Capítulo veintisiete: Tú y yo y todos nosotros
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"-Ellos no eran humanos, eran monstruos.
-Todos los monstruos son humanos."
-American Horror History
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Hace cierto tiempo había un pensamiento que daba vueltas y vueltas y vueltas en su mente: moriré peleando.
La idea de morir, no mucha gente pensaba en su muerte con tanta frecuencia como ella, que tenía el destino sellado en su pecho. Ella lo sabía, desde el día en que abrió los ojos y supo la verdad, que se aferraría con uñas y dientes a la vida; que moriría dándolo todo por vivir.
Salto seguía aferrado en sus patines, Veloz también, mientras ella volvía a llamar a Espada con forma de una bella y mortal arma. Tenían que ser el cebo, había escuchado las explosiones hace dos minutos y no podía dejar que los refuerzos escaparan. Ella les daría tiempo, todo el tiempo que pudiera.
-A la cuenta de tres. -fue el único aviso que le dio a Marco.
-¿Cómo? -lo tomó desprevenido- Pero, ¿qué-
-¡Tres! -exclamó y salió de vuelta al ruedo.
Del primer piso, desde las ventanas, comenzaron a salir los mismos esbirros que vio en la Torre. Caninos, como perros salidos del Infierno, que podían lanzar rayos de alto voltaje. Eran doce, veloces y furiosos.
Tania seguía rodeada de su defensa todopoderosa, ella esperaba que no hiciera ninguna locura.
-¡Abajo! -le ordenó mientras saltaba sobre ella y comenzaba a disparar.
Sus balas de energía mágica mezclada con la fuerza demoníaca de Aaron no surtía efecto sobre ellos, hizo surgir del suelo gruesas raíces con Bosque para aplastar a los esbirros. Sin embargo, eran escurridizos como gusanos y comenzaron a dispersarse. Tres la pasaron, directo hacia Marco, mientras cinco se quedaban a jugar con Tania. Los cuatro restantes de colocaron alrededor de ella y comenzaron a rodearla.
-La bruja de las cartas. -la reconocieron.
-¡No escaparás esta vez!
Con ayuda de Viento los hizo volar, Agua cayó sobre ellos y Hielo los retuvo. Debía inmovilizarlos, sino es que eliminarlos, para que enviaran contra ella todos los soldados que tuvieran disponibles. Patinó hacia el Palacio, debía ser una amenaza para Mirko, para todos los allí presentes.
-¡Ahg!
Bombas de humo cayeron desde el primer piso, escuchó el sonido de cadenas ser arrastradas.
-Es un cegador. -dio aviso Marco a través del auricular- Van a capturarte, Sakura.
Movió su brazo, Viento despejó el humo y ella pudo ver al cegador sin problema alguno. Alto, imponente, vestido de negro y con una hoz bien afilada. Llevaba puesta la capucha de su vestimenta, sus ojos rojos brillaban aún desde su ensombrecido rostro.
-No… -retrocedió tres pasos- ¡Esta es tierra de Pilares, los cegadores no tienen derecho a-
-Pobre niña tonta…
Dejó de rabiar y observó en lo alto, Mirko la observaba con sus ojos esmeraldas brillantes.
-Tu alma no puede ser reclamada por Pilares, has perdido ese derecho cuatro años atrás. -le recordó él- No hay juicio, te vas derecho al Infierno y bien lo tienes merecido.
El cegador comenzó a moverse, lento y sin prisa, él tenía todo el tiempo del mundo, contrario a ella.
-¡Él me quiere viva! -le recordó al señor demonio, temerosa de que aquel fuese el fin- ¡No puedes matarme, él no te lo perdonará!
El señor de aquellas tierras no volvió a dirigirle la palabra, ella se dio la vuelta y comenzó a huir de allí.
-¡No huyas, traidora! -chilló Tania, pero Sakura no podía preocuparse menos de la bruja blanca descendiente de Gia.
-Sigue el plan, Sakura. -le ordenó Marco- ¡Mierda! ¡Moriremos todos si te vas ahora!
Ella tenía el alma marcada, el cegador se la llevaría estuviese ella viva o muerta.
-¡Morirá tu amado Shaoran, también! -fue la línea que definió todo- ¡Pelea!
Y ella peleó hasta el final.
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Habían soldados, humanos pertenecientes a las fuerzas armadas francesas, en el túnel.
-¡Sigue corriendo, no te detengas! -fueron las órdenes de Kelian.
El mago desenfundó la espada que siempre llevaba con él, sus movimientos fueron tan gráciles y certeros como siempre, ninguna gota fue derramada en vano.
Él corrió, sus pisadas chapotearon en los charcos de sangre y una mano aferrada a su tobillo lo hizo perder el equilibrio, pero siguieron adelante.
Giraron a la derecha, una bifurcación más y giraron a la izquierda. Siguieron derecho hasta que nuevos enemigos frenaron su paso.
-…quémalos. -fue la orden.
Pero él titubeó ante la imagen de los infantes con batas de laboratorio, con sus pies descalzos y ojos vacíos.
-¡Quémalos!
Pero él no pudo.
-Ignis purgat, sanguis effunditur.
Desvió la mirada cuando los cuerpos ardieron en llamas, explotaron como babosas y el olor de su carne rostizada lo hizo querer vomitar. Escuchó los pasos apresurados de Kelian, se estaba moviendo otra vez y él tardó un minuto en seguirlo. Tuvo que correr a ciegas y sin respirar, quería que todo terminase ya
-¡No seas débil! -exclamó el mago- ¡No puedes ser débil, morirás si es así!
-…no soy un asesino. -se defendió él- No soy como tú, no soy como ninguno de ustedes.
Kelian aminoró el paso, lo observó por encima de su hombro.
-Nadie nace así, es el mundo quien nos forja de este modo. -le explicó con sabiduría- No está mal ni es incorrecto, es la manera en la que nos mantendremos con vida.
Quiso decirle algo.
Quiso decirle que estaba mal, que él no creía en su filosofía.
-Es aquí…
Pero habían llegado ante una gran puerta de titanio, sin pomo ni manijas. No podían ver a través de ella, no tenía ni principio ni fin. Lucía imponente, impenetrable.
-Tiene que ser aquí.
Observó a Kelian envainar, a palpar la superficie de la puerta con sus manos y murmurar cosas ininteligibles. Él se mantuvo de espaldas, en guardia ante la llegada de nuevos enemigos, rezando por terminar con aquello.
-Acércate. -lo llamó- Deja tu espada, necesito que me ayudes con los sellos.
El mago comenzó a sacar de sus bolsillos una pila de rollos de pergaminos escritos en una lengua extranjera. Le tendió el extremo de uno, le indicó sostenerlo contra la imponente puerta armazón.
-Es… sangre. -percibió. Sangre como tinta, algo usual en la magia negra- ¿Qué es esto? ¿Cuál es la misión, Kelian?
-No sueltes el pergamino y cierra los ojos. -espetó entre dientes- Pase lo que pase, oigas lo oigas… no abras los ojos.
No era un buen momento para preguntas.
…
Eriol observó a Amads planificar y dirigir a los mestizos, ambos le dieron vida a las ideas algo vagas de Tomoyo. Hablaron sobre números, raciones, trincheras, planes de contingencia, probabilidades y armas. Contabilizaron curanderos y, a partir de ellos, formaron escuadras, equipos y celdas de tantos hombres. Hablaron sobre reforzar la seguridad y el perímetro de la guarida, la necesidad imperativa de obtener más agua y comida para abastecerse. Armamento militar, código encriptado, transporte terrestre, explosivos plásticos.
Se sentía… tonto. Torpe, estúpido e inútil. Él no tenía mucha idea de nada de todo aquello.
-Oye…
Tomoyo tomó su mano, le dio un apretón y le sonrió.
-Te ves mareado, tómalo con calma. -le susurró.
-No es nada. -le restó importancia- Ha sido todo muy rápido, estoy bien. Descuida.
Ella no dijo nada, pero no soltó su mano en lo que restó de la reunión.
-Kaios ya debe saber de nuestra reunión con el rey. -habló Melek- Ahora mismo debe estar recibiendo órdenes de Ana para atacarnos.
-Ya sabes qué hacer, Amads. -mencionó Omar- Si no lo matas hoy, no tendremos un mañana para contar.
