—Yura…
Al escuchar esa voz cerca el nombrado se movió un poco. Se encontraba tan cómodo que tener que despertar le parecía una locura.
—Hey, Yura… despierta.
Esta vez sintió un toque cálido sobre su hombro izquierdo, acción que lo hizo reaccionar alejándolo lentamente del mundo de Morfeo. Despegando su rostro de la almohada suavecita levantó un poco su cabeza aún con los ojos cerrados.
—Beka… —susurró sin poder abrir los ojos y nuevamente dejó caer su rostro en todo el almohadón. Se notaba muy adormilado—… cinco mi…nutos más… —pidió en un susurró ahogado por tener la boca pegada a la almohada.
Otabek ya levantado y parado a su lado suspiró alejando su mano de Yuri para después dejar sobre el velador un vaso con agua junto a unas pastillas contra el dolor de cabeza. Yuri solo pretendiendo seguir dormitando suspiró para buscar la tranquilidad del descanso, pero al escuchar nuevamente la voz de Otabek su cuerpo le dijo que ya debía despertar.
—Te dejo aquí algo para el dolor de cabeza, tómatelo… También dejé tu ropa limpia a los pies de la cama —la voz suave de Otabek hizo que las ganas de despertar y de verlo acrecieran.
Poniendo sus manos contra el colchón e impulsándose con ellas volvió a separar su rostro del almohadón dejando caer así sus desparramados cabellos hacia abajo. Soportando en silencio el dolor de su cuerpo se terminó por sentar sobre sus piernas dobladas dejando que las sabanas se resbalaran por su cuerpo hasta quedar quietas sobre la cama. Yuri hizo el máximo esfuerzo para abrir sus magníficos ojos y sonrió como un bobo cuando logró ver entre todo su cabello rebelde que le tapaba la mayoría de la vista a su amigo parado frente a él.
—Beka… buenos días —dijo preguntándose donde estaba, sin embargo no lo pensó mucho. Su lógica le decía que si se encontraba con Otabek todo estaba bien.
—Bueno días —Otabek volvió a acercar su mano derecha para echar para atrás el pelo de Yuri que tapaba su rostro. El ruso ante esa caricia quiso volver a dormir por lo relajado que se sentía—. Estás todo babeado —comentó el kazajo y gracias a esas palabras el cerebro de Yuri hizo conexión con su cuerpo alejándole por completo el sueño tal cual como si le hubiese caído una cubeta de agua fría por el cuerpo.
—¡Eh! —rápidamente se llevó las manos a su boca para encontrase con todo su mentón mojado junto a sus mejillas. Se limpió de inmediato con sus manos tan descuidadamente que terminó con más partes de su rostro mojado—… maldición —soltó para luego poner un gesto de dolor ya que en ese instante su cabeza le comenzó a dar vueltas.
—Espera, no hagas más —Otabek sacó del velador un par de pañuelitos para a continuación limpiar el rostro de Yuri con tranquilidad. El ruso permaneció con los ojos cerrados sintiendo como su corazón latía desenfrenadamente por lo que acontecía, sin embargo, a pesar de lo nervioso que estaba no hizo nada para moverse y dejó que el mayor siguiera con su labor—. Ya está por ahora. No olvides lavarte el rostro para que despiertes. En el baño te dejé un cepillo nuevo para que te laves los dientes.
—Hum… gracias —avergonzado Yuri se llevó nuevamente las manos a su rostro para ahora encontrarlo seco—… Esto, Beka, ¿Qué hora es? —preguntó mirando al contrario a la vez que recordaba donde estaba y todo lo acontecido del día anterior. Su mente se había aclarado en tan solo unos segundos.
Otabek ante la pregunta sacó su móvil de su pantalón y vio la hora.
—Son las diez de la mañana. El desayuno ya está listo, levántate y ven a comer —Otabek terminó por echarle todo el cabello sobrante para atrás para después quedarlo viendo fijamente— ¿Te sientes bien o no?
—Sí… —murmuró con un tonó perezoso.
—Bien, ven al comedor —Otabek salió de la habitación y en eso Yuri se dejó caer nuevamente sobre el colchón. Quería seguir durmiendo pero ya se sentía más despierto que inconsciente.
Después de unos cinco minutos en que tenía su mente en blanco, se sentó al borde de la cama y con su mirada algo perdida ubicó el vaso con agua junto al medicamento y sin dudarlo lo sostuvo en sus manos para tomarse la pastilla bebiéndose todo el contenido del vaso. Estaba muy sediento por lo que realmente disfrutó que el líquido frío se aventurara por su garganta. Al acabar volvió a dejar el vaso donde lo encontró y bostezó. Trasladando sus manos hasta su rostro se quedó pensativo unos segundos. Recordó el partido de basquetbol del día anterior, por lo cual había quedado destrozado físicamente. Vio en sus memorias la reunión que tuvieron después de bañarse y lo divertido que había sido. Jamás pensó que estar con tanta gente podía llegar ser algo agradable.
Recordando las palabras de Otabek al despertar se levantó de la cama expresando su dolor físico en su rostro, no obstante, no pudo decir nada ya que en ese mismo momento el pantalón de pijama que traía puesto se deslizó por sus delgadas piernas hasta llegar al suelo interrumpiendo sus quejidos y maldiciones. Avergonzado por eso miró a todos lados abochornado temiendo que alguien lo hubiese visto, aunque al darse cuenta que estaba solo en la habitación se sintió algo tonto por eso. Tratando de sacarse el sueño que le quedaba, sacó del todo sus piernas del pijama para a continuación sacarse la grande playera de Otabek y así se vistió con su ropa ya seca y limpia.
"¿Cuándo lavó, Beka?", se preguntó oliendo su ropa que tenía el perfume de detergente encima, aunque no siguió curioseando en eso ya que escuchó voces desde el comedor que llamaron su atención.
Preguntándose si debía tender o no la cama caminó hasta la puerta dándose cuenta que con suerte era capaz de mover un poco su cuerpo, por eso salió del cuarto y fue hasta el baño que estaba desocupado y se lavó las manos junto a la cara, al ver el cepillo morado sellado lo abrió recordando que era para él. Cuando llegó al comedor con las energías más presentes en su cuerpo por culpa del agua fría minutos antes, miró a los que se habían quedado anoche ya sentados alrededor de la mesa sirviéndose el desayuno que Otabek les había preparado.
—¡Yuri! ¡Buenos días! —lo saludó Mila al verlo. Ella tenía el pelo desordenado pero se veían mucho mejor que anoche, al parecer se había recuperado de la borrachera.
—Ven, siéntate con nosotros, debes tener hambre —lo invitó Emil corriendo un poco su silla a la derecha para dejarle más espacio a la de su lado.
Llevándose una mano hasta su estómago el cual rugía por el hambre, no lo pensó mucho y se sentó al lado de Emil para después de forma inmediata buscar a Otabek con la vista, el cual no estaba presente entre ellos.
—Ota está en la cocina preparando café —dijo Leo adivinando sus pensamientos. Yuri solo asintió y estiró sus brazos adoloridos para coger un blini y llevárselo a la boca sin preocuparse de rellenarlo con algo. Solo deseaba acallar a su estómago hambriento.
Masticó escuchando como la conversación entre los amigos seguía. Mila relataba feliz varias cosas de sus viajes mientras todos escuchaban felices a la vez que comían, Yuri recordando que Mila venia de una familia adinerada pensó que no tenía ningún chiste viajar o de tener cosas de forma tan fácil, a él no le gustaba tener nada regalado y prefería esforzarse por lo que anhelaba, sin embargo sus palabras las dejó atrapadas en su garganta ya que no tenía ganas de comenzar a discutir tan temprano, tenía cosas mucho más importantes que hacer que era comer. El segundo blini se lo pasó Guang, quizás dándose cuenta que a Yuri le costaba una inmensidad levantar sus brazos. Agradeciéndole en silencio lo rellenó con mermelada de fresas y lo comió más que feliz.
—Yura, ¿Quieres tomar té o no? Eso sí solo tengo en sachets —Otabek llegando al lugar se paró a su lado ofreciéndole lo mencionado. Yuri un tanto atorado y recordando que a su abuelo no le gustaba que tomará café tan temprano y casi nunca, asintió echándose un poco para atrás en la silla dándole espacio a Otabek para servirle el agua hervida en la taza—. Sí alguien quiere, sírvase —terminó Otabek reposando el hervidor al centro de la mesa.
—Ehhh, Ota, no seas malo y sírveme a mí también —se quejó Mila alzando la taza en dirección al kazajo provocando risas en sus contrarios.
—Eres una mimada, Mila, trae acá —Emil tomó el hervidor y le sirvió a Mila, la cual quedó de lo más feliz con su agüita calentita.
