DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: ¡Uno menos! ¿O uno más? Bueno, aquí está el siguiente capítulo pala alegrar el fin de semana! Espero que lo disfruten mucho. Les agradezco tremendamente todo el apoyo que le han dado a ésta traducción, y como una fanática más de la historia les puedo asegurar con total certeza que no se arrepentirán. ¿Les recuerdo? Sí, nos quedan 6!
Nota Autora: ¡Mis queridos! Lamento mucho la demora. Tuve mi cumpleaños este fin de semana (no es un intento descarado para recibir reviews de 'feliz cumpleaños', solo una explicación del por qué de este retraso que no será algo normal).
¡Gracias a quienes se comunicaron cuando no había un capítulo para fin de semana! Estoy bien y agradezco su apoyo. Además, elegí ponerme a escribir y publicar en lugar de responder a cada review esta semana, ya que supuse que preferirían un capítulo. Ja. Ya me pondré al corriente.
Como recompensa, éste capítulo contiene algo que algunos de ustedes han estado pidiendo... Ya verán.
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La Forma Correcta de Actuar
Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8
Capítulo 30
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Él la había magullado. La había marcado.
Hermione miró el chupetón en su cuello, retirando hacia atrás su cabello.
La había reclamado como suya.
Hermione dejó caer su cabello. Consideró no cubrirlo, recordando que él no había cubierto las marcas que ella le había dejado, pero aún no tenía sentido para ella el por qué lo había hecho él.
Luego pensó en lo que la gente de la oficina podría pensar si lo vieran. Lo que Blaise podría decir...
Cubrió el chupetón con un glamour, y después con maquillaje.
Se subió al elevador que conducía a M.C.G. el miércoles por la mañana, repasando en su cabeza todas las razones por las que había decidido renunciar ayer.
Estaban echando para atrás todos sus proyectos.
No recibía el apoyo que necesitaba para volver sus ideas realidad.
Estaba aburrida con el proyecto en el que trabajaba actualmente, y era el único proyecto en el que se le permitía trabajar.
Su jefe la ignoraba y la trataba como una molestia.
Su jefe la usaba como un medio para obtener publicidad.
Tenía una relación volátil con su jefe tan impredecible que había comenzado a causarle dolor de estómago.
Decidió dejar fuera de esa lista cualquier reclamo por acoso sexual, debido en parte al hecho de que odiaría sonar como una hipócrita. Él la había besado primero. Pero ella lo besó la segunda vez.
Hermione sacudió esos pensamientos de su mente antes de que pudiera preguntarse ¿Quién sería besaría a quién la tercera vez?
Las puertas del ascensor se abrieron. Ella levantó los ojos del suelo, endureciendo su expresión, y su mirada se posó en Draco, de pie en el mostrador de recepción.
Su estómago se retorció.
Observó cómo sus ojos se elevaban del documento que leía hacia ella. Él asintió a modo de saludo y respiró hondo, tranquilizándose. No lo habría notado una semana atrás, pero ahora sentía que sus respiraciones se habían sincronizado, la forma en que la exhalación de Draco empujaba el aire en su boca al inhalar-
Salió del ascensor, sin saber que expresión tenía, y giró a la derecha para dirigirse a su oficina. Él comenzó a caminar a su lado.
—Buenos días, —dijo.
Hermione lo miró y encontró una mano extendiéndole un vaso de café. Ella parpadeó. Era un vaso para llevar, con el nombre de una cafetería a la vuelta de la esquina.
—El Sr. Townsend quiere venir mañana a revisar la documentación, a ultimar detalles.
Ella tomó el vaso de café que le ofrecía, olvidando por completo sus modales y sin decir nada en agradecimiento. —Ok.
—Es justo antes del almuerzo, ¿está bien?
—Sí. —Miró el vaso en sus manos. Tal vez él había comprobado su agenda con Walter.
Llegaron a su puerta.
—Tengo algunas ideas para el resto de la recaudación que me gustaría revisar contigo en cuanto te sea conveniente.
Hermione lo miró. Su rostro estaba quieto, ojos grises y neutrales, pero ya no eran fríos como antes.
—Excelente, —dijo ella.
Se quedaron allí por un momento, frente a la puerta de su oficina, mirándose el uno al otro, antes de que él asintiera y se volteara para caminar hacia su oficina. Tal vez se había equivocado, pero podría jurar haber visto que los ojos de Draco se habían deslizado sobre su cuello justo antes de girarse. Hermione se llevó la mano libre hacia el moretón y el café a lo labios mientras lo veía alejarse. La cantidad de edulcorante y crema era perfecta.
¿A qué "antes" se habría referido Draco cuando le dijo que volverían a ser como antes?
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Aún no había pasado ni una hora, ya que Hermione se había instalado y finalmente se había enfrascado en su trabajo, y él regresó.
—Granger.
Hermione saltó ante el sonido de su voz y volvió a saltar cuando levantó la vista y lo encontró en la puerta.
—¿Sí?
—¿Tienes un momento?
Ella parpadeó —¿Sí?
Draco entró en su oficina y su corazón se detuvo cuando él comenzó a cerrar la puerta... pero luego la dejó entreabierta, una rendija visible para el resto de la oficina.
Oh, gracias a Dios.
