Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI (y algunos inventados XD) LA HISTORIA ES DE MI AUTORÍA

ALGUNOS CAPÍTULOS CONTIENEN LEMON, LEER A CONCIENCIA

- blablabla -= diálogo en voz alta

"blabla" = pensamiento del personaje

-x-x-x-x = cambio de escena

Capítulo 24

Suikotsu bañó nuevamente la daga con el ácido, y con una sonrisa de oreja a oreja repitió la tortura en la otra pierna. Los gritos de la sacerdotisa retumbaban en aquella fábrica vacía, mientras que Naraku y sus seguidores observaban y disfrutaban del espectáculo. Lentamente retiró la daga, tomó la botella que contenía aquel líquido y se puso tras la espalda de la chica, quien ya no levantaba la cabeza.

"Maldición… se está rindiendo, por favor no te rindas Ukyo" pensaba Ryoga, que cada tanto miraba en dirección hacia ella, pero que no podía evitar desviarla cuando escuchaba sus gritos, lo que hacía que apretara su mandíbula y sus puños deseando que todo terminara luego. Inuyasha mantenía la mirada en el piso mientras sus puños apretados sangraban por la fuerza aplicada de sus uñas contra su piel, no se sentía capaz de ver como torturaban a la mujer que él amaba y a la que le había roto el corazón estúpidamente por caer en la trampa de aquel hanyou.

El guerrero de las marcas verdes se acercó por atrás de la chica y le susurró al oído tan bajo que solo ella fue capaz de escuchar

- No te preocupes, esto no lo sentirás, quizás solo un poco – y vertió parte del ácido en la herida producto de la quemadura – No arderá, no ahora por el calor… pero cuando tu piel comience a sanar y se enfríe esa zona, recordarás este momento y mi rostro será el que veas al cerrar los ojos del dolor – diciendo esto le presionó la herida haciéndola gemir de sufrimiento.

Aún ubicado atrás de ella, tomó su daga nuevamente y le roció ese líquido que le causaría tantos dolores a la azabache. Antes de que ella pudiese pensar el próximo lugar que atacaría ese hombre (si así se podía llamar), sintió como se la enterró sin piedad en la espalda, entre el cuello y el hombro derecho. Esa sensación la dejó sin aire, y el dolor que provocaba el arma retorciéndose en su lugar junto con la posición de su brazo (sostenido por las cadenas hacia arriba) se estaba haciendo insostenible, creía que en cualquier momento se desmayaría.

Estaba sumida en sus pensamientos, las lágrimas no paraban de salir de sus ojos… pero no era tanto por el dolor físico, sino por aquellas palabras que le había dicho el peliplateado. Se había resignado a morir, sentía miedo y ya no sabía qué hacer, pues rogar por su vida solo le daría placer a sus enemigos, pero no evitaría la tortura. En medio de todo eso escuchó por su intercomunicador ubicado en su oído

- Ukyo… ¿Ukyo me escuchas? – preguntaba aquel hombre que tantas veces la había entrenado

- James- pudo susurrar apenas audible, pues el dolor le había quitado las palabras

- Ya es hora -

- ¿Ya es hora? – no entendía, Kagome seguía dominando su conciencia

- Sí, mira la ventana… ya es de noche, la luna llena ya está en el cielo. Tú puedes hacerlo, y recuerda, espérame, yo iré y te rescataré – trató de hacer que volviera a su rol de agente secreto o no saldrían con vida de allí

Ella levantó la vista, era cierto, hace ya un rato el interior de la fábrica había sido iluminado con varios focos debido a la oscuridad reinante. De repente sintió una fuerza en su interior que no comprendía, hasta que se dijo así misma "Yo soy Ukyo, un agente secreto de elite y una gran sacerdotisa… no moriré aquí, cumpliré mi misión y los salvaré". Se enderezó, lo que llamó la atención de su captor, lo que hizo que retirara la daga que aún estaba dentro de su cuerpo.

Lentamente comenzó a rodearla una luz violácea, lo que provocó que todos retrocedieran un par de pasos y Naraku se puso de pie.

- ¡Maldita! – alcanzó a gritar el hanyou antes de percatarse de que la energía en ella aumentaba considerablemente – ¡Bankotsu, Jakotsu, Suikotsu vengan de inmediato! – les gritó y ellos le hicieron caso al instante. Apenas llegaron a su lado, un destello violáceo cubrió por completo el lugar e incluso rompió las ventanas. Los 4 fueron levemente alcanzados lo que les provocó algunas lesiones, aunque Naraku se habían puesto frente a ellos por lo que se llevó la mayor parte de las heridas, a su vez, generó un campo de energía alrededor de ellos y se teletransportaron antes de que los alcanzara la fuerza del destello. Los únicos que permanecieron intactos fueron Inuyasha y Ryoga, pues la sacerdotisa mantenía sus campos de protección activos.