Yuri dejando su comida de lado tomó un sobre de té mientras que Otabek aún parado a su lado se preparaba un café bien cargado, quiso preguntarle el porqué aún no se sentaba con ellos, pero al darse cuenta que no lograba abrir el sachet de té pues el material del cual estaba hecho era algo resistente, bufó molesto.
—¿Cómo se abre esta mierda? —preguntó frustrado a punto de tirar la bolsita con su preciado té.
—Igual que un condón —dijo de lo más natural Emil provocando que Mila escupiera por la mesa el café que se había preparado para después soltar una gran carcajada que resonó por toda la casa.
Leo junto a Guang solo sonrieron algo divertidos y Yuri se sonrojó de inmediato por la vergüenza. Otabek en ese instante solo mostrando una expresión cansina le abrió el té a Yuri y luego miró a Emil con una seria mirada levantándose para ayudar a Mila a limpiar lo ensuciado.
—Ahh, lo siento, lo siento, creo que aún tengo alcohol en mi sistema —carcajeó el culpable de todo aunque no se veía para nada preocupado.
—Aunque no es mentira, es igual —secundó Mila limpiando con una servilleta la mesa a la vez que se secaba lagrimitas de los ojos por haberse reído tanto.
Yuri avergonzado como enfurecido solo se quedó mirando su té a la vez que comía más tratando de ignorar, después de todo ya estaba comenzando a conocer a ese par de idiotas que siempre decían algo fuera de lugar.
Después de que la mesa volviera a estar limpia siguieron el desayuno entre risas y conversación. Otabek terminó por sentarse al lado de Yuri disfrutando de su café cargado mientras cerraba los ojos.
—Ota, ¿qué pasó? Tienes unas ojeras terribles —señaló Mila centrando toda la atención en el kazajo que seguía bebiendo su café. Yuri aún con sueño parpadeó mientras masticaba y movió sus ojos para ver el rostro de su amigo.
Se veía cansado.
—Es verdad, parece como si no hubieses dormido nada —comentó Leo.
Otabek en silencio con su ya acostumbrada expresión de nada, miró a Mila rápidamente y después sus ojos recayeron sobre Yuri por más tiempo. El ruso al tener esa vista tan pesada encima sintió que Otabek lo acusaba de algo, pero no comprendió que era, por lo que tragó lo que tenía en la boca de forma forzada.
—No es nada, solo es cansancio por el partido —respondió finalmente volviendo a cerrar los ojos. Yuri al verse libre de ellos soltó el aire que inconscientemente había tenido aprisionado en sus pulmones—. Traeré más blini… —se levantó sin soltar su taza y se encaminó hasta la cocina.
Yuri lo siguió con los ojos y quiso levantarse para ver que le sucedía, sabía que estaba actuando extraño y él quería saber a qué se debía.
—¿Y tú dormiste bien, Yuri? —preguntó repentinamente Leo atrayendo su atención. Yuri haciéndose una nota mental para después preguntarle a su amigo por qué se veía tan cansado, asintió a Leo volviendo a morder su panqueque.
—Eh. Sí. Me dormí de inmediato, estaba cansado —tragando agregó—Dormí como un oso —y volvió a morder su comida. La encontraba deliciosa.
—Querrás decir con un oso —dijo Mila murmurando.
—¿Qué?
—Nada, nada —respondió ella quitándole importancia para después volver a beber su café.
Yuri todavía sintiendo la cabeza pesada y no teniendo ánimos para discutir con nadie solo dejó pasara aquello y volvió a comer pensando que debía hablar con Otabek, su amigo se veía muy extraño y eso no le gustaba para nada.
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—Bueno, ¡nos vemos! —Mila junto a Leo, Emil y Guang se marcharon del departamento del kazajo después de desayunar. Otabek los fue a despedir en la puerta mientras Yuri llamaba a su abuelo para decirle que estaba todo perfecto, que lo había pasado bien con sus compañeros y que volvería luego a casa.
Al cortar la llamada Yuri dejó su móvil en la mesa pequeña del living y luego caminó hasta la cocina donde Otabek se encontraba limpiando la loza sucia. Observó la espalda del kazajo en silencio y se preguntó nuevamente que le sucedía. No se veía precisamente enojado o molesto, solo medio ido de todo; como si anduviera mentalmente muy lejos del suelo.
—Beka —lo llamó apoyándose en el marco de la puerta dejando las manos descansar en sus bolsillos.
Otabek sin detener su labor de lavar los trastes lo miró sobre su hombro. Su espalda se veía tan ancha, tan confiable.
—¿Qué pasa, Yura? ¿Quieres que te vaya a dejar a casa? —preguntó el mayor haciendo sonar su voz junto al agua que corría y el choque de los platos.
—No… bueno no ahora —Yuri sin encontrar palabras pues no sabía cómo comenzar se llevó una mano hasta su mejilla para rascársela aunque no le picaba—. Los demás dejaron un desastre aquí… ¿Quieres que te ayude a ordenar?
—Hum, no es necesario, pero sí quieres hacerlo te lo agradecería —contestó su amigo volviendo a centrase en su labor. Yuri afirmando mentalmente que Otabek estaba muy extraño decidió dejar pasar un poco de tiempo por ahora dándole su espacio, ya después de limpiar y ordenar lo encararía para que hablara.
—Bien, entonces iré a botar la basura que dejaron —Yuri se separó del marco irguiéndose por completo para ir donde estaban las botellas vacías junto a las demás cosas.
—Separa el vidrio de lo demás —le pidió Otabek desde la cocina y Yuri por lo bajo murmuró un: "sí, papá" pensando que Otabek se preocupaba demasiado por todo.
Pasaron una hora ordenando el desastre de las visitas acompañados por la música que había puesto Yuri y por pequeñas conversaciones para nada incomoda entre ellos. Después de terminar ambos miraron orgullosos su labor y suspiraron cansinamente. Yuri no era bueno haciendo las labores de la casa, de hecho detestaba hacerlas, sin embargo ahora se sentía realizado al haber ayudado a su amigo aligerándole un poco el trabajo.
—Gracias, Yura —dijo Otabek moviendo su cuello a la vez que bostezaba, el nombrado lo observó curioso percibiendo que ya era momento de hablar—. ¿Quieres que te vaya a dejar a casa?
—Sí, por favor —respondió Yuri teniendo en mente que le había prometido a su abuelo pasar el resto del día con él—… Huh… Beka —lo llamó en el instante que tomaba su mochila que estaba tirada en el sofá más grande. Otabek dirigió sus ojos otoñales hacia su persona dándole una señal silenciosa para que prosiguiera—. ¿Te encuentras bien? ¿Pasa algo?... De alguna forma te siento un poco extraño —finalizó no entendiendo por qué su corazón había comenzado a latir de forma trémula.
—¿Extraño? —inquirió su amigo alzando una ceja.
El ruso asintió de forma inmediata.
—No te preocupes, Yura, es solo cansancio.
"¿Cansancio?", repitió en su mente mostrándose más inquieto como culpable. Ellos habían dormido juntos en la noche compartiendo la misma cama… quizás era por su culpa que su amigo no descansó como debía. Preocupado por eso decidió proseguir.
—¿No pudiste dormir anoche? Fue por mi culpa, ¿verdad?... quizás me moví mucho… hum, no sé si te dije que soy muy inquieto en la cama… —trató de recordar si se había movido mucho al dormir o no, pero no le llegó nada a la mente pues no recordaba nada; había dormido tan bien que lo único que tenía claro era que no había despertado en toda la noche hasta que Otabek lo despertó por la mañana.
—Sí, fue tu culpa —afirmó Otabek seriamente, sorprendiendo a Yuri el cual puso una expresión de confusión—. ¿Sabías que hablas mientras duermes? —preguntó sin apartar sus ojos.
—¡¿Qué?! —gritó sin creérselo. En ese segundo su corazón se agitó con demasía temiendo haber soltado algo indebido—… ¿Q-Qué di-dije? —quiso saber sintiendo que pronto entraría en un ataque cardiaco.
"¿Qué mierda dije?… ¿Qué mierda dije?"
—Hum —Otabek pareció pensar en sus palabras, acto que hizo sudar frío a Yuri. Temía demasiado de lo que pudo haber dicho anoche—. Que era tu primera vez en quedarte en otra casa, o que la junta de anoche era la primera a la cual asistías —respondió su amigo sin perderse ninguna expresión del ruso.
Yuri comenzando a sentirse avergonzado por lo que le contaba Otabek, se sonrojó levemente preguntándose por qué siempre tenía que abrir demás la boca cuando estaba cansado, o bueno, en este caso algo borracho, ya que por culpa de Mila había tomado alcohol… pero ese no era el punto; el punto era que había dicho cosas vergonzosas no siendo dueño de sus palabras y estaba muriendo de vergüenza por eso. ¿Qué pensaba Otabek de él ahora? ¿Qué era más malditamente asocial de lo que ya se había mostrado? ¿Qué era patético al no haber tenido salidas o juntas antes? No sabía que decir, estaba avergonzado.
