Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.


Thank you iambeagle for trusting me with your story!


Capítulo 30

En lugar de reunirme con mis compañeros en recepción, pido un taxi al aeropuerto por mi cuenta. Le mando mensaje a Ben cuando voy en camino, diciéndole que lo siento, pero que se atravesó algo importante y tengo que tomarme algo de tiempo libre para volar a Chicago. No me siento mal por mentir. Y en realidad no estoy mintiendo. Edward es importante. Ben responde diciendo que espera que todo esté bien y que le avise si hay algo que pueda hacer. Sólo respondo agradeciéndole y lo dejo así.

Edward responde mi mensaje sobre la pesadilla justo antes de que mi vuelo despegue.

Cómo es posible que tuvieras algo que no fueran buenos sueños luego de ESA llamada de FaceTime ;)

Le sonrío a la pantalla y sacudo la cabeza, mis mejillas se calientan al recordar lo excitada que estaba anoche.

No lo sé, tecleo. Definitivamente no le daré importancia. Aunque me desperté a las 4am, así que estoy muerta.

Sí, qué horror. ¿Estás en el aeropuerto?

Sí. De todas formas, habría venido para volar a Seattle. Sólo me guardo la parte sobre sorprenderlo.

Qué tengas un buen vuelo. ¿Me avisas cuando aterrices? Estaré en una reunión, pero de todas formas hazlo.

Lo haré. Vacilo, luego mantengo mi estado mental de al carajo y agrego: Te amo, Edward.

También te amo, nena.

XXX

Estoy hecha un manojo de nervios.

Durante mi escala me tomo un Bloody Mary. Y en el vuelo a Chicago me bebo una mini botella de champagne. Estoy muy ansiosa por ver a Edward. Por abrazarlo, por tocarlo de verdad. Por besar su cara. Ver su expresión cuando finalmente se de cuenta que estoy ahí. Entre más lo pienso, más vibran mi cuerpo y cabeza con anticipación. No creo que me vaya a calmar hasta estar en sus brazos.

Al aterrizar, tomo un Uber para el recorrido de media hora hasta Millennium Park. No sé exactamente dónde se está quedando y no puedo preguntarle sin arruinar la sorpresa. Pero por lo que me dijo – que estaba en un hotel de estancias extendidas frente a Millennium Park – creo que podré descifrarlo.

Investigo un poco en Google durante mi viaje y limito las opciones a dos lugares. Finalmente localizo el que probablemente es después de ver las fotos de las habitaciones. Me siento muy orgullosa y me felicito mentalmente por ser una buena acosadora. Mi humor de celebración no dura mucho porque ahora que sé dónde está, mis nervios se intensifican.

Pasan de las siete cuando llego ahí. Cruzo la calle, rodando la maleta tras de mí y camino hacia el edificio vintage. Estoy en alerta, preguntándome si me lo toparé por accidente. Aunque probablemente ya está en su habitación – hemos estado hablando alrededor de esta hora cada noche. De hecho, podría llamarme pronto y darme cuenta de que podremos hacer esto en persona hace que mi estómago se tense de la mejor manera posible.

Tengo que esperar un par de minutos para hablar con alguien en recepción y el tiempo extra me mata. Muevo el pie con ansiedad mientras miro alrededor del lobby hasta que terminan de ayudar a la persona frente a mí y es mi turno.

—¿Se va a registrar? —pregunta finalmente el recepcionista sin molestarse en alzar la vista de su computadora.

—Pues… de hecho —acerco un poco más la cabeza—, ¿puedes decirme en cuál habitación está Edward Cullen?

Ante esto él alza la vista, frunciendo el ceño más que antes.

—Lo siento. No podemos proporcionar esa información.

Eso supuse. Había esperado encontrarme con alguien que fuera un poco más de los que rompen las reglas.

—Lo entiendo —me rio ligeramente, intentando parecer buena onda al mirar su gafete—. Pero verás, Ted, soy su novia y estoy aquí para sorprenderlo. —Sé que es fútil, pero tal vez él rompe las reglas por gestos grandes—. Volé aquí desde…

No está cayendo.

—Repito que no podemos proporcionar esa información. Si gusta reservar una habitación, puedo ayudarla. De otra forma, me temo…

—¿Bella?

Todo se detiene.

