Capítulo 30.
Salvatore Gentile se encontraba sentado en uno de los múltiples sillones que se encontraban dispersos en el lobby del hotel, mirando distraídamente hacia todos lados sin tener un objetivo en particular pues estaba a la espera de que el resto de sus compañeros de equipo aparecieran; de pronto, el sonido de un celular comenzó a repiquetear insistentemente perturbando la paz y la tranquilidad del sitio. Era la enésima ocasión que el teléfono de Salvatore sonaba desde esa mañana y él se había negado rotundamente a contestar la llamada pues no estaba muy seguro de cómo actuar con su interlocutor; para el líbero no le era necesario verificar quien era la persona que marcaba pues sabía de antemano que se trataba de Lucio por lo que el no querer responder obedecía al hecho de que el defensor no deseaba que su hermano lo volviera a sacar de sus casillas y que él terminara desquitándose con los demás como siempre lo solía hacer.
Gentile sentía que finalmente había podido dar vuelta a la hoja de su vida y deseaba intentar ser un mejor hombre, al lado de personas que fueran menos tóxicas para él y que en verdad le llegaran a apreciaran y a aceptar como en verdad era. A pesar de todo, al final el equipo lo había terminado aceptando como parte de ellos y él se había sentido muy bien al respecto; sobre todo en ese último encuentro cuando todo había terminado y varios de sus compañeros le dijeron que lo había hecho bien, dándole palmadas de apoyo.
Él continuaba con su deseo de ser el mejor líbero del mundo pero ahora sentía que tenía un equipo con quien compartir su sueño y que, al igual que él, se esforzaría por cumplir sus metas, y a pesar del dolor, la derrota y la humillación que sintió en este torneo, Salvatore creía que finalmente había crecido como persona, lo que lo llenó de una satisfacción desconocida hasta ese momento para él. Fue entonces cuando pensó que las palabras que había dicho Gino después del primer partido no podían ser más ciertas en este momento, sí, cuando dabas todo de ti no había nada de lo cual sentirse avergonzado después.
Luego pensó en su familia y en la tóxica relación que había llevado con ellos, no era que no los quisiera pero parecía ser que él jamás podría llenar los altos estándares que le imponían, siempre había tratado de ser el mejor para enorgullecerlos pero parecía que jamás lo conseguiría, ante sus padres Lucio era la muestra perfecta del éxito profesional, Massimo era el orgullo intelectual y Viviana era el correcto ejemplo de lo que la sociedad esperaba de ti, pero él siempre terminaba siendo el rebelde, el inmaduro, el incorrecto y cansado de los estereotipos y etiquetas que se le habían adjudicado desde muy joven, Salvatore decidió ser eso y más, llevando las cosas al extremo, volviéndose mujeriego, arrogante, petulante, irrespetuoso y hasta sacrílego, logrando con esto que la relación con su familia se fragmentara por completo.
El teléfono volvió a sonar de nuevo y Salvatore lo sacó de su bolsillo para mirar la pantalla que titilaba, él no deseaba responder pero se dijo que era momento de enfrentarlo, no quería seguir del mismo modo, amargándose por lo que Lucio o los demás le dijeran pues sabía bien lo que deseaba hacer con su vida y no aceptaría que continuaran menospreciando su pasión, por lo que el defensor deslizó su dedo sobre la pantalla para finalmente responder.
- ¿Qué sucede, Lucio?.- comentó Salvatore, una vez que respondió.
- ¿Y bien?.- preguntó Lucio, a su vez-. ¿Ya terminaste de perder el tiempo por allá?
- Sí, Lucio, ya lo hice.- respondió Gentile, con sarcasmo y suspirando para contenerse.- Tomaremos el vuelo de regreso a Italia mañana temprano.- agregó, tranquilamente.
- ¿Y ya has pensado que es lo que harás?.- preguntó su hermano.
- No hay nada que pensar, Lucio.- respondió tajante el líbero-. Volveré a la Juventus en cuanto mi lesión sane, ganaré la Serie A y en cuanto pueda volveré a jugar con la selección.
Detrás de la línea se escuchó que Lucio bufó de frustración para luego hacer una pausa silenciosa antes de continuar.
- Salvatore….- comenzó a decir después de la pausa.
