La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


25

POV Bella

El único momento en que no me importaba que mi jefe se asomara en mi oficina era cuando Tanya estaba cerca. Más que nada porque el señor CUM literalmente se tropezaba con las cosas cuando estaba cerca de ella. Hoy, fue el bote de basura justo afuera de mi puerta.

Tanya lo había visto viniendo por el pasillo y se inclinó sobre mi escritorio como una borracha tratando de llamar la atención en una piscina llena de vaqueros cachondos. Su falda ya de por si ajustada parecía lista para estallar por las costuras cuando meneó su trasero sugestivamente.

―Qué bueno verte, Cai. ―Se inclinó sobre mi escritorio y miró hacia atrás sobre su hombro para hablar con él. Nadie llamaba a Caius Ulysses Macy "Cai". Excepto Tanya.

―Tanya. ―Aclaró su garganta― Te ves bien.

Sonrió.

―Estás viendo mi ángulo bueno.

Interrumpí antes que él pudiera responder.

―¿Qué puedo hacer por usted, señor Macy?

―Sí… Mmmm. Necesitamos que grabes un anuncio de sesenta segundos para las rondas clasificatorias.

―¿En serio? ―Los anuncios de sesenta segundos siempre eran hechos por los reporteros de renombre y las caras muy conocidas.

―Necesitamos la atención femenina, así que haremos los anuncios con dos reporteros; uno de los cuáles será una mujer.

―¿Entonces básicamente la estás usando por su cuerpo? ―Tanya se puso de pie y cruzó sus brazos sobre su pecho.

―Mmmm… no. Nosotros…

―Relájate, Chuck. ―Puso una mano sobre su brazo―. Solo estaba un poco celosa. Nadie ha usado mi cuerpo en un tiempo.

El pobre Charles tuvo que ajustarse el creciente bulto que Tanya estaba incitando. De hecho, salí al rescate del cerdo.

―Estoy feliz de tener la oportunidad.

―Bien. Conducirás hasta ahí con Mike después del juego del domingo. Harás el anuncio con Mara en Miami, el lunes.

―¿Mike?

―Newton. Es con quien vas a grabar tus anuncios.

Me tomó diez minutos más sacar al señor CUM de mi oficina. Cuando se fue, miré a Tanya con el ceño fruncido.

―¿Por qué insistes en hacer eso?

Lanzó un bolígrafo al aire y lo atrapó.

―Mentalmente me doy dos puntos por ponerlo duro. Es un pequeño juego que tengo.

―Asqueroso.

―Lo sé. ¿Crees que esté masturbándose en el baño de hombres? Consigo cinco puntos si sale y hay un pequeño punto húmedo en sus pantalones por goteo post eyaculatorio.

―En serio, podrías ser más asquerosa que él.

―Lo tiene merecido. Merece ser tratado como carne, ya que es como trata a los demás.

―Pero le gusta.

―Le gusta cuando estoy jugando con él, no cuando no le queda más que jugar consigo mismo.

Atrapé la pluma que estaba arrojando continuamente en el aire.

―Ahora debo irme un día extra. Pensé que solo necesitaría llevarme un atuendo para estar al aire. Debo de llegar a la tintorería antes que cierren. Lo que significa que no iré a yoga esta noche.

―¿Sin yoga? ―Hizo un puchero.

Comencé a organizar mi escritorio.

―Nop. Simplemente tendré que hacer ejercicio con Emmett esta noche ―bromeé.

―Vida dura. Vas a acostarte con tu precioso novio mariscal de campo esta noche, luego volarás a una romántica escapada nocturna con Mike Newton.

―No será romántica.

―Por la forma en que ese hombre te mira, supongo que no será porque él no lo intente.

Emmett y yo teníamos planes para cenar en su habitación del hotel esta noche. Le escribí un mensaje avisando que llegaría tarde, pero para el momento en que terminé de hacer las cosas para el viaje de mañana, llegué incluso más tarde de lo que había planeado. Cuando llegué al Regency, Emmett estaba sentando en el bar dentro del Silver Ivy. Jane, la mesera que batía las pestañas, estaba sentada frente a él a la mesa, usando su uniforme.

―Hola. ―Ninguno de los dos me notó acercarme.

