Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole. Yo solo traduzco
Capítulo veintiuno
Atrapados
"Puedes darte cuenta si un hombre es inteligente por sus respuestas. Puedes darte cuenta si un hombre es sabio por sus preguntas." ~Naguib Mahfouz.
EDWARD
Verlos me hacía hervir la sangre, pero ¿qué podía hacer? Ver a Rose sostener a Ethan, alimentándolo de un biberón, solo me asqueaba más. Él tenía que comer, y su madre no estaba aquí. Pellizcándome el puente de la nariz, intenté mantenerme en equilibrio. No lograba poder dormir y eso solo me hacía pensar en ella. En cómo podría estar. En qué tan bien podría pelear si se encontraba hambrienta y cansada.
Renée no quiere matarla.
Mi mente intentaba convencerme.
—Sr. Cullen. —Me giré, y allí estaba en el medio del caos que ahora era la guardería, observando a mí y mi familia a través del cristal.
—Oficial Scooter.
—Sr. Cullen, tengo que hacerle algunas preguntas. En casos como estos…
—¿Enviaron a un policía principiante a encontrar mi esposa? —Y se preguntaban por qué no confiaba en ellos.
Él suspiró y dio un paso hacia adelante.
—¿Sabes? ¡Fui elegido para unirme al FBI ni bien salí de la academia! Puede que no lo parezca mucho, pero soy muy bueno en mi trabajo. En cuarenta y ocho horas, tu guardaespaldas fue disparado. El mismo tipo de bala usaron para asesinar al presidente. Ahora tu esposa fue secuestrada en uno de los hospitales más prestigiosos del país. Hay una conexión aquí, puedo sentirlo. Por lo que, ayúdeme, señor, ayúdeme a encontrar su esposa. Todo lo que diga ahora es importante.
No había forma de deshacerse del hombre. Me recordaba a un superintendente molesto que solía conocer.
—¿Por qué no te uniste al FBI?
—Porque esta es mi ciudad. No voy a abandonarla, ni a su gente. —Exactamente como el superintendente que solía conocer.
Iba a ser un problema.
—Antes que todo esto pasara, mi esposa me dijo que tuvo un encuentro raro contigo en la estación, oficial. Así que llévese su integridad y consígame un oficial de verdad. No uno que intente culpar a mi familia.
—Sr. Cullen…
—No. No te molestes. Dile al superintendente que quiero a un agente del FBI real buscando a mi esposa, nada menos. Dicho eso, sal de aquí. —Tomando el picaporte de la puerta, dejé el rubio idiota solo.
Poniendo un pie adentro, ni me molesté en hablar con mi padre o mi madre. Tomando a Ethan de los brazos de Rose, ella se puso de pie, con la mano aun en el biberón, y esperó a que estuviera sentado en la mecedora.
—Edward… —Mi padre suspiró y supe que nos vio hablando, pero no podía con eso ahora mismo. Simplemente necesitaba sostener a mi hijo. Él olía a ella, dulce, calmante y eso me daba la esperanza que necesitaba en ese momento.
—No lo entiendo. ¿Cómo supo llegar a ella? —susurró Esme, arrodillándose frente a mí.
De la misma forma que ella sabía todo lo demás… su infiltrado. La única forme da encontrarla era encontrando a esa rata. Pero la única persona que podría haberle dado tanta información debería ser cercana. Las únicas personas cercanas era la familia. Así que mientras ellos se movían a mi alrededor, mi madre, mi padre, Rose… me eché hacia atrás. ¿Quién diablos estaba traicionándome? La única persona en la que podía confiar por completo era el bebé en mis brazos… mi hijo. Una vez que supiera quién era, no me iba a contener.
BELLA
Odiaba ser drogada. Siempre dejaba un mal gusto en mi boca. Mi padre solía drogarme… Era para hacerme más fuerte, inmune. Ahora me sentía como si él supiera que mi madre era una perra psicótica e intentaba prepararme para ella. Sin embargo, dudaba que algo me hubiera preparado para ser sacada de mi cama de hospital, mientras me recuperaba de una operación, para ser encadenada al asiento de un avión privado. Ella estaba sentada en su asiento, su cabello caoba detrás de sus pequeñas orejas con una copia de Wicked en sus manos y lentes de marco oscuro.
