¡HOLAAAA!

Creo que me tardé demasiado con este capítulo, la verdad es que lo tenía escrito desde hace tiempo, pero había perdido el borrador y me tardé en encontrarlo, además, tuve que modificar un par de cositas. De todos modos, nunca es tarde para terminar una historia y me parece mentira que por fin estoy subiendo el episodio final, ay, jajaja.

Ya saben, si han olvidado de qué va la historia, pueden re leerla, estaré corrigiendo los capítulos durante lo que queda del mes para que todo se vea prolijo, jajaja. ¡Gracias por acompañarme a lo largo de este fanfic! Y muchas gracias por todos sus reviews.

Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

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Capítulo 21: Siempre juntos

Se encontraban todos en el hospital, en la sala de espera, bastante nerviosos por lo que estaba aconteciendo. Eran casi las diez de la noche y hace aproximadamente dos horas, Sari había entrado en labor de parto, iba a dar a luz a su segundo hijo y toda su familia y amigos estaban ansiosos, demostrándole su apoyo.

Matsuri miró la hora en la pantalla de su celular, al mismo tiempo que trataba de tomar asiento, tarea que le resultaba un poco difícil dados sus ya casi siete meses de embarazo. Cuando había cumplido los cinco, le habían confirmado que su bebé sería una niña y desde que había cumplido el sexto mes, ésta no dejaba de moverse dentro de su vientre. Ahora lucía una pancita redonda y abultada, la cual le daba un aspecto mucho más jovial y alegre, sobre todo ante los ojos de su esposo, quién siempre recalcaba lo preciosa que estaba.

—Ten cuidado, amor –dijo Gaara, ayudándola a sentarse, mientras se acomodaba junto a ella.

—Gaara, la bebé está dando pataditas otra vez –dijo ella, sonriendo mientras acariciaba su vientre. El pelirrojo posó de inmediato una mano sobre su barriguita, notando los golpecitos que daba su hija, parecía bastante inquieta, así que no pudo evitar dejar escapar una sonrisa.

—Creo que tiene muchas energías hoy, quizá quiera nacer pronto –bromeó él, acercando su rostro al de su esposa, para darle un dulce beso en los labios. Justo en ese momento, pudieron escuchar un estruendoso llanto de bebé, pues aún si ellos estaban fuera de la sala, el grito había sido bastante potente.

Miki, quién estaba junto a Temari, comenzó a aplaudir emocionada, ya que finalmente tenía un nuevo hermano.

—Ya nació mi hermanito bebé –comentaba alegremente. Ya con sus cuatro años, la pequeña había crecido bastante y podía pronunciar mucho mejor las palabras—. Tía Matsuri, tío Gaara, Miki lo quiere conocer –añadió, formando un pequeño puchero en sus labios.

—Ya pronto lo podrás conocer, Miki-chan –dijo la castaña, sonriéndole a su pequeña sobrina.

Pasaron unos cuántos minutos en los cuales preparaban al bebé, limpiándola y vistiéndola, también pesándola y comprobando que estaba sana, luego de todo eso, apareció Kankuro cargando al pequeño bulto entre sus brazos, era su nuevo hijo; un varoncito. El niño era casi idéntico a él, tenía las mejillas sonrosadas y sus ojitos cerrados, estaba muy tranquilo. Temari se acercó cargando a Haru entre sus brazos y Shikamaru levantó a Miki para que pudiera conocer a su hermano.

—Oh, mi hermanito es muy lindo, papi –dijo la niña, acercando su manito hacia una de las diminutas manos del bebé. Estaba muy emocionada y tenía el rostro iluminado de felicidad, primero había nacido su pequeño primo Haru, ahora su hermanito y, pronto también tendría a su primita, con quién iba a poder jugar a las muñecas todo lo que quisieran.

—¿Cómo le van a llamar? –preguntó Matsuri, quién se había puesto de pie con ayuda de su esposo para poder acercarse y conocer a la criatura.

—Sari y yo estamos de acuerdo en llamarlo Rasa –respondió el castaño, ganándose casi de inmediato las miradas de sorpresa de sus dos hermanos, ya que ninguno lo esperaba. En ese momento, el pequeño Rasa se quejó un poco, parecía que iba a llorar, así que Kankuro lo meció para calmarlo. Recordaba cuando había nacido su hija Miki, ella era mucho más pequeña y escandalosa, había perdido un montón de horas de sueño gracias a su hija, pero no podía comparar con nada la sensación de haberla tenido entre sus brazos cuando era una recién nacida.

