Uff! este es un capítulo que fue bastante intenso de escribir. La piel se me erizó con más de una escena, y con otra, lloré a moco tendido.
De corazón espero que disfruten tanto o más que yo de este capítulo muy cercano al final de esta historia (no, aun no es el final jajaja)
Gracias a todas las que dejan reviews, las que agregan mi historia a sus favoritos, y las que leen sin dejar nada. Saber que estas letras que escribo son apreciadas por ustedes me hace muy feliz.
Feliz lectura!
Capítulo 24. Daños colaterales
_Dorothy_
"¡ES UN MALDITO INFELIZ!" expresó con ira el esposo de Candy mientras se ponía violentamente de pie.
Por la mezcla de emociones que aprecié en la mirada de cada uno de los presentes, intuí que mi revelación no les sorprendió demasiado.
"Tranquilízate, mi cielo. Lo importante es que por fin sabemos dónde está Candy, y sobre todo, que ella se encuentra bien" Terry pasó desesperado sus manos por su cabello y asintió con evidente nerviosismo.
Estaba intentando con todas sus fuerzas mantenerse sereno como su madre se lo solicitaba, pero parecía inútil. Su respiración continuaba igual o más agitada, sus manos temblaban tanto sobre su cabeza, que no me resultó difícil imaginar el frenético sonido de los latidos que ahora mismo pronunciaba su corazón
Está tan ansioso de reencontrase con Candy, que no puedo evitar sentir un pinchazo de dolor en mi pecho.
"¿¡Cómo es que tienes la certeza que ella está bien?!" procurando moderar su fuerza, volvió a sacudirme por los hombros. Todos se acercaron de inmediato, pero levanté una de mis manos hacia ellos indicándoles que me encontraba bien.
Si en algo puedo aliviar el dolor de esta persona, lo haré sin dudar.
Loyd, ¿por qué lastimaste tanto a esta persona? ¿con que motivo si al final eres tú quien terminará sufriendo aún más?
"Sé que ella está bien porque he estado cuidándola desde que el Sr. Ainsworth la llevó a su mansión. Trabajo para él desde hace 3 años" asintió lentamente devorando con sus sentidos languidecidos por la fatiga cada una de mis palabras.
Por la ansiedad que se dibujaba en cada rasgo de su rostro, tuve la impresión que le estaba diciendo una profecía, de la cual pendía la vida o muerte de una persona amada.
Visto de cerca pude apreciar las ojeras tan oscuras que rodean sus ojos. Su mirada irradia tanto dolor, que ahora más que nunca estoy decidida a ponerle fin a este infierno que Loyd inició.
No importa el precio que he de pagar por traicionar al hombre que amo.
"Hermanito, Candy está bien. Suelta a la señorita y permite que nos explique mejor la situación" una ola de calma disipó la oscuridad de su mirada en cuanto su hermana, que no debe tener más de 10 años, lo abrazó del torso.
Casi al instante, una diminuta sonrisa se dibujó en su boca. Tomó a la pequeña en brazos y me guio al salón mientras colocaba a la niña en su regazo.
"¿Dónde exactamente tiene Loyd a Candy, Dorothy? Los abogados, la policía e incluso detectives privados han rastreado cada una de las mansiones que los Ainsworth tienen, pero no han encontrado nada que lo incrimine" preguntó el joven Archie ansioso. Al punto de la desesperación.
Ya perdió al joven Anthony, y después al joven Alistear. Ahora saber a Candy secuestrada y rodeada de peligro debe avivar viejas y oscuras emociones en él.
"La razón es sencilla. La mansión donde oculta a Candy no está a nombre de él ni de ningún miembro de su familia. Aunque Loyd hizo la compra, le pidió a sus abogados poner la propiedad a nombre de otra persona, de ese modo, sería casi imposible que dieran con el paradero de Candy. Eso debe haber pensado cuando ideó todo este plan" la expresión que se reflejó en los ojos del Sr. Andley me heló la sangre.
Furioso o iracundo no alcanza a describir la oscura emoción que nubló el brillo de sus ojos verdes.
No dudo ni un momento que de estar Loyd en esta habitación, muy probablemente el Sr. Andley tendría que hacer un esfuerzo sobrehumano para no matarlo.
"¡Maldito sea!. Premeditó todo desde un inicio. Por esa razón jamás pudimos vincularlo con el secuestro de Candy" el joven Archie golpeó sus rodillas con sus puños fuertemente cerrados. Frunció tanto su ceño, que varias arrugas se formaron en su frente en el proceso.
Al instante, una mujer rubia de cabello corto estilo bob, se acercó a él y le pasó una mano por su espalda.
Aun cuando sus emociones todavía estaban a flor de piel, el joven Archie inspiró profundamente, acarició el muslo de la joven y depositó un casto beso en sus labios.
Una escena similar se llevó a cabo entre una joven de cabello oscuro y el Sr. Andley.
