Arco 1: Detective Hikigaya Hachiman


Capítulo 24 - El cociente del alma


Mis ojos se abrieron de golpe. La superficie sobre mí no me resultaba familiar y estaba más abovedada de lo que recordaba. No sirvió mucho para distraerme de mis pensamientos desordenados, sin embargo. ¿Me estaba olvidando de algo? Los pensamientos se escapaban del alcance de mi mente, como si estuviera intentando recordar un sueño que se había evaporado al despertarme. Algo tiraba de los bordes de mi conciencia igual que una madre fastidiosa.

Luces y extrañas sombras pulsaban y se reflejaban en el techo blanco. La sensación punzante en mi cuello me hizo darme cuenta de que estaba sentado en posición vertical con mi cabeza posicionada sobre algo suave. ¿El sofá? Creo que era el sofá. Unas risitas a mi izquierda me hicieron girar la cabeza, ignorando la incómoda sensación que ésto causó en mi cuello. Me encontré con dos caras expectantes, medio mirando por encima del brazo del sofá.

¿Qué están haciendo?

Gruñí y enterré la mitad de mi cabeza en la suave tapicería de cuero, hasta que me cubriera un ojo, luego cubrí mi otro ojo poniendo un brazo sobre mi cara. Después de contar hasta cinco, volví a alzar la mirada.

Seguían allí, mirándome.

—¡Sí, estoy despierto! ¡Estoy despierto! —gemí mientras me retorcía de un lado a otro antes de finalmente reunir la voluntad para levantarme.

Las dos niñas rieron y se fueron corriendo por el pasillo, con el blanco y el azul de sus respectivos vestidos revoloteando al doblar la esquina. Pude ver a la última saludándome mientras ambas desaparecían lentamente, su vestido estaba estampado de prominentes flores rojas. Me recordaban a las amapolas.

¿Amapolas?

Podría jurar…

Nah, no hagamos más de lo que podamos manejar.

Pasos torpes me llevaron hasta el pasillo, donde las grandes ventanas del patio mostraban el césped al otro lado. No había ni una sola luz encendida, pero mi camino estaba siendo iluminado por la aburrida luz gris de la nublada mañana. No me tomó mucho llegar hasta el baño, y me tomó todavía menos cepillarme los dientes y remojarme un poco la cara.

Mientras me secaba, cometí el error de mirar mi propio reflejo en el espejo. Estaba hecho un desastre, así de simple. Había vuelto a dejar de afeitarme, como evidenciaba una demacrada barba de tres días que no me quedaba ni la mitad de bien que al Jefe. Había círculos oscuros debajo de mis ojos, casi indistinguibles de fosas.

—¿No tenía Komachi un gel para las ojeras? ¿Con infusión de cafeína o algo así? —refunfuñé contra mi toalla mientras apartaba la mirada—. Probablemente deba pedirle que me traiga un poco.

Mis pies resbaladizos hacían contacto suavemente con el suelo. Me pasé una mano por el pelo mientras entraba a la cocina. Ya había actividad; las dos niñas estaban sentadas una al lado de la otra en la mesa del comedor, garabateando.

—¿Quieren algo de comer, ustedes dos?

Las diminutas cabezas se levantaron y dos pares de ojos azules y marrones me miraron con curiosidad. La chica más alta con el vestido blanco asintió mientras la otra sacudía la cabeza. Se miraron la una a la otra con ojos muy abiertos para luego dirigirlos hacia mí, y luego hacia la otra de nuevo. Esto se repitió por varios momentos, hasta que mi paciencia finalmente se agotó

—Está bien. Si cambian de opinión, háganmelo saber —suspiré, abriendo el refrigerador y encontrándolo lleno, un gran contraste con el lamentable estado de mi propia cocina. Hubo un periodo reciente en el que mis propias despensas estuvieron llenas de todo tipo de alimentos frescos, pero todo ello parecía un recuerdo lejano.

Como previsión, había comprado un onigiri en una tienda mientras venía de regreso anoche. Tomé el envoltorio de celofán y me senté en un extremo de la mesa del comedor. Algunos murmullos acompañaron mis perezosos intentos de encontrar el borde del envoltorio. Por el rabillo del ojo, vi que las niñas seguían en lo suyo. No podía seguir negándome mi comida, así que al final me abrí camino más allá del envoltorio y mordí vorazmente la bola de arroz. Estaba fría y dura, sin más sabor que el del arroz y la sal.

Masticando pensativamente, finalmente miré a mis dos compañeras del desayuno. Estaban dibujando, pero no se veía ningún papel ni utensilio. Sus pequeños dedos actuaban como pinceles, formando gruesas líneas de tinta roja en la superficie de la mesa para dibujar toscas figurillas de palo, las cuales estaban agarradas de las manos. Era obvio que se trataban de dos familias, pero entre ellas había una criatura extraña. Un hombre con ojos pequeños y dos cuernos.

—¿Quién es ese? —les pregunté.

Las dos niñas se miraron mutuamente antes de sonreírme al unísono.

Pestañeé y en medio de mi confusión decidí simplemente mantenerme callado y terminar con mi comida. Las niñas no parecieron satisfechas sólo con personas, así que comenzaron a dibujar casas, flora y fauna. La niña con el vestido azul soltó un sonido de insatisfacción cuando se quedó sin pintura. Sumergió un dedo en las figuras rojas que había en su vestido y luego lo sacó, empapado en rojo.

Parpadeé una vez más. Esas no eran flores en lo absoluto.

—¿Hachiman? —me llamó una voz, acompañada de una mano sobre mi hombro.

La repentina llamada me hizo saltar y mirar hacia arriba para ver a la persona que había logrado acercarse sigilosamente a mí. Cubierta de sudor, Shizuka estaba detrás de mí con su pelo atado en una cola de caballo, mirándome con preocupación mientras presionaba gentilmente su mano sobre mi hombro.

—B-buenos días… —me las arreglé para decir.

—¿Qué haces sentado en la oscuridad? —preguntó, mirando el onigiri a medio comer en mi mano—. ¿Cuánto rato llevas aquí?

—Unos minutos… ¿creo? Acabo de despertarme.

—¿Qué? Pero si la televisión sigue encendida en la sala de estar.

Me rasqué el cuero cabelludo—. Oh, cierto. No pude dormir anoche, así que simplemente me quedé viendo lo que estaba puesto. Supongo que me quedé dormido en el sofá.

Shizuka apretó sus dedos, como si intentara asegurarse de que no me fuera a ninguna parte—. Está bien… sólo… no me preocupes así. No te vi en tu cuarto así que…

—… lo siento…

—Está bien, sólo estoy siendo irracional. No tienes que disculparte por nada. —Se dio la vuelta para encender las luces de la cocina, causando que me estremeciera y entrecerrara los ojos para que se ajustaran a la iluminación—. Rumi sigue dormida. Y Kenji… bueno, creo que está dormido en el sótano. Prepararé el desayuno para todos.

—Suena bien. —Me terminé de comer mi comida improvisada y me levanté para tirar el envoltorio.

—¿No tienes hambre? —me preguntó Shizuka mientras se ataba un delantal alrededor de la cintura.

—No en realidad.

Mi respuesta instantánea fue respondida por un golpe de karate en mi columna vertebral.

—No ganarás puntos conmigo por fingir, ¿sabes?

Siseé y me froté la espalda con el dorso de la mano—. Está bien, está bien. Ahórrame el dolor. Todavía quiero tener la capacidad de caminar.

—No seas llorón.

—… ya.

¿Ahora intentar proteger tu médula espinal es ser llorón? Refunfuñé mientras me acercaba al lado de Shizuka para lavarme las manos en el lavabo. Ella me pasó un trapo para secarme las manos.

—Dame media hora. ¿Por qué no te relajas un poco? El día está un poco sombrío.

No respondí, sólo me quedé mirando el trozo de tela en mis manos. La puerta del refrigerador se abrió de nuevo, y escuché a Shizuka hurgando, murmurando para sí misma.

—Sabía que debí salir a comprar anoche. Comeremos huevos entonces, ¿te parece bien?

—…

—Tonta de mí, es obvio. Lo siento por eso. —El distintivo sonido de una tabla de cortar de piedra tocando la superficie de mármol de la encimera interrumpió la calma de la mañana. El sonido pronto fue seguido por el rítmico golpeteo de un cuchillo cortando verduras.

—Sé que dices que puedes comer tomates ahora, pero si no te gusta no tienes que forzarte. No se va a desperdiciar si no lo quieres. En ese caso… ¿qué tal un omelette con cebollino y pimienta?

—…

—¿Quieres que le eche sal también? ¿Qué tan esponjoso lo quieres?

—…

—¿Hachiman? —El sonido del picado se detuvo.

—…

—¡Hachiman, imbécil! ¡No me ignores!

—…

—¡Hachiman, te juro que-! —Shizuka se dio la vuelta con las manos en las caderas de forma amenazante, pero se detuvo—. ¿Qué estás haciendo?