—Muy bien, —dijo él, caminando hacia su escritorio, mientras se echaba el pelo hacia atrás. Arrojó algo -algunos documentos- sobre su escritorio y tomó una de las sillas de invitados. —Repasemos esto.
Hermione tuvo la horrible idea de que la carpeta que acababa de arrojar sobre su escritorio contenía el Contrato de amor o el Conflicto de intereses o cualquier cantidad de cosas desagradables.
Draco arrastró la silla hacia adelante y abrió la carpeta.
—El Santuario de Snidgets, —dijo, recorriendo el documento con los ojos—. ¿Los números de disminución proporcionados son reales, o sólo estimaciones?
Él la miró y parpadeó rápidamente, como si estuviera despejando su visión.
Hermione se tomó un momento para descubrir qué era exactamente lo que estaba sucediendo antes de aclararse la garganta y responder. —Son estimaciones basadas en el declive del año pasado.
—Entonces, lo primero que tendremos que hacer es enviar a nuestra gente a obtener cifras reales, de este año, así como la disminución esperada para el próximo año. —Draco bajó la vista hacia el documento, y Hermione finalmente sumó dos más dos. Era su propuesta de los Snidgets, con notas garabateadas por todas partes.
Draco la había revisado.
—El cronograma y el presupuesto proyectado que corregiste son mucho más factibles que los primeros, pero para reducir los costos aún más, me gustaría enviar solamente a Walter a Somerset. —Él la miró para evaluar su reacción.
Podía sentir que estaba a punto de poner mala cara-
—Él podría salir a principios de la próxima semana —dijo Draco—. Pero si decides ir con él, empezarás a perderte algunas reuniones importantes y fechas límite de la Ley de Hombres Lobo.
Hermione cerró la boca. Esto es hacer llegar a un acuerdo, Hermione...
Y no le gustaba para nada.
—Sí, —dijo ella—. Si podemos comenzar a principios de la próxima semana, sería maravilloso.
Él asintió mientras la observaba. —Todavía creo que fijar la fecha de la corte para marzo es demasiado ambicioso. —Ella frunció los labios—. Puedo asegurar que el Wizengamot estará bastante harto de nosotros al final del juicio para la Ley de los Hombres Lobo, y saltar sobre ellos con otro proyecto sin haber pasado primero un par de semanas puede ocasionar una reacción violenta.
—Pero deberían ser imparciales, —dijo Hermione, frunciendo el ceño—. Tienen que ver cada caso como entidades separadas.
Draco levantó una ceja —Deberían... —El pero no lo harán no necesitaba decirlo.
Él se removió en su asiento, intentando sin éxito cruzar las piernas. Bajó la vista hacia la silla.
—Tengo que conseguirte sillas mejores. Éstas son horribles. —Ella lo vio moverse a una posición diferente.
—Me gustan esas sillas.
—Entonces debes odiar a tus visitas.
—En realidad no tengo visitas —dijo—.La única persona que se sienta allí es Blaise.
—Oh, entonces las dejaremos. —Él le sonrió.
Ella miró sus ojos, más cálidos de lo habitual. No estaba segura de qué estaban haciendo. Sus labios se crisparon ante su broma, pero no entendía de dónde estaba saliendo ésta parte de él.
Decidió trasladar la conversación a los Snidgets. —Entonces, ¿planearemos una cita con la corte en abril?
Draco asintió. Pasaron a discutir los objetivos de la recaudación de fondos.
—Creo que llevar el caso de los Snidgets Dorados a la vista del público nos ayudaría, —dijo Draco—. No mucha gente conoce su historia o su relación con el Quidditch. Podríamos tener más ojos sobre el caso con la ayuda de los jugadores de Quidditch que conocemos. —Él la miró atentamente.
Hermione levantó la ceja, reflexionando sobre la idea, y de repente dijo, —¡Oh! ¡Me pregunto si podría ponerme en contacto con Viktor!
Su cerebro comenzó a formarse en torno a ese plan, pensando en lo interesante que podría ser tener un jugador de Quidditch como portavoz, alguien a quien podrían entrevistar. Levantó la vista hacia Draco y encontró sus labios apretados.
—Me refería a los Weasley, pero sí, —dijo Draco, frotándose la mandíbula—, Krum también podría ser útil.
Oh, claro, Ron y Ginny. Realmente no había hablado con Ron desde hacía un par de semanas, cuando él le escribió aquella desagradable nota.
—¿En qué estás pensando? —preguntó ella.
—Creo que hacer público el proyecto podría ayudar, —dijo Draco—. Conseguir que Skeeter escriba un artículo. Incluso revisar si el periódico de Lovegood estaría interesado.
Hermione asintió. Eso era maravilloso. —¿Sabes quién más estaba realmente interesado en los Snidgets? Rolf Scamander, —dijo—. Probablemente también estaría encantado de ayudar a que el caso consiga más atención.
Ella lo miró con los ojos muy abiertos y emocionados, y lo vio quieto; él tensó la mandíbula y luego la soltó.
—Maravilloso. —-Él se levantó—. Avanza con esto y consigue algunos contactos iniciales, y haz los arreglos para que Walter salga la próxima semana. —Tomó sus notas y se dirigió a la puerta.
