Capítulo 26
Mi amor
_ Señorita... ¡usted, la de los lentes! ¿Podría lanzarme el objeto que esta entre la hierba? Es de color negro. _ El joven que se encontraba colgado de las ramas, le pidió a Patricia que le lanzara la navaja que se le había caído tratando de cortar las cuerdas del paracaídas. Patricia nerviosa comenzó a buscarlo, pues el joven era tan guapo, que le había cortado el aire desde el momento que sus miradas se cruzaron.
Candy, al ver a su amiga con manos temblorosas sosteniendo el objeto, lo tomó en sus manos y lanzó. Al primer intento el joven lo atrapó entre sus finos dedos.
_ ¡Gracias!.. Si no hubiera sido por ustedes... mi hermano me hubiese dejado colgado por un buen tiempo. Mucho gusto, mi nombre es Alistar Cornwell. —Alistar extendió la mano para saludar a Candy y enseguida a Patty. Sus miradas quedaron penetradas al contacto de piel. En ese mismo instante, Patty sintió como su estómago se movía.
_«Dios mío... ahora sí creo lo que dicen de las mariposas en el estómago» — pensó mientras saludaba.
_ ¡Mucho gusto!... mi nombre es Candy... — dijo la rubia al ver que su amiga no reaccionaba.
_ ¿Usted es hermano del joven Archie? _ Preguntó ante el parecido con Albert.
_ «Se parece mucho a Albert, solo que él tiene el cabello oscuro y ojos negros» _ Candy le sonrió, estaba encantada de conocer a otro sobrino de Albert. El joven se sacó el traje de paracaídas y se retiró con una reverencia. Patty seguía sin pronunciar palabra.
_ ¡Vamos Patty!... ¡Reacciona por favor! Y límpiate la boca que algo se está saliendo por los labios... ja ja ja... _ Las palabras de Candy la hicieron reaccionar.
— Para Candy...— respondió Patricia finalmente. Alistar quien caminaba hacia la salida del hospital, volvió a verle una vez más.
_ ¡Oh Candy!... Creo que estoy enamorada... ¿será que así se siente?
_ ¿Nunca te has enamorado Patty?... _ ante la reacción de Patricia, Candy pudo darse cuenta que su amiga, nunca había tenido novio.
_ ¡No!... y me avergüenza decirlo... Pero ese chico me ha gustado, ciento que de mi estómago saldrá algo y no es el café. _ Ante la reacción de su amiga, Candy carcajeaba como hace mucho no lo hacía.
Habana, Cuba
El Jet privado del señor William Ardlay, aterrizaba en los terrenos privados de uno de los hombres más importantes de la Habana. Al salir de la nave, Luis lo esperaba con los brazos abiertos.
Georges quien se había mantenido en silencio desde que se dio cuenta a donde llegarían, no se quitó su arma de fuego en ningún instante.
_ ¡Albert caballero!... ¿Pero qué es lo que tú haces chico, para mantenerte siempre tan joven? — Albert sonrió al escuchar las palabras del hombre. Mientras que Georges, mantenía su cara seria, sin expresiones, pues sabía lo que sucedía en esas tierras al mirar muchos hombres armados y movimientos para resguardar el lugar. Sin embargo, no dijo nada, estaba agradecido porque su joven señor, pronto estaría al lado de su mujer.
Luis se dispuso a presentar su sobrino a los invitados.
_ Albert... ¡este es mi sobrino Johnny! ¡Dueño de todo esto!... _ Albert apretó con fuerza la mano de aquel joven. Se admiró al darse cuenta que el hombre en realidad era tan joven, más de lo que el imaginaba.
— Le he platicado la situación a mi sobrino... ya tenemos la persona que los llevará a Miami. — Albert agradecido por las atenciones y el favor, le pidió que sí podrían viajar ese mismo día.
_ ¿Qué... tan pronto te quieres ir?.. ¿No te tomaras un mojito Cubano con nosotros chico?
Hace años que no nos vemos y, mira que en dos meses viajaré al Congo y quizás no vuelva a verte. _ El tono de voz de Luis bajo.
Las noticias no eran alentadoras para esa parte de África, la violencia en el Congo era terrible, tanto que Luis temía por su propia vida. Pero no dejaría su vocación de ayudar a quien lo necesita. Después de unos minutos de silencio, Albert asintió.