Al escuchar mi voz, Emmett se giró en mi dirección, tirando un vaso vacío en la mesa cuando se volvió. Se cayó al suelo y se rompió. Todos los ojos en el bar se dieron cuenta.

―¡Ahí está! ―dijo audiblemente. Cuando llegué a su alcance, envolvió un brazo alrededor de mi cintura y me jaló hacia él. Un ayudante de camarero corrió y empezó a limpiar el desastre.

―Nuestro chico bebió un poco demasiado ―dijo Jane.

¿Nuestro chico?

―Tuvo un mal día ―continuó. Su tono de altivez era irritante, y peleé contra la urgencia de ponerla en su lugar. En cambio, le hablé a Emmett.

―Oye. ¿Estás bien? ―Definitivamente estaba ebrio. En su intento por abrir más sus ojos, de hecho, inclinó su cabeza hacia atrás. Como si al echar su cabeza hacia atrás pudiera ayudar a que los parpados se abrieran.

Sonrió y se acurrucó contra mí; primero su cabeza contra mi pecho, por supuesto.

―Estoy genial. Ahora que estás aquí.

―¿Comiste algo?

―Nop. Estaba esperándote.

―Lo siento. No pensé que llegaría tan tarde.

―Está bien. Jane me hizo compañía.

Apuesto a que sí.

Una vez que el ayudante limpió el desastre, Jane estuvo de regreso con un vaso lleno de un líquido transparente.

―Espero que sea agua.

―Le traje una nueva bebida.

―No creo que la necesite.

―Claro que sí.

Jane me miró con una cara condescendiente de te-lo-dije.

―Es martes.

―Soy muy consciente de eso.

―Es el único día que se permite algunos de tragos.

―Sí. Pero por como lucen las cosas, creo que nos hemos saltado algunos y aterrizado en más que suficientes.

―Tuvo un día difícil.

―Sabes qué, creo que vamos a conseguir algo de comer en el restaurante en lugar de comer en el bar.

Mientras llevaba a Emmett hacia la estación de la anfitriona, la extensión de su borrachera se hizo más evidente. Su brazo colgaba sobre mis hombros, y de hecho estaba inclinándose un poco contra mí.

―¿Qué tal si nos saltamos el restaurante y pedimos servicio de habitación? ―dije.

―¿Qué tal si nos saltamos el servicio de habitación, y te como a ti?

―Pervertido incluso cuando estás ebrio, ya veo. ―Me reí.

Arriba en la suite de Emmett, ordené una cena ligera para dos. Aunque no estaba muy segura de si Emmett seguiría despierto para cuando la cena llegara.

Estaba jugueteando con los botones de su camisa, así que lo ayudé a desvestirse mientras se sentaba en la cama.

―Mientras estás ahí abajo… ―Emmett sonrió cuando me arrodillé para desamarrar sus zapatos.

―Creo que puede que estés demasiado ebrio incluso para eso. ―Le quité el segundo zapato y descansé mis brazos sobre sus rodillas.

Emmett deslizó mi mano de su rodilla hacia entre sus piernas, ahuecando mis dedos alrededor de su erección.

―Podía ver bajo tu blusa cuando desataste mis zapatos. No estoy tan borracho como para no poder quitármelos. Solo me gustaba la vista.

Me reí.

―¿Por qué no te bañas antes que venga la cena? Puede que te ponga un poco más sobrio.

―¿Vas a bañarte conmigo?

―No esta vez.

―Muy bien. Pero no voy a encargarme de mí mismo mientras estoy ahí. Voy a guardar eso para cuando salga.

―No esperaría nada menos.

La comida que ordené llegó justo antes que Emmett saliera del baño. Salió llevando una toalla envuelta alrededor de su cintura; justo como la primera vez que lo vi.

Hace dos meses, jamás habría adivinado que toda la arrogante petulancia de Emmett Mccarty solo camuflaba sus inseguridades. Resultó que no éramos tan diferentes después de todo. Por los últimos siete años desde que Jacob murió, todo el mundo había estado diciéndome que estaba evitando relaciones de verdad porque tenía miedo de salir lastimada de nuevo. No lo vi… hasta que vi mis propias acciones reflejadas hacia mí en las de Emmett. Puede que hayamos tenido métodos diferentes, pero estábamos haciendo la misma cosa; protegiendo nuestros corazones de perder de nuevo. No podías salir lastimado si no dejabas que nadie entrara.