- ¡No, Lucio!.- interrumpió Salvatore, a quien le había molestado mucho la actitud de su hermano-. Creo que es hora de que tú me escuches a mí.- comentó con seriedad-. Lucio, eres mi hermano y te quiero, pero ya es hora de que te diga las cosas de frente, no porque yo sea el hijo o hermano menor les da a ustedes el estúpido derecho de minimizar o ridiculizar lo que siento y quiero, el fútbol soccer es mi verdadera vocación y no pienso dejarlo jamás, por más que a ustedes les enfurezca.- agregó aumentando el tono de voz-. Por muy mal que nos vaya en los campeonatos, como fue en este caso, no me pienso rendir, siempre que pase algo similar como lo sucedido esta vez, me esforzaré para que sea yo quien gane para la próxima ocasión.- continuó diciendo, bastante efusivo-. Y si tú, mamá, papá, Massimo o Viviana quieren apoyarme, estaré más que feliz de que vengan a verme jugar, pero si no piensan hacerlo de una buena vez les digo que dejen de joderme la existencia, no voy a hacer lo que a ustedes se les antoje o quieran sólo porque a ustedes no les gusta lo que yo amo, es hora de que me respeten y entiendan, estoy cansado de que siempre me critiquen por todo y que jamás escuchen lo que tengo que decir al respecto.- finalizó, realmente exaltado.
- ¡Wow!.- respondió Lucio, en cuanto tuvo oportunidad de hablar-. Jamás creí que pensaras eso de nosotros.- comentó, con falsa ofensa en su voz.
- ¡Y cómo no hacerlo!.- respondió Salvatore, aun exaltado-. Si siempre es lo mismo con todos ustedes, sobre todo contigo, no me vengas a decir que no pensabas darme otro discurso tuyo de que debo madurar y buscarme otra profesión, y por favor no comiences a hacerte la víctima.- rezongó Salvatore.
- No lo estoy haciendo.- respondió Lucio, viéndose descubierto-. Pero, ¡vamos, es sólo una broma, hermanito! No aguantas nada.
- Ésa es otra cosa que me molesta y mucho.- gruñó el defensor-. Ustedes siempre salen con esa estúpida frase como si fuera de lo más natural que puedan ofender a los demás y hacer comentarios hirientes siendo que uno no se puede sentir mal al respecto porque siempre salen con lo mismo de que uno no aguanta nada, ¿qué te parecería que fuera al revés y fuera yo quien te dijera eso?.- agregó.
- No creí que te hiciera sentir tan mal.- comentó el abogado, nuevamente haciéndose el ofendido.
- Pues lo haces y ya deja de hacerte la víctima.- respondió Salvatore, tajante y muy molesto-. Como te dije, si quieres apoyarme yo estaré feliz de que lo hagas, pero debes intentar escucharme y poner atención a mis problemas también, la vida no sólo gira en torno a ti, ¿lo sabías?
- Lo entiendo.- respondió Lucio, después de un suspiró de resignación-. Intentaré ser un mejor hermano para ti.
- Gracias, es todo lo que pido.- respondió el líbero.
Salvatore estaba seguro de que la situación con su familia no cambiaría de la noche a la mañana y que una simple llamada no haría ninguna diferencia pues sus problemas eran algo que no se podían solucionar tan fácilmente, él sabía bien que el mundo no era un cuento de hadas o una historia rosa en donde todos vivirían felices para siempre, pero se dijo que quizás a partir de ahora las cosas podrían mejorar aunque sólo fuera un poco; por lo menos, él deseaba que así fuera.
En ese instante varios de los jugadores italianos hicieron acto de presencia, acercándose al sitio en donde el defensor esperaba, siendo recibidos por éste de buena manera. Una vez que todos estuvieron reunidos, Salvatore finalmente se puso de pie.
- Bueno, creo que es hora de irnos.- comentó el líbero-. Ya estamos todos.
- Aún no.- respondió Marco-. Gino todavía no llega.
- Es mejor no esperarlo.- respondió Salvatore-. Así que vámonos de una buena vez o se nos hará tarde.
- ¿Y por qué no vamos a esperar a Gino?.- preguntó Alonzo, a su vez.
- Porque él seguramente en este momento se encuentra demasiado ocupado por lo que es mejor dejarlo en paz.- comentó, con una sonrisa maliciosa.
- Salvatore, ¿qué es lo que tú sabes?.- cuestionó Valentino.
- Algo que yo no les pienso contar, ya mañana interrogarán a su capitán durante todo el viaje de regreso a Italia a ver si él sí se los cuenta.- comentó el defensor, bastante divertido y saliendo del hotel con el grupo tras de él.
"Eso de tener amigos no es tan malo después de todo", pensó Gentile.
Karl Heinz Schneider se encontraba de regreso en la ciudad de Tokio a la espera de que la siguiente fase del torneo diera inicio en un par de días, por lo que, aprovechando el descanso, había accedido a salir a cenar a lado de Elieth y de Lily, quien a su vez había convencido a Genzo Wakabayashi de que los acompañara en la velada. Así pues, los cuatro jóvenes se encontraban sentados en una de las mesas de un prestigioso restaurante en el distrito de Shinjuku.