—Como papá… –habló entonces Gaara, un poco consternado. Ese hombre, al que tanto respetó, a veces odio y también amó, el que le había dado la vida. Pensar en él le daba cierta nostalgia, ya que no estaba ahora junto a ellos para conocer a los nuevos integrantes de su familia; por supuesto, el mismo sentimiento lo embargaba al pensar en Karura, su madre—. Me habría gustado que papá y mamá conocieran a todos sus nietos.

Temari y Kankuro guardaron silencio ante sus palabras, al igual que Matsuri y Shikamaru, pero ese tenso ambiente pronto se rompió cuando todos pudieron escuchar la risueña risa de Miki. Voltearon a verla y pudieron darse cuenta de que el bebé había atrapado con su manito uno de los dedos de su hermana. Ante la tierna escena, todos sonrieron.

—Yo creo que, de todas formas, ambos los están viendo y los cuidan desde donde estén –aseguró Matsuri, abrazando con fuerza a su esposo, reconfortándolo, lo cual había conseguido sin mucho esfuerzo, pues tan sólo sentirla a su lado hacía que Gaara recuperara todas las fuerzas.

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Ambos regresaron a casa bastante cansados, sobre todo Matsuri, quién apenas y podía moverse libremente por el tamaño de su pancita. Ya casi iban a das las doce de la noche y Matsuri se estaba muriendo del hambre, además, estaba antojada de comer algo dulce, lo que fuera.

—¿Quieres que te traiga algunas galletas y chocolate caliente? Debe haber un poco en la cocina –dijo Gaara, ayudándola a sentarse y acomodarse sobre la cama. Ella asintió con entusiasmo, así que el pelirrojo sonrió, le dio un beso en los labios y bajó para traerle las cosas. Tenían empleados, pero a él le encantaba cumplir los antojos de su amada en persona.

Mientras lo esperaba, Matsuri se recostó, cerrando sus ojos y pensando en todo lo que había vivido en el último año y medio, que había sido mucho. De sólo pensar en que había sido capaz de casarse con Gaara para poder ayudarlo, sin siquiera haberle dicho lo que sentía y creyendo que nada podría salir mal, se sentía un poco tonta, pero luego le daba un poco de vergüenza recordar que, a sólo un día de alcanzar el plazo de los seis meses de matrimonio falso, finalmente se habían confesado sus sentimientos y habían hecho el amor. Matsuri no podía olvidar aquella noche, la más hermosa de su vida, su primera vez con el hombre que había amado desde hace años. Ambos eran tan felices, incluso con la irrupción de aquella loca de Sayuri, que había intentado separarlos y luego deshacerse de ella por la fuerza; afortunadamente, ella ya estaba recluida y no podría hacerles más daño. Lo último que habían sabido sobre ella era eso, que estaba en una institución mental y que poco a poco estaba recuperando la cordura.

—Auch, me volvió a patear –dijo la castaña, haciendo un pequeño y divertido puchero. Se acarició el vientre y sintió los movimientos de su pequeña, no podía creer lo inquieta que era, a pesar de que todavía le faltaba bastante para nacer.

Gaara apareció por la puerta, trayendo consigo una bandeja repleta de galletas y una taza de chocolate caliente humeante, el cual de inmediato inundó las fosas nasales de la chica con su delicioso aroma.

—Aquí tienes, princesa –dijo el pelirrojo, dejando la bandeja sobre la mesita de noche, junto a la cama. Matsuri no perdió el tiempo y agarró una galleta de chocolate, llevándosela a la boca—. ¿Pasa algo? –preguntó, ya que había notado el puchero que ella llevaba.

—Nada, es que la bebé no se deja de mover –respondió su esposa, dándole un sorbo a su taza de chocolate, para luego dejarla sobre la bandeja. Gaara se sentó a su lado, acarició su rostro y luego bajó su mano hasta posarla sobre la pancita de su mujer, le encantaba sentir a su hija.

