Aquella habitación era pequeña, de 6x6 m, no había ventanas, solo un pequeño respiradero por el que se escuchaba el goteo del agua y algunas voces de vez en cuando, pero muy distorsionadas. ¿Cuánto había pasado? ¿Un día? ¿Tres? ¿Una semana tal vez? ¿Había llegado al mes? Ni idea. Mi ropa estaba sucia, mi cara estaba llena de manchas por dormir en el suelo. Y mi ánimo por el suelo. Me habían quitado todo, el reloj, el móvil, la cartera, la pistola, y por supuesto el Orbe. Ya tenían lo que querían, ¿Por qué me seguían reteniendo ?, era algo que no entendía.

El goteo se hizo más intenso, afuera estaba llorando, o eso esperaba, no por qué debía salir de allí antes, si no por qué así escuchaba otro ritmo, algo para no volverme loca.

De vez en cuando me traían algo de comer. Una porquería para mi gusto, pero preferiría no morir de hambre, pero habría tenido un poco de tiempo y eso habría sido bastante débil.

Los primeros días intentaba escaparme cuando aparecían con la comida, pero siempre acababa en el suelo. Los siguientes intentaron golpear a las guardias, pero yo acabé en peor estado, y eso me ha dejado varios moratones por el cuerpo, hasta que ya se me hace un mundo. Debo de tener alguna cosilla fracturada.

Aún no sé quién es el jefe, si es lo que hay. Solo veo a los mismos guardianes cuando me traen la comida.

Intentaba no pensar en nada. Solo tenía la cabeza para Loba, mi fiel compañera herida a la que me obligaron a abandonar en un desierto. Esperaba que alguien encontrara y que ahora estuviera bien.

Tres comidas más. En el fondo de mi ser el agradecimiento la comida, al menos se acordaban de mí. Pero ya estaba harta de la papilla para bebes, así que una vez más la dejé en el mismo sitio donde ellos la pusieron.

-Desagradecida, te pudrirás aquí -dijo el que siempre traía la comida, él no era muy grande, posiblemente podría con él incluso en el estado en el que estaba. Pero él tipo que iba con él debió de comerse un cerdo entero en algún momento de su vida. Con él no podría, ya lo había intentado y por eso tengo las costillas hechas una mierda.

-Traedmela -escuché que dijo una voz por el intercomunicador, era distinta, nunca la había escuchado antes.

El hombre cerdo me cogió del brazo y me obligó a levantarme, pero una punzada en el costado me obligó a retorcerme de dolor y acabar de nuevo en el suelo. El dolor era demasiado, tanto que se me habían saltado las lágrimas. Así que como no me decidía a caminar, el hombre cerdo prefirió cogerme en volandas y llevarme.

Las luces se apagaban y se encendían, el suelo estaba lleno de mierda. Subimos escaleras, muchas escaleras. El olor a humedad y a humanidad se fue disipando poco a poco, a medida que subíamos. Tras el último escalón. Y atravesar una puerta todo cambió. La luz entraba por todas las ventanas que había incluido los flexos que colgaban del techo.

Con las pocas fuerzas que tenía tuve que taparme los ojos para que no me cegara la luz. Tanto tiempo encerrada y ahora tanta luz no era bueno para los ojos.

-Dejadla -los brazos de aquel hombre me soltaron hasta que, con un golpe seco, el suelo me cogió en los suyos. Me golpeé la espalda. Mis órganos se removieron dentro de mí y los pulmones se quedaron sin oxígeno durante unos segundos. Demasiado largos, pensaba que me ahogaría en ese momento.

-¡Cuidado! Todavía la necesito con vida -dijo alguien, pero esa vez, si pude reconocerle la voz.

Me giré lentamente, como pude, sobre mi propio cuerpo. Vi que estaba en un despacho, todo blanco, impoluto. Delante de mí una mesa de cristal transparente que me dejaba ver a través de ella. Y sentado en su silla, mirándome con una sonrisa burlona estaba…

-Bienvenida -dijo alegremente.