—¿Quisiera vino, señora?
Debería haberlo sabido.
Levantando la vista hacia la mano pálida y familiar de Mike algo… mi maldito auxiliar de vuelo. Vertió mi vino tinto favorito en una copa para la mujer ante mí. Ella no dijo nada, simplemente sostuvo su copa hacia él.
—Tú eres la rata en mi familia.
—¿En serio, cariño? ¿Crees que no pude acercarme a alguien más que solo tu azafato? —La mujer que me parió suspiró antes de pasar de página.
—No me llames "cariño", perra temperamental. Y tú, rata, te despellejaré vivo mientras ruegas por mi perdón, pero no antes que te haga ver mientras mato a la adicta de tu hermana de la manera más lenta posible. —Tironeé de la cadena, pero todo lo que hizo fue causarme dolor. Podía sentir los puntos en mi piel y, a pesar que era doloroso, me hacía pensar en Ethan.
—Mike, tráele algo de comer…
—Si me das algo, te lo escupiré —siseé. Mi piel ardía. Mis emociones eran fuertes y todo lo que quería era liberarme.
—Como gustes, siempre fuiste temperamental de niña. —Sonrió ella, otra vez pasando de página.
—Quizás fue porque sabía que mi madre no era más que una zorra débil y confabuladora que algún día me dispararía como un perro después de envenenar a mi padre. Al final, él no sufrió y estuve allí, estaba tan feliz, maldita… —El ardor que dejó su palma cuando impactó con mi rostro solo me hizo sonreír.
Sus lentes se habían salido, su cabello estaba despeinado y su espalda estaba derecha mientras me fulminaba con la mirada.
—¿Me bofeteaste porque te llamé "zorra" o porque no lograste matar a Charlie?
—Déjennos —siseó y todos los hombres en el avión se fueron hacia el fondo… que no se encontraba muy lejos, no podía ver por qué se había molestado en ello.
—¿Me vas a contar un secreto, mami? ¿Vas a…?
—Suficiente —espetó—. No entiendes la mierda que he hecho por ti. Lo difícil que ha sido tener que dejarte con ese maldito monstruo, para protegerte del mismísimo diablo. No sabes nada.
—Envenenaste a mi padre por años. Me disparaste. Mataste a mi guardia y ahora me has separado de mi esposo y de mi hijo. Así que al diablo contigo y al diablo tu historia, perra. Sé lo suficiente para decir que, al final de esto, morirás y no sentiré nada. —Quería matarla ahora. Solo seguí ojeando la botella de vino en la mesa, deseando tener dos centímetros más de cadena, así podía estrellarla contra su cabeza.
Ella respiró profundamente, colocando una mano sobre el libro.
—¿Has leído esto?
—No, pero no te preocupes. Leeré el resumen. —Dios, me dolía el pecho… todo dolía, pero saber que mi hijo no me tenía me dejaba un ardor en mi corazón.
—Dios, eres tan igual a mí que duele. Siempre he estado orgullosa de ti. Te he visto crecer, convertirte en la luchadora que sabía que eras cuando te sostuve por primera vez en mis brazos y juré que siempre haría lo mejor para ti…
—Esto —Tironeé de las cadenas—, no es bueno para mí. Pero si no mientes, desencadéname, alcánzame una pistola y te creeré.
Frunció el ceño, bebiendo un poco de vino.
—No quieres escuchar esto, esta furia y el sarcasmo es tu forma de evitarme…
—No, soy yo aun hormonal y con mucho dolor por tu culpa. Pero, por favor, adelante y cuéntame cómo estoy equivocada, Renée. Cuéntame toda tu triste y patética historia. Yo intentaré contener mi asco. Pero, mientras hablas, voy a estar pensando en formas para matarte. —E intentar negar lo desesperada que estaba por saber su verdad.