—Bebita –habló con voz suave y tranquila, dirigiéndose al vientre de Matsuri—. Se ve que estás muy impaciente por nacer, ¿no es así? Tu mamá y yo estamos igual –mientras él hablaba, la castaña solamente lo miraba, le causaba demasiada ternura el ver como Gaara le hablaba a su hija—. Pero debes tener más paciencia, todavía te falta mucho por crecer, así podrás venir al mundo preparada y con mucha fuerza –añadió, dibujando una leve sonrisa.

—Ha dejado de moverse –dijo Matsuri, totalmente sorprendida, parecía ser que la pequeña se había calmado al oír la voz de Gaara—. Parece ser que será una niña muy obediente.

—Eso veo –le secundó Gaara, tomándola del mentón para hacer que ella lo viera directo a los ojos—. Mi amor… –la llamó—. Aquello que dijiste en el hospital… –bajó la mirada por un momento, ya que se sentía un poco triste de recordar a sus progenitores—. En verdad me sentía mal por mis padres, pero siempre me levantas el ánimo, eres maravillosa, te amo tanto, Matsuri.

—Todo lo que hago por ti es porque te amo –contestó ella, acariciando el rostro de su amado esposo con ambas manos, viéndolo como si lo observara por primera vez—. Te amo demasiado y soy la persona más feliz a tu lado.

—Te amo… –repitió él, acercándose al rostro de su esposa para besarla de forma apasionada. Apenas y ella separó un poco los labios, Gaara aprovechó para invadirla con su lengua, mientras la abrazaba con fuerza, pero teniendo cuidado con su vientre. Subió sobre la cama y recostó nuevamente a su esposa, repartiendo caricias suaves sobre sus piernas y caderas, lo cual le arrancó un pequeño gemido a la castaña.

—G-Gaara… –lo llamó, susurrando contra sus labios. Él le dio un beso corto y se sentó a un lado de ella otra vez, abrazándola. Matsuri estaba agitada y sus mejillas estaban rojas, a pesar de que sólo se habían besado, él siempre lograba ponerla mal.

—Termina de comer, después te comeré –dijo Gaara, esbozando una media sonrisa, la cual provocó que Matsuri se pusiera todavía más roja, era gracioso pensar en que ella todavía se avergonzara por cosas como esas, cuando ya ambos se conocían de pies a cabeza, era muy adorable.

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Era un nuevo día y Hinata se encontraba de lo más ansiosa, mientras la modista le hacía los últimos arreglos a su vestido de novia, el cual ella tenía puesto, mirándose constantemente al espejo. El vestido era largo, ocultando por completo sus piernas, el top era ceñido al cuerpo, denotando su figura esbelta en la cintura y voluptuosa más arriba, la caída era holgada en forma de A y llevaba bonitos bordados florales sobre el vientre y el pecho. El vestido no era demasiado elaborado, pero Hinata lucía como una princesa.

—Qué linda te ves, Hinata-chan –dijo Matsuri, quién la estaba acompañando. Ella había ido con Hinata a todos lados, ayudándola con los preparativos de su boda, tal y como lo había hecho la ojiperla con ella cuando se casó con Gaara, de hecho, Matsuri se sentía muy nostálgica por ese momento, estaba emocionada de pensar en la ilusión con la cual organizó su boda, aún sabiendo que no podría durar para siempre, aunque, claro, eso era antes, ahora nada ni nadie los iba a separar.

—Gracias por todo, Matsuri-chan, sé lo difícil que debe ser para ti estarme ayudando en tu estado –dijo la ojiperla, que apenas y se podía mover de su sitio, mientras la mujer ajustaba su traje, haciendo costuras de un lado a otro. La mujer se levantó un momento, avisando que iría por otro trozo de tela, así que Hinata aprovechó para bajar del pedestal en donde estaba parada, tomando las manos de la castaña—. Tú eres mi mejor amiga, yo soy muy feliz al compartir este momento contigo, al igual que me hace feliz verte tan emocionada por tu bebé junto a Gaara-san, me alegra que puedan estar juntos.

—No es nada, Hinata-chan. Tú estuviste ahí para mí y ahora me toca a mí –dijo Matsuri, mostrando una enorme y dulce sonrisa, pero era su estado el que la hacía lucir verdaderamente radiante, porque estaba ansiosa y feliz por formar su familia junto al hombre que siempre había amado. Hinata correspondió a aquella sonrisa con otra, dándole un cálido abrazo.