-Cross… -dije mientras intentaba no ahogarme

-Cuanto tiempo sin verte, desde aquel día en el ascensor-. Se levantó de su silla y se acercó a mi mientras sonreía.

Le miraba con cara de pocos amigos. Intentaba ponerme de pie, pero apenas me quedaban fuerzas, notaba que un hilo de sangre me iba cayendo de la boca, seguramente saldría después de chocar contra el suelo. Intentaba levantarme.

-No mujer, no te levantes, eres mi invitada -sin coger mucho impulso me empujó con el pie en el costado.

-¡AHHHH! -el dolor era insoportable.

-Si, si, ya sé que duele, pero era necesario…

-¿Qué quieres de mí? -pregunte tirada en el suelo, con una mano me agarraba el costado intentando no moverme de más.

-Creo que sabes -dijo mientras volvía a su silla-, que yo antes era un Assassin's. Pues bien. David y yo éramos compañeros, íbamos juntos a todas partes, incluso nos reclutaron a la vez. Durante los años que entrábamos en el animus salvamos muchas vidas gracias a los fragmentos del Fruto del edén que íbamos encontrando. Pero, por alguna razón, mi sincronización se fue haciendo mas inestable, mientras que la suya iba subiendo. A él lo ascendieron, y pasó del Animus a la calle, a recoger él mismo los fragmentos del Edén -se sentó-. Podría decirse que le tenía envidia. Pues a mí me pusieron en el laboratorio. Eso no era lo que a mí me gustaba.

-Era mejor que tú -dije tosiendo y escupiendo gotas de sangre, el pecho se quejaba y me producía fuertes dolores que hacían que me quedara sin respiración más a menudo.

-Si, lo era. Pero por suerte para mí se fue distrayendo. Te conoció, y bueno… todo empezó a ir cuesta abajo para mí.

-Eso no tiene nada que ver -dije.

-Es posible… -dijo asintiendo-. Pero un día estaba en el laboratorio. y encontré unos papeles, unos documentos antiguos y clasificados. Como podrás imaginar no podía leerlos, yo no tenía el nivel necesario para desclasificar. Pero él sí. Así que lo persuadí.

Todo me daba vueltas, intentaba levantarme, pero no lo conseguía, me quedé de rodillas en el suelo intentando tranquilizar mi respiración.

-Seguro que no lo hizo -dije casi susurrando.

-Siento desilusionarte, pero lo hizo -dijo sonriendo- En el documento encontramos indicios de un experimento. Como imagino que sabes, los precursores son los primeros humanos, por llamarles de una manera, que poblaron esta tierra. Tenían poderes excepcionales, y crearon los Frutos del Edén. Con ellos podían controlar a los humanos a su voluntad -Mi cabeza estaba empezando a dar vueltas, no entendía por que me decía todo esto-. Conocemos muchos precursores, pero hay muchos más -volvió a levantarse-. Según los archivos había un precursor que estaba en contra de los de su propia clase, ella quería que los humanos fueran libres y poder vivir todos de una manera ordenada. Pero la mayoría de los precursores estaban en contra por lo que la encerraron en un cuerpo humano. Lo hicieron como castigo, para que conociera el pecado de los humanos-. Empezaba a tener mucho sueño, intentaba mantener la postura, pero no me era posible-. ¡Eh Eh! No te duermas, aún no he llegado a lo mejor -se acercó a mi y me agarró con fuerza del costado, el dolor me despertó. Quería darle un puñetazo, pero no tenía fuerza ni para levantar el brazo-. Eso es -sonrió-. Verás, la historia la ocultó. Pero Adán y Eva no fueron los únicos que se escaparon del Jugo de los Precursores. Hubo otra mujer, como bien supondrás, sí, era la humana en la que la encerraron. Nunca más se la volvió a ver.

-Y… Eso que… tiene… que ver… conmigo -dije.

-Durante los siguientes años se pensó que ella había muerto, y con ella el Isu. Pero no, durante años vivió escondida. Pero era humana, y no pudo con el pecado carnal. Tuvo una hija. Y esta a su vez otra, y otra y otra… hasta llegar a…

-No puedes estar hablando enserio… -dije ya muy débil, debía tener alguna hemorragia interna.

