Los Amamiya

Capítulo 29: La novia del príncipe.

-Buenos días…

-¡Discúlpame por favor por quedarme dormida al teléfono! Apenas a cabo de despertar.- Touya no pudo evitar sonreír de medio lado al escuchar aquella impaciente voz interrumpirle mientras contestaba el teléfono. Casi podía imaginársela toda despeinada, en pijama y con los ojos bien abiertos mientras esperaba angustiada su respuesta del otro lado de la línea. Cualquiera sería amable y le restaría importancia después de escuchar la preocupación en su voz pero para desgracia de ella, él no era cualquiera.

-¡¿Eh?! Me dejas hablando solo y luego solo te disculpas. No pensé que fuese tan grosera Señorita Daudoji.- Bufó mientras caminaba hacía el ventanal de cristal y casi se partía de la risa al escucharla comenzar a balbucear aun mas inquieta y comprobar que su intento por fastidiarla había dado resultado.

-En serio lo siento. ¡Te juro que no volverá a pasar! ¡Haré lo que desees con tal de que me perdones!

-Hey… no deberías decir esas cosas tan a la ligera. No sabes que clase de pervertido puede aprovecharse de una declaración así.- Por la manera en cómo ella contuvo la respiración al él a propósito hacer su voz mas grave para añadir fuerza a su observación, supo que un adorable sonrojo había teñido su recién levantado rostro y aunque lo estaba disfrutando como no tenía una idea, sabía que debía parar antes de que también se lo tomara en serio. - Solo bromeo contigo. No podría molestarme por que estés cansada, así que la próxima vez nos fijamos mejor en la hora y punto, pequeña.

-Hacía… hacía mucho que no me llamaba de esa manera.- La escuchó balbucear ya más tranquila y esta vez fue él quien se sintió ligeramente avergonzado. De por sí el que la noche anterior se hubiera pasado de hora hablando con ella por celular ya era demasiado comprometedor, así que en sus circunstancias llamarla por ese mote era probable que le hiciera sentir algo incómoda pues sonaba como si fueran pareja ahora, aunque la verdad es que ninguno de los dos habían hablado de ello aún.

-Lo lamento, me sale sin querer.

-No se disculpe. Me pone feliz escucharlo. Me hace sentir que somos… realmente cercanos ahora.- Su corazón comenzó a latir con fuerza casi al mismo compás que el de Tomoyo al comprender que ella se había referido a lo mismo que el estaba pensando. Casi era como si le diera permiso para tratarla como su pareja y eso a él también le llenaba de mucha felicidad. - Bueno… lo dejaré para que siga con el trabajo. Me saluda al joven Yukito.

-De acuerdo. Que tengas un buen día, pequeña.- Soltó él antes de colgar y se quedó un poco más en el auricular para escuchar la risita nerviosa que salió de los labios de ella por la emoción que le provocaba todo aquello. La verdad a él también le emocionaba mucho, casi se sentía como un adolescente que acababa de aprender lo que era estar enamorado.

-Esa es una linda manera de llamar a la señorita Tomoyo.- Touya no pudo evitar hacer malabares con el teléfono para que no cayera al suelo y se hiciera pedazos, al escuchar casi a su oído la voz de aquel cuatro ojos con sonrisa de "no mato ni una mosca" que quien sabe en que momento había ingresado a la oficina y se había mantenido cerca escuchando la llamada.

-Es de mal gusto estar husmeando las conversaciones de los demás, zopenco.- Gruñó dándole una mirada fulminante a la vez que caminaba a su escritorio y se ponía a trabajar para intentar disimular su vergüenza por haber sido descubierto siendo cariñoso mientras exhibía aquella cara de retrasado que seguramente debía tener mientras hablaba con la amatista.

-Lo lamento, es que te veías tan feliz que no pude resistirme. Que bueno que pudiste poner las cosas en orden con ella y Yoko tan pronto. Me preocupaba que se te saliera de las manos.- Había reconocido Yukito mientras caminaba a su propio escritorio y se disponía a cumplir sus funciones tal y como había hecho en los escasos dos días que llevaban trabajando en la misma oficina, y el pesado silencio que le siguió a su declaración fue casi tan incómodo como aquel nudo en el estómago que casi se había hecho parte de el cuerpo del moreno. Aun no le había dicho a Yukito acerca de su problema con Yoko y a juzgar por la felicidad en su sonrisa y la tranquilidad en su mirada la verdad dudaba mucho que lo hiciera pronto.

¿Que podía decir? De repente todo aquello que había arruinado parecía volver a la normalidad, todo estaba irrealmente bien con su padre, con Yukito, con Tomoyo, hasta en el trabajo volvía a sentirse cómodo ahora que la amatista había convencido a su abuelo de que contratara al cuatro ojos como su asistente. Era como si ella hubiera llegado para poner todo en su lugar, como si esa paz que le trasmitía a él, la irradiara a todos a su alrededor. Todo parecía ir bien, todo estaba en orden, todo estaba bien hasta que…

Llevó su mano a su bolsillo al sentir su teléfono vibrar y dejó salir un suspiro al ver el nombre en la pantalla mientras se levantaba y le decía a Yukito que iría al baño un momento.

… hasta que recordaba el lío en el que se había metido.

La verdad es que aquel mismo domingo pensaba haber decidido lo que iba a hacer luego de que Tomoyo le había obligado a ir a casa de Yukito y arreglar las cosas con él. La verdad es que todo fue algarabía al verlo llegar con ella tomándolo de la mano y casi no había tenido que decir nada, hasta Nakuru se le había colgado del cuello y le había felicitado por dejar de ser un estúpido y haber aclarado sus asuntos con ella. Ellos solitos habían asumido que ya había dejado a Yoko y la verdad por lo contenta que se veía Tomoyo pensaba que hacerlo era lo mejor que podía hacer por el bien y la felicidad de los dos, o al menos eso pensó hasta que llegó a su casa e intentó decírselo a su padre.

Al llegar a su casa lo había encontrado en el sótano revisando cosas y al ver tal desastre pues obviamente le pregunto que rayos estaba haciendo. Fue entonces cuando lo recibió su cariñosa sonrisa y una caja llena de cachivaches de quien sabe cuantos años atrás que él explicó eran las cosas que no se habían arruinado con la mudanza y que pertenecieron a él cuando era bebé.

La verdad no había nada que sirviera ya en todo aquello, pero la ilusión en la mirada de su padre al contemplar aquellos objetos llenos de recuerdos no le dejó protestar ni mucho menos interrumpir su remembranza de fechas y sucesos que obviamente no era capaz de recordar.