—No puedo creer que sólo falten dos semanas, estoy demasiado nerviosa.

Matsuri se separó un momento, tratando de darle confianza a su amiga.

—Ya verás que todo saldrá genial y que serás muy, muy feliz –aseguró, notando que la modista regresaba para continuar modificando el vestido de Hinata.

Matsuri se sentó con cuidado frente a ambas, ella también se sentía muy afanosa, pero por un motivo totalmente diferente al de su amiga, anhelaba ver nacer a su bebita, quería tenerla entre sus brazos, que ella y Gaara fuesen felices junto a su pequeña familia.

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Naruto estaba casi vuelto loco buscando un traje que le quedara bien para el día de su boda. Tenía los nervios de punta, pues cada día faltaba menos para el gran momento y él, desorganizado como siempre, todavía tenía un montón de asuntos que atender, entre ellos, el de su traje. Estaba muy nervioso y asustado de lo que fuera a pasar, a pesar de que amaba a Hinata y estaba seguro de que quería pasar el resto de su vida junto a ella, casarse no era cualquier cosa. Miró una vez más a Gaara y a Sasuke, sus dos amigos le estaban ayudando con todo, en tanto tenían ratos libres; ellos dos eran, de todas las personas del mundo, los únicos a los cuales jamás esperó ver casados, mucho menos antes que él. Ambos se jactaban de ser solteros y mujeriegos, de tener todo lo que deseaban con sólo mover un dedo, pero ¿quién diría que ahora estaban como locos por una sola mujer?

Definitivamente, la situación de sus dos amigos le daba para pensar en lo misterioso y poderoso que era el amor, que podía tocar el corazón de hasta la persona más indolente.

—Dobe –lo llamó Sasuke, el cual lucía extremadamente más alegre de lo normal. Ya llevaba un par de meses felizmente casado con Sakura y se notaba que eso le había hecho muy bien, incluso parecía llevarse mejor con su familia, lo que ya era mucho decir.

—¿Qué pasa, teme? –preguntó el rubio, con el ceño fruncido.

—Tus padres llamaron –contestó el azabache, encogiéndose de hombros—. Parece ser que, al final, sí van a venir a tu boda, ya llevaban dos años fuera del país.

El futuro novio lo miró con sorpresa, desde que sus padres se habían ido de "vacaciones", apenas había sabido de ellos. Le llamaban frecuentemente, claro, pero parecía que no planeaban volver pronto, después de trabajar toda su vida, ambos decidieron dedicarse a su amor, como si fueran novios otra vez, después de todo, su único hijo era ya un adulto, capaz de valerse por sí mismo, pero Naruto no podía sentirse más feliz al saber que estarían a su lado en un día tan importante.

—Ya veo –sonrió, para luego acomodarse el corbatín frente al espejo y mirar a su amigo Gaara, quién estaba checando sus mensajes en el celular—. Cambiando de tema, ¿para cuándo dará a luz Matsuri-chan, Gaara?

El pelirrojo frunció el ceño.

—No la llames Matsuri-chan –reclamó, siempre celoso—. Aún le queda poco más de un mes –dijo con cierta impaciencia, ansiaba poder conocer a su hija—. Está tan hermosa y tan feliz que hasta a mí me cuesta esperar –dibujó una pequeña sonrisa, mientras su mente imaginaba la carita de su pequeña bebé—. Todavía no puedo creer que en cosa de nada me convertiré en padre.

—Ni nosotros lo creemos –bromeó Sasuke, tras lo cual, los tres comenzaron a reír.

—Qué envidia –comentó Naruto, interrumpiendo las carcajadas de los otros dos—. Yo también quiero tener un hijo con Hinata-chan –abultó ligeramente las mejillas, pensando en cómo sería si ambos tuvieran un bebé, esperaba que fuese un poco parecido a ambos—. Hemos crecido tanto, chicos. Antes nos juntábamos a jugar videojuegos y a hablar de las chicas que nos gustaban, y ahora estamos formando nuestras propias familias.