—Hm… bueno… —Yuri apretó sus labios desviando sus ojos al suelo—. Lo siento por eso… no pudiste dormir por mi culpa.
—No te preocupes, gracias a eso pude saber más de ti… parecías muy sincero —Otabek se le acercó lo suficiente para sentir que invadía su espacio personal, para sentirse más pequeño, sin embargo aunque odiara que se le acercarán tanto no se alejó ningún centímetro. Otabek no le molestaba en lo más mínimo.
—¿Di-Dije algo más? —inquirió tomando valor para verlo a los ojos. Cuando levantó la mirada sintió su estómago achicarse y sus mejillas explotar al ver el rostro de Otabek tan cercano al de él—… ¿Be-Beka?
—Dijiste que estabas cómodo al estar conmigo.
—¿Cómodo? —repitió con duda percibiendo como Otabek a cada segundo se acercaba más a él. Su corazón latía tan rápido que ya creía que su latir resonaba en toda la estancia. La cercanía con él era tanta que ya su cerebro no se paraba a pensar sus palabras—. Bu-Bueno… —tartamudeó más que nervioso—… Debí decirlo ya que… hum, pues so-somos amigos… eres mi amigo, Beka, así que por eso me siento cómodo contigo… —murmuró mordiéndose los labios al final.
Otabek ante esas palabras se detuvo y lo quedó viendo de forma seria por largos segundos. Yuri sintió que había dicho algo equivocado; pero no estaba mintiendo, él se sentía así de cómodo y seguro ya que Otabek era su amigo, aun así notó un pinchazo en su pecho cuando volvió a pensar en esa palabra que antes para él sonaba tan dulce… y que ahora, de alguna forma sonaba tan dolorosa.
Al apreciar tan serio —más de lo común— al kazajo, Yuri le iba a preguntar qué le sucedía, ¿Por qué estaba actuando tan extraño? Sin embargo al sentir la mano de Otabek sobre su cabeza revolviéndole el cabello sus palabras se desintegraron.
—Por supuesto, lo somos —Otabek se irguió separándose un poco a la vez que soltaba un suspiro para después darse la vuelta y caminar hasta la salida—. Eres un idiota, Otabek —balbuceó el moreno de forma tan baja impidiendo que palabras claras llegaran a los oídos del ruso.
—¿Eh? —Yuri recuperándose de la situación se ganó al lado de Otabek, muy curioso— ¿Dijiste algo?
—No. Ahora vamos a tu casa que tu abuelo debe estar esperándote. ¿Llevas todo o no?
—sí.
—Bien. Vamos.
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Cuando el día lunes llegó, Yuri se levantó como un zombi. Estaba agotado y muy frustrado por tener que ir nuevamente a clases que pensó en alguna excusa para no asistir, sin embargo al ver a su abuelo ya levantado preparándole como siempre el desayuno, suspiró rendido. Jamás podía con el mayor, él sabía cada vez que lanzaba una mentira especialmente si se trababa de una invención para no ir a clases.
La mañana en su salón fue tranquilo, demasiado para él que luchó a cada segundo para no quedarse dormido ante las lentas clases de idiomas. A la hora del almuerzo se levantó de su puesto junto a su comida para irse con Katsuki a algún lugar más tranquilo para merendar. La relación de amistad entre ellos había vuelto a ser normal y estable, Yuri lo regañaba siempre y Katsuki se disculpaba y reía como todos los días… eso para ellos era muy normal, no existía otra forma entre ellos para interactuar.
—¿Ya has leído el libro que dijo el profesor Giacometti? —quiso saber Yuuri al acabar su conversación sobre el ultimo videojuego salido al mercado.
—Más o menos, voy por la mitad… todo es sobre guerras y conflictos absurdos que me aburro un poco —confesó Yuri con las cejas levemente fruncidas. A él a pesar de que le iba bien en historia no lograba emocionarse como los otros alumnos por la historia de su país. Él prefería leer sobre las culturas antiguas del mundo, aprender cómo se había formado todo y no sobre las guerras mundiales donde su país había obtenido un papel importante para la historia de la humanidad.
—Hm, tienes razón, a mí tampoco me gustan mucho esos temas —apoyó Katsuki tomando entre sus palillos una alga que a Yuri no le agradó para nada por su color tan oscuro.
Ambos se quedaron enmudecidos al no saber cómo proseguir. Yuri ya sentía que se habían contado todo lo interesante y se sintió un poco ahogado por eso. No le gustaba admitirlo, pero le molestaba no poder conversar de forma más aligerada con Yuuri, ya que después de todo igualmente se había vuelto parte importante de su vida, pues lo sacaba del aburriendo en los recesos de la escuela.
—Esto… —Yuri indeciso pero teniendo presente de que no quería que se formara un silencio incomodo, pues veía que su compañero no iba a sacar tema de conversación por su estúpida timidez, dijo algo que ya llevaba añorando decirle—. Me gusta Yuko —confesó deteniendo todos sus movimientos.
Yuuri lo quedó viendo mostrando una gran sorpresa en sus ojos. Al tener aquella mirada sobre él, Yuri tragó en seco, ¿acaso Katsuki iba a enojarse? ¿Era de esos familiares sobreprotectores?
—Eh… ¿Yuko? —balbuceó Katsuki dejando los palillos sobre su fuente ya a la mitad.
—Sí.
—¿Mi prima?
Yuri sintiéndose avergonzado por la conversación frunció sus cejas. "Este chico es demasiado lento y torpe y…"
—No, la mía —ironizó el ruso ante la pregunta idiota. Yuuri se mostró incomprendido—. Joder, Katsudon, claro que la tuya. ¿Cuántas Yukos conoces? ¿Eh?
—Eh, bueno… solo a Yuko… —susurró el asiático sonrojado por su pregunta.
Tras el silencio nuevo Yuri suspiró no teniendo la intención de agrandarlo más.
—T-Te lo digo ya que creo que es necesario que lo sepas… después de todo eres su familiar —prosiguió Yuri con sus mofletes levemente rojizos por la vergüenza. Le era difícil admitir todo o hablar sobre cosas románticas, pero como había dicho, era necesario que Katsuki supiera todo ya que él era la persona más directa entre los dos.
—¿Hace cuánto que te… gusta? —habló Yuuri al parecer tomando valor.
—Bueno… creo que desde que la conocí —confesó Plisetsky más avergonzado. Estaba incomodo, sentía que sus pensamientos y sentimientos debían quedarse solamente en su cabeza, pero a veces eso no era posible.
Su compañero pareció pensativo; quizás algo incómodo y eso no le gustó.
—Esto… ¿Te molesta? —inquirió un tanto tenso.
Yuuri abrió sus ojos extrañado y negó de inmediato con la cabeza.
—No es eso, es solo que me lo dijiste de forma muy repentina… —Yuuri suspiró formando una tierna sonrisa—. Ahora entiendo porque Yuko ha estado tan sonriente estos días. Están hablando, ¿verdad?
Al enterarse de aquello Yuri suprimió una sonrisa para poder responder. Su corazón se había calmado al escuchar y ver a su compañero tan calmado y al saber que Yuko estaba tan ansiosa como él.
—Sí. Hemos estado hablando mucho últimamente, y ayer quedamos en salir muy luego, quizás el fin de semana…—reveló Yuri más sonrojado que antes. Ya quería acabar de hablar de aquello por la vergüenza que estaba sintiendo.
—Entonces me alegro mucho —Yuuri le sonrió más—. Sí Yuko y tú están felices entonces me parece muy bien que salgan.
—Espera… no hablo de salir como pareja… aún somos amigos, esta junta es para conocernos mejor —soltó de forma inmediata el ruso ya notando que moriría de vergüenza.
—Ya veo, espero lo pasen bien —dijo Yuuri viéndose muy encantado por todo lo que hablaban—. Les deseo lo mejor.
—Hum… —moviendo la cabeza de una forma afirmativa Yuri agradeció ya sintiéndose más tranquilo sobre la junta con Yuko. Ya ansiaba más que aquel día llegara.
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Al finalizar su jornada escolar Yuri de inmediato se fue con Otabek para ir al club. El ruso ya no encontró extraño a su amigo como el día anterior y eso lo relajaba bastante, pues no sabía qué hacer si Otabek seguía ido. En el club siguieron su rutina de calentamiento para después pasar a las vendas con los guantes y practicar nuevamente los movimientos ya aprendidos. Yuri ya se los sabía de memoria y se frustraba un poco cuando Otabek le decía que repitiera los movimientos, pero no se quejaba en ningún instante pues presentía que su amigo le aumentaría la práctica. Otabek se tomaba muy enserio su trabajo.