Todo lo que decía era realmente irrelevante a sus ojos y lo único en lo que podía pensar era en aprovechar la primera oportunidad que tuviera para explicarle que había estado haciendo toda la tarde y comenzar de una vez aquella conversación. Hasta que el había afirmado que había una historia de su nacimiento que aún no le había contado.

Según había relatado su progenitor, un par de meses después de llevarse a su madre a vivir con él, cuando habían conseguido ahorrar lo suficiente habían enviado una invitación a Masaki para la sencillísima boda que habían decidido efectuar para simbolizar su unión y para su sorpresa casi al día siguiente su bisabuelo había ido a la escuela a invitarle a almorzar con él.

Su padre había aceptado la invitación pues pensaba que Amamiya quería hacer las paces con él, pero al llegar al lugar al que lo llevó el anciano en su lujosa limosina pues su abuelo soltó la propuesta más bizarra y tentativa de la historia que alguien le hubiese hecho jamás. Le ofrecía todo el dinero que pudiese escribir en el cheque en blanco que le había puesto delante con tal de que permitiera que Nadeshiko volviera a su casa y lo dejara criar al niño como hermano de ella sin decirle nunca que él era el papá.

Su padre había relatado con una triste sonrisa que lo único que le faltó aquel día fue voltear la mesa entre aquellos millonarios que estaban almorzando en aquel lujoso y excesivamente costoso restaurante, y que antes de que los guardias lo sacaran para mantener la paz del lugar le había gritado a Masaki que si no era capaz de aceptarlo como parte de la vida de Nadeshiko pues lo mejor que podía hacer era no acercarse nunca más a su familia.

Obviamente su bisabuelo se lo había tomado muy literal y tal y como él había pedido jamás visitó, escribió o llamó a ninguno de sus hijos o esposa, hasta que un día hablaron e hicieron las paces.

Está de más decir que se quedó a cuadros incapaz de asimilar que su pacífico y prudente padre hubiera hecho tal rabieta frente a esas personas y su padre le había explicado que él no siempre fue tan paciente, que aunque en general sabía controlar sus emociones habían ocasiones en que simplemente su carácter salía a flote y le hacía perder la compostura. Obviamente le había preguntado la razón por la que nunca le había dicho aquello y su padre le había explicado que no quería que usara eso como una excusa para no relacionarse con su abuelo y que de todas formas hacia mucho habían dejado eso atrás. Pero que aquello se lo contaba en ese momento para que viera que aunque a veces fuese difícil decidir, pues en realidad hacerse cargo de un hijo era algo que nadie debía dudar jamás. "Lo único peor que un hombre que comete errores es uno que no asume las consecuencias de sus equivocaciones" había dicho su padre para rematar y como es obvio la valentía para defender su resolución a quedarse con Tomoyo y si resultaba que Yoko estaba realmente embarazada ofrecerle su apoyo mientras criaran al niño aunque vivieran separados pues se había hecho añicos. Y al final no le había dicho nada de lo ocurrido con Tomoyo.

Así que hay estaba. Incapaz de contarle aquel dilema suyo a ninguno de sus conocidos, siendo, por cobarde e irresponsable que sonara, su única esperanza que en cualquier momento Yoko le dijera que no tenía de que preocuparse, que aquello solo era una falsa alarma. Cosa que esperaba justo en ese instante al contestar aquella llamada.

-Hola ¿Cómo estás?- Murmuró al teléfono mientras se apoyaba de la pared de el área de descanso de aquel piso, junto a la cafetera y la escuchaba decirle un más o menos que obviamente le preocupó bastante.

-¿Pasa algo malo?

-No, no es eso. Es que desde anoche me ha estado doliendo mucho el vientre.

-¿Has estado esforzándote más de la cuenta?

-No, para nada. He estado cuidándome. Es solo… - Ella había respirado tan profundo que consiguió que la piel se le erizara del otro lado de la línea, y es que el que balbuceara y diera tantas vueltas al asunto no era para nada normal.

-Buenos días Touya. ¿Estas hablando con la señorita Tomoyo?- Había escuchado preguntar a su lado y solo entonces se dio cuenta de que Anciel estaba sirviéndose una taza de café mientras le daba un golpecito en el hombro y lo miraba traviesamente. No se dio cuenta de lo grave que había sido aquello hasta que escuchó a Yoko preguntar del otro lado de la línea si Tomoyo era alguna amiga, y entendió que debía irse de allí antes de que Marc soltara alguna otra cosa que empeorara la situación.

-Era una compañera de trabajo, mi antigua compañera de oficina. Pero no tiene importancia. ¿Ibas a decirme algo de tus malestares?- Reconoció entendiendo que decir una mentira a la corta o a la larga le afectaría negativamente mientras procuraba cambiar de tema antes de que ella hiciera más preguntas al respecto.

-Iba a decir que no te preocuparas. Seguiré teniendo mucho cuidado. No debí molestarte en el trabajo, así que te llamaré más tarde.

-De acuerdo. Pero no dejes de informarme si sigues empeorando.

-Si. Descuida.- Murmuró ella justo antes de colgar y concluyó en que está vez si mataría a Anciel. Si se hubiera quedado un poco más Yoko se habría enterado de aquello de la peor manera posible, sobretodo ahora que se añadía otro malestar a la lista. Adiós a su esperanza de que fuese una falsa alarma. Esta vez si parecía que estar jodido.

-Que bueno que ya regresaste. Nakuru te invita esta tarde a casa. Haremos algo delicioso.- Escuchó anunciar a un entusiasta Yukito tan pronto regresó a su oficina y masajeando su frente se dispuso a caminar en silencio hacia su escritorio mientras su mente no dejaba de darle vueltas a su crítica situación y prácticamente ignoraba al hombre que aún así no desistió de su esfuerzo por convencerlo.

-No te preocupes. No te pondremos a cocinar está vez. Te prometo que te pondrás muy feliz si vienes.

-¿Ponerme feliz una comida? No soy tú cuatro ojos.- Gruñó sonando aun mas arisco de lo normal mientras veía que su amigo conociéndolo como lo hacía no era capaz de alejarse de él a pesar de lo desconsiderado que a veces era. De hecho el que estuviera allí como si nada hubiera pasado era una clara prueba de ello. Había herido sus sentimientos y sin embargo aun seguía procurando su bien y felicidad.