Me doy la vuelta para encontrar a un Edward de cabello despeinado con los ojos verdes bien abiertos de pie detrás de mí. No hay una pantalla, no hay miles de millas de distancia entre nosotros. Es incluso más guapo en persona de lo que recordaba. Sus cejas están fruncidas con confusión, pero pasan los segundos y el ceño en su frente desaparece en el mismo momento en que una deslumbrante sonrisa transforma su cara. Se me atora el aliento en la garganta y me encuentro lanzándome a él, envuelvo mis brazos a su alrededor con fuerza, apenas le doy tiempo de registrar qué es lo que está pasando.

Bella. —Repite mi nombre y me derrito ante el sonido—. No puedo creerlo —respira en mi cabeza, soltando lo que sea que lleva en las manos para abrazarme—. Estás aquí.

—Estoy aquí. Carajo, estoy tan feliz de verte —murmuró en el hueco de su cuello, unas lágrimas calientes queman en mis ojos.

—¿Cómo llegaste…? —se detiene y afloja su agarre, pero mantiene sus manos en mí.

—Reservé un vuelo esta mañana. Me estaba sintiendo tan tonta, o sea… quiero que sepas que estoy totalmente comprometida en esto. Haré lo que sea por ti, lo que sea —divago, mis pensamientos están desordenados y no salen coherentemente—. No quiero que sea como antes, cuando tú ponías todo el esfuerzo y yo sólo… no puedo hacernos eso de nue…

Me corta besándome y cierro los ojos. Sus manos acunan mis mejillas, limpiándome las lágrimas, y nuestros labios permanecen juntos por un momento antes de corresponderle el beso a profundidad. Su boca es conocida, pero extraña. Mis mejillas están mojadas y sus labios son suaves, y es como el último beso que tuvimos en su habitación, pero es muchísimo mejor porque este no es un adiós. Es hola y estoy comprometida en esto y te amo. Es bueno, tan bueno y él, y me aferro a su pecho, lo necesito más cerca porque que me jodan si alguna vez lo vuelvo a dejar ir.

Nos separamos con reticencia cuando el recepcionista malhumorado se aclara la garganta.

—¿Señorita? ¿Necesitará una habitación? —pregunta, mirándonos con desaprobación.

—No necesitará una habitación —responde Edward por mí, estira una mano para agarrar el asa de mi maleta y entrelaza mis dedos con su otra mano.

Mi corazón está latiendo con tanta fuerza cuando estamos a solas en el elevador que estoy segura que él puede escucharlo. No aparta la mirada de mi rostro y es el mejor sentimiento, su amorosa mirada en mí. Pero eso no disminuye el martilleo en mi pecho. Más bien, me pone más nerviosa.

No duramos mucho tiempo en el elevador antes de llegar al décimo piso. Lo sigo, mi mano sigue en la suya, hasta que llegamos a la habitación. Nos quitamos las chaquetas y luego inmediatamente me agarra la cintura, jalándome hacia él y abrazándome con fuerza. Nos quedamos así por un momento, sólo sosteniéndonos. Los nervios revolotean en mi estómago, pero en la mejor manera que hay.

—En serio no puedo creer que estés aquí. —Nos apartamos lo suficiente para vernos los rostros—. ¿Cómo me encontraste?

—Google. —Nos reímos y añado al pensarlo dos veces—. ¿No dejaste algo abajo?

Se ve confundido, luego dice:

—Mierda. Mi comida de Shake Shack.

—Ve por ella. Te esperaré.

La sacudida de su cabeza es sutil.

—De ninguna manera te dejaré.

Me rio diciendo su nombre, diciéndole que puede ir. Pero no se mueve, sólo sigue mirándome. Sus ojos viajan por mi cara y cuerpo, como si todavía no pudiera creer que de verdad soy yo.

—Eres tan hermosa —murmura, acomodando de forma ausente un poco de cabello detrás de mi oído, sus dedos bajan gentilmente por mi mejilla y a lo largo de mi quijada.

—He estado volando todo el día. Me veo…

No. Eres hermosa. —Me recargo en su toque y suspira—. Dios, carajo… te amo. Te amo.

