Cuando vio que se aproximaba una tormenta Demelza se apresuró a salir al patio a cubrir los cultivos. Había encontrado en la huerta una actividad relajante y el pequeño jardín que había cuidado durante años, sembrando flores y plantas silvestres, había dado paso a un proyecto más grande. Ahora junto a su jardín había una huerta que crecía más y más cada día. El clima había sido bueno esa primavera y los niños a menudo la ayudaban, divertidos ellos también de jugar con la tierra. Regar era su actividad favorita porque siempre terminaban en una guerra de agua. Otro que se había sumado a la actividad era su hermano Sam, quien junto a ella también se había criado en la granja del viejo Carne y sabía más que ella del tema. Él le aconsejaba qué plantar y la ayudaba a remover la tierra dura que no había sido sembrada en años. Sam pensaba que cuando cosecharan todo lo que habían sembrado lo podrían vender, los productos orgánicos sin conservantes eran muy solicitados y tenía razón. Los niños lo habían ayudado una mañana a embolsar manzanas que habían recolectado de los manzanos que rodeaban la casa y por la tarde se habían sentado bajo la sombra de un gran árbol al costado de la ruta en la salida de Nampara con un cartel de "Venta de Manzanas recién Cosechadas" y las habían vendido todas. Habían pasado una hermosa tarde, Rosina les había hecho compañía durante un rato y ella se había acercado también a llevarles una canasta con algunos bollos, vasos y una gran cantimplora que Ross había comprado para cuando bajaban a la playa llena de jugo para la hora del té. Julia y Jeremy se habían entusiasmado tanto que habían pedido a su tío desflorar los limoneros y pasar otra tarde vendiendo limones a la orilla del camino. Otra vez habían vendido todo. Por eso ahora ellos también habían salido apresurados a la huerta a colocar las telas sobre los cultivos para que el viento y la lluvia no los destrozaran. Ya no quedaban mas manzanas ni limones en los arboles que estaban en sus tierras, así que Sam les había explicado que debían cosechar vegetales. Habían dividido el dinero ganado entre los tres, no era mucho por supuesto, pero a los niños les parecía un tesoro incalculable que fue a parar a sus alcancías por consejo de Demelza. Sam, en cambio, había comprado plantines de tomate, zanahorias, lechuga, y calabazas. Demelza había decidido intentar de nuevo con las fresas y Julia estaba a cargo de las plantas aromáticas que fueron las primeras en brotar.

El viento proveniente del mar hacía flamear los cabellos sobre sus cabezas, extender las telas había presentado una tarea difícil y Demelza había llamado a Jud para que los ayudara, Garrick olfateaba aquí y allá metiéndose entre sus piernas.

"Va a ser una gran tormenta, será. Llegará a la costa a eso de las 7." – Prudie les informó mirando el pronóstico en su teléfono.

"Vayan adentro niños, Jud y yo terminaremos enseguida."

Julia y Jeremy corrieron adentro contra la fuerza del viento seguidos por Prudie, riendo y dando gritos cuando el ventarrón voló el repasador que Prudie llevaba sujeto a la cintura. Estaban acostumbrados al clima tempestuoso de Cornwall, pero no durante la primavera y tras tan bonitos días que habían tenido en las últimas semanas. Y por más que así fuera, una tormenta tan tempestuosa como la que se avecinaba no era moneda corriente, el cielo se había encapotado cuando el velo de nubosidad que cubría el océano llegó a tierra firma y el día dio paso a una claustrofóbica oscuridad de repente. Los arboles se mecían violentamente, y los cables parecían hilos indefensos ante la impetuosidad del vendaval. Cuando Demelza y Jud terminaron apenas si podían ver algo. Demelza fue a encender las luces de afuera antes de entrar a la casa, a lo lejos llegó a ver un chispazo en la distancia, tal vez sobre la ruta, no estaba segura. Al mismo tiempo escuchó el chillido de los niños proveniente desde adentro. Intentó con la perilla de la luz pero sabía que era innecesario, la electricidad se había ido.

Cuando entró a Nampara los niños aún seguían gritando. En la oscuridad podía ver a Jud alumbrando con la linterna del celular la alacena de seguro buscando las lámparas de emergencia. El viento parecía tener voz propia y su uh-uh retumbaba en la vieja casa. Luego los niños corrieron hacia ella y abrazándola por la cintura le dijeron que no encontraban a Garrick.

"Debe estar escondido por ahí, no se preocupen. ¡Garrick!"

Mientras Jud disponía las lámparas LED en distintos lugares de la sala, Demelza, Prudie y los niños buscaron por toda la casa al cachorro, sin ningún resultado. Se volvieron a encontrar en el living, adonde la ahora luz blanca daba a la sala un aspecto fantasmagórico. Las mujeres se miraron y menearon la cabeza.

"Jud, lleva una de las linternas grandes y busca en los galpones del fondo. Yo iré a ver de nuevo arriba, quizás está escondido bajo alguna de las camas."

Los niños empezaron a preocuparse de enserio. Demelza revisó minuciosamente cada rincón y recoveco en la planta alta, iluminando con la linterna de su celular. El viento afuera soplaba cada vez más fuerte, tanto que no podía escuchar las voces de los niños en la sala. Ni ella ni Jud tuvieron éxito en la búsqueda.

"Bien," – dijo – "¿Cuándo fue la última vez que alguien vio a Garrick?"

"Estaba afuera." Respondió Julia.

"Nos estaba ayudando a enterrar los palos para sostener las telas." Dijo Jeremy.

"¿Alguno lo vio entrar a la casa?" Los dos negaron con la cabeza. Prudie también. Demelza podía ver las caritas de angustia de sus hijos.