-Oye Yukito…- Murmuró sintiendo que necesitaba contárselo y pedirle alguna sugerencia pero al observar lo tranquilo y sonriente que se veía después de todo lo ocurrido esos días pues simplemente no fue capaz de amargarle el día y se limitó a bufar un "ponte a trabajar si no quieres que te despida" mientras enfocaba su vista en sus propias actividades. Él se había metido en ese problema y él solito tendría que resolverlo.


-Muy buenos días. Lamento hacerlos esperar. - Canturreó una de por más alegre Tomoyo mientras ingresaba al comedor de la mansión, siendo recibida por un saludo similar de parte del trío de comensales a quien no les pasó desapercibido su excelente humor de aquella mañana.

-Oh querida. Que bueno que ya despertaste. ¿Dormiste bien?

-De maravilla abuelito.- Confirmó con una sonrisa más reluciente que un millón de estrellas, que hizo que a pesar de estar en pijama, con el pelo aun húmedo del baño y un par de líneas visibles dejadas por la almohada en su cara, se viera radiante, satisfecha, feliz.

-¿Es solo idea mía o mi Tomoyo se ve mucho más contenta desde hace unos días? Hasta sus mejillas se tiñen de rosa inconscientemente como si recordara algo que la pone muy feliz o mejor dicho… alguien. - El par de toques del codo de su madre en su brazo, la hicieron brincar de su asiento mientras su ya de por si cara sonrojada subía un par de niveles más y ella comenzaba a balbucear abrumada por estar siendo tan obvia.

-No… no es eso. Solo estoy muy contenta con todo esto de la boda que estoy organizando. Creo que el reto de hacer algo inolvidable en sólo dos semanas me llena de frenesí.

-Lo entiendo. Si la está organizando mi Tomoyo sé que será espectacular, aunque no tanto como su propia boda. Deberías dejar de perder el tiempo y proponérselo de una vez Kurogane. – Señaló Sonomi mientras sus ojos se volvían estrellas y miraba al hombre de ojos carmesíes que se había quedado en silencio todo aquel tiempo y que ahora se puso de pie de su asiento y comenzó a caminar hacía la amatista quien intentaba hacer ver a su madre que las cosas no funcionaban así, abriendo los ojos inconmensurablemente al sentir al susodicho tomar su mano y mirándola seriamente murmurar aquel "Cásate conmigo" que la hizo quedarse helada a la vez su madre soltaba un grito de fangirl emocionada mientras tomaba su teléfono para sacar una foto y ella lo miraba intentando determinar si aquello era una broma de mal gusto.

-Dejen de jugar con Tomoyo de una vez. ¿Ya olvidaste que hoy me llevaras al desayuno con esos inversionistas Sonomi? - Gruñó de repente Masaki mientras quitaba la servilleta de su cuello y se ponía de pie de la mesa caminando hacia afuera mientras Sonomi lo seguía pidiéndole que no fuera tan cascarrabias y una aún aturdida Tomoyo agradecía a su abuelo su intervención mientras Kurogane aun la miraba con aquella imperturbable expresión de su cara y ella una vez estuvieron a solas se soltaba de su agarre mientras volvía su mirada a su plato.

-No tenías que decir algo como eso para complacer a mamá. Ella solo estaba bromeando.

-Yo no lo estoy. Mi propuesta es totalmente genuina. Solo haría falta que te decidieras.- Aseguró con la misma expresión impasible como si aquello no fuese realmente serio. Estaba hablando de pasar el resto de su vida con ella. ¡Por Dios! ¿Como podía decirlo con aquella calma?

-Eso… yo no…

-No puedes aceptarme porque volviste con ese tipo. De hecho, estabas esperando el momento adecuado para terminar conmigo ¿no es así?

-No puedo terminar algo que jamás a existido.- Aclaró buscando todo el valor en su corazón mientras apretaba con fuerza la falda de su pijama e intentaba evitar su mirada para no quedarse muda como ya le había pasado antes en situaciones similares. -He estado muy triste estos días y no he podido comunicarme de la manera adecuada contigo, pero jamás he tenido intención de tener una relación cuando tengo sentimientos por alguien más. Lo lamento.

-Eso ya lo sabía. Y creo haberte dicho que no me importaba. No pienso hacerme a un lado solo para que él vuelva a jugar contigo. No espero que termines siendo mía pero él tampoco será tu dueño.

-¡No tienes derecho a decir eso! Soy una adulta Kurogane, puedo decidir con que persona quiero pasar el resto de mi vida y si esa persona es él… no tienes derecho a oponerte. Te lo prohíbo.- Sus manos y su voz temblaba mientras él continuaba aún impasible y ella intentaba sonar lo más firme posible. Odiaba esa debilidad suya, esa incapacidad de defender su propio criterio. Sabía que Kurogane solo quería protegerla, que sus sentimientos eran sinceros y que su compromiso con ella hasta el grado de llevar aquello a un matrimonio no era una broma, pero eso no era lo que quería su corazón, no era algo que ella se pudiese obligar a elegir. Lo había intentado, esas dos semanas había tratado de verlo como un amor que sustituyera a Touya pero no lo había conseguido. Solo habían bastado unas horas, un par de minutos, una sola frase, para tenerla totalmente a sus pies, para hacerla llenarse de mariposas y comprender que solo al lado de Touya era así de dichosa. Tal vez fuese un error, tal vez estuviera hiriendo en serio a Kurogane, tal vez en unos días se arrepintiera de sus palabras, pero ya no quería huir. Esta vez, estaba dispuesta a luchar por aquello hasta las últimas consecuencias.

-Bien, pero recuerda esto princesa.- La mano de él se posó en su barbilla obligándola a elevar su mirada hacía él mientras sus bocas estaban demasiado cerca para que ella pudiese mantener la serenidad. - Eres demasiado valiosa para ser la segunda opción o el secreto de alguien. Si él no puede exhibirte con orgullo y darte una vida como mereces, no importa lo que tenga que hacer, seguiré esforzándome por sacarlo del camino, aun si al final terminas por odiarme. No permitiré que te haga llorar nunca más.

Lo sintió soltarla y alejarse a pesar de que su plato estaba totalmente intacto y no pudo evitar llevar su mano a su boca mientras lloraba al comprobar que aquel Kurogane no era el que conocía.

Él estaba lleno de dolor, de angustia, de desesperanza, había vuelto a ser ese niño huraño que solo conocía resultados sin importarle los fines y que hallaba en el dolor ajeno cierto alivio al suyo, pero que aún así, la miraba con tanto cariño, con tanta resolución, la tocaba con tanta delicadeza como si ella fuese en realidad hecha de cristal. Ella lo sabía, lo entendía, él solo estaba tratando de no dejarla ir sin pelear, de aferrarse a sus sentimientos. Aquel era un intento desesperado por gritar aquello que su boca no era capaz de decir.

