CAPITULO 24: Universo Decadente

—Aún no sé por qué tenemos que ir—refunfuñó Cassis mientras fruncía su ceño observando el amplio espacio sideral que se extendía a las afuera del cubo de transporte intergaláctico.

Od, el anciano Kaio-Shin, giró sus ojos en señal de exasperación.

—Eso es porque tu déficit de atención es del mismo tamaño que una galaxia entera. Por enésima (y ultima) vez, si el Necrodarion infecta el Universo quince, solo será cuestión de tiempo para que el nuestro, corra con la misma suerte, y supongo que tienes las neuronas suficientes para saber que pasara si, el Gran Sacerdote, se percata de eso ¿verdad, mocosa?

La diosa de coletas azules sacó su amarillenta lengua en respuesta a la exposición de su contraparte, y se limitó a cruzar sus brazos y seguir viendo absorta el paisaje espacial.

Sak, por su parte, se hallaba poseído por una angustiante inquietud. ¿Sería capaz de hacerle frente a aquel milenario y poderoso ser? Él ya había sentido de primera mano el poder del primogénito de Daishinkan, y aunque había salido triunfante, él era consiente que, en realidad, eso fue gracias a la intervención de sus colegas de otros universos. Mientras pensaba en todo eso, una nueva duda importante asaltó la preocupada mente del dios terrestre.

—Oye Brandy…—preguntó al oído de su asistente de manera discreta—¿Es necesario que ellos vengan? —añadió mientras señalaba sutilmente a la pareja de Kaio-Shin—lo digo porque, tu sabes…si ellos mueren, nosotros…

—No te preocupes por nosotros—cortó Od mientras observaba la inmensidad de su universo—¿Recuerdas que te dije que ustedes fueron creados específicamente para hacerle frente al Necrodarion? Pues bien, antes de que ustedes aparecieran, nosotros nos hacíamos cargo de mantener el orden en el universo ¿cierto, Gea?

—Ha pasado mucho tiempo, ya no recuerdo ni lo básico—respondió escuetamente la regordete Kaio-Shin

—Tienes razón, estamos muy oxidados—corroboró Od, pero acto seguido, y en un despliegue de velocidad divina, el anciano se apostó a la derecha de Gea y le asestó una poderosa patada, misma que fue detenida delicadamente por el codo de la sabia Kaio-Shin sin apartar su vista del espacio.

Tanto Sak como Cassis observaron asombrados, aquel inusual despliegue de habilidad marcial de sus contrapartes

—¿Q…Que ha sido eso? —preguntó Sak atónito.

Kami no Kempo—contestó Brandy—el arte marcial de los Kaio-Shin que rivaliza con el Migate no Gokui de los Hakai-Shin. Es la primera vez que lo veo en acción.

—¿Kami no Kempo? —preguntaron al unísono los Hakai-Shin

—Anciano ¿has tenido esa habilidad escondida todo este tiempo? —preguntó Cassis emocionada; a lo que Od, haciendo gala, una vez más, de su velocidad, le dio un coscorrón a la pequeña diosa destructora.

—Ya te dije que te refieras con más respeto hacia mí, mocosa. Pero si, siempre he podido pelear hábilmente. El Gran Sacerdote nos entrenó personalmente. Aunque cabe recalcar que, solo unos pocos tuvimos el potencial de desarrollar esta habilidad. Gea, por ejemplo, fue la que más sobresalió en este arte.

—Me sobreestimas mucho Od. Tú no te quedas atrás. —contesto Gea con amabilidad—Tu patada adormeció mi codo. —añadió mientras pasaba su mano sobre el codo adolorido.

Cassis emitió un aura azulada de su cuerpo y adoptó una postura de combate.

—Pelea conmigo Anciano…quiero decir, Od…probemos ese Kami no Kempo.

El Kaio-Shin observo divertido a la pequeña diosa y se dispuso a aceptar su reto, pero en ese instante, el pequeño Calisay los interrumpió cortésmente:

—Damas y caballeros, hemos llegado al Universo quince.

Todos los presentes en el cubo intergaláctico quedaron estupefactos, al contemplar el aterrador panorama que se extendería frente a ellos.

Al menos una decena de planetas estaban cubiertos en llamas purpuras. Un par de ellos estaban en plena explosión, y en la lejanía se vislumbraban un grupo de supernovas destruyendo los planetas cercanos a su radio de alcance. Ninguno de los dioses tuvo alguna duda, el universo quince estaba muriendo frente a ellos.

—¿Q…que está pasando? —preguntó Gea Horrorizada

—Esto es…aterrador—admitió Od con gotas de sudor recorriendo sobre su arrugado rostro.

—No siento la presencia de Apricot—dijo Cassis con el ceño fruncido.

—¿Quién? —preguntó Sak tímidamente.

—El dios destructor de este universo—respondió Brandy amablemente—El Señor Apricot es un luchador bastante habilidoso, por lo que también encuentro inquietante su desaparición. —añadió la hermosa Ángel mientras examinaba su báculo.

—Me temo que llegamos tarde–dijo Calissay con un tono sombrío, mientras proyectaba con su báculo, la imagen en ruinas del planeta sagrado de ese universo.

—¡Oh no, Shiv! —exclamó Gea refiriéndose a su colega creador de esa galaxia. —¡Debemos ir rápido! ¡sujétense de las manos todos! —y al momento, todos siguieron las indicaciones de la Kaio-Shin¸ excepto Brandy, quien utilizó una de sus manos para tocar la pared del cubo de transporte; acto seguido, Gea pronuncio dos simples frases "Kai Kai" tele transportando a las deidades y al cubo hacia el planeta sagrado en decadencia.