Observó al caballero, sus ojos cafés demasiado oscuros y llenos de sentimientos ocultos. ¿Podría Amads asesinar a Kaios? Porque, si no lo hacía, nada de todo esto tendría sentido.
-Matar a Kaios es la orden que le di. -mencionó Tomoyo, junto a él- Amads sabe que no puede fallar… ¿No es cierto, Amads?
Pero él no respondió, Eriol temió lo peor.
-Amads. -lo llamó él- Oye, Amads.
-Sí. -asintió tardíamente- Esas son las órdenes que tengo, y yo siempre cumplo.
Eriol lo observó postrarse sobre una de sus rodillas, tomar la mano libre de Tomoyo y besarla. No vio a Tomoyo a los ojos aún cuando se incorporó del suelo y se marchó de la cámara de guerra. Preocupado, intentó darle alcance.
-Amads sabe que acabar con Kaios es el primer paso para poder recuperar, de una vez por todas, la libertad de los mestizos. -interrumpió Tomoyo, frenándolo con su agarre- Es algo que Amads debe hacer solo y por lo cual… se siente presionado. -terminó de decir con una mirada triste.
-Pues no debería hacerlo solo. -intervino él- No debería sentirse presionado. -se rehusó él.
Tomoyo volvió a sonreírle, dejó libre su agarre y tomó asiento frente a la mesa.
-No, no debería. -estuvo de acuerdo- Sin embargo, son asuntos suyos y él lo quiere así. -suspiró.
Eriol se preguntó, no por primera vez, quién era aquel caballero de Tomoyo y cuál era su pasado. ¿Qué tan inmerso estaba Amads con Arabia y sus mestizos?
-Vamos, muchacho, tengo que mostrarte dónde estarás de guardia. -lo llamó Omar- Ven, de prisa.
…
Abrió los ojos ante la repentina luz que sintió detrás de sus párpados.
-Entonces, ¿te estás tomando vacaciones, Ailén?
El tono condescendiente en la voz de Irina ayudó a disipar sus sueño por completo, ya no le suministran drogas tan fuertes a través del suero.
-Dame un descanso, Irina. -escupió- A ti no te rompieron las costillas, ¿verdad?
-Hn. -entrecerró los ojos en silencio- Me las rompería con gusto para enseñarte cómo-
-No vinimos a pelear, Rina. -interrumpió Jeremías mientras ingresaba a la habitación también- Hola, Ailén… -saludó atentamente- Es bueno ver que aún conservas tus fuerzas.
La cabeza de los alumnos de Estrella asintió a modo de saludo, más no tenía nada que decirle a aquellos dos. Anaïs debía visitarla en cualquier momento, a ella sí iba a realizarle todas las preguntas pertinentes acerca de la última misión. Necesitaba respuestas, necesitaba mantenerse al tanto de lo que estaba sucediendo en el Instituto.
-Ya no tenemos petunias, tampoco queda un solo pétalo de lirio dorado en las reservas de la enfermería. -informó el líder de Luna- El director encomendó una misión para abastecerse y así poder curar tu costilla más rápido.
-No quieren a nadie más en la enfermería. -agregó Irina entre dientes- Irán a Bella Rosa por más flores y hiervas… Enviaron a Johnson.
Frunció el ceño, el Instituto llevaba meses evitando pisar Bella Rosa, habían evitado utilizar aquellas flores todo lo posible en la enfermería. Sin embargo, el enfrentamiento contra el Aviario no les dejó otra opción, hubieran perdido muchas vidas, muchos soldados, si no utilizaban el poder de las flores mágicas.
-Bella Rosa sigue vigilada por demonios. -les recordó ella entre dientes- Será el mejor Plata de los últimos cincuenta años, pero somos de carne y hueso. ¡Paz no lo enviaría a su muerte! ¡Imposible!
Debía ser un error, Paz no era de los que se arriesgaba con misiones suicidas. Misiones en solitario eran nulas, Paz fomentaba el trabajo en equipo en los ingresantes, en Plata y en Oro desde siempre. Además, algo más la tenía inquieta desde que la llevaron a la enfermería.
-No lo enviaron solo. -confirmó Irina- Pero tampoco lo enviaron con Épsilon.
-Eso… eso es imposible. -negó sin lugar a dudas.
Johnson era Oro ahora, Oro y Plata respetaban escuadrones y ellos jamás eran emparejados con alguien ajeno. Los escuadrones se formaban con cuidado, cada equipo armonizado en sus habilidades y especialidades. No eran asignados por azar, Paz nunca actuaba sin planificar nada.
-Si no es con Épsilon… ¿Quién? -gruñó, desconcertada.
Irina negó, ella tampoco conocía su compañero de misión.
-Otra cosa más. -llamó su atención Jeremías- Oímos a Amanda hablar con el director… -agregó en voz baja, confidente- Alpha recibió ayuda de un quinto hombre en el edificio, alguien que se les unió en Oslo, que llegó antes que nosotros.
-…¿qué estás diciendo, Jeremías? -escupió entre dientes.
-Aceptémoslo, Ailén. -gruñó la colorada de ojos fríos- El director hace tiempo que comenzó a ocultarnos información, no me extrañaría que-
-Shh, Rina. -la silenció el hombre de cabello rapado- Las paredes tienen oídos, deberías saberlo bien.
Oídos, ojos y pies ligeros, así los habían entrenado a todos desde que pusieron un pie dentro del Instituto.
-Pronto te darán el alta, Ailén. -volvió a hablar él- Guarda fuerzas, habrá mucho trabajo cuando las camillas se desocupen aquí…
Irina se marchó sin despedirse, pero Ailén ya estaba acostumbrada a la actitud arisca de la polaca de Luna. La información valiosa que sus compañeros compartieron con ella le impidieron conciliar el sueño, la idea de la traición y los secretos dentro del Instituto no la dejaron en paz. Su director siempre fue un estratega impecable, incluso con sus propios alumnos. Ella jamás lo olvidó, ella aún le tenía el respeto y la distancia prudente al director Paz.
Irina se lo había dicho, ella llevaba veinte años allí y nadie tenía que decirle cómo funcionaban las cosas. Nunca.
…
Cuando Shaoran abrió los ojos, el viento procedente del vacío inmenso casi lo derriba. Kelian lo sostuvo por la parte trasera de su playera, evitándole una caída profunda.
-¿Dónde… qué sucedió? -logró tartamudear, en busca de respuestas.
-Tenemos lo que buscábamos. -explicó cautamente mientras enrollaba su pergamino y lo guardaba dentro del sello en su esternón- Vámonos, tenemos que reagruparnos y huir.
Una ventisca provino de detrás de ellos, Kelian utilizó el impulso mágico para saltar arriba y emerger sobre el asfalto, Shaoran tardó dos segundos en seguirlo. De todas formas, se dio la vuelta y ahuecó sus manos a ambos lados de su boca.
-¡YUE! -llamó al guardián- ¡YUE!
No tuvo que llamar una tercera vez, una gran explosión se dio unos cincuenta metros a la distancia y él reconoció las luces del guardián de la luna, que apresuraba las piernas del cuerpo usurpado en una carrera frenética mientras se alejaba de dos esbirros cuadrúpedos que escupían rayos.
-¡Maldición!
Él invocó su elemento, bolas de fuego marcharon en hilera por detrás de Yue y se impactaron en el suelo, creando un obstáculo para retrasar a sus enemigos.
-¡No tenemos tiempo! -los apresuró el mago- ¡Vamos, deprisa!
La alarma había dejado de sonar, pero nuevas sirenas con diferentes ritmos irrumpían en las calles de París. Ambulancias y policías, todo el mundo corría para ponerse a salvo. Sintió la presencia de una carta pululando, Fuego debía estar enviando a las autoridades y los civiles lejos del Palacio de Eliseo mientras el resto del grupo daba la cara al señor de Francia y el siervo de París.
Corrieron tanto, él no reconoció las calles ni los rostros de las pocas personas que cruzaron, pero la innegable presencia de Sakura se sentía como un faro y él corrió hacia ella.
-Si seguimos el plan, deberíamos poder huir a través de la puerta sin bajas. -les recordó Kelian a cien metros de su objetivo- No queremos sorpresas, sigan el plan. -ordenó, casi sonó a una amenaza. Pero Shaoran sintió que fue un ruego de Kelian, una petición.