"Eres lo único que me queda".


-Así que has hecho una amistad estrecha con la escandalosa.- Comentó Touya mientras tomaba de la mano de Tomoyo un delantal que esta le ofrecía y la escuchaba reírse ante aquel apodo que le tenía a Nakuru y que reflejaba su fastidio porque al fin y al cabo si había tenido que cocinar.

La verdad es que sabía que su cara debió ser un verdadero poema al ser recibido por aquella cálida sonrisa al ingresar a la normalmente bulliciosa casa de Yukito y entender porque este había afirmado que ir de visita lo pondría feliz y es que estaba tan sorprendido que no podía evitar mirar a la calmada jovencita que cada tanto escondía la mirada incapaz de manejar el nerviosismo que le provocaba tener su vista tan fija en ella. Habían pasado apenas dos días desde que habían hablado de sus sentimientos y se habían visto en persona, pero en ese momento simplemente sus corazones estaban latiendo con la fuerza de un par de tambores. En ese momento él había olvidado su problema con Yoko y ella el dolor de haber desahuciado a Kurogane, solo sentían la existencia del uno y el otro y esas ansias locas de tomar la mano del otro y no dejarlo ir de su lado, de aprovechar cada segundo en que pudiesen disfrutar de su mutua compañía. Cosa que la mujer de Yukito aprovechó con pericia para obligarlo a meterse a la cocina si es que quería tener un rato a solas con ella.

-Nakuru es alguien muy agradable. Me hace sentir muy cómoda su personalidad. Además de que estoy realmente agradecida con ella.

-¿Y eso como por qué?

-Bueno… técnicamente ella fue la que me animó a hablarle de mis sentimientos.- Explicó ella mientras se sonrojaba ligeramente y sacaba la primera ronda de vegetales de la bolsa de compras colocándolas en el lavabo para que él las aseara. - Me dijo que usted era algo atolondrado e inseguro y que necesitaba que le dijera las cosas claramente o si no terminaría por crearse un mundo distinto en la cabeza. ¡Claro yo no creo que sea cierto!- Aclaró ella mientras batía las manos nerviosamente al verlo levantar una ceja al momento de escucharla describirlo de esa manera. – Lo que quiero decir es que… en realidad siempre he pensado que no puedes esperar a que la otra persona te lea la mente. A veces es necesario convertir los sentimientos en palabras para que los demás nos entiendan, y por eso sí quieres a alguien siempre debes decírselo. Aunque soy más buena diciéndolo que haciéndolo.

Le parecía adorable escucharla reconocer aquello mientras rascaba su cabeza y lo hacía pensar en si mismo. La verdad también creía que siempre era importante ser claro con los sentimientos cuando alguien te gustaba pero después de varios fracasos amorosos suponía que se había vuelto mucho más precavido y por ello había perdido tanto tiempo para confesarse, de hecho ahora que lo pensaba era la primera vez que alguien que en verdad le agradara era el primero en decir lo que sentía y por lo nerviosa que aún parecía con solo recordarlo era obvio que también había sido la primera vez que ella tomaba la iniciativa en ello. Solo recordar la emoción del momento y la increíble sensación de besar sus labios después de tanto tiempo le invitaba a repetir aquel proceso ahora que estaban a solas, pero se había propuesto que no volvería a hacerlo hasta que no resolviera lo de Yoko así que lo mejor para él era cambiar de tema cuanto antes.

-Háblame de la boda. ¿Cómo van los preparativos?- Indagó al observar la pequeña curita que cubría su dedo anular derecho, al recibir de uno de los cuchillos y que podía jurar que había sido víctima de demasiados pinchazos de aguja y vio su sonrisa ensancharse mientras colocaba una olla bajo la llave y sus ojos casi se hacían estrellas por la forma en que brillaban.

-¡Todo va excelente! Hoy conseguimos cortar y medir todas las piezas del vestido de Nakuru, y Sakura nos ayudó con los souvenires y adornos. Solo faltaría pedir las flores y coordinar algunas cosas del lugar donde se celebrará y tendremos todo listo. La señora Kaho fue muy amable al convencer a la gente del santuario para que nos permitiera usarlo para la celebración, ¡Hasta aceptaron que adecuemos una pequeña pista de baile alrededor del árbol espiritual! Me sorprendió bastante eso, pero bueno siendo hija de uno de los sacerdotes pues supongo que no pudieron negarse a su solicitud, y como es un lugar tan importante para ellos dos pues no se me ocurre un mejor lugar para que unan sus vidas. Estoy hablando mucho ¿verdad?!

Touya negó con la cabeza mientras la observaba con una media sonrisa y ella aún mas emocionada continuaba con su relato mientras ambos se entregaban a la tarea de rebanar y pelar ingredientes. Le había contado acerca de las dificultades que le había provocado convencer a Nakuru de usar un vestido cubierto dado que harían su boda en un lugar religioso y la emoción hasta casi el llanto que tuvo después de que eligieran el que ella había estado confeccionando. Habló de medio millón de cosas más las cuales escuchó sin prestarle demasiada atención mientras estaba enfrascado en llenar su mente del recuerdo de su sonrisa, de aquella paz y euforia que mostraba cuando hablaba de cosas como esa. Todo iba realmente bien, hasta que mencionó al sujeto ese.

-Creo que la única dificultad que tuvimos hoy fue que cada tanto ella intentaba husmear en la habitación de Kurogane.

-¿Husmear?- Sabía que estaba mal pero el solo hecho de oír el nombre de aquel sujeto fue suficiente para borrar la sonrisa de su boca, aunque era obvio que ella no lo notó pues siguió relatando aquello con el mismo entusiasmo de lo demás.

-Bueno al parecer ella se lo encontró atractivo y dijo que no se iría de la casa hasta verle sin camisa. Usted sabe lo ocurrente que es la señorita Nakuru, cada tanto teníamos que quitarla de la pared contigua para que dejará de intentar saber si estaba en su cuarto.

-¿Entonces su habitación está junto a la tuya?- Preguntó y la manera en que ella le miró fue obvio para él que aunque su cara intentaba mostrar indiferencia su voz no estaba disimulando nada su incomodidad. De hecho con solo preguntarle si aquello le molestaba terminó perdiendo completamente la paciencia.

