Capítulo 47
Masajista
—¿Entonces, rechazo las dos ofertas?
—Sí, ahora mismo solo quiero dedicarme al musical y asegurarme de que salga bien.
—Ok, también me han avisado de un proyecto que puede interesarte, pero será para el año que viene.
—¿De qué se trata?
—Salir de gira con un grupo de teatro y recorrer todo el país.
—¿Eso me puede interesar? —cuestionó extrañada Rachel—Creo que te has confundido de actriz.
—¿Por qué?
—¿Por qué? ¿Qué pasa con Emily? ¿La dejo aquí sola?
—No, pero hay buenos colegios en los que podrá estar prácticamente todo el día, y también están tus padres, ellos podrían hacerse cargo.
—¿Qué? —interrumpía aún más confusa—¿Estás bromeando?
No lo entendía, o quizás no sabía que estaba sucediendo y por qué su representante, aquel hombre que siempre había cuidado por sus intereses personales además de profesionales, ahora parecía no tener escrúpulos por nada ni nadie.
Llevaban más de una hora con aquella improvisada reunión, y todo eran malas caras y sarcasmo cada vez que rechazaba alguna de las propuestas. Propuestas que ella misma le había pedido que no se las hiciera llegar mientras estuviese de lleno con el musical.
Su único objetivo para ese año era sacar adelante aquel proyecto, y triunfar. Y no solo por ella o por el dinero, sino por el trabajo e ilusión que estaban poniendo todos en aquella familia que habían creado.
Lo hacía por Gio y Joseph, que pasaban horas y horas entre bastidores de aquel teatro y que ni siquiera tenían un sueldo hasta que la obra no estuviese en funcionamiento. Lo hacía por todos los técnicos que colaboraban con ellos en aquel proyecto y trabajaban más horas de las estipuladas sin pedir nada a cambio. Lo hacía por aquel grupo de actores que había ido encajando a la perfección para conseguir que una locura como aquella, se convirtiese en un sueño real y con expectativas de ser algo grande. Y lo hacía por Quinn. Ella era una de las personas que más se había involucrado en que su proyecto saliese a la perfección, cobraba tres veces menos que el resto de sus compañeros y conseguía que todos fuesen buenos gracias al trabajo que ejercía con dedicación, sin contar con lo que suponía para su vida tenerla allí.
Gracias a ella aprendió que tenía que ejercer su autoridad, y llevar a cabo el trabajo de la forma más cómoda y positiva que podía. Si no fuese por ella, probablemente no habría logrado llegar hasta ese día sin perder la cordura.
—Rachel tienes que empezar a pensar en avanzar, no puedes estar toda tu vida pendiente de un musical. No vamos a conseguir mucho más si no tenemos ambición.
—Mi carrera no está por encima de mi hija, Kevin. Creí que eso quedó claro cuando decidí tenerla.
—Y yo creí que hacer todo lo que estamos haciendo, y que tú estás a punto de destrozar, era porque querías seguir trabajando en Broadway. —Le replicó molesto— Si no es así deberías de habérmelo dicho antes.
—Espera, espera—interrumpía levantándose del sofá—¿Me estás diciendo que, para seguir trabajando, tengo que meter a mi hija en un colegio privado donde no pueda salir, o dejarla con mis padres?
—Es lo que hacen las actrices que trabajan.
—Pues yo no—fue directa—Suficiente tengo ya con tener que ocultarla del mundo, de hecho, ya me estoy cansando de estar así.
—¿Ocultarla? Rachel te acabo de ver en la calle con esa mujer y con tu hija ¿Eso es ocultarla?
—Esa mujer es Quinn, y es alguien de confianza. No hay motivos para temer.
—Oh, claro, primero fue Kate, luego esa actriz… ¿Quién va a ser la siguiente?
—Kate cuida de mi hija, es lógico que salgamos con ella.
—Rachel, no estoy discutiendo contigo acerca de quién debe o no debe cuidar de tu hija, o con quien tienes o no que salir a la calle, de eso, como siempre, ya me encargaré yo de que no hablen, pero no puedes hacer como si nada ocurriese cuando llegamos a un acuerdo de privacidad por ella—miró hacia Emily, que permanecía en uno de los sofás con el cuento electrónico entre sus manos.
