Erwin parpadeó ante el rayo de sol que le estaba dando en plena cara y que acababa de despertarle. Cerró los ojos y se movió lo justo para que dejara de molestarle, aprovechando de paso para estirarse un poco y seguir disfrutando de una mañana en la que no pensaba hacer otra cosa que dormir.
Al hacer ese pequeño gesto uno de sus pies salió de la cama y recordó que no estaba en su habitación privada, la única que contenía un lecho lo suficientemente grande como para dar cabida a un hombre de su envergadura.
En esa ocasión no le importó la falta de espacio, ya que aquella cama más pequeña significaba que tenía como acompañante a un hombre también pequeño, aunque solo en apariencia.
Fue darse cuenta de ese detalle y una sonrisa asomó entre sus labios. Hacía mucho que no pasaba la noche en el dormitorio de su Capitán, siendo mucho más cómodo el suyo. Ahora que su relación no era ningún secreto, no tenían por qué ser tan precavidos a la hora de camuflar los sonidos que hacían durante sus encuentros más íntimos, por lo que no hacía falta que fueran al último piso del cuartel para que nadie les oyera. Por no hablar del hecho de que últimamente Levi parecía tener un retorcido interés en taparle la boca las ocasiones en las que era él quien le follaba, según el propio Levi para que los Jefes de escuadrón que dormían a su lado no perdieran el respeto a su Comandante si le oían gimiendo con demasiada desesperación.
Esta vez no habían cambiado de escenario porque Erwin se sintiera especialmente hablador y no quisiera traumatizar a Mike… con Hange lo que pasaba era justo lo contrario y era bien consciente de que su Jefa de investigación tenía un morboso interés en conocer todos sus secretos de alcoba. Pero tampoco fue buscando un poco de intimidad por lo que Erwin optó por quedarse en el dormitorio de Levi, alejado del resto del cuartel. Lo que pasó fue, simplemente, que le había echado tanto de menos que no pudo esperar a que bajara a su habitación para que se vieran.
Y es que hacía tres días que no le veía. Desde que el escuadrón especial que Levi comandaba tuvo que realizar una incursión fuera de los muros para avanzar con el plan de abastecimiento del nuevo distrito que habían conseguido levantar.
En principio no era una misión peligrosa, pero no dejaban de estar fuera de los muros, donde los titanes campaban a sus anchas. Y aunque en ese escuadrón estaban los mejores de los mejores, con el Capitán Levi Ackerman al frente, seguían siendo tres días en los que había estado lejos de él. 72 horas en las que no había podido ver esa mirada de perdonavidas ni escuchar ese chasquido que, ahora que nadie le oía, conseguía que el corazón le latiera a mil por hora.
Por ello, cuando anunciaron que el escuadrón había regresado y que no había habido ningún incidente durante la expedición, Erwin pidió que informaran al Capitán para que se presentara en su despacho y le diera todas las novedades personalmente. Sin embargo, un minuto después cambió de idea, ansioso por verle, y fue él quien se presentó en su dormitorio para darle la bienvenida que se merecía.
Levi todavía no se había quitado el equipo tridimensional ni había tenido tiempo de limpiarse el polvo del viaje cuando entró en su habitación sin llamar, por lo que le ayudó a desprenderse del uniforme… Y si al hacerlo tal vez rasgó la camisa por la impaciencia de tenerle ya desnudo, ninguno de los dos se quejó.
Cuando Erwin entró en el dormitorio estaba atardeciendo y todavía no habían salido de la habitación, siendo ya de día. Ni siquiera habían salido para comer, y eso que no estuvieron ese tiempo precisamente durmiendo.
Ese cúmulo de circunstancias, siendo lo mejor que había tenido a Levi para él solo las últimas doce horas, era el principal motivo por el que el Comandante se encontrara ahora de tan buen humor.
Por ello en el fondo no le importó que aquel rayo de sol le despertara antes de tiempo, pese a sentirse todavía cansado después de pasarse toda la noche haciéndole el amor a su Capitán. Antes bien, aprovechó que ya estaba despierto para darle los buenos días en condiciones.
Estiró el brazo para buscar a tientas el cuerpo de Levi, demasiado a gusto como para abrir los ojos. Por desgracia, su búsqueda no dio ningún resultado y, cuando comprendió que no había nadie con él, no tuvo más remedio que abrir los ojos para buscar a su en teoría compañero de cama.
