El Mudad del año descansa plácidamente al lado de Joseph; Giorno no tarda en dar con él, guiándose por el olfato hasta dar con la habitación. Se para frente a la puerta e intenta abrirla, pero la perilla se encuentra bajo seguro. Frunce el ceño, optando por tocar la puerta esperando a que alguno de los dos se digne a abrirle.
Ese alguien no es Joseph que sigue bien dormido.
Dio escucha la puerta pero le da demasiada pereza levantarse, no es hasta minutos despéus que el golpeteo le resulta fastidioso y se levanta, poniéndose los pantalones de Joseph, los primeros a la mano.
Giorno insiste tocando la puerta, incluso considera quebrar el picaporte, pero Dio se adelanta para abrirla.
– ¿Ya anocheció? – Es lo primero que le pregunta a Giorno a verlo, ni se preocupa por ocultar al Joestar desnudo tendido en la cama.
– Ya anocheció. Holy y Josuke vinieron por Joseph.
– Pueden llevárselo, a mi ya no me sirve… por ahora.
Porque se lo volvería a coger, era un amante que mantendría un largo rato.
Giorno no necesita adentrarse a la habitación; puede ver al fondo a Joseph recostado con una sábana apenas tapándole su desnudez. Joseph poco a poco se despierta, aun somnoliento alcanza a ver a Giorno en la puerta.
– Oh shit... – Masculla, reincorporándose para buscar sus pantalones, mismos que Dio trae puestos. No le queda de otra más que usar los pantalones de Dio.
– Mandé a tu esclavo a traernos ropa nueva, ¿Lo hizo? Era una orden muy sencilla.
– Para empezar, Mista no es mi esclavo, es mi sottocapo, así que sería muy útil que dejaras de tratarlo como tal, Mudad. En segunda, yo necesito hablar contigo. A solas.
– Si lo trataras como el esclavo que es se comportaría adecuadamente. No me importa si lo usas para fines sexuales, sigue siendo un esclavo. Hablemos, en todo caso Joseph no es nadie.
¿A dónde se había ido el Dio que se acurrucó a su lado y le habló de su pasado? A Joseph no debería de sorprenderle que Dio siguiera siendo un imbécil, como siempre.
– Date un baño, Joseph, te ves hecho un asco, das pena .
Es un patán, pero Joseph no puede reclamarle, a fin de cuentas su tregua momentánea fue en los confines de la habitación. Además, acaba de despertarse, es muy ''temprano'' para eso. Se dará un baño antes de ir a reunirse con los demás.
Dio sale de la habitación, dejando a Joseph a solas para que se de la muy necesaria ducha (cosa que él también necesita, pero lo hará más tarde).
– Hablemos, Giorno, tu padre quiere escucharte.
Giorno no va a seguir discutiendo sobre ese tema, su padre es mas terco que una mula y él no va a tomarse la molestia en repetirle las cosas. Repetir las cosas es inútil y Giorno odia hacer cosas inútiles.
– No aquí. – No afuera de la habitación donde cualquiera pudiese escucharles. Se da la vuelta y con una seña le pide seguirlo, se dirige hacia su habitación.
Dio no lleva más que el pantalón ajeno y va descalzo, su cabello esta enmarañado y aún así camina como si se viera como un modelo de pasarela. También sigue oliendo a Joseph, cosa que no le desagrada del todo.
Va junto a Giorno hasta su habitación, apuesta a que el niño quiere algo, o le reclamará por algo.
La habitación de Giorno es la mas amplia y, por supuesto la mas lujosa. No es ostentosa a primera vista, a menos que uno se fije en los muebles que le adornan.
Una cama king size, sábanas de seda, perfectamente tendidas que él mismo hace cada mañana. Un librero amplio atiborrado de libros de todo tipo, predominando todo lo relacionado a la biología y herbolaria, a su lado un escritorio de madera tallada y base de mármol, también tiene varios libros sobre este.
Al otro lado de la habitación se encuentra otra mesa, con una pecera bastante amplia iluminada con una lámpara. La tortuga de tierra en su interior mira de muy mala gana a Dio apenas entra.
– No he salido de esta casa, así que no puedes acusarme de nada. – Se le ocurre decir, esta acostumbrado a ser señalado por todo lo malo que pasara a su alrededor-
– De nada más que de acostarte con tu sobrino-nieto. Pero no estoy aquí para eso.