Cariñosa y tierna, tomó las mejillas de su esposo entre sus manos, obligando al patriarca a enfocar su mirada sobre la suya. Como si no pudiera evitarlo, el Sr. Andley le dedicó una diminuta sonrisa que dijo más que mil palabras.
El mudo lenguaje de los amantes es indescriptiblemente maravilloso.
Por otra parte, los padres de Terry se veían agotados. Física y emocionalmente esta situación había drenado toda su energía. Sin soltar la mano de su esposo, la Sra. Eleonor, recargó su cabeza sobre el hombro de su marido y se permitió cerrar los ojos un instante.
Me pregunté una vez más, hace cuantas horas que ninguna de estas personas duerme en paz.
La escena que enterneció mi corazón fue ver a la pequeña sentada sobre las piernas de Terry, acariciando su mejilla mientras le dedica palabras de aliento que él, escucha atentamente y con toda seriedad.
"Dorothy, ¿en qué lugar se encuentra esa mansión?" preguntó afligida la esposa del Sr. Archie.
"Está a 6 horas de Nueva York. En Saranac Lake para ser más precisos" Terry colocó a la niña sobre el sillón, se puso de pie, y leyendo sus intenciones, el Sr. Andley lo tomó del brazo antes que se dirigiera corriendo a la puerta de entrada.
"¿A dónde vas?" preguntó sin soltarlo.
"¡Por Candy! Finalmente tenemos lo que buscamos por tantos días, ¿¡para que esperar más tiempo?!" gritó zafándose bruscamente del agarre del Sr. Andley.
"¿Te has puesto a pensar un momento que perjudicarás a Dorothy si actúas sin pensar? Ella se está arriesgando demasiado actuando contra las órdenes de Loyd. Él ya ha demostrado que va 3 pasos delante de nosotros. Lo menos que podemos hacer es ser precavidos. No olvides que sin la inmensa ayuda que esta joven nos está dando, quizás no hubiésemos dado con el rastro de Candy tan pronto" Terry golpeó tan fuerte con sus puños la pared contigua, que los floreros que descansaban sobre una mesa cercana se cimbraron por el impacto.
"Lo sé perfectamente, pero yo… ya no puedo más Albert. ¡ME ESTOY MURIENDO SIN CANDY! LA NECESITO A MI LADO" pesadamente cayó de rodillas al suelo.
Inmediatamente el Sr. Andley y el joven Archie acudieron en su ayuda.
"No deben preocuparse por mí o mi seguridad. Yo sabré cuidarme, pero es mi deber prevenirlos. Rescatar a Candy sin la ayuda de varios miembros de la policía, no sólo sería muy peligroso, además, no les garantizaría la victoria" las miradas de todos volvieron a clavarse sobre mí.
El esposo de Candy, reticente, regresó al salón y volvió a tomar asiento frente a mí. Escondió su rostro entre sus manos moviendo sin cesar sus piernas.
Su hermanita llegó junto con una mucama y sirvió varias tazas de té. Tomó una entre sus manos y se la acercó a Terry.
"Bebe" ordenó con dulzura, y como su no pudiese llevarle la contraria, hizo lo que se le indicó.
Con un gesto de su cabeza, el Sr. Andley me pidió que continuara hablando.
"La propiedad esta repleta de guardaespaldas. Cada uno está armado y tienen órdenes de matar a cualquier desconocido que intente meterse a la mansión. La habitación donde tiene a Candy se encuentra en el tercer piso. Nadie, excepto algunos guardaespaldas y yo, tenemos acceso a ella" el patriarca de los Andley frunció el ceño mientras descansaba su mentón sobre sus manos entrelazadas.
"Dios mío. Candy…" la voz de la madre de Terry se entrecortó antes que pudiese formular una frase completa.
Su esposo la acunó entre sus brazos y depositó un beso en su coronilla.
Su hija se acercó a sus padres e hizo que bebieran la infusión que había preparado.
"Entonces, ¿cómo podemos sacar a Candy sin ponerla en peligro?" dirigí mi mirada hacia la esposa del Sr. Andley.
"Existe un modo. Todos los días de 3:00 pm a 3:15 pm hay cambio de guardaespaldas, mientras que para otros es su hora de comida" expliqué.
Los ojos verdes del Sr. Andley se clavaron sobre los míos al tiempo que una fría sonrisa se dibujaba en su boca.
"La casa estará desprotegida y podremos actuar evitando un derramamiento de sangre sin sentido" asentí. El entrecejo del patriarca de los Andley se contrajo y esta vez la expresión de su rostro era de preocupación llana y sincera. "¿Eres consciente que Loyd sabrá que lo traicionaste cuando nos vea llegar a esa hora?" sonreí.
Me conmueve que a pesar de la situación se preocupe por mi seguridad.
