Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, salvo los que yo cree para esta historia. La historia es mía.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Capítulo 27
Hace doce años...
Invierno 2001: Bella (14) Emmett (20)
El sol comenzaba a meterse por el horizonte, ni siquiera eran las cinco de la tarde y el frío se colaba hasta los huesos. Ni siquiera los guantes y la bufanda que llevaba puesta le servían.
—Nos moriremos de frío.
—C-cállate, Ed-ward, él l-o prometió —tartamudeó. Edward hizo un intento de risa ya que apenas era capaz de articular palabra alguna.
—No vendrá, Bella. Se nos c-caerán los dedos de las manos primero. —Recibió una muy mala cara de su parte y cerró la boca. A los minutos, cuando ya comenzaba a nevar, volvió a hablar—: O tal vez le pasó algo.
Bella resopló, sintiendo nuevamente el nudo en la garganta. Se sacudió la poca nieve que había caído sobre sus hombros y comenzó a caminar hacia su casa. Edward la siguió en silencio. Se despidieron al final del sendero cubierto por nieve y rodeado de árboles blancos. Bella siguió por la derecha mientras que Edward tomó el de la izquierda. Ser mejores amigos y vivir cada uno en una punta del pueblo no era una de sus cosas favoritas.
Empujó la puerta de su casa con las manos heladas, la nieve había humedecido sus guantes y, por un momento, creyó que Edward tenía razón, que sus dedos se caerían.
—Bella, al fin llegas. ¿Dónde te habías metido, querida? —Renée sostenía una aguja entre sus labios mientras que en sus manos tenía uno de los pantalones viejos de Charlie.
—Estaba con…
—Sí, sí, sí, ahora ve a hacer la cena. Tu padre llegará pronto. Y por favor, dale de comer a Zeus.
Zeus, el gato peludo que tenían en casa, maulló al oír su nombre. Aunque Bella sabía que más maullaba por su comida. Rodó los ojos deshaciéndose del abrigo mientras subía las escaleras. Dejó las cosas en su cama y bajó para preparar la cena y atender a Zeus.
La puerta se abrió fuertemente mientras cortaba verduras y lagrimeaba por la cebolla. Hubiera pegado un salto del susto de no ser porque sabía quién había llegado y por qué estaba molesta.
—¡Emmett! Un día de estos romperás la puerta —reprendió Renée mientras se reía. Probablemente porque Emmett llegó con Rosalie en brazos. Renée ya estaba en el sofá con una manta disfrutando de su programa—. ¿Qué les pareció la película?
¿Película? Emmett no había dicho que iría a ver una película. Bella comenzó a cortar las verduras con más bronca.
—Ay, señora Swan, ¡fue pésima! —criticó Rosalie.
—Eso no es cierto —protestó Emmett.
—Claro que sí. Y es porque tienes un gusto malísimo en el cine.
Bella rodó nuevamente los ojos escuchando a su hermano y su novia discutir por pavadas, otra vez.
—¿Falta mucho para que llegue Charlie? Morimos de hambre.
—Una hora. ¡Bella, date prisa! —le gritó Renée.
Le hubiera gritado que cocinara ella si tanta prisa tenía pero no podía hacerlo. Rosalie estaba en casa y seguro que Renée le diría a su padre más tarde y no quería tener más problemas.
—¡Ay! —soltó el cuchillo y se llevó el dedo a la boca. Cocinar enojada no era una buena idea, pero ¿qué más podía hacer?
—Bells… —Emmett entró sigiloso a la cocina. Bella lo ignoró sin darse la vuelta para mirarlo. Se mordió el labio mientras seguía cortando verduras y las ponía en la olla, el dedo le dolía pero no podía quejarse. No debía quejarse.
»Bella, en serio, lo siento.
—¿Lo sientes? —Buscó condimentos para la salsa de tomate—. No parecía que lo sintieras cuando llegaste a casa. ¿Qué película vieron? "¿Olvidé buscar a mi hermana y llevarla al concierto gratis de The Kooks?".
—Bella… —Ella se giró a darle la cara.
—Sabes que nunca pido nada. Hoy debía ser el día en que pudiera disfrutar de algo. Pero no, bien por ti que has pasado una maravillosa tarde con tu novia.
—Bella, no seas celosa.
—¿Celosa? —rio—. ¿En serio?
—¿Qué está pasando? —interrumpió Renée—. Bella, déjate de pavadas y termina la cena. Moriremos de hambre. Emmett, ven, quiero que veas algo…
Bella terminó la cena, pero se negó a comer con ellos. Charlie llegó feliz porque tuvo un día tranquilo en el trabajo. Tal fue así que Renée lo incitó a abrir una botella de champagne para brindar. Rosalie se quedó con Emmett a pasar la noche y Bella aprovechó la distracción para salir por la ventana.