Lo beso de nuevo, murmurando mis propios sentimientos de amor sobre su boca, casi cantándolos porque él necesita saberlo. Los besos dulces no duran mucho antes de que explote en algo más caliente y apasionado. Sus manos viajan sobre mi culo, agarrándome contra él y mi cuerpo cosquillea por todos lados. Gimo en su boca antes de apartarme para besar su cuello, su manzana de adán. Es mi parte favorita de su cuello – cómo sobresale de la forma más masculina posible. Se lo digo, no sé por qué, y se ríe. Puedo sentir la vibración de su garganta en mis labios.

—Carajo. Bien. Si no nos detenemos, no creo poder contenerme —dice entre dientes—. Y por mucho que quiera eso…

—No te detengas. Yo también lo deseo. —Mi cuerpo está ardiendo y no seré capaz de pensar o respirar hasta que él amanse esta sensación.

—No puedo creer que estoy a punto de decirlo, pero… ¿deberíamos hablar?

Desabrochó sus jeans, metiendo la mano por enfrente y debajo de su ropa interior.

—Han pasado meses —murmuro, viendo su rostro relajarse cuando lo toco—. O sea, desde antes de Acción de Gracias. Creo que podemos posponer la charla.

—Mierda —dice, pero sale más como un siseo—. Bien.

Lo acaricio unas cuantas veces, pero ya está muy duro. Así que le bajo los jeans y se aparta de ellos, su erección crea una carpa en su ropa interior. Sus tonificados brazos me alzan hasta que mis piernas están envueltas alrededor de su cintura, mi boca chupa su cuello de nuevo mientras él nos lleva a la cama.

—Tus brazos son más grandes —jadeo contra su piel.

—Comencé a boxear.

Gimo.

—También tu pecho. Carajo.

Aunque sigo pegada a su cuerpo, me recuesta en el colchón, quedándose entre mis piernas. Se frota contra mí por un momento, luego me quita toda la ropa desesperadamente antes de deshacerse también de la suya. Puedo ver sus brazos y su pecho, y todo lo que estaba cubierto por algodón, y se ve tan, tan bien.

Él está ahí de nuevo, entrando en mí, pero sin barreras. Es tan bueno sentir la presión justo donde la necesito, siento que no lo voy a soportar. Se lo digo y lo acepta como un reto. Cuando su boca baja por mi cuerpo, chupando y lamiendo, no tardo mucho en estar agarrándole el desordenado cabello y levantando mis caderas del colchón para correrme en su boca.

Recupero el aliento cuando se acuesta encima de mí otra vez, besando mi cuello, mis labios. Apartándome el cabello de la cara, me mira de la forma más tierna del mundo. Eso me lleva de regreso a la primera vez que tuvimos sexo.

—Te he extrañado —susurra.

Mis dedos dejan toques tan ligeros como una pluma en su espalda.

—Yo también.

—He extrañado los sonidos que haces —murmura sensualmente—. He extrañado poner mi boca en ti. Olvidé lo mucho que te encanta.

—He extrañado que lo hagas —digo sin aliento—. Es mucho mejor que cuando tengo que imaginarlo.

Sus ojos se empañan, oscureciéndose.

—¿Te tocaste pensando en mí?

—Todo el tiempo.

Se aparta de encima de mí.

—Muéstrame.

Mi mano baja por mi estómago, los dedos se deslizan dentro donde sigue mojado por su boca. Él se mueve un poco para poder ver, su cara se relaja al hacerlo.

—Carajo, es muy caliente. —Se moja los labios, gime al acariciarse.

Me detengo, llevo mis dedos a su boca y se inclina para chuparlos. La sensación manda un cosquilleo a todo mi cuerpo.

—Te deseo ahora mismo —gimo y se mueve entre mis piernas—. Te necesito.

—No creo durar mucho… —confiesa, suena apenado.

—No me importa.

Se agarra la polla y la guía dentro de mí. Tarda un segundo, pero luego de algunas embestidas tortuosamente lentas, empujo contra él con mis caderas, necesitando más fricción. Tiro de su hombro hasta que su pecho choca con el mío. Con su cara enterrada en mi cuello, es justo cómo lo imaginé anoche – su aliento caliente en mi piel y todo el peso de su cuerpo mientras me folla. Casi lloro porque he extrañado tanto esto.

Luego de unos minutos, detiene su ritmo.

—Ponte encima —exhala—. Quiero verte.

Se sale y me subo en él, deslizándome hacia abajo en un solo movimiento. Ambos gritamos, luego la habitación se queda en silencio, sólo nuestras respiraciones superficiales y los gemidos llenan el espacio.