Se dirige hacia las cortinas, abriéndolas de par en par. El gran ventanal muestra el panorama de la ciudad oscurecida.
– ¿Y qué tiene de malo eso? ¿Acaso no cuenta como hacer las paces con esa familia? Joseph es un amante muy prometedor, lo conservaré un rato.
Y ahí está, hablando de que se folló a Joseph sin imaginar que el mismísimo Polnareff estaba ahí. Es una tortuga al fin y al cabo, no le toma mucha importancia. Por otro lado se ocupa de pasear por la habitación como si fuera suya, tomar las cosas y moverlas de lugar; al final se interesa por uno de sus libros y comienza a hojearlo.
A su manera, también era un nerd.
– Honestamente no lo sé y prefiero no saberlo. Son sus problemas y ustedes verán como arreglarlos.
Pobre, pobre Polnareff. Primero pierde su Stand, luego su cuerpo, después queda como una tortuga y ahora tiene que escuchar a Dio hablando sobre el cómo se cogió a Joseph Joestar.
– Eso es algo que no necesitaba saber… – Masculla la tortuga en francés desde su pecera, antes de meter la cabeza en su caparazón.
Giorno no aprecia que su padre desacomode sus cosas, así que por cada cosa desacomodada, él va y la regresa a su lugar.
– Diavolo, el antiguo jefe, sigue vivo.
– He oído ese nombre antes, es el niño que le vendió las flechas de stand a Enya la bruja – ¿Era cosa suya o había escuchado un voz familiar? Miró hacia todos lados, incluso bajo la cama sin explicarle a Giorno porqué. Giorno también escuchó a Polnareff, pero hace como si no lo hubiera hecho. No va a decirle a Dio que su consigliere es una tortuga. – ¿Así que a él le quitaste todo esto? Te felicito, hijo mío pero me decepciona saber que no le asesinaste. Asumo que ya corregiste tu error.
– Lo hice, ese es el problema. – Frunce el ceño, nada de eso tiene sentido. – Ese hombre tiene dos personalidades; lo encontraron esta mañana bajo la de Doppio. Él no tiene memoria de lo ocurrido y cree que Diavolo está muerto.
– ¿Destruiste el cuerpo? Siempre debes destruir el cuerpo. – Aunque reflexionando un poco, a él lo había destruido y había vuelto; no tenía muy claro la razón o el cómo. – ¿Y qué esperas para matarlo, Giorno? Oh, ya veo~ quieres usarlo a tu favor. Sin duda eres mi hijo
– Quiero respuestas. Y quizás, si Doppio es de utilidad pueda mantenerlo con vida, – no admite que quizás sienta un poco de lástima por ese pobre diablo. – Sin embargo, el riesgo a que Diavolo retome el control es alto. ¿Hay alguna forma para poder evitar eso?
– Matándolo, sin duda. – No es idiota, sabe lo que su hijo quiere.
– Aparte de matándolo. – Toma asiento, recargando el brazo derecho sobre su escritorio.
– No me has agradecido por traer a tus amigos a la vida y ya quieres otro favor. Giorno, ¿No merezco por lo menos que empieces a llamarme padre?
– Agradezco tu ayuda anoche, con eso hemos quedado a mano.
Toma un lápiz del escritorio, con el cual empieza a jugar distraídamente. Se mete parte del lápiz a la boca, mordiéndole y sintiendo sus dientes aun flojos.
– Tú me convertiste en esto, lo menos que puedes hacer es el enseñarme todo lo que haya por saber sobre lo que soy. Ahora, Padre, ¿me ayudarás con esto, o tendré que buscar la solución por mi cuenta?
– No importa cuánto desprecio me pongas en tus palabras, Giorno, mientras tiempo pasamos juntos me queda claro que te pareces más a mi que a Jonathan. Quieres usar los implantes de carne con él.
Dio dejó el libro que hojeaba, otro día le echaría un mejor vistazo a la biblioteca personal de su hijo.
– Enya me dijo que ese tal Diavolo era un chico con mucho potencial. No entendía porqué no lo reclutó para nuestra causa; ahora sé que fue debido a su inestabilidad mental.
– En caso de usar eso, ¿cuanto riesgo hay de disparar la otra personalidad?