Tyler, Mike y Royce estaban en el parque haciendo de las suyas. Jessica también estaba ahí pero parecía que moriría de frío.
—Al fin vienes, Bells —le sonrió Mike lanzándole un encendedor que ella atrapó a tiempo en el aire.
—Lo siento, me tocó hacer la cena.
—Siempre haces la cena —dijo Jess. Bella y ella intercambiaron media sonrisa mientras Bella iba con Tyler para que le diera un cigarro. Jessica frunció el ceño no muy a gusto con el aroma que los cigarros producían.
Había dejado de nevar y Bella ya no sentía frío, estaba muy a gusto, y por un momento olvidó el recital de The Kooks, olvidó a su hermano y los gritos innecesarios de su madre. Rosalie no le caía mal, pero nunca trataba con ella.
—Debería irme ya… —dijo Jess.
—No aguantas porque no fumas como nosotros, esto te quitará el frío. —Bella rio al escuchar a Mike.
—Tenemos compañía —resopló Tyler. Los tres miraron en la misma dirección que él y Bella sintió que tenía cinco años y no catorce.
—Bella, ¿invitaste a tu novio? —se quejó Mike.
—No es mi novio, idiota. —Tiró el cigarro y lo pisó para apagarlo, sufriendo por el desperdicio. Caminó hasta donde Edward se encontraba junto con Alice, no quería que sus amigos le dijeran algo que lo molestara o viceversa.
—¿Otra vez, Bella? —Edward sacó las manos de sus bolsillos y Alice la miró con culpa.
—Soplona. —Caminó fuera del parque seguida por ellos.
—¡Bella, yo no quise! Él me obligó.
—¿Cómo que te obligó, Alice? —rio—. ¿Te descubrió faltando a tus clases de piano?
—Ya, Bella, no te la agarres con ella. No es su culpa.
—Tú cállate. —Le señaló con un dedo. Caminó junto a su amiga y entrelazó su brazo con el de ella. Alice soportó parte de su peso ya que ella no estaba del todo presente. Edward las escoltó todo el camino.
—Bien, no quise decirle pero llamó para preguntarme si habías venido a mi casa y le dije que sí, pero entonces me vio salir de la biblioteca y se fue todo al carajo. ¡Bella, escúchame! Tus padres van a saberlo en cualquier momento, no puedes ir así a tu casa…
—Shhh. No van a saberlo. No te preocupes, te perdono. Prepara una mentira la próxima vez.
—Sé más discreta la próxima vez. O deja de consumir.
—Solo fumamos.
—Es lo que tú dices. —Alice estaba muy molesta. Bella era su mejor amiga y odiaba verla en ese estado.
—Las estoy escuchando —cantó Edward detrás de ellas. Alice rodó los ojos y Bella rio por lo bajo.
Edward y Alice se quedaron cuidando a Bella en la casa del árbol del patio de los Cullen, allí se encargaron de que durmiera un rato. Alice debía irse pronto a su casa, así que Edward le pidió a su padre que la acompañara y él se quedó con Bella. Sabía que su padre estaba al tanto de lo que ocurría, no era la primera vez que escondían a Bella en la casa del árbol, pero nunca lo decían a sus padres. Eran sus amigos, no podían traicionarla de esa manera, mucho menos sabiendo lo mal que Bella la pasaba en casa.
Pasadas las doce de la noche, Edward acompañó a Bella a su casa.
—Lamento hacerte pasar todo esto, no te lo mereces —se disculpó ella.
—No te preocupes. Tú harías lo mismo por mí —le sonrió. Bella se abrazó a él mientras iban llegando y ambos se separaron al ver a Emmett en el porche de su casa. Emmett se puso de pie y avanzó hacia ellos.
—Diablos.
—Ya no se me ocurren excusas —susurró Edward.
—¿Buscas que mamá te eche de la casa? Porque así vas a conseguirlo. Bella, mírame cuando te hablo. —Ella evitó la mirada de su hermano, Edward no sabía si debía meterse, Emmett era mucho más grande que él y no tenía ganas de pasar la noche en un hospital.
—Gracias por traerme, regresa a tu casa.
—Bella…
—Nos vemos mañana, Edward. —Caminó hacia la puerta.
—Bella, no me des la espalda. —La siguió Emmett.
—¡No eres mi padre! —gritó y entró con prisa para escabullirse a su habitación.
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Presente...
Pov Rosalie
El secuestro de Kayla ya había impactado mucho en nuestra familia.
No fuimos tan unidos en un principio como todos nos veían ahora. De hecho, nuestra relación mejoró mucho al saber de mi embarazo y la llegada de Ian. Todos estuvieron al pendiente, ofreciendo su ayuda, organizando eventos tales como el baby shower o el primer cumpleaños del bebé.