—Ahora ven, pasaras a usar la pera —dijo Otabek cuando Yuri ya mostraba algo de molestia en el rostro por lo cansado que estaba.
—¿La pera? —preguntó arqueando sus cejas. Sus ojos llegaron a brillar cuando Otabek le mostró la bolsa negra de velocidad colgada de un gancho giratorio a una altura ligeramente sobre su cabeza.
—Con esto practicaras la velocidad de tus manos, tu reacción y tu resistencia muscular. Al golpearla debes tener un ritmo constante mientras lanzas golpes rápidos —Otabek con una señal de su mano lo invitó a acercarse. Yuri obedeció parándose frente al objeto sobre él—. Déjame ver cuánto eres capaz de durar, Yura.
—Sí… —soltó dejándose ver confiado.
Quedó mirando el objeto y elevó los brazos hasta tocarlo con los guantes. Dio un leve golpe enterándose de que la pera era muy ligera y no había que hacer casi nada de fuerza para moverla.
—Mueve los brazos en círculos pequeños mientras golpeas —Otabek se ganó detrás de él para después colocar sus manos sobre las muñecas de Yuri y así comenzar el ejercicio de forma lenta. Yuri miró fijamente la pera mientras trataba de ignorar como su corazón se alteraba y sus mejillas se colocaban rojizas al tener a Otabek tan apegado a él, era como si lo estuviera abrazando, pero sabía que esa no era la intención de su amigo, él solo quería mostrarle como se hacía todo. Debía concentrarse ya o comenzaría a hacer estupideces por lo nervioso que comenzaba a sentirse—. Alterna cada golpe con ambas manos. Empieza lentamente para acostumbrarte —prosiguió hablándole en el oído, moviendo la derecha de Yuri con la de él contra el objeto, el cual se movió de inmediato por el golpe—. Ahora la izquierda —esa voz tan grave hacia que se pararan todos sus escasos vellos del cuerpo—. Hace movimientos circulares al cambiar de brazo —golpearon la bolsa con la mano nombrada y luego siguieron con la otra aumentando de apoco el ritmo—. Así, Yura, sigue así.
Otabek a los segundos se separó lentamente de él dándole espacio y Yuri continuó sus movimientos mientras ignoraba su rápido latir. Habían estado muy cerca que casi sintió que explotaría.
—Ahora sube el ritmo. Concéntrate solo en golpearla —ordenó Otabek ganándose a su lado con los brazos cruzados sin sacarle la mirada de encima—. Coordina tu respiración.
—Bien.
Concentrándose en su labor y en su respiración, Yuri prosiguió haciendo mejor el ejercicio mientras trataba de olvidarse de las sensaciones que Otabek le trasmitía con solo su cercanía. Después de un minuto Yuri tuvo que bajar sus brazos ya que sentía que estos le pesaban como una tonelada. Con el sudor en se frente y el cansancio en su cuerpo miró a Otabek a su lado y sonrió al ver que su amigo movía su cabeza de forma aprobatoria. Había hecho bien el entrenamiento y por eso se sentía muy feliz.
—Ahora descansemos. Has tenido suficiente por hoy.
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Los siguientes días fueron lo mismo. Clases tan aburridas que hacia guerra consigo mismo para no dormirse. Almuerzos tranquilos con Yuuri y entrenamientos cansadores pero gratificantes para su persona.
Cuando el día jueves llegó Yuri después de clases se fue como siempre al club junto a Otabek, al ingresar al lugar se encontraron con Leo el cual los saludó de forma animada para después irse a otro sector del club a entrenar. Yuri encontró extraño que Leo no se quedará unos minutos con ellos para platicar como acostumbraba en hacerlo, por eso le preguntó al kazajo si pasaba algo con Leo que actuaba un poco distante, pero no sacó mucha información ya que Otabek tampoco sabía nada.
—Quizás se deba a sus estudios —pensó Otabek en voz alta—. No lo sé, pero le preguntaré después —anunció mirando a Yuri mientras le revolvía el cabello—. Ahora ve a cambiarte, soldado, que comenzaremos.
—Bien —respondió como un niño ante la caricia tan relajante de su amigo. Sintiéndose más aliviado de que Otabek le dijera que después vería que le pasaba a Leo se fue a cambiar mientras el kazajo ordenaba el lugar de entrenamiento.
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Después de acabar un entrenamiento más ligero donde Yuri no quedó tan agotado se sentaron en su rincón para reposar y enfriar sus cuerpos antes de moverse para irse. Otabek sentado a su lado le tendió una botella de agua en la cual habían estado tomando los dos, junto a una toalla limpia para secar el sudor de su rostro.
—¿Crees que lo estoy haciendo bien? —preguntó después de beber agua sin atragantarse como veces anteriores.
—Perfecto, mejoras cada día. Eres el mejor alumno que tengo —confesó Otabek con una sonrisa que solamente le mostraba a Yuri.
—Oye, soy el único alumno que tienes… —le recordó Yuri con una sonrisa más grande. Conversar con Otabek siempre era agradable.
—Por eso, y aunque tuviera más estoy seguro que seguirías siendo el mejor… aunque debes ser más cuidadoso, en esta semana ya llevas varia caídas y golpes en la cabeza con la pera —soltó Otabek mostrándose tan tranquilo que sus palabras parecían ajenas a su boca.
—¡Ehh! No me recuerdes eso… —avergonzado hasta el cabello Yuri desvió la mirada—. Sé que soy torpe… pero estoy trabajando en ello —se quedó pensativo recordando todas los golpes que se dio solo durante la semana—. Aunque no es mi culpa ser así, es más bien la tuya ya que normalmente no ando golpeándome con todas las cosas… —murmuró inflando sus mejillas.
—¿Mi culpa? ¿Cómo puede ser eso posible? Yo no te muevo las cosas para que te tropieces con ellas —Otabek le habló divertido. Yuri muy cohibido tomó un mechón de su cabello de su frente que ahora estaba suelto y lo tiró un poco para después dejarlo libre.
—Ya lo sé… —gruñó no muy convencido de soltar lo que tenía en mente.
—¿Entonces?
—Bueno… —tragó en seco y se decidió soltarlo, después de todo era verdad—. Es porque me pones nervioso… solo estando contigo me pongo como idiota… Es tu culpa —confesó con la voz empequeñecida mirando a otro lugar que no fuera Otabek. Sus manos habían comenzado a temblar y su corazón se alzó tremuloso en su interior.
—Yura… —escuchó a Otabek a su lado al parecer sorprendido y por eso quiso levantarse e irse de ahí, sin embargo no logró hacer nada ya que Leo se presentó frente a ellos con su expresión amable, interrumpiendo el extraño ambiente que se había formado después de sus palabras.
—Hey, chicos, ¿ya acabaron? —preguntó hincándose frente a los dos.
Yuri por dentro agradeció la presencia tan repentina de Leo pues después de lo soltado no sabía cómo enfrentar a Otabek. ¿Sus palabras habían sido muy raras? No lo sabía pero presentía que sí.
—Sí. Ahora iremos a cambiarnos para luego irnos —habló Otabek ya sonando normal. Yuri se obligó a serenarse para que sus mejillas junto al temblor de su cuerpo se fueran—. ¿Has estado bien, Leo? —preguntó de forma imprevista Otabek llamando la atención de los dos presentes.
—¿Hm? ¿Por qué la pregunta? —Leo lo vio extrañado y Yuri se preguntó como el kazajo era tan capaz de decir las cosas sin darse rodeos y sin inmutarse.
—Pensamos con Yura que estas algo extraño —prosiguió Otabek de forma tranquila. Yuri asustado de estar tocando algún tema importante de Leo miró a este último de forma disimulada.
Leo al ver a sus dos amigos serios suspiró y luego terminó sentándose por completo en el suelo mientras sonreía.
—Vaya, los dos se dieron cuenta —dijo trasladando una mano tras su cabeza sin borrar su sonrisa—. No se preocupen chicos, es solo por la universidad. He tenido unos días pesados y muchas pruebas, pero ya pasaran.
—¿No deberías estar estudiando en vez de estar aquí? —preguntó Yuri siendo su turno para soltar todo sin rodeos.
—Pero sí estoy estudiando —Leo sacó de su bolsillo su celular junto a unos audífonos—. Tengo la materia grabada y me la aprendo mejor entrenando —Yuri junto a Otabek lo vieron extrañados, por eso Leo soltó una risa pequeña—. Lo sé… soy algo raro, pero deberían intentarlo, resulta muy bien.