– Déjame pensar, seguro que he leído eso en algún tratado de habilidades vampíricas… si, si, en el apartado de desordenes mentales.–– Giorno, no tengo ni idea. Las personas con las que experimente sin duda eran dementes pero no a ese grado.
– Otra cosa más que aprender sobre la marcha. Para alguien que presume tanto, no pareces saber mucho.
– La máscara no venía con un instructivo, lo que se es resultado de mis propias investigaciones
A Polnareff no le gusta nada lo que escucha. Le llegan malos recuerdos del tiempo que estuvo bajo el control de Dio.
– Es una idea estúpida. – Acaba por comentar desde su pecera. – Lo mejor es que lo mates de una vez y te asegures que se mantenga muerto.
¿Una tortuga acababa de hablar con acento francés? Él conocía esa voz.
Esta vez Dio se dirigió hacia la pecera y miró a la tortuga con detenimiento.
– ¿Qué diablos es esto, Giorno?
El rubio también dirige su atención hacia la pecera. La tortuga está asomada por el cristal, sin quitar esa mirada de inconformidad dedicada a Dio.
– Es una tortuga, ¿qué acaso no hay de esas en Inglaterra o Japón?
– Por lo menos ahí no hablan, – mete la mano a la pecera, agarra a la tortuga por el caparazón y la saca de la pecera. – Que especies tan curiosas tienen en Italia.
¿Es obra de un Stand? No sería la primera vez que ve un animal con uno. Nada más de ver lo que tenía incrustado en su caparazón sabía que no era normal.
– No le gusta que le carguen. Respecto al asunto de Diavolo, tendré que llevar a cabo mis propios experimentos.
– O simplemente matarlo. – Polnareff no aprecia que Dio le cargue, cosa que se lo hace saber soltándole una mordida. – ¡Suéltame, bastardo!
Aún si la mordida no le duele, Dio avienta a la tortuga de vuelta en la pecera y responde con un wryy, sonando como un gato encrispado. La pobre tortuga cae de espaldas sobre su caparazón. Grita varias maldiciones en francés, todas bien dedicadas a Dio.
– Jean-Pierre Polnareff ¡Es la voz de Polnareff!
Y en ese momento Dio suelta la carcajada.
– Polnareff fue un gran aliado en la pelea contra Diavolo. – Giorno, con todo cuidado, recoge a la tortuga y la voltea correctamente. – Él fue quien me entregó la flecha con la que pude derrotarlo.
– Y como aliado y consigliere te digo que es mejor deshacernos de Diavolo de una buena vez. – También sugeriría correr de la casa a Dio, pero eso si duda que Giorno vaya a hacerle caso.
– Es una tortuga, Giorno… tu consigliere es una tortuga. – Intenta no reír de nuevo pero eso no sucede. – ¡Pero que vueltas da la vida! Mientras yo, Dio, volví a la vida tan poderoso y fuerte como antes, mis enemigos ahora son… decoración de escritorio. – se limpia la cara con la mano, estaba hasta llorando de la risa. – La tortuga tiene razón, en parte: matarlo sería lo más prudente; sin embargo a veces los muertos no son de utilidad, a menos que lo quieras como un zombie. Te enseñaré a crear los implantes de carne, pero te sugiero que practiques antes de usarlos. No me hago responsable si Diavolo se muere. Podrías comenzar practicando con pequeños animales.
Y sí, lo dice por Polnareff.
Hay un largo, largo silencio por parte de Giorno y Polnareff, en el que ambos miran a Dio como si fuera un verdadero imbécil.
– Sigo sin entender como es que estas vivo. La última vez que te vi eras un montículo de cenizas volando al amanecer.
– Mi querido Polnareff, ¿Crees que no consideré una posible derrota? Tenía todos los escenarios planeados. Fallé si, pero no fue mi caída definitiva.
Y lo dice con mucha seguridad para que no se note la amarga verdad que ni siquiera él tenía idea de cómo o porqué volvió.
Y Polnareff le cree, porque Dio suena demasiado convincente y eso es terrible. Giorno por otra parte, tiene sus dudas, pero tampoco sabe el cómo sucedieron las cosas en Cairo.
– No voy a usar a Polnareff como conejillo de indias. Si Diavolo muere será un problema menos en mi lista.
