Disclaimer: Los personajes no me pertenecen solo amo hacer que ellos sean felices entres si con mis fantasías locas de Fujoshi

N/T): Hola a todos

Se que esta cuarentena está horrible pero espero que todos se encuentren bien y sanos, lamento si me tarde en actualizar, ¿llegaron a ver memes sobre ser emprendedor en tiempos de Covid?, ¿no?, bueno, todos ellos me engloban, he andado distraída y preocupada, pues como les había comentado abrí un restaurante, pero con esto que está ocurriendo a nivel mundial eh sido afectada horriblemente así como varios colegas míos, por eso no he tenido inspiración y no quiero terminar la historia con ese sentimiento porque siento que lo proyecto al escribir.

Lo buenos, ayer vi "Soy leyenda" y el papazote de Will Smith me dio inspiración para terminar este capítulo! Jajajajaj.

¡Vi que algunas de ustedes se ofrecieron para hacer de mis betas, CLARO QUE SI! Jajajaj lo que necesito a estas alturas es AIUDA, pero no en esta historia chicas, está ya la terminó en dos capítulos, pero tengo tres OneShot y algunas ideas en papel de un próximo longfic, en eso pfff sería fenomenal!

Bueno, bueno mucha platica, ¡Comencemos a leer, que el capítulo está largo y los nervios se acumulan!


—¿Oyes eso?, es el aullido de la muerte—

El día de los muertos

Reiner miraba con pánico hacia varios puntos en el bosque, debían correr para alejarse lo más posible del calor que atraería a los lobos, mientras se decidía sintió un zarandeo por parte de la chica que lo llamaba con urgencia.

—El caballo. Reiner escúchame, ahí está el caballo—. Sasha le señalaba al animal atado a un árbol que se movía inquieto.

El explorador miró al caballo con sorpresa, aún mantenía algunas provisiones en su costado, podrían montar lo suficiente para encontrar al grupo. Un aullido más cercano los paralizó, no había tiempo, serían alcanzados. Reiner le indicó a Sasha que no se moviera mientras él iba por el animal, corrió llegando a su caballo tomándolo del hocico para tranquilizarlo, miró los suministros retirándolos para ponérselos sobre el hombro, con rapidez quitó el seguro que mantenía la silla de montar dejándola caer.

—Por favor—. Lo miró con tristeza. —Perdóname—.

Acto seguido sacó una pequeña navaja y comenzó a hacer cortes profundos a lo largo del lomo, la sangre corría manchando sus manos, el caballo relinchaba de dolor intentando apartarse. Hizo un par de cortes más y se alejó volviendo con Sasha quien lo veía sin dar crédito con una mueca de horror.

—¿Por qué lo hiciste? —. Sasha se apartó unos pasos de él.

—Si montamos nos alcanzarán—. Se acercó tomándola por los brazos. —Escúchame, me duele dejarlo en ese estado, pero los lobos olerán su sangre y decidirán atacarlo, eso nos dará ventaja y tal vez se olviden de nosotros—.

Sasha miraba el agarre de sus grandes manos sobre sus brazos, sentía lo tibia de la sangre que escurría ahora manchándola a ella, levantó la vista mirando a Reiner quien hablaba buscando comprensión en su actuar, podía ver su rostro claramente dañado y la sangre que corría de su nariz y labios, unas manchas de sangre seca que salían de su cuello y teñían parte de su cabello, recordó que Zeke le había golpeado con un bate, ¿cómo es que no se había dado cuenta?, la penumbra poco iluminada del sótano le hizo ignorar su estado y ahora a con la luz natural podía ver que estaba igual de lastimado.

—¡¿Sasha, me estás escuchando?!—. Un zarandeo por parte del explorador la hizo regresar en sí.

—Yo...—. Se quedó muda sin saber que contestar, su mente era un caos.

—Tenemos que irnos ya, ¿estás lista? —. Reiner la miró a los ojos con súplica. Sasha solo asintió.

Los dos corrieron a través del tupido bosque, intentaban no tropezarse con los arbustos y raíces de los árboles, el calor que emanaba la casa podía sentirse cada vez menos. Mientras corrían divisaron a lo lejos unas manchas negras acercándose, Reiner sintió un hueco en el estómago, habían corrido directamente hacia la manada, instintivamente sacó su arma sin detenerse, sería inútil correr para apartarse. Sasha lo miró intuyendo que se aproximaba, colocó ambas manos en los mangos de sus espadas preparándose a la par. Sus corazones latían conforme se acercaban y sus manos sudaban por el miedo.

—¡Sasha! —. Unos gritos que ella identificó la hicieron aflojar el agarre de sus armas.

—¿Hermanos? —.

—¡Sasha! —. Volvieron a gritar y pudo enfocar la vista a sus dos hermanos que corrían con rapidez hacia ella.

No eran lobos, era el grupo que se apresuraba a su encuentro, la castaña apresuró el paso dejando atrás a Reiner, no se molestó en disminuir la velocidad aun cuando estaba cerca de llegar a los brazos de su familia. Eren y Jean estiraron los brazos queriendo alcanzar a su hermana, esta chocó con ellos haciéndolos caer al piso.

