Capitulo 44 – Weiss – Relajo.

Era esa clase de días donde realmente no quería salir de la cama.

La luz ya entraba por la ventana, y empezaba a fastidiarla. A la próxima encontraría un departamento sin ventanas. De acuerdo, eso sonaba un poco excéntrico. A la próxima iba a comprar cortinas gruesas que no dejaran ni la mínima pizca de luz entrar sin su permiso.

"Debes levantarte."

Soltó un suspiro pesado y abrió los ojos. No tenía la menor intención de levantarse, mucho menos con ánimo y felicidad.

Buscó con la mirada a la dueña de la voz, la cual estaba acostada en su pecho con una sonrisa en su rostro.

Debía admitir que si estaba feliz, quizás no animada, pero era Weiss Schnee, no podía hacer mucho al respecto.

Cerró los ojos una vez más, y giró su cuerpo, abrazando a la pelinegra, sosteniendo su cuerpo desnudo contra el suyo. Si los días no estuviesen helados, quizás esa acción sería la última en su lista.

El cuerpo de Ruby era cálido.

"Weiss, vas a llegar tarde."

Escuchó la voz preocupada resonar en sus oídos.

"Los calentadores no hablan."

Le dijo, apegando más su cuerpo al de ella, entrelazando sus piernas, sin darle a la chica ningún tipo de escapatoria. No quería moverse, y no se iba a mover. Punto final.

Ruby pareció quejarse, o tal vez advertirle, o quien sabe, realmente no había escuchado ni una palabra de lo que había dicho, ni le interesaba.

Cuando abrió los ojos nuevamente pudo ver de reojo como su reloj le señalaba que faltaban cinco minutos para las nueve.

Se levantó de golpe, con terror en sus facciones.

Se había quedado dormida.

Por cuarenta minutos.

"¡Voy a llegar tarde, tonta!"

No supo en que momento pasó todo, pero al parecer había empujado a Ruby, haciendo que esta cayese al suelo. Podía ver una de sus piernas sobre la cama, y una de sus manos, el resto de su cuerpo estaba fuera de su visión. Su cama era grande, gigante, pero tal vez se había apegado tanto a Ruby que terminaron en una de las esquinas.

Pudo ver la mano moverse, apuntándola.

"¡Te lo dije! ¡Pero la princesa nunca me escucha!"

Soltó un suspiro y se levantó de la cama, tomando una toalla del armario.

"Despertarme correctamente debería ser parte de tu trabajo."

Le dijo en forma de reproche, y giró su rostro para poder enfrentar a la pelinegra, la cual ahora estaba con todo su cuerpo en el suelo, sentada, con las sabanas enredadas en su humanidad. Se estaba masajeando la cabeza, su rostro rojo con una mueca de dolor.

"Te apegaste mucho y fue demasiado tentador, así que me terminé durmiendo también. No pude hacer nada."

Sus ojos se encontraron por primera vez en el día, y si, se dio cuenta que le daba igual llegar tarde, bueno, tal vez no tan igual, pero que valía la pena por el simple hecho de poder estar más tiempo con la menor, que ya no era tan menor.

No pudo evitar que una sonrisa se formara en su rostro.

Siempre era muy dura con Ruby, pero intentaba mejorar, intentaba ser una mejor persona.

"Me ducharé sola si no te apuras."

Desvió la mirada de la chica, para no tener que enfrentarla luego de decirle aquello. Simplemente empezó a entrar al baño. Abrió la llave y dejó que el agua empezara a caer, esperando a que estuviese temperada, para luego ingresar, dejando que la lluvia cayese en su cuerpo. Dio un salto al sentir las manos ajenas pasar por su espalda. Realmente le ponía de los nervios cuan rápida y sigilosa podía ser la pelinegra.

Se empezó a enjabonar, mientras sentía a la chica removiéndose tras de ella, incluso podía sentir sus manos jugando con su cabello.

"Dejame ayudarte."

Escuchó la propuesta, y no pudo negarse, así que solo soltó un suspiro de resignación.