"Por favor, no se preocupe por mí. Nuestra prioridad es la seguridad de Candy" dije, pero evidentemente mi convicción no lo convenció en absoluto. "Mañana ustedes deben estar con la policía fuera de la mansión en punto de las 3 de la tarde. Yo tendré menos de 5 minutos para sacar a Candy de su habitación sin ser vista. La llevaré por un pasaje secreto del tercer piso que llega hasta el jardín. Fuera de la propiedad ella estará segura. Yo me encargaré de ello" dije y me puse en pie.
8:35 am.
Ya me retrasé demasiado y si no me apuro a hacer las compras, Loyd puede sospechar mi tardanza.
"Dorothy, no tenemos como pagarte el favor tan grande que le estás haciendo a nuestra familia" pasé saliva pesadamente.
Bajé la mirada al suelo incapaz de ver a los ojos al patriarca de la familia a la que le guardo tanto cariño.
"La amistad que me une a Candy vale la pena cualquier esfuerzo y sacrificio" como si me conociese de años atrás, colocó sus manos sobre mis hombros y esta vez no pude evitar clavar mis ojos sobre los suyos.
Sin yo decir nada, él descifró los secretos que celosamente escondo en mi alma, pero como todo un caballero, guardó silencio.
"Mañana por la tarde nos veremos para celebrar el rescate de Candy. Es una promesa" dijo dando dos pasos hacia atrás donde su esposa lo esperaba.
Me encaminaba rápidamente hacia la puerta, cuando una mano envolviendo mi muñeca me detuvo.
Giré mi rostro y el esposo de Candy me observaba con una mezcla de emociones tan intensas brillando en su mirada, que tuve ganas de darle un reconfortante abrazo, que inmediatamente reprimí.
No es mi papel consolar a esta persona, además, a ojos de él y su familia, mi acto podría tacharse de inapropiado y con justa razón.
"Dale esto a Candy, por favor" me extendió una nota torpemente doblada, la cual inmediatamente guardé entre mis ropas.
"Será lo primero que haga en cuanto se me presente la oportunidad. Tiene mi palabra. A ella le hará bien leer sus palabras" sonrió por primera vez desde que su pesadilla diera inicio.
Su familia y amigos se acercaron a él sonrientes y complacidos de verlo más sereno y lleno de esperanza ante la expectativa de recuperar muy pronto a su esposa.
"Me permitiré darle un consejo, no olvide acicalarse un poco antes de salir a Saranac Lake. No creo que quiera asustar a Candy con ese aspecto" reí discretamente de mi propio comentario.
Casi enseguida el resto de su familia me emuló.
Asombrado, Terry se observó en un espejo y empezó a reírse de buena gana.
Su hermana, complacida de verlo reír, se aventó a sus brazos.
Fue en ese momento en el que sentí que era prudente retirarme.
Necesitaban estar en la privacidad de su familia para asimilar lo que les acababa de revelar.
En tiempo récord compré lo que se me había solicitado y partí de regreso a Saranac Lake, esperando que el tren llegara antes de las 3 de la tarde a su destino.
Ahora más que nunca debo andar con pies de plomo si quiero sacar ilesa a Candy de su encierro.
Cerca de las 4 de la tarde, llamé a la puerta del estudio del Sr. Ainsworth.
Él se encontraba de pie frente a uno de los ventanales dándome la espalda.
"He traído lo que ha solicitado, Sr. Ainsworth" giró su rostro hacia mí y como si no pudiese evitarlo, se acercó y acarició con su pulgar las marcas oscuras que rodeaban mis ojos.
"¿Acaso no dormiste nada?" negué con la cabeza incapaz de articular una respuesta "Te pido una disculpa. Debí haberte ofrecido que pasaras una noche en Nueva York antes que te vieras obligada a forzarte más de la cuenta" dijo.
Afligido, pasó una de sus manos por su frente mientras despeinaba su cabello en el proceso.
Lo noté tan turbado que a penas pude reprimir la necesidad de disipar su preocupación con un abrazo.
Apreté mis puños contra mi espalda baja y di dos pasos hacia atrás al tiempo que le dirigía una reverencia.
"Soy una mucama, Sr. Ainsworth. Mi deber es servirle y eso hice. Si no necesita de mis servicios preferiría subir la comida de la Sra. Candy y empezar a poner orden en los objetos que traje a petición suya desde Nueva York" dubitativo, asintió.
Sin mirar atrás, salí del estudio sintiendo a mis espaldas su mirada intensa y penetrante queriendo desnudar los secretos que oculta mi alma.
Lo amo, pero no es mi responsabilidad salvarlo de él mismo, aunque Dios sabe cuánto me gustaría ser capaz de hacerlo, me dije encaminándome presurosa a la cocina.
Gracias a que dejé todo listo un día antes, fue poco el tiempo que invertí calentando la comida de Candy antes de subirla a su habitación.
Esta vez no tuve la necesidad de anunciarme con Asher. En cuanto este me vio, abrió la puerta y una vez seguras que no éramos observadas por nadie, abracé fuertemente a Candy.
Mientras ella degustaba sus alimentos, le narré los puntos más importantes de mi visita a su familia.