-No claro que no, era solo para ver tu cara -se rio muy fuerte.

-¿Entonces…? -ya no podía más, pero siguió apretando.

-Ves esto -me enseñó el Orbe que yo mismo le entregué- este Orbe lo encontramos juntos, David y yo. Pero por alguna casualidad él se lo llevó. Creo que se dio cuenta de cual era mi autentica intención, y él me lo ocultó. Seguramente él le habló de mí a vuestro Mentor, así que tuve que marcharme y me oculté durante varios años. Durante ellos, vosotros empezabais a estar más juntos, incluso a vivir juntos. Así que pensé que, para salvarte la vida, él me daría el Orbe. Pero como buen Assassin's, no lo hizo. Se negó. Así que no me quedó otro remedio. Y por suerte tu estabas en mi camino así que… dos por uno. Lo maté a él, y a ti. Aunque por lo que veo, sobreviviste. Me has dado muchos problemas.

No tenía fuerza ni para llorar, pero los recuerdos de esa noche me llenaron la mente. David tirado en el suelo sin respirar, y yo sangrando, sabiendo que ya no había motivos para vivir, pero sí, sobreviví.

-Te jodes

-En absoluto, es más te necesito -volvió a coger el orbe-. Este orbe, en esta forma, está incompleto. Y no hay nadie más que lo pueda buscar.

-Métete tú en el animus.

-Lo haría, sin dudarlo. Pero esa época no me corresponde. Y por desgracia la única persona que podría hacerlo, no se encontraba en la ciudad en ese momento, así que solo Elena Stone puede hacerlo.

-¿Quién es la otra persona? -dije entre jadeos.

-Yo -dijo una voz que apareció en ese momento. Al verle no entendí nada.

-Si quería, yo soy descendiente de Riley Stone.

-Lo sabías desde el principio y me has engañado.

-Si -dijo sonriendo- aunque no ha sido muy difícil, lo has hecho todo tu sola. Yo solo tuve que seguirte, y bueno seducirte un poquito -empezó a acercarse a mí, se agachó y me levantó la barbilla para obligarme a mirarle- Y no me importaría volver a hacerlo -noté como su mano iba bajando por mi barbilla mi cuello…

-¡AHHHHH! -gritó de repente .

-Si la vuelves a tocar no fallaré -dijo una voz muy potente. Miré como pude. Josh tenía un cuchillo clavado en la pierna, la cual estaba sangrando a chorros. La cara de Josh era de dolor y enfado. Intenté mirar a la dirección por la que había llegado el cuchillo, pero me dolía todo.

-Vaya, vaya, así que has vuelto, y yo que pensaba que había acabado contigo -dijo Cross tranquilamente sentado en la silla.

Pero no lo contestaron. Noté que el suelo empezaba a vibrar bajo mis pies. Varios guardias entre ellos el cerdo humano, empezaron a aparecer por todas las puertas de la sala, cuando me quise dar cuenta Cross estaba detrás de todos aquellos guardias, apenas se le veía.

Josh se quitó el puñal. Miró detrás de mí y rápidamente colocó el puñal en mi cuello.

-Será mejor que la sueltes. No quiero matarte, hay alguien que te quiere entero -dijo aquella voz tan seria.

Me armé de fuerza y le agarré la pierna donde tenía la herida, provocando que se quedara sin fuerzas. El cuchillo se calló al suelo seguido de Josh.

Detrás de mí empecé a escuchar una enorme pelea. Por delante también, los guardias de Cross contra los encapuchados, los Assassin's. Entonces me dejé caer al suelo, ya sin fuerzas. Esperé el golpe en el suelo, pero en vez de eso, noté el calor de un cuerpo detrás de mi.

-Tranquila, te vas a poner bien.

Esa persona se había quitado la capucha, pude verle por completo. Distinguí sus ojos verdes, su melena morena y su boca adornada con la barba.

-David…

-Vamos a casa.