Siguiendo el plan, Fuego volvería con la señal de Sakura y todo el Palacio ardería en llamas, Oscuridad y Silencio debían cubrir su huida hacia la Torre Eiffel. Nada de héroes, nada de milagros; sólo lo lograrían con la mente fría y el corazón apagado.
-Sin problemas. -prometió él, Yue asintió una única vez.
Pero no pudo prometerlo por Sakura.
-¡HUYE SAKURA, CORRE!
Fueron los chillidos desesperados de Tania con lo que se encontraron en las puertas, el cuerpo inerte de Marco yacía a un lado de la bruja blanca, el charco de sangre bajo él iba creciendo con cada segundo.
-P-pero… es… -balbuceó Kelian, su espada desenvainada- ¿Qué hace aquí ese cegador? -escupió con furia contenida- ¡Tania! -llamó desde su lugar- ¡Tania, tenemos que largarnos!
Tania estaba rodeada por una especie de masa gelatinosa, una de sus mejillas atravesada por lo que parecían ser marcas de garras. La sangre descendía por su barbilla, por su cuello y esternón.
-¡KELIAN! -rugió Sakura- DAME LA CARGA, KELIAN.
En el occidente le decían La Parca, así llamaban a la figura encapuchada que portaba una guadaña y se llevaba las almas de los humanos. La muerte, el cegador de almas, el fin de la vida. Sakura estaba luchando contra ella, Espada en su mano frenando el filo de la hoz en la batalla. Sus ojos de color negro alquitrán, sus brazos envueltos por los sellos en forma de flamas de tinta negra. Martin, el siervo de aquella ciudad se encontraba detrás de la figura encapuchada, sus manos empapadas de la misma sangre que se escapaba del cuerpo de Marco.
Shaoran estaba congelado en su lugar, Kelian parecía estar a punto de huir, pero fue Yue quien tomó una de las cargas de explosivos y la arrojó en la dirección de su ama.
-¡SAKURA! -le advirtió.
Espejo salió de la nada, Salto en sus pies, y agarró la carga en el aire antes de correr hacia el enemigo de su ama.
-¡Señora! -llamó la carta.
La guadaña avanzó, rasgó el hombro de Sakura en diagonal, hasta llegar a su cuello, antes de que Sakura pateara el estómago del cegador y retrocediera mientras sujetaba su herida abierta. Espejo arrojó la carga y Yue la detonó, el señor demonio comenzó a gritar desde el primer piso y su siervo y los esbirros que quedaban de pie se pusieron en movimiento. Shaoran observó el rostro aterrorizado de Sakura mientras ella huía en su dirección.
-¡HUYAN! -ordenó la castaña, su voz aterrorizada y llena de pánico- CORRAN.
Y Oscuridad cubrió la sangre, los cadáveres tibios y los rostros de miedo de todos mientras corrían hacia la Torre.
Kelian tuvo que jalar de él, reconoció sus dedos callosos sobre su muñeca mientras tiraba con fuerza, guiándolo.
…
Ella lo sintió cinco segundos antes que él, cinco segundos en los que retuvo el aire.
-…Amads. -chilló.
Pero él ya se había dado la vuelta en dirección Norte, donde la presencia de Kaios se hizo sentir en una explosión de energía. Estaban de camino a la frontera, poner una barrera tan enorme era un reto que debía afrontar. Una barrera fronteriza, la cual les advertiría acerca de la presencia de nuevos siervos, de esbirros e, incluso, de la llegada de Ana.
Ella corrió a su alcance, pero manteniendo una distancia saludable ante un posible ataque repentino.
-¡Maldita perra, no te lo voy a permitir! -rugía el siervo.
Amads cambió su forma en tres segundos, las marcas brillantes de su atadura estaban a la vista y Tomoyo llevó una mano hacia su pecho, justo sobre el sello en su corazón. El veneno de Kaios seguía siendo mortal, Amads se cubrió antes que nada.
-¡Estas tierras tienen señora, insolente! -escupió en su dirección y ella infló el pecho, tomaría Arabia sin importar qué.
-Sin importar quién.
-¡Cierra la boca, maldito! -rugió Amads antes de conectar su puño con la mandíbula del siervo- ¡Hay una nueva reina aquí!
El siervo y su anterior vasallo impactaron sus cofres, la fuerza bruta de ambos seres sobrenaturales en una demostración de testosterona. Kaios tenía garras con ácido corrosivo, fue un reto para su caballero obtener el menor daño posible. La cola de Amads se sacudía furiosa, como un látigo endemoniado, queriendo derribar al siervo mejorado.
-¡El trono le queda grande a tu chica, mejor déjense de juegos y sigan volando bajo! -escupió a un palmo de distancia- Que disfrute el tiempo que le queda fuera, ¡porque el reloj corre, mocoso!
-¡Quédense el trono! -espetó mientras arrojaba el cuerpo de Kaios a un lado- ¡Nosotros tenemos al pueblo!
Kaios rodó, levantando arena del suelo en su recorrido. Su caballero se apresuró a correr tras él, sus garras en lo alto brillando bajo el sol incandescente del desierto.
-¡Nosotros traeremos la verdadera paz y justicia para todo ser viviente aquí! -exclamó el Puente, sus palabras un eco de su segunda personalidad- Y no hay espacio para falsos reyes.
Ella retrocedió cuando el demonio dentro de un cuerpo fabricado se lanzó en su dirección, pero el cuerpo de su caballero lo interceptó a medio camino, ganándose la mordida fiera de Kaios en su hombro. Temió por la salud de su caballero, pero calló y se mantuvo a una sana distancia para no interferir en su batalla.
-Tomoyo, ¿qué sucede? -oyó la voz entrecortada de Melek a través del radio de largo alcance escondido dentro de su capa.
-Amads está luchando contra Kaios… -observó los alrededores, estaba a medio kilómetro de su destino- No llegamos al punto, nos queda medio kilómetro todavía.
Melek y Omar estaban esperando la señal para atacar dos bases de esbirros en el centro de la ciudad, necesitaban purgar bases y almacenes para poder moverse con libertad. Ella no sería de ayuda en batalla, todavía debía recuperarse de las heridas en su espalda, producto de su lucha contra Mirko, y la herida de bala de Sakura, infectada con la sangre de Aaron.
-Tomoyo, necesitamos esa barrera. -le recordó en tono urgente- Voy a enviarte a Eriol, pero tardará un poco.
Su amado se había quedado en el edificio, cuidando de Sila, los jóvenes y los heridos.
Ella observó a su caballero, ella confiaba en él.
-Dame diez minutos. -espetó a través de la radio.
Sus ojos se iluminaron, ella corrió en dirección opuesta a la de los viejos conocidos enfrascados en una lucha a muerte. Realizó cien metros antes de sentir a Kaios esquivar a Amads y correr tras ella.
-¡Ah! -sus manos se movieron sin pensarlo, el arco se materializó en sus manos y ella no pensó mucho en el objetivo antes de disparar una flecha de luz.
-¡ANTES MUERTO QUE DEJARLES ARABIA! -logró escuchar entre sus jaleos.
Volvió a correr, su caballero se encargaría de cuidar su espalda siempre que fuese necesario. Estaba a mitad de camino, forzó sus piernas para ir a toda marcha.
-¡Tomoyo!
-¡MALDITA!
Rodó por el suelo, su arco quedó metros atrás mientras ella se arrastró a un lado y Kaios pasó a un lado suyo con un brazo ensangrentado. Amads saltó tras él, ambos comenzaron a rodar por el suelo entre gruñidos y maldiciones. Ella perdió su capa en la caída, pero forzó sus rodillas raspadas y se incorporó nuevamente.
-¡SIGUE ADELANTE, TOMOYO! -ordenó el árabe- NO TE DETENGAS.
Y ella no lo hizo. Sus ojos se iluminaron unos metros antes de llegar, cayó de rodillas con respiraciones apresuradas desde su pecho y juntó sus manos opuestas; una palma hacia arriba, la otra para abajo.
-Corre, corre, como el río. Extiéndete, sírveme, nútreme. -comenzó a recitar- Corre, corre, sé parte de mí. Corre, corre… Corre, corre y llévame contigo.
