Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
Hay OOC
EPILOGO
—Papá, cuando crezca, ¿seré tan guapa como mamá?
Naruto miró a Himawari, sentada en una manta a la sombra de las extensas ramas de un árbol que protegía su piel clara del sol estival. Aunque sólo tenía seis años, era bastante obvio que no había heredado únicamente los rasgos de su madre sino también su inteligencia.
Él, apoyado en un codo, estiró el otro brazo y le pellizcó la nariz, haciéndola reír.
—Ya eres tan guapa como mamá.
—¿Y Boruto será tan guapo como tú cuando crezca? —preguntó también.
—Mucho más, diría yo.
Miró a lo lejos donde su hijo —el primero de sus hijos con la que se demostró que Hinata no era estéril— jugaba al críquet con sus amigos. Tras el nacimiento de Himawari, Naruto y Hinata habían dejado de ir de vacaciones a lugares cálidos. Después de que Hinata descubrió que nuevamente estaba embarazada, había sacado el collar de perlas de debajo de la almohada. asi, parecía que el único modo de que Hinata no tuviera más hijos era que Naruto dejara de quitarse los pantalones antes de meterse en la cama.
Eso no iba a suceder. Ciertamente no. En absoluto.
Naruto vio a su esposa acercarse a él. Había ido a ver de cerca el partido de críquet mientras Himawari dormía una siesta después del picnic. De camino, iba saludando a la gente con cara de satisfacción. El aire le traía su risa y le hizo pensar que jamás había conocido a una persona más feliz. Ni más volcada en la comunidad.
Gracias a su esfuerzo, la Escuela Konoha para chicos se había convertido en la Escuela Konoha de etiqueta y mejora social, donde se enseñaba a chicos y chicas no sólo cosas elementales sino también el modo de encajar en la élite.
«El mundo cambia y empieza a surgir una nueva clase social. La aristocracia comienza a admitir en sus filas a los americanos ricos. Los británicos ricos no pueden quedarse atrás, y hay mucho que aprender para no parecer estúpido», decía. En broma, Hinata llamaba a su programa de etiqueta «Cómo engañarlos a todos», aunque nunca bromeaba con su «Plan de recuperación», el programa de lectura para adultos.
Ella misma era un ejemplo claro de lo que una persona podía conseguir si se lo proponía. A menudo hablaba con algunos grupos sobre la necesidad de facilitar la enseñanza, no sólo a los pobres sino también a los marginados de cualquier tipo; no sólo a los niños, sino también a los adultos. Poniéndose a sí misma como ejemplo, proclamaba: «La incapacidad de leer de un adulto no es culpa suya sino de Inglaterra. ¿Cómo va a acabar nuestra nación con la pobreza económica si no combate primero la pobreza educativa?».
Naruto nunca se había sentido más orgulloso de ella que cuando dirigió una petición al Parlamento instando a que se promulgara una ley que permitiera la educación gratuita.
Trabajaba incansablemente por mejorar el sistema educativo y, aunque a menudo la frustraba la lentitud con que giraban las ruedas del progreso, para Naruto su aportación era sin duda muy valiosa. Al menos, había conseguido aflojar los bolsillos más prietos cuando recaudaba fondos para sus causas. Naruto sospechaba que porque en su día había estado al tanto de muchos secretos. Además, exponía sin vergüenza sus principios y se servía de los métodos que fueran necesarios para mejorar la situación de los ignorantes.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Himawari se puso en pie de un salto y corrió hasta ella. Hinata la abrazó.
—¡Hola, angelito mío! ¿Has dormido mucho?
—No mucho —respondió Himawari—. ¿Nos lees algo?
—En seguida —prometió.
Naruto se levantó mientras Hinata volvía a sentar a la niña en la manta. Cuando se hubieron sentado, se volvió hacia él.
—No consigo entender las normas del críquet por muy de cerca que lo vea—dijo, obviamente inquieta porque el juego escapara a su comprensión, ahora que lo entendía casi todo.
—Supongo que basta con que lo entiendan los jugadores —la tranquilizó él.
—Supongo —concluyó ella. Luego, con una tierna sonrisa, se dio la vuelta y se recostó contra el pecho de su marido. Él la abrazó por la cintura, la atrajo hacia sí y apoyó la barbilla en su hombro, aproximándose así a su aroma y su calor.
Ciertamente, no se acostaría con los pantalones puestos en un futuro próximo.
—¿Lamentas alguna vez no haberte casado con tu duque? —le preguntó en voz baja.
Ella lo miró ladeando la cabeza.
—¿Para qué quería un duque si podía tener un príncipe?
Pero al ver tanto amor reflejado en sus ojos, más que como un príncipe, Naruto se sintió como un rey.
Nombre Original: El Deseo del conde
Autor: Lorraine Heath
Gracias por los comentarios, nos leemos en la próxima
