Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo veintiséis
—¡Mami! Te vas a caer.
Bella se despertó de golpe y se enderezó en la silla. Le llevó unos momentos darse cuenta que había comenzado a dormirse. Con un gruñido, Bella se frotó los ojos, intentando despabilarse.
Edward entró a la cocina, viniendo de la sala.
—¿Qué está pasando?
Katie, con su tarea olvidada, bajó de su silla y fue hacia Edward. Lo tomó de la mano y lo llevó hacia la mesa.
—Mami estaba meciéndose. Pensé que iba a caerse sobre mí. Tienes que cuidarla.
—Estoy bien —dijo Bella, tratando de bajar su irritación. Ella llevó sus dedos a sus cienes e hizo presión.
—Ya casi terminamos, Katie. Casi estás al día con las tareas que te perdiste. Solo siéntate un minuto, y podemos terminar con todo.
—¿Estás segura de que estás bien, Bella? —Edward se sentó a su lado en la mesa. Intentó poner una mano en su frente, pero ella se apartó.
—Estoy bien. Es solo un dolor de cabeza —dijo Edward con tono gentil—. Quizás deberías acostarte un minuto. Pareces cansada.
—No —dijo Bella, la palabra saliendo como un gruñido—. No. Puedo hacer esto. Es importante.
Bella se preocupaba constantemente que ella no fuera una madre suficientemente buena. Ver a su padre y a Karen había sido una revelación sobre cómo era ser un buen padre, pero ella había vivido la mayoría de su vida con su madre. Como le había dicho a Edward una vez, había habido muchas cosas buenas sobre su madre, pero mayormente, Renée jamás debió intentar criar un niño. Bella se dio cuenta que Renée había querido a su bebé, había querido ser una buena madre. Simplemente había sido incapaz al final del día.
Buenas madres eran pacientes y fastidiosas con cosas como la tarea. Era primer grado, por Dios santo. Ella podía con la tarea de primer grado.
Bella pasó una mano sobre sus ojos, avergonzada. ¿Por qué diablos se sentía como si estuviera a punto de llorar?
—¿Es solo tu cabeza lo que duele? —preguntó Edward.
Ella exhaló profundamente, de repente muy cansada como para responderle mal. Además, sus palabras la hacían consciente que, además de estar cansada—y estaba exhausta—todo su cuerpo dolía.
—Todo —dijo.
Katie jadeó.
—Oh, no. Mami, estás enferma.
—Agh. No. No tengo tiempo para enfermarme.
—Tienes que llevarla a la cama —dijo Katie, tirando del brazo de Edward—. Y hacer que tome su medicina.
Edward llevó una mano hacia la frente de Bella y, esta vez, ella lo dejó. Ahora que Katie lo decía, ella sabía exactamente lo que estaba pasando.
—Tienes fiebre.
—Lo siento, mami. No fue mi intención contagiarte.
A pesar de lo mal que se sentía, Bella sonrió. Ella se acercó y acarició la mejilla de su hija.
—Está bien. Debería haber tomado más vitamina C o algo. —Suspiró y sacudió su cabeza—. Aun así, puedo ayudarte a terminar. Después, me iré a acostar.
—Oh, oh —dijo Edward, mirando a Katie con una pequeña sonrisa—. ¿Ves? De aquí sale tu lado cascarrabias. Tú eres una bebé cascarrabias cuando estás enferma. Aquí está la mami cascarrabias.
Bella hizo una cara hacia Edward, aunque sabía que él tenía razón. Se encontraba de mal humor.
Katie rio.
—¿Ella es mami insolente y cascarrabias?
Edward sacudió su cabeza.
—No. Ella es mami terca y cascarrabias. Pero está bien. Sé lo que es mejor para ella.
Bella soltó un pequeño grito al encontrarse siendo tomada en los brazos de Edward.
—¿Qué haces? —preguntó con un jadeo, agarrándose de su cuello.
—Creo que la Dra. Katie tiene razón —dijo él, besando su mejilla tiernamente mientras la llevaba hacia las escaleras—. Voy a llevarte a la cama y darte algo de medicina para que te sientas mejor.
—Pero la tarea…
—Yo me encargo esta noche, Bella. Está bien. —Acercó sus labios a los oídos de ella—. Va a haber mucha tarea. Muchas noches. Deja que me encargue esta vez.
Con eso, Bella se dio por vencida. Suspiró, descansando su cabeza sobre el hombro de él.