—Sasha, ¿estás bien? —. Jean se incorporó sentándose, mirándola de arriba abajo.

—Estábamos tan preocupados—. Eren se aferró a ella en un abrazo.

—Estoy tan feliz de poder volver a verlos—. Sasha se dejó abrasar sintiendo tranquilidad por unos momentos.

—¡Reiner! —. Armin llegó un instante después al ver a su amigo acercarse.

—Armin, ¿Todos están bien? —. Reiner comenzó a ver a los demás llegar.

—Chicos tontos, no debieron correr así—. Auruo respiraba pesado llegando hasta todos.

—Me alegro de que estén bien—. Hanjí sonrió al ver a los tres hermanos sentados en el suelo abrazándose. Soltó al can quien saltaba de felicidad reuniéndose con ellos.

—Sasha, estoy tan feliz de verte—. Mikasa se unió al abrazo.

—Reiner, ¿qué sucedió? —. Armin lo miraba preocupado, pues estaba lleno de sangre y tenía varias heridas recientes.

—Explica qué pasó maldito gorila o yo mismo te asesino aquí—. Levi bajó a Falco de sus brazos y se acercó amenazante.

—Fue Zeke, el estúpido doctor que dejamos atrás—. Comenzó a explicar. —Robó el caballo para hacer que nos separáramos—.

—Eran ustedes dos contra ese saco de huesos—. Levi lo miró con poca credibilidad.

—El tipo golpeó a Reiner en la cabeza con un bate, y a mí, no lo sé, usó un arma muy rara que hizo que no pudiera moverme—. Sasha salió en su defensa.

—Usó un arma de voltaje—. Explicó Reiner al ver la cara confundida de algunos.

—Era un monstruo, quería comernos—. Sasha habló llena de coraje.

—¿Todavía viven los caníbales? —. Petra se llevó una mano a su boca.

—Mató a varios de los nuestros, sabía perfectamente de lo que hablábamos—. Miró a Armin quien estaba confundido. —Mató al escuadrón de Porko—. El rubio menor lo miró con sorpresa. Reiner le había contado sobre su vida y sobre lo que lo motivaba a seguir buscando sobrevivientes, así que conocía bien el nombre de ese explorador.

Antes de poder continuar unos aullidos y alaridos de un animal siendo devorado los devolvieron a todos a la realidad, aún estaban en peligro y tenía que irse.

—Los lobos alcanzaron al caballo—. Reiner se giró hacia la dirección del incendio. —Démonos prisa, eso no los detendrá lo suficiente—.

—¿Dejaste al caballo como alimento para lobos? —. Auruo lo miraba sin dar crédito.

—Fue buena idea—. Intervino Hanjí. —Pero si es una manada grande podrían terminar y seguir nuestro rastro—.

—La doctora tiene razón, tenemos que irnos—.

Sin titubeos emprendieron carrera hacia lo profundo del bosque, Petra cargaba a Falco seguida por Auruo, los hermanos corrían junto con Mikasa, Hanjí jalaba la correa de Titán seguida por Levi, Reiner y Armin quienes iban a la cabeza guiando a todos. Faltaban varias horas para anochecer, tenían mucha oportunidad de encontrar refugio. Mientras avanzaban Titán levantó las orejas poniéndose alerta, sin previo aviso se detuvo en seco erizando su pelaje y enseñando los dientes, Hanjí quien iba sosteniéndolo cayó al suelo con fuerza ante el jalón del can.

—¡Hanjí! —. Levi se detuvo corriendo a socorrerla. —Animal idiota—. Regañó al can, este no prestó atención.

—Estoy bien, solo, déjame respirar—. La doctora se incorporó para sentarse con cuidado.

—¿Estas bien?, ¿estás segura que están bien? —. Se arrodilló a su lado buscando alguna herida.

—Lo estamos—. Hanjí sonrió amplio al saber a lo que se refería.

—Hanji, ¿te lastimaste? —. Petra llegó junto a ella con Falco.

—Algo no anda bien con el perro—. Auruo miraba al can con desconfianza.

—¿Por qué se detienen? —. Reiner se acercó mirando a todos reunirse.

—¿Ese golpe te dejó estúpido?, ella se lastimó—. Levi le escupió con odio. —El maldito perro la tiró—.

—Levi no seas grosero estoy bien—. Le murmuró la doctora intentando levantarse.

—Tenga cuidado al levantarse—. Armin la tomó de un brazo ayudándola.

—No hables así, Titán no actúa así de la nada—. Eren se acercó al can tomando su correa.

—Eren tiene razón solo lo hace...—. Sasha se quedó callada un momento escuchando los ladridos desesperados del perro. —Solo lo hace cuando estamos en peligro—. Miró a todos preocupada.

—No hay tiempo tenemos que seguir—. Jean los apresuró con una mano corriendo hasta el can para tomar su correa y quitársela a su hermano. —Apresúrense yo iré detrás, algo debió seguirnos—.