Subiendo las manos para acunar mi cara, mete su pulgar en mi boca para que lo chupe y cierra los ojos con fuerza.

—Te sientes tan jodidamente bien, Bella.

Nuestros cuerpos se mueven con languidez, amando la forma en que se siente, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.

—Amo verte en mí, follándome —suelta entre dientes, su pulgar roza mi clítoris. Todo lo que logro soltar es un suave y ronco gemido, porque de nuevo estoy tan cerca—. Amo que seas mía. —Agarrando mis caderas, embiste con más rapidez antes de sentarse y pegar sus labios a los míos—. Quédate conmigo, Bell.

—De acuerdo —jadeo—. No iré a ninguna parte. Jamás. Te amo.

Sus dedos se entierran en mi piel y espero que me deje una marca. Déjame un moretón. Márcame. Hazme tuya, quiero rogarle. Envuelvo mis brazos en su cuello, manteniéndolo cerca y susurrándole al oído, diciéndole todo lo suya que soy.

Asiente en silencio, con los ojos cerrados y la boca abierta mientras golpeteamos el uno contra el otro.

—Te amo —exhala, mordiéndome el hombro.

Nos quedamos callados mientras nuestro ritmo se acelera. Y pronto nos corremos juntos sin molestarnos en ahogar nuestros gemidos mientras nos perdemos completamente el uno en el otro.

XXX

Ordenamos comida de Postmates mientras nos recuperamos, luego nos duchamos juntos. Me lava el cabello y le tallo la espalda. Sus manos no me abandonan por mucho tiempo y eso manda un estremecimiento a través de mí.

Nos salimos de la ducha y me quedo en el tapete de baño, temblando, mientras él agarra una toalla para mí y la envuelve en mis hombros. Sube y baja sus manos por mis brazos, intentando calentarme, y alzó el mentón para besarlo. Nos movemos hacia el lavabo para lavarnos los dientes, ambos envueltos en felpa, sonriéndonos con espuma a través del espejo.

He extrañado estos momentos con él, tan sólo estar juntos. Es como si el estar separados me permitiera reconocer que él me cuida de una forma en que nadie lo ha hecho jamás. En una forma en que nunca he dejado a nadie hacerlo antes. Como cuando pasa su camiseta sobre mi cabeza, sacando mi cabello mojado de debajo del cuello. O cuando mete mis pies helados debajo de sus muslos mientras vemos Netflix. Son todos esos pequeños detalles los que he extrañado. Son todos esos detalles los que suman a un asunto jodidamente grande: lo amo. Siempre lo amaré.

XXX

Estoy acurrucada en su costado con la cabeza en su pecho. Ya pasan de las tres de la mañana. Nos hemos quedado dormidos en diferentes ocasiones, entrelazados el uno con el otro. Cada vez que despierto, mi corazón se hincha de emoción al darme cuenta que estoy aquí con él. Es el mejor sueño del que nunca quiero despertar.

Mis dedos trazan un camino a lo largo de su pecho y sonrío cuando se estremece bajo mi toque. Acabamos de tener sexo por tercera vez esta noche y no sé cuántas veces más nos faltaran hasta estar saciados.

Aparte de no apartar las manos el uno del otro, hemos mantenido la conversación bastante ligera toda la noche. Puedo notar que él está esperando a que yo tome la iniciativa. Por alguna razón, ahora se siente como un buen momento. Todavía acostada junto a él en la oscuridad, a salvo en sus brazos, le cuento sobre la terapia, al menos sobre las partes con las que me siento cómoda. Cómo Emily me ha ayudado a reeducar mi forma de pensar para ser más compasiva conmigo. Me ayuda a darme cuenta que no todos son mis enemigos. Que no hay intenciones ocultas, que no todos me lastimarán eventualmente. Edward permanece acostado en silencio, escuchando lo que digo, besando mi sien de vez en cuando.

Le cuento sobre Renee… sobre cómo apareció días después de que él se fuera. Puedo sentirlo tensarse un poco, no está feliz por escuchar esto. Pero se queda callado. Le cuento ciertas partes de lo que le dije a ella, echándole una mirada a su rostro. Se ve sorprendido, pero orgulloso, la sonrisita en su boca es el mejor apoyo. Continúo diciéndole que ella sigue en Forks, hasta donde sé, y que le escribí una carta en la terapia. No le cuento nada sobre eso, aparte de que me ayudó a sacarme muchas mierdas del pecho que no sabía que estaba guardando. Musito que es curioso todo el espacio que hay en tu corazón luego de que sueltas mierdas que no te sirven. Aprieta su agarre en mí después de eso.