—Gracias Draco. —Se mordió el labio en cuanto las palabras salieron de su boca.
Él volteó a mirarla, asintió y se fue.
Más tarde ese día, Walter trajo su correspondencia. Continuaba separándole las cartas personales de las de negocios, intentando no leer las personales una vez que fue capaz de distinguir entre ambas. Le entregó un memorándum interdepartamental que les informaba a todos que los Miembros del Consejo de Hogwarts celebrarían un Baile de San Valentín ese sábado por la noche, y a todos los miembros de M.C.G. habían sido invitados. Hermione puso los ojos en blanco, despreciando la celebración del Día de San Valentín tanto como el día en si. Harry estaría fuera de la ciudad este fin de semana visitando a Ginny en Canadá para su partido, por lo que no podía contar con ninguno de ellos para acompañarla a esta cosa.
Empezó a hojear la correspondencia de admiradores y cartas personales primero, y terminó en un hermoso sobre naranja tostado con caligrafía rebuscada al frente.
Srta. Hermione Granger
Hermione frunció el ceño. Abrió el sobre y sus ojos se abrieron más y más.
¡Mi querida Hermione!
Finalmente estoy de vuelta en el Reino Unido después de las vacaciones, ¡y me encantaría invitarte a almorzar! ¡Necesito felicitarte por todo tu éxito en Malfoy Consulting Group!
He estado deseando saber qué opinas sobre una organización benéfica que estoy comenzando en casa. ¡Avísame si estarás disponible para el final de la semana!
Con amor,
Katya
Hermione dejó caer la carta sobre su escritorio y se pasó las manos por la cara.
¿Era una jodida broma?
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El jueves por la noche, la clase de baile de Hermione dio un giro sorprendente. Una melodía familiar sonó en el gramófono, y la Srta. Truesdale anunció que trabajarían en el Vals Francés esa noche.
El Vals Francés, casualmente, era el único baile Sangre Pura que Hermione conocía. Era el que había aprendido para el baile de Navidad, memorizado y practicado -desesperada por no ser una vergüenza del brazo de Viktor Krum. Era el baile en el que había girado por un momento alrededor de Draco, sin que sus manos se tocaran; y por lo tanto, era el baile que se había arraigado en su cabeza durante los últimos cinco años.
No era que fuera a decirle eso a la Srta. Truesdale. Ella simplemente asintió mientras le mostraban la formación, y cómo contar un vals, y cómo mantenerse en la punta de los pies. Se giró en la dirección opuesta varias veces sólo representar el papel de novata, pero al final de la lección, la Srta. Truesdale tenía una miradita de satisfacción estirando sus facciones.
Esa noche, Hermione entró en su apartamento, sintiendo que no había nada que deseara más que acostarse, leer y quedarse dormida.
Harry se levantó del sofá en cuanto ella entró.
—Oh hola.
—Hola, Hermione. —Él se frotó las manos en los pantalones.
—¿Qué no estaba Ginny en Canadá?
—Está allá, —dijo, rascándose la oreja—. Entré por mi cuenta.
—Vaya. —Ella dejó su bolso y se quitó los tacones—. ¿Pasó algo malo?
—Hum, nada malo. —Harry se acomodó las gafas y comenzó a jugar con sus dedos—. ¿Podemos sentarnos?
Hermione lo miró fijamente. ¿Había hecho algo mal? ¿Se trataba de Draco? ¿Por fin le diría qué opinaba al respecto? ¿Habían herido a alguien? ¿Había sucedido algo terrible?
Se sentó en la mesa del comedor, con las piernas temblorosas. Harry se sentó frente a ella. Respiró hondo y las palabras salieron a borbotones de su boca.
—Voy a pedirle a Ginny que se case conmigo.
Hermione sintió que sus cejas se alzaban, pero fue lo único en ella que se movió. No podía sentir su corazón latiendo, o sus pulmones expandiéndose. Lo miró fijamente.
Sonríe. Se supone que debes sonreír cuando te cuentan algo así.
Hermione sonrió y rió entre dientes. —¡Harry!
El rostro preocupado de Harry se evaporó y le devolvió la sonrisa.
—¿¡Cuando!?
—El lunes, —dijo—. El día de San Valentín.
Hermione se llevó las manos a la boca. —¿Por qué te pusiste tan nervioso de contarme?
—No lo sé, —se rió Harry, frotándose los ojos—. Eres la última persona en mi lista -además de Ginny, obviamente- y me siento aliviado de ya estar a medio camino.
La última persona…
—¿Quién más lo sabe?
Harry bajó la vista hacia la mesa. —Fui a ver a Arthur ésta semana. Y el fin de semana pasado, fui a Irlanda.
A ver a Ron. Hermione asintió. Visitó un país distinto antes de hablar con ella. Entonces recordó el incómodo y horrible almuerzo que tuvieron la semana pasada, cuando él la había descubierto con Draco. Le había pedido que almorzaran ese día; pero desafortunadamente, Hermione la había convertido en una conversación sobre ella.
Hermione se mordió la mejilla. —¿Cuál de esas conversaciones fue más difícil? —se carcajeó.
—Sorprendentemente, la de Ron. —Harry asintió—. Él está bien, por cierto.
—Qué bueno.