Manteniendo ese consejo en mente para ver si a futuro le resultaba, continuaron conversando sobre los estudios de Leo y algunas que otras cosas de menor importancia. Cuando habían pasado unos diez minutos Otabek se levantó diciendo que iría a ordenar el lugar que usaron y por eso Yuri con Leo se quedaron solos en la parte manteniendo un pequeño silencio. El ruso al sentir la mirada del mayor apretó los labios presintiendo que Leo quería transmitirle algo, pues lo veía constantemente y se movía inquieto. Cuando ya comenzaba a desesperarse por su indecisión quiso hablar él, pero Leo se le ocurrió hablar justo en ese momento.
—¿Y cómo van las cosas con Ota? —preguntó cerrando sus ojos mientras sonreía. Yuri de inmediato se colocó nervioso.
—Bien… —contestó sintiéndose algo pequeño ya que Leo sabía más de lo que le gustaría—. Normal.
—Ya veo —Leo posó una mano en su mentón. Yuri volvió a pensar que leo comenzaba a actuar extraño—. ¿Y sobre… Hum, la chica que me dijiste la otra vez?
Sus mejillas de inmediato se tornaron escarlatas y se levantó de forma rápida apoyándose por la pared. Leo lo siguió parándose frente a él sin borrar su expresión. Quiso gritarle y decirle que no se metiera en sus asuntos, pues hablar de eso y todo lo demás le resultaba muy vergonzoso, pero se contuvo y decidió hablar ya que después de todo Leo le agradaba más que otro en el club, aunque claramente venia después de Otabek.
—Hablamos más… hum, este sábado quedamos en juntarnos —dijo mucho más de lo planeado, no sabía por qué le soltaba todo a Leo sin pararse en nada; quizás inconscientemente deseaba que le diera algún consejo.
Escuchó y vio a la distancia como Emil se le acercaba a Otabek para hablar mientras el kazajo seguía guardando las cosas. Pensó en ese segundo en Otabek y en todo lo que provocaba en su cuerpo, no obstante de forma inmediata bloqueó su sentir centrándose en Yuko. Ya no debía pensar más en Otabek. Él había decidido borrar por completo las tontas confusiones con su amigo. Era lo mejor. Lo correcto.
—¿Por qué? —inquirió Yuri moviendo su cabeza para alejar sus pensamientos.
Su compañero solo negó con la cabeza sonriendo como siempre, sin embargo Yuri notó que era una sonrisa algo forzada, pero no le hizo mucho caso ya que Otabek llegó nuevamente junto a ellos tomando agua de una botella.
—Entonces suerte —Leo en ese instante dejó de sonreír y siguió con sus ojos a Mila, quien pasaba somnolienta a unos metros—. Eh... Los dejo, tengo que encargarme de algo... ¡Mila!
Yuri vio como la nombrada giraba su cabeza mostrando una expresión de duda para luego plantarse y esperar a Leo con una sonrisa.
—Te llevaré a casa, Yura, ve a cambiarte —dijo Otabek a su lado cerrando la botella con agua, provocando que los ojos del menor dejaran de ver a sus compañeros.
Ante esa orden asintió de inmediato pensando que Leo seguía teniendo una actitud muy extraña.
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Después de despedirse de Otabek en la puerta de casa Yuri ingresó a la sala buscando a su abuelo pero no lo encontró. Tomando entre brazos a Potya subió las escaleras llamando a su familiar en voz alta, pensó que quizás había salido a comprar pero la idea se esfumó cuando lo escuchó en desde su habitación y fue hasta ahí a paso relajado.
—Abuelo, pensé que habías salido a comprar o algo —saludó Yuri entrando a la habitación de su abuelo.
Nikolai se encontraba ordenando ropa limpia sobre la cama. Yuri reconoció varias de sus prendas que en la mañana lucían sucias en el cesto de ropa.
—Oh, no. Yo ya fui a comprar —dijo el mayor sonriéndole como saludo.
Entró por completo en la acogedora habitación y terminó sentándose en la cama que estaba perfectamente tendida posando a Potya en su regazo. Miró el lugar como muchas veces lo había hecho antes y sonrió. Había fotografías de ellos dos junto a Potya y también retratos de su difunta abuela en las paredes dándole más vida al entorno. Mientras acariciaba a Potya vio mejor la imagen de su abuela, mujer que no alcanzó a conocer ya que había muerto antes de que él naciera dejando abandonado a su abuelo hasta que él llegó a acompañarlo. Vio sus ojos esmeraldas como los suyos y ese cabello tan rubio en su juventud que parecía ser de él. La mirada de su abuela, a quien quería a pesar de no conocerla, era suave y fuerte, igual que los ojos de su abuelo cuando lo veían a él. Era como ver el amor expresado a través de una mirada.
—¿En que piensas, Yuratchka? —inquirió su abuelo doblando una palayera de Yuri de color negro.
—La abuela era una mujer muy linda —habló sin despegar sus hermosos ojos del retrato—. Debiste quererla mucho, ¿No es así?
Nikolai al oírlo siguió su mirada para terminar posando sus ojos cansados en la imagen de su mujer en la juventud. Dibujó una sonrisa en su rostro para luego sentarse al otro lado de la cama sin soltar la prenda de ropa. Yuri vio de reojo a su abuelo y se preguntó si estuvo bien decir eso o no, él aun podía ver en la expresión de su familiar que extrañaba mucho a la abuela.
—Ni te imaginas cuanto, pequeño Pirozhki. Tu abuela Lenusy fue el amor de mi vida. La única mujer en mi corazón —contó Nikolai con un tono de añoranza. Yuri encantado de escucharlo abrazó más a Potya y volvió a poner sus ojos en su abuela Lenusy—. Ella era fuerte. Una chica guiada por sus ideales que nadie podía controlar. Tenía un carácter muy fuerte y era difícil de llevar… Oh, si hubieras visto como discutía con todos cuando algo no le parecía bien. Me hizo pasar muchos momentos de tensión.
Yuri sonrió al imaginarse aquello.
—¿Entonces por qué te casaste con ella si era tan difícil? —quiso saber volviendo a ver al mayor.
Nikolai teniendo una sonrisa en sus labios mientras seguía doblando la ropa, volvió a hablar encantado.
—Porque no pude evitarlo. Me enamoré de ella cuando la conocí y desde ese momento jamás me pude liberar de ese sentir —su abuelo acarició la suave ropa, estaba perdido en sus recuerdos—. Cuando te enamoras, Yuratchka, no puedes evitar lo que sientes. Aunque lo quieras evitar o borrar, esos sentimientos fuertes y puros insistirán e insistirán a ser liberados en todo momento. Y lo mejor de todo es decirlos, darles vida a través de las palabras ya que si nunca los dices podrías arrepentirte toda la vida.
Yuri sonrojado por las tan profundas palabras de su abuelo, pensó que de alguna forma todo lo que le decía era para él. Pensó en Otabek y en todo lo que el kazajo le hacía sentir de forma inconsciente; recordó todos los momentos juntos y como siempre se sentía seguro a su lado. Era un sentimiento cálido, protector, tan mágico que su corazón siempre terminaba tan agitado que temía que se le escapara. Solo con él le pasaba eso, solo con Otabek derrumbaba sus murallas de acero para dejarlo pasar y que descubriera todos sus secretos…. Ya que solo con él se sentía realmente vivo.
—¿Eh? —al darse cuenta de sus pensamientos se llevó ambas manos a su rostro sonrojado y se levantó sin comprender. ¿Por qué había pensado en Otabek? Él ya no quería que eso sucediera, ya había decidido borrar lo que fuera que sintiera por él y solo concentrarse en su amistad, pues eso era lo correcto. Entre ellos no había nada más que amistad.
—¿Sucede algo, Yuratchka? —preguntó su abuelo al verlo tan extraño de forma repentina.
Avergonzado y no queriendo decir nada negó rápidamente con la cabeza volviendo a tomar a Potya que había caído al suelo por haberse levantado tan precipitadamente.
—Re-Recordé que tengo tarea… así que —Yuri creando palabras nerviosas vio a su abuelo tratando de que no se fijara en lo cohibido que estaba, pero al notar al mayor algo pálido de forma mágica los nervios desparecieron para transformase en preocupación—. ¿Te encuentras bien, abuelito? Estas algo pálido…
—Oh —Nikolai se tocó una mejilla sin mostrarse muy sorprendido—. Debe ser el resfriado, creo que me resfriaré un poco.
—Hum, debes cuidarte… —Yuri se quedó pensativo unos segundos hasta que una idea llegó a su mente—. ¡Ya sé! Iré a prepararte un caldito para que lo tomes.
Yuri se movió hasta la puerta pero las palabras de su abuelo lo detuvieron.
—¿Y tú tarea?
—Ehhh… —había a olvidado aquella mentira piadosa—. La haré después… —murmuró para luego salir a preparar lo prometido.
—Muchas gracias, Yuratchka, pero no olvides tu tarea —le habló su abuelo a la distancia y Yuri asintió a pesar de que no tenía nada de deberes que hacer.