Los pequeños bips, iban llegando a mis oídos. Escuchaba conversaciones a lo lejos, pero no entendía nada. Quería moverme, pero algo me aprisionaba las piernas. Me forcé en abrir los ojos. Todo estaba muy borroso, y los "bip" sonaban cada poco tiempo. Poco a poco la vista se me fue aclarando. Estaba rodeada de máquinas, y de flores. Estaba en la habitación de un hospital. Las cortinas estaban cerradas, no podía ver con nitidez quien había detrás de ellas. Moví la mano y noté pelo. Mucho pelo. Al mirar hacia ella, vi una gran bola de pelo dormida en mis piernas.

-Loba… -dije no muy alto para no molestarla, pero no dio resultado, ella se despertó y empezó a ladrar con fuerza -Hola, como me alegro de verte -dije acariciando lo que podía. Loba estaba feliz, se la notaba feliz, aún tenía el trasero vendado, pero podía moverse con facilidad.

-¡Oh Dios Mio! Catherine -mi madre entró rápidamente y se tiró a mis brazos.

-Hola mamá -dije bajito abrazándola todo lo que podía.

También entró Mara, Matt, y la doctora, para examinarme, la cual los echó a todos para poder hacer su trabajo tranquilamente. Al poco tiempo volvieron a entrar todos. Me preguntaban que tal estaba y cosas como esas, algo normal. Pero entonces, alguien más entró a la habitación. Primero el supervisor, el cual se quedó al lado de mi madre. Y detrás de este… Al verle, antes de decir nada más, lo miré, esperando que no fuera un sueño. Y si lo era, esperaba no despertarme.

-Venga, será mejor que los dejemos solos -dijo Mara, llevándose consigo a Matt.

-Nosotros también te dejamos -mi madre salió y tiró al supervisor de la mano. Entonces solo nos quedamos él y yo. Loba había salido con Matt y Mara.

Se sentó en la cama, ninguno de los dos hablábamos.

-Yo… -empezó él-. Sé que te debo muchas explicaciones, y ante todo…

-Cállate – le dije.

-Pero…

-No, cállate. -me incorporé como pude, alargué la mano, cogí su camiseta y tiré de él hacia mi y lo besé, con fuerza, con mucha fuerza.

Estuvimos varios minutos, uno en brazos del otro. No quería decir nada, no quería despertar que todo fuera un sueño y me lo arrebataran.

-¿cogisteis a Cross? -fui la primera en preguntar.

-No, se escapó. Aprovechó la batalla para marcharse. Pero si cogimos a ese tal Josh.

-¿Está muerto? -él se rio.

-No, pero estoy seguro de que querría estarlo en estos momentos.

-¿Por qué lo dices?

-Le llevamos a la fundación para interrogarle sobre el paradero de Cross. Pero cuando llegamos Loba estaba esperándonos en la puerta, sentada. Parecía muy calmada. Pero cuando entramos su cara cambió. Cuando vio a ese hombre se lanzó a por él -explicó mientras mantenía una enorme sonrisa. Siguió al ver mi cara -. No creo que pueda tener hijos nunca más.

Empecé a reír solo de imaginarme a Loba agarrada a sus partes más íntimas.

-Loba… selo tenía jurada desde que él entró en casa.

-¿Lo sabias?

-No hasta que recibí las fotos.

-¿Por qué no dijiste nada?

-No lo sé, pensé que podría con él. Por eso quería que Loba se marchara con Mara, pero no llegó. Pensé que alguien que quería a los animales no les haría daño, la puse en peligro.

-No fue culpa tuya. Josh secuestró a la familia de ese hombre y lo chantajeó con matarles si no hacía lo que decía.

-Aún así no puedo perdonarme…

David me abrazó con fuerza, no quería dejarme. Solo se apartaba de mí cuando la doctora venia a ver como estaba. Mi madre entró a la sala junto con el supervidor. Pidió a David que saliera.

-Cariño, creo que tenemos que hablar -dijo mi madre sentándose en la cama.