_ Lo haremos, pero no quiero pasar mucho tiempo aquí Luis.
Como te he lo dije por teléfono, mi esposa está embarazada y me urge llegar con ella.
_ No se preocupe magnate... el yate está listo para llevarlo a Miami. En menos de una hora estará en tierras Americanas. _ decía Johnny mientras ordenaba que los llevaran a la mansión.
Pasada las horas y llegada la tarde, Albert y Georges estaban viajando en un lujoso yate hacia Miami.
Apartamento de Albert y Candy.
Después de tantos regaños por parte de Patty, Franny y el Dr. Leonard, Candy decidió descansar un poco en su apartamento. La verdad era que aquel lugar donde se entregó a Albert muchas veces, le parecía solitario sin él. No quería estar sola, lo extrañaba, añoraba, deseaba los brazos fuertes de su hombre, quién siempre la confortaban y le brindaban calor y amor.
Salió de la ducha envuelta en una de las toallas de Albert, y se dirigió a la habitación de él.
_« Albert mi amor... te amo... te amo tanto que ya no quiero estar sin ti. Regresa... regresa pronto por favor... esta soledad me está matando sin ti» _ Pensaba mientras abrazaba la almohada y respiraba el aroma de Albert en las sabanas.
«Nadie me entiende...nadie sabe porque me he refugiado en el trabajo... Debo ser una mujer paciente, Albert tiene responsabilidades como cualquier ser humano. Más sin embargo, lejos de mi... aún cuida de nosotros » _ Candy tomó el celular en sus manos y comenzó a escribir un email para su amado.
Para Albert:
¡Mi amado!
Vivo por el momento en que mis sueños comiencen,
Porque es cuando sueño contigo.
El día no significa nada sin ti a mi lado,
Pero cuando cae la noche,
Soñaré con tu amor de nuevo.
Hasta que finalmente pueda tenerte en mis brazos, mi amado
Mis sueños tendrán que llevarme hasta donde tu estas.
Estaré contigo por horas y toda la eternidad.
Hasta la caída del rocío de la mañana y el alba te traiga nuevamente a mi lado.
Cuando finalmente estemos juntos de nuevo...
Ese... es el momento en que mis sueños se harán realidad.
Amado mío, prometiste estar siempre a mi lado... las horas pasan y me siento a la orilla del arroyo, esperando tu regreso.
Me dijiste que pronto regresarías... que no te olvidara...
Porque siempre... siempre regresarías hacia mí,
Amado mío.
Candy terminó de escribir el poema... cuando una lagrima corrió por su mejilla... en ese instante recordó las palabras del Príncipe de la Colina. "Eres mucho más linda cuando sonríes que cuando lloras"
_ Príncipe... porque siempre pienso en ti cada vez que lloro _ decía en voz alta extrañada mientras limpiaba su rostro.
_ ¡No puede ser!... ¿Por qué?... ¿Porque siempre estás en mis pensamientos? ¿Quién eres? ¿Dónde te fuiste mi príncipe amado? _ Candy sentía que traicionaba con esos recuerdos y pensamientos a Albert. Pero no podía dejar de pensar en esa persona que conoció en su amada Colina de Pony, cada vez que lloraba... recordaba las palabras mágicas...
Esas palabras que la habían acompañado y ayudado, a superar todo obstáculo y soledad.
Después de un largo rato se quedó dormida cuando la vibración de su móvil la despertó.
_ ¡Oh por Dios... me quede dormida! — asustada se levantó y sintió su cuerpo tambalear... logró el equilibrio y se dirigió a comer bizcochos... bizcochos eran los antojos de todo el día.
Caminó hasta la cocina y se dispuso a leer la respuesta de Albert.
Te amo Candy... te amo mi amor.
Y pronto... muy pronto estaré contigo.
Albert.
— Beso la pantalla del celular y comenzó a hablar con él bebé.
_ ¡Papi pronto llegará a casa con nosotros mi amor!... Ahora vamos a comer un poco y regresaremos al hospital... ¡hum! porque pronto papá regresará y estoy segura que no me permitirá seguir en el hospital.
En el hospital Bellevue, Helen recibió malas noticias. El cáncer de mama había regresado. La mujer se lo sospechaba, pues hacia días que sentía dolor en su seno izquierdo, Helen ya no tenía el seno derecho, se lo habían amputado.
