Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


Junto a Ti

CAPITULO XXIV

Compromiso fallido

El día del compromiso de Candy y Joseph había llegado. Ella se encontraba junto a sus amigas Annie y Patty, dándose los últimos retoques antes de irse a la casa de su futuro prometido. Annie le ayudaba arreglar el cabello, mientras que Patty le estiraba la falda del bello vestido, color damasco que tenía puesto.

—Te ves muy bella, Candy -le comentó Annie.

—Gracias…

—Lo malo que no te vas a comprometer con el hombre que amas.

Candy se levantó del tocador.

—Annie por favor, ya tomé la decisión de casarme con Joseph.

—Candy, comprende que no vas a ser feliz con él.

—Y Albert tampoco va ser feliz con Luisa -añadió Patty -Él te ama a ti.

—Chicas, comprendan que es lo mejor, nuestro amor es imposible, así como lo fue con Terry -comentó con ganas de llorar, pero se contuvo -Joseph es un buen chico, va ser todo para hacerme feliz.

En eso entro Tom, luciendo un traje formal, ya que él iba ser la persona que iba dar la mano de Candy a Joseph.

—¿Estas lista, Candy? -le preguntó.

—Si…Tom -respondió ella terminándose de colocar unos guantes en sus manos.

—Quedaste muy guapa, hermanita.

—Tú también te ves muy bien.

Tom se acercó a ella.

—Candy, estas segura…

—Tú también con lo mismo, les voy a pedir que respete la decisión que tomé -les pidió Candy con molestia -Vamos a la residencia de los Drummond, ya es tarde.

Tom, Annie y Patty se miraron sabiendo que su amiga estaba cometiendo una locura, al comprometerse con alguien que no amaba, una locura de la que después se iba a repentir.

En el hospital Luisa estaba más recuperada, había reaccionado y por lo que le dijeron los doctores que la trataron no quedo con ninguna secuela. Sin embargo, ella no se sentía bien de ánimo, seguía dolida por lo que había ocurrido con su prometido William, el la había dejado por Candy y eso le causaba mucho dolor, sin embargo, sabía que tenía que reponerse y salir adelante. Por otro lado, el comportamiento de su padre la tenía aterrada, ya que, por culpa de él, ella se había caído de la escalera.

Cerró los ojos y recordó ese momento.

Flashback.

Ella iba caminando por el pasillo de la planta alta de la mansión, cuando su padre comenzó a seguirla.

—Luisa, ¿A dónde crees que vas? -le preguntó.

—Me voy papá, ya no tengo nada más que hacer aquí.

—¡Eres una tonta! No puedes dejar que William te deje por esa chiquilla.

—El ya no me ama.

—Pero yo no voy a permitir que te deje -le dijo tomándole por el brazo.

—Papá no insista, todo lo estás haciendo por tu ambición.

—Si, y por tu bienestar.

—¡Papá suéltame! ¡Déjame ir…!

—Ya te dije que no.

En ese instante Luisa se trató de zafarse de su padre, cuando ella cayo por la escalera.

Flashback.

Una enfermera entro al cuarto.

—Señorita, le traje su cena -le dijo.

—No tengo hambre -contestó Luisa.

—Tiene que comer señorita, sino nunca se va recuperar.

—Está bien.

La enfermera le colocó la bandeja en la cama y Luisa comenzó a comer.

—Otra vez vino su padre a visitarla.

—No lo quiero ver.

—También vino un joven llamado Tom esta mañana.

—¿Tom, vino haberme? -preguntó Luisa asombrada.

—Si, ese joven ha estado muy preocupado por usted. Cuando estaba inconsciente todos los días la venía a visitar. ¿Él es su novio?

—No, es un amigo.

—Se ve que está muy enamorado de usted, una vez cuando usted estaba grave se lo escuché decírselo. Bueno la dejo para que coma su cena tranquila, más tarde vengo a buscar la bandeja -dijo la enfermera saliendo del cuarto.

Luisa se quedó pensando en lo que le había contado la enfermera con respecto a Tom. Entonces, era verdad lo que él le confesó esa noche, que estaba enamorado de ella y que estaba dispuesto a todo para hacerla feliz.

