Capítulo 24

— Edward… ¿puedes tranquilizarte? —le pregunté en un susurro.

— Estoy tranquilo —dijo despeinándose una vez más.

— Sí… mucho —rodé los ojos—, deja de tocarte el pelo entonces.

— Yo no me toco el pelo —volvió a despeinarse y yo enarqué una ceja—. Ok, ya lo dejo —reconoció bajando la mirada.

— El doctor Cullen los espera —nos interrumpió la enfermera.

— Por fin…. —oí que murmuraba Edward.

Entramos en el despacho de Carlisle donde él ya nos esperaba con una sonrisa, sentado en una silla tras su mesa.

— Siento el retraso… una emergencia —se disculpó.

Después de revisar mis exámenes levantó la mirada hacia mí y sonrió.

— ¿Probamos si hay suerte esta vez? —preguntó divertido y con ojos brillantes.

Yo suspiré y rodé los ojos.

— ¿Cuántas ecografías me habéis hecho este mes? ¿Cuatro? —pregunté.

— Una más no hará daño —susurró Edward poniendo cara de niño bueno.

— Nunca se deja ver… no sé porque lo hará esta vez —murmuré para mí misma.

— Quizás porque esta vez será diferente… —dijo Carlisle, Edward y yo lo miramos interrogantes y él se encogió de hombros— ayer ha llegado un aparato en 4D, serás la primera en utilizarlo —me miró sonriendo.

Edward abrió la boca para hablar pero se quedó mudo de repente. Yo lo miré no entendiendo lo que pasaba.

— ¿Veremos su cara? —preguntó esperanzado.

— Algo así —contestó Carlisle—. No será una imagen perfecta como una fotografía, pero sí más explícita que un simple ultrasonido.

La sonrisa que iluminó el rostro de Edward era una de esas que desearías poder inmortalizar para la posteridad. Me tumbé en la camilla y Edward me ayudo a subirme la blusa que tapaba mi enorme vientre de ya siete meses. En cuando me tumbé, nuestro bebé pareció no estar de acuerdo con esa nueva postura porque comenzó a moverse y a patear, Edward sonrió al ver como mi tripa se movía ella sola y yo rodé los ojos.

Todavía recordaba la ocasión en la que Emmett me abrazó y después se puso a hablar con el bebé, tenía las manos extendidas en mi vientre y le hablaba a mi ombligo, podría ser una imagen muy tierna, pero era Emmett de quien estábamos hablando, así que era más graciosa que tierna. Le estaba contando la última película de dibujos que había visto en la televisión por cable, que resultó ser "Hermano oso" y él le estaba prometiendo a mi bebé que él mismo, su tío Emmett, sería su hermano oso cuando decidiese salir del balón en el que estaba metido.

De repente mi bebé comenzó a moverse y dar unas cuantas pataditas, algo normal, yo después de la primera vez ya no me sorprendía, aunque adoraba sentirlo, pero Emmett se alejó de un salto y me miró con los ojos extremadamente abiertos.

"Tienes un alien ahí dentro —susurró con una nota de pánico en su voz,"

Después de las carcajadas de toda la familia y un capón de su mujer, Carlisle le explicó el motivo por el que mi "alien" se movía de ese modo.

— ¿Ya habéis pensado nombres? —preguntó Carlisle sacándome de mis recuerdos.

— Yo sí... tenemos hecho un pacto —dijo Edward sonriendo.

— ¿Qué tipo de pacto? —preguntó Carlisle extendiendo el gel frío en mi abdomen.

— Yo elegiré el nombre si es niña, y Bella si es niño —contestó Edward orgulloso.

— ¿Tú ya lo tienes Bella? —me preguntó otra vez Carlisle.

— Sí… —susurré— si es niño se llamará Jacob.

Edward me miró con los ojos entrecerrados y Carlisle ahogó una carcajada.

— Sí he pensado algunos… —dije ya dejando de bromear— estoy dudando entre Alexander o Jeremy.

— ¿Jeremy? —preguntó Edward enarcando una ceja.

— Yo no cuestionaré tus nombres, así que tú no cuestiones los míos —protesté enfurruñada.

— Quiero derecho a veto… no puedes llamarle Jeremy a nuestro hijo —también se enfurruñó.

— ¿No que será niña? ¿De qué te preocupas? —pregunté.

Cuando Edward iba a contestar Carlisle nos interrumpió.

— No por nada… pero vuestro hijo se está riendo de vosotros —dijo entre risas.

Mi cabeza y la de Edward se movieron en sincronía hacia el monitor y pudimos ver una carita redonda y regordeta con una leve sonrisita en los labios. No pude evitar que las lágrimas acudiesen a mis ojos una vez más, y Edward le dio un apretón a mi mano mientras lo oía suspirar embelesado. Era nuestro bebé… lo estábamos viendo por primera vez… y era lo más bonito que había visto en mi vida. Sentí como mi corazón daba un brinco y comenzada a latir a la velocidad de la luz… nuestro bebé.

