia para no identificar la que le pertenece a Sesshomaru. Infructuoso, está usando su Giorgo Armani con nombre rimbombante que a veces no se me da pronunciar.
Paso una mano por mi cabello tratando de acomodarlo cuando al fin me detengo frente a ellos.
-Lamento mucho el accidente de Kohaku, Rin—exclama el doctor Jaken con una sonrisa gentil, cargada de sinceridad.
Asiento con la cabeza agradeciendo el gesto, disimulando mi incomodidad.
—Pero quita esa cara de preocupación—agrega con una chispa de alegría—Mi amigo me ha dicho que todo va bien y podrás casarte en la fecha programada—amplia la sonrisa.
Siento la mirada se Sesshomaru sobre mí y casi puedo jurar que resopló con fastidio, no me atrevo a averiguarlo porque mantengo toda mi atención en Jaken. Por lo único por lo que Sesshomaru puede estar molesto es por mi actitud al ignorarlo la última vez, sin embargo, para ninguno eso debería implicar nada más que el camino trazado.
-Kohaku está siendo atendido por dos de los mejores médicos que tiene este hospital—respondo todavía renuente a mirarlo. Jaken parece estar de acuerdo conmigo porque palmea el hombro de su amigo.
-Tienes razón, Sesshomaru es amargado y gruñón pero también es muy profesional.
Al interpelado no parece hacerle gracia.
-Tiene razón, el profesor Taisho es excepcional—pese a que fue intencional, el tono indiferente me salió natural. Punto para Rin.
El cardiólogo suelta una risa franca agitando el hombro de Sesshomaru con familiaridad, él se deja hacer pese a que todavía siento su mirada sobre mis hombros. De pronto me siento pequeña así que busco apoyo abrazándome a mí misma.
-Hablando de fechas, Rin. ¿Has reprogramado tu examen?
Niego.
-Creo que solo puedo con un suceso importante a la vez—digo, en parte es cierto. Tanta presión va a hacer que me explote la cabeza en algún momento—Además, no me gustaría que una fecha sea problema para la otra.
Presiento que acabo de anotarme otro punto pese a que eso último no era realmente necesario, pero así salió, casi como un ataque a lo ocurrido con mi fecha anterior, en la que, por algún motivo, se agendó en mi boda precipitada.
-Te entiendo—Jaken asiente con la cabeza—Luego de la boda será… aunque antes de la luna de miel espero—su sonrisa alegre me indica que lo ha dicho sin malicia, es solo una broma. Pero yo me siento triplemente incómoda con la idea.
El doctor no lo nota así como tampoco se percata del gesto adusto de Sesshomaru cuando termina de hablar. Veo fugazmente como ha vuelto la mirada hacia un lado como si nos estuviera ignorando deliberadamente.
-Le diré a mi secretaria que te envíe mi agenda—Jaken se encoje de hombros.
-Gracias—respondo con sinceridad orientando el cuerpo hacia lado contrario para seguir mi camino.
Ya no me acuerdo hacia donde iba aunque seguro mi destino no era seguir ahí.
-En fin, me daré una vuelta para ver a tu sobrino, amigo mío—avisa Jaken y casi quiero arrojarme a sus pies para evitar que se mueva—Tiene unas ideas bastante interesantes que me gustaría discutir.
Frunzo el ceño.
-Miroku está en el piso de abajo—la voz de Sesshomaru suena tajante. Eso explica que Jaken busque a uno de sus sobrinos, ya que, Kohaku no ha cruzado más que saludos con el médico y encima, Miroku es doctor también. Me parece recordar que Kohaku mencionó que su hermano haría especialidad en cardiología de modo que tenía sentido que buscara a Jaken.
-Doctor Jaken—le extiendo la mano que él estrecha con firmeza antes de comenzar a alejarse diciendo algo sobre ver a su amigo más tarde.
Paso saliva antes de dirigirme a Sesshomaru, siento que el brazo entero me tiembla.
—Doctor Taisho—estoy consciente que la farsa podría terminarse ahora que nos hemos quedado medianamente solos, empero, me obligo a mantenerme firme porque no quiero que Miroku o algún otro Taisho aparezca. Mucho menos Shippo que está a unos cuantos metros en la habitación de mi prometido.
Sesshomaru me sujeta con su palma, doy un respingo ante la corriente eléctrica que me recorrió la mano y de inmediato trato de apartarme, él me lo impide tirando de mí suavemente hasta que doy un paso en su dirección.
Carraspeo ladeando el rostro y encogiéndome. Casi puedo oír los latidos asustados de mi corazón.
-Ve al bungaló esta noche—indica. El aroma de su perfume golpea mi nariz provocándome un estremecimiento momentáneo.
Sesshomaru no espera mi respuesta (que de todas formas se ha quedado estancada en mi garganta), simplemente me suelta deslizando sus dedos por mi piel mientras se aleja.
Decir que oficialmente estoy confundida es ser noble con el término, de hecho, presiento que de dar un solo paso puedo caerme de lo mareada que de pronto me siento.
Cierro los ojos un momento buscando el balance para poder darle sentido a las palabras demandantes de Sesshomaru, descifrando si la ligera entonación de imploro no fue producto de mi imaginación, si acaso estuvo debajo de la sensualidad que despide la orden.
Cuando abro los ojos descubro que el mundo sigue tanto como el transcurso del tiempo, simplemente volví a perderme. Gruño enojada conmigo misma sentenciando que apenas tenga oportunidad cambiaré mi número de celular y pediré a Jakotsu los datos completos del comprador.
Ya se terminó mi lapso de gracia que me otorgué para arreglar los pendientes y si no comienzo ahora nunca lo haré.
Encamino otra vez mis pasos hacia lado contrario tratando de identificar de dónde vienen las ganas por asistir. Ah, claro, vienen de mi estupidez.
Fin del cap
¿Les gustó? ¿Creen que Miroku le haya dicho algo a Kohaku? ¿Kohaku duda? ¿Sesshomaru es un cobarde? jajaja
Me gustaría saber lo que piensan del cap
Nos leemos en el siguiente!