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Al acabar las primeras clases del día viernes, Yuri aprovechó unos minutos libres para sacar el libro de historia e ir a la biblioteca a devolverlo ya que su plazo para leerlo había acabado. No había terminado de leer todo el libro pero no se preocupaba ya que después buscaría un resumen por internet o le preguntaría a Yuuri lo que no alcanzó a leer. Caminando por los pasillos algo alborotados por alumnos que salían de los salones para charlar o para estirar las piernas, observó como todos interactuaban entre sí y por primera vez no se sintió ajeno a eso. Yuri ya sabía que era estar en un grupo de persona compartiendo sin problemas por lo que ahora no le molestaba tanto la interacción de los demás. Al llegar a la biblioteca vio que estaba casi vacía y solo la mujer que se encargaba de los libros estaba en el lugar. De forma rápida entregó el ejemplar para luego salir de allí creyendo que llegaría tarde a su salón para la siguiente lección.
Pasando por unos pasillos ya menos alborotados Yuri escuchó el sonido de algo caerse en uno de los salones de que a esa hora debían estar vacíos pues solo se usaban para los clubes de la tarde. Curioso por eso se olvidó de su apuro en llegar a clases y sin pensarlo abrió la puerta de la sala donde había venido el ruido, sin embargo se quedó completamente helado cuando sus ojos apreciaron a Yuuri envuelto por los fuertes brazos de su profesor de física: Viktor Nikiforov. Sus rostros estaban a escasos centímetros de tocarse y sus cuerpos estaban tan juntos que parecían uno.
Soltó una expresión de terror al verlos y cuando Yuuri giró su cabeza para mirarlo con sus mofletes acalorados, Yuri como abrió la puerta la cerró fuertemente para después, en un estado de completo impacto, volver a caminar para dirigirse a la sala.
¿Qué mierda había visto? ¿A Yuuri siendo abrazado por el maestro Nikiforov? ¿Cómo era eso posible?
Sintiendo el corazón agitado por el shock vivido, siguió caminando por los pasillos que ahora le parecían muy largos para su gusto. No quería convencerse de que Katsuki estaba ahí con el profesor idiota que más odiaba. No quería ni recordarlo.
—¡Yuri! —la voz de Katsuki tras él le provocó un sudor frío y por eso aumentó el paso. Se conocía perfectamente y sabía que si detenía para enfrentarlo iba a decir algo hiriente. No quería repetir lo sucedido con Leo—. Yuri, por favor, espera... Yuri —el tono afligido de su contrario provocó que detuviera sus rápidos pasos y se quedará apenas respirando en su posición.
Cuando Katsuki llegó a su lado con la respiración agitada y sus mejillas sonrosadas acompañadas con una expresión de miedo, Yuri se volteó percibiendo el corazón en los oídos. No podía creer lo que vio hace menos de un minuto. Sentía que no podía ver a los ojos a su compañero. Seguía impactado.
—Yuri… —habló de forma muy tímida el japonés mirando para todos lados. Se veía que quería decirle mucho pero no era capaz de hacerlo; por eso Yuri se adelantó atropellando sus palabras.
—¿Qué mierda acabo de ver ahí, Katsudon? —soltó apretando su tono de voz para no gritar, no se la había olvidado que estaba en la escuela.
—Hum… yo —Yuuri comenzó a mover los dedos de sus manos mostrándose tan nervioso que se veía a punto de llorar. Plisetsky no aguantando aquello decidió tomarlo de la mano y arrastrarlo a una salón vacío para así poder hablar de forma más privada.
Una vez dentro del lugar donde solo había sillas y mesas se quedaron parados uno frente al otro de forma tensa, muy callados. Al parecer ninguno sabía que decir. Era una situación incómoda, tan extraña que no encontraba palabras para trasmitir. Su cerebro era un remolino de dudas y contracciones.
—¿Tú también eres gay? —soltó Yuri cuando ya no soportaba el silencio.
Katsuki lo quedó viendo algo perplejo.
—¿También? —escudriñó ladeando su cabeza—… Hum, ¿por qué también?...acaso… acaso, ¿lo eres tú?
La pregunta de Katsuki lo hizo reaccionar. Nuevamente había dicho algo para mal entender.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡N-No soy de este tipo, estúpido Katsudon! —chilló avergonzado sin medir su voz.
—¿No? ¿Entonces por qué dijiste también? —preguntó el asiático de forma tímida y nerviosa, el rubor de sus mejillas aún no se había dispersado.
Recordando que aún seguían en la escuela a pesar de estar en un salón vacío sin otros, volvió a bajar la voz para asegurarse de que nadie que pasara por fuera llegara a oír.
—Hum, es que… tengo un amigo que lo es, por eso lo dije —se excusó el ruso por su descuido aunque sus palabras no eran mentiras—. Además ya te dije que me gusta Yuko…
—Oh, es verdad —secundó Katsuki asintiendo de forma rápida.
Otra vez ese silencio que molestaba. Ya con muchas dudas y queriendo saber que rayos sucedía con lo visto, el ruso volvió a hablar.
—¿Con el profesor Nikiforov? ¿Qué acabo de ver?
Yuuri palideció en ese instante y escondió su rostro tras sus manos. Presintió que incomodaba al japonés pero las dudas eran tan grandes que no podía parar el interrogatorio.
—Yu-Yuri… es… es un mal entendido —se defendió Katsuki después de unos segundos. El ruso soltó una risa irónica.
—¿Un mal entendido? ¿Me jodes? Los vi apunto de besarse…. —le recordó a Yuuri sintiendo nuevamente sus pómulos enrojecer. La imagen de ellos dos juntos taladraba fuertemente en su cerebro.
—Bue…Bueno, no es así —Yuuri se retiró las manos del rostro—. Es que yo me trómpese e iba a caer… por eso el profesor me sostuvo para impedir que me cayera —prosiguió no convenciendo para nada al ruso—. Con ese descuido mío se cayó mi celular y se rompió la pantalla —le mostró el objeto. Yuri llegó a la conclusión de que ese fue el ruido que lo había llevado a tan incómoda situación.
"Ojalas solo hubiera pasado de largo… me ahorraría todo esto…"
—Ya… digamos que te creo —Yuri ignoró el celular—. ¿Entonces que hacías en un salón a solas con ese tipo? —soltó encontrando que ya estaba metiendo demasiado la nariz en algo que no debía interesarle. La mirada inquieta de Yuuri y sus expresiones contrariadas le decían que ya debía acabar con el interrogatorio, después de todo a él tampoco le gustaba que le preguntaran cosas incomodas—… Ya, déjalo… —no logró finalizar pues Katsuki había vuelto a hablar.
—Me estaba disculpando con él… —confesó el asiático confundiendo más al ruso—. Hace… Hace unos días yo cometí un error con él y ahora le pedí que fuera ahí para disculparme como era debido.
Con esas palabras bastó para que no quisiera interrogándolo más. Yuuri parecía a punto de llorar; sus expresiones habían pasado de la vergüenza a la tristeza.
—¿Katsudon? —habló temiendo que su compañero se largará a lloriquear.
—Yo me confesé al profesor Nikiforov y el me rechazó… —prosiguió Yuuri con una voz temblorosa. El ruso sintiendo su garganta apretada por lo escuchado observó con algo de asombro como las lágrimas de su contrario comenzaban a deslizarse por sus mejillas—. Yo malinterpretando todas sus buenas acciones le dije lo que siento, pero como era de… de esperarse… él se negó por completo pues ya está comprometido con otra persona y a finales de este año se van a casar… Fui un tonto, Yuri, puse al profesor Nikiforov en una situación muy incómoda y ahora no sé cómo verlo nuevamente a los ojos… —finalizó soltando pequeños gemidos lastimeros. Era un llanto silencioso que Yuri conocía muy bien. Eran lágrimas cuando creías estar solo en el mundo.
Notando que toda la confusión, la rabia o cualquier sentimiento contradictorio que tuvo desaparecían, suspiró por primera vez sintiendo empatía por su compañero. Sin saber qué hacer, pues era malo en consolar a alguien, solo puso su mano derecha en el hombro tembloroso de Katsuki y le brindó de esa forma un poco de apoyo.
—Lo… Lo siento por contarte esto… de-debes pensar ahora que soy un raro… desagradable —gimoteó Katsuki sin poder parar de llorar. Verlo así le apretaba el corazón.
Aclarando su garganta desvió la mirada y sacó un pañuelo de su pantalón para dárselo a su amigo.
—De que eres raro, lo eres —afirmó Plisetsky de forma dura. Yuuri ante eso lo vio entristecido—. Pero no eres para nada desagradable… así que solo límpiate esos jodidos mocos, y vámonos a clase.
Yuuri esta vez lo vio sorprendido, como si no se esperara esas palabras del ruso. Yuri avergonzado por haber admitido aquello y por mostrase preocupado de Katsuki, frunció sus cejas pero se contuvo para no gritarle.