-Tranquila mamá, ya lo sé todo -Detrás de mi madre estaba Adam James, mi padre.

-Me ha costado mucho encontrarte -dije sonriendo. Él se acercó cuando vio que estiraba la mano-, papá-. Él me abrazó y sus ojos comenzaron a brotar lágrimas.

Los tres nos quedamos un rato más hablando. En la época en que nací los templarios estaban creciendo y los Assassin's estaban desapareciendo. Adam solo quería proteger a su hija y a su novia, nos mandó lejos, pero siempre estuvo pendiente de nosotras. Aunque yo no lo sabía él siempre estaba cerca de mí.

Después entraron Mara y Matt, me anunciaron que estaban prometidos y Mara me pidió que fuera su Dama de honor, a lo que accedí encantada.

Tras un par de días en el hospital debido a todas las heridas internas que tenía, me dieron el alta y pude volver a casa.

David y yo no habíamos hablado de lo que pasó esos 6 años que él estaba vivo… los dos sabíamos que en algún momento tendríamos que hablar, pero de momento solo queríamos estar el uno con el otro.

Al llegar a nuestra casa, me quedé parada, habían pasado demasiadas cosas en un año y ahora no sabía como enfrentarme a ello. Josh le había contado que habíamos estado viviendo juntos durante los fines de semana, y para joderle le había descrito con pelos y señales como me había follado. Pero David se mantuvo en sus 13, no hizo nada. Lo ví todo a través de las cámaras. Al salir de la sala de interrogatorios seguramente David tiró todo lo que tenía cerca de él.

-David… yo no… -dije quedándome frente a mi casa.

-Ven, tranquila -dijo él tendiéndome su mano.

Al entrar me sentí muy mal por todo lo que había pasado.

-Cath escucha -me cogió la cara con las manos- Te quiero, no me importa nada de lo que haya pasado aquí. Si no estas cómodas nos cambiamos de casa, nos vamos donde quieras. Yo quiero estar contigo, aquí o donde quieras -por mis ojos brotaban lágrimas. Él me tomó en brazos y me llevó hasta la cama.

Tras dormir durante varias horas me levanté lentamente, David no estaba a mi lado. Bajé los escalares y tampoco había nadie allí. Pero la casa olía muy bien, David había cocinado. Me acerqué a la cocina y abrí la olla -macarrones con queso -dije con una sonrisa. En ese momento la puerta de la cocina se abrió.

-Muy bien Loba, creo que nos hemos superado -dijo él mirando el reloj.

-WOOF WOOF -ladró loba muy contenta. Se acercó a mi muy contenta. Ya se mantenía en pie con las dos patas traseras y era un lujo verla dar vueltas muy contenta.

-Hola, ¿Cómo te encuentras? -dijo David acercándose con una enorme sonrisa.

-Mejor, me ha venido bien dormir.

-¿Dónde estábais?

-Hemos salido a correr, tiene mucha energía -cogió una botella y se la bebió entera.

-Os habéis hecho muy amigos muy rápido me parece a mí.

Él no dijo nada, pero estaba claro que quería hablar conmigo. Tras ducharse cenamos en la cocina y yo esperé a que él empezara.

-Aquel día, pensé que había muerto, pero desperté en la habitación de un hospital, según me dijeron lo primero que hice fue buscarte. Ellos me dijeron que no estas allí, que estabas viva, pero no… -mi cara le dio la pista para que siguiera-. Me dijeron que habías sobrevivido, pero que por la falta de sangre nuestro bebé no lo superó. En ese momento deseaba estar contigo, pero no me dejaron. Adam me dio la opción de infiltrarme en una de las organizaciones Templarias, a cambio él cuidaría de ti. Tras 3 años sin saber nada de ti, te vi. Estabas en la escuela canina de policía… -mi cara debía ser un poema-. Yo tenía que trabajar y ese me pareció el mejor trabajo. Allí conocí a Loba.

-¿Tú eras su entrenador?

-Si.

-Ahora entiendo muchas cosas -dije recordando aquel día en el granero cuando encontré el anillo de compromiso -él se me quedó mirando, pero preferí no decírselo-. No entiendo por que no me lo podían decir, después de tanto tiempo ¿Qué podría haber salido mal?