Se encendió como una hoguera. Plata, amatista y turquesa; las luces se escapaban de su cuerpo con la velocidad de un jinete del Infierno y surcaban los límites del país para entretejer una red con su magia. Comenzó a recibir información, sintió las firmas humanas y sobrenaturales. Pero fue codiciosa, forzó su magia y las luces no se detuvieron. Hacia el frente y adelante, serpenteando por debajo de la arena, la grava y el asfalto… sintió un sonar dentro de su pecho, un mapa siendo trazado dentro de su mente, detrás de sus ojos. Eran demasiadas firmas, era mucha información.
-…ahg… ahh.
El rostro de su caballero, la espalda de Kaios, todo comenzó a verse borroso frente a ella mientras el mapa en su mente se desarrollaba y extendía.
-Corre, corre… corre, corre. -siguió expulsando luces, no derivo el hechizo- Corre… corre… cor-
Sintió sus latidos pesados, desacelerando.
-¡TOMOYO! ¡TOMOYO!
-Mocoso, no te olvides de mí.
Sintió espeso en los ojos, supo que eran lágrimas de sangre por los bordes carmesí en su vista nublada.
-…corre…
Reconoció la firma de los mestizos, los sintió correr y tropezar contra una presencia más oscura. Encontró una tercera base, reconoció la localización que habían encontrado de los almacenes y apuntó dos más. Era… demasiada información, demasiados puntos brillantes detrás de sus ojos.
-¡DULCE!
Sintió los muslos entumecidos, las manos de Amads en sus mejillas.
-…n-no pue-do mover…me. -logró balbucear ella- A-mads.
Tampoco podía ver, no podía captar ningún otro estímulo externo a excepción de las luces detrás de sus ojos; pero no tenía fuerzas para decirle aquello a su caballero.
-Tranquila, aquí estoy. Aquí estoy. -se apresuró él- Te tengo, yo te tengo aquí.
Sus brazos laxos, sus piernas hormiguearon, pero su pecho se sintió cálido junto al de él.
-Te tengo, te tengo.
…
El Concilio de magos de China, aunque sería mejor decir que ya toda Asia poseía un representante dentro del Concilio, estaba llevando a cabo una reunión.
-Las mejores brujas y los magos más fuertes, debemos ser astutos y movilizarlos para recuperar el control de las ciudades. -expuso su brillante idea ante todos los allí presentes- ¡No es suficiente la información que tenemos, necesitamos espías dentro de las organizaciones! -expuso- Humanos, que no levanten sospecha.
-Los únicos humanos que permiten dentro son aquellos que serán la cena, joven Li. -rugió el representante de India, Haza- Y no creo que vuelvan para informar lo que consiguieron.
Gia bufó, los del Concilio eran duros de roer.
-Pero eso no es del todo cierto. -intervino la joven a un lado suyo- Los humanos son la cena, pero también el entrenamiento… En los almacenes utilizan prostitutas. -le costó pronunciar la última palabra, pero no detuvo su postura- Esclavas sexuales, a ellas no las matan ni devoran.
No te creas, estuvo a punto de agregar el espíritu, pero se contuvo. Necesitaba usar bien al Concilio.
-¿Quién proporcionaría los espías? -inquirió un sujeto de Japón- ¿Trabajadoras sexuales? ¿Sí recuerdas que los humanos siguen siendo parte del clan? ¡Yo no permitiría a mis sobrinas o primas para esta misión suicida! -bufó con asco.
La madre observó a otros sujetos fruncir el ceño y murmurar afirmativamente la postura del nipón, quiso hacer pedazos la mesa bajo sus puños. ¿No podían ver más allá de sus narices? Qué egoístas, todo era por un bien común.
-Misión suicida sería atacar sin mayor información. -discutió bajo la apariencia de Shaoran- Esto es por el bien de Asia, una misión humanitaria y de solidaridad. ¿Sacrificio? Sí… tal vez sí. -aceptó- Pero no por un precio necesario, lo necesitamos. -rugió, tratando de hacerles entender- ¡No podremos ganar de no ser así!
-Si así lo cree…. -comenzó a hablar un gran y gordo mago, una barba canosa entre sus manos velludas- ¿Por qué no envía a su prima? Ella es humana, ¿verdad?
¿Verdad?, repitió la pregunta en su mente, casi reprendiéndose a sí misma por tal obviedad. Observó a la joven, la tal Meiling. Era de la edad de Sakura, bien parecida y con un pasado interesante… ¿Cómo no se le ocurrió?
-¿Meiling? -la llamó, la joven lo observo con grandes ojos de ciervo, sorprendida- ¿Verdad que esta misión sería por el bien del clan, por el bien del Concilio? -le preguntó con voz profunda, casi seductora- ¿No es cierto, prima?
La espía del Consejo de ancianos, la prima eternamente enamorada del heredero… el cordero perfecto para ofrecer al demonio. ¿Cómo no había saltado a la vista? La niña devota, la que buscaba cualquier excusa para aparecerse ante el falso Shaoran, la asistente perfecta… Gia no perdía el sentimentalismo en su voz, la emoción en sus ojos cada vez que llamaba por ella.
-Meiling… -colocó una mano sobre su hombro, la observó directamente a sus ojos rojo sangre- Eres… nuestra salvación, querida prima.
-…yo… Xiao Lang, yo… -tartamudeó, azorada por la mirada de todo los presentes sobre ella- ¿Una misión de espionaje? ¿Crees… que pueda hacerlo?
Oh, pero Gia había oído suficiente para saber que el puesto sería bien ocupado por la joven no bruja.
-Meiling… -colocó su otro brazo sobre ella, la tenía entre sus manos- Yo confío en que los harás y volverás a mí con bien… Lo sé, yo lo sé.
Tan bonito que era el niño por el que Gia se hacía pasar, jamás que creyó que podría hacer uso de su buena apariencia para sus planes.
-…está bien… -su voz salió a penas en un susurro- Si dices que puedo, yo lo haré, Xiao Lang.
-Sí… -acarició una de sus mejillas- Lo harás.
El clan Li de China ofreció el plan y el cordero de sacrificio, Gia no podía haberse marchado más a gusto de aquella reunión. Luego de aclarar algunos cabos sueltos y asuntos de otra índole, la reunión culminó y se retiraron del edificio.
-Eres el orgullo de clan, Mei. -se encargó de asegurarle- Con esta misión, podremos…
Pero debió saberlo mejor, debió saberlo mucho mejor.
-Disculpe. -habló ella.
Meiling y Gia se detuvieron frente a una joven que se cruzó en su camino, llevaba puesto un vestido rojo con un cuello solapado blanco. Tacones, medias negras y el cabello recogido en un moño apretado.
-¿Podría hablar con usted, joven? -solicitó mientras se doblaba en una reverencia, aunque la joven no lucía oriental, todo lo contrario.
-Por aquí. -señaló Gia, nerviosa- Sígame.
Quiso arrastrar a Daisy, pero se limitó a apretar el paso mientras se apartaba del camino y le daba la espalda a Meiling. ¿¡Qué hacía Daisy allí!? ¡En Hong Kong! Ella la hacía de camino a Londres, había dejado Egipto atrás con nuevas órdenes.
-Será mejor que sea importante. -soltó entre dientes- ¡No pueden descubrirme! ¡Me estás exponiendo!
Los ojos chocolates se volvieron perlas, la santa madre estaba enojada.
-…cruzaron la puerta, madre. -habló en un hilo de voz, su apariencia firme siendo revelada ante el miedo y los nervios en su voz- Todo… fue un desastre. Están en Tokio.
Dio un paso al frente, su conjuro titubeó y su voz salió chillona y para nada masculina cuando volvió a hablar.
-Debían cruzar a Ecuador, ¿qué me estás diciendo? -escupió- ¡Habla claro!
Los labios de la bruja temblaron, retrocedió un paso.
-Marco no lo logró. -dijo Daisy- Sakura está herida.
-¡Sakura herida! -bufó, restándole importancia- ¿Por eso te presentas aquí y me pones al descubierto, Daisy? ¡Te entrené mejor que eso! -escupió- Vete de aquí, tengo cosas que-
-Se robaron un cegador del Infierno, lo tenían en París. -agregó entre balbuceos temerosos- Lo acabo de confirmar, también saquearon el Valle de las Plumas… todavía no sé que robaron de allí.
Debió saberlo mejor, porque Aaron no dejaría de moverse si aún muerto.