—¿Mmm? —Miré hacia abajo para ver mis manos en piloto automático, frotando el trapo húmedo contra la superficie de la mesa del comedor en círculos apresurados—. Ehhhh… ¿limpiando?

Shizuka me miró con sospecha—. Ya estaba limpia.

—Oh.


Recuerdo vívidamente cuando una vez durante la escuela primaria me pillaron comiendo caramelos durante la clase. Mi profesor de entonces era bastante estricto y no dudaba en disciplinarnos a la menor infracción. A menudo podías encontrarte con estudiantes sentados en el pasillo mientras él estaba dando una clase.

Algunos hábitos nunca se perdían, al parecer.

Me encontraba sentado fuera de la sala de reuniones, con la espalda apoyada en la pared y las rodillas contra la barbilla. Atraje una gran cantidad de miradas desconcertadas de los transeúntes que caminaban por este pasillo. Era una visión extraña, sin duda: un detective solitario que no estaba en la sala de reuniones, donde al resto de sus colegas les estaban haciendo un resumen de los acontecimientos.

—Muy bien, pongámonos al día —la voz del Jefe sonó, interrumpiendo la charla de los agentes de la ley reunidos.

No es como si yo no quisiera estar allí, pero la decisión ejecutiva ya estaba tomada. Se hizo efectiva esta mañana: el Jefe suspendió al equipo de investigación conformado por Shiba y yo de seguir trabajando en el caso, indefinidamente. Esto significaba que no tenía permitido acercarme al caso bajo ningún pretexto, lo que incluía a las reuniones informativas. Había protestado, por supuesto, pero fui superado en número. El bastardo de Shiba mostró su apoyo a través de una llamada telefónica desde casa (tenía licencia médica). Y sin duda Shizuka también tenía sus manos metidas en esto.

—El día de ayer, el caso oficialmente tomó un giro para peor. —La voz grave del Jefe inspiraba poca confianza—. Aoi en efecto nos envió la dirección donde otra pista podía ser encontrada, pero estaba codificada y, por desgracia, mi propio contingente no estaba al tanto. Sin embargo, los detectives Shiba y Hikigaya lograron descifrarla y dar con la dirección correcta. Lo que encontraron allí… bueno, no fue agradable.

No me gustaba esto. No me gustaba para nada. ¿Me iban a sacar después de haber llegado tan lejos? Ni hablar. Si hay algo que aprendí durante mi tiempo en este mundo, es que las reglas eran formalidades sin un garrote realmente intimidante. [1]

—Como pueden ver…

Escuché algunos clics, probablemente del control remoto de plástico que se usaba para controlar el proyector. Mi espalda se apoyó todavía más contra la pared cuando escuché jadeos. Les estaba mostrando esa escena. Los forenses seguramente se habrán frotado las manos. Desde el rabillo de mi ojo vi a las dos niñas sentadas a mi lado, imitando mi postura, vestidas de blanco y azul.

—Como pueden ver… encontramos a dos muertos. Una niña de diez años, y un hombre a mediados de sus cuarenta.

Mis párpados se cerraron y sellaron mi visión mientras los recuerdos afloraban. Apreté los dientes y respiré profundamente. Cuando mis ojos se abrieron, las niñas seguían a mi lado. Notaron mi mirada y se volvieron para mirarme, la más cercana inclinando la cabeza con curiosidad.

—Vaya, vaya, Hikigaya-kun. ¿En qué te has metido esta vez? —Yukinoshita Haruno estaba parada frente a mí con su laptop plateada en la mano, vistiendo un traje negro y unos finos pantalones. Incluso con el modesto desgaste, abrazaba su cintura y sus caderas.

Resoplé, mirando hacia otro lado—. Caramelo.

Haruno soltó una risa vacía—. Si que debió ser sabroso si estabas dispuesto a arriesgarte.

—Los caramelos de café siempre lo valen.

—¿Oh? —Haruno entrecerró los ojos hacia mí, divertida—. ¿Así que incluso tú caes en los vicios?

—No soy un ermitaño.

—La glotonería no va contigo.

La subestimación del siglo—. Estoy de acuerdo.

—… una niña de diez años y un hombre de cuarenta años…

Haruno suspiró y se agachó para sentarse a mi lado. Yo simplemente miré, sin estar seguro de cuáles eran sus intenciones. Ni siquiera miró en mi dirección mientras colocaba su laptop en su regazo y apoyaba su cabeza contra la pared. El olor del débil perfume que emanaba de su pelo me hizo darme cuenta de con qué clase de criatura estaba lidiando. Lo rígidas que estaban sus mejillas lo hizo todavía más obvio.

Me quedé sentado en silencio, sin saber qué hacer. No aparecía ninguna ventana de realidad aumentada que me incitara a tomar decisiones preestablecidas. Me vendría muy bien un 50/50 aquí. [2]

—Ahhhh, no me mires así, Hikigaya-kun. Voy a ser sincera —gruñó—. Ciertamente NO estoy bien, gracias por preguntar.

¿Estaba mostrando simpatía? Debía estar mostrando simpatía.

—… ¿ahora qué…? —pregunté lentamente.

—Muchas cosas. Bueno, sólo una. Pero esa única cosa resulta ser muchas cosas. —Su voz carecía del típico entusiasmo que usualmente tenía.

—Pensé que no había nada que no pudieras manejar.

Haruno resopló suavemente, apoyando su frente contra las rodillas. Me miró de reojo, con sus inteligentes pupilas violetas observando mi rostro—. Por supuesto. Sólo estoy descansando, eso es todo.

Ninguno de los dos rompió el contacto visual y caímos en un silencio sólo interrumpido por las palabras del Jefe en la sala de reuniones.

—… la causa de muerte de la chica es pérdida de sangre. Las laceraciones en su cuello y estómago son probablemente vías de…

Haruno miró hacia otro lado, mientras yo simplemente parpadeaba. Se acercó antes de dejar salir un suspiro silencioso, para luego hablar en susurros—. Es la política, Hikigaya-kun. La política es lo que me cuesta manejar.

¡Alerta roja! ¡Palabra de advertencia detectada! Hora de cambiar de tema.

—¿Por qué estás aquí y no en tu oficina?

—También por la política.

Una jugada excepcional, Hachiman.

—… adulto sufrió un traumatismo craneal por un objeto contundente, y con toda seguridad fue muerte instantánea…

—Sí, las palabras son difíciles —murmuré, intentando inyectar algún tipo de vida en mi voz.

—Las cosas no se ven muy bien, Hikigaya-kun. El crimen está aumentando y los tribunales están siendo inundados. —La voz de Haruno era suave, pero la tensión subyacente era clara—. Mi oficina está contratando personal adicional para hacer frente a la embestida, pero me temo que esto es sólo una probada de lo que está por venir. El alcalde quiere acelerar el proceso.

—¿Quiere que te des prisa y empieces a encerrar gente? —Hizo clic en mi cabeza al instante—. ¿Temporada electoral?

—Sí, quería hablarlo con el Jefe Tsurumi para que me diera su perspectiva…

—… ambos fueron asesinados al mismo tiempo…

—… pero al parecer la policía también está tapada de trabajo. Suena espantoso.

—Siento ser portador de malas noticias, pero no creo poder decir que las cosas vayan a mejorar. —Un movimiento frente mí me hizo mirar hacia el frente. Las dos niñas estaban tomadas de la mano y daban vueltas en un baile torpe.

—No me sorprende en lo absoluto, Hikigaya-kun. Has afectado negativamente mi vida desde el momento en que nos conocimos.

—… entonces por favor deja de perseguirme.

—¿Y por qué haría eso? ¡Si eres tan divertido!

—… sí, por supuesto —suspiré. Las dos niñas tropezaron con el pie de la otra y cayeron al suelo, riéndose todo el tiempo.

—¡Deberías confiar en tu Onee-san! —rió Haruno—. Pero no debería acaparar toda la diversión para mí.

—… ¿qué? —Mi espalda se enderezó y mi columna vertebral rozó la pared. Haruno me miraba directamente con ojos claros.

—Has estado evitando a Yukino-chan. —Mi fiscal del distrito ni siquiera dijo aquello como una pregunta.

—He estado evitando a mucha gente —le resté importancia—, incluyéndote.

—¿Así que lo admites?

—No. Pasa que las cosas se interponen en el camino. Estoy realmente-

—Ocupado, sí —Haruno finalizó mi frase por mí—. ¿Demasiado ocupado como para hablar con tus amigos y tu familia?

—Oye, escúchame-

—No. No lo haré. —No mostró interés en escuchar mi versión de la historia—. Después de todo, yo también soy una persona ocupada. Y sólo estoy sentada aquí para hacerte saber que tu hermana quiere reunirse contigo.

—¿Komachi? —Las dos niñas se congelaron y nos miraron—. ¿Qué te dijo a ti que no pudiera hablar conmigo?