Encontrarle en la otra parte del dormitorio, recogiendo el equipo tridimensional que habían dejado tirado cuando terminaron de desnudarse, le confirmó que Levi no compartía sus planes de pasarse toda la mañana remoloneando en la cama.
- Levi –le llamó con modorra, todavía medio dormido-. ¿Qué estás haciendo?
- ¿Tú que crees?
- ¿Es necesario que hagas eso ahora?
El Capitán guardó su equipo en el armario y a continuación sacó una escoba para comenzar a barrer. Hacía tres días que no limpiaba su habitación, pues había amenazado a todos los soldados del cuartel para que nadie osara entrar en su dormitorio cuando él no estaba, y el polvo se había acumulado por doquier. Por no hablar de los muebles rotos…
- Si respondo a esa pregunta tan absurda significaría que eres más imbécil de lo que pensaba –respondió a Erwin sin mirarle, concentrado en su tarea-. Así que optaré por guardar silencio.
Erwin confiaba en que Levi se limitaría a recoger un poco el estropicio que él mismo causó la noche anterior, cuando no tuvo paciencia para tumbarle en la cama y acabó rompiendo la mesa sobre la que le sentó la primera vez que le folló… y de lo que no se arrepentía lo más mínimo. Sin embargo, cuando vio que su Capitán de metro sesenta se colocaba el pañuelo sobre la cabeza, lo que significaba que tenía por delante horas de trabajo, dejó los ojos en blanco.
- ¿Por qué no vuelves a la cama y me haces compañía? Luego te ayudo a recoger.
- Si esa es tu estrategia, lamento decirte que estás perdiendo facultades.
- ¿Qué hay de malo en que te ayude a limpiar?
- Para eso prefiero llamar a Eren. Es de los pocos a los que he conseguido enseñar algo.
La sonrisita de Erwin al ver a Levi tan inmerso en su obsesión por la higiene aumentó un poco, a medida que se iba despertando.
- Diciendo eso vas a conseguir que me ponga celoso.
- ¿De un mocoso capaz de convertirse en titán y crear muros resistentes con su piel? –Le miró por encima de su hombro-. Me pregunto por qué.
- Levi…
- Tu miradita no tiene efecto sobre mí –le amonestó, ya sin dignarse a mirarle pero sabiendo la cara que tenía-. A estas alturas ya deberías saberlo.
- Tal vez deba apostar entonces por otra estrategia para convencerte –canturreó el Comandante, esperando intrigarle.
Levi terminó de apoyar la mesa rota sobre la pared. Tendría que ponerle una pata nueva. O mejor cambiar las cuatro y que fueran más resistentes… Maldito Erwin y su fuerza desmedida. Cuando estaban a solas, sobre todo después de días sin verse, no se parecía en absoluto a ese hombre calmado que lo observaba todo desde la distancia y en silencio, esperando a hacer su jugada maestra.
- Seguro –dijo con mofa el Capitán-. Me has estado follando toda la noche. No creo que…
Las palabras del "arma más poderosa de la humanidad" murieron al dar media vuelta y ver al hombre con quien estaba hablando. Más en concreto, al ver la postura que había adoptado Erwin, totalmente desnudo y colocado cuatro a patas sobre la cama.
- ¿Y bien? –preguntó Erwin con gesto de superioridad.
Levi podría haberle dicho que no tenía sentido que pusiera esa cara cuando estaba a cuatro patas en una cama ridículamente pequeña para un hombre de casi dos metros, pero viendo el modo que estaba ofreciendo su trasero no tuvo fuerzas para quitarle la ilusión.
Así que lo que hizo fue dejar la escoba a un lado, quitarse el trapo de la cabeza y acercarse a la cama, comiéndose ya a Erwin con los ojos.
- ¿No tienes luego una de tus reuniones? –preguntó, descalzándose.
- Así es.
- ¿Quiénes estarán?
- ¿Qué más da eso?
- Responde –gruñó mientras se quitaba la camisa y la colocaba perfectamente en la silla que había junto a la cama, indicándole con una mirada nada sutil que eso es lo que tendrían que haber hecho anoche.
