Capitulo 45: Diana – Invitación.
Estaba acostumbrada a cenas incomodas, o cenas con desconocidos, así había sido toda su niñez mientras estuvo bajo la tutela de su tía Daryl.
No es que en ese momento se sintiese incomoda, en lo absoluto. Las dos personas con las que estaba cenando eran agradables y honestas, mucho más cálidas que cualquier otra persona con la que hubiese tenido la oportunidad de convivir, exceptuando su propia hija, la cual tenía las mejores cualidades de ambos padres.
Ellos la hacían sentir bienvenida, y agradecía aquello.
Solo podía recordar las palabras de Akko, cuando le dijo que sus padres y ella estarían felices de ser su nueva familia.
No tenía del todo claro si es que los padres de Akko eran conscientes de su situación, no dudaba en que reconocían su apellido, porque los hospitales son bastante reconocidos, pero ¿Sabían sobre su situación familiar? La castaña era de esas personas que se emocionaban o se preocupaban y escupían todo lo que pasaba por su cabeza. Quizás sabían que no tenía padres, y tal vez por eso eran tan cálidos y preocupados con ella, sin embargo, dudaba si estos sabían por el hecho de no mostrar lastima alguna.
No, conociendo a su hija, dudaba que fueran esa clase de personas que hacían las cosas por lastima.
"Estoy teniendo un poco de envidia de mi pequeña."
Escuchó a Akko soltar un resoplido ante las palabras de su madre. No podía evitar reír al ver como los padres se encargaban de hacer que la castaña se avergonzara.
"No es mi culpa que mi padre no te saque de la ciudad."
El padre levantó el rostro, bañado en sorpresa ante la acusación de su hija. Lo vio mirar a su esposa, dándole una mirada arrepentida mientras le sonreía con claro nerviosismo.
"Lo siento, cariño, he tenido mucho trabajo, pero te prometo que iremos a visitar muchos lugares bonitos."
La mujer le dio una mirada desconfiada y luego le sonrió, disfrutando el sufrimiento de su marido.
Era realmente extraño el estar observando una escena como aquella.
¿Habría más momentos así si seguía con Akko?
Esperaba que sí.
Miró su reloj. Pronto iba a ser media noche. Vio de reojo las dos maletas que estaban cerca de la puerta, y no pudo evitar sentirse ansiosa de hacer aquel viaje.
Viajarían de noche, el chofer de Elsa las pasaría a recoger, y así llegarían a su destino en la madrugada del sábado, para poder disfrutar todo el día, así como parte del domingo. Llegarían a uno de los mejores hoteles de la ciudad vecina, y lo hizo solamente para sorprender a la castaña, así que no podía evitar sentirse emocionada de ver como resultaba todo.
Un fin de semana completo para ellas solas.
Cuando le dijo la idea a Akko, esta se vio realmente emocionada. El padre realmente trabajaba mucho, así que no habían podido visitar apenas la ciudad misma donde vivían, así que era de esperarse que la chica aceptara sin dudarlo.
Como era una mujer tradicional, al momento donde Akko aceptó, fue a preguntarle a los padres si le daban permiso a la chica para asistir en aquel viaje.
Se sintió un poco torpe, y no porque su actitud fuese torpe, sino porque fue extraño el hablarles a ellos de una manera tan formal, debido a que ellos eran en realidad muy informales con ella. Los nervios le jugaron en contra cuando todo eso parecía una pedida de mano, y esperaba que los padres no lo asociaran de esa forma o moriría de vergüenza.
Por suerte los padres aceptaron.
El padre se vio un poco preocupado, pero su mujer no dudó en mencionar la falta de 'vacaciones' que habían tenido como familia, y que al menos alguien debía disfrutar de ese nuevo país de la manera que corresponde. Él solo pudo resoplar con resignación.
Les dejó claro que no dejaría que nada malo ocurriese, que estaría al tanto de la castaña en todo momento, y que si algo ocurría les iba a avisar de inmediato e iba a tomar la responsabilidad en su totalidad.
Se sintió nerviosa con la mirada que Akko le daba.
La tensión sexual que tenían no lo hacía más fácil, y en ese momento solo quería que la chica dejase de mirarla así.
