Seamus y Dean hablaban todos los días vía lechuza, lo cual se traducía a que Seamus ya no estaba disponible.

Porque estaba bien cuando era algo libre y placentero, Ron incluso se había planteado la posibilidad de algo más.

Ahora se sentía un poco tonto por eso, Seamus siempre fue muy claro con él, además, menuda locura, ¿no?

Seamus le había dicho que en realidad no había ningún problema en seguir haciéndolo, Dean y él solo hablaban.

Pero había algo incorrecto en todo aquello, sobre todo para la posición en la que quedaba Ron.

Había estado bien, había descubierto cosas de sí mismo que ni sabía, y muchas más de su amigo.

Pero quizás fuera un clásico, no quería ser eso. El remplazo hasta que levantaran la cuarentena y esos dos se vieran.

No sabía qué les depararía el futuro, pero desde luego que Seamus estaba hasta los huesos por Dean, sí era tremendamente evidente.

Pensó en Hermione, y después de casi 30 días, donde había creado un nuevo hábito, por así decirlo, tenía claro una cosa.

La quería, la quería muchísimo, pero no era suficiente. No bastaba solo con querer mucho a una persona. Y se había liberado de un sentimiento que llevaba arrastrando desde que habían empezado su relación.

El sexo no era malo, Ron era capaz de satisfacer a otra persona y que esta le deseara. No quería volver a lo que ellos tenían, no quería volver a sentirse así.

No pensaba que Hermione tuviera la culpa, solo que ellos no funcionaban así.

No iba a volver a tratar de estar con ella. Era lo mejor para los dos.

Ron sonrió, maldita cuarentena, le estaba convirtiendo en un adulto responsable.

Bueno, más o menos responsable.

Seamus estaba escribiendo sin parar, desde el baño, Ron rodó los ojos. Dudaba que fuera a encontrar un compañero sexual como el irlandés, ese chico no tenía freno.

Tomó una de las revistas que recibía Seamus, desde que su foco de entretenimiento había desaparecido tenía mucho tiempo libre.

Tanto que abrió un Corazón de Bruja.

Menos mal que no le estaba mirando nadie.

Y ahí tuvo una grata revelación, sobre todo cuando abrió un monográfico sobre Viktor Krum.

No leyó los titulares, si hubiera sido así, quizás la mano que se llevó hacia su polla se hubiera frenado de golpe al atar algunos cabos.

No, no leyó nada, se fijó en que Krum tenía un polvo monumental.

Siempre le había parecido alguien increíble, pero desde el acercamiento a Hermione le había cogido cierta manía.

Ahora, liberado de esa sensación, solo podía ver lo bien que le ajustaba el traje de Quidditch.

Era oficial, le gustaban también los hombre y no solo Seamus.

Eso iba a ser todo un mundo de posibilidades, o al menos eso esperaba.

Su primera paja postdescubrimiento se la dedicó a Krum, fue buena, fue larga, y maldijo que Seamus siguiera en el baño una vez que acabó.

El día que se levantaron las restricciones fue el primero en salir, respirar aire fresco, y caminar por un lugar más ancho que aquellas cuatro paredes.

El patio de la academia le parecía inmenso.

También salió porque Dean apareció en la puerta de su habitación, y poco menos fue sutilmente expulsado de su dormitorio.

Iba a tener que pedirle asilo político a Harry porque dudaba que pudiera entrar allí en varios días.

Lo que menos esperaba fue encontrar a Harry y a Malfoy follando, no hombre, ¿qué mierda les pasaba con ese tío? Ni siquiera estaba tan bueno.

Además, ¿Harry? Pero qué mierdas les había pasado a todos ellos en la cuarentena, ¿había echado polvitos gay en el aire?

Una cosa era cascársela con Krum, otra ver a tu mejor amigo, casi hermano, montando a un tipo que te caía francamente mal.

Iba a tener que lanzarse un obliviate.

Estaba casi en shock cuando alguien se dirigió hacia donde él estaba. Hacía mucho que no veía a Zabini, pero tenía auténtica cara de homicida.

¿Es que el cuartel de aurores estaba ahora abierto para todos?

Iba directo a la habitación de Harry, hecho una furia, Ron le cortó el paso.

—Yo que tú mejor no entraría—le dijo tapando la puerta.

—Le voy a cruciar los huevos.—Zabini sacó la varita, sabía reconocer a alguien celoso—No, mejor se los voy a cruciar a los dos, a ver ahora como follan.

—Eh, eh, amigo, relájate.—Era culpa de Malfoy, estaba claro que ese era su ex, al parecer no era el único que había pillado a esos dos.—¿Por qué mejor no nos calmamos?

Zabini bajó la varita, acababa de darse cuenta de que estaba ante un estudiante en la academia de aurores y que quizás amenazar a dos personas con una imperdonable no era lo más inteligente.

—Me ha dejado por carta.—Uy, ese tema no le interesaba lo más mínimo, no quería saber nada que rodeara la vida sexual de Harry y el desteñido ese.

—Malfoy es un capullo, ¿qué esperabas?

Zabini le miró, no era de los que más recordaba de Slytherin, la verdad. Siempre parecía mantenerse más en un segundo plano.

Alto, delgado, y mordiéndose los labios debía reconocer que tampoco estaba mal. Llevaba una semana a puras pajas desde que se cerró el grifo con Seamus, no es que lo suyo fueran las serpientes, pero.

—¿Te invito a un té?—le propuso.

Zabini le miró unos segundos, y su expresión cambio, le escaneó de arriba a abajo, jamás un tío le había hecho eso. La sonrisa final le gustó.

—Prefiero un café, odio el té.

—Pues un café para ti.

Ambos se fueron a la cafetería de la academia, no sabía si estaría abierta, pero conocía varios lugares donde sino podrían ir, le echó una ojeada por detrás.

Nada, nada mal.

Quizás aquella postcuarentena tampoco fuera algo aburrido.

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¿Alguien pensaba que no iba a juntar a estos dos? Hombre, ¡arriba el Blairon!

Verás cuando se entere de los de Hermione y Viktor, lo mismo se tiene que lanzar otro Obliviate.

Pues aquí acabamos con la historia de Ron, a las que deseaban que Seamus y él acabaran juntos, lo siento, nunca fue mi intención. Muchas veces las relaciones solo son sexuales, y con suerte se convierten en algo más.

A Ron le ha servido sin duda para abrir horizontes, creo que se lo va a agradecer a Seamus toda la vida, y siguen siendo buenos amigos.

Pues hasta dentro de un rato.

Shimi.