—¿Hmm? Debió haberte llamado o haberte mandado un mensaje de voz al menos. ¿Un mensaje de texto, aunque sea?

—…

Mierda.

—Yukino-chan también está con ella.

—¡¿Qué?! —La ira burbujeó en mi estómago y le susurré con aspereza—. ¡¿Vas a usar a mi hermana contra mí?!

—En lo absoluto. Esto fue idea de tu hermana. —Las dos niñas nos observaban con ojos vacíos mientras Haruno hablaba—. El veredicto de tu caso será entregado pronto. Piensa en lo preocupada que se pondrá tu hermana cuando tu abogado la llame diciendo que no pudo ponerse en contacto contigo.

—¿Y qué? ¿Vas a simplemente ignorar el problema aquí?

—No tergiverses las cosas, Hikigaya-kun. Tú nos obligaste a hacer esto. Por ti.

—Una maldita nota habría bastado.

—Puede que sí, por supuesto —resopló Haruno—. Pero entonces me estaría perdiendo de algo.

—… ¿de qué?

—De preguntarte qué crees que estás logrando con evitarnos a todos.

Mi garganta se sintió seca, como si acabara de tragarme un puñado de arena. Soy plenamente consciente de lo débil que soy. Sé que si me tendieran una mano en señal de ayuda, no tendría la fuerza para rechazarla. Sin embargo, ¿qué hay de las frías y pálidas manos que también me sostenían? Era como si me estuvieran tirando en direcciones opuestas. No. Basta de eso. ¿Honrar a los muertos? Inútil. ¿Hacer algo con la vida que te dieron? Eso era lo único que sentía-

Mi silencio fue toda la confirmación que Haruno necesitaba.

—¿Tienes miedo de decirle lo que piensas a aquellos que se preocupan por ti? Bueno, espero que te des cuenta de que quedarte callado tiene el mismo efecto. Si eso es lo que realmente piensas, tus prioridades están terriblemente mal.

Haruno se puso de pie, sacudiéndose los pantalones y la espalda. Se dio la vuelta y se alejó, las dos niñas se apartaron rápidamente del camino para dejarla pasar. Haruno se detuvo y me miró por encima de su hombro antes de pronunciar sus palabras de despedida.

—Ve y habla con ellas, Hikigaya-kun. No importa cuánto huyas, no puedes esperar que dejen de perseguirte. No después de todo lo que has hecho. Estoy entre ellas, por cierto.

—… ¿así que así son las cosas? —susurré.

—Sí. No podrás apartarnos tan fácil.

Y se fue.


Yukinoshita Yukino POV

—Si eso es todo, realmente debo irme.

La silla de Hikigaya-kun raspó contra el suelo mientras se ponía de pie. Puso una mano en el hombro de Komachi-san por un breve momento antes de marcharse sin hacer contacto visual con ninguna de las dos. Y como si de un espíritu se tratase, se sintió como si su presencia nunca haya estado allí para empezar. Yo, quien lo vio marcharse con sus propios ojos, todavía no estaba segura de ello.

Me volví hacia Komachi-san, quien se desplomó en su silla y apoyó su barbilla en un brazo. Lentamente trazó círculos intranquilos en la condensación que se había formado en su copa de café helado. Algo llamó mi atención cuando noté la quietud de sus mejillas y la línea plana que formaban sus labios. Incliné ligeramente la cabeza.

—Bueno, salió como esperaba —suspiró la chica, exhalando y aparentemente desinflándose. Toda la alegría y energía que había mostrado frente a su hermano se fue con su aliento.

—Me hubiera gustado un poco más de garantía, pero su respuesta fue… en general, nada sorprendente. —Incluso mientras las palabras salían de mi boca, sentía que me estremecía.

—Vaya imbécil —refunfuñó Komachi-san—. Al menos pudo fingir que le importaba. O por lo menos ofrecerse a pagar la cuenta.

Sonreí y me reí con suavidad—. Bueno, ¿qué se puede esperar? Ya era bastante terco durante nuestra adolescencia, y todavía lo es en cierta medida.

Mis palabras parecieron tomarla desprevenida. Sus ojos se abrieron de par en par y, para mi preocupación, no respondió inmediatamente.

—Siempre ha sido terco, ¿eh? —susurró Komachi-san. El aire a su alrededor se volvió tenso, como la calma antes de una tormenta.

—¿Sucede algo, Komachi-san?

—… No. No sucede nada. No realmente.

Me preocupé—. ¿Komachi-san?

—Todo se sigue sintiendo igual, Yukino-san. —Aparentemente ignoró mi pregunta—. Todo sigue igual. Se siente como si nada hubiera cambiado desde que volvió a casa hace cuatro años de ese lugar.

¿Hace cuatro años? Oh, claro, se refería a Sri Lanka.

—… ¿quieres hablar de ello?

Komachi-san parpadeó antes de mirarme con sorpresa—… Ahora que lo pienso, nunca he hablando con nadie sobre esto.

—Estoy más que dispuesta a escuchar. Aunque, debo disculparme de antemano, sé que no soy la persona con más tacto y odiaría hacerte sentir incómoda.

Sacudió la cabeza y sonrió con tristeza—. No, lo aprecio, en serio que sí. Quería hablar contigo de todas formas, sólo no esperaba que fuera tan pronto.

—… suena como si hubieras estado esperando esto.

Recibí un simple asentimiento—. Así es. Ha pasado muchas veces… pero eso es sólo lo que pude o se me permitió ver.

Una brizna de duda se abrió paso hasta mi mente—. Entonces… ¿esto es sabio? ¿Dejarle que siga su propio curso de acción? Me preocupa que su racha de obstinación haya llegado demasiado lejos y-

Mis palabras se vieron interrumpidas por Komachi-san dejando salir una risa vacía. Se habría sentido completamente fuera de lugar de no ser por la delgada sonrisa que tenía y los ojos sin vida que la acompañaban. Tuve una repentina sensación de deja vu—. Escuchar a alguien decirlo en voz alta es refrescante. —Luego de ello, continuó hablando—. No te equivocas, Yukino-san. Siempre ha sido obstinado. Hasta el final. ¿Por qué más actuaría como semejante idiota?

Sentí cómo mis mejillas se acaloraban—. N-no quise dar la impresión de que era crítica con sus acciones. Sólo me preocupa que-

—Que esté haciendo demasiado. Ahogándose en el trabajo —Komachi-san finalizó mi frase por mí—. Obsesivo. Distante. Melancólico. Silencioso. Maniático. En algún momento, probablemente también llegaste a pensar que era suicida. No me sorprendería si todavía lo haces.

Mis pensamientos se detuvieron ante la brusquedad de las palabras de Komachi-san. Estaba de acuerdo con lo que decía. Pero… había algo raro.

Hablé dudosa—. No creo que desee hacer tales cosas, pero está la sensación de que persigue un objetivo con todas sus fuerzas. Incluso en detrimento de todo lo demás, incluyendo su salud.

Hubo otro silencio entre nosotras. Esta vez lleno de una mezcla de nerviosismo y temor.

—… sí, yo también lo pensé —dijo Komachi-san, tan suavemente que no estaba segura de si había hablado.

—Entonces… ¿tienes alguna idea de cuál puede ser ese objetivo?

—Mmmm… probablemente ya tengas una teoría, siendo su abogada y su amiga y todo eso. Estoy segura de que ya has oído la historia de esa época.

—¿Sería correcto asumir que el trauma que sufrió en Sri Lanka es la raíz de todo esto?

Tarareó pensativamente—. Más o menos, ¿quizá? Acertaste la primera vez. Es así porque es terco.

—Yo… no entiendo. —Mi confusión era audible.

Después de todo, el Hikigaya-kun actual era muy diferente a cómo lo recordaba. Desde un punto de vista puramente físico, el delgado chico de la escuela había dado paso al casi imponente hombre que era el día de hoy. Hablaba todavía menos ahora, pero su presencia era casi sofocante cuando empezaba a concentrarse. Sólo al estar en el mismo sitio que él se sentía como si te estuviese observando, incluso cuando ni siquiera te estaba mirando. El adolescente que solía hablar sobre su sueño de volverse un amo de casa y que a menudo intentaba saltarse el trabajo se había convertido en un trabajador excesivamente duro. Había tantas cosas que ya no eran las mismas. La diferencia era abrumadora.

—Se guarda sus problemas. No dice nada —dijo directamente Komachi-san—. Probablemente no quiere "agobiarnos". Incluso cuatro años después de que volviera y convenciera a todos de que estaba lo suficientemente sano como para volver a la sociedad, nunca habla de esa época.

Mis ojos se abrieron de golpe—. No puedo creerlo… ¿ni siquiera a ti?

—Nop. —Esto fue acompañado de un gesto de desprecio—. Un poco infantil, ¿no crees? Digo, ¿guardarme secretos a mí, su adorable hermanita de todas las personas?

—¿Asumo que estás al tanto de la corte marcial?