—Deja de verme así, y obedece. Vamos a llegar tarde a clase… estúpido Katsudon…
—Sí… —respondió Katsuki dejando de llorar para terminar formando una leve sonrisa.
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Las clases restantes se quedó pensando en lo que habló con Yuuri. No logró concentrarse en nada de la materia por lo que le llamaron la atención. La Última clase de ese día para su mala suerte fue con el profesor Nikiforov. Yuri se aguantó con fortaleza de soldado para no levantarse en medio de la clase y gritarle a ese adulto que lo miraba constantemente a él como a Yuuri mientras pasaba la materia. Sí antes le caía mal, ahora sentía que lo aborrecía con toda su alma ya que había dañado a alguien del cual ya sentía algo de cariño. Después de todo y aunque no lo dijera, Katsuki ya era su amigo.
Al acabar la clase el primero en salir fue Katsuki, el cual se despidió de él con un movimiento de mano y luego desapareció de su vista. Yuri notó como Nikiforov quería ir tras él pero sus compañeras de clase, las cuales se acercaron a él para "preguntarle sobre la materia" impidieron sus pasos obligándolo a atenderlas como un buen maestro que era.
Ordenando sus cosas de forma lenta esperando que sus compañeros se fueran del salón, le envió un mensaje a Otabek informándole que demoraría un poco más en salir ya que debía atender un asunto. Cuando el salón quedó casi vacío, Yuri decidió colgarse sus cosas al hombro para caminar hasta la salida, pero como lo había esperado, su profesor lo detuvo llamándolo por su apellido.
—Sí, sí… se lo que me va a decir —se adelantó Yuri adivinando las palabras de escusa de su maestro. Se dio la vuelta para ver que Nikiforov había avanzado hasta él quedando frente a frente.
—Señor Plisetsky —insistió el ruso mayor con una expresión seria. Se veía a leguas que estaba preocupado de que Yuri fuera a contar lo visto. No aguantando verlo más ya que se sentía muy enojado como frustrado al no poder hacer nada contra él pues a pesar de todo seguía siendo una autoridad, volvió a interrumpirlo.
—No se preocupe profesor… —dijo teniendo presente que había entrado un alumno al salón para buscar sus cosas—. Ya supe que es un mal entendido. Al final yo no vi nada —fingió un tono relajado, como si fuera una charla amena.
—Huh… pero —Viktor pareció confundido—. Entonces… puede retirarse —indicó a los segundos mirando al alumno que se despedía de él para dejarlos solos nuevamente.
En ese momento Viktor se dio la vuelta pareciendo quizás, más relajado. Cuando Yuri escuchó la puerta cerrarse tras él, tiró a la basura su máscara de tranquilidad.
—Oi, bastardo —Yuri escondiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón, pateó levemente con la planta de su pie el trasero del contrario. Con ese llamado Viktor volvió a voltear y así sus ojos se encontraron nuevamente. La ira creció más en él—. Tengo que decirte algo y escucha muy bien porque no lo repetiré... —su voz salió tan agravada envuelta en enfado que hasta él mismo se sorprendió. Apreció como el rostro del mayor se contrariaba—. No sé muy bien que mierdas tengas en tu vida o que planees hacer en tu jodido futuro, pero de lo que si estoy seguro es de lo que vieron mis ojos… No soy idiota y ya lo sé todo, así que por eso mantente alejado de Katsudon o yo mismo te cortaré las bolas, y me importa una jodida mierda que seas el estúpido profesor… —amenazó escupiendo todas sus palabras. Realmente se estaba controlando para no comenzar a golpearlo.
—Yuri… —al ver que Viktor iba a hablar, Yuri volvió a pegarle una patada no tan fuerte como a él le hubiera gustado.
—Lo lastimaste. No sé si fue tu intención o no, pero si no le vas a corresponder limítate a ser solo su maestro y no jodas más —terminó volviendo a pararse erguido con sus dos pies tocando el suelo. Miró a su profesor como si se tratará del peor ser del mundo y luego se dio la vuelta para irse de una vez o terminaría por explotar—. Ya sabes, no lo molestes más —comenzó a avanzar hasta la puerta.
—Yuri —lo llamó el mayor y se permitió detenerse solo un segundo para escuchar, aunque ya no estaba dispuesto a hablar más—. Gracias por ser su amigo, y no te preocupes, lo comprendo, yo no… gracias —se escuchó complicado en las últimas palabras.
Yuri Chasqueó su lengua y volvió a retomar su marcha. Seguía enfadado pero al menos estaba más aliviado que antes al haberle dicho todo a Nikiforov. Cuando salió del edificio se detuvo unos segundos preguntándose si había estado bien haberle dicho eso al maestro, pero recordando la cara triste de Yuuri y la idiota de su profesor, quiso convencerse de que fue lo mejor, pero no se sentía seguro.
—¿Yura? ¿Qué sucedió? Te vez muy tenso —dijo Otabek mostrándose preocupado al verlo con una mala expresión.
Yuri viendo que no había nadie alrededor pues la conversación con su maestro había sido más larga de lo que le hubiese gustado, terminó por acortar la distancia entre los dos y apoyó su cabeza revuelta de pensamientos en el pecho de su amigo. Notó como Otabek quedaba sorprendido por eso pero a los segundos sus fuertes y confiables brazos lo rodearon liberándolo así de la rabia que había sentido casi todo el día.
—¿Qué pasa, soldado? —Preguntó Otabek con suave voz. La calle en ese momento era solo de los dos.
—Creo que me metí en algo que no debía… pero no me arrepiento de haberlo hecho —susurró aspirando la colonia de Otabek. Adoraba ese olor, significaba seguridad.
—¿Me contarás que ocurre? —sonó preocupado el mayor y eso lo hizo sonreír.
—Claro, pero salgamos de aquí.
Se montaron en Bestia negra del infierno polar y partieron al club mientras Yuri se debatía todo lo sucedido hace minutos atrás, a la vez que se aferraba a Otabek sin tener intenciones de soltarlo.
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Cuando llegaron al club, se quedaron afuera unos minutos sentados en la moto hablando sobre lo sucedido. Otabek también se mostró algo molesto al saber que Katsuki pasaba por un mal momento, y Yuri se sintió muy apoyado cuando el kazajo al revolverle el cabello le dijo que había estado muy bien que defendiera a su amigo. Más relajado al ver que su acción no fue tan mala como su conciencia le decía, entraron al club para iniciar un nuevo día de entrenamiento, sin embargo esta vez a mitad de sus ejercicios fueron interrumpidos por Celestino el cual le pedía a Otabek que subiera al ring para una pelea de practica contra Emil, pues este último en la siguiente semana tenía programada una pelea importante con otro club.
Yuri no pudiendo contener la emoción ya que sería la primera vez que vería pelear a su amigo, se ganó cerca del cuadrilátero teniendo una buena vista y contuvo su respiración cuando el kazajo, ya listo, se subió al ring mostrándose muy imponente. Otabek estaba solamente son sus pantalones negros que le llegaban bajo la rodillas. Su torso, envidia para muchos hombres, se dejaba ver sin ninguna cesura haciendo enrojecer el rostro de Yuri. Sus brazos vigorosos los movía para soltarse al pelear y tenía puesto en sus manos unos guantes rojos que lo hacían ver más poderoso. Era una buena imagen la que apreciaban sus ojos y al percatarse que no sacaba la vista de él, desvió los ojos tocándose su rostro, el cual estaba ardiendo como nunca.
—Ah... Solo mira esos brazos, ¿Cómo debe ser estar entre ellos? —de un segundo para otro Mila llegó a su lado cruzada de brazos manteniendo su mirada sobre el kazajo. Yuri alterado por su presencia la miró muy tensado—. Ay, siempre he dicho que Ota es quien tiene el mejor físico en este lugar… —añadió ella encantada—. Brazos fuertes y sobreprotectores… ¿No le crees tú, Yuri?
Sulfurado hasta la frente por esa pregunta tan repentina, trasladó sus ojos esmeraldas por el lugar sintiendo su corazón a punto de irse de su pecho. No podía negarlo, él sabía muy bien como era estar protegido por aquellos fuertes brazos hasta el punto que todo miedo y tristezas desparecían. Los abrazos de Otabek eran tan mágicos que los encontraba increíbles... No, no eran sus abrazos, lo que era increíble era Otabek... Beka era extraordinario.
—No sé de qué hablas, bruja —soltó fingiendo indiferencia mientras rezaba para que su rostro volviera a estar normal, pero al escuchar a Otabek a la distancia hablando con Emil, el cual estaba en las mismas fachas que el kazajo, su rostro se tornó mucho más rojo.