-¿Kelian? -inquirió- ¿Y la misión? -tiró de sus cabellos, su cuerpo se llenó de escalofríos.
-…Kelian lo consiguió, madre… El robo fue un éxito. -le aseguró.
Pero ella no se quedaba atrás, bendito sea el día en que tomó a Kelian entre sus manos y le enseñó todo lo que sabía.
-Vete a Londres. -le ordenó- Te enviaré a Tania, llévatela contigo. Que Kelian se lleve a Shaoran con él a Rusia. -frunció el ceño- Hablaré con Sakura más tarde, eso es todo. -la despachó- No quiero nadie vuelva a Hong Kong, así que no cometan más errores, ¿entendido? -le dirigió una mirada severa, una advertencia segura.
-…sí, madre. -asintió, sumisa- Lamento haberla molestado.
Pero Gia estaba de camino a su auto, ella era su mejor soldado y debía mantener a Asia girando sobre las palmas de sus manos.
-Una enviada del Instituto. -fie su escusa con la prima de Shaoran- Europa sigue revolucionada, pero nosotros tenemos nuestros propios amigos que atender… -le restó importancia- Ya nos enteraremos por las noticias. -bufó.
…
Claro que en las noticias las cosas pintaban feas…
"¡Un ataque terrorista en Francia, directamente sobre el Palacio de Eliseo en París!" Así comenzaban los periodistas en la televisión, acompañados con imágenes de fondo: explosiones, calles bombardeada, heridos y muertos. "Buscaron el caos, la gente se moría del miedo y ellos sólo seguían atacando en las calles. Fue un milagro la cifra de heridos, que los muertos no fueran tantos como se piensa… Un verdadero milagro"
-¿Pueden amordazarla? -chilló Tania- ¡Me va a reventar los tímpanos!
Shaoran observó a la bruja blanca, rastros de lágrimas secas y sangre le daban un aspecto terrorífico a su persona. Luego, observó a su compañera.
-¡MALDITA SEA! -gritó entre dientes.
Kelian seguía cerrando la herida de su cuello, el cuerpo de Sakura rechazaba los tranquilizantes y el mago estaba cociendo su herida sin ninguna anestesia. Ella estaba empapada en sangre, sacada de una película de terror, pálida como el papel y retorciéndose de dolor.
La tele de fondo enumeraba las víctimas del atentado, los asesinatos que había cometido él con tanta facilidad.
-¡Cállenla! -reclamaba Tania- ¡Ciérrenle la maldita boca!
¿Qué habían hecho?
¿Qué demonios habían hecho?
Le faltaba el aire, no podía respirar y sentís que un elefante estaba sentado sobre su pecho. Las esquinas de sus ojos se difuminaban, se le nubló la vista y sintió hormigueo en la punta de los dedos. Era un ataque de pánico, estaba sufriendo un ataque de pánico y nadie se dio cuenta. Tania estaba insufrible mente afectada por la muerte de Marco, Sakura era una muñeca rota y Kelian el doctor zombi; él era demasiado humano, demasiado inocente para acarrear con la sangre de inocentes en sus manos.
¿Qué clase de monstruo era?
¿En qué se había convertido? Ya no se reconocía en el espejo.
Se hizo una bola en el suelo, en una esquina. Nunca nadie se percató de él y su dolencia.
…
Llevó la radio cerca de su boca.
-¿Dónde? -la urgencia filtrándose en su voz- Estoy junto al lote, ¡no los veo!
La radio chilló antes de responderle.
-Estás cerca, ve recto hacia el Este y deberías encontrarlos.
No dio las gracias, sólo corrió otra vez
Sabía que algo estaba mal cuando sintió la red de telarañas que estaba tejiendo Tomoyo sobre toda la ciudad, sobre todos ellos. Era… inmensa, más de lo previsto. Últimamente su amada solía exagerar y sobre exigirse a la hora de actuar, eso lo tenía preocupado, sobre todo ahora que estaba herida y ellos agitando el avispero.
Hiso cien, doscientos, trescientos metros al Este y todavía no podía distinguir la presencia real de Tomoyo de la red enorme. Tampoco a Amads, ni siquiera el ruido de la pelea que debería estar teniendo contra Kaios.
Volvió a llevar la radio cerca de sus labios.
-¡Aquí no hay nada, Melek! -exclamó con agonía- ¿Puedes comunicarte con ellos?
No respondían la radio, había pasado casi una hora desde la última conexión con Tomoyo y sólo para informar que Kaios estaba allí. Eriol tenía un muy mal presentimiento.
-¡Sigue buscando! -ladró la comandante- ¡Tienen que estar allí, busca bien!
Y, al parecer, no era el único. Los mestizos seguían limpiando los almacenes, él se había escapado del edificio para asegurarse del bienestar de su amada. Nadie más estaba disponible, no podían prescindir de nadie ahora mismo.
-Tomoyo… ¿dónde estás? -maldijo por lo bajo, reanudando su búsqueda.
Habían escogido una de las partes más desoladas de la frontera, la más árida y despoblada. Extender la barrera tomaría su tiempo, Tomoyo no podía preocuparse por ojos ajenos ni trabajar bajo presión. También estimaban la aparición de Kaios, Amads necesitaría un campo para tal encuentro y evitar civiles inocentes en el fuego cruzado. Sin embargo, también dificultaba su búsqueda.
-¡TOMOYO! -gritó, en busca de una respuesta- ¡AMADS! ¡TOMOYO!
Necesitaba encontrarlos, saber que estaban a salvo. Necesitaba…
-¡TOMOYO! -gritó, aterrorizado- ¡Tomoyo, Amads!
Apresuró el paso al divisar señales de lucha en el suelo, tierra removida, cráteres en la tierra árida y rastros de sangre. Siguió el rastro del desorden, las marcas de garras y arrastre, Amads y Kaios habían generado un gran desastre.
Apresuró el paso, esperaba que ella estuviese sana y salva.
-…¡Tomy!
Apresuró el paso, los encontró.
Derrapó frente a un gran e inconsciente Amads, aún en su forma de demonio, el cuerpo de Tomoyo fuertemente aferrado contra su pecho. El caballero tenía manchas de sangre, tierra, arena y sudor. Observó a los alrededores, no encontró señales de siervo de Arabia por ningún lado. Palpó la cabeza de Tomoyo, no parecía estar golpeada, tomó su pulso y éste estaba solo un poco bajo. Amads respiraba con algo de dificultad, pero ambos parecían sanos.
-Los encontré. -se apresuró a gruñir por la radio- Están inconscientes, pero vivos.
Estaban muy lejos de casa, tomaría algunas horas más para poder recibir ayuda. ¿Cómo los llevaría? No parecían poder despertar por lo pronto.
La comandante tardó unos minutos en responderle, él tomó toda la paciencia que tenía durante la espera.
-Cuídalos, alguien irá a ayudarte lo más pronto posible. -fue su breve mensaje.
Ayuda, se suponía que ellos eran la ayuda, no al revés. Sin embargo, le tocaba esperar. Levantó una barrera, escondió su presencia mientras esperaba por la ayuda.
…
Kamuy volvió cuando la oscuridad fue suficientemente espesa para cubrir su huida, Matt y Ángel seguían donde los dejó en la tarde.
-¿Estás seguro de esto? -preguntó- Si te descubren, los podrían exiliar a ti y a Jonás.
Su primo se agachó para que su preciada carga pudiera montar su lomo.
-Sólo a mí. -lo corrigió- El cachorro no sabe nada, mi padre no es tan tonto como para perdernos a ambos del Norte.
Sí, Kamuy no le discutió aquello.
-Las aves siguen en el árbol, estoy seguro que ella vendrá. -observó a la joven envuelta en aquella delgada manta- No querrá perderse esto.
El lobo gruñó, pero lo siguió en su carrera hacia el árbol que había sido el nido de la santa madre. Se movieron en la oscuridad, como sombras, veloces al trote y bien alertas por la posibilidad de cazadores nocturnos. El Bosque Blanco no era el habitad con más presas, pero eso no quitaba que, como el resto del Zoo, fuera una zona de caza. Ya frente al gran árbol, ambos volvieron sobre sus dos piernas.
-¡Yo iré primero! -informó el pelirrojo mientras sus garras brillaban bajo la luna- ¡Escapa si nos atacan, ¿entendido?!
Pero él no tuvo que decirlo dos veces.