Habían pasado ya tres semanas desde que nos habíamos hecho el ultrasonido en 4D, en el que por cierto, tampoco pudimos esclarecer las dudas sobre su sexo. Carlisle nos regaló un Dvd donde podía verse toda la grabación, y Edward no dejaba de ponerlo y se quedaba mirando embobado hacia la televisión.

Al fin de cuentas me planté y les dije que no quería hacer más ecografías, que si no se había dejado ver hasta ese momento, sería que no quería que lo viésemos… sería una sorpresa para todos.

Estaba haciendo una maleta con ropa, ya que por órdenes de mi médico y de mi marido en dos días nos íbamos a Forks para estar más cerca del hospital cuando llegase el momento del parto. Yo no me quejaba, allí podría estar tranquila de que no estaría sola cuando comenzase todo, lo que me tenía muy asustada. Mi miedo al parto era más que evidente, aunque creo que todas las madres primerizas teníamos esa inquietud.

Estaba intentando cerrar una maleta con cosas que si no llevaba Alice se encargaría de comprarme, cuando la puerta de la habitación se abrió dejándome ver a un sonriente Edward. Se puso a mi espalda, y después de ayudarme a cerrar la maleta me abrazó colocando una mano en mi vientre.

— Hola amor —susurró contra mi cuello haciéndome cosquillas con su aliento—, ¿se ha puesto pesada mi princesita? —preguntó acariciando mi pelotita, que ahora ya parecía más un balón de playa.

— Un poco… apenas he podido dormir la siesta —susurré recargando mi espalda en su pecho.

— ¿Cansada? —preguntó, yo negué con la cabeza— Prefecto —susurró.

— ¿Qué pasa? —pregunté girándome un poco para ver su cara.

— Un regalo para mamá —dijo extendiendo una rosa frente a mí, le sonreí y lo bese en los labios— y otro para mi princesita.

Me extendió una bolsa de una boutique de bebés y yo ya imaginaba lo que tendría dentro. Al ver su contenido no me equivoqué, era un vestidito verde con un par de florecitas blancas en la cintura.

— Edward… —protesté—¿Qué haremos con toda esta ropa si es niño?

— La donaremos… pero déjame soñar por ahora… ¿sí? —dijo haciendo un puchero adorable.

No pude negarme, así que sonreí y volví a besarlo.

— ¿Qué hay en esa otra bolsa? —pregunté con curiosidad al ver otra bolsa en su mano.

Me miró con picardía y esa sonrisa que sabía que me hacía palpitar a un ritmo desenfrenado.

— ¿Has cenado? —preguntó, yo afirmé con la cabeza— Genial —sonrió.

Se volvió a colocar detrás de mí y me quitó el vestidito de las manos. Cuando quise darme cuenta me estaba colocando una venda en los ojos.

— Edward… ¿qué haces? —pregunté comenzando a ponerme nerviosa.

— Confía en mí —susurró en mi oído— Ahora quédate quieta aquí, no quiero que te caigas.

— ¿Edward? —lo llamé con una nota de histeria.

— Bella tranquila… confía en mí, por favor —me pidió desde el otro lado de la habitación.

Lo oí mover algo, después el sonido de la bolsa de papel mientras sacaba lo que sea que tenía en su interior, poco después una suave música de piano inundó la habitación y él se volvió a colocar a mi espalda.

— Te amo Bella —susurró en mi oído.

— Yo también te amo… —contesté— pero te amaría más si me quitases esto de los ojos.

— ¿No quieres ayudarme a cumplir una de mis fantasías? —preguntó poniendo tono meloso.

— ¿Fantasía? —pregunté en un susurro— ¿Qué tipo de fantasía?

— Ahora lo verás —susurró—, bueno… lo sentirás.

Sus manos fueron de mi vientre a mis hombros, y después bajaron por mis brazos, lo sentía moverse lentamente, después agarró el dobladillo de la camiseta que me cubría y tiró de ella hacia arriba, intuyendo lo que quería, alcé los brazos para ayudarle a que me la quitase, y poco después le siguió mi sostén. Bajó sus manos por mis costados acariciándome con la yema de los dedos poniendo mi piel de gallina, y al llegar a la cintura, agarró el elástico de mis pantalones y de mi ropa interior y los bajó los dos a la vez.

Allí me quedé, con los ojos tapados y completamente desnuda ante él, podría ser algo muy erótico, pero con ese balón hinchable que tenía adosado a mi cuerpo yo no me veía para nada sexy, aunque Edward no dejaba de repetírmelo.

Poniendo las manos en mi cintura de nuevo me empujó para que empezase a caminar, lo hice con cuidado, tanteando con el pie en el suelo frente a mí antes de avanzar un paso para evitar caerme. Cuando di unos pasos me indicó que me sentase, y al hacerlo noté que estaba en la cama, pero lo que había bajo mi cuerpo no era el edredón que había un momento antes sobre esta.