Preferí omitir el estado anímico y físico de su esposo.
Mi amiga no necesita subir el nivel de preocupación y angustia que ahora tiene sobre ella.
"¿¡Terry está en Nueva York?!" incapaz de contener mi sonrisa, asentí.
La alegría que iluminó su rostro era muy contagiosa.
"Por cierto, me pidió que te entregara esto"
Le extendí la nota, la abrió con desesperación y devoró con su mirada cada una de las palabras escritas.
Gradualmente sus ojos pasaron de la angustia, a la más pura de las alegrías y finalmente a una extraña mezcla de júbilo y desesperación.
Lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
No tuve ninguna duda de que estas eran consecuencia de la felicidad que ahora la embarga.
Arrugó la nota contra su pecho después de leerla una y otra vez.
Al cabo de varios minutos volvió a levantar su mirada hacia mí, regalándome una de sus más alegres sonrisas, teñida esta vez de esperanzas por el mañana que nos aguarda a ambas.
"¡Muchas gracias, Dorothy!" dijo limpiando las lágrimas que salían de sus ojos con las yemas de sus dedos.
"Agradécemelo mañana cuando estés a salvo en brazos de tu esposo. Ellos estarán aquí con la policía en punto de las 3 de la tarde. Por eso necesitamos actuar rápido. En cuanto los guardaespaldas hagan cambio de turno, vendré por ti y te sacaré por un pasaje secreto que conecta al jardín." tomé sus mejillas entre mis manos y le sonreí "todo saldrá bien" prometí y dicho eso zanjamos el tema.
Pasaba de la media noche cuando por fin llegué a mi habitación.
Me quité mi uniforme, me puse la pijama y solté mi cabello al tiempo que un fuerte aroma a tierra mojada penetraba rápidamente por mi nariz.
Esta noche caerá una gran tormenta, pensé mientras un fuerte rayo golpeaba la tierra iluminando a su paso mi habitación en penumbras.
Me gustan los días así. Fríos, húmedos.
Sin importarme estar con ropa ligera, me asomé por la ventana y dejé que la fría brisa nocturna chocara contra mi piel. Poco puede importarme que mi cabello se alborote en el proceso.
Tras de mí, escuché el rechinido característico de la puerta de mi habitación, avisándome que alguien había entrado sin anunciarse. El click del pestillo creó un ligero eco que fue opacado por los pasos lentos y acompasados de esa persona, que se acercaba a mí sin despegar su mirada de mi cuerpo.
Me admira sin decoro de pies a cabeza. Lo sé, porque sólo él es capaz de avivar esta llama apasionada, de la cual, es irremediablemente presa mi corazón.
Aun cuando aparento indiferencia mostrando un falso interés en el nublado cielo nocturno que decora el firmamento, la presencia de esta persona continúa turbándome tanto o más que la primera vez que posé mis ojos sobre los suyos, 3 años atrás.
Pocas veces lo vi a lo largo de mi primer año con su familia, pero para mi corazón fue suficiente. Me quedé prendada y hechizada con su presencia.
Absurdamente desee que sus miradas me las dedicara solamente a mí.
Un deseo que resultaba completamente absurdo para alguien que trabajaba para servirlo.
Sabía que él tenía una novia, pero en ese entonces, yo estaba ubicada en una residencia que los Ainsworth tienen en California. No podía siquiera imaginar que esa mujer que trastornaría su alma por completo, sería mi querida amiga Candy.
Jamás preví que el destino sería tan canalla como para entrelazar de esta manera tan turbia nuestras vidas.
Tras de mí, escucho con claridad los ligeros gruñidos que se generan desde lo más profundo de su garganta al notar que sin importarme el pasar de los segundos, continúo ignorándolo descaradamente.
Me gusta jugar con él.
Disfruto encender hasta el punto de la desesperación, este deseo por poseerme que al igual que a mí, lo corroe como fuego por dentro.
Atrevidamente, esta persona empieza a recorrer mi vientre con sus manos. Sin perder tiempo, sus labios crean un camino de besos desde mi lóbulo izquierdo, mi cuello, mi hombro, haciéndome cosquillas con la punta de su lengua, provocando a su paso que toda mi piel se erice tanto que resulte doloroso este deseo que le profeso.
¿Se puede enloquecer de amor? No lo creo, pero este hombre obsesionado por el pasado, amenaza con arrastrarme a su oscuridad.
Se que por más que me resista, mi corazón no saldrá ileso de esta situación, pero no pienso privarme del placer de poseer su cuerpo por última vez, aunque yo termine siendo la más lastimada de los dos.
"De nueva cuenta no dormirás esta noche. ¿Hasta cuándo piensas seguir ignorándome?" susurró en mi oído con su voz ronca y profunda.
Sin decir nada, me giro sobre mi misma y clavo mis ojos sobre su mirada azul-violeta.
Si tan sólo tu corazón fuese mío.