Kamuy comenzó a escalar, sus garras se incrustaban en el gran árbol sin que éste prestara mayor resistencia. Las astillas y el viejo tronco arañaban su piel, pero las heridas sanaron al segundo siguiente mientras él se siguió empujando hacia la cima. Matt conservó algo de distancia, su preciada carga aferrada a su espalda en silencio sepulcral. La cima estaba cada vez más cerca, la abertura que Camille y las bestias utilizaron para abrirse paso seguía allí, no había nadie que manipulase al árbol para reparar el orificio.
El lobo del Sur saltó dentro, el viento meció las hojas y él olfateó el aire, las aves podían mantenerse quietas y en silencio, pero no engañarían su olfato tenaz.
-¡Tengo un mensaje para Gia! -anunció en voz alta- ¡Una vieja amiga está aquí para verla! -informó, oyó un aleteo- ¡Somos los herederos del Norte y el Sur, exigimos una reunión con la madre!
Más aleteos, las aves se movieron.
-¡Gia, alguien quiere verte! -volvió a intentarlo- ¡Volvió de entre los muertos sólo para ti!
Las plumas cayeron desde lo alto, él observó las sombras de las aves moverse de un lado al otro.
-La tierra de las bestias ya no es un lugar seguro. -chillaron las aves- Oh, pequeño lobo tonto… No me confundas con una tonta, tonta bestia.
Era Gia, él reconocería el tono altanero de la madre donde fuese.
-¡No es una trampa, vinimos aquí por un favor! -se apresuró a advertir- ¡Favor con favor, recuerdo que nunca te negaste a uno! ¡Jamás!
Las aves volvieron a chillar.
-Los tiempos cambian, no hay nada que pueda querer del Zoológico ya. -le hizo ver- Ya no con ustedes, pequeños huérfanos.
Él gruñó ante sus palabras, el significado ocultó tras ellas. Matt saltó junto a él, Ángel aún aferrada a su espalda.
-…¿Quieres recapacitar en tus palabras? -gruñó el lobo del Sur- A Ángel no le agrada que llames huérfano a su pequeño cachorro, ¿por qué no vienes y le pides una disculpa en persona?
Las aves dejaron de moverse, aletearon desde la seguridad de las ramas allá arriba y ellos esperaron por una respuesta, por una señal de Gia.
-…esto fue una mala idea. -gruñó por lo bajo.
-No. -habló Ángel- …ella está aquí.
Los lobos afilaron sus sentidos, su piel se erizó ante la expectativa y la sensación de ser observados. La madre jamás dejaba de jugar con ellos.
-¡Miren nada más! -exclamó Gia, apareciendo de la nada frente a ellos y haciéndolos tensarse con su sola presencia- Parece que alguien se escapó del Valle de las Plumas… pequeña traviesa. -sonrió con diversión, oscura y cínica diversión- La buena de Ángel, ¿quién iba a decirlo…?
-Hola, Gia… -saludó la rubia- Necesito que me ayudes con algo, que nos ayudes.
A Kamuy no le agradó la sonrisa gigantesca y depredadora en los labios azules de la mujer frente a ellos.
-Bueno… no tendrás tus bellos ojos para hacerlos brillar para mí, pero sé que podremos encontrar otras formas para… pagar este favor. -dijo, sus ojos entrecerrados en dirección a su primo, Kamuy debió haberlo sabido mejor.
-¿Estuviste trabajando para ella, Matt? -gruñó, no pudiendo aguantarse las ganas de preguntarle.
Se dio la vuelta, encaró a su primo y éste… bajó la mirada.
-¡Maldita sea! -escupió, rabioso- ¿Qué trabajo sucio hiciste?
-Podemos hablar luego, ahora-
-¡No! -negó, sintiéndose traicionado- ¡Me lo dirás ahora mismo! ¿Qué hiciste para Gia?
Escuchó la risa sacarina del espíritu, aquello sólo sirvió para avivar las llamas de la traición dentro de su estómago.
-Necesito una puerta, Gia. -habló el lobo del Norte, esquivando la pregunta de su primo hermano- Una salida y una entrada, y las necesito ya. -apresuró.
-Hecho. -no dudó en responder de inmediato- ¿Salida para tres…? -inquirió, observándolo al pelirrojo.
Kamuy gruñó una negativa, él no se iba a ninguna parte.
-Sigue soñando, yo no trabajaré para ti. -escupió, retrocediendo más cerca de la salida- ¡Y tú! -escupió en dirección a su primo- Tú y yo arreglaremos cuentas pronto.
Y se dejó caer por el agujero.
-¡Kamuy! -escuchó la voz estrangulada de Ángel llamar por él, pero Kamuy no volvió.
No era tonto, él no era lento. Tal vez no había estado al tanto de los movimientos de su primo en los últimos meses, pero sí acerca de lo que sucedía en su hogar. Él y Camille habían visto a los gatos, no habían alucinado. La muerte de Felis, la desaparición de los gatos, su aparición en el Zoo y la huida de Gia al momento de su acusación… Matt lo había sabido siempre, el paradero de los gatos, y nunca le soltó una pista.
Se sintió traicionado, herido.
…
Quería matar al maldito de Kelian, ella se estaba retorciendo del dolor y el muy bastardo se sentaba allí a hablar por teléfono tan tranquilo. Kero le había dicho que Tania había estado chillando más de lo normal, ni siquiera se había limpiado la sangre de Marco de su rostro, no se había movido del sofá.
Marco había muerto, suspiró… Él había intentado ayudarla con el cegador, Mirko no iba a dejarlo así como así y fue cuando Martin apareció de la nada. Marco era bueno, no sería un niño de Gia de lo contrario. Pero… aún tenía un ojo que no captaba la profundidad al ciento por ciento, un luchador de corta distancia como Martin se daría cuenta de inmediato. Fue su fin, Tania estaba demasiado ocupada para cubrirlo.
-Tú… -gruñó, no podía voltear completamente o abriría sus puntadas- Tú y Marco jamás le dijeron a Gia de su enfermedad. -la acusó.
La bruja blanca la observó con el ceño fruncido y los labios crispados, se levantó de su lugar con los brazos cruzados sobre su pecho y la observó de arriba abajo.
-¿De qué me acusas, maldita? -bramó, los chillidos olvidados- ¡Estás hablando de mi difunto compañero, fíjate bien!
-No seas tonta, Tania. -se rió con ironía- Por favor… ¿No pretenderás que no me di cuenta, no? -bufó- El ojo de Marco, Gia no sabía de su problema. Pero yo sí. -gruñó- Y ese fue el fin de Marco, por eso murió.
-¡Maldita perra! -escupió y se lanzó sobre ella.
Kelian la retuvo justo cuando las manos de Sakura se levantaron para tirarle de sus cabellos, los dedos de Tania sólo rozaron sus hombros antes de que el mago la arrojara de nuevo sobre el sofá. Al parecer, su llamada había culminado.
-Suficiente, las dos. -las acusó.
-¡Marco murió por tu culpa! -ladró, despechada- ¡Se suponía que eras la asesina, Sakura! ¡Se suponía que tú serías nuestro apoyo, no al revés! -chilló, las lágrimas gordas escapando de sus ojos enrojecidos por el llanto previo- ¿¡Por qué te enviaron si sólo eres un estorbo!?
-Wow, niña. -intervino el peluche- ¡Será mejor que cierres la boca ya! -advirtió.
-¡Marco impidió que huyeras, cobarde! -siguió exclamando con rabia, Kelian la empujó por el pecho ya que ella se había incorporado y acercado nuevamente- ¡Ibas a abandonarnos, a salvar tu trasero, y Marco te detuvo! -chilló- ¿No ves que murió por tu culpa?
-Marco murió porque fuiste una compañera de mierda, Tania. -le dijo Sakura sin pelos en la lengua, sin resquemores por expresar lo obvio- Él no debía estar luchando, tú lo sabías y te lo callaste. -negó- Estúpida, tú lo mataste.
Tania chilló. Impotente, rabiosa, triste y, sobre todo, derrotada.
-Madre sabrá sobre esto, Tania. -dio aviso el mayor- Ve a bañarte, tienes un vuelo que tomar en cinco horas.
-¿…qué? -se secó las lágrimas y lo observó con sorpresa- ¡Ni siquiera ha pasado un día!