Al ocurrir esto, James esperó que todo volviera a la normalidad y gritó desde la entrada del edificio - ¡Nadie entra hasta que yo lo diga! – corrió lo que más rápido que pudo para subir las tres plantas.

Mientras tanto, al apagarse el destello, la azabache luchaba por no desfallecer. Ya no podía más, había usado casi toda su energía vital, pero se repetía así misma "Solo un poco más, espera a James… debes mantener los campos hasta que James llegue", los minutos le parecieron eternos… esto provocó que las lágrimas se escaparan de sus ojos, pues creía que no lo lograría.

Cuando James llegó al tercer piso, pudo ver como todos los demonios y parte de los 7 guerreros habían sido purificados y desvanecidos con el poder de la sacerdotisa. Se percató de la máscara tirada en el suelo, corrió a buscarla y se acercó a la chica

- Tranquila Ukyo, ya llegué… ya puedes descansar – al finalizar, le colocó la máscara nuevamente. El pelo volvía a tomar un color castaño - ¡Ahora! – gritó por el intercomunicador dando la señal para que entrara el equipo de rescate

- James – alcanzó a susurrar antes de desmayarse. Cuando esto ocurrió, los Sai se desprendieron del piso y se cayeron, lo que provocó que el campo de energía que protegía a cada chico desapareciera.

- ¡Ukyoooo! – gritó desesperado Ryoga

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(al día siguiente)

Ryoga se encontraba sentado a un costado de la camilla donde tenían conectada a Ukyo. Él aún llevaba la bata puesta del hospital debido a la herida en su torso, el médico había insistido en tenerlo en observación por 24 horas. Debido a la gravedad de las heridas y al gasto energético que le había significado la hazaña del día anterior, la chica estaba en coma e intubada, por lo que le adaptaron una máscara que le cubría desde la nariz hasta la frente, dejando solo a la vista su boca. Además, la tenían boca abajo, pues la quemadura requería de constantes curaciones. El pelinegro le acariciaba la mano, cuando sintió abrirse la puerta.

- James – musitó al percatarse quien entraba

- Hola – dijo un tanto desganado - ¿algún cambio? –

- Nada, el doctor cree que estará en coma por varios días… dice que aún no entiende cómo sobrevivió –

- Después de lo que pasó con Inuyasha, yo tampoco lo sé – respondió cabizbajo

- ¿Ya lo dieron de alta? – quería saber, le habían prohibido acercarse a él pues probablemente se acribillaría contra el ojidorado después de haber destruido a su compañera

- En un par de horas. Yo mismo lo llevaré a su hogar y hablaré con su padre. El señor Higurashi dio la orden –

- ¿Qué más dijo? –

- Esperaremos a que Ukyo despierte, ella es la líder de esta misión y es quien debe rediseñar el plan – al finalizar, miró hacia la camilla con unos ojos de culpa y responsabilidad – tiene seguridad que despertará del coma un día de estos -

- ¿No la vendrá a ver?... ¡es su hija! – le discutió el joven

- ¡No lo vuelvas a repetir Ryoga!, ¿ENTENDISTE? – le regañó el hombre – Debes hacer como si no conocieras su identidad, olvídalo… o la pondrás en peligro, ¿está claro? –

El chico solo asintió, aún no superaba el asombro de saber que ella era Kagome Higurashi (Kagome Chiba para el mundo exterior), heredera de aquella gran empresa, descendiente de los grandes sacerdotes y sacerdotisas de toda la historia del país. Dirigió su mirada a ella y apretó su mano… lentamente las lágrimas le recorrían la cara bajo su máscara, fue en ese momento que entre sollozos pudo decir

- James, yo… yo debí haber hecho algo. La dejé sola, no la ayudé… no la pude ayudar – no pudo evitarlo más, lloraba desesperado

El hombre se acercó y le colocó una mano sobre su hombro derecho – Era una misión demasiado peligrosa, lo sabíamos de antemano. Además, no teníamos cómo saber que Naraku había conseguido colaboradores tan poderosos… y fue decisión de Ukyo protegerte a ti y a Inuyasha – no pudo evitar empuñar su mano al decir ese último nombre. En esos momentos lo odiaba, la había lastimado como nadie lo había logrado.

- ¿Crees que despertará? – preguntó el chico

- Ella es fuerte, siempre me ha sorprendido su fortaleza y sus ganas por sobrevivir. No te preocupes, sé que lo hará – le dio un par de palmadas en el hombro y se retiró de la habitación

- Ukyo… por favor Ukyo, debes sobrevivir… debemos vencer a Naraku juntos, prometimos nunca abandonarnos en una misión… ¡debes cumplir tu promesa! – agachó su cabeza apoyándola contra el colchón de la camilla y volvió a llorar, la culpa y la rabia lo estaban matando por dentro – Te prometo, hasta que despiertes no me moveré de acá, no te dejaré – el cariño que le tenía a la chica no le permitiría alejarse, no solo era su compañera, sino que una gran amiga a la que estimaba mucho.

Continuará…