—Siempre te ha gustado probarme. Lo que sea que Charlie te haya dicho, eran mentiras, Bells…
—¿Acaso no lo envenenaste por años? —No dijo nada, solo observó el océano oscuro a miles de metros debajo de nosotras—. Punto para papá.
—Charlie… todos los malditos Swan son monstruos. Mató a mi tío, a mi hermano, a mi puta madre.
Segundo punto para papá.
—Las mujeres como nosotras, Bella, servimos a los hombres para sobrevivir, porque somos guerreras y, hasta que conseguimos nuestro ejército, hacemos lo que se nos ordena —habló en voz baja, sus ojos idos—. Si Charlie te hubiera dicho que mataras a Edward lenta y dolorosamente, lo hubieras hecho. No me arrepiento de nada, los Swan son la razón por la cual mi padre era como era. No podía esperar a matarlo por el sufrimiento que me hizo sentir. Matar a Charlie y salir de ahí. Pero tú viniste y no quería que crezcas en esta vida. Pero Charlie simplemente no sabía cuándo morir y te obligó a meterte en esta trampa.
—Lo que dices, entonces, es que siempre me has querido muerta. —Deseaba que Charlie la hubiera matado al momento en que nací.
—¡NO! —espetó, golpeando la mesa con su mano y derramando todo el vino. El bueno de Mike estuvo allí rápidamente, limpiando todo. Ella ni siquiera se inmutó—. Siempre he intentado salvarte, Bells. Sabía que él te tomaría y te transformaría en un monstruo como él. Así como mi padre lo hizo conmigo. Pero, entonces te tuve y no quise dejarte nunca. Por años, permanecí en el infierno por ti. Para verte, hasta que un día no lo soporté más. Aproveché mi oportunidad, te agarré y planeaba llevarnos lejos, donde Charlie y Orlando no podrían encontrarnos. ¿Su nieta una Swan? Te hubiera lanzado hacia las serpientes y después hubiera enviado tu cuerpo a Charlie. Elegí el mejor de los dos males.
—Entonces, ¿me dices que Orlando no sabía que yo estaba viva todo este tiempo? Eso lo dudo. Por lo que puedo decir, él sabe todo sobre las familias. ¿Por qué ahora, querida madre?
—Te dejó ser porque acepté mi castigo y él pensó que no serías capaz de sobrevivir después que Charlie muriera. —Sonrió, deslizando una mano sobre la mesa para sostener la mía—. Pero lo hiciste. Superaste todo y le demostraste al maldito lo estúpido que fue al subestimar a mi hija.
—No eres mi madre. No soy tu hija. Suéltame y termina tu cuento de hadas. ¿Cuál fue tu castigo? —Aparté mi mano.
Sus manos se estrecharon juntas mientras se reacomodaba. Desabotonando su camisa, lentamente la abrió y por todos lados había cicatrices y docenas de pequeñas heridas circulares que parecían ser quemaduras de cigarrillo, se esparcían por todos sus pálidos hombros, estómago y sabía que llegaban a su espalda. La distancia entre las cicatrices de navaja y las quemaduras eran cortas. Por sueste para ella, ninguna parecía ser nueva. Si no estuviera encadenada a este asiento, podría haber sentido lástima… quizás.
—Cuando terminó y estuvo satisfecho, te dejó ir, sin importarle lo que hagas. Charlie estaba destruyéndose a sí mismo y a su imperio por completo. Pero, te observé, tu primer asesinato fue Atticus Flanagan, un chucho irlandés que te acechó por todo el puerto. Lo sorprendiste y terminó en el fondo del mar. ¿Tenías catorce años?
—Trece.
—Vendiste tu primer kilo a…
—Estuve allí, lo sé, Renée. ¿Por qué me jodes la vida ahora?
—Porque te revolcaste con el chucho y su sucia familia. Orlando te quiso muerta de inmediato, pero lo convencí que no podía liquidar a la cabeza de la familia italiana… imagínate el caos. Todas las guerras que habría cuando las personas intentaran reemplazarte. Él pensó que me importabas, es por eso que te disparé. Necesitaba que creyera que podía matarte si lo quisiera. A Orlando le importa el balance, mantener lo clandestino, clandestino. Pero eres mi hija, tienes que apuntar alto, tenías que controlar al presidente de los Estados Unidos. Te moviste demasiado cerca de él.