-Adam sabía que alguien te estaba acosando, o que estaba muy encima de ti, por lo que prefirió que la cosa siguiera tal cual, además de que empezabas a tener la habilidad de un Assassin's.

-¡Nunca me lo ibais a decir?

-Si, pero en ese momento desapareciste -me cogió de la mano.

-¿Cómo me encontrasteis?

-Gracias a Loba.

-Cuando cogiste la moto y despareciste, los guardias llamaron a la Fundación. Usamos el chip de Loba, a la cual tampoco encontrábamos ya que Mara debía de reunirse con ella y el veterinario hacía horas. Rastreamos el chip y encontramos a Loba, estaba muy mal herida. La llevamos al veterinario y nos pusimos a buscarte, pero cuando llegamos, ya no estabas, y las huellas del coche desaparecieron a los pocos kilómetros. Estábamos desesperados por encontrarte, entonces, tras 3 semanas de búsqueda, el ordenador nos dio todos los resultados de lo que recogieron aquí. En ninguno de ellos salió el ADN de Josh, pero sí salió un resultado con el trozo de tela que le quito Loba, era muy antiguo, demasiado. Además, tenía el lobo de Abstergo en la etiqueta, así que solo tuvimos que ir allí.

Tras 9 meses, por fin era la gran boda de Mara y Matt. Se habían gastado todo el sueldo de esos 9 meses en la boda. Había mucha gente, familia amigos, todos celebrando la boda de la pareja.

Cuando ya se estaba haciendo de noche, David me cogió de la mano y me llevó a caminar por el bosque. Hablábamos, los dos estábamos cansados.

-¿A dónde me llevas? -pregunté conociendo el camino que estábamos tomando.

-Ahora lo verás, es una sorpresa -llegamos hasta el granero-. ¿Te acuerdas de nuestra primera noche?

-Como iba a olvidarme, yo 17, tu 19. Creo que hacia frio. Me trajiste aquí, y estuvimos toda la noche haciendo el amor, y después nos quedamos dormidos, y tu padre nos despertó y salimos huyendo a toda prisa.

-Si… creo que nunca me quitaré la imagen de mi padre cuando te vio desnuda.

-¡Cállate! Menuda vergüenza -le empujé nerviosa mientras recordaba aquella escena-. Aún no puedo mirar a tu padre a los ojos.

-Bueno, creo que él se lo toma con humor -me cogió de las manos, me las colocó detrás quedando muy cerca el uno del otro.

-Entonces…¿me has traído aquí como una aventura de jóvenes?

-Bueno, yo tenía pensado otra cosa -le miré sin entender. Soltó una de mis manos y me arrastró dentro. abrió la puerta y todo estaba lleno de velas y de pétalos de rosas.

-Esto es precioso… -dije muy sorprendida. Empecé a caminar mirando todo lo que había allí. Hasta llegar a cierto sitio. Había unas mantas, almohada, todo como aquella vez. Mi corazón empezó a saltar de alegría -David, esto es preciso como has… -entonces le vi, tenía una rodilla en el suelo-. David… que?...

-Catherine Kalendra Williams, Te quiero, han pasado 10 años desde que empezamos a salir. El conozco desde hace 16, y el estado enamorado de ti desde el momento en que te vi. Aquí fue la primera noche que supe que querías pasar el resto de mi vida contigo, y aquí es donde quiero que sepas, que haré lo que sea para protegerte, amarte y darte todo lo que quieras, ¿Quieres casarte conmigo? -me pidió.

Yo mientras intenta mantener las lágrimas en su sitio y asentí. Nos abrazamos como nunca lo habíamos hecho.

-¡Sí, si, quiero casarme contigo! -me colocó el anillo en el dedo y me elevó por los aires.

Esa noche fue como la primera. Solo nosotros dos, un granero lleno de velas y varias mantas para taparnos.

Habían pasado 6 años. Pero nada nos paraba de ahora en adelante.