-No, para nada.- Gruñó con evidente sarcasmo mientras añadía más fuerza necesaria al cuchillo que terminó por no sólo rebanar los vegetales sino desprender algunos trozos de la tabla de cortar que estaba usando. -No me molesta ni un poco que no sólo vivas bajo el mismo techo que el tipo que intenta robarte de mi lado sino que una estúpida pared sea lo único que lo separe de ti cada noche.

-¿Por eso me preguntó si había estado con él?

-No.- Contestó mientras se giraba para mirarla mientras fruncía el ceño a más no poder.- Te lo pregunté porque fue lo que él me dijo el día que enfermaste, de hecho estuve a punto de partirle la cara por la misma razón.

-No tenía idea.

-¡Claro que no tenias idea! ¡Eres demasiada confiada! Seguro hasta le dejas la puerta abierta para que haga contigo lo que quiera. ¡Claro! ¿Cómo si no, te hizo aquella marca de beso en el cuello?

Por la manera en que sus ojos se abrieron era obvio a aquellas alturas aun no sabia que el moretón que él había mencionado y que tardó días en desaparecer era en realidad algo como aquello. De hecho por la forma en que llevó sus manos a su boca y sus ojos se cristalizaron medida que los cabos se iban atando en su cabeza era obvio que no era consciente de nada de lo que había ocurrido a su alrededor. Había pasado tantos días preguntándose el por que de su conducta, porque había tenido tantos cambios repentinamente, por que había terminado con esa persona cuando todo parecía indicar que tenia sentimientos hacia ella y ahora… ahora se daba cuenta de que en parte era su culpa por dejar que Kurogane interviniera, por haberle dicho que él era la persona que le gustaba.

-Lo siento, lo siento mucho. Jamás pensé que él llegaría tan lejos. Jamás creí que le daría tantos problemas. Lo siento tanto. - Reconoció ella mientras sollozaba y limpiaba sus lágrimas torpemente haciéndolo sentir profundamente culpable. Se había pasado, claro que se había pasado. Aquella ni siquiera era su propiedad así que ella no tenía forma de opinar al respecto y aun si la hubiera tenido si se suponía que aquel sujeto se había criado junto con ella, era natural que no pensara que corría algún tipo de peligro con él. Otra vez había dejado que los celos nublaran su cabeza y como siempre ella había recibido la peor parte de ello. Siempre era la que llevaba la peor parte de su malhumor.

-Perdóname a mí por hablarte de esa manera…- Susurró mientras la abrazaba a su pecho y besaba la coronilla de su cabeza. -También fue mi culpa por desconfiar de ti. Si aquel día hubiese hablado contigo en vez de irme furioso de tu casa nos hubiéramos evitado todo ese tiempo separados. Así que… solo olvidémonos de ello. Aunque si quiero que tengas cuidado, no me perdonaría si él terminara por hacerte algo.

-Si, lo tendré. Intentaré convencer a mamá de hacer un cambio. Gracias por decirme la verdad.- La escuchó murmurar mientras lo rodeaba con sus brazos intentando abrigarse más en aquel abrazo mientras sus sollozos se detenían y ambos se quedaban en silencio. Últimamente él se había vuelto más temperamental y ella contenía cada vez menos sus lágrimas, todo por que los malentendidos, las dudas y la confusión les había vuelto vulnerables. Tenían tanto miedo de perderse uno al otro, de que algo los alejara, que sus cuerpos reaccionaban involuntariamente en busca aquella cercanía. La verdad es que el simple hecho de sentir la calidez y el aroma del otro envolviéndolos los llenaba de paz, de tanta paz que ambos cerraron los ojos mientras Touya cada tanto besaba su frente como una forma de seguir disculpándose por su mala reacción y por provocar su llanto que al final terminó por desaparecer por completo.

-Se siente bien… Esto de hablar de lo que nos preocupa y escuchar al otro. Deberíamos prometernos hacerlo siempre que tengamos miedo o dudas. Prometer que ya no habrán más secretos entre nosotros. ¿No lo crees?

-Si. Eso sería lo mejor.- Murmuró él mientras soltaba un enorme suspiro y la sentía elevar su mirada hacia él intuyendo que tenía algo que decir al respecto. Aún no estaba del todo seguro pero tal vez aquel era el mejor momento para contárselo. Tal vez si escogía bien sus palabras y describía sus sentimientos con sinceridad ella lo comprendiera y hasta le apoyara con aquello, tal vez si le contaba todo, aquello podría resolverse con tanta facilidad como el asunto de Kurogane. Abrió la boca para contarle su secreto y ponerla al tanto de su dilema pero entonces la intensa voz de su hermanita irrumpió en la casa haciendo que ambos se separaran antes de que ella ingresara a la cocina.

-¡Tomoyo! ¡Que bueno encontrarte aquí! No hallo mi cuaderno de matemáticas y mañana tengo un examen. Lo he buscado como loca en casa. ¿Sabes si se me quedó aquí?

-¿Los monstruos no deberían saber donde guardan sus cosas?- Protestó Touya incómodo por la interrupción haciendo que la ahora furiosa jovencita soltara las manos de la amatista y comenzara a dar pasos pesados en su dirección.

-¡Deja de decirme monstruo hermano! Además ¿Qué haces aquí cuando te toca hacer la cena? Papá no está en casa para sustituirte como siempre y después de insultarme tampoco lo haré yo.

-¿Papá no está?

-¿Ya lo olvidaste? Todos los años da una charla a los nuevos arqueólogos de la universidad en que trabaja. Llegará mañana en la tarde a casa. Eso me hace pensar en que… ¡Quédate en casa hoy Tomy!- Solicitó mientras batía a la amatista, quien amablemente le indicó que no estaba bien que lo hiciera sin antes pedirle permiso al señor Fujitaka.

-¡Pero estoy segura de que reprobaré el examen sin mi cuaderno! Solo si me ayudas a estudiar sacaré al menos un siete. ¡Te lo suplico! Por favor, por favor, por favor…

-Jamás podría negarme si me lo pides con esa cara. De todas formas busquemos el cuaderno ¿si?- Propuso la amatista haciendo que la castaña diera un enorme brinco de felicidad e intentara tomarla de la mano para sacarla de la cocina siendo detenida por Touya quien tomó la otra muñeca de Tomoyo y halándola la colocó tras de él para evitarlo.

-Eres demasiado descuidada monstruo, búscalo tu sola.

-¡Tomoyo dijo que me ayudaría!

