Al abrir los ojos no conseguía identificar donde estaba.
-Hola, que bien que ya estés despierta -dijo Mara acercándose y dándome un gran abrazo.
-¿Dónde estoy?
-En la enfermería -dijo ella-. Tuvimos un problema con el animus. Toma -me dio un vaso de agua que agradecí enormemente ya que tenía la boca seca.
-¿Qué ocurrió?
-Fue algo extraño, Elena Stone estaba dormida y suponemos que empezó a soñar, pero tu cerebro lo tomó como un sueño suyo, y después empezaste a soñar con otra cosa, pero el sueño era suyo -intentó explicarse-. La verdad no tengo ni idea, Es la primera vez que nos pasa algo parecido, aún intentamos saber que ha pasado.
-¿Pero por que estoy aquí? ¿Cuánto llevo dormida?
-Unas 4 horas -la cara de Mara cambió de feliz a preocupada-. No conseguíamos sacarte de animus, tu cerebro o tu cuerpo no quería salir de ahí, así que tuvimos que forzarlo. Te desmallaste y te trajimos aquí para monitorearte-. Pero por suerte no te ha pasado nada.
-Creo que alguien dijo algo antes de dormirme, pero no sé él qué. No recuerdo mucho.
-¿Qué es lo último que recuerdas?
-Que Elena se marchaba después de hablar con esa amiga suya, María.
-Sí, en ese momento empezaste a soñar.
Hablamos un rato más y después me dejaron volver a casa.
Al llegar Josh estaba allí, estaba haciendo la cena, vestido solo con el pantalón del pijama.
-Tienes mala cara deberías acostarte -dijo una vez que terminamos de cenar-. Últimamente trabajas mucho, y después de lo que ocurrió aquí… debes de tener muchas cosas en la cabeza. ¿Qué tal Loba?
-Bien, parece que está respondiendo al tratamiento, aunque no sé cuando me la podré traer para casa, después de lo que ocurrió prefiero que esté en el veterinario hasta que sepamos quien entró -dije.
-Si, creo que es lo mejor. Y deberías quedarte un día en casa y descansar.
-Si, creo que tienes razón. Me voy a la cama, estoy completamente agotada -dije después de darle un tierno beso en los labios.
Llegué a la habitación, me puse el pijama y me dejé envolver por las sábanas y el aire que venía desde la calle.
Al día siguiente, al despertar Josh ya no estaba en la cama, pero estaba desecha, por lo que había dormido en ella toda la tarde. Miré el móvil, las 10.30, sí que he dormido. Empecé a levantarme lentamente, tenía un poco de dolor de cabeza y no quería agravarlo más. sin quitarme el pijama, bajé a la cocina, allí había ya una cafetera preparada y un delicioso croisant en una bolsa, junto a una nota.
"Me he ido a trabajar, no quería despertarte, no has pasado muy buena noche. Te quiero, seguramente hoy dormiré en casa, ya no me queda ropa interior aquí. Así aprovecho y abriré la casa un poco.
Tómate el día libre, lo necesitas. Hablo enserio. Hablamos más tarde"
Me tomé el desayuno con mucha calma y gusto. Hacía tiempo que no desayunaba y eso sentaba muy bien. Tras un rato largo, llamé a Mara para decir que no me encontraba muy bien, que me quedaría en casa el resto del día.
Aproveché ese día para terminar los preparativos del cumpleaños de mi madre, apenas quedaban unos días y tenía que terminar todo. La mayoría de los invitados me habían contestado a los correos con un enorme sí. Así que haciendo cálculos seríamos casi 50 personas las que asistiríamos, entre amigos y familia.
A punto de cumplirse las 2 de la tarde llamaron a la puerta. Desde aquel día no me fiaba mucho de lo que pudiera pasar, así que siempre iba con el arma a todas partes, aunque estuviera en casa. Ca cogí y me la escondí dentro de la cinturilla del pantalón, por la parte de atrás. Me dirigí a la puerta y allí había un mensajero, el mismo que entregó las flores a mi madre.