—Él... Bueno, está saliendo con alguien. —Harry la miro. Hermione tragó saliva.
—Sí, me lo contó en Navidad.
—Sí, —dijo Harry. Se rascó la cara—. La conocí. Es una chica agradable.
Hermione respiró lentamente. —Eso es genial.
Harry la miró de nuevo. —De todos modos, me alegra que estés enterada sobre Ginny y yo. —Harry sonrió.
Hermione asintió, sonriendo tan alegremente como pudo. —¿Traes contigo el anillo?
Harry se sonrojó y sacó la caja de su túnica.
Hermione sonrió y asintió. Se rió y volvió a reír, y le preguntó cómo iba a proponérselo, si sería romántico o espontáneo; cómo había reaccionado Arthur, a qué restaurante irían. Ella lo escuchó y el peso de su estómago se hizo cada vez más y más pesado.
Harry se iba a casar, Ron salía con una linda chica, y Hermione jugaba a agarrarse las nalgas con Draco Malfoy una vez por semana.
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El viernes por la mañana, Hermione miró el atuendo planeado para ese día y frunció el ceño. Había algo un poco extraño respecto a él. Era como si los colores no combinaran, o tal vez era el dobladillo de la falda.
Pensó en llamar a Pansy para averiguar qué estaba mal, pero ella estaba en Italia, diseñando un vestido para el Baile de Debutante de la hija del Ministro de Magia italiano. Era un gran negocio para ella, y Hermione no creía que una "cita para almorzar con Katya Viktor" calificara como una emergencia.
Draco la recibió con café nuevamente, al igual que había hecho el jueves por la mañana. Parecía que esto se convertiría en un hábito. Él la acompañaría los quince segundos que tomaba llegar a la puerta de su oficina y le comentaría cualquier cosa apremiante, como alguna cita programada; y luego la dejaría en su oficina, y ella lo contemplaría dirigiéndose a la suya.
Se escapó de la oficina diez minutos antes del mediodía y se dirigió al único café mágico cerca de la oficina. Nunca antes había estado ahí, pero Katya había dicho que era "para morirse".
Katya llegó temprano. Más temprano que ella, lo que era difícil de lograr. Se levantó de la mesa con una radiante sonrisa y con brazos sedosos que envolvieron a Hermione en el abrazo más amistoso que había recibido de una extraña en toda su vida.
Bien. Al parecer Katya no sabía nada sobre los besos que Hermione le había dado a su novio intermitente una vez tras otra…
—¡Mi querida! —Katya se apartó del abrazo y tomó a Hermione por los brazos—. ¡Te ves espléndida! —Los ojos de Katya recorrieron el atuendo de Pansy, y Hermione reprimió un comentario que Madame Michele hubiera descrito como "rechazo de cumplido".
Katya pasó los dedos por la tela sobre el hombro de Hermione. —¡Oh, desearía que Pansy Parkinson diseñara para mí! ¡Es tan talentosa! —Hermione casi se echó a reír, recordando el desdén de Pansy por la chica Búlgara. Katya continuó—. ¡Y, por supuesto, la ropa no es nada si no es vestida por la bruja adecuada! —Dientes blancos y brillantes. Y entonces la mano de Katya estaba tocando el rostro de Hermione cariñosamente…
Hermione se las arregló para agradecerle y deslizarse fuera de su alcance para que pudieran sentarse, ahuyentando la atención de su persona.
Charlaron un poco sobre las vacaciones, pidieron bebidas a la dulce y vieja bruja que atendía el lugar, y prepararon su té y café como a ellas les gustaba. Katya, observó Hermione, usaba exactamente la cantidad de leche y terrones de azúcar sugeridos por Madame Michele. Su cuchara no tintineó contra la taza mientras agitaba su bebida. Pero la de Hermione tampoco lo hizo.
—¡Oh, estoy tan contenta de haber conseguido verte para ponernos al día! Me moría por reunirme contigo desde el día en que nos conocimos- ¡bueno, tal vez incluso desde antes!
Hermione se sorprendió pensando lo mismo que la primera vez que vio a Katya junto a Draco en los periódicos; sonreía demasiado.
—También me alegra tener la oportunidad de conocernos realmente, —dijo Hermione—. ¿Estarás con más frecuencia en la ciudad? —Hermione no pudo contenerse cuando las siguientes palabras salieron de su boca—. Al menos hasta el lunes. ¿Por el día de San Valentín?
—¡Oh no! —Katya hizo un puchero—. Me voy a Bulgaria mañana. No volveré por lo menos hasta marzo.
—Oh, —dijo Hermione, levantando las cejas lo más inocentemente que pudo—. Pensé que pasarías el día de San Valentín con Draco.
¿Por qué, Hermione? Por qué.
Katya agitó una mano bien cuidada, —Oh, no habrá necesidad de eso. Terminamos nuestro acuerdo hace un par de meses—. Katya se llevó la taza de té a los labios y colocó el platillo justo debajo de una forma que Madame Michele seguramente aprobaría.
Los ojos de Hermione se crisparon mientras la miraba. —¿Acuerdo?
—Sí, lo de las citas. —Katya dejó la taza y el platillo en la mesa y echó un vistazo a la cafetería.
Hermione la miró fijamente. ¿Tal vez existía algún problema con la traducción entre el búlgaro y el inglés que estuviera afectando?