Al llegar a la superficie de aquel mundo, lo primero que se robó la atención de todos, fue la nebulosa oscuridad apostada encima del palacio del Kaio-Shin, confiriéndole un aire macabro.

Sak sintió escalofríos recorriendo violentamente todo su cuerpo, ya que podía sentir un ki diabólico, bastante familiar, proviniendo de aquella nube.

—Esto es malo—dijo el dios humano mientras adoptaba una postura de defensa—creo que él está aquí.

—¿Quién? —preguntó con duda la diosa destructora infantil, pero en ese instante, una figura salió caminando de la oscuridad del palacio con tranquilidad y confianza.

—¡Shiv! —gritó Gea al reconocer a su compañero creador, pero bastaba un simple vistazo, para saber que aquel hombre no era el amable Kaio-Shin que ella conocía.

Shiv era un dios de contextura delgada y de piel amarillenta; su altura de un metro ochenta le confería un aire de imponencia elegante; llevaba su cabello recorrido en una distinguida cola de caballo, y los delicados y hermosos rasgos de su rostro, habían dado paso a una demacrada cara que emanaba maldad, sobre todo por sus ojos de esclerótica negra y pupilas rojas.

—Saludos dioses—dijo Shiv con una voz semi gutural—que inesperada visita.

—¿Qué sucedió aquí? —preguntó Od de manera imponente, pero Shiv, siguió sonriendo de manera macabra.

—¿Te refieres a la oscuridad que gobierna mi universo? ¿Acaso no es lo más hermoso que hayan visto? —añadió mientras observaba embelesado la destrucción de cientos de estrellas en el cielo. —Contemplen el nacimiento de un nuevo mundo para nosotros.

—¿De qué rayos hablas? —cortó Cassis con irritación—Es obvio que te has vuelto loco, dejame librarte de tu delirio…Hakai.

Shiv comenzó a gritar de dolor mientras su cuerpo se empezaba a desintegrar, pero en un instante, su grito se convirtió en una horrenda carcajada, al mismo tiempo que su cuerpo emanaba un ki purpura que volvió a reintegrar su cuerpo, ante la mirada atónita de todos los presentes.

—¡¿P…pero qué rayos?!—dijo Cassis visiblemente sorprendida de ver como su ataque insigne había sido rechazado.

—¡Purificaré la creación! —grito el poseído Shiv mientras extendía su palma con la intención de tocar a Cassis, pero su brazo fue brutalmente roto debido a un codazo de Gea combinado con una patada de Od.

Cassis apenas y había reaccionado debido a la impresión de su ataque fallido

—¡Despierta de una vez, niñata! —rugió Od con acritud—¡Esta cosa iba a regresarte tu ataque con más poder!

Shiv cambio su semblante sonriente, a uno lleno de odio y repulsión.

—Los Kaio-Shin no tienen lugar en la nueva creación ¡ustedes morirán aquí! —al terminar de decir sus palabras, Shiv contorsiono su cuerpo de una manera perturbadora y adopto una extraña postura de ataque.

Gea y Od también adoptaron una postura, dispuestos hacerle frente a su compañero.

—Ustedes dos encárguense de buscar a Apricot—ordenó Gea con convicción—es deber de un Kaio-Shin corregir a un compañero en su error. —y acto seguido, el trio de deidades creadores se adentraron en una inusual batalla encarnizada.

—¿Estarán bien? —inquirió Sak con incertidumbre al contemplar aquella extraña pelea.

—La verdadera pregunta es ¿lo estarás tú? —preguntó una voz femenina que Sak reconoció al instante.

—¡Mary! —exclamó el dios con el ceño fruncido mientras veía a la deidad destructora del universo dieciocho, saliendo triunfalmente de la nebulosa oscura junto a Pulk, el Ángel asistente del universo quince.

—Veo que has venido con esa maldita niña odiosa…mucho mejor para mí—dijo la diosa pelirroja mientras relamía sus labios.

—Vaya, la basura decidió salir del basurero—replicó Cassis con desdén —¿Has venido para que te reviente esa carita nuevamente?

Mary apretó sus puños violentamente al mismo tiempo que un ki de tono carmesí cubría su cuerpo.

—Han pasado trescientos trece años desde esa humillación en mi combate de exhibición contra ti—exclamó la diosa de cabello rojo con furia—jure desde ese día, que me las pagarías maldita niña…y hoy es ese glorioso día—a continuación, Mary comenzó a expulsar una cantidad obscena de poder que hizo estremecer los cielos y la tierra del planeta sagrado.

Cassis se sorprendió al ver aquel despliegue de poder combinado con ira, y Sak pudo comprender lo que estaba sucediendo con incredulidad y terror.

—N…no puede ser. —dijo el dios humano al ver como aquella energía que Mary expulsaba se iba convirtiendo en un aura blanca muy familiar para él.

—¡Brandy! ¿a…acaso ella? —comenzaba a preguntarse Sak, cuando de repente, la energía blanca envolvió el esbelto cuerpo de la diosa Mary, para posteriormente desprenderse como una cascara, revelando la nueva apariencia de la deidad destructora. El distintivo cabello rojo como el fuego, se había descolorado en un tono naranja casi fluorescente, el cual combinaba con las nuevas pupilas azules.

—Este es mi nuevo poder. Un poder que ustedes no pueden equiparar…soy la desesperación encarnada; soy Orange Despair.