—Puedo caminar, ¿sabes?
—Lo sé —dijo Edward, pero aun así no la bajó. La llevó a la habitación de él, la habitación principal, y le pidió a Katie que corriera las mantas por él—. Cuida a mami por un minuto, cariño. Voy a buscar la medicina.
Bella resopló, algo enojada por tener que ser cuidada, pero tenía que admitir que Katie en modo cuidadora era adorable. Su hija la tapó con las mantas y la arropó lo mejor que pudo.
—Está bien. Puedo frotar tu espalda.
—El jarabe me hace dormir —dijo Bella, haciendo una cara cuando Edward volvió al cuarto con agua y medicina.
Él se sentó al borde de la cama y sonrió.
—Esa es la idea —dijo él, vertiendo la dosis recomendada en la pequeña taza de plástico—. Dormir hace bien.
—Dormir es lo mejor que puedes hacer cuando estás enfermo, porque ayuda a que tu cuerpo mejore —dijo Katie, siempre la sabelotodo.
—Oh, bueno. Supongo que no puedo discutir con eso —dijo Bella, tragando toda la asquerosidad obedientemente. Hizo una mueca.
—No te preocupes, mami. —Katie trepó la cama y se ubicó a su lado, abrazándola—. Te cuidaré.
El resto del mal humor de Bella se esfumó, y le dio un apretón a la mano de su hija. Ella miró a Edward y vio el reflejo de su adoración. Su familia era increíble y encantadora. Extendió una mano hacia Edward y él la tomó, dejándola que lo llevara a la cama. Ella suspiró, sintiéndose mejor mientras Katie acariciaba su cabello con dedos torpes y Edward acariciaba su espalda.
—No debería haber hecho eso. Van a enfermarse también —dijo Bella. Sus ojos se cerraron mientras el sueño comenzaba a llevársela. Katie seguramente era inmune, ya que había pasado por esto, pero Edward era vulnerable.
Él se acercó y la besó. Un beso suave y rápido.
—Lo vale.
Entre ellos, Katie sonrió. Estaba acostumbrada ya a ver a sus padres besarse, pero la hacía feliz.
—Ve a dormir, mami —dijo ella, copiando el beso tierno de Edward.
Bella bostezó y dejó que el letargo ganara. Cerró los ojos.
—Los amo, patitos.
~0~
Al día siguiente, Katie se alejó de sus profesores para encontrar a Edward varias veces durante el día. Ella temía por Bella. Había querido que Edward se quedara en casa a cuidarla, pero se conformó con llamarla cada pocas horas. Era malo que Bella estuviera enferma tanto como lo fue cuando Katie lo estuvo, pero él no podía arrepentirse de esta nueva cercanía con su hija. Ella estaba sentada en su regazo mientras hablaba con Bella.
—Tienes que dejar de escaparte de tu profesora —dijo Edward a Katie cuando terminó de hablar con su madre. Él dejó su clase con el padre que estaba ayudando ese día y llevó a su hija de la mano hacia afuera, donde su clase jugaba.
—Lo sé, pero ella no me deja llamar a mami —dijo Katie, dedicándole un puchero.
Edward revolvió su cabello.
—Mami está bien. Prometo que ella se está cuidando.
Katie suspiró dramáticamente.
—Lo sé, pero me preocupo.
La dejó con un beso en la mejilla. Sus ojos la siguieron hasta que notó que alguien estaba fulminándolo con la mirada. Rosalie Hale aquí en la escuela era uno de los padres que ayudaba con la clase de primer grado. Él le sonrió tensamente y asintió. Como esperaba, ella se dio vuelta sin siquiera reconocer el gesto.
La mujer no le agradaba. No que pudiera culparla. Ella era buena amiga de Emmett, y toda la situación entre ellos, según ella, era una mierda. Ella le había dicho eso a Edward de frente. Edward pensó que seguramente Emmett confiaba sus pensamientos con ella. No era un idiota. Él había visto el odio y la furia en los ojos de Emmett y Jasper a menudo, pero ellos eran lo suficientemente inteligentes para no dejar que Edward o Bella lo escucharan, en mayor parte. Todos ellos sabían que tenían que comportarse. Katie sufriría si no se llevaban bien. Rosalie no tenía escrúpulos. Ella escupía veneno ni bien notaba a Edward cerca.
Afortunadamente, eso no era muy a menudo.