-Y yo dije que no.- Sentenció él mientras la tomaba de la muñeca y la sacaba casi a rastras de la cocina mientras le pedía a Tomoyo que continuara con la cena hasta que él regresara, mientras esta reía divertida por la cómica escena fraternal.

Se giró sobre si misma para continuar con los preparativos de la comida mientras tarareaba presa de una inmensa felicidad, llevando su mirada a la isleta de la cocina al escuchar aquel repique que le indicaba que Touya había olvidado su teléfono allí y que alguien le llamaba.

Dudó un instante en si seria correcto o no tomarlo sin su permiso, pero al notar que el sonido no parecía ir a detenerse pronto y pensar que tal vez era algo urgente, se acercó al aparato solo para comprobar de quien se trataba quedándose de piedra al leer aquel nombre en la pantalla centelleante.

-Touya me ha pedido que le ayude en lo que regresa con Sakura. No soy tan bueno como él pero creo que podemos hacer algo delicioso entre los dos. – Había anunciado Yukito con su eterna sonrisa mientras ingresaba a la cocina, quedándose extrañado al verla quedarse muda ante su anuncio mientras su mirada estaba perdida y apretaba con excesiva fuerza su delantal intentando contener las ganas de ceder al llanto sin poder entender… por que ella aún le llamaba.


-¡Definitivamente el monstruo es un desastre! Te invita a casa para que la ayudes a estudiar y se queda dormida en sólo una hora. Todavía no sé como pretende convertirse en maestra de esta manera.- Bufó el moreno mientras descendía las escaleras después de acomodar a Sakura en su cama y observaba a lo lejos a la amatista recoger los libros y apuntes desparramados sobre la mesa de centro sin decir nada acerca de su comentario.

Ella había estado muy callada desde que su hermana había llegado y aunque al principio pensó que solo estaba tratando de ser discreta para evitar que ella sospechara de aquello, el hecho de que aún se negara a contestarle más que con un "unjú" le hacía ver a todas luces que algo no andaba bien. Casi podía jurar que ella estaba molesta con él pero la verdad es que esa vez no recordaba haberle hecho nada en concreto. ¿Estaría molesta porque al final tuvo que hacer la cena con Yukito?

-Pensé que no habría secretos entre nosotros señorita. ¿Por que no me dices que es lo que ocurre?- Intentó nueva vez mientras extendía sus brazos para evitar que ascendiera hacía el cuarto de su hermana, al notar que a pesar de encontrárselo en el pie de la escalera ni siquiera lo miró, y entonces la escuchó resoplar con fastidio mientras se giraba sobre si misma dispuesta a volver a la sala sin contestarle al darse cuenta de que por más que lo intentara él no la dejaría subir.

Comprendiendo que a ese paso ella en serio se iría sin decirle nada tomó su brazo para detenerla y por primera vez en la vida ella le dedicó una mirada llena de enojo que fue más que suficiente para que él la soltara al comprobar que no sólo estaba enojada sino que se atrevía a arrancarle el brazo de una mordida si seguía tocándola. ¿Era idea suya o la había visto fruncir el ceño? ¿Desde cuando Tomoyo tenía tal temperamento? ¿Acaso estaba pasando demasiado tiempo con Sakura y Nakuru?

-Bien, no quería llegar a estos términos pero no me dejas otra opción. Que quede claro que lo intenté por las buenas. - Anunció él mientras caminaba detrás de ella y antes de que pudiese reaccionar y resistirse la tomaba de la cintura y se la trepaba en el hombro mientras ella intentaba poner en su lugar la falda de su vestido y le ordenaba que la bajara en ese instante. La depositó en el sofá contra su voluntad a la vez que detenía sus brazos por encima de su cabeza y flexionaba sus piernas a los lados de ella para evitar que pudiese escapar por más que intentara zafársele haciendo que ella se sonrojara al instante por la comprometedora posición en la que estaban ahora mientras el sonreía con malicia y cuando la tenía lo suficientemente dominada comenzaba a hacerle cosquillas para sorpresa de ella, quien no tuvo más opción que suplicarle que parara mientras se reía frenéticamente y se retorcía como una lombriz.

-Pararé si me dices que es lo que te tiene tan enojada conmigo.

-¡Es una tontería! Olvídelo.

-No es una tontería si no me hablas por ello. A ver, repite después de mi. Touya estoy enojada por que…

-Por favor… pare ya… - La escuchó suplicar una vez más y al notar que las risas de ella se habían convertido en sollozos de repente, obedeció de inmediato mientras la liberaba y le pedía perdón por intentar obligarla a hablar de aquella manera.

-Lo siento no sabía que te incomodaría tanto. Es solo que así es que me arreglo con Sakura cuando no quiere hablarme. -Explicó él realmente avergonzado por empeorar la situación sin ser capaz de comprender nada de lo que ocurría. Ella se veía tan sonriente antes de que saliera de la cocina ¿Qué era lo que había pasado desde entonces para que se pusiera tan sensible?

-Entiendo si estás enojada conmigo y no quieres hablarme, pero si no me dices que ocurre no puedo hacer nada para arreglarlo.- Reconoció al verla quedarse en silencio mientras intentaba deslizar sus dedos por sus mejillas para limpiar sus lágrimas y la veía desviar la mirada para evitarlo, dejándole claro que el que la tocara no hacía más que empeorar las cosas.

Se quedó en silencio por varios segundos sin saber que más hacer y entonces la miró desconcertado al escucharla preguntar si él aun dormía con Yoko a la vez que la confusión en sus ojos cafés era tan grande como el dolor que se veía en su níveo y lloroso rostro por aquella pregunta que más bien era una acusación. La verdad no tenía idea de donde había sacado aquello pero si era lo que había estado pensando todo aquel tiempo pues comprendía bien porque estaba tan enojada.

-¡Claro que no Tomoyo! ¡¿Por qué piensas eso?!

-Mientras estaba en la cocina vi que ella le estaba llamando. Me quedé esperando que usted me comentara algo al respecto, pero por el contrario comenzó a actuar de manera sospechosa, como si estuviera ocultándome algo.- Relató ella mientras se abrazaba a si misma y su rostro dejaba ver toda la incomodidad que aquello le había estado causando. Ahora que lo pensaba después de devolverle la llamada a Yoko y escucharla anunciarle que regresaría antes de lo planeado se sintió bastante inquieto, creía haberlo disimulado bien pero era obvio que Tomoyo quien había estado atenta a su reacción, sí había notado que algo no andaba bien y aquello había aumentado su malestar.