En ese instante se puso a recordar cuando lo conoció en Michigan, desde el primer momento él la trató con cariño y respeto, pasando bonitos momentos junto a él. No podía negar que Tom era un chico guapo y agradable, pero sobre todo sincero.

En ese momento se abrió la puerta de cuarto y entro la presencia de Albert.

—Hola, Luisa -la saludó.

—¡William! -lo nombró ella con sus ojos iluminados.

—¿Podemos hablar?

—Por supuesto, pasa.

El caminó hasta la cama.

—¿Como te has sentido, Luisa?

—Mejor.

—Siento tanto lo que te ocurrió -le tomó una mano -Yo jamás he querido hacerte daño.

—Lo se…William, tu no tuviste la culpa del accidente, el único culpable fue mi padre.

—¿Tu padre?

—Si, mi padre es un hombre malvado y ambicioso -dijo con tristeza -William, tienes que saber que él está arruinado, por eso tenía tanto interés que me casara contigo. Debí habértelo dicho antes…

—No me sorprende -la interrumpió Albert -Me he dado cuenta como es el señor Steel. ¿Como ocurrió tu accidente?

—Esa tarde yo pensaba irme de la mansión, pero el trato de impedírmelo, provocando que me cayera por la escalera.

—Hasta dónde llega su ambición, pudiste haber muerto por su culpa.

—William, no quiero que pienses que quería casarme contigo por tu dinero, yo te amaba de verdad.

—Y yo también te quise mucho Luisa, pero ahora mi corazón solo le pertenece a Candy.

—Lo entiendo William, y aunque no lo creas deseo que seas feliz con ella -le dijo Luisa sinceramente.

—Eso no va poder ser, Candy terminó conmigo.

—¿Por qué? Ella te ama.

—Lo está haciendo para que me case contigo, se siente culpable de lo que te ocurrió.

—Candy que buena es, pero ella no tiene que hacer ese sacrificio.

—Ya es demasiado tarde, en estos momentos se debe estar comprometiendo con Joseph -dijo Albert recordando que era el día del compromiso.

—De verdad, lo lamento mucho.

—Gracias Luisa, eres una gran mujer, deseo que algún día encuentres a un hombre que te haga muy feliz.

Luisa sonrió pensando en Tom, quizás él era el hombre que necesitaba para curar sus penas y comenzar una nueva vida.

Candy junto a Tom, Annie y Patty llegaron a la residencia de los Drummond, donde de inmediato Joseph junto a sus padres salieron a recibirlos. El compromiso se realizaría en el jardín que estaba bien decorado para la ocasión. En ese lugar se encontraban algunos invitados de los Drummond, familiares y amigos cercanos de la familia.

—Mi amor, estás muy bella -le comentó el joven mirándola de pies a cabeza.

—Gracias…

—¿Qué te parece como mi madre organizó todo?

—Está todo muy bonito -contestó Candy sin mucho entusiasmo.

—Yo habría preferido hacer una gran fiesta.

—Es mejor así Joseph, algo más íntimo.

—Hijo, Candice, ¿qué les parece si anunciamos el compromiso? -les preguntó el señor Drummond.

—Me parece muy bien, papá.

La pareja se colocó al medio del jardín, Candy junto a Tom y Joseph junto a sus padres, donde el señor Drummond tomo la palabra.

—Familia y amigos cercanos quiero comunicarles que mi hijo y la señorita Candice White Andrew se van…

En ese instante Candy comenzó a recordar todo lo que había vivido con Albert y el gran amor que sentía por él, un amor que nunca iba sentir por Joseph y por el cual tenía que luchar. Ya una vez había perdido a Terry por una situación parecida, ahora no podía dejar que le pasará lo mismo. Estaba segura que Albert era el amor de su vida, así que no podía dejarlo escapar.

—Señor Drummond, no siga -le pidió la rubia.

—Mi amor, ¿qué ocurre? -le preguntó Joseph mirándola extrañada.

—Joseph lo siento mucho, pero no puedo comprometerme contigo, estoy enamorada de otra persona -confesó Candy saliendo corriendo de la residencia de los Drummond.

—¡Candy! ¡Candy! -le gritó el joven con intención de seguirla, pero Tom lo detuvo.

—Ya escuchaste a mi hermana, ella ama a otro hombre.

—¡Esto es una burla! -expresó el señor Drummond con rabia -Candice no le puede hacer eso a mi hijo.