El mago le dio una mirada severa.
-¡Marco era mi compañero! -chilló con fuerzas renovadas- ¡Él era mi compañero, madre nos juntó!
Sakura quiso agregar que, por lo poco que había visto en París, eran más que compañeros. Pero, otra vez, ¿quién era ella para hablar sobre relaciones y lazos?
-Daisy estará allí, tiene tu equipaje en Londres. -no pareció afectado por sus quejas- Madre hablará contigo en unos días, estará al tanto del ojo de Marco, así que no creas que te escaparás de una sanción. -gruñó con rudeza- Vete, Sakura necesita descansar.
Tania salió corriendo con más lágrimas escapando de sus ojos de venado bebé, Sakura no compró su lástima, no cuando Kelian se detuvo frente a ella.
-A ti te ordenaron esperar por más órdenes, madre hablará contigo. -le hiso saber- Esa herida… -frunció el ceño- Tomará una semana en cicatrizar, lo sabes.
-Sí… -gruñó- Lo sé.
Los cegadores eran uno de los seres que podían dañar a un demonio en aquel mundo y ella poseía la sangre de uno. Por ende, su cuerpo no sanaría tan pronto como ella quisiera.
-Tenían un maldito cegador, Kelian. -escupió- ¿¡Tú lo sabías!? ¿¡Gia lo sabía!? -sintió su piel tensarse, podría soltar un punto si seguía así de nerviosa- ¡Me querían matar, Mirko me quería matar! ¿Fueron órdenes de Pía? ¡Aaron me quería viva! ¿Qué rayos sucedió? -sus ojos se llenaron de lágrimas impotentes- Él… él no quiere matarme, ¿por qué tenían un cegador?
Kelian no pudo sostener su mirada, fue la primera vez que no pudo. A Gia no se le escapa nada últimamente, ¡ellos tenían que saber!
-¡Dime algo, Kelian! -exigió- ¡Dímelo!
Sus ojos se oscurecieron, ella podía sentir que el mago tenía las respuestas que ella necesitaba y se las sacaría como fuese.
-…estuve hablando con Daisy hace unos instantes. -comenzó él- Alguien entró al Infierno, se robaron ese cegador, Sakura. -la observó a los ojos sin titubear, ella supo que le estaba diciendo la verdad- Aún no sabemos quién, pero no creo que Mirko posea motivos o, incluso, las herramientas para ello.
-Aaron no fue. -aseguró ella de inmediato. Él me necesita viva, estuvo a punto de agregar, pero no. No lo dijo.
-Recuerda que él sigue teniendo gente trabajando para él, no es necesario que escape de su prisión para realizar un movimiento como este. -le recordó- Pía pudo recibir las órdenes.
-Kelian, Aaron me quiere viva. -señaló su cuello- ¡Me quisieron matar, no me iban a capturar viva! ¿Entiendes la gravedad de ello? -levantó la voz, estaba más nerviosa que enojada- ¿Sabes lo que significa eso? ¡Todo cambia si me quieren muerta, ya no es el mismo juego que empezamos a jugar! ¡Me quieren muerta!
Él se alejó, ella quiso lanzarle un puñetazo pero Kero presionó su hombro para recordarle su situación.
-El juego no cambia. -declaró él, firme- Las reglas son las mismas.
-¡Me uní a Gia para averiguar qué quería Pía de mí! ¡Para saber si sabían lo que Aaron me dejó, lo que hizo conmigo! -le recordó ella- ¡Ahora sé que me quieren muerta!
-¿¡Qué esperabas!? -exclamó él, sorprendiéndola al elevar el tono- ¡Querías jugar y jugamos! ¡Agitamos el avispero y aquí están las consecuencias! -dijo- ¿Qué pretendías? ¿Meterte a la boca del lobo sin una mordida o dos? -la observó con dureza, como si fuera una niña intentando jugar un juego de adultos- Madura, Sakura.
Y él se fue, escuchó la puerta de su habitación ser azotada y ella no pudo creer lo que le había dicho. Jamás nadie le había hablado de aquella manera, jamás la habían hecho sentir… tan idiota.
-…Sakura. -la llamó su guardián- Sakura, ¿qué vamos a hacer?
Y ella lo admitió.
-No tengo… la más pálida idea. -bufó, derrotada- ¿Qué diablos vamos a hacer?
Su carta bajo la manga era la inmunidad, se suponía que la querían viva y eso la hacía intocable. Impune, se lanzó a cada batalla con impunidad para cobrarse lo que le habían hecho y con la seguridad de salir con vida. Huir, claro, pero mantenerse viva pese a todo. ¿Ahora? Había estado tan equivocada… Aaron estaba fuera, Pía no era Aaron y no toleraría sus jugarretas y bromas pesadas.
Si Pía no la quería muerta al principio, así lo era ahora. ¿Qué debía hacer? Definitivamente la matarían si seguía con Gia, que parecía decidida a derrocar a Pía con Aaron fuera. La santa madre y sus niños plantaban semillas en cada tierra que trabajaba Pía: Asia, África, Europa… No le extrañaría que tuviera niños en América, trabando la tierra para germinar brotes verdes también allí.
-…Shaoran. -llamó ella, su compañero había estado en silencio y ella necesitaba saber qué haría él- Kero, ¿dónde está Shaoran?
-Mmm…
El peluche comenzó a volar alrededor de la habitación, no lo había visto en un tiempo.
-¡Ah, mocoso! -exclamó- ¿Qué haces allí?
Detrás del sofá, en el punto ciego de Sakura, él estaba hecho un ovillo en la esquina más alejada, en el suelo. Rodillas arriba, su rostro escondido allí.
-¡Oye, mocoso! -se detuvo a un lado suyo, estaba temblando- Oye… ¿Estás herido? Dime.
Inquieta, la bruja se levantó de su lugar.
-¿Qué sucede? -sujetó la gasa sobre sus puntos de sutura, su cabeza en una posición incómoda para no tirar de los puntos- ¿Shaoran, estás herido?
Con cuidado, se arrodilló frente a él, que seguía ensimismado y escondido.
-Oye, Li. -gruñó, tirando de su brazo.
Lo que vio… fue a un niño destruido.
-¿Shao…ran?
Sus ojos apagados, su rostro pálido y frente sudorosa. ¿Estaba herido? ¿Lo habían envenenado? Kelian estaba perfecto, ni un rasguño. ¿Qué le sucedía a su compañero?
-¡Oye, Shaoran! -tiró de él, necesitaba revisarlo- ¡Kero, ayúdame! ¡Sobre el sofá!
Shaoran estaba en transe, Kero hizo la mayor parte del trabajo al levantarlo y ella lo empujó sobre el sofá. Palpó su nuca, sus oídos estaban libres de sangre y ella tiró de su playera para revisar, pero no habían heridas más que moretones. Tomó su pulso… algo estaba mal.
-Shaoran, háblame. -ordenó, fijando su mirada con la suya. Sus pupilas dilatadas, su atención obnubilada- ¡Shaoran, habla! -nada, parecía un muñeco de trapo- Shaoran… -no sabía qué hacer.
Una luz salió disparada de su pecho, observó la figura de Yue dentro de la carta.
-¡Yue! ¿Qué le sucedió a Shaoran? -rogó por una respuesta- Él estaba bien, él parecía bien… -no entendía.
-Tal vez… -dudó- Tal vez esté en shock.
-¿Shock? ¿Por qué? -inquirió el peluche- ¿Se golpeó la cabeza o algo?
-No… No es eso. -hizo una pausa- Sakura. -llamó la atención de su ama y protegida- Sakura, él no está acostumbrado a esto. -le recordó con suavidad- Shaoran no es de los que mata y vive con ello en paz, él jamás mató a nadie.
-¿De qué hablas? ¡Él y Sakura se encargaron de muchos enemigos antes! -le hizo ver su compañero- Él mató.
-Demonios. -agregó- Shaoran mató demonios, hoy fue responsable de vidas humanas inocentes. -le habló directamente a su ama- Shaoran se encontraba en contra de esto desde un principio, nunca antes hizo nada como en París. En cambio, tú… -hizo una pausa, no quiso terminar la oración.
Pero ella lo terminó por él.