- Los de siempre –A Erwin no le afectó la reprimenda. Tenía poco sentido cuando seguía con el culo en pompa, esperando a que Levi hiciera algo con él-. Hange y Mike. Y tú, si esta vez nos concedes el honor de tu presencia.
- ¿Y cuánto crees que durará?
- No menos de una hora –respondió, intrigado con tanta pregunta del que se suponía era un hombre de acción, cuando de pronto captó algo en el inexpresivo rostro de Levi-. ¿Eso que he visto es una sonrisa?
- Oh sí –admitió, colocándose tras el cuerpo de su amante. La cama crujió bajo el peso de los dos y Levi rezó porque al menos aguantara el primer asalto. No tenía ganas de hacerlo en el suelo cuando aún no había terminado de barrer-. Me encantará ver la cara de Mike cuando se pregunte por qué a su Comandante le cuesta tanto sentarse erguido.
- Y yo que pensé que me querías –protestó Erwin con ironía, gimiendo casi enseguida. En cuanto Levi le mordió uno de sus glúteos. Con fuerza.
- Oh, lo hago –replicó después de morder su otro glúteo, no fuera a ser que se sintiera desplazado-. Si no fuera así, te obligaría a limpiar antes de follarte.
- Qué considerado… -jadeó, sintiendo ya los dedos de Levi dentro de él.
- Lo mejor para el gran Comandante Erwin Smith –susurró en su oído, todo ternura, y que desapareció tan pronto como le agarró del pelo y procedió a hacer lo que los dos querían.
Tras un par de horas de sexo desenfrenado, Erwin despertó de la manera más agradable posible: sintiendo los dedos de Levi enredándose en su pelo revuelto.
Aquel simple gesto bastó para que una sensación de paz y tranquilidad se apoderara de él, consiguiendo incluso que soltara un pequeño ronroneo de placer. Los dedos de Levi pararon un segundo ante aquel ruidito tan poco autoritario, pero el Comandante no se arrepintió; a estas alturas los dos sabían perfectamente que cuando estaba con él su don de mando desaparecía.
Además, esta vez Levi no hizo leña del árbol caído y no se metió con él. Menos aún cuando, acto seguido, colocó una de sus grandes manos el pecho de su amante y, al notar cómo este subía y bajaba con cada respiración, su expresión se suavizó incluso un poco más de lo que ya lo estaba.
Levi entendía perfectamente lo que estaba experimentando y no pensaba sacarle de la burbuja de felicidad en la que ahora se encontraba. Aunque para los dos hubiera pasado el mismo tiempo sin verse, Erwin fue quien tuvo que quedarse en el cuartel a la espera de novedades. En cambio él, pese a ser quien tuvo que enfrentarse a los titanes, al menos presenció aquella lucha en directo; sin tener que esperar el regreso de un escuadrón que con suerte volvería completo y, en el peor de los casos, le traería los restos del hombre al que quería.
Hace no mucho él vivió algo parecido, cuando la lesión en su tobillo le impidió acompañar a Erwin en un instante en que su vida corría peligro, y a día de hoy todavía tenía pesadillas en las que Mike le entregaba el colgante de Comandante, lo único que había quedado de él.
Por ello, en lugar de soltar el típico comentario irónico y que suponía un mecanismo de defensa para no sentir en un mundo que ya le había demostrado que con eso no se ganaban las batallas, esta vez optó por darle a Erwin un poco más de esa cercanía que tanto necesitaba. Reinició las caricias sobre su pelo y colocó la otra mano sobre la que el Comandante tenía sobre su pecho, dándole un pequeño apretón. En el acto los labios de Erwin se curvaron en una leve sonrisa, que aumentó al notar que el corazón de Levi se aceleraba un poco, precisamente por culpa de esa sonrisa.
El Capitán soltó un pequeño chasquido al descubrir que su corazón le había traicionado. Vale que ahora Erwin supiera que estaba completa e irremediablemente enamorado de él, pero tampoco era plan de demostrarlo de esa manera tan evidente, pareciendo más un colegial enamorado por primera vez… Bueno. En ese caso sí era su primera vez.