– Siendo así, usemos a tu amante. Necesito ver si puedes hacer que funcione en un ser humano. El de la gorra no se ve muy listo, si se muere no se pierde nada.
– ¿Y si mejor no usamos a nadie cercano a mi? No voy a arriesgar a Mista con algo como eso. Y antes que lo sugieras: tampoco voy a usar a Fugo.
Frustración, su Mudad le está haciendo sentir una como no ha sentido en un largo tiempo. Da otra mordida al lápiz en su mano. Siente una vez mas los dientes flojos y eso sólo aumenta la maldita ansiedad.
– ¿Fugo es el albino con cara de amargado?
– Si, Fugo es el único humano viviendo aquí aparte de Mista.
De nuevo Dio se pone a hurgar por el cuarto de Giorno, encontró una frazada y con esta cubrió por completo la pecera; no más franceses entrometidos. Luego le quita el lápiz de la boca a Giorno, lo pone de nervios.
– Bien, entonces busquemos a alguien más. – Dice indignado, como si Giorno le estuviera haciendo una pataleta. Vuelve a salir de la habitación, huele a tres Joestar más, alguno puede servir.
Giorno, con el ceño fruncido y ahora sin el lápiz para andar mordiendo; se levanta de su asiento y sale de la habitación detrás de Dio.
– Tengo los dientes flojos. - Acaba por confesarle, tiene una sospecha de lo que pueda ser el motivo. - Es incómodo, me siento como si fuese un crío.
– Giorno, hijo mío, eres un crío. He pensando en tu condición, tu fuiste engendrado como un vampiro, lo has sido desde el inicio. Es normal que la transición sea más natural en ti y nuestras debilidades más ligeras, da gracias por ello.
Y al parecer es de lento crecimiento. Primero el cambio tras la aparición de su Stand y ahora este tras el despertar de sus habilidades vampiricas.
– Tengo diesciseis años, creo que eso era casi un adulto en tus tiempos.
– En mis tiempos ya estarías casado y varios de tus hijos habrían muerto al nacer. En mis tiempos podrías morir de sífilis a los treinta. En todo caso yo soy el viejo vampiro, no tú y para mi este es el siglo 21.
Tal vez debió esperar unos años más antes de convertirlo. No va a aceptar que se equivocó.
Dio es un padre horrible y no es sorpresa para nadie. Se detiene y de nuevo su atención la gana Giorno, se acerca para abrirle la boca sin permiso y revisarle.
– ¿Quieres que los arranque?
Giorno sacude la cabeza para soltarse del agarre de su padre. La idea de que le arranque los dientes no es de su agrado.
– Ni siquiera lo pienses.
Aun si Giorno se suelta, Dio estaba lo suficientemente cerca para examinarlo bien. Es extraño pensar que contribuyó al nacimiento de Giorno.
Giorno es su hijo.
De repente desea abrazarlo; pero en lugar de hacerlo continua su camino, va a usar al hijo de Joseph como conejillo de indias.
Dio le examina y Giorno hace lo mismo. Intenta leerlo como lo hace con el resto de la gente; todo en él le advierte en no confiar en Dio; sin embargo, acaba por seguirle cuando este continúa su camino.
Al par de vampiros, muy de cerca les sigue Jolyne, curiosa por el chico muerto y el otro sujeto que su padre supuestamente golpeó hasta matarlo.
Para Dio es imposible ignorar el aroma de la niña que al fin de cuentas es tan parecido al de Jotaro, ahora se detiene por ella, la niña es un recordatorio de que Jotaro prosperó y parte de él no le molestaría deshacerse de ella solo para verlo sufrir.
Un Joestar menos en el mundo.
– ¿Tu padre te enseñó a espiar a los mayores, niña?
– Él no me enseña muchas cosas.
– ¿No deberías estar con Josuke?
– Me aburrió su reclamo al viejo. Ustedes se ven más interesantes.
– Es porque no es muy inteligente y sin duda nosotros somos más interesante que toda tu familia, pero acercate, no te vamos a hacer daño.
Jolyne entrecierra los ojos por un momento. Dio no le inspira confianza, principalmente por lo que ha escuchado a su padre de él, por otra parte el niño muerto no parece tan malo. Se asoma de su "escondite" detrás de un pilar decorativo. Que va, la menor se acerca sin mostrar miedo.