- Yoko no está en Tomoeda en estos momentos, así que estoy esperando a que regrese para aclarar las cosas con ella en persona. Así que necesito que me tengas algo de paciencia.– Le explicó mientras intentaba tocar su mano, sintiéndose aun más angustiado al ver que ella la retiraba también de su alcance y apretaba los labios como si aquello no hubiera hecho más que ponerla más furiosa.

-¿Y por que no me lo dijiste desde el principio? ¿Pretendía ocultarme que soy la otra hasta que eso sucediera?

Touya abrió y cerró la boca incapaz de saber que decir a todo aquello. Visto de esa manera no podía culparla por sentirse tan molesta. ¿Cómo rayos podía creer en él si solo hacía unos días se había estado acostando con otra, cuando seguía recibiendo llamadas de aquella mujer a la vez que se suponía estaba comenzando a salir con ella?

Si fuese el caso contrario no habría forma de convencerlo de que aquello solo era una muestra de consideración hacía aquella persona, si fuese el caso contrario…no estuviesen hablando de manera civilizada ante una situación como esa. Siendo sincero consigo mismo ni siquiera merecía que ella hubiera pasado por alto tan fácilmente aquello, ni siquiera merecía que estuviese llorando por su causa en ese instante. Sí tan solo hubiera sido un poco más humilde, si hubiese confiado más en ella… ahora no tendría tanto miedo de decirle que era probable que tuviese un hijo con otra y que por ello no podía simplemente abandonarla. No tendría tanto miedo de que ella no fuese capaz de perdonarlo cuando al fin se enterara del lío en que se había metido.

La sintió aferrarse a su cuello y abrazarlo mientras él intentaba torpemente decir algo para defenderse y solo entonces se dio cuenta de que sus ojos se habían cristalizado y su voz se había llenado de congoja ante el dolor que todo aquello le causaba.

-Si tan solo no hubiera sido tan impulsivo, si no hubiera intentado olvidarte con Yoko, si hubiese tenido el valor de enfrentar la realidad sea cual fuera al final. No estarías sufriendo por su culpa.- Reconoció mientras la abrazaba con fuerza al sentirla sollozar en su cuello y le pidió perdón incontable número de veces a la vez que le juraba que no tenía interés en nadie más, que solo tenía ojos para ella aunque entendía que en aquellas circunstancias era muy difícil que confiara en sus palabras.

-Yo te creo. Yo se que solo estás tratando de ser atento con ella, pero… cuando pienso en que ella ha conocido cosas de usted que yo no, no puedo evitar sentir incomodidad, sentir que no tengo manera de competir contra ella, que usted terminará por aburrirse de que sea tan vacilante y volverá a su lado. Tengo miedo de que se vaya otra vez, no quiero volver a sentirme tan sola nunca más, no quiero que nada vuelva a separarnos.

-Nada va a separarnos. Te lo prometo. No tienes que sentir miedo de que me aleje de ti de nuevo. - Le aseguró mientras tomaba su rostro entre sus manos que temblaban ligeramente y la invitaba a mirarlo a los ojos mientras ella intentaba dejar de sollozar y esta vez si lo dejaba limpiar sus lágrimas con sus dedos.

-Pero usted mismo dijo que a dormido con ella más de una vez. Sin embargo cuando lo intentó conmigo pues me puse tan nerviosa que tuvo que contenerse.

-El que estuvieras nerviosa no es la única razón por la que me contuve, pequeña. Me contuve porque se que puedo perder el control fácilmente cuando estoy contigo, por que me gustas tanto que me vuelvo loco con solo besarte. Por que me atraes más de lo que nadie jamás me ha atraído y se que si no me detengo terminaré por secuestrarte aun si Amamiya y Sonomi me cortan en pedacitos por ello. - Ella soltó una ligera risilla ante aquel último comentario y eso poco que mucho tranquilizó su alma y aligeró aquella tensión que los había estado envolviendo. Tensión que terminó por desaparecer cuando dejó caer su cabeza en su regazo y él comenzó a acariciar los mechones de su pelo que por cierto estaba más largo que el día en que lo cortó, haciéndolo recordar que ya habían pasado tres semanas de ello. Tres semanas en las que seguramente ella había estado conteniendo todos esos sentimientos en su corazón y que explicaba porque últimamente estaba mucho más sensible de lo normal.

-Para ser sincero, lo único que conseguí de las experiencias que tuve el tiempo que estuvimos separados fue sentir vergüenza y desprecio hacía mi mismo. - Continuó explicando él mientras ella se giraba un poco para poder mirar su rostro y lo sentía enlazar los dedos de su mano libre con los de ella como si intentara que de esa manera ella pudiese sentir que no le estaba mintiendo. - Yo… realmente me arrepiento de haberme dejado llevar por mis impulsos y por eso en estos momentos no me siento digno de ti, de tu candidez. Por eso quiero volver a ganarme tu confianza, conseguir que creas tanto en mis sentimientos que no te de miedo de entregarte cuando estés lista ni mucho menos que estés asustada de que me vaya si no lo haces. Pero que te quede claro que ella jamás me ha atraído más que tú y mucho menos me interesa que tengas o no menos experiencia. De hecho… me gusta que seas tan inocente y te sonrojes por todo, aunque también me agrada cuando me sorprendes como ese día en la playa, o como cuando me besaste en la furgoneta. Es difícil explicarlo… creo que son de las cosas enigmáticas que pasan cuando uno se enamora.

-Creo que puedo entenderlo bien.- Reconoció ella mucho más tranquila mientras sonreía ligeramente y cerraba los ojos. – Es como el que me guste cuando es tan dulce conmigo pero a la vez me encante que sea fastidioso y enigmático. O como cuando estoy cerca de usted y siento que mi cuerpo se vuelve cálido y todo en mi cosquillea.

-Es un alivio entonces, significa que sentimos lo mismo.- Aseguró él mientras sonreía también e intentaba inclinar su cabeza para acercar sus labios a los de ella, deteniéndose mientras volvía a incorporarse al comprender que aquella no era una buena idea después de todo. No sólo estaban a solas en la planta baja sino que ambos sabían que después de que sus neuronas colapsaran de tanto estudiar Sakura no despertaría ni aunque ocurriera un terremoto. Si le besaba en ese instante y escenario tal vez lo ocurrido en la furgoneta no sería nada en su comparación.

Intentó sugerir que ambos se fuesen a dormir para no caer en ese error pero en cuanto intentó retirarla de sobre si la sintió incorporarse y besarlo mientras sus brazos se enredaba en su cuello y sus labios destilaban una sed similar a la suya, un deseo latente de aprovechar aquellos efímeros instantes lo más que pudieran después de tanto tiempo perdido inútilmente, después de haber desperdiciado toda la noche en aquellas discusiones y temores sin sentido.