Quitándose ese pensamiento, Edward volvió a su clase. Después de dejar una tarea nueva a sus niños, volvió a su escritorio para pensar en algunas cosas.
Katie era una niña obediente. Incluso en lo peor de sus berrinches, cuando ella desconfiaba de su profesora, no se había ido corriendo. Él se preguntaba si era como Bella en ese sentido—que había una parte de ella que pensaba que su vida se haría pedazos otra vez. Después de todo, ella había tenido una pesadilla sobre perder a Bella.
Era natural, o eso le habían dicho los terapeutas. Pasaría un tiempo antes de que Katie confiara en que su mundo era estable. Probablemente después de un tiempo en que todo se normalice—cuando todos ellos, incluidos Emmett y Jasper, se acostumbraran a la situación como era. Ella se encontraba mejor desde que Edward y Bella habían comenzado a demostrar afecto públicamente entre ellos; eso encajaba con su definición de cómo eran los padres. Cuando Emmett y Jasper superaran su dolor, ella se sentiría mejor también. Ellos no se encontraban listos aun; era muy fácil ver su agonía, y Katie lo había notado.
Todos tenían caminos por recorrer, pero mirando atrás, hacia donde todo había comenzado, Edward tenía toda la esperanza del mundo que todo saldría bien. Al comienzo de todo esto, todo parecía como si estuvieran tanteando un campo minado. Los cuatro y Katie habían superado esa parte, al menos.
El repiqueteo de pasos rápidos por el pasillo llamó la atención de Edward. Levantó su mirada mientras uno de los niños grandes metía la cabeza en su clase.
—¿Usted es el señor Cullen?
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Se puso de pie.
—Sí.
—Katie se cayó. Está lastimada.
Edward ya se encontraba corriendo antes que la última palabra saliera de la boca del niño. Ni bien salió por la puerta, pudo escuchar el llanto de Katie. Su estómago se revolvió, y corrió más fuerte.
Unos días antes, él le había dicho a Bella que sería su turno de entrar en pánico algún día. Él jamás hubiera soñado que ese día llegaría tan pronto. Un millón de escenarios diferentes corrieron por su cabeza mientras corría. Debió haberle tomado segundos correr por el campo, pero se sintió mucho más largo.
Mientras se acercaba, podía escuchar los gritos sin palabras.
—¡Papiiiiiii! Papiiii. ¡Quiero a mi papi! —gritó ella, agitándose en los brazos de su profesora.
—Ya los llamé, cariño. Ya llamé a tus papis —Rosalie estaba diciendo ni bien Edward atravesó la pequeña multitud que se había juntado. Una parte muy pequeña de él estaba molesta por las agallas que ella tenía, pero estaba demasiado ocupado como para reaccionar a eso.
—Katie. —Se arrodilló a su lado, aliviado de verla sana y salva, y horrorizado al mismo tiempo. Su pierna. Estaba doblada en un ángulo raro. Quebrada.
—Oh, cariño.
—¡Papi! —Katie hizo a su profesora a un lado y se movió hacia él, llevando sus brazos alrededor de su cuello—. Papi, te necesito. Papi, me duele. Ayúdame.
La tomó con mucho cuidado, mirando a la enfermera del colegio que se arrodillaba al lado de ellos.
—Todos den un paso hacia atrás —dijo la enfermera con un tono resonante.
—Se le trabó la pierna en la parte superior de la escalera de sogas —dijo su profesora, asintiendo hacia el equipamiento que se encontraba a la derecha de ellos—. Ella ha estado moviendo su cabeza de un lado al otro, creo.
Katie había enterrado su cabeza en el pecho de Edward para amortiguar sus llantos allí. Se aferró a él cuando la enfermera intentó apartarla.
—Katie, cariño. Solo necesito mirar tu espalda, ¿de acuerdo? —dijo la enfermera.
—Está bien, cariño. Allí está mi niña valiente. —Edward la alejó y acarició su cabello, chequeando secretamente por si tenía algún golpe.
Katie gimoteó, calmándose considerablemente ahora.
—Me caí en la cima —dijo—. Duele, papi.
—Lo sé, mi niña. Eres tan valiente. Estoy orgulloso de ti. —Miró a la enfermera, observando su examinación. El miedo helaba su sangre, pero mantenía su tono regular—. Danos un minuto más, y vamos a ir al hospital, ¿sí? Haremos que te sientas mejor.
—Su espalda y su cuello están bien, parece ser —dijo la enfermera. Miró a Edward—. ¿Quieres llevarla al hospital?