—¿Y por eso no puedo disfrutar de ella?
—Nadie te dice que no.
—Me estás recriminando que salga a la calle con ella—Se molestó—De esa forma nunca podré disfrutar completamente de mi hija.
—¿Y qué quieres? ¿Que mañana todos sepan que es tu hija, que eres madre soltera y que pretendes ser una actriz responsable de Broadway que no falta a ningún ensayo, o que puede estar cinco meses representando una obra diariamente mientras cuidas a una niña de 2 años? —alzó la voz—Dime Rachel, ¿quién va a contar contigo para algo así? No es el mundo adecuado, creí que ya te había quedado claro. Quizás te interese más pasarte a la televisión o al cine, donde solo trabajas por temporadas.
—Quizás a los directores de teatro les interese otro tipo de cosas—trató de mostrarse serena—Como mi talento.
—¡Ja! —dejó escapar una sonora carcajada—¿Sabes cuántas chicas con talento hay en un kilómetro cuadrado de Broadway? ¿Qué te hace pensar que no hay nadie que te supere?
—Por supuesto que hay quien me supera—respondía con apenas un hilo de voz—pero creo en mí, siempre lo he hecho, y ahora tengo que volver a hacerlo. Nadie me ha regalado nada, todo lo he conseguido por mí misma y estoy segura de poder lograrlo de nuevo.
—Baja de la nube—sonó duro—Aquí te pisan Rachel, aquí nadie mira por nadie y no se van a apartar para dejarte paso solo porque tienes talento, también tienes que tener lo que ellos exigen. Dime, ¿ha cuantas madres has contratado para tu obra? —Le soltó y Rachel guardó silencio completamente aturdida—¿Ves? Aquí solo vale lo que el director desea, y si no lo tienes, fuera, no sirves, no vales ¿Lo recuerdas?
—No recuerdo nada porque no te reconozco—respondía con seriedad—¿Por qué estás así? Siempre que hemos hablado has tratado de encontrar las mejores soluciones para mí y para ella—señaló hacia la pequeña—Y ahora vienes tratando de conseguir todo lo contrario.
—Rachel, he puesto mucho para conseguir que sigas estando en Broadway, he trabajado muy duro desde la sombra solo para que nadie hable mal de ti por tu retiro, y ya todo eso pasó, ahora tienes que dar tú la cara y hacer lo que habíamos acordado, que es triunfar.
—No te ha servido de mucho lo que has hecho—fue tajante.
—¿Qué?
—Kevin, sé lo que se comenta de mí y créeme, no es nada agradable.
—¿Qué se comenta?
—Que tengo problemas con el alcohol, con las drogas, malas compañías… No son historias muy halagüeñas como para que vengas diciéndome que has trabajado desde la sombra para mantener mi reputación, de hecho, ya no tengo reputación. Ni siquiera me reconoce la cajera del supermercado.
—Mejor que no te reconozca a que sepas quién eres y te vea con ella, y con esa otra amiguita que tienes—espetó molesto—Te lo advierto Rachel, no vas a conseguir nada si sigues así.
—¿Así cómo? —alzó la voz—¿Obligándola a permanecer toda su vida entre cuatro paredes?
—¿Qué diablos te pasa? ¿Quién te ha lavado el cerebro?
—¿A mí? ¿De verdad me estas preguntando si alguien me ha lavado el cerebro? ¿No será que me han abierto los ojos?
—No entiendo que te sucede, has perdido toda ambición y yo de esa forma no puedo trabajar. Así que será mejor que me marche ahora mismo y tú te calmes, y pienses bien lo que quieres, porque yo estoy completamente confundido.
—Sí, será mejor que te marches. En breve tengo que ir al teatro—respondía desviando la mirada. —A trabajar, como llevo haciendo desde los 18 años.