Cuando termino, Edward sigue callado, absorbiendo todo. Es algo agradable, el silencio, darnos tiempo para sólo estar.

—¿Crees que le darás la carta a Renee más adelante? —pregunta finalmente.

He estado pensándolo largo y tendido durante la última semana.

—No.

—Entonces, ¿ya no intentas tener una relación con ella?

—En realidad nunca la tuve —digo con honestidad, moviéndome un poco para poder ver su cara—. Pero sí. No creo obtener nada de intentar reconectar con ella. No estoy tan triste por eso como solía estarlo.

—Bien. —Alza mi mentón y me besa—. Estoy feliz por ti. Y estoy orgulloso de ti. Y… sí.

—Gracias —susurro, enredando mis piernas con las suyas—. Gracias por ser paciente.

—Te lo dije, eres la indicada para mí.

—Dios, es tan sexy escucharte decirlo.

—Entonces… —comienza, sonriendo—, ya sabes, cuando estabas en recepción te oí decirle al recepcionista que estábamos juntos.

Imito su sonrisa, ni siquiera estoy avergonzada.

—¿Y?

—¿Cuánto tiempo llevas por ahí diciéndole a la gente que soy tu novio? —bromea, repitiendo mis palabras del día en el avión cuando lo escuché decirle a una mujer que yo era su novia.

Me rio, meneando la cabeza.

—No lo suficiente, eso es seguro.

Le gusta esa respuesta.

—Quieres intentar esto de nuevo, ¿eh?

—Más que cualquier otra cosa —murmuro, mis dedos rozan su mandíbula.

—Yo también —acepta—. Pero creo que ambos tenemos que hablar de lo que necesitamos en esta ocasión. No quiero que nada se vuelva a interponer entre nosotros.

Asiento, mi estómago se tensa y espero que esto no inicie un argumento, pero sé que si eso pasa lo superaremos.

—Pues… necesito que no me mientas. Sé que no volverás a hacer algo así y sé que yo pude haber manejado las cosas de otra forma, pero… tengo que decirlo. Para que esté ahí.

—Bien. Lo entiendo —dice con fervor—. Necesito que confíes en mí.

—Lo haré. Sí confío en ti. Necesito que tú también confíes en mí —replico.

—Confío en ti, Bell —susurra, sosteniendo mi mirada—. Necesito que me perdones si cometo un error. No soy perfecto. No somos perfectos. Pero… no puedo tenerte huyendo a la primera señal de problemas. Necesito que te quedes conmigo.

—Puedo hacerlo —digo con honestidad—. Pero necesito que no asumas que voy a salir huyendo cuando las cosas se pongan difíciles. Dame el beneficio de la duda, ¿de acuerdo?

Su expresión se suaviza.

—De acuerdo.

Seguimos así, diciendo lo que queremos, lo que necesitamos. Ninguno discute, los dos aceptamos todo lo que dice el otro. No estamos pidiendo nada fuera de la realidad, sólo amor y respeto mutuo. Es todo lo que necesitamos.

—¿Algo más? —pregunta eventualmente cuando la conversación empieza a apagarse.

Pretendo pensarlo, manteniendo una sonrisa de astucia en mi cara.

—Una última cosa.

—¿Sí?

—Necesito que me lo pidas de nuevo.

Busca algo en mi cara.

—¿Pedirte qué?

—Que me mude contigo.

Toda su cara se ilumina.

—¿Quieres eso?

—Te quiero a ti. Y una relación a distancia no funcionará para mí. No quiero una fecha de vencimiento contigo, o pasar sólo unos cuantos días juntos cada par de meses.

Se ve genuinamente sorprendido por lo que estoy diciendo, como si no esperara que yo estuviera en este lugar tan pronto. Tal vez yo tampoco lo esperaba. Pero estoy lista, más que nunca. No tiene sentido prolongar la separación cuando ambos sabemos lo que queremos. Ya he perdido mucho tiempo sin él. No voy a dejar que eso pase de nuevo.