Afortunadamente, Erwin tampoco quiso abusar de la situación, menos aún cuando Levi le estaba tratando tan bien (y después de lo bien que había tratado a su trasero) y no dijo nada. Por contadas que siguieran siendo las ocasiones en las que le demostraba de un modo tan claro que le quería, se conformaba con saber que él era el blanco de esos sentimientos. Y, mejor aún, que él le correspondía, permitiendo que por primera vez en su vida Levi experimentara lo que era ser querido con tanta intensidad, recibiendo tanto cariño, amor y seguridad y sin esperar absolutamente nada de él a cambio. Tan solo que siguiera con él.
Viéndose ahora así, tranquilamente relajados en la cama, abrazados y pudiendo ser completamente sinceros el uno con el otro, Erwin se alegraba de haber hecho pública su relación sentimental. Una decisión que en realidad no habría sido necesaria, pues Nile ya se encargó de anunciarlo durante la expedición conjunta y después en el juicio contra Levi, pero a la que quiso darle un toque más oficial. No ya solo porque esperaba que de ese modo Levi terminara de aceptar que en absoluto se sentía avergonzado de él, sino también para evitar posibles incidentes.
Así, dos días después del juicio reunió a todos los soldados en el patio de armas para explicarles la situación. Lo primero que hizo fue asegurarles que su labor como Comandante no iba a cambiar en absoluto y que seguiría luchando en cuerpo y alma para proteger a la raza humana y acabar con el dominio de los titanes, aunque ello le costara la vida. Pero también dijo que lo que ya no iba a hacer era seguir escondiéndose cada vez que quisiera besar al hombre al que quería. Y que si alguien tenía algún problema con eso, era el momento de confesarlo.
Por supuesto, nadie dijo una palabra. Ningún soldado del Cuerpo de Exploración, por muy locos que parecieran estar, era un suicida. Y si a alguno se le ocurría decir que rechazaba la relación entre el Comandante Erwin Smith y el Capitán Levi Ackerman, dos hombres ya peligrosos de por sí, lo único que estaba pidiendo es que le mataran.
Pero además, y más importante, nadie dijo nada porque confiaban plenamente en su palabra y sabían que el Comandante era ante todo un hombre justo. Y eso significaba que jamás pondría sus vidas en peligro solo para proteger al hombre al que quería, que es lo primero que cualquiera habría pensado al estar en un ejército en el que, lamentablemente, los favoritismos estaban a la orden del día.
Pero no dentro del Cuerpo de Exploración.
Eso sí, por muy bien que le salió la jugada, la primera vez que Sasha les vio besándose Levi le ordenó que dejara de mirarles como si fueran un maldito espectáculo, a riesgo de cortarle la cabeza. Y luego fue Erwin quien tuvo que intervenir, tan pronto como el Capitán desenvainó las espadas, para explicarle que no les estaba mirando con desagrado, sino que simplemente estaba sorprendida al ser la primera vez que les veía de ese modo tan íntimo… Y tal vez demasiado entusiasmada ante lo que estaba viendo, pero eso prefirió obviarlo. Ya bastante tenían con Hange.
Erwin sonrió ante aquel recuerdo y, aunque Levi no supiera realmente por qué lo estaba haciendo, besó los labios del Capitán para agradecerle que fuera un hombre tan genuino y único.
Levi no rechazó el beso. Antes bien, lo alargó más de lo que Erwin había tenido intención, consiguiendo que los dos terminaran de despertarse.
- ¿No deberías levantarte ya? –preguntó Levi al ver que, aunque ahora estuviera con los ojos abiertos, no tenía mucha intención de moverse-. Si sigues así en un minuto tendrás a Hange entrando por esa puerta y queriendo mostrarte sus últimos experimentos.
- Dame un respiro, ¿quieres? Tú eres el culpable de que esté así.
- Si solo he seguido tu estrategia –dijo irónico, sentándose en el borde de la cama para comenzar a vestirse-. Deberías estar contento porque me hayas convencido para que volviera a la cama. Has vuelto a demostrar que eres el más inteligente de todos.
- Ahora mismo no me siento muy inteligente.
Erwin se tumbó boca arriba y se estiró todo lo que pudo, completamente desnudo. Levi tuvo que apartar la mirada para no decir lo primero que le vino a la mente sobre lo que él estaba sintiendo.
Dos golpes en la puerta cortaron el curso de sus pensamientos, lo que en el fondo le alegró: a este paso no iba a quedar nada de su reputación de hombre frío y sin escrúpulos.
- ¡Erwin! ¿Estás presentable?