—¿Orlando está en la Casa Blanca? —Mierda.
Ella no respondió.
—Le dije que no ganarías y las guerras callejeras no fueron lo suficiente para detenerte. Me certifiqué de matar al presidente solo para asegurar a su esposa, ella hubiera obtenido el voto de lástima, pero aun así me superaste. Esta es la única forma de protegerte ahora. Vamos a poder comenzar de cero. Finalmente vamos a casa…
—¡Tengo una familia, Renée, un hijo, él me necesita! Jamás abandonaré una maldita pelea y mucho menos lo abandonaré a él.
—No estás en una pelea. Jamás pudiste subirte al ring. Orlando te tiene. Él es el único intocable en este juego. En un instante puede matar a tu hijo y quemarlo como me quemó a mí. Podría matar a Edward. Pero con esto ganamos todos. Él consigue su balance, los irlandeses de separarán, dejando a Edward menos poderoso. Edward estará devastado, pero vivirá por su hijo, ni siquiera será capaz de controlar al presidente Hale. Una vez que ese hombre obtenga poder, bloqueará a tu marido. Tu hijo vivirá y, como eres como yo, puedes verlo desde lejos y aprender a estar bien. Tu hijo estará bien, Bells. Está vivo porque lo amas lo suficiente como para mantenerte lejos.
Tiene ra…
Empujé ese pensamiento lejos de mi mente. Me incliné contra la cadena así podía verme a los ojos.
—Saldré de esto. Te mataré y protegeré a mi familia de la misma forma que siempre lo he hecho. Soy Isabella Marie Swan Cullen, no corro, destruyo todo a mi paso, lo que te incluye a ti.
Ella sonrió y levantó el libro manchado de rojo.
—Es por eso que traje las cadenas. Aprenderás y cuando lo hagas, te dejaré verlo. Fotos, vídeos, quizás algunos de sus juguetes viejos con el tiempo.
Sentí mi corazón detenerse. No quería que ella estuviera cerca de Ethan, mi Ethan. ¿Cómo podría ser capaz de conseguir videos y fotos? ¿A quién dejaría Edward estar lo suficientemente cerca de nuestro hijo como para…?
—Rose. Rose es la maldita rata. —Ella me odia lo suficiente. Me ha querido fuera…
—Inténtalo de nuevo. —Dio vuelta una página, pero no podía ver quién más podría ser. No podría ser Alice, ella estaba muy enferma, Esme… no. ¿Emmett? No, él ansiaba demasiado el amor de Edward. Ninguno de la familia nos traicionaría así. Pero, ¿quién diablos podría estar tan cerca? Jacob, Seth, Ben… la única otra persona sería…
—Lo sabes, ¿no?
—Angela. —Golpeé mi cabeza contra el asiento. Mierda.
—Para su favor, ella está dispuesta a hacer lo que sea por ti. Todo lo que tuve que hacer es decirle la verdad y ella se dio cuenta lo que tú no puedes hacer. No estás a salvo. Ella estaba comenzando a guardarse información, así que le recordé para quién trabajaba. Qué triste que su amor tuviera que morir solo porque tuvo dudas.
Esto era mi culpa. ¿Cómo pude confiar en ella? Charlie siempre me había dicho que los humanos son mentirosos por naturaleza, que los amigos eran enemigos escondidos y que jamás los dejara estar cerca.
¿Cómo se atrevía ella?
—Sientes dolor.
—No, siento furia y no puedo esperar a meterle una bala en su pequeño corazón desagradecido. —Echándome hacia atrás, sabía que no sería capaz de relajarme, pero mi cuerpo no podía soportar más ahora mismo. Todo lo que podía hacer cerrar los ojos y comenzar a planificar. Nada de lo que ella había dicho cambió mis sentimientos hacia ella… Ni bien este avión aterrizara, tendría que actuar y rápido.