El día llegó y recibió la invitación a cenar de los padres, para que no se fuesen con el estómago vacío a su viaje. No dudó en tomar su maleta e ir a la casa de la castaña, siendo recibida con diferentes platillos originarios de Japón. Tuvo mucho cuidado con que comía, no quería que algo le hiciera mal y afectara su viaje. Akko fue una buena guia culinaria, así que le hizo caso, y disfrutó bastante todo lo que comió. La madre tenía buena mano, y no sabía si Akko tenía aquello por herencia, ya que solo había probado de ella una preparación de una clase de té, y en realidad le quedó delicioso.
Aunque escuchó que una vez hizo un pescado que era más sal que carne, pero quería mantenerse positiva acerca de sus habilidades.
Escuchó el sonido del claxon.
No tuvo duda alguna, ese era su vehículo.
Vio como Akko se lanzó a los brazos de sus padres.
"¡Nos vemos! Les mandaré fotos."
Se estremeció cuando sintió los brazos de la madre rodeando sus hombros, jalándola dentro del abrazo masivo. Akko no dudó ni un segundo en tomarla de la cintura y apegarla más al abrazo. Sintió que su rostro ardía. Apenas se acostumbraba a los abrazos de Akko y a los abrazos de su grupo de amigas, pero un abrazo con los suegros era demasiado confuso y vergonzoso.
Tenía que decirles en algún momento.
"¡Tenga un buen viaje!"
La mujer les gritó cuando ya estaban saliendo por la puerta, en su idioma natal, pero podía reconocer un par de frases, así como aquella. Les dio una leve reverencia mientras Akko caminaba con la mitad de su cuerpo hacía el frente y la otra mirando hacia atrás. Estuvo atenta si es que chocaba o algo al estar tan distraída.
Le sorprendió ver el auto frente a ella. No era un auto, era casi una limosina. A pesar de ser una Cavendish, no le gustaba hacer gastos innecesarios.
La mandíbula de Akko casi cae al suelo.
El chofer fue a abrirles uno de los cuatro pares de puertas. No dudó en agradecerle y meterse adentro. Era espacioso, y los asientos eran cómodos. Incluso el suelo parecía aterciopelado. Era fácil de notar que aquel vehículo no tenía mucho uso, ya que la misma Elsa mencionaba que no le gustaba ir de pasajera, mucho menos llamar la atención de esa forma, ya que era de esperarse que las personas voltearan a mirar aquel auto lujoso.
Akko sacó la mano por la ventana, despidiéndose de sus padres.
Dieron un salto al escuchar un pitido y luego la voz del chofer por un aparato, al parecer un intercomunicador. Estaban en la parte trasera del vehículo, así que era imposible ver al conductor, o escuchar su voz. Era un sector totalmente privado. Incluso había un pequeño refrigerador.
Realmente no acostumbraba a esos lujos, aunque tuviese el dinero suficiente para dárselos. Su madre la crio como una persona humilde y bondadosa. Si bien apreciaba algunas cosas materiales, prefería que fuesen útiles, y un vehículo así de ostentoso solo para ella, era un real desperdicio. Mejor ocupar esa inversión en algo diferente.
"Señorita Cavendish, llegaremos a destino en unas cinco horas si es que todo sale bien, pero si necesitan hacer una parada me avisa por este medio para buscar un lugar de descanso."
Vio de reojo como Akko miraba con asombro el aparato y todo su alrededor, y no pudo evitar soltar una risa ante su actitud. Apretó el botón que ahí estaba, y se acercó un poco.
"Le avisaré de cualquier situación."
"Descansen."
El hombre dijo en un tono suave y el aparato se silenció.
Miró a la chica, la cual se tiró hacía atrás en los asientos, acomodando su cuerpo de forma exagerada.
"Hubiese tenido el mejor viaje de mi vida si los asientos del avión hubiesen sido así de cómodos."
Imitó a la chica, acomodándose también. En realidad, estaban a un nivel diferente de cualquier otro vehículo en el que hubiese estado. No era buena para dormir en viajes así, pero no creía que tuviese mucho problema en descansar. Era sin duda mucho mejor que tomar un avión o un autobús.
"¿En serio está bien que gastes tanto dinero por mí?"