Al reconocer la voz de Hange una sonrisita maligna se formó en los labios del "arma más poderosa de la humanidad". Sobre todo al ver que Erwin se había levantado de golpe y buscaba rápidamente su ropa. El hombre relajado de hacía cinco segundos ya no estaba por ningún lado, quedando solo el gran Comandante Smith… Aunque seguía siendo un Comandante tan desnudo como el día en que nació.
- Te lo dije –sentenció Levi. Y antes de que Erwin hubiera encontrado sus pantalones, añadió-: Pasa, Hange.
- ¡Qué! –Erwin miró a su subalterno como si se hubiera vuelto loco, pero la intención de matarle tuvo que ser pospuesta cuando la puerta comenzó a abrirse-. No, ¡Hange! Esper…
- Siento molestar pero... ¡Madre mía! –exclamó la científica al ver a su Comandante completamente desnudo-. Me dijiste que estabas presentable.
- ¿Desde cuándo haces caso a Levi? –le recriminó Erwin, tapándose sus partes nobles como pudo. Lo que era bastante complicado cuando aquella mujer le estaba mirando como si fuera uno de sus experimentos.
- ¡Eh, cuatro ojos! –llamó Levi-. ¿Quieres dejar de mirar?
- Solo lo hago por el interés de la ciencia… -puntualizó la mujer, abriendo un poco más los ojos para no perder detalle-. Es el mejor espécimen de ser humano que jamás he visto.
- Tú quieres morir.
- Eres tú quien me ha dado permiso para entrar –se quejó Hange-. Además, solo estoy mirando. Es lo único que puedo tener. No debería quejarse tanto quien lo puede catar cada día.
Erwin, que no tenía ni idea de dónde había guardado Levi su ropa, usó sus cejas para mostrar su pose más autoritaria, ya que si se cuadraba no podría seguir ocultando sus atributos.
- Os recuerdo que sigo aquí. ¡Y que soy vuestro Comandante!
- Estás desnudo, Erwin –chasqueó la lengua Levi, mirándole tan descaradamente como la mujer-. No son precisamente los galones lo que estás enseñando.
Aquel habría sido el momento idóneo para que Erwin Smith deseara que el suelo se abriera bajo sus pies y le ahorrara semejante humillación. Pero no cuando los dos responsables de ese momento increíblemente vergonzoso eran los peores suboficiales que un Comandante podría pedir. Al menos a la hora de exigir respeto.
Y ya que ellos se negaban a dárselo, él tampoco pensaba hacerlo.
Así que dejó de intentar ocultarse y se irguió en toda su estatura ante sus dos subalternos, haciendo caso omiso del modo en que los ojos de Hange se abrieron como platos.
- ¡Suficiente! –rugió Erwin-. Los dos, fuera ahora mismo.
Hange tembló ante aquella voz tan autoritaria y comenzó a retroceder hasta salir de la habitación, pues lo hizo marcha atrás y sin apartar la vista de lo que solo podría describir como una obra de arte.
Erwin permitió que se recreara en su anatomía, siendo preferible eso a intentar explicarle por qué no era de buen gusto que una Jefa de escuadrón tratara a su Comandante como a un trozo de carne, pues solo serviría para que tardara más tiempo en marcharse.
El caso opuesto, lógicamente, fue el de Levi.
Una vez la mujer se hubo marchado dirigió la atención a su Capitán, quien no movió un músculo de su inexpresivo rostro. Erwin entrecerró los párpados, amenazándole con que le obedeciera de una vez, a lo que Levi imitó su mirada asesina.
- Te recuerdo que este es mi dormitorio.
- Y yo te recuerdo que YO soy tu Comandante. Así que obedece mi orden. No pienso repetirlo.
Levi aguantó su pose de perdonavidas durante unos segundos, retando con la mirada a su superior, tras lo que se rindió a la evidencia y abandonó la estancia, no sin soltar un último chasquido.
- Tienes suerte de que sea una persona tan civilizada, Comandante. De lo contrario, jamás habría firmado ningún pacto contigo.
- Maldito enano –dijo Erwin al quedarse solo-. Siempre tiene que tener la última palabra… -negó para sí, comprendiendo que era absurdo que intentara engañarse a sí mismo-. Menos mal que sigue siendo el mejor compañero…