Organicé nuestras cenas en la mesa del comedor.

―¿Simplemente estabas aburrido de esperarme? ¿O de verdad tuviste un día difícil?

―Tal vez un poco de ambas. ―Frotó sus manos por su rostro y se sentó a la mesa.

―¿Tuviste una mala práctica hoy?

―No tan mala. ―Levantó la cubierta plateada de su cena y miró la ensalada césar que había pedido para él― Mañana va a apestar con la resaca que ya estoy empezando a sentir.

―Por lo general no tomas más que uno o dos tragos. ¿Está todo bien?

Emmett frotó la parte posterior de su cuello.

―Maggie tenía una visita cuando fui a verla esta mañana.

De repente perdí mi apetito.

―¿Oh?

―Rosalie. Cree que simplemente puede volver a nuestra vida y que todo va a estar bien.

Algo sobre la frase volver a nuestra vida me hizo sentir incluso más intranquila.

―¿Tuvieron una pelea?

―No.

Asentí. Comimos en silencio por unos minutos.

―Solo un montón de malos recuerdos.

No tenía idea de cómo responder a eso, así que no lo hice. El aire estaba tenso, y era difícil tragar mientras danzamos alrededor de otros temas durante la cena.

Después de la cena, Emmett se acostó en la cama mientras yo cepillaba mis dientes en el baño principal con la puerta abierta.

―No voy a volar de regreso contigo el domingo en la noche. La estación me enviará a Miami después del juego.

―¿Ah sí? ¿A quién vas a ir a entrevistar?

―A Payton Mara.

Terminé de cepillarme, me quité la banda para la cabeza que me ponía cuando me lavaba la cara, y estaba por apagar la luz del baño cuando noté una de las camisetas de Emmett colgando en la parte de atrás de la puerta. Era una camiseta de práctica, pero su nombre estaba estampado en la espalda. Mis dedos rozaron sobre cada letra en la oscuridad. M-c-c-a-r-t-y. Estaba enamorándome por completo de él. No había forma de detenerlo en este punto. Solo esperaba que cuando esta caída terminara, Emmett estuviera ahí para atraparme.

Sabiendo por qué su cabeza estaba donde estaba esta noche, tenía dos opciones. Podía meterme en la cama, acurrucarme junto a él, y preguntarme si estaba pensando en ella mientras nos quedábamos dormidos. O… podía espantar esos malos recuerdos y no dejarle espacio para que pensara en alguien más que yo.

Si voy a caer, bien podría hacerlo en caída libre y disfrutar del viaje.

Quitándome mi camiseta y pantalones, así como la ropa interior, pasé la camiseta de práctica sobre mi cabeza. Cayó sobre mi trasero, apenas cubriéndome. Perfecto.

Emmett estaba mirando sin expresión hacia la TV, así que caminé a la cómoda que estaba debajo y acomodé mi ropa doblada con una inclinación que reveló todo mi trasero desnudo.

Mierda, me encanta eso. Mi nombre en tu espalda y ese perfecto culo redondeado.

Me di vuelta e incliné mi cabeza con coquetería.

―¿Pensé que estabas dormido?

―Tendría que estar muerto para dormirme contigo luciendo así. ―Su voz se hizo más baja― Date vuelta.

―Solo quieres mirar tu nombre ―bromeé, pero me giré de todos modos. La cama crujió cuando se puso de pie.

―Marcaría mi nombre en ese culo si pudiera.

Crudo, pero no obstante, el sentimiento me hizo derretir un poco.

Sus pasos vibraron en el suelo mientras se acercaba a mí. Cálido aliento hizo cosquillas en mi cuello cuando se inclinó y habló contra mi oído.

―Inclínate. Quiero usarte. ―Frotó mis hombros― Estoy un poco ebrio y quiero olvidar que todo lo demás existe por un momento. Excepto yo, dentro de ti. Donde todo se siente bien. ¿Estás bien con eso, nena?

Tragué y asentí. Era exactamente lo que quería. Nada de espacio para nada excepto nosotros dos. Al menos por esta noche.