—Sí.
Katie tembló y se acurrucó contra él ni bien la enfermera la soltó.
—Frío —comentó ella.
—El shock —dijo la enfermera y frunció el ceño—. Es normal, pero sería mejor que alguien más los lleve así puedes sostenerla. Mantenerla caliente.
—Si tu manejas, yo puedo sostener a Katie —dijo Rosalie—. Katie, ¿quieres venir conmigo?
Katie conocía bien a Rosalie. La mujer había sido su niñera principal casi toda su vida cuando Emmett o Jasper salían. El hijo de Rosalie, Henry, era uno de los mejores amigos de Katie. Así que Edward y Rosalie se sorprendieron cuando Katie volvió a enterrar su rostro en contra el pecho de él y se aferró a su cuello.
—Quiero a mi papi. No me sueltes, papi.
Edward se dio cuenta que Katie lo había estado llamando "papi". Era a él quien ella quería, él al que había llamado cuando se lastimó. Inhaló profundamente, abrazando a su hija. Rosalie incluso le había dicho que había llamado a Emmett y Jasper—sus papis. Katie lo quería a él.
—Te tengo, mi niña —susurró en su oído.
Rosalie suspiró.
—Yo conduzco.
—Gracias —respondió Edward, en serio. No había parte de él que quisiera soltar a su bebita.
~0~
Edward llamó a sus padres y les pidió que recogieran a Bella. Él sabía que Rosalie había llamado a Emmett y Jasper. Ellos fueron retenidos, por supuesto. A Bella le permitieron pasar, aunque con un barbijo ya que estaba enferma.
Katie estaba mucho mejor después de que se haberse calmado un poco. Le dolía la pierna, pero era una niña valiente. Rápidamente comenzó a hacer preguntas.
—Emmy dijo una vez que vio a un hombre con un hueso sobresaliendo de su pierna. —Miró a Edward con ojos ensanchados—. ¿Eso es lo que va a pasar?
—Oh, cariño, no. No. —Edward acarició su cabello y besó su frente—. No se saldrá. Lo prometo.
Frente a él, sosteniendo la otra mano de Katie, Bella sacudía su cabeza. Ella también estaba mucho más calmada de lo que había estado al llegar aquí.
—Primera gripe y primera visita al hospital bajo nuestro cuidado en una semana. Apreciaría si pudieras calmarte un poco, pequeña.
Katie miró a su madre, perpleja.
—Ese barbijo te hace ver rara —dijo con la honestidad pura que tenían los niños—. Es como una película de zombis.
Bella fingió estar horrorizada.
—¿Cuántas películas de zombis has visto?
—Los zombis no son reales, mami. Es imposible vivir de cerebros. Lo dice la ciencia.
—Oh. Eso es un alivio. ¿Qué tal los vampiros?
La expresión en el rostro de Katie se volvió aun más escéptica.
—No sé sobre los vampiros, pero si se queman con el sol, ¿no se extinguirían? El sol está en todos lados.
Edward soltó una carcajada.
—Siempre pensé que los vampiros eran muy tontos como monstruos.
Después que Katie fuera examinada, mandado a hacer placas, y enyesada, Carlisle y Esme habían movido a todos a otro lado, de vuelta a la casa de Edward y Bella. Todos lo que podían estar, estaban allí. Incluso Charlie había logrado ir. Fue casi un espectáculo, mucho más de lo que una herida normal de infancia necesitaba, pero Katie era querida por todos. El primer nieto de Charlie, Carlisle, y Esme. Emmett y Jasper habían esperado ser los que sostuvieran su mano durante todo el proceso, así que tenía sentido que quisieran estar allí.
Aun así, Edward no podía evitar desear tener a Katie con solo ellos en ese momento. No estaba listo para dejarla todavía. Quería acurrucarse y mimarla un poco. Quería ser su único papi por unas horas más.
Katie, algo colocada por las drogas, fue cooperativa cuando Edward la sacó del coche. El pie que tenía el yeso colgaba pesadamente, y ella ya no estaba tan animada como solía estarlo en sus brazos. Pero ella se emocionó cuando la puerta se abrió y Emmett y Jasper salieron a verla. Edward podía ver que estaba tomándoles todo su autocontrol no salir corriendo hacia la pequeña y ver por ellos mismos que se encontraba bien. Él se sintió algo defensivo, como si pudiera escuchar sus pensamientos. ¿Hubiera pasado esto bajo el cuidado de ellos?