—¿Querrás decir que terminaron la relación?
Katya la miró. —¿Terminar la relación? —Parecía tan confundida como Hermione. Luego fue como si una luz se encendiera en la cabeza de Katya—. ¡Oh! ¡Qué extraño! —Ella se rió. Hermione pensó que nada de esto era gracioso—. Pensé que Draco te lo habría contado, puesto que ustedes dos son tan cercanos.
Hermione esperó, ignorando su propia confusión respecto a Draco y su "cercanía".
Katya continuó, mirando a Hermione con ojos amables. —Draco y yo sólo teníamos una relación frente a los periódicos. En realidad no estábamos juntos. —Ella se echó hacia atrás—. Me sorprende que nunca te lo haya contado.
Hermione apretó la mandíbula. —Tanto como a mi. —Soltó una carcajada que sonó un poco histérica—. Me temo que aún no entiendo.
—Necesitaba aparentar una vida social emocionante y envidiable una vez que estuvo fuera de Azkaban, para rehabilitar su imagen. Entonces, llegamos a un acuerdo. —Katya se encogió de hombros y le hizo una señal a la mesera.
Ordenaron y Hermione hirvió por dentro. Una vez que la mesera se fue, Hermione volteó a ver a Katya. —No pretendo ser imprudente, pero ¿no te sentiste utilizada?
—Oh, no, —dijo Katya, sonriendo—. De hecho, creo que yo obtuve la ventaja en algunas ocasiones.
Hermione miró a Katya. Esa mujer a quien había respetado, odiado y envidiado; y Hermione le rogó que por favor se explicara.
Katya miró a su alrededor, bajó la voz y dijo, —Estoy comprometida en Bulgaria. —Señaló un anillo que Hermione no había notado. Era sencillo, pero encantador—. Él es muggle.
Los ojos de Hermione ascendieron hacia su rostro, esperando el remate.
—Mi padre... No lo aprueba. —Katya frunció el ceño hacia la mesa.
Hermione entrecerró los ojos. —Lo lamento, pensé que tu madre sería... escuché que eres mestiza.
—Ella es nacida muggle. Aún así era bruja; pero mi padre encuentra una diferencia.
Y así como así, un vacío absorbió toda la confianza de esa chica ante la simple mención de su padre. Su postura se desplomó y se mordió el labio. Katya levantó la vista hacia Hermione y se recompuso.
—Necesitaba un pretexto. Si bien Andrei y yo ahorramos nuestro propio dinero, necesitaba una razón para que mi padre no me emparejara con algún graduado de Durmstrang o con el subsecretario del Ministerio de Magia Búlgaro. —Ella puso los ojos en blanco—. Pero ahora Andrei y yo podremos fugarnos el próximo mes. —Ella sonrió.
—Entonces... ¿Andrei estaba de acuerdo con el arreglo? —Hermione intentó mantener el juicio lejos de su tono de voz. Probó de otra forma—. ¿Qué besaras a otro hombre por las apariencias?
Katya se carcajeó. —La primera vez fue fácil. Pero el segundo beso sí me acarreó un pequeño problema—. Hermione escuchó su risa rebotar en la cafetería al recordar la imagen de Draco apoyando a Katya contra la pared de ladrillos, con las manos sobre su pelo y su cadera. La voz de Katya la sacó de allí—. Pero Draco me lo pidió. Dijo que necesitaba ir un poco más lejos, sólo una vez.
—¿Por qué? —La voz de Hermione era tranquila. Sabía cual sería la respuesta, pero necesitaba desesperadamente escucharla.
Katya batió sus pestañas, echó un vistazo a los costados rápidamente antes de volver a mirarla—. Por su padre.
Hermione tragó saliva al rememorar las palabras que se había aprendido de memoria...
Saliendo con esa mestiza Búlgara cada vez que aparecen juntos en el periódico ustedes dos.
Hermione se sintió enferma. La camarera colocó su ensalada frente a ella, y Katya comenzó a divagar sobre la organización benéfica que comenzaría ese año. Hermione mantuvo las respuestas monosilábicas, desconfiando de su voz.
Cuando ya se iban, prometiendo mantenerse en contacto, Hermione se giró le y preguntó —¿Oye Katya?
La chica volteó, con el cabello moviéndose en cámara lenta a su espalda.
—¿Alguna vez Draco te dio un regalo? ¿Un libro envuelto para regalo?
Katya parpadeó. —No. No recuerdo que lo haya hecho.
La sangre de Hermione hirvió mientras le sonreía a la chica búlgara. Agitó una mano alegremente y giró sobre sus talones, marchando de regreso a la oficina.
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Las puertas del ascensor se abrieron y encontró a Blaise apoyado contra el mostrador de recepción, coqueteando con Melody. Cuando Melody la vio salir del ascensor, se enderezó y su sonrisa desapareció. Blaise volteó hacia Hermione y le dijo algo, pero ella lo ignoró y se dirigió a la oficina trasera a la izquierda.
La puerta estaba entreabierta, por lo que ni siquiera se molestó en preguntarle nada a la secretaria. Entró, cerrando la puerta tras ella.
Draco la miró y ella pudo ver que sus ojos de dirigían hacia la puerta cerrada. Él tragó saliva.