—Lo se…señor Drummond y lamento mucho lo sucedido -se disculpó Tom -Pero es mejor que ocurra esto, a que su hijo se case con una mujer que no lo ama.

—¿De quién está enamorada, Candy? -preguntó Joseph muy herido con la situación.

—Es algo que después con calma te va contar y quizás puedas llegar a comprender a mi hermanita.

Albert después de estar con Luisa, se fue a su mansión, donde al llegar de inmediato hablo con el señor Steel.

—¿William, que deseas hablar conmigo? -le preguntó.

—Vengo de ver a Luisa y ella me contó que por su culpa se cayó de la escalera.

—¿Mi hija te dijo eso?

—Si…¿cómo fue capaz de hacerle eso a su propia hija?

El negó con la cabeza.

—Eso…no es verdad. No comprendo por qué Luisa me acusa de algo así.

Albert al ver el cinismo del señor Steel, con una profunda rabia se acercó a él y lo tomó por la chaqueta.

—¡No sea sínico! Admita que todo lo hiso por su ambición. Luisa me confesó que usted esta arruinado por eso estaba tan empeñado que me casara con ella -le gritó con ganas de golpearlo -Quiero que ahora mismo se vaya de mi mansión.

—Está bien, me voy, pero esto no se va quedar así te vas a repentir William Andrew por no haberte casado con mi hija -lo amenazó el señor Steel, saliendo del salón.

Albert más calmado, subió a su cuarto y salió al balcón para tomar un poco de aire, mientras pensaba en su pequeña, y en la cruel decisión que había tomado, al comprometerse con un hombre que no amaba. Le dolía tanto su actitud, después de todo lo que habían pasado por culpa de su amnesia, ella estaba renunciando a ese gran amor que ambos sentían. Un amor que nació desde una bella amistad, pero que ahora ella estaba dejando escapar, por algo que ella no tenía la culpa. En ese instante sintió ganas de salir en búsqueda de Candy, pero que sentido tenía si a estas alturas su pequeña, ya era la prometida de otro.

—Candy mi amor, siempre te voy amar, aunque tu no valoraras el amor que siento por ti -dijo Albert con sus ojos llenos de lágrimas, cuando sintió una fuerte voz.

—¡Albert! ¡Albert! -le gritó Candy que llegó en ese momento a la mansión.

El como si estuviera viendo una alucinación vio a su pequeña en el jardín.

Sin pensarlo salió del balcón y bajo al jardín para rencontrarse con su amada.

—¡Pequeña…!

Ella corrió a sus brazos como tantas veces lo ha hecho.

—Albert, no me pude comprometer con Joseph, te amo a ti, solo a ti.

—Pequeña, yo también te amo, jamás podría estar con otra mujer que no fueras tu.

Ella se apartó de él y lo miró a los ojos.

—Perdóname por ser tan cobarde y no luchar por nuestro amor.

—Pero recapacitaste y ahora sí que nadie nos va separar -le tomó una mano - Candy te amo y quiero que seas mi esposa.

—Yo también deseo ser tu esposa -le confesó ella emocionada.

—¡Te amo, mi pequeña! ¡Te amo!

Albert le tomó el rostro con ambas manos y la besó dulcemente sellando ese compromiso de amor.

Desde la ventana de la habitación del señor Steel donde él había subido para hacer su maleta, los estaba mirando sin que ellos se dieran cuenta.

"William Andrew me las vas a pagar, sino te casaste con mi hija, tampoco voy a permitir que lo hagas con tu protegida", pensó mirándolos con unos ojos de odio.

Continuará…


Hola linda chicas.

Espero que se encuentren muy bien junto a sus familias. Aquí les dejo otro capitulo de este fic con mucho cariño para todas ustedes, espero que lo difruten.

Saludos y agradecimientos a las chicas que me siguen comentando :

Guira14, Guest, elbroche, Sunnystar95, KT1947, elenharket2, chidamami, Guest, Evelyn, Sandra Carreo, LovlyArdley, Carol, Guest, tutypineapple, Rosario escobar, Coqui Andrew, pivoine3, Balderas, Guest, Maribel, Maribel.

Les mando un fuerte abrazo a la distancia y que tengan una excelente semana.