Estaba nerviosa. Sabía que había sacado de contexto algunas partes de aquella conversación y que todo lo había desviado hacia el tema de su hija, quizás por la influencia de la discusión que acababa de mantener con Quinn, pero al contrario que en ese momento, ahora no sentía esa parte de culpabilidad como sintió con su chica. Ahora hablaba con el corazón, porque lo hacía por su hija y no se arrepentía en absoluto de nada de lo que había dicho, de hecho, en ese instante juraría que no le importaba su carrera como actriz, solo Emily.
—Hablamos cuando estés más calmada—espetó segundos antes de abandonar el hogar de la morena y dejarla en mitad de aquel salón, con los brazos cruzados y convencida de que lo que había dicho y hecho, era lo que debía de hacer y decir. Y esa convicción llegó con una nueva mirada hacia su pequeña, que completamente entusiasmada en aquellos cuentos, permanecía ajena a lo que acababa de suceder.
—Em—susurró provocando la atención de la pequeña, que rápidamente alzó la vista hacia ella. No habló. Rachel se limitó a abrazarse a sí misma para luego señalarle con la mano, y Emily lo entendió.
Entendió que aquel gesto era un te quiero y ella se lo devolvió de la misma forma, llenando aún más de orgullo a su madre.
Un orgullo que la iba a acompañar en las siguientes horas, cuándo después de abandonar su hogar y dejar a su hija en buenas manos, las de Kate, regresaba al teatro dispuesta a acabar aquel viernes de la mejor forma que podía.
Los ensayos generales se trasladaban siempre a la tarde, ya que era la única forma de tener a todo el elenco disponible para ello. Y como estaba estipulado, Rachel llegaba al escenario principal y como siempre ocupaba uno de los asientos, esta vez del patio de butacas en vez de los palcos.
Todos, absolutamente todos estaban en el escenario para el ensayo del tercer acto, y por supuesto, entre ellos estaba Quinn.
Rachel sonreía al descubrirla completamente ajena a su presencia encima del escenario, esmerándose en que su vestido estuviese como debía estar y su pelo no fuese ningún tipo de inconveniente para aquella escena en la que iba a ser parte fundamental.
Todo transcurría en la habitación de Shay, como casi el resto de la obra. Dos escenas que iban a ensayarse por primera vez unidas. Primero una en la que Edward y Shay se confesaban sus sentimientos y cantaban juntos Who Knew, momento en el que todos los bailarines ocupaban el escenario. Luego la segunda de las escenas, tras un breve interludio del coro, volvía a transcurrir en la habitación donde Holy se apoderaba del cuerpo de Shay, y Edward comenzaba la primera de las batallas que iban a tener mientras Please don´t leave me sonaba en la voz de la rubia.
Los nervios se palpaban en el ambiente y se contagiaban los unos a los otros, a pesar de ser un simple ensayo.
La voz de Gio sonaba alta y clara y las luces apuntaban directamente sobre el escenario en el que ya solo aparecían Matt y Broke.
Rachel se acomodaba en su asiento, dispuesta a disfrutar por primera vez de la tranquilidad que le otorgaba no tener la presión de días atrás. Esa misma tranquilidad conseguía que viese todo con mucho más ánimo, tanto que los primeros minutos de aquel ensayo fueron tan perfectos, que no sabía si era por su estado de relajación o porque, realmente, lo estaban haciendo a la perfección.
Observar el rostro entusiasmado de Gio le hizo ver que era la segunda de las opciones. Los chicos estaban llevando aquel trabajo a la perfección.
Perfección que aumentó para Rachel al presenciar la aparición de Quinn en el escenario. Una absurda sonrisa se adueñó de su rostro al ver como la rubia conseguía llevar a cabo perfectamente su papel, como sus gestos y luego su voz, conseguía brillar en mitad de aquel escenario.
El orgullo, aquel mismo que le había acompañado hasta el teatro tras defender la vida de su hija ante Kevin, volvía a aparecer al ver a su chica en el escenario, y fue entonces cuando supo que realmente lo que sentía por ella iba más allá del amor.