—¿Sí, Granger? —Volvió la vista hacia su papeleo.
—Acabo de tener una cita muy interesante.
Los ojos de Draco volvieron a subir hacia su rostro, mirándola de arriba abajo —¿Ah si?
—Con Katya.
Él le mantuvo la mirada —Vaya, —se encogió de hombros—. No sabía que estaba en la ciudad.
Ella se enfureció. Sacó la varita de su túnica y murmuró —Silencio.
—No- —Draco apretó la mandíbula—. Por favor, no silencies la habitación.
—Pero quiero gritarte, —siseó ella.
—Si sé que la habitación está silenciada y la puerta está cerrada, esto será más difícil para mí, —dijo él, con el color ascendiendo por sus mejillas.
Hermione casi perdió el aliento, pero ese tembloroso hilo de rabia que tenía dentro ganó la batalla. Regresó el sonido a la habitación y respiró hondo.
—¿Dónde están los libros?
Él la miró fijamente. —¿Libros?
—¡Los libros-! —Se detuvo a si misma y ajustó el volumen de su voz—. Los libros envueltos para regalo.
Draco se removió en su silla. —Si eran para regalo, entonces es muy probable que los haya regalado a-
—Katya no recibió ningún libro. Me lo contó hoy. —Hermione comenzó a caminar por la oficina—. ¡Envolví libros para tu novia y ahora resulta que ella no es tu novia, y nunca lo fue, y nunca recibió los libros! —Ella bajó la voz—. Quiero saber qué les pasó.
Él la estudió, alzando una ceja. —¿Realmente estás molesta por esos libros?
—¡Sí! —Volvió a ajustar su volumen—. Estoy furiosa por los libros, —dijo entre dientes. Hermione comenzó a compensar la falta de volumen con gesticulaciones salvajes.
—¿Qué no compré los libros?
—Sí, lo hiciste-
—Entonces, después de la transacción, ¿no tenía libertad para hacer con ellos lo que se me diera la gana?
Ella lo fulminó con la mirada y lo observó juntar los dedos apoyando los codos sobre el escritorio.
—Invertí tiempo y esfuerzo valiosos para envolver esos libros para Katya, y ahora me entero que Katya nunca recibió esos libros, ¡Así que quiero saber cuál fue el punto! —dijo entre grito y murmullo.
—Lo siento, —comenzó Draco, con ese toque de superioridad que la hacía enfurecer—, tenía la impresión de que envolver regalos en Cornerstone era un servicio que se le prestaba a cualquier cliente —Él le sonrió de lado—. No sabía que era necesario declarar al destinatario para adquirir el derecho a solicitar una envoltura de regalo.
La mandíbula de Hermione se desplomó, y sus ojos se entrecerraron. —¿Sabes qué, Malfoy? —siseó—. Ahora que lo mencionas, la envoltura de regalos no es un servicio gratuito. En realidad cuesta dos sickles. —Ella apoyó las manos sobre el escritorio—. ¡Lo había olvidado porque nadie más había sido tan idiota como para pedir que le envolviera un libro para regalo!
Su volumen había aumentado otra vez, así que respiró lentamente mientras lo miraba. Él permaneció en su silla, sosteniéndole la mirada. Luego metió la mano en el bolsillo de su túnica y sacó un monedero.
—¿Dos sickles, dices?
Ella jadeó. —No te atrevas a intentar pagarme.
—No te estoy pagando a ti, estoy pagándole a Cornerstone.
—¡No quiero que le pagues a Cornerstone!
—¡¿Entonces qué quieres?! —Su voz finalmente se había alcanzado un volumen por encima del normal. Abrió los brazos con exasperación y sus mejillas estaban enrojecidas.
Hermione lo miró desde el otro lado de su escritorio de mármol negro, con el pecho agitado, y por un momento se preguntó si por eso él todavía no se había levantado de su escritorio. Por lo general, llegados a este punto de la discusión, él ya la tenía acorralada contra una pared...
Respiró hondo, retrocediendo un paso del escritorio. —Lo que quiero saber es, ¿cuál era el punto?
Ella lo observó inhalar profundamente antes de contestar. —Era una forma de pasar tres minutos más contigo.
Ella lo miró a los ojos, con el corazón latiendo desmesuradamente. El gris en ellos era más cálido de lo habitual. Respiró lentamente.
—¿Algo más, Granger? —Él parpadeó y sus ojos volvieron a ser neutrales. No fríos, pero tampoco cálidos.
Hermione tenía las mejillas encendidas y apartó la vista hacia el escritorio. —No. Sí, eso era todo. —Ella mantuvo los ojos bajos—. Sí, muy bien, —tartamudeó y se dirigió hacia la puerta. Sentía que había algo más por lo que necesitaba gritarle...
—Nos vemos mañana.
Ella se detuvo en la puerta. —Mañana es sábado.
Draco alzó la vista para encontrar sus ojos. Neutrales. —El Baile de los Concejales.
Hermione parpadeó —No pensaba... no voy a ir.
Él entrecerró los ojos. —¿No recibiste el memo?
—Sí pero- —comenzó ella—. ¡Sólo era una oferta, no una obligación!