Siempre quise ser madre, pero realmente me sorprendió mucho cómo repercutió en los que me rodeaban. Emmett odiaba su empleo y estaba buscando otro desesperadamente hasta que le conté que íbamos a ser padres.
Renée nos ofreció una habitación libre en su casa y a mí me pareció bien, pero no sabía que se trataba de la habitación de Bella y que había sido remodelada para nosotros.
Emmett estaba tan enfadado en aquel entonces, que ni siquiera la mencionaba.
Y dolía. Dolía ser parte de una familia que estaba a punto de derrumbarse. Los amigos de mis padres tenían una casa en su vecindario que nos sirvió mucho para tener nuestro propio lugar.
Por eso la noticia de que Ian venía al mundo mejoró mucho nuestros días. Alice volvió a visitarnos más seguido, como hacía antes cuando era amiga de Bella, organizamos una parrillada familiar a la que mis padres vinieron de visita para conocer a los McCarty-Swan.
Ahorramos bastante, yo con un empleo de medio tiempo, Emmett con dos empleos y un poco de la ayuda de Charlie (a escondidas de Renée), para poder encontrar nuestro lugar y mudarnos solos.
Nos casamos a escondidas por civil y tuvimos a Ian. Al principio fue difícil, pero conseguimos salir adelante. Ignorando el hecho de que Bella estuvo en rehabilitación.
—¿En qué piensas, Rose? —Emmett se sentó a mi lado, ofreciéndome un vaso de papel con café. Lo acepté ya que era lo que necesitaba en esos momentos, además de volver a mi casa con mis hijos. Ahora que Kay volvió a hablar no queríamos separarnos de ella, no queríamos que perdiera su confianza en nosotros.
—Que todo fue tan… repentino —suspiré. Él me abrazó por los hombros tratando de calmarme.
—Honestamente, yo ya no sé qué pensar de todo esto —soltó. Lo miré fijamente, estudiando sus facciones. Su rostro perfecto que siempre me enamoraba con sus hoyuelos ahora estaba inexpresivo, bajo sus ojos se notaba la oscuridad de sus ojeras, el cansancio provocado por los miles de pensamientos que debía tener respecto a su hermana.
—No creo que debamos ir a juicio con Bella —susurré esperando que me escuchara. Volteó la vista para verme con desconcierto, esperando explicaciones—. Es tu hermana, ella sufrió mucho por nuestra culpa, Emmett. Nosotros…
—Nada, Rose. Cada persona tiene sus problemas pero a nadie se le ocurre secuestrar a un niño de la nada ni mucho menos a tu propia familia. ¡Secuestró a su sobrina! ¡Mi hija! Nuestra hija, Rose. Bella pudo haber buscado ayuda, pudo… no lo sé. Tenía millones de posibilidades antes de tomar las decisiones que tomó. Y nuestra hija no tiene ni tuvo por qué sufrir las consecuencias de sus actos. Bella no debió desquitarse con ella. Entiendo que fueron momentos difíciles para ella, pero yo nunca…
Mis ojos jamás apartaron la vista de los suyos, estaba a punto de largarme a llorar ahí mismo. Hizo una pausa y no sabía si creía o no en lo siguiente que iba a decir o si tal vez estaba pensando en que estaba siendo muy duro…
»Rosalie, si tú no quieres ir a juicio contra Bella, terminamos.
Sus palabras fueron claras. No tartamudeó al decirlas y ni siquiera parpadeó para ver mi reacción. Lo siguiente que sentí fue un vacío más grande del que había llegado a sentir antes. Era como si todo lo que habíamos construido se hiciera pedazos. Traté de que no me inundara el pánico y conseguir alguna respuesta rápida que lo hiciera retractarse, pero mi corazón estaba triste, yo lo estaba, y no podía encontrar algo de lo que agarrarme.
—Señores McCarty —nos llamó un oficial para tomar nuestra declaración. Apenas sentía mis piernas. Emmett se puso de pie y caminó hacia la oficina. Yo no lograba encontrar mi cuerpo en esa silla. Era como si todo a mi alrededor hubiera desaparecido.
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Pov Bella
Sentada en uno de los rincones de las tres paredes detrás de las rejas, me encontraba con la mirada perdida, viendo un hueco en una de las paredes. Me preguntaba qué estaría haciendo mi pequeñita, mi Noa.
Hacía falta que pasara todo esto para dejar de ser egoísta. Yo sabía lo que se venía, estaba preparada para cuando todo se fuera al diablo y me arrestaran, lo que no tenía preparado, es que Noa tuviera que pasar por todo esto. No era justo para ella. Ambas habíamos llegado a formar un lazo que yo había creído inexistente hasta hacía unos años. Ella se había ganado mi corazón por completo el día que nació, y a pesar de la separación y el dolor junto al rencor que me había provocado nuestro reencuentro, había despertado en mí aquel sentimiento que había mantenido enterrado.