Rachel Berry jamás había llegado a admirar a nadie más que no fuese Barbra Streisand, todo lo demás, cualquier otro artista que tuviese talento para ella era una fuente de envidia, y obsesión que le hacían tratar de superarse a sí misma. Pero no en aquel instante.
Ahí, mientras veía como Quinn comenzaba su espectacular baile de seducción a aquel actor, sentía que su corazón se llenaba de admiración pura hacia la que era su chica. Nada de celos, nada de envidia ni ambición. Era admiración por ella, como siempre había sentido, pero aumentado a cotas insospechadas.
Pero como siempre sucedía. Como estaba estipulado en la vida de Rachel Berry, algo debía suceder que la hiciera salir de aquel sueño que vivía mientras observaba el ensayo, y fue justo en el instante en el que Matt y Quinn interactuaban.
Ella había podido ensayar aquella escena con la rubia, justo el último día antes de las vacaciones, solo que, por motivos evidentes de desconocimiento, no llegaron a realizar una acción, un movimiento que iba a conseguir helar el corazón todos los compañeros de la pareja, y casi romper el de Rachel.
Matt alzaba a Quinn sobre sus hombros en un desesperado intento por apartarla de él, y Quinn tenía que pender boca abajo, cayendo por la espalda del chico y deslizándose hacia el suelo.
No fue así como sucedió.
Todos reaccionaron al unísono al ver como la rubia no conseguía aferrarse al cuerpo del chico y caía de bruces contra el suelo, provocando una reacción casi inmediata en todo el grupo, no solo de actores, sino también de técnicos. Matt, por supuesto, fue el primero en atenderla
—¿Estás bien? —cuestionó Gio a su lado, tras saltar al escenario.
—Eh si, si—murmuró un tanto aturdida.
—Quinn ¿Qué ha pasado? —preguntaba preocupado Matt—Pensaba que estabas sujeta a mi cintura.
—Sí, pero no sé qué me ha pasado, creía que era suficiente y…
—¿¡Eres estúpido¡?
Un huracán. Un torbellino con los ojos inyectados en sangre mientras apartaba de su camino al resto de actores para llegar hasta Quinn, conseguía callar los murmullos de todos los que intentaban conocer el estado de la rubia.
—¿Eres imbécil? —volvía a alzar la voz—¡Has podido matarla! —gritó a Matt.
—Lo siento—se excusó el chico completamente asustado por la reacción de la morena, al igual que el resto del equipo.
Nadie comprendía la ira que mostraba Rachel tras el incidente en el que nadie había resultado herido.
—¿Estás bien, Quinn? —se dejó caer junto a la rubia que ya trataba de reincorporarse.
—Sí, estoy bien—trató de tranquilizarla—Ha sido un fallo.
—¿Un fallo? —volvía a mirar a Matt que permanecía completamente aturdido y preocupado—¿Por qué diablos no la has sujetado?
—Yo…
—Rachel, ha sido culpa mía—interrumpía Quinn.
—¿Qué? ¿Cómo va a ser culpa tuya? Él tenía que sujetarse y en vez de eso te ha soltado, lo he visto desde allí—señaló hacia las butacas—Todos lo hemos visto.
—No, no—volvía a hablar Quinn—He sido yo, tenía que sujetarme a su cadera para poder deslizarme y no lo he hecho bien. Ha sido culpa mía.
—Pero…—volvía a mirar a Matt y luego desviaba de nuevo la mirada hacia Quinn—¿Estás bien? —preguntó un tanto más calmada, al tiempo que tomaba la mano de la rubia con dulzura—¿Te has hecho daño?
—No Rachel, estoy bien—respondía al tiempo que empezaba a ser consciente de la situación que estaba creando Rachel delante de todos sus compañeros.
Si la idea principal era que nadie supiese que entre ellas había algo más que una relación profesional, definitivamente aquella no era la manera de hacerlo.
Todos, absolutamente todos excepto Matt, que aún seguía asustado por el incidente, estaban siendo testigos de la exagerada preocupación de Rachel por su estado, llegando incluso a acariciar su mano con ternura. Un gesto que evidentemente no iba a pasar desapercibido entre sus compañeros, que ya comenzaron a mirarse incrédulos.