Draco golpeó los nudillos contra el escritorio. —Como Consultora en Jefe, y uno de los elementos esenciales tras Malfoy Consulting, es de esperarse que asistas.
Oh sí, también había querido gritarle por eso. Hermione puso las manos sobre sus caderas.
—¿No querrás decir que esperas que la Chica Dorada esté allí?
Él la miró. —¿Disculpa?
Hermione avanzó un paso. —Fui contratada para ser Consultora en Jefe del Departamento de Relaciones con No Magos, no para ser la cara de Malfoy Consulting Group.
—¿De qué estás hablando, Granger-?
—Sé sobre Wentworth, —espetó. Bajó la voz, alejándose de la puerta—. Me usaste para que Wentworth firmara, ¡y seguramente hiciste lo mismo con otras personas! Le dijiste que estaría trabajando en MCG antes de que la idea siquiera se me cruzara por la cabeza. Sé que usaste mi nombre y mi reputación para mejorar la tuya, del mismo modo que usaste a Katya y estoy harta de eso, —siseó.
—Tal vez mencioné que te había ofrecido el puesto, —dijo Draco, alzando una ceja—, pero no recuerdo haberle dicho a Wentworth que ya habías firmado.
—¡Pero no lo hiciste! —Se detuvo y susurró—. No me ofreciste el puesto. Brindaste con una copa de champaña hacia donde yo estaba. —Ella se cruzó de brazos.
—Es lo mismo. —Draco agitó la mano y entrecerró los ojos confundido.
Hermione resopló.
—Escucha, Malfoy. Me alegra defenderte ante aquellos que no creen en ti, o escribirte cartas de recomendación. Me alegra defender ésta Compañía y todo lo que representa. Y estoy feliz de ayudarte a que dejes una marca en este mundo, pero no te atrevas a asumir nada sobre mí sin haberme preguntado primero.
Hermione contuvo el aliento. Listo. Estaba hecho. Miró a Draco, y él tenía los labios apretados.
Él se levantó de su silla y caminó hacia ella, con paso lento alrededor del escritorio.
—Lo único que asumí sobre ti, Granger, era lo ridículamente infravalorada que te tenían en el Ministerio. —Sus ojos ardían otra vez, y Hermione dio un paso a la derecha, aferrándose a una de las sillas de invitados mientras él avanzaba—. Asumí que el Ministerio te destruiría como destruye a todos los soñadores. Y asumí que podrías hacer algo mejor.
Niveló su respiración. Dio un paso al lado de la silla, para colocarla entre ambos.
—Viniste a buscarme con el proyecto de Hombres Lobo, sabiendo que no podía resistirme-
—Te busqué con un proyecto para atraerte hacia mí, sí. Para hacerte ver lo que podrías llegar a hacer. Lo que nosotros podríamos llegar a hacer juntos. —Él se acercó, deteniéndose frente a la silla—. Pero a mí me importan una mierda los Hombres Lobo.
Debió haberle gritado; reprenderlo por ser un hipócrita y un obtuso.
Pero en cambio, se estremeció.
Él lo notó y sus ojos brillaron, como solían hacerlo.
—Tú... No debiste decirle a la gente que yo encabezaría éste Departamento sin tener la certeza.
—Yo creé éste Departamento para ti, —susurró, y ella vio sus ojos recorrerla mientras intentaba recuperar el aliento—. No existiría un Departamento de Relaciones con No Magos en Malfoy Consulting sin ti. Fue hecho a tu medida y sólo para ti. Para darte exactamente lo que deseabas.
Las rodillas de Draco tocaban la silla, y ella se aferró al respaldo, sosteniéndola entre ambos como un escudo. Sentía los labios secos. Los humedeció y lo lamentó en cuanto los ojos de Draco se deslizaron hacia ellos.
—La próxima vez, —susurró ella—, pregúntame si lo quiero.
Sus palabras se deslizaron por el espacio entre ambos como una brisa. Ella lo observó inhalar, y de pronto ya no estaba segura de qué habían estado discutiendo. Pero ella lo vio asentir una vez, y sintió que el aire se movía, como si hubieran hecho un trato.
Hermione respiró hondo, y vio que el calor en los ojos de Draco se disipaba. —Me gustaría que vinieras conmigo al Baile de los Concejales. —Él tragó saliva. Y ella evitó morderse la mejilla ante la formulación de su solicitud. Él continuó —Asistirán algunas personas que no sólo serán excelentes conexiones para Malfoy Consulting, sino también para ti.
Era su turno de tragar saliva. —No tengo nada que ponerme.
Una pequeña sonrisa se levantó en sus labios, y se alejó un paso de la silla. —Estoy seguro que podemos pedirle a Pansy que te diseñe algo.
Volvió a su escritorio, lejos de ella. Hermione todavía se aferraba al respaldo de la silla.
—Está en Italia. Ella- —Hermione respiró profundamente, ahora que él estaba lejos—. Ella está trabajando en un proyecto.
Él se detuvo, recordando, después maldijo por lo bajo. —¿En verdad no tienes nada en casa?
—Quiero decir, si fuera socialmente aceptable usar el mismo vestido que usé para Año Nuevo...
Claramente, el vestido era un tema que no debería haber mencionado. Ella lo observó voltear a verla con los ojos encendidos. La miró rápidamente de arriba abajo antes de voltear hacia otra parte.
