La historia es una adaptación del libro de Tijan y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Treinta

Jasper nos llevó de vuelta a mi casa.

Estaba oscuro, pero sabía que mamá todavía regresaría esta noche. Jasper preguntó si quería compañía hasta entonces, y le dije que no. Se sintió bien, lo más que se había sentido en mucho tiempo, para ir dentro, hacer mi tarea, y esperar meterme en problemas por estar todavía despierta a cualquier hora que mamá viniera a casa.

Lo besé y dije:

—Estaré bien. —Y lo dije en serio. Le sonreí antes de entrar.

La casa estaba fría cuando entré, así que subí la calefacción y ordené pizza. Después de eso, hice lo que hubiera hecho el año pasado.

Hice mi tarea en la mesa de la cocina, pagué por la pizza cuando llegó y comí la mitad de ella para el momento que la puerta del garaje empezó a abrirse. Estaba levantándome, con la intención de servirme una copa de vino para molestar más a mamá, pero cuando alcancé la botella, escuché su voz.

Mi corazón se detuvo.

—¡Isabella!

Me di la vuelta rápidamente, mis pies moviéndose antes que me diera cuenta.

Estaba a medio camino del garaje cuando la puerta se abrió de golpe. Seth se lanzó sobre mí.

Lo atrapé y lo levanté. Solo había pasado un mes y medio, pero juraría que había crecido.

—¡Seth!

—Hola, hermana —murmuró en mi cuello, sus brazos envueltos apretadamente. Un último apretón, y luego se alejó.

No quería dejarlo ir, pero tuve que hacerlo. Mantuve mis manos en sus brazos y lo dejé para que se parara en sus dos pies.

—Te ves tan grande. También estás alto.

Era unos centímetros más bajó que yo. Miré a nuestra madre.

—¿Eso es normal? ¿Cuán alto es ahora?

Ella rio, entrando con una caja de pizza y con otras dos bolsas colgando de sus brazos.

—Bueno, creció unos cuantos centímetros, pero no creo que él sea el único que ha cambiado.

Le fruncí el ceño, mis ojos permaneciendo en la caja de la pizza.

—¡Perdiste peso! —Casi gritó Seth—. Yo crecí, pero tú te volviste más pequeña. —Él podía envolver sus dedos alrededor de mi brazo, o la parte inferior de mi brazo. Mi bíceps todavía tenían algo de músculo.

Me encogí de hombros, sonriendo estúpidamente.

—Eso probablemente va a cambiar. —Apunté hacia la pizza que había ordenado.

Nuestra madre empezó a reír.

—Me confundí por un segundo. —Levantó la caja que estaba llevando—. Seth insistió en detenerse y conseguirte comida. Estaba preocupado. —Le dio una mirada, sus ojos suavizándose. Todo sobre ella se suavizó—. Te dije, no tenías que preocuparte.

Él sonrió.

—Siempre me preocuparé. —Luego apretó su agarre alrededor de mí otra vez, abrazándome—. Te he extrañado, Bella.

También lo abracé, cerrando mis ojos.

—Yo también.

Si pudiera sostenerlo toda la noche, lo haría. Era como si ya no solo fuera mi hermano, sino la mitad de mí, la mitad de mi hijo, la mitad de responsabilidad. O eso pudo haber sido la influencia de Irina. Ella se había ido, y no quería perder a nadie más, nunca más.

—Está bien. —Mamá aplaudió, empujando su manga para mirar su reloj—. Es cerca de la media noche. Seth, no tienes escuela mañana, pero necesitas ir a la cama. Isabella…

Esperé su orden, mi brazo descansando alrededor del hombro de Seth.

Hizo una pausa, mirándonos fijamente y limpiando una lágrima.

—Tenemos mucho de qué hablar, pero tienes escuela, y no tienes permitido saltarte más días. A la cama, y nada de chicos escabulléndose. ¿Entendido?

Estaba pretendiendo ser la madre severa. Sin embargo, Seth y yo vimos el acto.