— Túmbate boca arriba —susurró.

Lo obedecí sin preguntar, aunque cada vez estaba más nerviosa porque no sabía lo que quería hacer Edward realmente. No tardé en sentir su peso en el colchón al otro lado de la cama, sus manos acariciaron suavemente mi vientre, y sus labios depositaron suaves besos. No entendía el punto de su fantasía, pero me estaba gustando esto, sus besos, sus caricias lentas y desesperantes, la suave música… todo estaba creando un ambiente muy íntimo, y estar completamente desnuda ante él propiciaba que me sintiese cada vez más excitada.

— Esto estará un poco frío —lo oí susurrar.

Y sin más algo frío y húmedo toco mi vientre. Me sobresalté un poco, pero la voz de Edward en mi oído susurrando cuanto me amaba me tranquilizó un poco. Ese algo frío comenzó a deslizarse por mi abultada tripa, dejando tras de sí una sensación húmeda, era como el gel que utilizaba Carlisle para hacerme los ultrasonidos.

Segundos después me di cuenta de que ese algo frío eran los dedos de Edward y estaba esparciendo algo por mi piel, me estremecí ante la imagen mental de Edward tumbado a mi lado acariciándome de ese modo, y cuando subió a mis pechos y rodeó mi pezón con uno de sus dedos no pude evitar gemir. Edward soltó una risita entre dientes y luego besó mi sien, bajando por mi mejilla hasta mis labios, donde su lengua invadió mi boca y yo la recibí más que gustosa.

Una de sus manos se enredó en mi pelo y poco después sentí como desataba la cinta que cubría mis ojos, la luz me cegó unos segundos, pero después de parpadear unas cuantas veces la imagen de Edward a mi lado me robó el aliento. En sus ojos había varios sentimientos mezclados entre sí, amor, adoración, pero sobre todo… deseo. Sus pupilas estaban dilatadas y su mejillas ligeramente enrojecidas. Su mano acarició mi mejilla dejando aquella sensación húmeda y fría también en ella, y tuve que cerrar los ojos ante las descargas eléctricas que ese simple roce dejó en mi cuerpo.

Cuando volví a abrí los ojos Edward estaba muy cerca de mí, apunto de besarme, me abalancé sobre él y lo abracé descubriendo que él también estaba desnudo. Nuestros labios se encontraron y nos fundimos en un beso apasionado.

Al separarnos bajé la mirada a mi vientre y lo vi cubierto de pintura de diferentes colores, miré a Edward enarcando una ceja y me regaló una sonrisa traviesa. No pude evitar devolvérsela. Pasé mi mano por mi tripa arrastrando un poco de pintura y luego la pasé por el pecho d Edward manchándolo a él también. Rió entre dientes y volvió a besarme, mientras nuestros cuerpos se enredaban, dentro de lo posible.

Mis manos bajaron por su cintura hasta su miembro y descubrí que estaba más que preparado, su mano limpia bajó a mi sexo y comprobó que yo también lo estaba. Colocó un cojín bajo mis caderas y él se puso de rodillas entre mis piernas, sin dejar de mirarme a los ojos me penetró lentamente, dejando que centímetro a centímetro sintiese su intrusión en mi cuerpo.

Comenzó a mecerse lentamente, sin apartar sus ojos de mí y yo me sentí como hipnotizada por su mirada, nunca había visto tanto amor y tanto deseo en sus ojos. Me sentí querida, amada, deseada… nunca habíamos hecho el amor con esa intensidad.

Me embestía suave y profundamente, salía casi por completo de mí y volvía a entrar, aferrado a mis caderas y pasando de vez en cuando una distraída mano por mi clítoris, haciéndome gritar cuando lo hacía. Después de unos minutos dejó su mano mi clítoris acariciándolo tenuemente, haciendo que el calor que comenzaba a sentir comenzase a propagarse por mi espalda. Sentí los primeros síntomas de mi orgasmo y susurré su nombre. Entendió al momento y comenzó a embestir más rápido, gimiendo en el proceso, gruñendo y susurrando también mi nombre.

Cerré los ojos y me dejé llevar, sentí con me cernía entrono a él y como el explotaba en mi interior, se dejó caer a mi lado acercando mi cuerpo al suyo. Con la respiración tan entrecortada como la mía. No pude evitar mirarlo y nuestros ojos se enlazaron, podía leer tanto en ellos… Edward era mi otra mitad… ahora me estaba llamando tonta mentalmente por tener miedo a unir mi vida a la de él, estábamos hechos el uno para el otro, las dos perfectas piezas de un puzle encajando la una en la otra, cada uno era la mitad de un todo… ese todo que formábamos solo estando juntos.

— No duermas… hay que lavarse —dijo riendo entre dientes.

Miré hacia abajo y tanto él como yo estábamos cubiertos de pintura, si todas las fantasías de Edward acababan como esa… ¡que vivan las fantasías!