Nadie renegó ante la orden, todos volvieron a correr ahora con el estómago encogido de pensar que algo podía atacarlos, Jean jaloneó a Titán rogándole que continuara, el perro resignado lo siguió, ladraba y gruñía en advertencia hacia el profundo bosque, los lobos los estaban siguiendo, ese el único pensamiento que tenía Jean al ver la actitud de Titán. Mientras corrían sus temores se hicieron realidad al escuchar un aullido que los envolvió, no sabían de qué parte del bosque podría venir, o si estaban siendo rodeados.

Corrían si saber cuándo detenerse, no sabían si los lobos tomarían la iniciativa de seguirlos más a lo profundo, menos aún sabían si aún se encontraban pisando el territorio de esas bestias. Todos tenían los nervios de punta pues lo que menos deseaban era morir de esa forma, Petra al estar tan nerviosa tropezó cayendo con fuerza al piso rodando unos metros, Auruo quien iba a su lado se detuvo para ir con ella pero el gruñido de un animal lo paralizó, un gran lobo negro salió mostrando su dentadura.

—¡Petra! —. Auruo corrió al ver como el gran lobo se abalanzaría sobre ella.

Petra al ver las intenciones del lobo se giró para proteger al niño con su cuerpo, no permitiría que muriera en las fauces del animal. Contrajo su cuerpo esperando la mordida en su espalda, está no llegó, solo escuchó el gruñido de dolor de su pareja y un golpe sordo. Auruo había sido mordido en el brazo y lanzado unos metros lejos por la fuerza del animal, el cual no desaprovechó al hombre que se había entregado tan dócilmente a él, comenzaron a forcejear, el lobo mordió su pantalón arrastrándolo, Auruo lo pateaba tratando de causarle daño para que abriera su mandíbula, el gran animal lo zarandeaba de un lado al otro, en un golpe certero al hocico el lobo abrió la boca liberándolo, esté aprovechó arrastrándose para alejarse cosa que no duró mucho, gritó de dolor al sentir como unos filosos colmillos se aferraban a la carne de su pantorrilla arrastrándolo de nueva cuenta al bosque, Petra se giró al escucharlo, dejó a Falco en el suelo corriendo en dirección del animal, sacó su arma no perdiendo el tiempo, disparó a la cara del animal dando dos disparos certeros, Auruo movió la pierna intentando zafarse de las fauces del fallecido lobo. Todos se tensaron al llegar observando la escena, de entre los arbustos apareció otro lobo que los miraba enseñando sus dientes en modo de amenaza, miraba a su compañero caído y gruñía dando pasos de advertencia a los humanos que lo apuntaban con un arma.

—Están infectados, tenemos que salir de aquí, los lobos no cazan solos—. Hanjí miró a todos lados buscando más.

Petra y Auruo se miraron con miedo, el lobo que lo había mordido estaba infectado, tenía los ojos grisáceos y las encías negras, parte del hocico pelado y por las heridas brotaba esa sangre negra tan espesa como el alquitrán, no había más allá de eso, la mordida atravesó la piel, el virus ya corría por su sistema e igual que Marco terminaría por convertirse, Petra no pudo evitar soltarse a llorar negando con la cabeza.

—Vete, apresúrense, yo me quedaré aquí distrayéndolos—. Auruo limpió las lágrimas de su amada.

—No, no, no pienso dejarte aquí, tenemos que sobrevivir, lo prometiste, tendríamos una familia—. Petra agitaba sus hombros llena de desesperación.

—Petra te amo, siempre lo voy hacer, pero debes sobrevivir, tu aún puedes—.

El lobo que avanzaba amenazadoramente se acercó a su compañero muerto olisqueándolo, un aullido gutural salió del enorme lobo alertando a todos, Titán quien era sostenido por Jean del collar comenzó a ladrar sabiendo que algo malo se avecinaba.

—¡Corran!, ¡Rápido!, nosotros los distraeremos—. Petra movió ambas manos diciéndoles que se fueran.

—Petra no vamos a dejarlos—. Levi se acercó a la pareja.

—Siempre has sido terco, ya no hay nada que puedas hacer, ahora vete, si es que esa maldita ciudad existe vive tranquilamente por mi—. Auruo apretó la mano de Levi dándole un abrazo fuerte.

—No hay tiempo de despedidas, vayan ya, gracias por todo, fui muy feliz de a verlos conocido—. Algunos se quisieron acercar a la mujer para abrazarla, pero muchos aullidos se acercaban y tenían que salir de allí.

—Armin, mírame—. Reiner lo tomó del hombro hablando con seriedad. —Ellos solos no les darán el tiempo suficiente—.

—No te atrevas a dejarme—. Armin sabía a lo que se refería.

—Escucha bien, sabes el camino, concéntrate y llévalos a la ciudad—.

—Reiner, podemos lograrlo, pero...—.

—Cállate y escucha—. Lo sacudió un tanto desesperado. —Continúa hasta la ciudad, las banderas y las marcas en los árboles les avisarán que están cerca a llegar, dile a Erwin todo lo que ocurrió—. Reiner suspiró sacando su arma y dando una sonrisa resignada.