Nadie tocaba su cabello, así que tampoco estaba relacionada con ese tipo de cosas, como que alguien lo lavase o algo por el estilo. Al menos las manos de Ruby eran delicadas en la labor. Tenía mucho cabello, y cada vez estaba más largo, aunque fuera recortando las puntas. Su pelo siempre había sido algo que le gustaba de sí misma, así que evitaba el simple hecho de ir a una peluquería.

Solo ella misma podría mantenerlo de la forma correcta.

Y no le molestaba la intromisión de Ruby, de hecho, se quedó un segundo inerte, simplemente disfrutando del momento.

Escuchó una risita tras de ella.

"Si quieres puedo ayudarte con tu cabello las veces que quieras."

Para su mala suerte, Ruby la conocía demasiado. Oficialmente tenían un año de conocerse, y como su guardaespaldas, podía notar cada uno de sus gestos y acciones al pasar más de nueve horas sin separarse, aunque había días donde pasaban las veinticuatro horas juntas. Tenía claro que ni su propio padre la conocía tan bien.

Sintió que su ánimo caía, su propio rostro se sintió tenso, pero sonrió cuando los labios de Ruby pasaron por sus hombros, rápidamente ayudándola a cambiar su estado emocional. Sabía que lo de su padre era un plan a largo plazo, pero no podía evitar sentirse presionada.

Se dio la vuelta, ya con su cabello enjuagado, y miró a Ruby, la cual tenía todo su cabello sobre su rostro y no dejaba que se vieran sus ojos. Negó con el rostro y le levantó el cabello, para luego empezar a lavárselo mientras esta se quejaba y reía al mismo tiempo. Se veía cómoda, como si lo disfrutase.

"Te apuesto que Yang te mimaba con estas cosas."

Ruby abrió levemente un ojo, y luego volvió a cerrarlo, para que no entrase ni agua ni jabón.

"Si, a ella le gustaba mi cabello negro, e incluso me peinaba. Por mi parte encontraba su cabello mucho mejor que el mío, ya que parece fuego ¡Aunque el tuyo es mejor que el de cualquiera!"

Sonrió y terminó de lavarle el cabello y esta sacudió su cabeza tan rápido que le cayó más agua en todo el rostro. La miró con molestia mientras esta sonreía. Era realmente como un cachorro.

Disfrutó el haberse tomado el tiempo de hacer algo diferente con la menor, algo tranquilo. Se empezó a cambiar de ropa, mientras tenía una toalla aun en su cabello. Ruby estaba abrochándose una de las camisas que había dejado en su departamento, camisas y uniformes en general.

De repente la vio poner una cara de terror.

"¿Qué pasa, Ruby?"

"El chofer ya debió haber pasado por mí."

Se veía realmente preocupada.

"No importa."

Ahora se veía realmente impresionada. Sus ojos grises lucían impactados.

"¿Qué?"

"Eso, no importa. Le diré que desde ahora en adelante tu pasarás por mí, y él nos recogerá a ambas aquí."

Ruby aun lucía insegura.

"¿Y si le dice algo a tu padre? No le caigo bien."

Le dio una mirada un tanto exasperada a la menor, y se acercó lo suficiente para que su cuerpo fuese lo único que sus ojos pudiesen ver.

"No importa."

Luego siguió en lo suyo, arreglándose, mientras aun podía sentir la mirada confundida pegada en su espalda. No tenía nada más para decir, ni quería seguir conversando sobre aquello.

Su padre se enteraría cualquier día, era obvio. Es prácticamente imposible que nadie se entere de lo que sucede entre ambas, y en realidad, lo tuvo claro desde el día donde aceptó ser la novia de Ruby. Con todo lo que sufría con esos sentimientos, con el estigma Schnee, el que su padre se enterase era el mínimo de sus problemas. No tenía miedo, no más. No le molestaba tener más cicatrices gracias a su padre. No le importaba. Le iba a ser frente, sin importar las consecuencias.

Ella quería a Ruby, e iba a hacer todo lo que estuviese a su alcance para poder estar con ella.

Ruby abrió la puerta del auto, estaba vestida con su típico uniforme con su abrigo rojo sobre los hombros. Ella por su parte se puso un traje y encima un abrigo blanco. Los días estaban cada vez más fríos.