Cuando el Dr. Leonard le dio la mala noticia, Ella suspiró y se quedó observando las ramas de los árboles que se mecían con el viento por el enorme ventanal de cristal.
_ ¡Lo sospechaba Dr. Leonard!
Hace unos meses vengo sintiendo los mismos síntomas cuando me amputaron el seno derecho. Ciento bultos nuevos en la axila, debajo del brazo, aumento del grosor en el seno, Irritación en la piel. Enrojecimiento en la zona del pezón. — Terminó la mujer de decir los síntomas, cuando una lagrima rodo por su mejilla. _ Al ver la reacción de Helen, el Dr. se dio cuenta que detrás del rostro duro y frio de la mujer, también había una joven mujer frágil, que ni con todo el dinero y educación del mundo, se había librado de esa cruel y maldita enfermedad.
Helen viajó a América con la esperanza de conquistar el amor de Albert único hombre que le había interesado desde hace mucho tiempo, sin pensar que en su travesía, encontraría a alguien más quien la hacía sonreír en los momentos de dolor.
_ La dejaré sola un momento... hablaré con el especialista para iniciar los preparativos de la operación — Helen asintió y siguió llorando. No podía creer que estaba a punto de perder otra parte de su cuerpo. Minutos más tarde, Candy entro a la habitación. Helen se había quedado dormida. Pero al sentir la presencia de alguien junto a la camilla, despertó.
_ ¡Eres tú!... _ dijo la mujer observando a Candy quien colocaba el ramo de rosas que Archie le había llevado mientras ella dormía.
_ ¡El joven Archie las trajo para usted!... dijo que eran para iluminarle y alegrarle el día.
_ Candy... quiero pedirte perdón por todas las cosas que te he dicho y hecho. Estaba celosa de ti. _ Candy abrió los ojos de par en par. Todo se esperaba, menos que esa mujer dura y de corazón de piedra, le pediría perdón y aceptara que estaba enamorada de Albert.
_ ¡Te admiro Candy!... has estado a mi lado atendiendo los pacientes y me has cuidado como si fueras una enfermera con años de experiencia. Me impresionaste y te ganaste mi respeto desde antes que cuidaras de mí.
_ ¡Por favor no lo diga!... solo cumplo con mi deber.
_ Tu deber es estar con los pacientes, más sin embargo, me has cuidado a mí. Yo... No lo merezco. — Colocando las manos en el rostro, la mujer comenzó a llorar nuevamente.
_ ¡No hay nada que perdonar!... animo, el joven Archie vendrá a verla por la tarde y no quiere verse mal para él, cierto.
_ ¿Archie?... es un buen chico. Pero no quiero volver a enamorarme... quiero ser sincera contigo.
Desde que estábamos en África, supe que Albert amaba a otra persona... se perdía en sus pensamientos y cantaba una canción muy hermosa.
_ ¡Qué será de ti!... _ dijeron las muchachas en coro sonriendo por la casualidad.
_ Sé que ustedes se aman... sé que él te ama... te ama desde hace mucho Candy... he visto cómo te mira, y yo... yo me negaba a creer que eras tú, aquella mujer que lo hacía cantar, soñar, suspirar... Nunca se fijó en mí como mujer... solo veía en mí, alguien parecido a esa persona que tanto añoraba... sé que le gustas también a Archie... y No quiero que me suceda lo mismo. No quiero sentir ni pensar, que ve a ti, en mí.
_ ¿Porque dices eso Helen?... eres una mujer hermosa y ahora que has dejado la amargura, puedo ver quien realmente eres... Archie se ha enamorado de ti. Cuando le dije que estabas en cuidados intensivos, corrió para hablar con el Dr. Leonard.
_ ¿Dr. Leonard?... ¡Oh no!... ¿Será que ya sabe que tengo Cáncer?
_ ¿Cáncer?... _ Candy se llevó las manos a la boca. No podía creer que la mujer que tenía frente a ella, estaba sufriendo una terrible enfermedad.
Continuara.
Hola chicas... he leído sus comentarios... muchísimas gracias. Cuando me comentan, me animan a escribir más seguido y me inspiro.
Candy no perderá el Bebé, Pero si la mandare a reposar obligadamente por orden de la ginecóloga Annie.