—Reiner, yo, no…—. Armin se limpió con rapidez sus lágrimas.

—Eres un buen líder, me alegro tanto haberte encontrado aquella vez—. Reiner lo abrazó. — Ahora vete, corre con los demás—. Lo empujó apresurándolo. —¡váyanse todos, yo me quedaré con ellos! —. Reiner se acercó a la pareja dándoles una sonrisa.

Levi miró atónito la actitud del explorador, estaba sacrificando su vida para ayudar a sus amigos, aun sabiendo cómo terminaría todo, con un nudo en la garganta corrió tomando a Falco en sus brazos para salir corriendo con los demás y dejarlos atrás.

—¿Estás seguro de esto? —. Auruo lo miró entre su dolor.

—El que asesine más lobos me invita una cerveza—. Le tendió una mano para levantarlo.

—Estás demente—. Auruo se incorporó con su ayuda. —Pero me parece una oferta justa—. Sacó su arma preparándose.

El lobo qué caminaba de un lado al otro acechándolos solo les mostraba los dientes y gruñía, había llamado a su manada buscando venganza por la muerte de su compañero, no era un animal estúpido, si atacaba solo podría terminar muerto como el otro, así que esperó, no tardarían en llegar y los destrozarían hasta no dejar rastro de los humanos que pisaron su territorio.

—Juntos hasta el final—. Petra besó rápidamente a su hombre cargando su arma a la par de este.

—Sobrevivamos hasta el final—. Reiner respiró profundo al ver cómo una gran cantidad de lobos comenzaba a rodearlos.

Entre lágrimas de una despedida rápida comenzaron a correr, el bosque era abismal, mientras corrían oían a su corazón retumbar en sus tímpanos, el eco de unos disparos hizo que varias aves salieran volando, lo que vino después estaban seguros que jamás lo olvidarían, unos gritos desgarradores les erizaron la piel, gritos de inmenso dolor, estaban seguros que sus amigos estaban siendo destrozados de la manera más cruel posible. Creyeron que los lobos los dejarían en paz por la ayuda de la pareja y el explorador, pero estaban equivocados, detrás de ellos se escuchaba el andar rápido y los jadeos de un depredador.

—Tenemos que separarnos—. Gritó Armin.

Sin pensarlo mucho Mikasa y Jean se tomaron de la mano dejando el grupo seguidos por Titán quien corría a la par de ellos, Hanjí siguió con Sasha, Armin miró a Levi para que lo siguiera, este asintió mirando cómo todos huían en diferentes direcciones. Se adentraron profundo en el bosque hasta que no escucharon nada amenazante pero algo lo puso alerta.

—¿Dónde está Eren? —. Gritó llamando la atención del rubio.

—Debió correr con alguien más, vamos Levi—. Armin lo apresuró pero este paró en seco.

Su chico estaba a su lado, lo recordaba perfectamente, su corazón comenzó a latir más deprisa, un vacío en el estómago y una opresión en el pecho comenzó a ponerlo ansioso, se maldijo por lo bajo.

—¿Dónde está Ere? —. Falco miró la preocupación del pelinegro.

—Levi no té detengas—. Armin se acercó nervioso.

—Eren estaba conmigo—. Levi miró a su alrededor. —Correría junto a mi—. Estaba respirando pesado, era presa del miedo.

—Seguro está con la doctora—. Intentó calmarlo.

—No, ese mocoso se separó—. Se pasó una mano por su cabello. —Cuida al niño y busca a los demás—. Sin decir nada más salió corriendo en la dirección en la que creyó Eren pudo haber escapado.

El dolor de las mordidas lo hacían mantenerse consciente, ocho lobos los habían rodeado y no sabía a cuantos habían logrado matar.

—estúpido perro, eran mis pantalones favoritos—. Reiner pateó el cadáver del lobo.

Miró su pierna que estaba lastimada y su antebrazo que mostraba la mordida profunda que le hicieron, suspiró sabiendo que todo había terminado, unas respiraciones y una tos ahogada lo hicieron girar la vista, vio el cuerpo de Petra que aún se movía intentando respirar, se levantó a tropezones corriendo a su lado para auxiliarla.

—¡Petra! —. Reiner se acuclilló junto a ella. —Petra, mírame, todo va a estar bien—. Mintió, podía ver cómo su garganta fue desgarrada cortando la arteria que haría muriera desangrada.

—Au... Aur... Auruo—. Petra apenas podía pronunciar palabra.

El explorador giró la vista tratando de ver si Auruo aún presentaba señales de vida, no pudo evitar una mueca al ver como la cara del hombre estaba desfigurada, los lobos habían arrancado la parte inferior de la mandíbula y su cuello se encontraba seriamente lastimado, debió morir en segundos cuando se lo rompieron.

—Él, ya—. Reiner se mordió la lengua negando con la cabeza.

—Por—. Tomó aire en un jadeo. —Favor—.