Komachi-san resopló—. Sí. Aunque no de parte suya, fue Kenta-san quien me lo contó. Era el oficial al mando de Hachiman y visitó nuestra casa unas cuantas veces.

¿Los Tsurumi? Había demasiado que se estaba revelando, tenía que elegir mis palabras con cuidado.

—Puedo simpatizar con su insistencia de evitar el tema. No desea revivir esos recuerdos. Y-y cree que ha hecho algunas cosas terribles. Te aprecia, Komachi-san. Quizá no quiere que te decepciones de él.

—Yo también pensé eso. Pero no tiene sentido para mí. Digo, hacerlo con extraños es una cosa. ¿Pero incluso nosotras? ¿Teme ser juzgado por su propia familia y amigos? ¿Por mí? ¿Por qué nos aleja tanto?

—… según recuerdo, ustedes dos eran muy cercanos. —Nunca pude olvidarme de su relación de hermanos. A veces daban la idea de que no se guardaban secretos ni se mentían el uno al otro. Un ideal que envidiaba y deseaba, y que me tomó casi una década conseguir.

—Éramos. Antes. —Se encogió de hombros cansadamente—. Pero no he oído nada más que fragmentos de otras personas. Algunas otras cosas las sé porque grita de ello en sus sueños cuando tiene pesadillas. Les ha contado todavía menos a mamá y a papá. Kenta-san, Kenji-san y Shizuka probablemente saben un poco más. Pero, aparte de la gente que estuvo atrapada allí con él, no creo que nadie más sepa la historia completa.

Mi mente estaba dando vueltas. ¿Esta era realmente Komachi-san? ¿La hermana menor de Hikigaya-kun? Me sorprendía la manera tan displicente con la que hablaba de un tema tan delicado. Como si no le importara. Impersonal, con un toque frío y clínico.

—No voy a pretender que entiendo por lo que está pasando, pero sé cómo él te ve a ti —comencé—. Puede que parezca una tontería, pero aún podría tener el miedo irracional de que le juzgues. Sólo quiere seguir siendo ese hermano mayor que tanto quieres.

Komachi-san me miró inexpresivamente. Y de repente se volvió claro para mí. El por qué su comportamiento me estaba pareciendo tan familiar a algo que había visto antes. Su tono, sus ojos, sus gestos: me recordaban a Hikigaya-kun.

—¡Conozco a mi hermano, y también le quiero! Es sólo que… que esto no puede ser todo. Creo que hay más…

Komachi-san cerró los ojos en visible concentración, cuando los abrió se dirigió directamente a mí.

—Dime, Yukino-san. ¿Crees que es una persona malvada? ¿Crees que torturaría a gente sólo porque sí?

Eso era…

—No… no lo creo. Pero… creo que podría. Me dijo que no tuvo más opción. Que estaba tratando de salvar su propia vida, y las vidas de otros. De esto, estoy segura.

Mi declaración quedó en el aire entre nosotras por un momento.

—Es una persona muy amable, ¿sabes? —Habló con un tono desgarradoramente delicado y suave—. No quiere lastimar a nadie, ni siquiera un poco. Prefiere lastimarse a sí mismo.

Estaba de acuerdo con esto. Esto fue lo que pensé también. Aquel día en que tenía fiebre y me habló sin la guardia que había acostumbrado llevar levantada ante todo el mundo. Nunca pude olvidar lo que dijo.

—Es bastante obvio cuando lo piensas. Digo, un tipo con estrés post-traumático vuelve a casa, ¿y luego se larga a una gran ciudad? ¿Todo porque quiere unirse a la policía como detective, incluso después de todo lo que le pasó? ¿Y luego está resolviendo casos como si no hubiera un mañana? La única razón que se me ocurre es que está intentando redimirse.

¿Qué?

—¿Redimirse… por la tortura?

El Artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De eso fue de lo que se acusó a Hikigaya-kun. Una violación a los derechos humanos que citaba haber sometido a otras personas a tratos o penas crueles, inhumanas, o degradantes. Si estaba tratando de redimirse, naturalmente sería por esto. Y en ese caso… significaba que lo más probable, es que les hizo algo a soldados y a civiles.

Mi sangre se enfrió ante el pensamiento.

Komachi-san asintió—. Tiene miedo de ser juzgado, Yukino-san. Sólo que no de la manera en que crees. Lo conozco, y él me conoce. Lo conoces, y él te conoce. Ambas sabemos que lo hizo porque prefiere ser él quien tome las decisiones difíciles antes que cualquier otro. Y sabe que no lo juzgaríamos. Hachiman no teme que lo juzguemos como una persona horrible y cruel, sino todo lo contrario. Tiene miedo de que si nos lo cuenta todo a nosotras, las más cercanas a él, lo vayamos a perdonar.

Retrocedí físicamente mientras sus palabras me tomaban por sorpresa. Abrí mi boca para responder, pero no pude formular ningún sonido. Komachi-san no pareció molesta por esto y continuó hablando.

—El proceso de pensamiento de Hachiman no es tan extraño. Es bastante sencillo, de hecho. No quiere hacer daño a la gente, cree que eso está mal. Torturar es hacer daño a la gente. Él torturó a gente. Conclusión: hizo mal.

—¡P-pero eso es absurdo! —tartamudeé—. ¡Cómo puede creer que…! ¡Especialmente en las circunstancias en las que estaban! ¡Y-y…!

Komachi-san sonrió suavemente, con los bordes de sus labios elevándose un poco—. Sí, así es. Una locura, ¿verdad? De hecho, realmente creo que Hachiman está loco.

Sentí que mis cejas se elevaban—. E-eso es…

Los ojos de Komachi-san se abrieron con pánico cuando se dio cuenta de cómo yo había interpretado sus palabras. Sacudió sus brazos—. ¡No, no, no, no! No lo digo en el mal sentido. Es sólo que… mmmm…

Dejó de hablar por un momento para ordenar sus pensamientos.

—Hoy en día, no creo que la locura sea tan rara. Todos tenemos algún tornillo suelto.

Para acentuar, giró un dedo contra su cabeza. El gesto universal de que a alguien le faltaba un tornillo.

—Todo el mundo tiene defectos: todos estamos rotos a nuestra manera. Recientemente, comencé a pensar que este éxito y felicidad en la vida del que todos hablan, tiene más que ver con cómo aprendemos a vivir con nuestros defectos y nos adaptamos a ellos.

Komachi-san tomó un sorbo de su café helado. No había nada en la copa más que hielo. El sonido de ella sorbiendo los últimos vestigios del líquido restante marcó un cambio de tono.

—No soy estúpida. No soy tan ingenua como para creer que podría llegar a curarse alguna vez. Y hasta ahora, parece que estoy en lo cierto. Es obstinado. Tanto como para expiar, para encontrar una manera de corregir sus errores.

—… ¿incluso si son auto-percibidos? ¿Incluso si es el único que piensa así? —susurré con desesperación.

—En lo que respecta a él, es probablemente la única opinión que importa.

—Por la forma en que lo dices, suena como si tuviera miedo de cualquier tipo de cambio que sea bueno para él.

—Sí, suena un poco como eso, ¿no? —rió Komachi-san—. Pero es así. No ha cambiado ni un poco desde que…

Sus palabras se arrastraron y pude sentir la confusión en su voz. Tenía que hacer algo para consolarla. Algo que le diera fuerza y esperanza… ¿pero cómo? Estaba fuera de mi elemento aquí. Consolar a los demás era una habilidad que nunca había desarrollado. Pero tenía ejemplos en los que basar mis acciones. ¿Cómo manejaría Yui-san esto?

Tal vez… ¿debería tomar su mano? La alcancé lentamente, pero retrocedí cuando la escuché hablar una vez más.

—Estaba lloviendo, el día en que ese hombre del ejército apareció en nuestra casa. Fue él quien nos hizo saber que Hachiman había desaparecido.

Me puse rígida.

—Al principio no le creí. Pensé que era imposible. Hachiman podía hacer cualquier cosa si se lo proponía. Así que no había manera de que estuviera desaparecido. Probablemente no vieron su cabeza desordenada durante un conteo o algo así. Le encantaba encorvarse.

»Pero no volvió. Días se convirtieron en semanas. Semanas se convirtieron en meses. Mientras todo este tiempo pasaba, como que naturalmente acepté que estaba desaparecido. ¡Pero no perdí la esperanza! No, señor. Él era mi siempre confiable hermano mayor. Pretendía ser tonto, pero en realidad era bastante ingenioso cuando las cosas se ponían feas. Sus planes no eran los más limpios, ni los mejores, pero funcionaban. Así que estaría en casa en poco tiempo.