Asentimos, y Seth se fue primero, abrazándola antes de subir corriendo las escaleras.

—¡Llévate tu bolsa! —gritó detrás de él.

Sus pasos resonaron de nuevo en las escaleras. Agarró una bolsa y nos dio una enorme sonrisa. Sus mejillas estaban sonrojadas.

—Lo olvidé. —Después se fue de nuevo, golpeando las escaleras como si nunca se hubiera ido en primer lugar.

Sentí sus manos primero, un suave toque mientras me jalaba para un abrazo.

—¿Estás bien, cariño?

No lo sabía a ciencia cierta, pero sentí una séptima pieza unirse a las otras. Encajando correctamente.

La abracé y susurré:

—Por favor, también trae a papá a casa.

—Oh, Isabella.

No había sido la única que había perdido peso. Su complexión casi frágil se sacudió en mis brazos. Deslizó una mano por mi espalda, cepillando algo de mi cabello.

—Lo haré. Lo haré. —Tosió y se inclinó hacia atrás, sosteniéndome como había sostenido a Seth momentos atrás. Sus ojos recorrieron mi cara.

—Por favor, cuídate. Por favor.

Mi garganta se hinchó, y parpadeé un poco ante eso. Sorprendida.

Asentí.

—Estoy intentando.

—Está bien. —Tiró de mí para otro abrazo—. Y es en serio, nada de Jasper esta noche.

Asentí de nuevo, y con una suave sonrisa y un aleteo en mi estómago, subí las escaleras detrás de mi hermano.

Estaba preparándome para la cama, o al menos acurrucándome en la cama con mi Kindle, cuando hubo un suave sonido de golpeteo.

Casi fui a la ventana, pensando que era Jasper, pero mi puerta se abrió con un crujido.

Seth asomó su cabeza por la esquina, su mano todavía colgando del pomo de la puerta.

—Hola.

Podía tener once años, pero en mi mente tenía tres años. Todavía era mi hermanito.

Sintiendo que todo se derretía en mi interior, di unas palmaditas en la cama junto a mí.

—Vamos.

Una gran y amplia sonrisa apareció, y se lanzó a mi cama. Deslizándose bajo las sábanas, apoyó su cabeza en mi segunda almohada y me dio su sonrisa dientuda.

Este chico, era mi dueño. Empuñé mi mano y pretendí golpearlo en el estómago.

—¿Qué tal si llamas a la puerta, hermanito? —En lugar de golpearlo, empecé a hacerle cosquillas.

Él se rio, chilló y retorció, pero miró por encima de su hombro cuando me detuve. Empecé a hacerle cosquillas en su costado, y de nuevo empezaron los chillidos y las risas.

—¡Oigan! ¿Qué están haciendo ustedes dos?

Seth estaba sin aliento, jadeando cuando escuchamos a mamá gritar desde abajo.

Me reí entre dientes y después grité:

—¡Seth no saldrá de mi cama! Mamá, ven a sacarlo.

Su boca cayó abierta y se sentó derecho.

—¡No es verdad! ¡Ella está haciéndome cosquillas, MAMÁ!

Podíamos escuchar su risa, y cerré mis ojos por un momento. Esto es lo que había necesitado a lo largo de todo el verano.

Mi mamá estaba riéndose.

Seth estaba riéndose.

Yo estaba sonriendo.

Y papá estaba viniendo a casa.

Vamos a estar bien, Iri.

Ella no respondió, pero sabía que no lo haría, y no necesité su respuesta. Ya sabía que estaba feliz por nosotros.

Las cosquillas continuaron hasta que Seth bostezó, y empecé a sentirme mal que todavía estuviera despierto. Ya había pasado su hora de dormir. Demonios, vino a casa después de su hora de dormir. Después de un minuto se acurrucó con mi manta. Sin preguntar, saqué uno de sus libros favoritos y empecé a leerle.

Cinco minutos después, estaba profundamente dormido.