Reiner entendió perfectamente lo que le pedía con la vista, estaba sufriendo, estaba claro que morirá desangrada, tardaría un rato en morir y ese sufrimiento se volvería eterno para ella, el explorador sacó su arma colocando el cañón en la frente de la mujer, entre su dolor la vio sonreír cerrando los ojos.

—Lo siento mucho—. Reiner tomó una de sus manos apretándola dándole a entender que todo estaría bien, que el dolor desaparecería.

Tragó saliva y disparó, soltó la mano de Petra poniéndose de pie, observó a la pareja separada solo por unos metros, como odiaba ver morir a gente que no merecía nada de eso, él solo deseaba salvar hasta el último sobreviviente sano y parecía que cada vez era más difícil, dio un paso siseando de dolor, miró su pierna donde fue mordido, tenía que apresurarse a encontrar a los demás, contó con la vista los cadáveres de lobo que hacían dispersos, parte de la manada que los había rodeado era de ocho y solo había seis ejemplares, gruñó soportando el dolor para correr buscando a su grupo.

Dos lobos se separaron siguiendo el aroma de la sangre caliente, se dieron cuenta que los humanos no eran una presa fácil y debían ser cautelosos, no se separaron y siguieron a las dos mujeres ignorando a los demás.

—Nos estás siguiendo—. Hanjí miró a Sasha con alerta.

—Lo sé, ¿tienes suficientes balas? —. La vio asentir. —Entonces preparémonos—.

Mientras corrían Sasha observó por el rabillo del ojo a los animales acercándose, sin pensarlo mucho desenvainó sus katanas, esperó a que él lobo que se acercaba peligrosamente por la izquierda hiciera su ataque, cuando este saltó, ella giró con furia clavando las espadas en el lomo y cráneo del animal, Hanjí disparó al de su derecha haciéndolo tropezar, Sasha se detuvo regresando al animal para terminar con él, antes de que pudiera herirlo el lobo se abalanzó sobre ella queriendo alcanzar su yugular. Sasha colocó su espada en forma de defensa entre las fauces del animal, podía sentir lo pesado que era y el olor repugnante que emanaba de su hocico, perdía fuerza por la falta de aire, intentaba alejar al lobo con la fuerza que a un le quedaba y este a pesar del daño que se hacía con el filo seguía moviendo su mandíbula intentando alcanzarla. Hanjí corrió a su auxilio pateando a la bestia que estaba cegada por la rabia, no dudó en darle tres tiros asegurándose que no volviera a levantarse.

—Mierda, eso estuvo cerca—. Le tendió una mano a Sasha para ayudar a levantarla. —¿Estas bien?, ¿Te mordió? —. Cayó en cuenta que el lobo pudo morder sus manos y comenzó a revisarla con angustia.

—No, al parecer no lo logró, tenemos que encontrar a los...—. Un grito de dolor alertó a las dos haciendo que se miraran.

—¿Que fue eso? —. Levantó su arma por si algo se acercaba.

—Es Mikasa, ese grito fue de ella, ¡Tenemos que ir a ayudarla! —. Sasha salió corriendo en dirección del alarido esperando encontrar a su amiga.

Hanjí la siguió por detrás, si algo estaba con ellos no podría enfrentarlo sola.

—Ya no nos persiguen—. Dijo Jean frenando la carrera de ambos.

—¿Estás seguro? —. Mikasa miraba nerviosa hacia donde se suponía venían los animales persiguiéndolos.

—Al parecer fueron detrás de otro grupo—. Las palabras de Jean sólo alteraron más a Mikasa, su hermano podría estar en peligro.

—Jean, tenemos que regresar, busquemos a los demás—. La chica lo miró con verdadera angustia.

—Está bien, volvamos con cuidado, tenemos que estar alerta por si otro animal aparece—. Jean acarició la cabeza del can que jadeaba por el esfuerzo.

Jean desenfundó su arma al igual que Mikasa avanzando de regreso por donde habían venido intentando reconocer bien el camino, para ellos el bosque era completamente igual, un destello pequeño que deslumbró a Jean lo hizo voltear, justo en el piso brillaba un metal que tardó en reconocer, para cuando la pelinegro pisó dicho objeto ya era muy tarde.

—¡Mikasa espera! —. Jean quiso tomarla del brazo para apartarla.

Un sonido chirriante de un metal se hizo presente arrancándole un alarido de dolor a la chica que se sostenía la pierna sin dejar de gritar, la trampa de osos, ya vieja pero no inútil se activó de inmediato ella puso un píen encima, Jean corrió a su auxilio hincándose intentando abrirla sin éxito.

—Aguanta, por favor, solo resístelo un poco más—. Usaba todas sus fuerzas para hacer ceder las mandíbulas de la trampa.

—Me duele, me duele mucho—. Decía la chica con lágrimas en los ojos.

El can gimoteaba angustiado ante la situación, levantó sus orejas al escuchar aproximarse a alguien, comenzó a gruñir erizando todo su pelambré, esto no pasó desapercibido por los dos jóvenes quienes voltearon a donde él can comenzó a ladrar, Jean se levantó cubriendo a Mikasa con su cuerpo apuntando su arma hacia esa dirección.