—Vamos al hospital—susurró Rachel sin dejar de mirarla.
—¿Qué? No, no ni hablar, jefa—respondía tratando de destruir aquella actitud de la morena—Estoy bien, vamos a seguir con el ensayo—miró hacia Gio.
—No, ni hablar—Rachel buscaba la complicidad del director—Te has golpeado fuerte Quinn, deberíamos ir...
—He dicho que no —dijo alzando un poco la voz al tiempo que se levantaba—Estoy bien, solo necesito un par de minutos para recuperarme.
—Quinn no seas cabezota, te has golpeado contra el suelo de cabeza.
—Quizás Rachel tenga razón—interrumpía Matt preocupado.
—¿Queréis relajaros? Estoy bien, no es la primera vez que me caigo en mi vida—volvía a excusarse.
—Quinn—intervenía Gio—¿Por qué no te vas a tu camerino y te tomas unos minutos?
—Sí, eso es lo más sensato—le dio la razón—Estoy bien ¿Ok? —miró tanto a Rachel como a Matt—Me tomo un descanso y ahora vuelvo.
—Ok, nosotros seguimos con el ensayo desde el principio, Jane ¿Ocupas el lugar de Quinn? —cuestionó a una de las bailarinas que rápidamente asentía, mientras Quinn ya se alejaba del grupo, dispuesta a tomarse un breve descanso y recuperar la compostura tras aquel pequeño incidente.
Un incidente que no le había provocado más que un leve dolor de espalda, a pesar de lo aparatoso de la caída. Por supuesto, Rachel no iba a tardar en seguir sus pasos, ignorando por completo las miradas curiosas a su alrededor.
—Rachel, estoy bien—espetó Quinn ya en mitad del pasillo que la llevaba hasta su camerino, sin siquiera girarse para hablarle.
—¿Cómo sabes que te estoy persiguiendo? —cuestionó asombrada. Había recorrido los escasos metros que las separaban en absoluto silencio, tratando de evitar una negativa de la chica para que la acompañase.
—Escucho tu respiración—respondía adentrándose en el camerino—Eras tú o el señor Shepard, pero el perfume te delata.
—¿Reconoces mi perfume?
—Rachel—se dejó caer sobre el sofá—¿Eres consciente de lo que acabas de hacer? —ignoró su pregunta.
—¿Qué acabo de hacer?
—Te has puesto histérica delante de todos y has llamado estúpido e imbécil a Matt, deberías controlarte si no quieres que empiecen a sospechar cosas.
—No he hecho eso, me he comportado como podría haberlo hecho con cualquiera, y si he llamado estúpido a Matt es porque te ha dejado caer.
—No, Rachel, Matt no me ha dejado caer, he sido yo la que no estaba concentrada y no hice bien lo que tenía que hacer. Deberías pedirle disculpas, estaba asustado.
—Bueno ya, ya hablaré con él luego—desvió la mirada hacia el suelo—lo siento Quinn, me he asustado al verte caer.
—Estoy bien—respondía con seriedad, provocando un silencio que comenzó a hacerse incomodo cuando las miradas entre ellas trataban de evitarse sin motivo alguno.
—¿Sigues enfadada? —reaccionó Rachel.
—No, yo no estoy enfadada ni lo he estado.
—Pues lo parece—susurró acercándose a ella tras adueñarse de una pequeña botella de agua, y ofrecérsela
—¿Qué tal con Kevin? —fue directa y Rachel se sorprendió.
—Mas o menos, venía a hablarme de proyectos y ofertas que le han llegado para mí.
—Ah, bueno. Eso son buenas noticias, a pesar de cómo me miraba a mí.
—No, no son muy buenas—sonó dulce—Le dije que no quería proyectos mientras estuviese con esto, y sabe perfectamente que me duele tener que rechazar ofertas—hizo una pausa—Así que no son muy buenas noticias… Y él no te miró de ninguna forma.