-En cambio, yo… -frunció el ceño- Yo tengo las manos sucias, claro. -negó, sintiéndose más estúpida si eso era posible- Claro, pero qué estúpida soy… -negó, una sonrisa cínica y forzada extendiéndose en sus labios agrietados- E hipócrita. -agregó- Criticando a Tania por sus descuidos con Marco, y yo… -acarició el cabello de su compañero- La insensible… lo siento.
-No logro comprender por qué Shaoran se mantuvo con ellos. -murmuró Yue en un tono preocupante- Él es un buen chico, no tiene nada que ver con ellos.
Ella lo observó, se había hecho la misma pregunta tantas veces.
-Gia va a tenerlo con ella si eso es lo que quiere, y ella lo quiere. -acarició su mejilla, él se apartó de su tacto- Yo estoy perdida, pero tú no perteneces a este mundo, Shaoran… -le habló- No le debes nada a nadie, vuelve a China y vive tu vida… Kelian no es tu amigo, Gia no es tu madre y terminarás acabado si no abres los ojos. -chilló, necesitaba sacarlo de esto- ¡Shaoran, escucha lo que te digo!
Lo tomó por los hombros, lo sacudió un poco y él se alejó de su tacto nuevamente.
-¿Qué esperas para volver con los tuyos? -espetó, necesitaba alejarlo- ¿No dices que soy un monstruo? ¡Te convertirás en uno si sigues a Gia! ¡Despierta! -lo empujó por el pecho con brusquedad, él se levantó del sofá aún sin emitir palabra alguna- ¡¿Quieres ser como yo?! ¡¿Es eso?! -escupió, rabiosa- ¡Gia será tu demonio y esa marca tu maldición, date cuenta! -ella también se incorporó, sus puntos tiraron dolorosamente pero, en el calor del momento, ella lo ignoró magistralmente- ¡Lo siguiente que sabrás es que amenazará a tu familia, que tus hermanas estarán en peligro al igual que tu madre!
Él negó, ella chilló con enfado, rabiando de la furia.
-¡¿QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO?! -vociferó, incapaz de medirse más- ¡REACCIONA DE UNA VEZ, VETE A TU CASA!
-…¿No te parece que ya es algo tarde para eso? -dijo entre dientes, bajo y en tono barítono- Somos… iguales. -la miró por sobre su hombro- Anda, puedes reírte… Te repudié por los actos que cometiste, ahora somos-
Lo jaló por el brazo, lo dio vuelta y lo abofeteó. Sus guardianes de sorprendieron, Shaoran ni siquiera reaccionó.
-¿Igual a mí? ¡Da gracias a Dios que no estás ni la mitad de podrido que yo! -escupió a un palmo de distancia de su rostro- Pero sigue a Gia y pronto no podrás mirarte al espejo, te lo advierto. -lo empujó por su pecho- Pronto no quedará ni un atisbo de la persona que amo… -cerró los ojos, con el alma adolorida - Shaoran… vete a casa, olvídate de todo esto.
Él la observó con enojo, casi con… asco.
-¿Ir a casa? -escupió.
Asco de sí mismo, auto desprecio.
-¡SOY UN MONSTRUO, SAKURA! -gritó como si fuera lo obvio, una verdad que la bruja no quería aceptar- ¡MÍRAME, ESTAMOS EN IGUALDAD DE CONDICIONES AHORA! -escupió, asqueado- MENTIR, ROBAR, ASESINAR… ¿No es eso lo que hemos hecho, Sakura…? -bufó, negó repetidamente- Somos tal para cual ahora, ¿no? -se rió, una risa ácida- Tal vez este siempre fue nuestro destino, nuestro final será la muerte.
Se mordió el labio, las lágrimas picando detrás de sus ojos. ¿Qué le había pasado al niño del que se había enamorado perdidamente? ¿Así se había sentido Shaoran cuando descubrió sus engaños e intenciones? El dolor, la agonía… ¿Todo ese sufrimiento le causó? No merecía su amor, jamás mereció su cariño. Incluso amarlo se sentía mal, ¿cómo podía pensar en amarlo? Lo había destruido, lo había arruinado.
-Shaoran, todavía puedes alejarte de todo esto. -le rogó ella- Shaoran… por favor. Por favor, vete. -las lágrimas descendieron por sus mejillas, sus rodillas temblaron y su pecho se contrajo en un espasmo doloroso- Te amo, vete, aléjate de esto y vuelve a tu casa. ¿Sí? -le volvió a rogar- Gia, yo me encargo de ella… Puedo-Puedo hacer-
-¿…volver? -negó- ¿No lo ves? -frunció el ceño- Todo cambió ahora, no puedo volver… como si nada. -escupió- ¡Como si nada hubiese sucedido!
-¡No sucedió nada! -negó ella- ¡No hiciste nada, aquí no sucedió nada! -chilló, se aferró a sus manos con desesperación- Por favor…
Pero él volvió a alejarse de ella.
-Tú y yo… -su tono bajo, profundo y oscuro- Todos nosotros fuimos los causantes. -señaló el televisor, las noticias enmudecidas pero con imágenes claras- No somos humanos, somos monstruos.
-¡No! -negó ella.
-¡Todos nosotros dejamos nuestra humanidad para cumplir nuestros objetivos! -gritó- ¡No hay vuelta atrás, no volveremos a ser los mismos a partir de ahora y yo no voy a fingir! -le hizo saber- Yo ya no voy a fingir… no… no puedo, Sakura. -le rogó él- No me pidas que lo haga.
Sí, ella era un monstruo y lo había arrastrado, ella era un monstruo por arruinarlo.
...
Para Lagen 3
Como mencionó en su comentarios precioso, ¡no hay un solo personaje principal! Me gusta desarrollar la historia de todos, mientras sea posible en la medida. A veces son demasiados, pero creo que hay un grupo principal y uno secundario. A mí me agrada que se entrelacen todas las historias, como que ninguna sea 'relleno', que tenga razón de existir.
Tenemos a los niños de Gia y a Gia misma, vieja amiga de Paz y presunta enemiga de Aaron. Ella pareció ser un nombre más en una larga lista, pero no lo es. Así que préstenle mucha atención, porque ella nació para sorprender.
Tenemos el grupo en Arabia, Tomoyo y los chicos, la general Melek. Tomoyo necesita comenzar a crecer, necesita tomar un papel importante en el orden mundial y qué mejor lugar que Arabia, con los mestizos que la apoyaron y se ganaron su corazón. Incluso Eriol en Arabia tiene toda la pinta, ya lo verán. Amads por razones obvias, claro está.
Y así con todos. Con Micah en un gris confuso, con Aaron y Pía en el negro profundo y Paz en su blanco demasiado puro. Todos estos personajes que espero les roben el suspiro.
Sakura es la oveja negra, chicos, eso de acá para siempre. Pero no porque soy una malvada o la odie o nada. Es una historia, en lo posible del mundo en el que funciona, realista. Es dramática, es sentimental, es una historia con historias personales y familiares fuertes. ¿En serio Tomoyo perdonaría a su propia prima por intentar matarla? Yo creo que hay cosas, situaciones, donde uno dice basta. Hasta acá llegué… No será un odio eterno, claramente llegará un momento de -cómo decirlo- no un perdón, más bien… Como dar vuelta la página, pero sin olvidó. Llegará un punto en el que Sakura tendrá una especie de redención, una paz para seguir adelante. Pero calma, necesitan pasar cosas todavía.
¡Estoy escribiendo el cap 29, dame el 30 para explotarte a Eriol así a lo grande! Ojo, recuerden que Eriol y Shaoran tenían un sello en sus ojos derechos, el sello de Gia, y que por eso ninguno podía tener control total de todo su poder. Eriol, además, tenía un sello extra que Clow dejó para dormir una parte de sus poderes. En el cap 29 Eriol cumple 18 añitos… no te puedo adelantar nada más.
Nooo, prepárense todos porque traigo unas bombitas… no quiero adelantar mucho, a ver si les quito la emoción.
Como siempre, mucho cariño y cuídense. ¡A ver quién más se suma en los comentarios, perezosos! ¡Dónde está el amor por esta historia! Que bien que los veo a todos en las estadísticas, ehhh. ¿Dónde están los lectores de México? Lagen, saludos hasta España. Pero, ¿y los lectores de ? ¡Los hermanos de Brasil y Chile! La gente bonita de Colombia e Italia… Y así con el resto.
Cuídense mucho, fuerza 3