"¿Le habrá pasado algo?" Preguntó Jeremy.

Demelza se arrodilló para hablar a sus hijos, apoyando sus manos sobre sus hombros. "Escuchen, estoy segura que Garrick está bien. De seguro salió al prado y se asustó con la tormenta y está escondido por ahí esperando a que pase."

"Pero si está asustado y está sólo tenemos que encontrarlo…" llorisqueó el niño.

"Si. Jud y yo iremos a buscar afuera. Ustedes se quedarán aquí con Prudie. No tengan miedo, lo encontraremos." Julia, que había estado muy callada mientras ella les hablaba, asintió y se pasó una mano por los ojos tratando de esconder sus lágrimas. Demelza los besó en la frente y fue en busca de su piloto.

"¿Y pa' donde vamos? Ese mestizo puede estar en cualquier lado." Jud tuvo que prácticamente gritar para hacerse escuchar sobre el ulular del viento. No se veía prácticamente nada. Habían salido con las linternas grandes, pero aún así no llegaban a alumbrar más que unos pocos metros por delante. El perro podía estar en cualquier lado. Nampara estaba sobre una pequeña colina llena de pastizales, era la única casa en kilómetros a la redonda. A unos metros había arboles esparcidos aquí y allá, madrigueras, campos por los que ellos nunca iban y por supuesto también estaba el mar, la playa de Hendrawna y la cala de Nampara. Garrick podía estar en cualquier parte. Siempre solía bajar con ellos a la playa o cuando salían a caminar y a menudo exploraba los campos sólo, pero siempre estaba esperándolos cuando ellos volvían a casa. Demelza no se lo dijo a los niños, pero ella estaba preocupada también.

Primero revisaron el granero. Un lugar que Garrick tenía prohibido porque cuando apenas lo trajeron había intentado morder una gallina y Ross había ordenado a Jud mantener al perro fuera del granero y cerrarlo cuando él no estuviera para vigilarlo. Efectivamente Garrick no estaba allí. Desde ese lugar se separaron. Demelza bajó a la playa y envió a Jud a revisar los campos. El viento era implacable y apenas comenzó a bajar por el camino que la llevaría a la costa se dio cuenta de que la búsqueda sería increíblemente difícil. Al viento debía ahora sumarle la arena que le impedía levantar la cabeza y la obligaba a interponer un brazo delante de su cara para protegerse. Aún así continuó avanzando, alumbrando las salientes de la roca y gritando el nombre de su cachorro aunque su voz quedaba ahogada por el vendaval, Demelza estaba segura que Garrick la escucharía si estaba cerca. Finalmente llegó a la playa. Ella sabía que el mar estaba allí, lo podía escuchar y sentir, pero no podía verlo. Tampoco pudo adentrarse en la arena, el viento la empujaba hacia la pared del acantilado. Sujetándose de ella avanzó unos metros más, decidida a no darse por vencida, pero era en vano. Habían pasado varios minutos ya. Tal vez más de media hora. Había dejado el teléfono en casa. Demelza dio media vuelta y se dispuso a regresar, tal vez Jud habría tenido más suerte. El ascenso fue aún más dificultoso que la bajada. Necesitó de las dos manos, con una se protegía del viento y con la otra se sujetaba de la ladera que le servía de guía para volver, estaba subiendo casi a ciegas. Casi gritó del susto cuando alguien la tomó del brazo. Quien fuera que sea la sujetó y la ayudó a caminar más rápido. Demelza se dio cuenta que era Ross de inmediato. Cuando llegaron a la cima el viento amainó por un momento, lo suficiente para que Ross pasara su mano por el rostro empapado de su esposa y corriera los cabellos que se habían pegado a sus mejillas debajo de la capucha. "¿Estás bien?" gritó, Demelza ignoró su pregunta. "¿Jud encontró a Garrick?". Ross movió la cabeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas. "Tengo que encontrarlo." Demelza comenzó a caminar de nuevo, esta vez en dirección a los campos, alumbrando desesperadamente alrededor, pero Ross la tomó del brazo de nuevo y comenzó a guiarla en dirección a la casa otra vez.

"¡No, Ross! ¡Déjame! Tengo, tengo que buscar a Garrick… ¡Garrick! ¡Garrick!"

" Vamos a casa…" Ross intentó sujetarla de nuevo.

"¡NO!"

"¡Demelza!"

Las lágrimas de Demelza caían sin control por sus mejillas.

"Yo lo encontraré, pero tú tienes que volver a casa con los niños. Están preocupados por ti también." Gruñó Ross.

Había pasado casi una hora desde que había salido a buscar a Garrick. En silencio emprendió el camino que la llevaba a Nampara. Iría a ver a sus hijos, a asegurarles que estaba bien y luego saldría a buscar de nuevo.

Nampara aún continuaba sumida en la oscuridad pero al acercarse las luces artificiales blancas brillaban a través de las ventanas de la sala. Julia y Jeremy estaban con las narices pegadas al vidrio y cuando los vieron acercarse corrieron a la puerta. Demelza intentó limpiar su cara en el porche de entrada antes de abrir la puerta, Ross estaba parado a su lado. "Saliste sin tu teléfono." Le reprochó.

"¿Qué estás haciendo aquí Ross?" dijo ella levantando la mirada, en la oscuridad sólo veía el brillo de sus ojos.

"Julia me llamó." Y en ese instante sus hijos abrieron la puerta.


NA: Gracias por leer y por los comentarios, las leo a todas y eso me ayuda a querer seguir escribiendo. ¡gracias!