»La esperanza fue fácil de mantener al principio. Pero los días pasaron. La vida siguió, y comencé a pensar en otras cosas. La escuela. La universidad. Amigos. Series. Libros. Juegos. Y ese fuego se fue apagando. Recuerdo que una vez, un amigo me preguntó por mi hermano, y mi primer pensamiento fue: "Ah, mi hermano muerto". Estaba tan sorprendida. ¿Cuándo comencé a pensar así? ¿Pensaba que había muerto, y por eso lo olvidé? ¿O me olvidé de él, y por ello en esencia estaba muerto?

»Algo cambió en mí entonces, Yukino-san. La esperanza. El olvido. El recuerdo. La espera. Me hizo algo. Cuando Hachiman regresó, fue un desastre. No podía dormir. No podía comer. Siempre estaba gritando y llorando. Siempre estaba enfermo. Pero… pero no estaba preocupada. Loco, ¿verdad?

»Cuando comenzó a alejar a la gente mientras estaba sentado en su habitación con las luces apagadas y cubierto con mantas, no sentí pánico. Incluso ahora, cuando puedo ver las ojeras bajo sus ojos. Ha perdido peso de nuevo. Ese corte de pelo que le hiciste ha desaparecido por completo. Parece deshidratado. Incluso ahora, no estoy preocupada en lo más mínimo. No importa cómo lo mires, soy una hermana horrible.

Ya había escuchado suficiente. Mi mano cruzó la distancia en un instante y mis dedos se envolvieron en los suyos. ¿Fue la bebida helada lo que enfrió tanto sus manos? ¿O eran las cosas que estaba diciendo?

—Por favor detente, Komachi-san —le supliqué—. Estás siendo extremadamente dura contigo misma. Amas a tu hermano; yo y muchos otros podemos ver eso. Y él se preocupa mucho por ti también.

Me regresó una débil sonrisa.

—Gracias por decir eso, Yukino-san… pero sé lo que soy. Quizá es eso lo que parezco en la superficie para ti. ¿Pero por dentro? Nada. Irónico, ¿verdad? Estoy más molesta por no haber estado molesta cuando se suponía que lo estuviera. Me tomó un tiempo descubrir por qué.

»Yukino-san, prefiero tener un hermano disfuncional y herido que uno muerto. Onii-chan se fue a Sri Lanka, y Hachiman regresó. Pero ambos son mis hermanos y yo… ahora que lo pienso, probablemente estoy loca también.

—Yo-

—Lo he intentado todo, y se me acabaron las ideas. El impulso se ha ido. Me odio por sentirme así, pero cada vez que veo a Hachiman con vida me duele un poco menos. Sé que lo que está haciendo ahora no es vivir, pero no ya no puedo hacer nada. Por eso necesito ayuda.

»Los estaba escuchando, ¿sabes? En la noche de su cumpleaños, cuando ustedes dos estaban hablando. Y déjame decirte, quedé impresionada. Sabías aún menos que nosotros de toda la situación, pero aún así te respondió. No tuvo problemas en compartir los recuerdos de ese año contigo. Confía en ti. No estaba segura al principio. Él no te había visto desde la preparatoria, y yo tampoco. La gente cambia; las distancias hacen que esos cambios sean aún mayores. No sabía si seguirías siendo la misma persona. ¿Pero esa noche? Supe que eras especial.

Me sonrojé y abrí la boca para refutar las afirmaciones de Komachi-san, pero siguió hablando antes de que tuviera la oportunidad.

—Necesito tu ayuda, Yukino-san. No puedo seguir haciendo esto. Ya no tengo la determinación. En algún lugar del camino, olvidé cómo llorar. Ni siquiera estoy segura de si realmente quiero seguir ayudándolo… digo… ¿y si lo lastimamos aún más tratando de arreglarlo? Pensamientos como estos… realmente me asustan. Pero tú, Yukino-san, tú eres especial. Y él se preocupa por ti de una manera especial. Sé que te estoy presionando con esto. En verdad quiero que lo hagas… pero hay algo más que debes saber.

Mi corazón comenzó a latir más rápido y la di a la mano de Komachi-san un apretón tranquilizador.

Komachi-san tomó un respiro tembloroso—. Hachiman está roto, pero no puede adaptarse a las grietas solo. Necesita a alguien. Pero esta persona tiene que ser increíble. Tiene que estar dispuesta a cargar con su pesada carga en su propia espalda. Necesita convertirse en su apoyo. ¡Y esto no puede ser a medias! Si esta persona fracasa…

Su cabeza cayó, y su flequillo cubrió sus ojos, bloqueándolos de la vista.

—… él podría…

En algún momento, la mano de Komachi-san se había escapado de mi agarre. Ahora había envuelto sus dedos alrededor de mi muñeca con fuerza, casi dolorosamente.

—… podría rendirse y morir.


Hikigaya Hachiman POV

Al empujar las pesadas puertas de roble hacia adentro, una ráfaga de aire pasó sobre mí. El aire húmedo dio paso al agradable aire acondicionado de la sala del tribunal. El crujido de las puertas fue ahogado por la charla mientras varios oficiales y observadores profesionales hablaban entre ellos. Caminé por el pasillo y mis ojos se encontraron con la mirada inquisitiva de la jueza. Le hice un educado asentimiento con la cabeza en respuesta, el cual ella me regresó lentamente.

Me deslicé en mi asiento y giré los hombros. Una pequeña tos sonó a mi lado.

—Llegaste diez minutos tarde —murmuró Yukinoshita sin una pizca de emoción. Sus ojos estaban fijos en una libreta en su regazo; tenía un bolígrafo en la mano, pero no escribía nada.

Aparté la vista y me metí las manos en los bolsillos mientras me desplomaba—. Llegué cinco minutos antes.

Para el juicio, eso sí.

—Komachi-san y yo te dijimos a qué hora nos encontraríamos aquí.

—… circunstancias atenuantes se interpusieron.

—…

—… —Podía sentir cómo me miraba directamente.

—… no tienes que mentirme. Creí que ya habíamos superado eso.

—No te estoy mintiendo.

"Simplemente no sabes si es verdad o no", fue la parte que omití.

—Me preocupo por ti, Hikigaya-kun —dijo Yukinoshita sin rodeos—. Pero parece como si estuvieras trabajando activamente en contra de mis intentos de ayudar.

Sentí cómo mis cejas se levantaban, pero detuve mi reacción instintiva para mirarla.

—Has ayudado mucho con el caso de la corte. Aprecio eso.

—… sabes que te estoy ayudando, pero… ¿quieres mi ayuda?

Mi cabeza se llenó de confusión. ¿Qué?

Giré la cabeza hacia ella, pero antes de que pudiera responder, la jueza golpeó con su mazo pidiendo orden en la corte. Mientras la charla se calmaba, la jueza comenzó con el procedimiento del que Yukinoshita me había hablado a principios de la semana. La jueza extendió una mano enguantada y un ayudante le ofreció elegantemente un sobre blanco sellado. Con un abrecartas de plata y una lentitud agonizante, la jueza vació el contenido. Miró a través del borde inferior de sus gafas de lectura mientras sus ojos escudriñaban el papel, línea por línea. Finalmente, se aclaró la garganta.

—Ahora leeré el veredicto.

Tragué de forma audible, la gravedad de la situación finalmente se comenzó a materializar en mi cabeza. Un súbito tirón en mi brazo derecho casi me tira de la silla. Miré hacia abajo para ver a Yukinoshita apretando mi manga con dos dedos, mordiéndose el labio inferior mientras sus decididos ojos azules como el océano se fijaban en el estrado de la jueza.

—En el caso de la familia Ouma contra Hikigaya Hachiman y el Departamento de Policía Metropolitana de Tokio, nosotros (el jurado) declaramos al acusado, Hikigaya Hachiman, no culpable de los cargos de fuerza excesiva, homicidio, y homicidio involuntario que le imputaron. —La narración de la jueza continuó mientras doblaba el papel—. Esta fue una decisión unánime tomada por los 13 miembros del consejo del jurado.

La jueza se inclinó hacia adelante y habló con claridad—. Detective Hikigaya, ha sido absuelto de estos cargos y ha sido puesto de nuevo en buena posición ante los ojos del estado. Por favor, continúe con sus deberes como funcionario público de esta ciudad. El tribunal levanta la sesión.

El mazo fue golpeado contra su base.

… se acabó.

Se había acabado.

A pesar del peso que sentía en mi mente, una sensación de alivio brotó en mi interior. Las palabras me fallaron, ni siquiera era capaz de materializar pensamientos concretos. Cuando me volví para mirar a Yukinoshita, la vi sonriendo cálidamente. Fue contagioso y me fue imposible evitar que los bordes de mis labios se elevaran. Oh, claro. Debería agradecerle apropiadamente.

—Gracias —le dije con sinceridad, sintiéndome mejor de lo que me había sentido en toda la semana. La sonrisa de Yukinoshita creció un poco más y abrió la boca para hablar.

—¡ASESINO! —gritó una voz. Me paré, sorprendido, dándome la vuelta para cubrir a Yukinoshita y me encontré cara a cara con la madre de Ouma mirándome con indignación—. ¡ERES UN ASESINO!