—Chicos, soy Armin—. El rubio habló con fuerza mientras se acercaba corriendo.

—¡Armin, necesito tu ayuda! —. Jean le gritó al escuchar su voz.

No tardó en llegar hasta donde estaban, Titán aún gruñía por lo bajo un tanto desconfiado, todo lo que estaba pasando lo tenía ansioso. El explorador miró con sorpresa y horror cómo estaba aprisionada la pierna de la chica en esa vieja trampa, bajó a Falco para ayudar en lo que pudiera.

—No puedo abrirla el seguro es muy viejo y creo que se atoró—. Jean se volvió a arrodillar buscando como deshacer el agarre.

—Tiremos ambos con fuerza y cuando veas que tienes el espacio suficiente saca la pierna—. Armin se arrodilló frente a Jean mirando a la chica que no dejaba de llorar por su pierna.

—¡Mikasa!, ¡Mikasa! —. Los gritos de Sasha los asustó y al mismo tiempo los hizo soltar un suspiro de alivio, el can también reconoció la voz cambiando su actitud moviendo la cola cuando las vio llegar.

—¡Oh por Dios! —. Hanjí se tapó la boca al ver el estado de la chica.

—¿Que sucedió? —. Sasha se quedó inmóvil al ver la escena.

—Creo es un poco obvio—. Jean le rodó la vista.

—Tranquila todo va a estar bien—. Armin le sonrió intentando calmarla. —Toma aire—. La pelinegro asintió cerrando los ojos.

Los chicos contaron y con fuerza comenzaron a empujar los dientes abriendo poco a poco la trampa, cuando vieron el espacio necesario sacaron la pierna que parecía estar muy lastimada. Mikasa se dejó caer en el piso, Hanjí se colocó a su lado tomando su pierna con cuidado y revisándola, rasgó la camisa que llevaba envolviendo la herida de la chica.

—Estarás bien, dolerá un poco, Jean, ayúdala a caminar, en ese estado será casi imposible que lo haga sola—. Jean asintió.

Se colocó frente a Mikasa dándole la espalda, se arrodilló para que ella enredara sus brazos por su cuello y este la tomó por las piernas cargándola.

—¿Que fue de los lobos? —. Armin se dirigió a la doctora.

—Terminaron persiguiéndonos, pero ya nos ocupamos de ellos—. Dijo Hanjí con una sonrisa tranquila.

—Tenemos que buscar a mi hermano—. Interrumpió Mikasa mirándolos.

—Y nosotros al nuestro—. Secundo Jean.

—Levi corrió a buscar a Eren —. Armin los interrumpió. —Eren debía estar con nosotros y al parecer se perdió en el camino, quise detenerlo, pero él me dio a Falco y se fue—. Explicó un tanto nervioso

—¿Dejaste que mi hermano se fuera? —.

—Estaba muy nervioso, no escuchaba lo que decía—. Armin bajó la vista.

—Los dos deben estar bien, los lobos ya no nos persiguen y no nos hemos topado a ningún otro animal—. Sasha intentó calmar las cosas.

—Chicos—. Jean comenzó a mirar a varios lados preocupado. —¿Dónde está Titán? —. Todos miraron a su alrededor percatándose que el perro no estaba.

—No, no, no, no—. Ahora Hanjí estaba nerviosa. —No podemos perderlo, lo necesito, por todos, por Marco—.

—El perrito se fue por ahí—. Se giraron para mirar a Falco quien señalaba hacia dónde habían venido.

—¿Estás seguro? —. Hanjí se puso frente a él. —Pequeño, esto es muy importante para mí, ¿estás seguro de que lo viste correr en esa dirección? —. Se acuclilló frente a él tomándolo de sus hombros. Falco asintió varias veces.

—El perrito gruñó y se fue—. Aseguró el pequeño.

—Armin, toma al chico, tengo que buscar a Titán, síganme, pero no se separen—. Comenzó a contar sus balas cargando su arma. —Aún no sabemos qué más oculta este bosque—. Terminó de cargar su arma y salió corriendo en la dirección que Falco señaló.

—¡Hanjí, espera! —. Sasha intentó detenerla, fue en vano.

—Esa trampa no nos dice nada bueno—. Jean miró el objeto oxidado con preocupación.

—Aún es temporada de hibernación, no tenemos que preocuparnos por los osos—. Armin intentó no asustarlos, pero esa trampa no era buena señal.

—¿Osos? —. Sasha murmuró siguiéndoles.

Estaban en la zona de casería de la ciudad.

Solo escuchó "sepárense" y corrió a otra dirección sin seguir a alguien, era presa del pánico al igual que todos sus compañeros, quería llorar, escuchar los gritos de esa pareja y del explorador hicieron que casi sus piernas fallaran y terminara en el suelo, no podía creer que Petra estuviera muerta, que decidiera morir junto a su pareja con tal de ganarles tiempo, que Reiner a pesar de no conocerlos lo suficiente sacrificó su vida por ellos, odiaba perder a las personas que habían tomado una parte importante en él. Aún dolía la perdida de Marco, prácticamente su padre, ahora, esa chica que lo trataba como si fuera su madre era destrozada por lobos infectados.