Si tan sólo soltaras el pasado.
Si tan sólo yo fuese capaz de aligerar la paz que por decisión propia tiraste por la borda…
Pensé en un momento fugaz de debilidad mientras tomaba su rostro entre mis manos, reclamando como míos sus labios carnosos y perfectos.
"¿Necesita algo esta noche, Sr. Ainsworth?" pronuncié lentamente. Incapaz de separarme más de 2 milímetros de su boca.
"A ti. Desnúdate" sonreí y acto seguido hice lo que me solicitaba.
Sus pupilas se ensancharon en cuanto las prendas que cubrían mi desnudez, cayeron acompasadamente al suelo.
"Disfruto plenamente conseguir lo que quiero" estrujó una de mis muñecas y me atrajo suavemente hacia él.
En un acto completamente impulsivo, lo empujé hacia la cama y me senté a horcajadas sobre su pelvis.
"Se equivoca. Soy yo la que ha conseguido lo que desea desde la primera noche que le permití meterse a mi cama" me observó boquiabierto.
Al parecer, no daba crédito a lo que escuchaba.
Aprisioné con más fuerza sus muñecas sobre la almohada bajo su cabeza, y empecé a besarlo sin que él opusiera ninguna resistencia.
"¿No lo comprende aun?" susurré en su oído al tiempo que mordía suavemente su lóbulo "Es usted el que cedió a mi desde un principio. No al revés" pasó saliva pesadamente escuchando atónito cada una de mis palabras.
Mi sorpresa más grande, radicó en que mi confesión lo excitó tanto, que una parte de su cuerpo exigía liberación inmediata.
La temperatura de su piel aumentó. Su respiración se agitó conforme los latidos de su corazón incrementaban su ritmo, pero él, aunque podía tumbarme sobre la cama e invertir los papeles, no lo hizo.
Se dejó subyugar fácilmente por mí.
De pronto su mirada se iluminó con un brillo que nunca antes le había visto. Es como si hubiese sido víctima de una revelación divina de la cual yo era completamente ignorante.
"¿Qué vas a hacer conmigo?" preguntó ronco por la pasión que fluía a través de sus venas.
Aparté mis labios de su cuello, y mientras despojaba lentamente su cuerpo de la ropa que cubría su desnudez, depositando besos esporádicos sobre sus pectorales y su vientre bajo, respondí.
"Todo lo que yo quiera. Como ha sucedido entre nosotros desde el principio" abrió su boca, pero no para pronunciar palabra alguna, sino para dejar escapar un gemido de placer producto del recorrido que mis manos dejaban caer a lo largo y ancho de su cuerpo, al tiempo que, rendido por completo a mí, echaba su cabeza hacia atrás, permitiéndome una vez más explorar a voluntad el dulce sabor que tiene su piel.
Esa noche, como todas las anteriores, nos rendimos ante el cuerpo del otro.
Quise llorar por el futuro, el pasado, nuestro presente, pero ¿qué sentido tenía lamentarme, si ahora tengo la oportunidad de disfrutar su cuerpo y presencia?
Soy una mujer que procura vivir el ahora, pero admito que mientras este hombre prohibido y lleno de oscuridades me hace el amor, surge en mi la necesidad imperiosa de aferrarme al sueño, de que quizás sí existe la posibilidad de crear un futuro juntos, pero esa irremediable debilidad que nace cada que acaricia con devoción mi cuerpo y nos unimos en uno sólo, desaparece en cuanto llega el alba.
El transcurso de la mañana ocurrió como cualquier otro día.
Mi actuar no varió en absoluto al igual que mis actividades diarias. Contrario al Sr. Ainsworth, que por algún motivo se encerró en su estudio después del desayuno y no ha salido de ahí desde entonces.
Sus abogados han entrado y salido de ese lugar con sus rostros tensos y desencajados.
Sea lo que sea que pasa en esas cuatro paredes, parecen no ser buenas noticias.
Admito que ese detalle picó bastante mi curiosidad, y me preocupó más de lo que me permitía reflejar en mi rostro.
Generalmente su rutina después de desayunar, es subir a la habitación donde tiene a Candy e intenta entablar una conversación normal con ella, casi pacífica, pero según me platica mi amiga, él jamás tiene éxito. Candy lo rechaza por completo y no la culpo.
De estar en su lugar, quizás, yo haría lo mismo.
No puedes sembrar cariño ni amor en el corazón de nadie por la fuerza.
¿Loyd estará bien?
Sacudí mi cabeza en un intento por alejar ese pensamiento.
Vamos Dorothy, ¡concéntrate!. Son cerca de las tres de la tarde, pensé viendo distraídamente el reloj de pared que colgaba en la cocina.
"Subiré al tercer piso" dije como siempre cerca de la hora de la comida, por lo que nadie a mis espaldas me cuestionó.
Acompasadamente me dirigí a mi destino, aunque mi corazón latía tan aprisa que tenía la extraña sensación que los rápidos latidos de mi corazón retumbaban en todo el pasillo.