Los guardias de la parte trasera de la sala llegaron rápido y crearon un muro humano entre la madre de Ouma y yo. Entre sus cabezas, pude ver a algunos hablando urgentemente con la mujer, probablemente tratando de escoltarla fuera de la sala. Pero no pudieron detener su voz.

—¡¿ESTO ES LO QUE ES JAPÓN?! ¡¿UN PAÍS QUE DEJA IR A LOS ASESINOS?! —La madre de Ouma intentó zafarse de uno de los guardias. Cuando su marido la envolvió en sus brazos, los gritos de la mujer se transformaron en desgarradores sollozos—. ¡Sólo quiero a mi hijo de vuelta! ¡Sólo quiero criarlo bien! ¡Quiero decirle que no está solo, que mamá esta allí para él! ¡Pero… pero ahora no puedo! ¡No puedo decirle cuánto lamento haber hecho que cuidara de nosotros por sí solo! Todo se ha ido… ¡TODO SE HA IDO PORQUE TÚ LO MATASTE!

¿Asesino?

¿Asesino?

Oh sí, asesinos. Esos tipos que asesinan gente. Lo sé todo sobre ellos. Una vez vi uno con mis propios ojos.

El sol, la humedad, y el calor de la selva que nos golpeó el día anterior dieron paso a la niebla, los fuertes vientos y el frío de la mañana. Mirando a través del visor de mi rifle, la niebla redujo mi visibilidad a unos míseros 50 metros como mucho. Todo lo que veía pasado ese punto era una pared de niebla detrás del follaje. Ni siquiera la ventaja de la altura que obtuve al sentarme en un árbol ayudó. Las ramas que se balanceaban y el río que se había hinchado por los recientes monzones eran las únicas fuentes de movimientos dentro de mi campo de visión.

Mi corazón saltó a mi garganta cuando un repentino sonido de aleteo acompañó a un inexplicable peso que empujó hacia abajo la parte delantera de mi rifle. Lentamente saqué mi ojo del visor y vi un ave salvaje posada sobre el cañón de mi arma. Como si derramara color en un mundo en blanco y negro, las plumas del pájaro eran de un rojo, azul y naranja brillantes, lo que me dejó sin palabras. El ave ladeó la cabeza mientras me miraba con asombro.

—¡Shoo! —Agité una mano para espantarlo. No sirvió de mucho, ya que el ave reajustó sus patas para equilibrarse mejor. Poniéndose cómodo, ¿eh?

Abrí la boca para tratar de alejar a la fuerza a este merodeador, pero algo por el rabillo del ojo llamó mi atención. Hice girar el francotirador en esa dirección. La acción violenta asustó al ave silvestre lo suficiente como para hacerle volar hacia el barranco. Presioné mi ojo contra la mira y vi a un pequeño niño moreno corriendo río arriba, junto al río. Hacia mí.

El AK-47 que estaba atado a su espalda se agitaba salvajemente con cada zancada. La disparidad de tamaño entre el arma y el niño resultaba casi cómica. Era demasiado grande para él. ¿Podría dispararla correctamente siquiera? Dejé escapar un suspiro de alivio cuando no vi ningún cargador en el arma. Al parecer mis enemigos estaban algo receptivos a las negociaciones. Afortunadamente, como resultado, no tuve que desperdiciar una bala.

Puse el arma en mis rodillas y me llevé las manos a la boca. Solté un silbido agudo que resonó por todo el barranco. En pocos momentos recibí miles de respuestas de los pájaros cantores de todo el bosque. Sin embargo, noté un silbido específico cerca de mi posición. Estaba todo listo. Colgué mi HK417 sobre mi hombro y me bajé del árbol con una cuerda que había atado de antemano. Benson y Danny se encontraron conmigo abajo, lo que significaba que Takuya estaba con el prisionero.

Intercambié saludos concisos con ellos antes de bajar unos metros por la colina, donde nos esperaba nuestro invitado. El niño mantuvo ambas manos en el aire, permitiendo que Danny quitara suavemente el AK de su espalda. De cerca, el niño se veía aún más pequeño de lo que pensaba, y el arma aún más grande. Algo en mí se agitó mientras lo veía jadear. Llevé una mano a mi lado y desenganché una cantimplora, ofreciéndosela después de haberle quitado la tapa.

—… —Miró fijamente la botella de plástico con recelo antes de mirarme a mí de la misma forma.

Puse los ojos en blanco y volví a hacer un gesto. Extendió la mano con dedos vacilantes antes de quitarme la cantimplora de los dedos y beber ávidos tragos de agua.

¿Y bien? —le pregunté en cingalés cuando había terminado y me devolvió una cantimplora ahora medio llena.

—… el capitán d-dijo… que escuchará tus demandas.

¿Ah, sí? Seré breve entonces. Quiero tanta comida, agua, y cualquier material que produzca fuego como pueda conseguir. Fósforos, carbón, líquido para encendedores, no me importa. Tendremos el intercambio al pie de la cascada mañana al mediodía.

Me encontré con el silencio mientras el chico me miraba con los ojos muy abiertos.

—… ¿has entendido todo? —pregunté dudoso.

Todo lo que obtuve fue un asentimiento.

También… —Metí mi mano en un bolsillo de mi pantalón y saqué un pequeño paquete de tela que luego le entregué—. Dile a tu capitán: "No sé cuántos dedos más tu hermano podrá permitirse perder".

Otro asentimiento rígido. Suspiré y agarré el AK de las manos extendidas de Danny. Lo coloqué en los brazos del niño y le di la vuelta. Un pequeño empujón en la espalda le dio vida como si fuera un juguete de cuerda y salió corriendo. Miró por encima del hombro una o dos veces mientras se distanciaba. Un niño soldado. Obviamente. La guerra no dejaba ninguna piedra sin remover, ninguna familia intacta, ningún niño sin arruinar, a ningún hombre sin deshacer.

Lástima —comentó Benson, sin duda sabiendo lo que se me había pasado por la mente. Siempre tuvo una habilidad asombrosa para leer mis pensamientos—. Demasiado joven.

Sí —respondí con desánimo. Benson me dio una palmada fraternal en el hombro y siguió su camino, bromeando con Danny. Observé como los dos se alejaban, probablemente para reunirse con Takuya y el prisionero. Mis dedos se enroscaron en un puño doloroso y resistí el impulso de golpear el tronco del árbol que estaba a mi lado.

Todavía podía recordar cuando Komachi tenía esa edad.

En niño soldado regresó dentro de una hora, informándonos que su capitán había accedido a nuestras demandas y que se reuniría con nosotros en el lugar indicado. Habían pasado 15 horas y no recordaba haberme ido a dormir. El latigazo del clima golpeó de nuevo y el implacable sol hizo otra aparición. Se elevó en lo alto del cielo al acercarse el mediodía.

Mientras inspeccionaba las balas de mi cargador, mi equipo se dirigió hacia mí con el prisionero a cuestas. Tenía las manos atadas a la espalda y no hizo ningún esfuerzo por resistirse. Se le había informado de la próxima transacción, e incluso sus aullidos de dolor se habían calmado de la noche a la mañana. Danny informó que el hombre en realidad había dormido de lo más bien la noche anterior.

¿Todos han entendido el plan? —Golpeé el cargador contra el rifle y saqué el seguro.

Sí, Sargento —asintió Takuya. Intercambié miradas con Benson y Danny, quienes también asintieron. Danny me pasó el extremo de la cuerda que sujetaba a nuestro rehén.

Tenemos unos 30 minutos. Abid ya debe haber posicionado al resto de los hombres y aldeanos. Tenemos una sola oportunidad, no quiero que la desperdicien. Cuento contigo, Benson.

Benson me hizo un saludo y se alejó hacia la maleza, seguido de Takuya y Danny. Me estremecí y mi mundo vibró por un segundo antes de que un dolor punzante en mi sien me inmovilizara por un momento. El prisionero me miró con las cejas levantadas. Sacudí la cabeza y apunté hacia adelante antes de tirar de la cuerda. Él me entendió, y comenzamos a caminar río abajo.

El río se fue haciendo cada vez más profundo hasta que llegamos a dos acantilados a cada lado de la masa de agua en movimiento. Se podía oír el sonido del agua cayendo. Tiré con fuerza de la cuerda, lo que nos hizo detenernos. Miré por encima del borde y vi los rápidos movimientos blancos del agua y rocas de aspecto desagradable que sobresalían del lecho del río. Era una caída sólida de 15 metros.

Esto servirá.

Enrollé la cuerda alrededor de mi mano para acortar la longitud. Di un violento tirón, con la fuerza repentina haciendo caer al hombre de espalda. Gritó sorprendido mientras lo arrastraba hacia el borde. Sus ojos se abrieron de par en par al darse cuenta de mis intenciones.