Tenía toda la manta envuelta alrededor de él. No quería despertarlo o llevarlo a su propia cama.

Moviéndome a hurtadillas alrededor de mi habitación, revisé mi teléfono. Había un par de mensajes de texto de Jasper:

Jasper: ¿Cómo va todo?

Treinta minutos después.

Jasper: Terminé mi tarea. ¿Quieres hablar un rato?

Una hora después de eso.

Jasper: Espero que todo esté bien contigo. Me voy a la cama.

Y hace diez minutos.

Jasper: Creo que estoy enamorado de ti.

Hace diez segundos.

Jasper: Buenas noches.

Casi dejé caer mi teléfono, pero con mi corazón palpitando tan fuerte en mis tímpanos, le respondí.

Yo: Buenas noche. Creo que yo…

—¿Seth está durmiendo?

Salté. El teléfono voló en el aire. Reprimiendo una maldición, lo atrapé, y mi mano apretó el botón de enviar.

¡Oh no!

Mierda, mierda, mierda.

Mi mamá estaba en la puerta, frunciendo el ceño mientras me miraba.

—Yo, espera. —Eché un vistazo, pero Seth todavía estaba durmiendo. Me acerqué a la puerta. Ella retrocedió y la seguí. Cerró la puerta con un suave clic, y revisé mi teléfono mientras lo hacía.

Oh Dios mío.

Oh Dios Mío.

El texto se había enviado. No había respondido, y… no podía pensar.

—¿Qué pasa? —Mamá me miró y luego al teléfono.

—Nada. —Lo sostuve detrás de mi espalda—. No tuve el corazón de llevar a Seth a su habitación, y lo he extrañado. Mucho.

Ella asintió, descansando contra la pared. Sus brazos cruzados sobre su pecho y una lágrima deslizándose sobre su rostro.

—Nos preocupamos por si era bueno o no para él verte. —Miró mi puerta—. Creo que hicimos más daño que nada. Lamento haberlos mantenido separados.

¿Lo habían hecho a propósito? Me había preguntado eso, pero escucharla confirmarlo…

—¿Creí que él quería quedarse allá? —Estaba decepcionada y confundida. ¿Cómo pudieron haber hecho eso?

—Quiso quedarse, pero también quería verte. No creo que él quisiera volver aquí.

Era una casa nueva. Irina no tenía una habitación aquí, pero sus cosas todavía estaban con nosotros. Mi mamá tenía sus fotografías colgadas en las paredes. Como si sintiéramos su presencia saliendo de ellas, ambas volteamos.

Irina nos devolvió la sonrisa en su fotografía escolar de tercer año. Había alisado e iluminado su cabello que casi era rubio platino. Lo tenía sobre un hombro, su cabeza inclinada hacia un lado mientras coqueteaba con la cámara. Una tímida sonrisa en su rostro, parecía al borde de estallar en carcajadas.

—Oh, cariño. —Mi mamá estiró su brazo, limpiando una lágrima de mi rostro.

Ella todavía estaba llorando, y me di cuenta que no podía estar molesta con ellos. Todos tratamos de lidiar a nuestra propia manera, ya sea correcta o incorrecta, saludable o no saludable.

—Voy a volver a la cama.

Ella asintió, presionando un beso en mi frente. Descansó su mejilla allí.

—Cuídate y sé astuta. ¿Bien, Bella?

Asentí, mirándola.

—No lo alejes de nuevo. Lo digo en serio, mamá.

Ella retrocedió. Empezó a asentir, pero después hizo una toma doble. La mía no era una amenaza en vano. Ella averiguaría lo que pasaría si lo hiciera.

Regresé a mi habitación y le envié un mensaje de texto a Jasper.

Yo: Quiero decirte cosas, pero no hasta mañana. ¿Hablamos en la mañana?

Luego revisé para asegurarme que la alarma estuviera activada, puse mi teléfono en silencio, y agarré una segunda manta. Acurrucándome junto a mi hermano, cerré mis ojos.

Jasper dijo que me amaba…