Tan chiquita y ya tiene toda la actitud de su padre, a Dio no le gusta eso. Un Jotaro en este mundo es suficiente.
– Yo también soy de tu familia, niña y Giorno es mi hijo. Somos la mejor parte de tu familia. – Se arrodilla para estar a la altura de la menor. – Seguro tu papá habló muy mal de mi pero, es porque es un mentiroso.
– Otousan dice que no me acerque a ti... – Y al igual que Jotaro, Jolyne no suele hacer mucho caso a lo que su padre le dice. – Pero otousan no está, seguro está con Kakyoin. – Cosa que tampoco le hace mucha gracia.
Giorno espera que su padre no intente nada con la niña.
– Tu padre es un poco contradictorio ¿No te parece? Dice que no te acerques a mi pero te deja a ir a donde yo me encuentro y ni siquiera viene a cuidar de ti. – Hace el intento de cargar a la cría, a riesgo de que le de una mordida o algo. – Pero no te preocupes, yo te comprendo, mi padre tampoco cuidaba de mi.
Su padre lo golpeaba, lo usaba para mantener su vicio. ¿Qué clase de padre será él?
A pesar de su mala cara inicial, Jolyne se deja cargar por Dio; temblando un poco al sentir el toque frío de su piel. Tampoco parece estar asustada, aun con el aire imponente que presenta Dio.
– Otousan no sabe que estoy aquí.
– Entonces no veo razón para decírselo y sea una molestia para todos.
La niña es lista y será una belleza como todos los Joestar. Dio decide sembrar una buena relación con ella que sea de utilidad a futuro. Además, seguro Jotaro odiará ver que su hija se lleva bien con él, esa será una pequeña victoria.
– Yo no diré nada si tú no lo haces. – Habla en serio, sabe que su padre se molestaría mucho si supiera que está ahí y seguro no le dejaría volver a salir con Josuke y Holy.
– Parece que tener padres negligentes es cosa de familia.
– Descuida Giorno, ya no tienes que estar triste porque tu padre te abandonó, ya estoy aquí para reponer todos los años de ausencia ¿Te enseño a andar en bicicleta?
Sin saberlo Jolyne a salvado a Josuke de que Dio lo use como conejillo de indias, Dio va a optar por solo mostrarle a Giorno como crear el fragmento para controlar a otros.
– ¿Andar en bicicleta? Pensé que tú eras más del tipo de quemar iglesias y comer bebés.
– ¿Porqué quemaría una iglesia? Son buenos lugares para esconderse del sol. – Y así conoció a Enrico. – ¿En serio crees que como bebés? Eso es asqueroso, Giorno.
– Una iglesia lo veo como poco conveniente para ser un escondite. Es mejor un hotel, ahí puedes asegurar que nadie entre a menos que así lo desees.
– Un vampiro en una iglesia es más impactante que uno en una habitación de hotel.
– Un vampiro es impactante donde sea que se encuentre. – Pero claro, como olvidar que a su padre le encanta el dramatismo.
– Te falta mucho por aprender, Giorno.
– Lamento no compartir el mismo gusto por el drama excesivo. – Lo dice quien condenó a su enemigo a un loop infinito de muerte, mismo que parece no fue tan infinito como había esperado.
– No se trata de ningún drama, es tu carta de presentación ante tus enemigos y futuros esclavos.
– Tu tienes tu método de presentación y yo el mío.
Mientras Dio prefiere intimidar (o seducir) a sus rivales, Giorno opta por las sutilezas: no mostrar sus verdaderas intenciones hasta el momento oportuno.
Sigue a Dio y Jolyne de vuelta a la habitación. Sinceramente espera que Dio no intente nada con Jolyne, lo que menos quiere es tener que lidiar con el enojo de Jotaro.
– ¿Te gustan las tortugas, niña? Giorno tiene una con la que puedes jugar, si se muere no tienes que sentirte mal por ello, es una tortuga vieja.
– Me llamo Jolyne, – le jala de un cachete a Dio. – No voy a matar a la mascota del ni- Giorno, – casi se le sale llamarle ''niño muerto''. – Quiero ver que hacen.
De regreso a la habitación ni se molesta en destapar a Polnareff. Que se joda.