No… no… ¡no! ¡No, no, no, no, no, no! ¡NO! —gritó mientras se retorcía y se agitaba en el suelo. Era inútil. Su fuerza ya era minúscula por los días de hambre, hidratación limítrofe y poco sueño. Lo tuve bajo mi pie con relativa facilidad.

Mis oídos estaban siendo roídos por el sonido de sus gritos y sollozos. Me miró con los ojos inyectados en sangre y chilló—. ¡TENÍAMOS UN TRATO, HIJO DE PUTA! ¡TENÍAMOS UN TRATO!

Por un momento, los músculos de mi brazo se congelaron. Pero el lado frío y racional de mi cerebro me habló: cabos sueltos eran cabos sueltos, y conocía nuestras caras.

—… lo siento.

Lo empujé del borde sin cortesías.

Su grito resonó en las paredes de las rocas, sólo para ser interrumpido abruptamente por un repugnante crujido y chapoteo. Me di la vuelta, sintiendo inmediatamente cómo mi estómago se revolvía. Mi garganta se sentía que ardía mientras el ácido burbujeaba por mi tráquea a pesar de mis esfuerzos por sofocarlo.

Mejora… —me susurré a mí mismo, cerrando los ojos mientras el sudor de mi frente goteaba sobre ellos. Ah, estaba bajo el sol… los otros ya deberían haber acabado.

Y así fue. Cuando llegué al pie de la cuenca, el fino rocío de la cascada había hecho un maravilloso trabajo refrescándome… además de enmascarar el olor a sangre. Fue una masacre, para bien o para mal. Al menos 15 soldados yacían muertos en la orilla del río. Mis soldados y los aldeanos que se ofrecieron a luchar se aseguraron de que nadie tuviera la brillante idea de hacerse el muerto.

La emboscada salió sin problemas, Sargento —me dijo Danny, saludándome.

Tragué en seco, pero el bulto en mi garganta no bajó—… no escuché nada.

Danny me miró de forma extraña—. ¿No era esa la idea? ¿Cubrir los sonidos con la cascada?

Sí. Sí, eso es. Mi idea.

Nos estábamos quedando cortos de suministros, y había una sola fortificación enemiga en el área. Si lográbamos pasar esta zona, estaríamos fuera del territorio de las fuerzas rebeldes por varios benditos kilómetros. ¿Cuándo surgió la idea? No lo recuerdo. Capturamos a un rebelde y a un niño soldado. Un cuchillo ensangrentado y varios gritos de dolor después, descubrimos que el rebelde era el hermano menor del capitán de la fortificación. Todo lo que lo que quedaba era un inventar un plan para atraerlos a un área donde habíamos establecido un pelotón de fusilamiento.

Todo era mi plan.

Sargento, tenemos los suministros. Los bastardos en verdad los trajeron —me dijo Jameson, nuestro residente irlandés, mientras encendía un cigarrillo.

Asentí con la cabeza una vez. Luego dos veces. Luego tres.

B-busquen en los cuerpos. Consigan lo que puedan. En 10 minutos como máximo, tenemos que reunir al resto de la aldea y salir de aquí cuanto antes.

Fui recibido por un coro de afirmaciones.

Es horrible —Jameson suspiró, el voluminoso soldado pareció haber envejecido unos años—. ¿Cuántos de estos muertos significarán menos alma para mí?

Cállate, James —lo reprendió Benson cansadamente—. Sólo… deja las estúpidas matemáticas y ponte a trabajar.

Mientras me arrodillaba sentí una mano en mi espalda—. El niño logró escapar.

Takuya, siempre confiable.

Sin palabras ni vacilaciones, metí mis manos en sus bolsillos y abrigos. Una pistola. Balas. Cigarrillos. Un frasco de bourbon. Un bolígrafo. Entrecerré los ojos en confusión cuando mis manos rozaron algo extraño. Saqué una billetera de cuero de la manga del abrigo interior del hombre. Era un diseño plegable, liso y plano por ambos lados, sin una sola marca.

Mis dedos se deslizaron entre medio y abrieron la billetera. En el interior, una funda de plástico contenía una pequeña foto en color. Una anciana con largos mechones grises estaba entre dos hombres, y tenía una sonrisa suave en el rostro. Aquellos eran probablemente sus hijos. Mis manos temblaron cuando reconocí al hombre de la derecha. ¿Cómo no iba a hacerlo? Acababa de tirarlo por un…

Espera. Si éste era él… entonces el hombre a mis pies debía ser su… y la mujer su…

Me puse de pie.

¿Cuántas madres habían sido destrozadas? ¿Cuántas líneas de sangre habían sido eliminadas? ¿Cuántos futuros se habían acortado? ¿Cuántas familias habían sido destruidas? ¿Cuántos quedaron sin hermanos? ¿Cuántos quedaron sin hijos? ¿Sin herederos? ¿Cuántos y cuántas quedaron viudos? ¿Cuántos…?

¿A cuántos he…?

Sin avisar, me di la vuelta, lanzando la billetera mientras lo hacía. Quedó inmediatamente atrapada bajo la cascada y desapareció en el blanco.

—Yo…

Sí, he visto asesinos. Los conozco muy bien. Me he encontrando con uno de cerca. Muy de cerca. En mi propio cuerpo, usando mi propia piel.

—¿Hikigaya-kun?

—…

—¡¿Hikigaya-kun?!

—O-oh, ¿Yukinoshita? —Parpadeé y mis pensamientos volvieron al presente. La sala del tribunal estaba casi vacía. La familia Ouma no estaba por ningún lado. La jueza había dejado su puesto, y sólo quedaba el ayudante, quien organizaba varios documentos. Además del sonido de los papeles, todo estaba tranquilo. Yukinoshita me miraba con ojos preocupados—. ¿Qué pasa?

—¿Estás bien? Pareces un poco ido desde…

—Estoy bien. —Le hice un gesto para que dejara de preocuparse—. Me voy a la comisaría.

—No creo que debas. ¿No deberías tomarlo con calma y relajarte? ¿Celebrarlo con tu familia?

Me reí.


—Felicidades, Hachiman —me dijo el Jefe con una sonrisa mientras me sentaba en la silla frente a él.

—Gracias, Jefe. —Me acomodé con calma en el asiento, maravillado con lo cómoda que se sentía esta lujosa silla de cuero comparada con la de madera del tribunal—. Me alegro de que haya terminado.

—Me lo imagino. ¿Cómo te sientes?

—… mejor. Tanto que creo que puedo-

—No vas a volver al caso —el Jefe rechazó mi petición no expresada al instante—. Oh, no me mires así. Te daré otra semana libre, vuelve cuando estés mejor y listo. Haz las cosas paso a paso. Hablaré con Shizuka sobre ello cuando llegue el momento. Valoro tu trabajo, Hachiman. Pero el caso no es más valioso para mí que tú o tu salud.

—¿Qué le pasa a todo el mundo? —murmuré.

—Bienvenido a la vida, la gente tiende a preocuparse por la gente que le importa.

—… ¿se encuentra bien, Jefe?

—Estoy bien, Hachiman. No debiste volver al trabajo, pero ya no tiene sentido hablar de eso. Te pagaré por las horas que marques, pero quiero que te marches a la hora normal, ¿de acuerdo?

—Señor, sí señor.

—Bien. —El Jefe asintió con la cabeza—. Ahora ve con tu departamento, la gente ha estado esperando por las noticias.

Sus palabras me confundieron, pero hice lo que me ordenó y caminé por los pasillos hasta llegar a la oficina de mi apartamento. Tan pronto tomé asiento en mi escritorio, escuché a Shiba gritar mientras corría hacia mí.

—¡Sennnnnppppaaiii!

—¿Shiba? —Oh, claro, habían acabado sus días de licencia médica.

El hombre se detuvo frente a mi escritorio e intentó recuperar el aliento—. ¿C-cómo fue?

—Absuelto de todos los cargos —respondí brevemente. Mi compañero suspiró de alivio y se puso de rodillas.

Nuestra conversación fue oída por el resto de la oficina. Pronto, se sintió como si todo el departamento de policía se acercara a mí, felicitándome por mi victoria en el tribunal.

Era surrealista, estaba seguro de que nunca antes había visto ni a la mitad de estas personas. Sin embargo, mi situación se había extendido por todo el edificio como la pólvora.

A pesar de que la estampida finalmente se calmó, la atmósfera positiva todavía se podía sentir.

Estoy seguro de que algunos policías se habían alegrado del precedente que sentó mi caso en el tribunal. Ellos también se podrían ver metidos en una situación en la que se vieran forzados a usar la fuerza contra un criminal. Y si se veían afectados debido a las penas por matar a una persona que era un peligro para los demás, comenzarían a dudar. Podrían hacer sus trabajos con tranquilidad ahora.

—¡Oye, Hikigaya! —me gritó una voz desconocida. Me di la vuelta en mi asiento para ver a unos cuantos hombres caminando hacia mí. Pude recordarlos vagamente de la reunión sobre lavado de dinero que tuvimos.