- ¿Se puede saber qué estamos esperando?.- comentó Genzo, al ver que Elieth miraba insistentemente hacia la puerta principal del recinto.
- Invité a Erika y a Gino a cenar con nosotros.- respondió Elieth-. Espero que no tarden mucho en llegar.
- Yo también lo espero, muero de hambre.- comentó Wakabayashi, al tiempo en que su estómago rugía confirmando lo dicho, lo que ocasionó que los otros tres rieron de buena gana.
- Será mejor que vayamos ordenando en lo que llegan.- comentó a su vez Karl, cuando pudo dejar de reírse.
Los otros jóvenes estuvieron de acuerdo y se dispusieron a verificar el menú para ordenar sus platillos; no mucho tiempo después aparecieron Gino y Erika, quienes saludaron efusivamente a los otros.
- Lamento mucho lo de tus lesiones.- comentó Karl con sinceridad, en cuanto los recién llegados tomaron asiento en la mesa.
- Gracias, supongo que fue una mala racha.- respondió Gino, encogiéndose de hombros.
- ¿Y cómo estás?.- le preguntó Elieth al italiano.
- Pues tendré que estar fuera de la cancha por un tiempo.- respondió Gino, suspirando con pesar-. Todavía no sé bien cuanto tiempo será, pero apenas me restablezca volveré con todo.- sonrió más animado.
- Y ahí estaremos apoyándote.- agregó Erika, con una gran sonrisa, que no pasó desapercibida para las chicas.
- Por cierto, felicidades a ambos por pasar a la siguiente ronda.- comentó Gino-. Wakabayashi, tu equipo jugó muy bien, merecían la victoria sin lugar a dudas.
- Gracias, aunque no es precisamente de este modo como quiero ganar.- respondió el japonés haciendo alusión a que se había mantenido en la banca-. Muero de ganas de entrar al campo de juego.
- Te entiendo perfectamente bien.- comentó Gino, divertido, pues él conocía de sobra ese sentimiento.
- Sí, y por eso terminas así.- agregó Erika, frunciendo el ceño, a lo que los otros rieron.
- Genzo es igual de testarudo.- gruñó a su vez Lily-. Sino preguntémosle como le fue en las eliminatorias asiáticas.
Wakabayashi por respuesta sólo se encogió de hombros pues no supo qué decir, sabía de antemano que cualquier cosa que dijera sería usada en su contra por lo que mejor optó por el silencio para luego abrazar a Lily, rodeándola con su brazo y dándole un beso en la mejilla.
- Sabes que tengo razón, ¿verdad?.- comentó Lily, dejándose querer.
- Creo que al final de cuentas, todos aquí somos testarudos.- respondió Genzo, a lo que todos volvieron a reír.
- Supe que perdieron su último partido.- continuó diciendo Gino, esta vez a Karl-. Esa sí que fue una verdadera sorpresa.
- Ésa es una humillación que te aseguro no quedará en el olvido.- comentó Karl, algo molesto-. Me vengaré de Suecia y de Stefan Levin, ya lo verás.
- Suecia es nuestro siguiente contrincante.- comentó Genzo-. Por lo que quizás no tengas la oportunidad de vengarte, Schneider; ellos serán eliminados por Japón y quien obtendrá su venganza seré yo.- comentó con voz desafiante.
- En este mundo nos enfrentaremos más de una vez entre nosotros.- comentó Schneider-. Así que, si no es en este torneo, ya habrá otro en el que pueda darle su merecido.- agregó, con seguridad.
- Siempre y cuando Japón lo permita y no quiera ser el centro de atención, como suele pasar en cada torneo.- comentó Elieth con sorna; divertidos por el comentario, los demás asintieron.
Los tres chicos se enfrascaron entonces en conversaciones futbolísticas y sobre los acontecimientos de los partidos que hasta el momento se había jugado, situación que aprovecharon las chicas para encarar a la mayor de las Shanks.
- ¿En algún momento nos piensas contar qué fue lo que sucedió?.- preguntó Elieth, directa.
- ¿A qué te refieres?.- preguntó Erika, sin comprender.
- ¡No te hagas! Que traes una cara de felicidad que no puedes con ella.- terció a su vez Lily, burlona.
- Y Gino trae otra igual.- completó Elieth, con la misma expresión de burla.
Ante esos comentarios, Erika se sonrojó mucho y miró a sus amigas con cierta vergüenza.
- Digamos que ya volvimos.- respondió finalmente Erika, con una gran sonrisa de felicidad.
- ¡Vaya, ya era hora!.- comentó Elieth, efusiva, siendo secundada por Lily.
Mucho rato después, los seis jóvenes ya habían terminado de cenar y charlaban amistosamente en la sobremesa, decidiendo pedir algunas bebidas alcohólicas para celebrar.