Draco se aclaró la garganta. —¿Dónde conseguiste ese vestido?
—Era... una pequeña tienda en el Callejón Diagon. No recuerdo el nombre.
—¿Desrosiers? —preguntó, caminando hacia su chimenea.
—Creo que sí —Lo vio arrojar polvo de Flú al fuego y llamar a "Desrosiers".
Una mujer delgada con el pelo largo y gris asomó la cabeza entre las llamas, y sus arrugas se tensaron mientras sonreía radiantemente hacia Draco. Ella lo saludó como a un viejo amigo y, de pronto, Draco le estaba hablando en francés.
Nunca había escuchado un sonido más deleitable.
Hermione volvió a tomar el respaldo de la silla. La voz de Draco se sumergió y fluyó entre las palabras extranjeras, y Hermione trató de entender, pero no pudo. Él le hizo un gesto y se apartó a un lado.
—¡Sgta. G'angeg! —La mujer jadeó—. Ouí, mademoiselle, tengo sus medidas. —Ella continuó hablando en francés con Draco. Él respondió y luego comenzaron a reírse de algo. Hermione frunció el ceño.
Se enfrascaron en su conversación y la mujer besó el aire. Después desapareció. Draco se levantó de la chimenea.
—Te enviarán directamente a ti el vestido mañana por la tarde. Es lo suficientemente parecido a tu vestido de Año Nuevo sin ser exactamente igual.
Draco volvió a su escritorio y tomó una pluma para escribir una nota.
—Envíame la factura, —dijo Hermione.
Él se rió entre dientes. —Seguro.
Ella entrecerró los ojos, no del todo convencida. Lo observó escribir, reclinado sobre su escritorio, con el pelo cayéndole sobre sus ojos. Draco no dijo nada más, así que ella lo tomó como su señal para irse.
Caminó hacia la puerta, apenas alcanzándola antes de que él hablara.
—¿Por qué te parece esto distinto al acuerdo que tienes con Pansy? Ella también está sacando partido a costa tuya.
Hermione se giró hacia él. —Es completamente distinto.
Él puntuó una "i" en su escrito y volteó a verla —¿Cómo es distinto?
—Ella... estoy obteniendo algo a cambio. El trato ayuda a su imagen, tanto como a la mía.
—Entonces, ¿no estás obteniendo suficiente de nuestra relación, Granger?
Hermione no tenía idea de cómo se las arreglaba Draco para drenar el aire de una habitación con un par de palabras y una mirada.
—Eso no es lo que... —Ella apartó la mirada.
—Te daré los Snidgets.
Sus ojos se clavaron en él. Draco se metió las manos en los bolsillos y continuó, —Acortemos la fecha de la corte.
—Yo no... tú no... —tartamudeó mientras él la miraba.
—¿Qué tal el Proyecto de Integración de Nacidos muggles? Está aprobado, —dijo.
Hermione parpadeó. Abrió la boca. Y la cerró.
Él continuó —O el proyecto de beneficencia que desees. Es tuyo. Completamente respaldado.
El corazón de Hermione latía salvajemente contra su pecho. No sabía en que punto había logrado conseguir una negociación. Draco comenzó a caminar hacia ella, lentamente. Deseaba tener todavía esa silla...
—Pero tendrás que aceptar que no es a Draco Malfoy a quien desean ver en todas esas galas, recaudaciones de fondos y cenas. Es a Hermione Granger, la activista, la heroína de guerra, la Chica Dorada. Necesitarás empezar a utilizar esa fama para conseguir lo que deseas.
Se detuvo frente a ella, lo suficientemente cerca como para tocarlo. Hermione respiró tan uniformemente como fue capaz.
Lo miró a través de sus pestañas. —Tal vez tengas que enseñarme cómo.
La mandíbula de Draco chasqueó, y respiró profundamente, y Hermione notó que sus manos aún estaban dentro de sus bolsillos, deliberadamente lejos de ella. —Podemos comenzar mañana por la noche, —susurró.
Ella asintió.
Draco bajó la vista y dio un paso atrás. —Tu Búlgaro estará allí mañana. —Él comprobó su reacción.
—¿Viktor? —Ella levantó las cejas—. ¿En el baile de Concejales?
—A-já. —tarareó Draco—. Puedes discutir con él el asunto de los Snidgets. Intenta obtener su apoyo.
Hermione se mordió el labio, pensando. —Maravilloso, —dijo ella, con los ojos bailando sobre la alfombra.
—Asistirán algunas otras personas que creo que podrían ser de ayuda en cualquiera de tus causas —dijo—. Puedo presentártelas.
Ella lo miró. —De acuerdo.
Los ojos de Draco recorrieron su rostro y dijo —Nos vemos a las siete.
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El vestido llegó el sábado por la mañana. Una caja que reconoció de la última vez que Desrosiers le entregó un vestido. Hermione retiró la parte superior y desenvolvió el papel de seda, ansiosa por descubrir qué tipo de vestido le había pedido Draco.
Su aliento la dejó en una bocanada mientras sus dedos recorrían la seda.
Era dorado.
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N.A. ¿Un baile de San Valentín justo a tiempo para el día de San Valentín? Vaya, vaya :)