—… ¿puedo ayudarlos? —pregunté inseguro, con un poco de cautela.

—¿Quieres salir a tomar algo para celebrar, después del trabajo?

—Yo- eh, ¿qué? —Esto era un evento absolutamente nuevo en mi vida. ¿Mis compañeros de trabajo se me acercaban para salir a beber? ¿Era este el inicio de mi vida adulta como riajuu?

—Shiba también dijo que vendría, ¿qué dices?

Una idea surgió en mi cabeza. Una idea macabra que no pude evitar encontrar atractiva.

—… claro, supongo.


[1] Referencia a la política del Gran Garrote. El nombre viene del proverbio africano: "Habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos". Para resumir, las normas y las leyes pueden ser interpretadas como la "voluntad" de las sociedades y los gobiernos. Para hacer cumplir estas reglas, se requiere una cierta cantidad de fuerza para dar la implicación de consecuencia. No se necesita usar la fuerza en sí, sólo con mostrar la mano es suficiente.

[2] Una tendencia reciente en el manga/manwha/novelas ligeras es la idea de la abstracción de la vida real a un videojuego. Las estadísticas determinan la constitución de una persona. Ventanas de diálogo que sólo el "jugador" puede ver y que básicamente dirigen las conversaciones, diciéndole al jugador si las relaciones con otras personas han avanzado. Hachiman se está burlando de esto, ya que no refleja la complejidad de la vida real.


Omake: "La Balada del Detective Hikigaya Hachiman"

Escrito por "thatguy8801"

En lo profundo del bosque cristalino que era Tokio, se encontraba cierta estación de policía. Pero no cualquier estación de policía, ésta en particular albergaba a un gran detective. Un detective con un conjunto de características peculiares, destacando por sobre todo su aborrecible personalidad y sus ojos de pez muerto. Nuestro querido detective se reclinó en su silla, con sus ojos muertos escudriñando el doceavo volumen de una novela ligera que estaba disfrutando cada vez más.

Sus ojos abandonaron, de mala gana, la novela por primera vez aquel día, ya que oyó la puerta de la oficina abriéndose de golpe. Un grupo de rostros familiares pasaron por el umbral, uno escabulléndose al escritorio de la secretaria mientras que el otro se dirigía al escritorio donde nuestro querido detective estaba felizmente sentado.

—Senpaiii, te perdiste nuestra gran reunión social en la que te habría ido muy bien, a pesar de que ciertos rasgos en tu personalidad digan lo contrario —exclamó un sonrojado Shiba.

Nuestro querido detective, Hikigaya Hachiman, le restó importancia—. Tonterías, estaba demasiado ocupado leyendo esta fantástica novela ligera que empecé anoche. Realmente te recomiendo que la leas, Infinite Stratos es quizá la mejor pieza de literatura que he leído y en la que he tenido el placer de sumergirme. —Hachiman enderezó su nueva y prístina figura de Shinonono Houki que había comprado de camino al trabajo esta mañana—. Me voy al baño a terminar mi novela, por favor dime qué retrete usaron tú y la secretaria para así evitarlo.

Shiba suspiró como todo un riajuu y dejó que su superior se marchara, causando más molestia en nuestro perfecto detective. Hachiman salió de la oficina con confianza, pero no sin antes dirigirle una sonrisa de complicidad a la secretaria para fomentar su orgullo intelectual y consolidad su superioridad por sobre la amenaza riajuu.

Caminó por el pasillo, acelerando el paso para así poder llegar más rápido a su destino y terminar la mejor obra literaria conocida por la humanidad. Sin embargo, su aventura se vio interrumpida cuando notó al detective Hiura acercándose a él.

—Detective Hikigaya, gracias al cielo que te encontré —Hiura dio un suspiro de alivio.

—¿Cuál es el problema? —dijo Hachiman con frialdad, asegurándose de (sin duda) imitar a cierto personaje de otra gran obra literaria.

—Hay un alboroto en el distrito de oficinas de Chiba ahora mismo, justo delante de varios edificios de cristal que debes atender inmediatamente. A pesar de que trabajas en Homicidios y no tienes nada que ver con asuntos de emergencia general ni hay ninguna razón para que tengas que ocuparte de trabajos no-detectivescos, ¡eres el mejor detective que tenemos y te necesitamos allí lo antes posible! —exclamó Hiura, postrándose sobre la baldosa de linóleo.

Hachiman consideró su pedido antes de finalmente aceptar—. Bien, pero me llevo mi propio auto. —Luego procedió a marchar a través de las oficinas de cierta comisaría hacia el estacionamiento.

Allí abrió las puertas de su Aston Martin V8 Vantage de color rojo vino con un motor V12 de 5935 cc, todo metálico, con un árbol de levas de 48 válvulas, 563 caballos de fuerza y 6650 revoluciones por minuto junto a un cambio manual automatizado de siete velocidades "Sportshift III". Encima, este bebé tenía discos ventilados de matriz cerámica de carbono, de 360 mm de diámetro con pinzas de monobloque de seis pistones en los frenos delanteros. Pero eso no es todo, esta asombrosa máquina presumía de una velocidad máxima de 330 kph y podía ir de 0 a 90 kph en poco más de 3 segundos. Era una asombrosa máquina que heredó explícitamente (se la dieron, la recibió) de parte de su antigua profesora de preparatoria, ahora amiga y confidente: Hiratsuka Shizuka, con la cual ha interactuado consistente y persistentemente en varias ocasiones mientras iban en dicho vehículo. AsÍ Es cOmO Se CoNsiGuiÓ eL AsToN.

Saliendo del estacionamiento, Hachiman se dirigió a toda velocidad al distrito de oficinas de Chiba. Al llegar, salió para mirar la escena.

Ante él había un ángel. No, era más que un ángel. Justo delante de él se encontraba su ídola: Shinonono Houki. No era sólo esta nueva ídola, todo el resto de los personajes de Infinite Stratos estaba presente delante de él, también.

Después de pensar calculadoramente la situación, Hachiman tenía un solo pensamiento en mente. ¿Qué haría Ayanokouji?

Por desgracia para él, dicha pregunta nunca sería respondida. Una extraña masa negra se manifestó en uno de los, bellamente esculpidos, edificios de cristal.

Uno por uno, los personajes de Infinite Stratos fueron reclamados por la masa. Viendo semejante horrible cacería de su serie favorita de todos los tiempos, Hachiman envolvió su meñique alrededor del meñique de Houki y corrió a través del laberinto cristalino de edificios de oficinas.

Pensando que había perdido a aquella masa negra mágica, Hachiman se volvió hacia Houki—. Houki, te amo con todo mi corazón. ¿Tendrías algo genuino conmigo?

Houki, rebosante de amor y felicidad, lloró y agarró el otro meñique de Hachiman. Pero antes de que pudiera responder, la masa negra apareció alrededor de un edificio y se la tragó.

Consumido por la pena, Hachiman cayó sobre sus rodillas, maldiciendo a los dioses de las comedias románticas por su desdicha. Se limpió las lágrimas de los ojos, regresando a la fina bestia que era su Aston Martin V8 Vantage de color rojo vino con un motor V12 de 5935 cc, todo metálico, con árbol de levas de 48 válvulas, 563 caballos de fuerza y 6650 revoluciones por minuto junto a un cambio manual automatizado de siete velocidades "Sportshift III". Encima, este bebé tenía discos ventilados de matriz cerámica de carbono, de 360 mm de diámetro con pinzas de monobloque de seis pistones en los frenos delanteros. Pero eso no es todo, esta asombrosa máquina presumía de una velocidad máxima de 330 kph y podía ir de 0 a 90 kph en poco más de 3 segundos. Luego de abrir su deliciosa puerta, agarró la palanca de cambio manual automatizada de siete velocidades "Sportshift III" y se dirigió a la pista de carreras subterránea, donde le esperaba la primera pista de su nueva aventura.

FIN DE LA PARTE 1


Nota del traductor:

Y así, por fin estamos al día.

Creo que es momento de dejar esto hasta aquí, por el momento. He decidido que iré traduciendo los capítulos venideros conforme vayan saliendo, pero no subiré nada hasta Enero del próximo año. Si de aquí hasta entonces, SouBU sube un solo capítulo, pues subiré ese único capítulo. Si sube más, los iré subiendo a ritmo constante como lo he hecho hasta ahora. Y si no sube nada, pues habrá que volver a esperar.

Ah, y no le busquen ningún sentido al omake. No lo tiene. Fue una broma que uno de los editores (thatguy8801) le hizo a SouBU en caso de que se atrasara con el capítulo 24, cosa que pasó. SouBU lo incluyó sin siquiera leerlo, y cuando lo hizo, su comentario fue: "Me siento personalmente atacado por todo lo que hay aquí. Debo cobrar venganza."

No estaba seguro de si traducir el omake. Al final lo acabé haciendo por los loles.

Nos vemos el 2021. Espero.