—Pues déjaselo claro—intervenía aún con la seriedad en su rostro tras dar un largo sorbo a la botella de agua. Algo que Rachel asociaba al pequeño enfrentamiento que mantuvieron aquella mañana, y que a pesar de creer que se había esfumado tras la despedida, volvía a saber que no era así. Al menos la actitud que mostraba Quinn así lo dejaba entrever.
—Ya lo hice, no volverá a ofrecerme nada más a menos que yo se lo pida—respondía evitando en todo momento mencionarle la disputa que mantuvo con su representante por Emily.
Rachel era consciente de que Kevin no era alguien que le agradase, y suficientes peleas habían tenido ya como para seguir provocando situaciones tensas entre ambas.
En ese instante, lo único que deseaba era que Quinn volviese a sonreír, y todo regresara a esa normalidad que existía entre las dos antes de que todo aquello sucediera, cuando Quinn aprovechaba cualquier excusa para robarle un beso o simplemente se miraban y sonreían sin más, sin tener que hablar para saber lo que querían.
—¿Te duele? —cuestionó al ver como Quinn trataba de estirar su cuello y descargar la tensión que acumulaba en su espalda.
—Un poco, pero nada importante—respondía provocando que Rachel actuara. Apenas dudó unos segundos en buscar la postura adecuada para lograr alcanzar su espalda y comenzar un pausado masaje que Quinn se dejó hacer.
—Deberías ir a algún masajista profesional, Quinn—habló—tienes esta zona demasiado tensa—explicaba al tiempo que, con soltura, dejaba caer ambas mangas del vestido de la rubia y permitía que sus hombros quedasen liberados—Es probable que tengas contracturas.
—Lo sé, está entre mi lista de prioridades para año nuevo—dejó escapar con una leve sonrisa tras sentir como a la calidez de las manos de Rachel conseguían aliviarla.
—¿Sabes? No debería estar haciendo esto—susurró acercándose al oído—Aún me debes algo.
—¿Te debo algo? —cuestionó extrañada.
—Sí ¿Recuerdas cómo te comportaste cuando amanecimos juntas en tú cama? —volvía a susurrar—Ah no perdona, que no amanecimos juntas porque tú estabas con tus chicas del foro—ironizó provocando la sonrisa en Quinn—Creo que me debes algo muy, muy, pero que muy romántico ¿No es cierto?
—Tengo que regresar en breve al ensayo—respondía divertida—No creo que pueda demostrarte en tan pocos minutos lo romántica que puedo ser.
—¿Aquí? —lanzó una mirada a su alrededor—¿Podrías ser romántica si tuvieras tiempo en un sencillo camerino de teatro? Dudo que aquí haya algo que pueda lograr convencerme.
—¿Me estás tentando? —se giró buscando su mirada.
—¿Tentando? Oh, dios… ¿Estás hablando de hacerlo aquí?
—¿Tú no?
—¡No! —dejó un pequeño golpe sobre su hombro—Yo hablaba de algo romántico.
—¿Hacer el amor no es romántico?
—Sí, pero yo quiero algo que me haga desear hacer el amor contigo, más de lo que ya lo deseo—respondía mostrando una traviesa sonrisa.
—¿Qué haces mañana? —Quinn se giraba por completo y acababa con el breve masaje, solo para quedar frente a frente con ella. Acababa de recordar algo que había pensado aquella misma mañana, y que podría ayudarle a regalarle aquel gesto romántico que tanto deseaba.
—¿Mañana? Pues no sé, supongo que pasar el día con Emily ¿Por?
—¿Qué te parece si nos vamos por la mañana a Central Park, con ella?
—¿A Central Park? —repitió cambiando radicalmente el gesto. Volvía esa sensación de contradicción y más aún después de haber discutido con ella y con Kevin por el mismo motivo.
—Hay un castillo de princesas en Great Hill, y algunas atracciones para pequeños, estoy segura de que a Em le va a gustar—respondía.
—No sé Quinn—se levantó rápidamente del sofá.
—Avisa a Kate—añadió al ver la contradicción de Rachel—Podemos ir las cuatro juntas.