Las lágrimas le hacían la vista borrosa, se frotó con el antebrazo la cara intentando limpiarlas un poco, al cruzar unos arbustos golpeó con algo haciéndolo rodar por el piso.

Se frotó la zona donde se golpeó quejándose por lo repentino de este, al levantar la vista buscando la causa de su tropiezo sintió como todo el aire escapaba de sus pulmones, frente a él ya hacía un oso levantado en sus dos patas traseras tratando de intimidarlo, se quedó paralizado unos segundos para después arrastrarse lentamente lejos del oso evitando alterarlo más, Marco les había enseñado todo sobre los depredadores que eran muy comunes por la zona donde vivían, había visto linces, pero jamás lobos y mucho menos un oso, su padre creía que habían huido a tierras altas, pero aun así aquí estaba frente a uno, nunca había visto a un animal de semejante tamaño, había leído sobre ellos y sabía que eran extremadamente territoriales, tenía que alejarse sin hacer movimientos bruscos, se sentó con cuidado y comenzó a arrastrarse, se impulsaba poco a poco con ayuda de sus pies y sus manos detrás de su espalda, en un momento en el que dejó de ver el camino para observar lo que hacía el oso su mano resbaló haciendo crujir las ramas secas del suelo, el enorme animal rugió mostrando esa dentadura letal, sin pensarlo dos veces se levantó a tropezones intentando alejarse, podía escuchar al oso correr detrás de él.

—!No!, por favor, maldita sea—. Gritaba apartando los arbustos que se le atravesaban.

Una de las raíces de los árboles que sobresalía de la tierra sirvió para que el chico presa del pánico resbalara golpeando su cara contra la tierra, el gran oso no perdió la oportunidad saltando sobre el castaño intentando dañarlo, Eren rodó para esquivarlo, lo que ganó fue enfurecer al animal quien le soltó un zarpazo rasgándole el brazo izquierdo en una enorme herida que corría del hombro hasta medio antebrazo, no pudo gritar solo tomó su brazo haciendo presión en la herida que ya empezaba a sangrar, observó sentado en el frío suelo como el oso se acercaba a terminar con su vida mientras él se impulsaba con sus piernas arrastrándose lejos.

—¡Basta! Aléjate, ya vete, ¡déjame! —. Tomó una de las piedras que encontró mientras se alejaba lanzándosela a la enorme cabeza que lo miraba jadeante.

El oso volvió a levantarse rugiendo molesto por el acto del joven, Eren ya no tenía fuerzas, se hizo un ovillo en el suelo esperando lo inevitable sin poder dejar de temblar.

Intentaba controlarse, miraba en varias direcciones pensando a donde debía correr, su cuerpo temblaba de angustia y nerviosismo, todo era igual, ya no podía diferenciar de qué parte vino ni a donde podía dirigirse, árboles tupidos, grandes arbustos se repetían en todas direcciones. Llevó ambas manos a su cabeza jalando su cabello, ahora él parecía estar perdido también, podría disparar para llamar la atención pero se quedaría sin municiones, miró su arma y maldijo su suerte, solo tenía cuatro balas, no podía darse el lujo de desperdiciar alguna.

En su debate interno no se percató que algo se aproximaba hacia donde estaba, solo escuchó las pisadas desesperadas, levantó la vista apuntando su arma, creyó que un lobo lo había seguido a él y no dudaría en asesinarlo. De entre los arbustos salió Titán, quien solo lo ignoró y siguió su camino con rapidez. Levi buscó a su grupo esperando que saliera detrás del perro pero nadie apareció, volvió a mirar en dirección hacia donde corrió el can tratando de entender qué hacía solo.

Entonces recordó lo que los hermanos mencionaron sobre él.

—Eren—. Murmuró y salió tras Titán.

Un rugido más se escuchó acompañado de un golpe seco, Eren seguía acojonado no queriendo mirar, hasta que un gruñido acompañado de un gemido de dolor lo hizo voltear, Titán estaba apresando parte de la cara del oso moviéndose con fuerza causándole daño, el gran animal no se quedó atrás, con una de sus grandes patas lo empujó lejos arrancándole un aullido de dolor, esto no lo detuvo, pues el can se incorporó saltando de nuevo sobre el mordiendo su cuello.

—¡Titán, basta te matará!—. Eren miraba con pánico como su perro se rehusaba a obedecer.

Con miedo se levantó sacando el cuchillo que su padre le había dado, aprovechó que el oso intentaba sacarse de encima a Titán para clavar el cuchillo en su vientre, el oso gruñó por el dolor lanzando un zarpazo con gran fuerza que Eren no pudo esquivar, el animal estaba furioso por todo el daño que estaba recibiendo, con agilidad tomó a Titán del lomo con su fuerte mandíbula haciéndolo aullar de dolor, comenzó a zarandearlo pues no pretendía soltarlo, en el suelo Eren veía impotente como su perro estaba siendo torturado por esos grandes dientes, comenzó a llorar sabiendo que el animal no soportaría más así.