Sus manos se ataron alrededor de ella extasiado por aquel contacto tan ansiado por los dos y cuando supo de ellos, se hallaban tumbados en el sofá mientras aun se besaban y sus piernas se enredaban una a la otra. Sentir el calor de su cuerpo sobre él mientras el dulce aroma de su piel lo dopaba, no hacía más que empujarlo a mandar todo al demonio y poseerla con aquellas ansias locas que solo sentía cuando la tenía cerca. Quería amarla… lo deseaba tanto. En serio lo deseaba más que nada en el mundo. Pero sabía que aquello no era lo mejor en sus circunstancias.

-Eres demasiado adictiva para mi, así que mejor dejemos esto antes de que no pueda parar.- Sugirió él mientras movía su cabeza hacía el agujero de su cuello para detener el cada vez más sediento beso y entonces la escuchó susurrarle que no tenía que detenerse, mientras su voz sonaba tan extasiada como la de él y le provocaba un escalofrío que lo obligó a levantar su mirada hacía ella intentando determinar si aquello había sido una invención de su pérfida imaginación o en serio ella quería que continuara.

Sus ojos violetas estaban llenos de aquel brillo decidido que le había hecho perder el control en la playa, que había desencadenado aquel casi encuentro entre ellos que jamás había podido sacar de su cabeza, era casi como si le explicara sin hablar que el que se pusiera nerviosa en esas situaciones no quería decir que no quisiera hacerlo, que si estuviese asustada de lo que pudiera pasar ella misma le hubiera detenido como había hecho miles de veces en el pasado con su antigua pareja, pero sin embargo ahí estaba, dejando que sus manos jugaran con los límites de su cuerpo, que su ropa desacomodada por sus caricias dejara ver parte de sus piernas sin hacer ningún intento por acomodarla, que su cuerpo se aplastara contra el de él a pesar de saber que desde aquella posición él podía ver más de su escote de lo que normalmente ella estaría dispuesta a mostrar. Si ella no lo quisiera, si no lo deseara también, ella hubiera usado a Sakura de excusa para evitar esos acercamientos entre ellos.

Levantó su torso para tomar asiento en el sofá mientras ella hacía lo mismo quedando de rodillas prácticamente sobre su cuerpo e indiscretamente agitado por el simple pensamiento de que ella estuviera de acuerdo con seguir con aquello intentó encontrar en su rostro por lo menos un atisbo de inseguridad que evitara que apagara las luces y diera rienda suelta a sus impulsos justo en aquel lugar, mientras ella como si leyera sus pensamientos volvía a abordar sus labios mientras él la apretaba contra su cuerpo hasta el grado de que cada uno sintiera los cambios que estaban experimentando por la intensidad de su deseo. Las manos de él se movieron con lentitud a su espalda y tocaron la cremallera de su vestido parar retirar de ella la única prenda que le impedía volver a contemplar su cuerpo semidesnudo antes de dejar todo a oscuras por si Sakura despertaba en cualquier instante, pero entonces el rugido del estomago de ella desapareció el clima erótico por completo haciendo que él al entender lo que ocurría no pudiese hacer otra cosa que esbozar su sonrisa de guasón mientras ella se sonrojaba y cubría su rostro completamente avergonzada de que el que no hubiera comido casi nada por estar molesta le estuviera pasando factura en un momento como ese.

-Vamos a hacerte algo de comer tragona.- Sugirió él con su tono burlón de fábrica mientras deshacía el intrincado enredijo que eran sus cuerpos hasta ese instante y justo en el momento en que ella se levantó para explicarle que su apetito podría esperar lo vio colocar su cabeza sobre su hombro mientras le pedía que no dijera nada más.

-No es fácil ser un tipo sensato cuando tu novia no deja de insinuar cosas que le provocan malos pensamientos. Así que… déjame ser el adulto esta vez y contenerme ¿de acuerdo?

Ella asintió mientras sonreía y abrazaba su cuello contenta de escucharlo darle por fin un nombre a aquello que tenían y confiando en que ya habrían más oportunidades para terminar lo iniciado hacía unos segundos, decidió aceptar su mano y seguirlo a la cocina mientras arreglaba su ahora arrugado vestido e intentaba apoyar su resolución de no llevar las cosas tan lejos aún, a pesar de que para ser sincera se sentía ansiosa por descubrir que era lo que pasaba por esa despeinada cabecita suya cuando su voz se tornaba así de grave y su cuerpo desprendía tanto calor.


Y fin.

Jeje. Estos dos son un par de pillines. Pobre Sakurita si Tomoyo no hubiera tenido hambre.

La verdad es que soy muy cuidadosa a la hora de agregar ese tipo de momentos a mis historias. Pero ¡por Dios! Ya necesitábamos estos despliegues de afecto después de tanto sufrir. Ya se que a una de ustedes les agrada mi manera de describir estas escenas pero a los que les incomode un poco les advierto por ahí viene una todavía más detallada así que ya saben.

Que decir de las cosquillas. Bueno, en mi casa es como mi esposo cree que se resuelven las cosas, así que como ambos tienen personalidades similares pues casi todas las reacciones de Touya las baso en lo que creo que él haría. (Aunque no en lo de los celos y eso, no, por fortuna mi esposo no es nadita celoso, aunque si es fastidioso, serio y bastante pervertido (a veces ni yo lo soporto, gracias) XD) y bueno obviamente las reacciones de Tomoyo también son más o menos lo que yo haría (la verdad es que me siento muy identificada con su personalidad y mi esposo dice que la tipa de la que escribo es igual de dramática que yo XD).

Y bueno, Kurogane posee la aprobación de la suegra pero no de la hija, aunque claro la que tiró fue super fortissima y no sé a ustedes pero aunque no lo perdono del todo ya me da un poquito de pena.

Poco a poco nuestros protagonistas han ido aclarando los malentendidos entre ellos y su relación se ha ido fortaleciendo rápida y sólidamente. Pero será positivo o negativo el que Touya aun se niegue a decirle a Tomoyo la verdad acerca de Yoko. ¿Cómo lo tomará ella cuando se entere? ¿Cómo lo tomará Yukito? ¿Cómo lo tomará su padre?¿Que era lo que Yoko quería decirle a Touya antes de que Marc los interrumpiera?

Esto y más en los próximo capítulos.

Les envío un beso enorme a todos.

ATT: Brie97