—¿A Kate? —se giró de nuevo para buscar su mirada—¿Quieres que Kate nos acompañe?
—¿Por qué no? Quizás le apetezca, y bueno así estaremos más tranquilas, sin miedos.
—¿De veras no te importa que Kate nos acompañe?
—En absoluto, es pelirroja sí, lo sé, pero me consta que es buena chica—le sonrió divertida— Y si además vas a estar más tranquila con ella, por mí perfecto—espetó acercándose a Rachel, tratando de mostrarle la confianza que trataba de expresar con sus palabras y recuperando su humor—Además me gustaría verla rodeada de palomas.
—Ok, ok—balbuceó—Cuando llegue a casa se lo comentaré a ver si le apetece.
—Perfecto, si no quiere, podemos hacer otra cosa sin salir de tu casa, como hacer pasteles o jugar.
—¿Quieres pasar el día conmigo y con Em? —cuestionó un tanto sorprendida.
—Ella no me exige que haga cosas románticas—Le dijo abandonando el sofá para acercarse a ella—Es mejor pareja que tú.
—Hey, eso no es justo, no fui yo quien abandonó la cama tras…
—Shhh—susurró hasta lograr tenerla a escasos centímetros de su rostro—Quiero pasar el día con Emily, y la noche contigo para demostrarte que sí puedo ser romántica.
—Eso suena mejor—susurró desviando la mirada hacia los labios de Quinn. Un gesto que precedía a lo que estaba por suceder y que ambas deseaban.
Quizás aquel juego sobre hacer algo romántico era un tanto extraño para la madurez que ambas tenían, pero estaba siendo clave para conseguir eliminar cualquier vestigio de tensión que se creaba entre las dos cada vez que salía a flote aquel tema de conversación acerca de la privacidad de la niña.
Habían encontrado el tema perfecto para que sus contradicciones no terminasen sacándolas de quicio.
—¿Quieres besarme? —preguntó Quinn al tiempo que humedecía sus labios.
—¿Tanto se me nota?
—Bastante, básicamente porque no paras de mirarme a los labios—sonreía traviesa—Vamos ¿A qué esperas?
—Espero a que me robes tú el beso, y así no…
Robado.
Los deseos de Rachel eran órdenes para Quinn, que no permitió que su chica terminase aquella frase por culpa de sus labios, que ya se unían a los de ella y destruían cualquier mínimo espacio que quedase para el aire.
Suave, sensual y delicado. Así era el beso que se entregaban mientras Rachel buscaba apoyo en el tocador que Quinn tenía en su camerino y ésta, sin temor alguno, se adueñaba de su cintura, atrayéndola con más ahínco hacia ella.
Se estaban besando en su camerino, sí, donde Quinn se cambiaba de ropa y se preparaba para salir a actuar o en el caso contrario, abandonar el teatro. El lugar en el que Quinn descansaba cuando no tenía ensayo y donde decenas de fotos que la llevaban a un tiempo pasado, adornaban las paredes que rodeaban aquel enorme espejo que ahora, en aquel instante, reflejaba a la morena de espaldas y a sus manos entrelazadas en la cintura de ésta.
Un lugar que no estaba preparado para algo así, al menos en aquel momento, cuando el director de la obra acudía hasta él para preocuparse por el estado de la rubia, y donde tras abrir un poco la puerta, que ni Rachel ni Quinn habían acertado a cerrar, descubría la escena que ambas protagonizaba ajenas a todo lo que sucedía a su alrededor.
—Quinn—musitó abriendo un poco más la puerta con lentitud— ¿Estás ya mejor o…? —no pudo terminar la frase porque su voz se esfumó al descubrirlas, al igual que ninguna de las dos supo responder tras escuchar al chico y separarse rápidamente, dejando que el aire interpusiese el suficiente espacio entre ambas para salir ilesas de aquel momento—Lo siento—se excusó Gio retrocediendo varios pasos, y cerrando la puerta tras él—No quise molestar, chicas.
—Mierda—susurró Rachel dejando caer varios botes que permanecían sobre el tocador, donde prácticamente había terminado sentándose.