-Buenas tardes, ¿Catherine Williams?
-Soy yo.
-Tenga esto es para usted -dijo el hombre dándome un enorme ramo de rosas rojas, y entre ellas había una tarjeta. Firmé el recibo y despedí al mensajero. Puse las flores en un jarrón que encontré en la casa y les puse agua. Cogí la tarjeta y la leí.
"Por otros 10 años a tu lado"
-¿10 años? -miré el calendario-. Claro, hoy David y yo haríamos 10 años de pareja. Pero como pudo alguien enviarme esto. Quien lo iba a saber.
Empecé a darle vueltas. Llamé a la floristería. Pero no supieron responderme ya que el que mandó las flores no se identificó, lo hizo por teléfono… la tarjeta tampoco me resultó reveladora, pues estaba escrita con a ordenador.
Me vestí, cogí algunas rosas rojas y marché al cementerio, a la tumba de David, me senté al lado de la lápida. Coloqué las flores sobre ella y la quité las hojas que había sobre ella.
-Hola David…- me costaba seguir y mantener las lágrimas en su sitio-. Feliz aniversario -sonreía de manera nerviosa-. No sé muy bien como hacer esto. Sé que hace mucho que no vengo a verte, pero es que han pasado muchas cosas desde que me mudé aquí y apenas he tenido tiempo. Intentaré venir más de ahora en adelante. No voy a mentirte, estoy bastante mal. Han pasado 6 años desde que fuiste y aun no consigo hacerme a la idea de llegar a casa y verte en tu despacho escribiendo sin parar… Sé que no te va a gustar esto, pero… hace un tiempo que he empezado a salir con alguien. Es un gran tío. Me apoya mucho con todo. Pero no me voy a engañar, no eres tú. Desde que te fuiste todo ha ido cuesta abajo, siento que un día no conseguiré salir de la tristeza. Te hecho mucho de menos -Escuché como las hojas gruñían, el viento, antes tranquilo, me hacia llegar el olor de alguien más, un olor fuerte pero agradable. Giré rápidamente la cabeza, pero allí no había nadie. Sentía que no estaba allí sola. Hablé un rato más con Davis y después me marché.
Al llegar al coche me encontré un pequeño sobre, no estaba allí cuando aparqué. Abrí el sobre y vi un montón de fotos mías. Durmiendo, corriendo con Loba, entrando a la pastelería y en el cementerio, esa misma mañana, detrás de ella estaba el símbolo templario. Cogí la pistola, me metí en el coche y conduje hasta la fundación.
-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó Mara cuando me vio llegar tan agitada. Le entregué las fotos y la misma cara de susto que tenía yo, la empezó a poner ella. Salimos corriendo a la sala de reuniones donde estaban el supervisor y Anna.
-¿Sabes quién puede ser? -preguntó él.
-No, no tengo ni idea. Pero ya estoy empezando a hartarme.
-Bien, investigaremos todo esto. Te quedarás aquí hasta que lo resolvamos -ordenó el supervisor.
-No pienso quedarme aquí -dije desafiante.
-Escucha, estás en serio peligro, alguien ha entrado en tu casa, y ahora te están vigilando, y este símbolo lo dice todo.
-Me da igual, no pienso esconderme como una cobarde, pienso plantarle cara.
-Bien, si no te quieres quedar, te pondré protección, es mi última condición.
Mara me hizo entrar en razón, y aunque era lo que menos quería acepté, pero con la condición de que no interfieran en mi vida.
El supervisor salió y caminó hasta la planta de arriba.
-¿Por qué tengo la extraña sensación que no me estáis diciendo algo? -les dije a Mara y Anna que estaban allí. Las dos se miraron, pero ninguna dijo nada -Bien, eso confirma mis sospechas.
Salí a toda prisa de la sala y marché al coche.
-Cath, ¿A dónde vas? -preguntó Mara desde fuera del coche.
-A mi casa. Tengo un cumpleaños que preparar.