Un disparo rompió aquella escena tan cruel haciendo que el oso soltara al can para voltear hacia quien le había disparado.

—¡Titán!—Eren se arrastró hacia su perro que ya hacía inconsciente en el suelo.

No volteó a ver quién había disparado, se quedó helado viendo la condición de Titán, tenía heridas profundas en su lomo y unos cortes en sus patas, aún respiraba pesadamente cosa que lo hizo tranquilizarse, se sentó tomando al perro en su rezago abrazándolo con fuerza, no quería que sufriera otro ataque más.

El oso bufó abalanzándose sobre su tercer atacante, Levi aprovechó esa oportunidad disparando dos balas más en el cráneo del animal haciéndolo retroceder, apretó la mandíbula pues solo le quedaba una bala y no podía cometer un error, arriesgándolo todo se acercó lo más que pudo dejando su arma a escasos centímetros de esa enorme cabeza disparando su última bala.

Un golpe sordo fue lo último que se escuchó dejando al bosque en completo silencio. Levi miró a Eren cubriendo de forma protectora al can y corrió hasta donde estaban.

—¡Eren!, ¿Estás bien?, ¿te hizo algo?, ¿Te mordió?—.

—Levi...— Levantó la vista aún con miedo mirando al hombre que tenía una cara de verdadera preocupación.

No había notado la condición en la que se encontraba, al observar el brazo de Eren, que al estar oculto por su posición y ahora era completamente visible sintió como si le atravesaran el corazón, estaba lastimado, había atravesado piel, eso solo podía significar una cosa, miró la herida negando con la cabeza, no podía perderlo, no podía ser cierto que al igual que Marco y Auruo, él estuviera infectado, se levantó sin dejar de mirar el brazo sangrante y un Eren confundido, caminó hacia la bestia que ya hacía muerta en el suelo, observó que en su vientre estaba clavado el cuchillo de combate que les había entregado Marco, empuñándolo con ambas manos rasgó el vientre del animal haciendo un corte a lo largo del cuerpo, parte de las vísceras del animal cayeron a un costado mientras él las observaba con ojos rápidos en búsqueda de alguna señal de infección, rojo, todo fluía en color escarlata, sin ninguna pigmentación negra o grisácea, quiso tirarse de rodillas para llorar y gritar intentando sacar ese miedo que le oprimía el pecho, ese miedo que comenzaba a desaparecer mientras más sangre roja corría, dejó caer el cuchillo a un lado para correr en dirección del castaño, cayó de rodillas apretando en un abrazo al chico qué miraba el espectáculo que sucedió frente a sus ojos.

—Creí, Creí que te perdería—. Se aferró con más fuerza a la ropa del chico. —No quiero volver a pasar por esto, no volveré a dejar que algo te pase—.

—Gracias por salvarme—. Eren correspondió el abrazo con el brazo que no tenía lastimado derramando algunas lágrimas.

—No vueltas a alejar de ese modo mocoso idiota—. Le intento reclamar con coraje pero la sensación de felicidad pudo más, le dio un apretón fuerte haciendo gemir de dolor por la herida reciente de su brazo.

—¿Perderé mi brazo? —. Eren preguntó con miedo haciendo que Levi se apartara de él para mirarlo.

—No, pero dejará una enorme cicatriz, tenemos que buscar a Hanjí para que te ayude—. Se incorporó para quitarse su cinturón.

—Titán está vivo—. Eren miró a su perro con una sonrisa quebrada. —No quiero que muera—. Miró al peligro desde abajo con súplica.

—Ambos están muy lastimados—. Se agachó de nuevo empezando haer un torniquete en su brazo. —Por la adrenalina aún no eres consciente completamente de tu estado, debemos buscar rápido a la loca para que nos ayude—.

—¿Moriré? —. Miró como la sangre fluía en menor cantidad de sus heridas.

—No dejaré que eso ocurra—. Lo tomó de las mejillas con ambas manos dándole un beso tranquilizador.

Eren sonrió sin poder evitarlo, aún si moría sabía que alguien, dejando de lado a sus hermanos y padre, lo amaba profundamente, eso le daba fuerzas de aguantar hasta donde su cuerpo se lo permitiera. Levi tomó a Titán en brazos para llevarlo sin que se lastimara más, Eren se levantó con ayuda apoyándose de Levi, necesitaban ayuda, necesitaban moverse rápido, la noche estaba cerca y buscar a sus compañeros en la obscuridad podría ser aún más peligroso.

—Gracias, perro estúpido—. Levi miró con devoción al can mientras Eren recogía su arma.

Ambos tenía que vivir y él debía cumplir la promesa que le hizo a su padre.

N/T):

Ok, seré buena y les diré que el sufrimiento termino para el grupo, bueno, más o menos, jajaja.

OIGAN, gracias por los comentarios, amo leerlos! Es verdad que a veces olvido contestarlos, pero leo sus reacciones en partes de la historia y soy muy feliz con eso jajaja

Que el universo los mantenga sanos.

B.