Al cerrar la puerta de la habitación de Candy tras de mí, coloqué la bandeja de comida sobre la cama mientras le hacía a mi amiga una seña con mi mano para que no pronunciara una sola palabra.
Acto seguido, escuché claramente como los pasos de los guardaespaldas se alejaban lentamente de la habitación. Precautoriamente me asomé para comprobar que en efecto nadie rondaba los pasillos del tercer piso.
¡Es ahora o nunca!, me dije mientras entraba de nueva cuenta a la habitación.
"Llegó el momento. ¡Vámonos antes que los reemplazos de tus custodios lleguen, Candy!" nerviosa asintió.
Tomé la mano de mi amiga, cerré la puerta de la habitación tras de nosotras y nos precipitamos hacia el pasaje que nos llevaría al jardín.
Oía tras de mí su respiración agitada y entrecortada por la angustia que esta situación le causaba. Yo no estaba mejor que ella. Estoy nerviosa, pero necesito conservar mis emociones y mi mente fría si quiero salvar a mi amiga.
En cuanto llegamos a la puerta que da al jardín, le pido a Candy con la mano que me espere.
Al abrirla lentamente, el estruendoso sonido de varias sirenas de patrullas y llantas derraparse sobre el asfalto nos sobresalta a ambas.
Asustadas, nos observamos un par de segundos, pero en cuanto recupero mi aplomo, la tomo de la mano y corremos hacia el bosque tan rápido como su estado le permite.
Lejos del peligro que la mansión representa para ella.
"¡Vamos Candy!" grito sin detenerme, presionando con más fuerza su mano entre la mía.
Siento que mi corazón se saldrá de mi pecho de un momento a otro, pero en cuanto veo a unos metros de distancia un auto con el emblema de la familia Andley acercarse a gran velocidad a nosotras, sé que Candy está salvada y que he cumplido mi misión.
No se ha detenido el vehículo, cuando de él sale precipitadamente el esposo de Candy gritando histéricamente su nombre.
Mi amiga se suelta de mi mano y olvidándose de su estado, corre con todas sus fuerzas hacia los brazos extendidos de su marido.
En cuanto sus cuerpos se funden en un abrazo, me siento satisfecha. Feliz.
Terry con desesperación toma con sus manos temblorosas el rostro de su esposa y la ve desde todos los ángulos en busca de cualquier herida.
Incapaz de alejarse de ella, vuelve a rodear sus hombros con sus brazos al tiempo que esconde su rostro en el hueco que hay en su cuello.
Tengo la impresión que él está llorando de alegría al igual que ella.
Desvío mi vista y fijo mi atención en la mansión.
Mis pies empiezan a moverse, y antes de ser consciente de ello, me doy cuenta que corro con todas mis fuerzas hacia el interior de la casa, donde sólo reina el miedo y el caos mientras gritos de desesperación hacen eco en cada rincón de la casa.
Todos corren de un lado a otro sin saber como proceder ante el terror de ver a una flota de policías aparcados a los alrededores de la propiedad.
"¡SALGAN TODOS! ¡POR LA PUERTA DE ATRÁS, DE PRISA!" grito y mis compañeros hacen lo que ordeno. Incluso algunos guardias, temiendo por sus vidas, huyen junto con los demás.
Suspiro pesadamente en cuanto me doy cuenta que soy la única que queda.
Loyd, ¿¡dónde estás!?, me pregunto, pero unos brazos rodeando al instante mi cintura son la respuesta que necesitaba.
"Fuiste tú. Alertaste a la familia de Candy cuando fuiste a Nueva York" susurró quedamente en mi oído. Mi respiración se detuvo, pero no por miedo, sino porque no soportaba oír tanta amargura en su voz.
En ningún momento dudó de sus palabras.
Afirma lo que ambos sabemos es verdad.
Sin miedo, me giro sobre mi misma y asiento con la cabeza a modo de respuesta.
Sus ojos se mantienen impasibles y serenos sobre los míos, como si intentara decirme muchas cosas sin palabras.
"Lo volvería hacer las veces que fuesen necesarias" sus ojos se entrecerraron en mi dirección al oír mí respuesta. Lentamente bajo la mirada y al llegar a su mano derecha veo que empuña una pistola "¿vas a matarme?" yo misma me sorprendí de la calma que desprendía mi voz al hablar.
No es este el tono que una persona normal usaría cuando cuestiona a otra acerca de su propia muerte, pero contrario a lo que reflejo, estoy aterrada. No por mí, sino por lo que a partir de ahora le sucederá a esta persona.
De pronto, pasos apresurados hacen eco en el interior de la casa, pero ninguno de los dos hace el intento por apartarse del otro. No podíamos hacerlo. Era mucho más fuerte que nosotros este deseo, pero no de poseer nuestros cuerpos como en ocasiones pasadas, sino de algo mucho más profundo e intenso que a penas ahora pude conectar con él.