El chofer salió de golpe del auto. Al parecer ya se había rendido al esperarlas, y como ese era su único deber, esperar era su única opción, y no podría llamarla, porque decidió apagar su teléfono para que nadie las molestase fuera de horario laboral. Su rostro lucía asombrado de verla con la pelinegra, a la cual probablemente fue a buscar sin que nadie saliera.

"Señorita Schnee, que sorpresa verla con la señorita Rose."

Weiss le dio una mirada antes de entrar al auto.

"Desde ahora en adelante vendrá por mí, así que no tiene que hacer doble parada, a menos que se le avise lo contrario."

"Se que puede ser una pregunta inadecuada, pero ¿A qué se debe este cambio?"

El chofer no usaba máscaras, pero sabía que era solo un títere más de su padre, y podía vivir con aquello.

"Mi equipo de seguridad ha encontrado a una persona sospechosa en el edificio, y al ver mi integridad vulnerada, acordamos que la señorita Rose pase por mí y asegure el perímetro."

Ruby no tiene que dar ningún tipo de comentario, pero la ve asentir de reojo.

El chofer la quedó mirando por unos segundos, pero finalmente asintió, al parecer tranquilo con la respuesta.

No, no era una broma ni un truco.

Ella no era esa clase de personas.

Realmente había una persona sospechosa en el edificio, y aunque fuese un peligro menor, seguía siendo un tema complicado. El sujeto tenía conexiones con las personas que efectuaron el atentado hace medio año. Esos terroristas habían sido capturados, pero aun había personas que estuvieron involucradas pero la evidencia no pudo hacer mucho contra ellos.

Una persona así vivía en su edificio, y en realidad estaba tan harta de huir, que no quería siquiera imaginar el tener que abandonar su departamento e ir a vivir a otro lado, al menos no porque había un adefesio criminal rondando.

La idea de vivir en la suite más alta parecía una idea de ensueño, pero por el momento no tenía interés en cambiar de hogar. No tenía ni el tiempo ni la cabeza para soportar algo así, además con ese peligro podía tener la excusa perfecta para estar más tiempo con Ruby, de todas formas, estaba segura de que su casa era un lugar seguro sin que su padre pudiese entrometerse. Se había asegurado de eso.

Cuando estaban a la vista de las personas, publico, etc., Ruby se comportaba muy decente, silente y alerta en todo momento, y realmente lo agradecía. Desde el ataque que le aterraba un poco estar sola, sin ningún resguardo, y sabía que la pelinegra era la mejor opción. Le impresionaba lo rápido que podía ir al peligro, y tener un buen plan. Hubo un par de situaciones donde se comunicó con el resto del equipo de seguridad y dio unas ordenes muy certeras, que realmente lograron evitar problemas mayores.

Entraron a la compañía, llamando la atención de muchos. Estaban acostumbrados a su puntualidad, y tal vez esa era la única vez en el año que llegaba a deshora. Al menos una hora de atraso.

Notaba como Ruby se ponía tensa cuando la gente las observaba, y aun creía que esa reacción 'anti atención' era muy tierna. Por su parte estaba acostumbrada a que todas las miradas se voltearan a verla, y no quería sonar engreída, pero era así desde que era una niña.

Se subieron al ascensor y se bajaron en su piso correspondiente. Su secretaria las interceptó apenas dieron un par de pasos en dirección a su oficina.

"El señor Schnee quiere hablar con usted, dice que es urgente."

Su rostro mostraba algo de pánico, y era la misma mueca que ponía cada vez que su padre se enojaba por alguna cosa. Ahora podría ser el caso de haber llegado atrasada. No era la gran cosa, pero su padre siempre estaba al tanto de ella.

En todo momento.

Ruby le dio una mirada preocupada, pero asintió, quitándole aquel peso.

"Iré de inmediato."


Hola, ¿Que tal? Sé que muchos lo están pasando mal estos días, y espero que esta historia sirva de distracción. Todo parece ir de mal en peor, incluso yo recibí mi carta de despido. Mi mamá sigue trabajando así que no quedé en la nada, pero sé que no todos tienen esa suerte. Espero las cosas vayan mejorando, y me sigan acompañando en esta historia, que poco a poco va llegando a su final.

Capitulo siguiente: Diana – invitación.

Nos leemos pronto.