Salí y mientras iba a casa no paraba de darle vueltas a por que alguien entraría a casa. Y que buscarían. Entonces se me vino a la mente el despacho. Loba estaba allí. Mirando a la ventana por donde esa persona se había largado. Tenía que descubrir que quería. Y solo había un sitio.
Una vez en casa, fui al despacho directa. Empecé a rebuscar por todos los rincones, la mesa, la estantería. No había nada. Estaba todo bien. Me senté en la silla, desquiciada por todo lo que estaba pasando, por no tener el control de mi propia casa. Por saber que David me ocultaba algo más que un trabajo tan atípico.
Entonces, un pequeño destello dorado fue apareciendo alrededor de la fotografía que había en la estantería, ahora era más brillante que antes, pero no me molestaba. -El efecto sangrado-. Recordaba ese mismo brillo que Elena vio cuando aquella persona entró en el despacho de su casa. Ella era Assassín's, al menos una descendiente de ellos. Y su madre la había enseñado bien.
Cogi la foto. Pero igual que todas las veces no parecía haber nada en ella. La miré y el destello dorado había desaparecido, pero ahora estaba en la propia estantería. Quité los libros que había en ella y descubrí algo. Toqué la pared y se abrió una pequeña ventana. Tras esta había un lector de huellas. Coloqué la palma de la mano y se iluminó en verde. Entonces activó un mecanismo y de la propia pares salió una pequeña caja de madera. La cogí. Todo volvió a su sitio como si no hubiera pasado nada. Puse la caja en la mesa y la abrí sin problemas. Pero dentro de ella no había más que una nota dirigida a mí.
-¿Así que era eso lo que buscaba? Ni a Loba ni a mí, estaban buscando el Orbe que tiene David. El que está escondido en el trastero.
"Cuídalo. Este es el orbe que están buscando en 1800.
Es demasiado peligroso, creo que hay un topo en la fundación y no me puedo arriesgar a dejarlo allí. Catherine, si lo has encontrado no dejes que nadie lo tenga. Te Quiero siento tener que poner una responsabilidad tan grande sobre tus hombros.
David"
Aquella misma noche me deshice de la caja quedando el Orbe en un buen sitio.
Dejando eso aparte me puse a terminar de preparar el cumpleaños. Estaba todo casi listo. De todas las personas de las fotografías solo no iría una. El tal A.J, que no conseguí localizar y que mi madrina tampoco se acordaba de él.
Ya era el día, estaba todo preparado. Los invitados en la fiesta. Los regalos, el catering todo preparado. Fui a buscar a mi madre para ir a comer juntas.
-¡Feliz cumpleaños!
Pasamos el día entero juntas, fuimos a comer, de compras, hoy era su día así que hacíamos lo que quería.
-Ha sido un día genial cariño, me lo he pasado muy bien -dijo ella con una enorme sonrisa en la cara.
-Venga, aun queda noche, vamos a tomarnos una copa, y después te llevo a casa, te lo prometo.
-Vale, pero solo una copa. -dijo ella,
Caminamos hasta un local que había alquilado. Abrí la puerta. Detrás de la cortina se escuchaba la música.
-Si que hacía tiempo que no salía, nunca había visto este sitio.
-Lo inauguraron hace poco, está muy bien -dije mientras caminábamos. Delante de nosotros había una gran cortina. La dejé pasar a ella primero y al correr las cortinas…
-¡SORPRESA! -gritaron todos los invitados.
Mi madre se sobresaltó, pero al momento empezó a reírse nerviosa.
-No me lo puedo creer -dijo-. Son…
-Te cotilleé el álbum de fotos cuando estuve en tu casa y localicé a todos tus amigos, todos aceptaron enseguida.
-Gracias -me dijo con un enorme abrazo que hasta mi se me saltaron las lágrimas-. Eres la mejor hija que alguien pueda tener. Te quiero.
-Yo también te quiero mamá.
Rápidamente se separó de mí y todos los invitados comenzaron a hacerle corrillo. Sus amigos presentaron a sus parejas, los familiares la abrazaban con fuerza.