Nadie más que yo tenía la culpa de todo lo que había pasado. Sí, me había arrepentido en el mismo instante en que Renée me la regresó, pero ya era tarde. Ya había enviado a Mike y a Royce a actuar. Por más que hubiera devuelto a Kay ese mismo día, yo iría tras las rejas.
Ahora, con solo unas horas de estar aquí, lo único que quería era tener a mi hija en mis brazos de nuevo, seguro estaría asustada, tal vez perdida buscando mi rostro en algún lado como siempre hacía antes de que le dijera que yo era su madre.
—Creí que te encontraría en peor estado. —Desperté de mi ensoñación parpadeando y sorprendiéndome de encontrar a Edward del otro lado de las rejas. Me puse de pie enseguida, acercándome casi a su lado.
—Edward… —susurré. Después de todo lo que habíamos pasado, me alegraba muchísimo que él estuviera aquí.
—Hola... —Pasó su mano por entre las rejas y yo la tomé esbozando una pequeña sonrisa—. ¿Estás bien?
—¿En serio lo preguntas? —Lo miré a los ojos.
—En realidad quiero saber… ¿por qué lo hiciste? ¿Te arrepientes?
—Yo... hmm… —suspiré—. Sabes bien por qué lo hice. —Edward asintió escuchando, su pulgar haciendo mimos en mis nudillos—. No sé si me arrepienta, ¿sabes? Es decir, sí. Claro que estoy arrepentida. Pero en ese momento, a pesar de querer retroceder, solo me arrepentí por Noa, no por ellos. Así que no lo consideraría…
—Estás arrepentida, punto —finalizó—. Me refería a por qué te entregaste. —Mis ojos quedaron fijos en los suyos, tratando de descifrar lo que él quería decirme.
—¿Noa? —pregunté omitiendo su pregunta.
—Está triste.
—Edward, ella no entiende nada, debe estar asustada, no la dejes sola —rogué.
—Bella —suspiró—, se la llevaron. La vi de nuevo hace un rato... pero no me dejaron hablar mucho con ella, me descubrieron —sonrió—. Eso sí, ella te extraña. Estoy seguro que solo quiere verte a ti. —Eso terminó por romper mi corazón en mil pedazos—. Además, hablé con ella cuando me dejaste de niñero. Tiene algo de idea de lo que sucede.
Alejé mi mano de la suya, pasándome la otra por el cabello. Yo tenía mucho tiempo por delante aquí, Emmett y Rosalie no iban a querer verme la cara nunca más, ni mucho menos Alice. No había planeado para nada cosas para Noa. No podía evitar hacerme la cabeza pensando en que tal vez ella fuera a terminar en un orfanato por mi culpa, si es que me ignoraban.
—Bella… —No podía mirarlo, a pesar de todas las cosas que habíamos vivido, Edward no debía sentirse más decepcionado de mí—. Bella, ¿quieres salir de aquí?
Helada. Así me sentí al escuchar su pregunta. Levanté la mirada, aún con escalofríos recorriéndome la espalda.
—¿Qué?
—Podría pagar la fianza.
—Edward, ¿te escuchas?
—Tranquila. Ya lo he pensado. Podrías quedarte conmigo, tener juntos a Noa. Tal vez… cambiarte de identidad ya que todo el mundo te conoce ahora —suspiró—, mudarnos, lejos de todo esto. Tal vez al extranjero, con mis padres…
—Dios. ¿Hablas en serio? —Me llevé ambas manos al cabello, tratando de procesar lo que él me decía y pensarlo bien. Saldría un montón de dinero, aunque claro que eso nunca fue problema para él.
—Digamos que tengo unos contactos. Tal vez te hagas pasar por alguien con problemas psicológicos y tengas que tratarte y esas cosas. Bella, sé que solo saldrías para estar junto a Noa de nuevo. Confío en ti, en que no repetirás nada de lo que hiciste. Tú no eres como tus padres, no eres ellos. Aléjate de la familia que te hizo sentir mal, Bells. Empieza de nuevo, conmigo y nuestra hija. —No contesté, aún sorprendida de cómo llamó a Noa—. ¿Sabes? Podrían enviarte lejos después del juicio. —No sabía qué decir. Terminé por darle la espalda y caminar en línea recta por la celda.
»Te dejaré para que lo pienses. Regresaré mañana. —Cuando me volteé a verlo ya se había ido.
Millones de gracias a Yani por la velocidad con la que beteó este capítulo. Sos un sol 💖
Buen viernes para todxs! Creo que éste es uno de los capítulos más largos desde que comenzó la historia. Me alegra mucho que les esté gustando. Todavía hay cosas sueltas que estarán aclaradas en los próximos capítulos, los cuales son los últimos. Muchas gracias por acompañarme en esta historia. Lxs quiero. Dejenme su review para saber qué les pareció.