– Hacemos cosas malvadas de vampiros. – Frunce el ceño con el jalón, no suele tratar con niños, tampoco son sus víctimas favoritas. Sentó a la niña en la cama. – Necesito un cuchillo muy filoso, Giorno.
Jolyne se queda quietecita sentada en la cama, mirando al par con fascinación. Giorno busca en el cajón de su escritorio hasta sacar una navaja; no la usa seguido más que para abrir sobres o pelar frutas, así que mantiene todo su filo como si fuese nueva.
Dio toma la navaja y la examina, será de utilidad; con esta en mano hacia se dirige hacia Jolyne, cualquiera que lo conociera pensaría mal de sus intenciones pero entonces sólo se arrodilla ante ella y le ofrece la navaja por el mango.
– ¿Te gustaría ser mi asistente, Jolyne? Le enseñaré a Giorno cómo hacer un truco de magia.
– ¿Qué tengo que hacer?
– Corta un mechón de mi cabello, – inclina la cabeza ante la niña – el más grande que puedas.
– Eso no suena muy mágico.
Toma el mechón de cabello más largo que encuentra y jala con fuerza de este, tensándolo antes de pasar la navaja para cortarlo. Dio suelta un wryy como queja; odia arruinarse el cabello.
– La magia viene después. Lo has hecho muy bien, Jolyne, eres una niña muy fuerte. – Como su horrendo padre, piensa. Acomoda sus manitas para que acunen los mechones su rubio mechón. – Ahora sostén esto.
Lo siguiente es más siniestro: corta su palma de la mano y deja que la sangre manche el mechón.
Toma un par de minutos a que aquella mezcla de cabello y sangre comience a cambiar de forma, como si el cabello se disolviera en esta y formara una asquerosa masa burbujeante. Parece carne molida sanguinolenta, no es más grande que el tamaño de una uva.
Jolyne puede sentir el pelo deshaciéndose en la sangre, el cómo se vuelve un asqueroso manojo de carne movediza. Cualquier otra habría apartado las manos, pero ella aun asqueada, se encuentra fascinada. Siente como esa cosa se arrastra por sus manos y es en ese momento Dio se la quita para mostrársela a Giorno.
Giorno por otra parte, se ve verdaderamente perturbado, da medio paso hacia atrás; hasta parece inflar el pecho como modo de defensa. La herencia de los Joestar se hace notar una vez mas; no como la marca de la estrella o el color de los ojos, si no a través del tamaño de pechos de sus herederos.
Realmente el pedazo de carne viviente es asqueroso y Dio lo admite para sus adentros, también esta asombrado del temple de una niña tan pequeña. Hasta le parece más valiente que su propio hijo adolescente jefe de la mafia, a quien de repente le encuentra un montón de parecido a Jonathan.
– De esto estamos hechos, Giorno: de carne muerta que se niega a permanecer quieta. Morirá en unos minutos a menos que la pongas en la frente de un ser vivo o en la nuca. Entonces se alimentará de este sin matarlo y tendrás una conexión directa con la mente de tu nuevo esclavo como si fuera una extensión de ti. Puede llevar una vida común y corriente sin ningún cambio en especial… hasta que sea la hora de cumplir tus órdenes.
– Y esa cosa... ¿es permanente o hay forma de retirarlo?
– Nosotros podemos retirarlos. Mis experimentos murieron en batalla antes de averiguar el efecto a largo plazo y el odioso de Jotaro logró quitarle el suyo a su am...a Kakyoin.
Ni uno de los dos lo sabe, pero si se dan una vuelta por Morioh, verían los efectos de un implante infectado en el padre de Okuyasu Nijimura. No es una imagen agradable.
Cuando Dio se reencuentre con el padre de Okuyasu solo podrá soltar un "oopsie" y culpar a Jotaro por matarlo. Pero bien, eso será relatado en otra bizarra historia.
Lo peor es que ese hombre no fue el único que sobrevivió con los implantes, debe haber muchos fenómenos regados por el mundo gracias a Dio.
Además de sus hijos.
Giorno: Ya veo, como una garrapata.
Asqueado y todo, pero quiere intentar hacer su propio implante.
– Básicamente si, es como una garrapata. Anda inténtalo, – le entrega el cuchillo – eres mi hijo, no puede tomarte demasiado aprenderlo.