—¿Y tu trabajo? —pregunta, siempre sensato.

—Al carajo. Renunciaré. Puede que esté desempleada por un tiempo, pero ¿si te parece bien…?

—Entonces, ¿yo seré tu sugar daddy?

—Cállate —me río—. No para siempre. Sólo hasta que consiga un trabajo. No es que no tenga algunos ahorros, pero probablemente no podré apoyarte con la renta desde un principio y…

—No tienes que darme explicaciones. Me parece bien, Bell. Me gusta la idea de hacerme cargo de ti. —Mi corazón se hincha—. ¿De verdad quieres renunciar a tu trabajo? Creí que te gustaba.

—No me gusta más de lo que te amo a ti. No creo que nosotros comenzando de nuevo vaya a encajar bien conmigo todavía trabajando para Ben, incluso en Santa Barbara. No quiero que te sientas incómodo, sin importar lo guapo que te ves cuando te pones posesivo —bromeo.

—Sólo me pongo posesivo porque eres mía —arrastra las palabras, sonriendo.

—Lo sé —digo, me muevo para sentarme a horcajadas en él. Su camiseta cuelga de mis hombros y sube las manos debajo del algodón, posando sus cálidas manos en mi espalda baja—. Soy toda tuya.

—Nunca me cansaré de escucharte decir eso —murmura y se pone serio—. ¿Puedo preguntarte algo?

—Sí.

—¿Qué ves cuando piensas en nuestro futuro?

Lo pienso de verdad, luego le digo:

—Veo todo.

—¿Como qué?

—Como… compartir la misma cama el resto de nuestras vidas. Mis mierdas saturando constantemente todo el espacio en la encimera del baño. Noches hasta tarde de sábado y domingos de flojera en cama.

—Me gusta cómo suena eso —murmura, su mirada se vuelve tierna.

—Y yo seguiré en terapia porque sigo trabajando en mí. Tal vez algún día vayamos a terapía de pareja. —Se queda en silencio, permitiéndome terminar—. No porque tengamos problemas, sino porque haremos todo lo posible por permanecer fuertes. Pero tal vez sí tengamos problemas —añado luego de pensarlo.

—Pero los superaremos —dice por mí.

Sonrío, mirando su cara.

—Sé que no será fácil, pero lo quiero todo contigo —susurro—. Lo bueno, lo malo y todo lo que haya en medio.

Ante esto, me besa profundamente. Pero todavía no termino, así que digo contra sus labios:

—Nos veo mudándonos eventualmente de LA, o tal vez de regreso a Seattle para estar cerca de tus padres de nuevo. Quiero tener bebés contigo. Tal vez dos…

—Tres —interrumpe.

—No seas codicioso —me rio—. Pero lo pensaré.

Nos quedamos en silencio, disfrutando del momento y sólo mirándonos.

—Pídemelo de nuevo —exhalo. Pero esta vez añado por favor.

—¿Qué se supone que debo pedirte? —bromea y le pego juguetonamente en el pecho. Se ríe, agarra mi muñeca y me jala hacia abajo para capturar mi boca. Con mis labios sobre los suyos, murmura—: Nada me hace más feliz que estar contigo. Múdate conmigo, Bella.

—Bien. —Sonrío, cerrando los ojos e imaginando nuestro futuro de nuevo. Lo veo todo con tanta facilidad. Cuando finalmente los abro, miro sus ojos, llenos de afecto y anticipación por lo que se avecina. Quiero imaginar nuestras vidas desde su perspectiva, así que con un beso tierno en sus labios susurro—: Ahora dime que ves .


¡Y colorín colorado, esto ya casi ha terminado! No puedo creer que ya estemos en el penúltimo capítulo de esta historia. Fue una verdadera delicia para mí poder compartirles esta hermosa traducción, había estado un poco apartada del fandom hasta que leí este fic y me devolvió las ganas que sentía por traducir y compartir historias.

Yo me despido aquí de esta historia, mil gracias por apoyarme, leer la traducción y comentarla; significa mucho para mí saber que disfrutan de mi trabajo. De momento no hay outtakes, ni secuela. Si en algún momento la autora llegara a agregar algo más, tengan por seguro que lo traduciré.

Recuerden que nos falta el último capítulo y se subirá mañana.

Mil gracias por todo 😉