- ¿No piensas beber, Hernández?.- le preguntó Genzo, al ver que no había tomado nada de su copa.
- No.- respondió el aludido-. El doctor me recetó medicamentos fuertes por mis brazos, por lo que no debo hacerlo.- respondió tranquilamente, para luego intercambiar una mirada de complicidad con Erika y sonreír.
Ambos sabían que después de lo sucedido el otro día en el bar de Shinjuku, lo mejor sería que el joven no se arriesgara a repetir de nuevo su estupidez.
- Deberías aprender, Wakabayashi.- dijo Lily-. Tú también estás lesionado.
- Sí, pero yo soy japonés, ya estoy acostumbrado a los licores fuertes de mi país.- comentó tranquilamente.
- ¡Eso no tiene nada que ver!.- refutaron Lily y Erika al mismo tiempo, muy molestas.
- Yo que tú, mejor les haría caso.- comentó Hernández, divertido, ante la mirada confundida del japonés.
- Así es, Genzo, mejor hazle caso a tu doctora.- comentó Elieth-. Aprende a Gino que él si le hace caso a la suya.- se burló, ocasionando las risas de las otras dos jóvenes.
- Sé que esto sonará extraño y quizás no tenga mucho sentido para ustedes.- comentó de pronto Gino, mirando tanto a Wakabayashi como a Schneider -. Wakabayashi, aún cuando eres japonés, tu estilo de juego es más europeo que asiático por lo que, por favor, pon en alto el nombre de los porteros de Europa.
- ¡Por supuesto que lo haré!.- sonrió Genzo, con su característica media sonrisa.
- Y quedará pendiente nuestro enfrentamiento.- agregó Gino-. Por lo menos hasta que ambos estemos reestablecidos de nuestras lesiones.
- Por supuesto.- respondió Wakabayashi, con una expresión desafiante-. Será cuando estemos al cien para que no haya excusas cuando te gane.
- Eso ya lo veremos.- respondió Gino, riendo ante el comentario-. Creo que será todo lo contrario y tú serás quien pierda. En cuanto a ti Schneider, eres el máximo goleador no sólo de Europa sino quizás de todo el mundo.- continuó diciendo Hernández-. No por nada te consideran entre los favoritos a ganar el campeonato, Joven Emperador de Alemania.- él dijo su apodo con tono divertido-. Así que, por favor, demuestra lo que es el verdadero fútbol europeo.
- Ten por seguro que lo haré.- respondió Karl, con seguridad.
- Y nosotras estaremos aquí apoyándolos hasta que el torneo termine.- agregó Elieth a lo que Lily asintió.
- Sé que ambos son estupendos jugadores y que cualquiera de los dos puede ganar el campeonato.- continuó Gino-. Por lo que espero que gane el mejor de ustedes y, por favor, quien quiera que lo haga, hágalo también por nosotros, por Italia.- sonrió.
Ambos jugadores le miraron y sonrieron, asintiendo con la cabeza.
- Lo que has dicho no es para nada extraño por lo menos para mí.- comentó Karl-. Entiendo perfectamente bien lo que quieres decir y por supuesto que ganaré el World Youth también por ustedes.- comentó, muy seguro de sí mismo.
- Sueñas, Schneider.- respondió Genzo, con petulancia-. Los que ganaremos la copa seremos nosotros, estamos en casa y se lo debemos a nuestra gente, les agradeceremos a nuestro país con la victoria.
- Y ya van a comenzar de nuevo.- comentó Elieth, mientras miraba a los otros dos que se desafiaban con la mirada, a lo que los otros rieron.
- Mejor celebremos a la salud de los que pasaron a la siguiente ronda.- comentó Gino, levantando su vaso de soda hacia Genzo y Karl-. Mucha suerte en sus partidos.
- ¡Gracias!.- respondieron los dos, con sinceridad.
Fue entonces cuando Gino pensó que quizás para la mayoría de los jugadores el camino hacia la gloria estaría plagado de buenos y de malos momentos, pero lo importante era aprender de ellos y siempre continuar con la cabeza en alto y se dijo que había que admitir una cosa muy importante: el World Youth le había dado algo mucho más importante que una medalla o un trofeo, le había devuelto el amor y eso para él valía mucho más que la copa misma. En ese momento tomó a Erika con su brazo izquierdo para acercarla a él, a lo que ella le respondió abrazándolo por la cintura y se recargó sobre su hombro.
"Sí, ya habrá otras oportunidades de triunfar y, como solía decir papá, lo importante es no olvidar los errores y aprender de cada una de las experiencias que la vida te da", pensó Gino.
El torneo en Japón le había enseñado una vez más que hasta de la caída más fuerte se puede aprender algo nuevo.