¿Amor acaso?
"¡Sr. Loyd Ainsworth!, ¡queda usted arrestado por el secuestro de la Sra. Candice Grandchester Andley!" grita un hombre detrás de nosotros.
Con mi mirada periférica, veo que no sólo la policía nos rodea con pistola en mano, sino también Candy, su esposo, el joven Archie y el Sr. Andley. Todos están atentos y expectantes a cualquier movimiento extraño que Loyd pueda hacer en mi contra.
"¿Matarte por traicionarme? jamás. Quería usar esta arma en mí, pero no me he atrevido a jalar el gatillo. No quiero cometer otro error irreparable nuevamente" Loyd soltó el arma y esta cayó estrepitosamente al suelo.
Se dejó caer de rodillas al tiempo que sus brazos rodean casi con desesperación mi espalda escondiendo su rostro en mi regazo.
Sin querer evitarlo, envuelvo su cuello con mis brazos al tiempo que con mi nariz aspiro el aroma que desprende su hermoso cabello oscuro.
Un nudo dolorosamente intenso se ha instalado en mi garganta y amenaza con hacerme llorar de un momento a otro.
El bullicio que nos rodea se torna cada vez más intenso. No consigo entender las palabras que pronuncian, pero súbitamente reina el silencio.
Se que continúan aquí. Observándonos, pero quizás al igual que yo, saben que Loyd ya no representa un peligro para nadie. Ni siquiera para sí mismo.
"Entrégate" musité y casi al instante Loyd levantó su mirada hacia mí.
No había enojo ni oscuridad. Creo que por primera vez desde que lo conozco, lo veo tranquilo. En paz consigo mismo.
"Cuando Candy me dejó no lo podía creer. Estaba furioso. Decepcionado. Muchas veces me pregunté ¿qué hice mal? ¿faltó amor? No aceptaba que ella me hubiese dejado para casarse con Terruce, y que además, tuviera la sangre fría de decirme que se había vuelto a enamorar de él de la noche a la mañana. ¡Ella era mi ángel!. ¡Mi luz! ¿Sabes cómo me sentí cuando me percaté de toda la verdad? ¡Me mintió y pisoteó mi corazón como si hubiese sido basura!. ¡No tuvo el valor de decirme que durante todo nuestro noviazgo, ella seguía amando a ese sujeto y que yo era su premio de consolación! ¡Todo ese tiempo me usó como sustituto para olvidarlo!" se puso de pie, y a pesar de la intensidad de sus palabras, su mirada se mantuvo serena. En calma.
No soltó mis manos ni un sólo momento.
Su alma fragmentada, necesitaba con vehemencia deshacerse de todo aquello que la ha torturado todo este tiempo.
No sería yo quien le negara esa oportunidad.
A unos metros de distancia, el joven Archie, molesto, dio un paso hacia nosotros. Seguramente con la intención de defender a Candy, pero en cuanto le dirigí una mirada implacable y furiosa, enmudeció al instante.
¡No se atreva!, pensé para después dirigir mi atención a Loyd nuevamente.
"Su inocencia egoísta me destruyó. Habría preferido mil veces que empuñara un arma y me asesinara. De ese modo no habría tenido que padecer esta agonía que me arrebató todo en un instante" desesperado vio sus manos casi con repulsión "¡desee matarla! Ella era una mujer cruel vestida de ángel que no merecía vivir. Fue así que poco a poco le di entrada a esa clase de pensamientos, hasta que perdí toda noción de lo que algún día consideré bueno. Hermoso. Nadie podría salvarme de esta oscuridad que no supe canalizar. Incluso llegué a pensar que la única manera de volver a sentir algo que no fuese este odio que me carcomía lentamente por dentro, era vengándome de ella y de todos los que amaba" de pronto silencio.
Clavó nuevamente su mirada sobre la mía y guiado por una fuerza desconocida, colocó una de sus manos sobre mi mejilla.
"Gustoso, habría matado a Candy con mis propias manos" dijo.
"Yo no te lo habría permitido" su rostro se iluminó con una hermosa sonrisa al escuchar mi respuesta.
"Lo sé. No pediré clemencia. No intento justificar mis errores. Sé que actué mal y no me alcanzará la vida para resarcir el daño que he causado a muchas personas" con su dedo pulgar limpió lágrimas que caían por mis mejillas.
No me percaté que lloraba hasta este momento, me dije mientras disfrutaba el cálido contacto de su piel contra la mía una vez más, pero me sorprendió sentir sus labios besando a penas mis párpados enrojecidos y húmedos por el llanto.
"No sé cómo ni cuándo sucedió, pero te metiste en lo más profundo de mi piel y me ayudaste a encontrar la paz en los tiempos más oscuros de mi vida. Cambiaste mi corazón" cerré los ojos.
No sigas, por favor. Detente, supliqué en silencio.