—Hace tiempo no veo pelear a Ota, esto será interesante. No nos perdamos nada —dijo Mila sin la apartar mirada de Otabek. A Yuri le molestó un poco eso pero se mantuvo callado agarrando valor para poder ver al ring nuevamente.
La pelea entre Otabek y Emil comenzó después de que Celestino les dijera. Yuri ahora centrado en la pelea llegó a estremecerse cuando escuchaba los golpes que se daban. Pensó que solo era un entrenamiento, pero todo se veía tan serio y profesional que pensó que se estaban dando con todas sus fuerza. Viendo que todos los demás comenzaban a animar a alguien respectivo, Yuri dejó su vergüenza de lado y avanzó unos pasos para comenzar a alzar la voz para darles ánimos a Otabek. Escuchó los rápidos movimientos, vio cómo se golpeaban fuertemente y como esquivaban al contrario. Ninguno retrocedía. Otabek a pesar de ser un poco más pequeño que Emil le daba un buen combate y su golpe maestro parecía ser el uppercut o mejor conocido como gancho, el cual el kazajo aún no le había enseñado a hacerlo. Emil por su parte dominaba muy bien el swing que al parecer a Otabek le costaba un poco bloquear.
Cuando acabó el primer asalto de tres minutos, Otabek y Emil descansaron un minuto para después volver al combate. Yuri emocionado pero igualmente un poco preocupado ya que el kazajo sangraba por la nariz, siguió animándolo para que masacrara, en el buen sentido de la palabra, a Emil. Quería que él ganara. Después de tres asaltos más, Yuri vio como Celestino mostrando una sonrisa paraba el entrenamiento y palmaba las espaldas de ambos peleadores, los cuales se mantenían de pie firmemente, pero tenían el rostro lleno se sangre pues ambos se habían golpeado la nariz.
Dándose cuenta que todo había terminado ya que los demás se dispersaban volvió a echarse para atrás apoyando la espalda en una pared y miró de forma insistente a Otabek aún en el ring hablando con Celestino y Emil. Estaba nervioso de ver a Otabek manchado en sangre, quizás Emil le había roto la nariz o algo así, sin embargo no siguió pensando en eso ya que Mila volvió a ganarse a su lado. Ella no le caía tan mal, pero por ahora deseaba estar solo, por eso le mostró su rostro con una mueca enojada.
—¿Qué quieres, bruja? —inquirió cruzándose de brazos.
—¿Sabes si Ota actualmente tiene pareja? —preguntó ella mirándolo con una sonrisa. Yuri se tensó ante aquello, ¿a qué venia esa pregunta tan repentina y extraña?
No dijo nada, él sabía que Otabek estaba soltero, pero no quiso decirle nada a Mila ya que presentía que no se veía nada bueno.
—¿Qué te importa eso? Además eres su amiga, deberías saber eso… —murmuró posando sus ojos en Otabek que seguía hablando en el ring.
Mila soltó una carcajada que desconcertó a Yuri.
—Tienes razón… —ella apoyó su dedo índice en su labio inferior. Sus ojos brillaban admirando a Otabek. Yuri sintiéndose más molesto por eso respiró profundamente para controlarse—. Creo que le voy a pedir una cita, hace tiempo que estoy interesada en él, ¿Qué te parece? ¿Crees que me va a aceptar?
—¿Ah? —gruñó el ruso tensándose mucho más. No se creía las palabras de Mila, ¿ella estaba interesada en Otabek?
—Vamos —rió ella dándole unas palmadas algo fuertes en su espalda, golpes que lo desestabilizaron—. No me mires así. No es mi culpa que Otabek sea alguien tan atractivo…
—¡Cállate, bruja! ¡Deja de molestar! —soltó él no aguantando más y se fue a los vestuarios para ponerse su chaqueta y salir así del lugar. La conversación con Mila lo había dejado nuevamente de mal humor.
—¿Yura? ¿Te vas? —Otabek viéndolo salir lo detuvo con sus palabras. Yuri respirando profundamente para calmarse giró afirmando con la cabeza—. Oh, se ha hecho algo tarde. Espérame me visto y te voy a dejar.
—Te esperare afuera —murmuró Yuri para luego caminar nuevamente al exterior.
Una vez afuera botó su respiración de su boca dejando descansar su interior. Pensó que la primavera estaba siendo muy helada este año y anheló que prontamente el clima fuera poniéndose un poco más agradable. Colgándose mejor su mochila se movió inquieto pensando de forma insistente en lo dicho por Mila. ¿De verdad ella estaba interesada en Otabek? No se lo creía, pero aun así, si eso fuera verdad, ¿Por qué le afectaba tanto? No quería admitir que le molestaba demasiado. Desde que comenzó su relación de amistad con Otabek jamás se preocupó en que el kazajo tuviera pareja y tampoco nunca se preocupó demasiado en saber si tenía a alguien que le gustara o no. Si resultaba que Otabek aceptaba a Mila para salir, ¿cómo cambiarían las cosas? Asustado por eso y no queriendo admitir que estaba muriendo de celos se pegó en sus mejillas con sus manos para despejar su mente.
—¿Listo o no? —Otabek llegó a su lado ya vestido y ordenado. Yuri que aún estaba metido en sus pensamientos dio un brinco asustado echándose unos pasos para atrás—. ¿Qué pasa?
Negó con la cabeza apretando sus labios. Otabek insistió con su mirada.
—Has peleado bien… —soltó Yuri tratando de desviar su pensar. Quería preguntarle sobre lo de Mila, quería saber si él podía estar interesado en ella o no—. ¿Está bien tu nariz?
—Sí. Fue una pelea suave —comentó el kazajo sorprendiendo más a Yuri, ¿suave? Eso no se lo creía, los golpes que se habían dado se habían visto muy potentes que se le erizaba la piel tan solo recordarlos—. Bueno, vamos, que hoy debo ir al trabajo temprano —Otabek comenzó a avanzar viéndose muy relajado. Yuri sin poder sacarse las palabras de Mila en la mente lo siguió y terminó por detenerlo agarrando su chaqueta—. ¿Yura? —Otabek elevando una ceja lo observó curioso.
Dudo por unos segundos, pero sabiendo que no llegaría a dormir por las dudas dejó que sus palabras fluyeran solas de su boca.
—Tú… ¿Qu-Qué piensas de Mila? —preguntó tímidamente apartando la mirada a otro lado.
—¿Mila? —Otabek se vio más confundido pero prosiguió—. Bueno, que una buena chica, ¿por qué?
Sintió un pequeño pinchazo en su corazón.
—Hum… ¿Tú saldrías… con ella? —siguió Yuri mordiéndose el labio inferior.
Hubo un silencio que a Yuri no le gustó. Otabek se veía confundido, pero no lo culpaba, las preguntas eran muy extrañas sacadas de un contexto nulo.
—Hum, no lo sé, ¿por qué me preguntas esto, Yura?
—Solo quiero saber qué te parece ella…
—Bueno —Otabek de forma natural soltó sus palabras—. Es linda y divertida. Si me preguntas se podría decir que es quizás mi tipo de chica —se cruzó de brazos con una mueca extraña.
Volvió a sentir un pinchazo en el corazón, aunque esta vez dolió más. ¿A Otabek le llamaba la atención Mila? Pensar eso le molestaba demasiado.
—Hey, Yura —sintió el dedo índice de Otabek entre sus cejas fruncidas—. No pongas esta cara, está muy enojado… —le sonrió suavemente—. Mañana tienes una cita, ¿no? Sonríe, eso le gustará a ella.
Otabek al terminar de hablar le revolvió el cabello y luego volvió a caminar hacia la moto.
Yuri no sabiendo definir como sentirse ante esas palabras, se mordió el labio llevándose su mano derecha a su pecho.
Las palabras de Otabek habían sonado tan lindas como dolorosas que repentinamente tuvo ganas de llorar.
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¡Hey, gatitos!
Este capítulo fue algo lento (lo siento así) pero es necesario para unir varias cosas, ya verán.
Antes de irme debo aclararles algo. En este fic (la idea original) era hacer un Viktuuri lindo, dejar juntos a Viktor con Yuuri, pero decidí desechar esa idea ya que muchos me dijeron en comentarios como en mensajes, que la historia, ya que era profesor alumno, era como otro fic más famoso en el fandom… solo por ser profe y alumno… Al principio ignoré esas comparaciones, pero con el camino fueron más insistentes que decidí solo borrar la idea para no llegar a tener problemas con nadie. Yo nunca he leído ese fic famoso y no sé si vaya a leerlo en el futuro, por eso he cambiado la historia de Yuuri sacando el Viktuuri de raíz. Lo siento por esto, pero deben saber que se siente un poco feo que comparen mucho una historia con otra que no tienen nada que ver.
Espero les haya gustado el capítulo y espero leernos muy pronto. Besitos a todos y gracias por esperar y por brindarme su compañía.
Bye!