Por no decir que era prácticamente instantáneo, la cosa era que aquellas masas se carne morían pronto, la de Dio ya había dejado de moverse y se había vuelto una cosa gris y apestosa.
La fue a tirar a la pecera de Polnareff, respondiendo a sus reclamos con un ''Cómetelo y muérete'' en su idioma.
Ahora Giorno tiene la navaja y con la mano libre se jala de un mechón de su cabello. Lo deja sobre su escritorio a la luz de la lámpara. Se hace el corte en la mano, en vista que no puede morderse, y deja la sangre caer sobre sus dorados cabellos.
Jolyne baja de la cama para asomarse detrás de Giorno, esperando a ver algún asqueroso cambio como lo hizo con los cabellos de Dio.
No sólo Jolyne esta atenta a Giorno, Dio también espera ver algún cambio.
Es una larga, larga y anti climática espera en la que no pasa ni un carajo. La sangre ha manchado la madera y el cabello sigue sin presentar algún cambio.
– Bien, esto es decepcionante.
– Tu mismo lo dijiste, no soy como tú y Jonathan. – Saca del mismo cajón donde tomo la navaja, un paquete de toallitas húmedas para limpiar la sangre y los restos de cabello, otra para limpiar la navaja y una última para su mano. – Tal vez esto no sea una habilidad que posea.
– Eres mi hijo, me niego a que no puedas hacer esto. Sigue practicando y enorgullece a tu padre -así lo mantendrá ocupado mientras hace sus cosas y de las suyas-
– Tengo asuntos más importantes que atender como para quedarme practicando.
Entre esas cosas será hablar con el resto del grupo respecto a la aparición de Doppio y repartir nuevas asignaciones a los que se están reintegrando.
– En fin, cumplí mi parte, el resto depende de ti, ¿Dónde esta tu tarjeta de crédito? Necesito que uno de tus esclavos me lleve a comprar ropa, ¿Quieres que Giorno nos compre cosas bonitas, Jolyne?
– Pensé que tú tendrías tu propio dinero. Pagar por una habitación como la que tenías en el hotel no es nada barato.
– Lo tengo pero quemé todos mis documentos así que hasta que me ayudes a conseguir nuevos – porque hasta eso quería que Giorno hiciera. – Necesito recursos, para mi y para Jonathan.
– Yo también quiero ropa nueva. – Interrumpe Jolyne metiéndose entre ellos.
– La tarjeta tiene un tope diario. – Suspira resignado. Busca en su bolsillo para sacar su cartera y darle la tarjeta a su padre.
– Entonces dame dos tarjetas, no puedes limitar a tu propio padre.
– Agradece que te estoy dando una tarjeta. Así que si, puedo limitar a mi propio padre y lo haré.
– Diré que eres mi hijo y que te cobren el resto más tarde. Andado, Jolyne – le ofrece su mano a la niña – llevaremos a Jonathan y a Joseph para que carguen por nosotros ¡Ah y una cosa más, Giorno! Si me lo pidieras con gusto yo le pondría el implante a Diavolo.
Y de paso lo haría su propio sirviente, no el de su hijo.
– No, buscaré otra forma de sacarle la información a Diavolo.
Porque Giorno no es nada tonto; no iba a dejar que su padre fuese a controlar a su enemigo.
Jolyne se aferra a Dio, casi colgándosele del brazo. Al salir, se encontrarían a Jonathan y a Joseph. Joseph agradece que Jotaro no esté ahí para ver a su hija tan apegada a Dio.
Joseph también jala consigo a Josuke. Era buen momento para poder pasar tiempo de calidad con su hijo, aprovechando la reciente vitalidad que su juventud le ha dado y había que aprovechar que aun hubieran tiendas abiertas, llevándose una de las camionetas de Giorno.
Por otra parte, Giorno manda a llamar al resto de su grupo a su habitación.
Hay muchas cosas con las que tiene que hablar, entre ellas actualizar al trío de todo lo que ha sucedido en el último año. También debe contarles el cómo fue que Dio y Jonathan llegaron a su vida, su transformación y, sobretodo, la noticia del encuentro con Doppio.
Pero antes que nada, debe asegurar la lealtad de su aquelarre. No lo hace por desconfianza, si no por mera formalidad. Porque hay cosas que no se pueden cambiar como ese ritual que cada famiglia conserva.