Se giró para ver el rostro de la castaña, el cual mostraba preocupación e incertidumbre. Le sonrió, tomando su mano.
"Soy una Cavendish, el dinero no es un problema para mí, y considerando todo el dinero que mi tía se gasta en estupideces, estoy segura de que gastarlo en ti es una mejor inversión."
Akko soltó una risa, rascándose la nuca.
"Oh, vamos. Tomaré un trabajo a medio tiempo para agradecerte."
Negó con el rostro.
"Si no tienes permiso de tus padres podrían llevarte presa."
Akko dio un salto, horrorizándose.
"De acuerdo, tal vez te pague con besos y abrazos."
Y sin dudarlo ni un momento la chica se le abalanzó encima. Soltó un chillido de asombro mientras la chica reía divertida, con sus brazos rodeando su cuerpo. Su risa fue contagiosa, así que terminó riendo junto a ella, rodeándola de igual forma. Se vio apoyando su mentón en el hombro de la chica, y respiró profundamente, sintiendo su aroma dulce.
Se quedaron unos segundos así, y en realidad sentía que podía estar horas en esa posición. Si bien a veces esas actitudes tan amorosas la sacaban de plano, avergonzándola y poniéndola a la defensiva, debía admitir que le encantaba cuando estaban a solas y podía devolver el gesto de manera natural.
Un ruido las sacó de su posición perfecta.
Era el celular de Akko.
Esta se removió, buscándolo entre sus ropas, y cuando lo encontró se quedó viendo la pantalla, con confusión en sus facciones. Se acercó, para verificar quien la llamaba. Era un número desconocido. Frunció el ceño al fijarse bien en los dígitos, y al notar que evidentemente conocía a la persona dueña de ese número de teléfono.
"Es Weiss."
Akko tragó pesado, con sorpresa en cada célula de su cuerpo, la declaración la puso mucho más nerviosa. ¿Por qué Weiss llamaba a Akko? Eso si era extraño. Le asintió a la castaña, animándola a contestar, y esta solo hizo una mueca incomoda, completamente insegura si contestar era una buena opción. Había admitido que Weiss la intimidaba un poco, así que entendía su actitud.
"¿H-hola?"
"Hay unas espadas de madera que se usan para unos deportes japoneses, ¿Cuáles son sus nombres?"
No sabía si Akko tenía puesto el altavoz o la voz de Weiss era muy fuerte.
La castaña se quedó en blanco, confundida con la extraña pregunta tan de la nada.
"¿Qué?"
Akko dijo de forma automática, y pudo escuchar un sonido molesto desde el otro lado de la línea.
"Si sabes la respuesta dímela ahora."
La cara de pánico de Akko era realmente graciosa, aunque seguía tan confundida como la misma al notar la severidad en la voz de la mayor, y la clara urgencia de sus palabras.
"Eh, pues, en el Kendo hay dos, una de bambú llamada Shinai, que es flexible y segura al momento de pelear y la otra es una de madera llamada Bokken, más pesada y letal si no se tiene cuidado."
Akko prácticamente escupió las palabras, pero su respuesta parecía ser realmente de ayuda, o eso imaginaba ya que la voz de la mayor no se escuchó por algunos momentos, tal vez anotó los nombres o algo así. Ambas se quedaron mirando el teléfono, con confusión y expectación.
"Compraré algunas de inmediato. Tengan una buena cita. Adiós."
Y luego la llamada se cortó.
Se voltearon para mirarse la una a la otra, sus miradas confusas como un espejo. Akko tragó pesado.
"No quiero saber para qué necesita una espada, ni mucho menos quiero saber si comprará la peligrosa."
Eso era un misterio que solo podría resolverse cuando volviesen.
Historia para otro momento.
¡Hola! ¿Como están? Espero que las cosas vayan mejorando, aquí en mi país tomaron acciones que nadie hizo caso y ahora vamos de mal en peor, así que bueno. Tengo un viaje a fin de año, asi que espero que todo se vaya arreglando.
Espero que esta historia se termine para esa época, pero como van las cosas lo dudo.
Como sea, cuéntenme un poco de ustedes para saber de la vida.
Siguiente capitulo: Elsa – Desafío peligroso.
Nos leemos pronto.