—Quinn ¿Estás mejor? —Insistió Gio tras la puerta—Jane no se sabe muy bien tu guion y necesito que me digas si vas a volver para seguir con el ensayo o cancelarlo.
—Voy ahora mismo—respondía nerviosa, sin apartar la mirada de Rachel que permanecía en pleno estado de shock.
—Ok, os espero en el escenario. —Le dijo haciéndole ver que las volvía a dejar a solas.
—Vamos, Rachel—susurró siendo consciente de que Gio las había visto—Tengo que regresar.
—Ve tú—se excusó—Yo no puedo ir ahora mismo hasta allí.
—Pero nos ha dicho que nos espera en el escenario, querrá que tú estés presente también.
—No, ni hablar. Yo ahora mismo no puedo enfrentarme a él.
—Rachel, nos ha visto—respondía—Es absurdo evitarlo, nos ha visto y…
—Lo sé—La interrumpía— y por eso no puedo salir y mirarle, necesito pensar que decirle y… ¡oh dios! —volvía a lamentarse. —¿Cuándo van a dejar de pasarnos cosas?
—Hey, relájate, ¿Ok? Tienes razón, voy a salir yo y seguir con el ensayo. Ya luego hablamos con más calma, ¿te parece bien?
—Ok.
—No te preocupes, ¿vale? —trató de sonreír, aunque los nervios volvían a causarle una mala jugada y aquella sonrisa se mostró de muchas formas menos tranquilizadora—Todo irá bien.—Le dijo, pero esa vez Rachel apenas pudo creerla, y terminó regresando al sofá, donde se dejó caer aun con el rubor reflejado en su rostro.—Relájate Rachel—consiguió hablar con más calma—No creo que sea algo raro para él encontrarse a dos chicas besándose—susurró acercándose—Apuesto a que él entiende muy bien de este tema, y te dice algo, ¡pum! Le echas, que para eso eres la jefaza—bromeó, y Rachel terminó aceptando su discurso. Aunque no precisamente por aquella broma. Fue el que le recordara que Gio no debía sorprenderse por algo como lo que acababa de ver, lo que logró calmar un poco un poco su estado, aunque no lo suficiente. No era algo nuevo que Quinn dejase entrever que conocía las tendencias homosexuales de su compañero, de hecho, dudaba que hubiese alguien que obviara ese detalle del director, pero lo que a ella le preocupaba es que volvían a descubrirlas en actitud cariñosa e íntima en su lugar de trabajo. Y eso era algo que nunca le había gustado, fuera quien fuese su pareja.
Pero no podía recriminarle absolutamente nada a Quinn, de hecho, había sido ella quien provocó aquella situación. Tal vez por eso aceptó su petición.
—Quédate aquí el tiempo que creas necesario—volvía a hablar Quinn, que sin dudarlo volvía a dejar un beso en sus labios—Piensa en lo de mañana ¿Ok?
—Claro—balbuceó alzando la mirada hacia ella—Hablamos luego.
—Claro… Ah, por cierto —volvía a llamar la atención de la morena ya junto a la puerta—Acabas de convertirte en mi masajista personal, así que ve preparándote, mira tutoriales o incluso te dejo que hagas algún curso para especializarte. Me da igual, pero quiero que seas tú quien me de los masajes a partir de ahora. ¿Entendido?
—Sí, claro…
—No me mires así, ni me hables con esa desgana. Pienso pedirte muchos masajes, y de muchas formas. Quiero experimentar.
—¿Experimentar?
—Sí, ya sabes—le sonrió traviesa—Masajes relajantes, tailandeses, o…
—¿O qué Quinn? —interrumpía al ver que la rubia no terminaba de hablar.
—O el tántrico…—le respondió regalándole un guiño de ojos al tiempo que cerraba la puerta tras ella y la dejaba a solas en el camerino
—¿Tántrico? —murmuró dejándose caer de nuevo sobre el respaldo del sofá—pero si el masaje tántrico es… Oh dios—susurró sintiendo como el calor se adueñaba de su cuerpo—Oh dios, Quinn.