La fiesta se estaba alargando, ya eran mas de las 4 y nadie parecía querer irse y mamá se lo estaba pasando muy bien, nunca la había visto tan feliz, aunque de vez en cuando la veía buscar con la mirada. Algo me decía que estaba buscando a ese chico de la foto.
Cuando ya nos estábamos despidiendo me sonó el teléfono, era un mensaje. Lo abrí. Era una foto mía, de hacia apenas 2 días con la caja que encontré. Acto seguido me llamaron.
*-Actúa con normalidad, te estamos vigilando -dijo una voz al otro lado.
-¿Quién eres?
-Sabemos que tienes el Orbe que estaba en la estantería. Llévalo a las coordenadas que te indique antes de las 7 de la mañana. No avises a nadie, que nadie te siga o si no lo lamentarás.*
Sonó otro mensaje estaban las coordenadas y un archivo adjunto… Al abrirlo.
-¡Loba! -la imagen de mi perra en una jaula era lo último que quería ver.
Miré el reloj, eran las 5 tenía 2 horas para llegar al punto de encuentro.
-Hola cariño ¿Estas bien? -dijo mi madre muy alegre.
-Si, es solo que estoy cansada, te importa irte con la madrina.
-Claro que no, vete a descansar, últimamente estás agotada.
Salí del local y cogí el coche, pero no recordaba que ahora tenía vigilancia permanente. Tenia que pensar algo para que no me siguieran. Llegué a casa para despistarles. Bajé al garaje y allí estaba mi otro vehículo favorito, el cual haría que fuera más rápido. Y no tenía gps. Pero si lo tenía el vehículo. Y no solo eso, todo funcionaba como un ordenador. así que sería fácil. Cogí mi portátil y me conecté a la red del coche y lo dejé sin poder usarse. De esa manera a mí me daría tiempo ha hacer lo que tenía que hacer. cogí la chaqueta de cuero, el casco y salí con la moto, una Aprilia RS 125 de color negro.
Tras 30 min de carretera llegué a los trasteros. Entré directamente. Subí la persiana y me puse a buscar la caja fuerte en donde guardaba el Orbe. Y allí estaba, lo envolví en una manta y lo guardé en la mochila. Cerré el trastero y volví a la carretera. No estaba muy lejos, pero la mayoría del terreno era arena.
-Joder -miré el reloj y apenas quedaban 8 min para las 7.
Al llegar, allí había un coche, y fuera de este una jaula y en ella Loba.
-Loba, estas bien -estaba de pie sosteniéndose en tres papas y ladraba con maldad a los que la tenían encerrada.
-¡Por fin! Pensé que ya no vendrías -dijo una voz que se mantenía a la sombra.
-¡Suéltala! -Ordené.
-No estas en situación de dar ordenes Catherine.
-Tengo lo que querías, te lo daré a cambio de ella -dije sosteniendo la mochila en mi pecho.
-No, tenemos otros planes para ti. Suelta a la perra. -le ordenó al que estaba a su lado- que no haga ninguna tontería. Te despides de ella y se marcha- asentí. El hombre lo hizo sin miramientos.
-Loba ven, -pero ella miraba a los secuestradores-. ¡Loba! -la grité-. ¡ven aquí! – ella lo hizo, caminaba muy mal, pero conseguía mantenerse en pie. La abracé y vi que estaba bien -vete, vamos -la dije. Pero ella no se movía-. Loba, vete a casa. Ella comenzó a caminar. Volví a levantarme y miré a esos hombres-. No la hagáis daño.
-No somos asesinos, además seguro que no sobrevive, Vamos -ordenó- comencé a caminar hacia el coche. Me cogieron del brazo y me subieron a él. Por las ventanas podía ver a Loba caminar muy despacio. Las lágrimas empezaron a brotarme por los ojos, y yo no las paré.
-No lo sientas por ella -dijo el hombre que estaba frente a mí-. Pude matarla, pero no lo hice.
El hombre que estaba sentado a mi lado, me colocó un pañuelo delante de la nariz y por como olía era cloroformo.
Lo último que vi fue el rostro de aquella persona.
-Te mataré Josh…- y me abandoné en un profundo sueño