Era una pregunta ridícula. Ningún padre podía mantener a su hijo a salvo al cien por ciento del tiempo. Pero, a pesar de eso, Edward tenía que reconocer que se sentía culpable—como si él debería haber sido capaz de evitar el dolor de su hija. Emmett y Jasper todavía lo intimidaban en ese sentido. Ellos siempre parecían saber lo que hacían como padres; Edward seguía tropezándose.
—¡Hola! Mira. Tengo un yeso. El doctor dijo que podría tenerlo en rosa, pero elegí mejor el azul. Puedes dibujar en él —dijo en modo de saludo, estirando sus brazos hacia Emmett y Jasper.
A regañadientes, Edward la dejó en los brazos de Jasper. Él y Emmett la acariciaron y la abrazaron, analizándola como si buscaran alguna otra herida.
Katie no era consciente de ello. Ella parloteaba con ojos medios cerrados.
—Tengo muletas. Papi dijo que puedo probarlas cuando no esté colocada. ¿Qué significa eso?
Edward tosió en su mano, tratando todo lo posible para no sonreír como un idiota. Podía ver que el que Katie lo llamara "papi" hirió a los dos hombres. Él no disfrutaba de su dolor, pero no podía evitar la felicidad que corría por dentro de él.
Él seguía siendo "papi". Incluso frente a Emmett y Jasper, seguía siendo "papi".
Jasper sonrió tensamente hacia ella.
—Eso significa que estás muy drogada, amor.
—Oh —dijo Katie como si entendiera, aunque claramente no lo hacía.
Solo visitaron por un momento. Katie había estado casi dormida en el coche. Ella se había despabilado con toda la atención que recibió, pero eso también se esfumó rápidamente. Se quedó dormida en el sofá mientras Emmett y Jasper dibujaban en su yeso. Edward, entendiendo la necesidad que tenían por hacer algo por Katie, dejó que la llevaran a la cama.
Cuando bajaron, los abuelos se habían retirado hacia la cocina. Edward los había invitado a cenar—la pizza estaba en camino—pero la pareja se negó. No estaban listos para ser amigos, aunque Edward esperaba con estuvieran dirigiéndose hacia ese camino.
Algún día. Con suerte.
Cuando se despidieron, Emmett ofreció su mano para estrechar la de Edward. La sostuvo por un momento, mirándolo a los ojos.
—Cuida de mi niña —dijo.
Jasper dio un paso hacia adelante, ubicándose a su lado y enlazando su brazo con el de él mientras miraba a Edward y Bella.
—Gracias por ser buenos con ella.
Edward sintió un nudo en su garganta. Asintió, sabiendo instintivamente que ellos la estaban soltando. No era como si ellos no iban a estar allí. Por el resto de sus vidas, Katie sería su hija en sus corazones, pero ahora estaban colocando su confianza en Edward y Bella.
A su lado, Bella tomó su mano y le dio un apretón, inclinándose hacia él mientras miraba a Emmett y Jasper.
—Gracias. Por ella. Por todo.
Ellos sonrieron con ojos tristes y se fueron. Cuando se alejaron de la entrada, Bella se dio vuelta en el abrazo de Edward. Este besó su frente, y la meció en sus brazos.
—Esto es, ¿no? —preguntó, descansando su cabeza en el hombro de él.
—¿Qué?
—Esta es la parte donde tengo que creer que nada de esto es un sueño. —Jadeó y tosió. Entonces, rio—. Así es cómo luce un final feliz, ¿eh? No se supone que debe haber corazones rotos. No se supone que Katie tenga una pierna rota. Y no se supone que deba estar llena de moco y asquerosa.
Él rio.
—Quizás es mi final feliz. ¿Pensaste en eso? Tengo salud. Tengo a dos hermosas chicas, que estoy seguro que se recuperarán. Estamos dependiendo de nuestros padres más de lo que quería, pero, oye, eso significa que tenemos padres amorosos y compasivos, ¿no? —Suspiró y giró la cabeza de ella para mirarla. La besó—. Jamás va a ser perfecto, pero lo quiero igual.
Ella sonrió y besó su barbilla.
—Sí. Yo también.
~El Fin~
Gracias por leer. Ya solo nos queda un epílogo dividido en tres partes :)
Y mil gracias a las chicas de mi grupo por haberme dado buenas vibras y felicitarme por aprobar mis exámenes finales. ¡Las quiero!