"Me ayudaste a renacer. Tú, Dorothy Davis, conseguiste lo que creí sería imposible para cualquier ser humano. Me regresaste la vida. La cordura. La paz. Gracias. Seguramente me esperan muchos años de cárcel." los sollozos que se generaban en lo más profundo de mi garganta no los podía controlar. Era tan intenso mi llanto en este momento, que las lágrimas me impedían ver al hombre que amo con claridad. "¿Esperarás por mí cuando termine mi condena?" desesperada, coloqué mis manos sobre las suyas que aun descansaban sobre mi rostro.
En este momento la sonrisa de Loyd no podía ser más hermosa. Deslumbrante.
¿De verdad me estás haciendo esa pregunta?, ¿no es demasiado obvia mi respuesta, Loyd?, pensé.
"No llores. Te lo suplico. Me parte el corazón dejarte así. De entre todas las personas que herí en este camino de odio que elegí tomar, tú eres a la que más me arrepiento de haber herido. Perdóname" asentí una y otra vez incapaz de hacer audible mi respuesta.
Este hombre triste, apasionado y loco, se robó deliberadamente mi corazón para no regresármelo jamás.
Dios, detén el tiempo tan sólo unos segundos. ¡Te lo suplico!, repetí en silencio una y otra vez mientras besaba en la boca al hombre que tanto amo.
¿Acaso el amor que nace desde las más profundas desesperaciones humanas, no puede ser considerado amor verdadero a ojos de los demás?
¡Al diablo con el mundo y sus falsas ideas, entonces!
Nadie tiene derecho a juzgar el amor que le profeso a esta persona.
Por un momento, mientras sentía sus brazos rodear con ternura mi espalda, el tiempo dejó de transcurrir.
La eternidad si existe. La he conocido gracias a esta persona de la que me veo obligada a decir adiós por ahora.
"En la cárcel me someteré a un tratamiento psicológico y te prometo que me convertiré en el hombre digno de una mujer como tú, Dorothy. No importa cuánto tiempo me lleve conseguirlo" antes de darle una respuesta a su pregunta pasada, los policías le colocaron las esposas en sus muñecas y lo alejaron rápidamente de mí.
Cuando los ecos de sus pasos no se escucharon más en la estancia, perdí por completo las fuerzas de mis piernas y caí de rodillas al suelo. Me abracé a mí misma, y sin poder evitarlo, ensordecedores sollozos escaparon a través de mi boca.
Nunca en mi vida había llorado de esta manera tan violenta. Estoy fuera de mí. No soy capaz de controlar esta tristeza que amenaza con destruirme por completo.
Ahora comprendo que he reprimido tanto mi dolor, que me estoy permitiendo dejarlo fluir libremente fuera de mi cuerpo.
Clamé el nombre de Loyd hasta que me quedé sin voz.
Cuando un hombre se hincó a un lado mío, giré mi rostro y ahí estaba el Sr. Andley, viéndome con una mezcla de admiración y profunda tristeza.
No dijo nada.
No hizo falta.
En silencio, se limitó a abrazarme permitiendo que me desahogara el tiempo que fuese necesario sobre su pecho.
Y así lo hice.
Lloré incontrolablemente sintiendo sobre mi espalda las suaves caricias que me regalaba.
Así debe sentirse ser mimada por un padre, pensé aferrando mis manos con todas mis fuerzas a su camisa.
Tengo la certeza que este dolor desaparecerá cuando llegue el momento de volver a reunirme con el hombre que amo.
Continuará...
Notas de la autora.
Cuando me plantee la idea de escribir este fic, jamás consideré a convertir a Loyd en un hombre que tendría la misma clase de locura que Susana. El era un ser cegado por el dolor, el cual en efecto, actuó irracionalmente y ahora debe pagar con la cárcel sus errores.
El amor que surgió entre Loyd y Dorothy fue tan espontáneo, que ninguno de los dos fue plenamente consciente de ello. En el caso de Loyd, aquella última noche que pasaron juntos fue un renacer a la vida, por decirlo de alguna manera. Dorothy en cambio, quizás siempre estuvo consciente a medias que lo amaba, pero no a que nivel.
Me encantó la idea de poner a una Dorothy segura, fuerte y leal a pesar de que ella misma, al salvar a Candy, se clavaba un cuchillo en el corazón, pero es una mujer que no pierde de vista lo que sabe es correcto hacer. De ahí que Loyd sonriera cuando ella le dijo que no le habría permitido lastimar a Candy.
En fin, podría pasármela todo un capítulo explicándoles la serie de sentimientos y emociones que esta historia y ese par en particular despierta en mi. Podría incluso escribir un fic exclusivamente de ellos jajajaj.
Comprendo que algunas quizás, habrán esperado o augurado que Loyd tendría un final fatal, que sería encerrado en un manicomio, pero no. Lamento decepcionarlas. :) Sólo espero que respeten el giro que decidí darle a mi historia y los personajes.
Les mando besos y espero no tardar en subir el siguiente capítulo.