—El tiempo ha pasado rápido –dijo Gaara, cerrando sus ojos. Nuevamente estaba recordando cuando él y Matsuri eran sólo unos niños de doce y trece años, en esos tiempo, jamás imaginó que terminaría enamorándose de ella y mucho menos, que se casarían y tendrían un hijo, la felicidad que ella le daba no podía compararse con nada y, a pesar de todo, no se arrepentía de todas las cosas que habían pasado para llegar a estar juntos, la amaba más que a nada y si debía repetir cada momento junto a ella, lo haría sin dudarlo, sólo deseaba no haberla hecho sufrir tanto, porque sí se había comportado como un idiota, pero lejos de ello, lo importante era que ambos eran felices.

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Kankuro mecía a su nuevo bebé entre los brazos, mirándole con dulzura y orgullo, le encantaba la idea de tener un niño, aunque amaba y adoraba a su princesa, él, como todo hombre, tenía la ilusión de que su hijo fuese como él y poder enseñarle a jugar fútbol o compartir otros intereses comunes. Como el niño aún era muy pequeño, a pesar de que ya tenían preparado su cuarto, preferían que durmiera junto a ellos, al menos, hasta que creciera un poco más. No querían dejarlo solo en ningún momento, igual como cuando había nacido Miki.

—¿Aún no se duerme? –preguntó Sari, apareciendo por la puerta de la habitación, con su pijama ya puesta. Venía luego de haber hecho dormir a su hija mayor y ahora sólo quería descansar, cuidar de dos hijos era doblemente pesado, además, todavía se sentía débil, apenas había salido del hospital.

—Es un niño con mucha energía –respondió su marido—. Y eso que acaba de nacer –sonrió al ver a su mujer, ella no podía evitar notar el evidente parecido entre esos dos, su pequeño Rasa era idéntico a Kankuro, incluso sus ojitos eran como los de su padre.

—Te ves muy lindo con él en los brazos –comentó al acercarse la mujer, tomando con cuidado a su pequeño de los brazos de su esposo para acomodarlo entre los suyos—. Pero Rasa debe dormir, ya es tarde para este pequeñito.

Kankuro frunció los labios.

—Qué mala eres, yo quería estar más tiempo con él –se quejó el castaño, haciendo un puchero como si fuera un niño. Vio como Sari se recostaba en la cama junto a su bebé, para comenzar a alimentarlo. La imagen le gustaba mucho, le encantaba observar a su mujer mientras le proporcionaba los nutrientes necesarios a su hijo, le causaba una enorme ternura y admiración por ella.

Después de mirarlos un rato más, decidió recostarse junto a ellos, abrazando a ambos. Adoraba a su familia completa.

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Las semanas pasaron volando y, casi como un suspiro, el día tan esperado para Naruto y Hinata había llegado. La ojiperla estaba muriendo de los nervios mientras se miraba al espejo, llevaba puesto su vestido de novia y ya estaba maquillada y peinada, estaba prácticamente lista para salir, pero no podía dejar de temblar.

—Por fin llegó el día –murmuró, con las mejillas rojas y el corazón latiéndole furioso dentro del pecho. Estaba muy feliz y ansiosa, no podía evitarlo, ya no podía esperar por ser la esposa de Naruto—. Siento que me voy a desmayar…

—No seas tonta –le dijo Temari, en tono de regaño. Llevaba dormido en brazos a su hijo Haru, que estaba ya muy grande y guapo, al principio, era muy parecido a Shikamaru, pero ahora era casi como verla a ella, pero en versión masculina—. Debes estar feliz y tranquila –siguió hablando la rubia—. Hoy es el día más importante de tu vida.

—Es verdad, Hinata-chan –habló Matsuri, sonriendo.

Ambas jóvenes estaban ahí acompañando y dándole ánimos y fuerza a su amiga, además, eran sus damas de honor. Le habían ayudado a peinarse, maquillarse y vestirse, además de de apaciguar sus nervios. Apenas quedaba un ratito para que comenzara la ceremonia y Matsuri sentía pequeñas molestias, pero no quería alarmar a nadie, así que se había quedado callada, además, aún faltaba para el día de su parto, así que todo seguramente iba a estar bien.

Hinata notó de reojo como su amiga se sobaba el vientre, su expresión estaba un poco descompuesta y eso la preocupó.

—¿Te sucede algo, Matsuri-chan?

—¿Eh? –Matsuri enseguida se dio cuenta de que se notaba su malestar, así que sonrió para disimularlo, negando nerviosamente con la cabeza—. E-estoy bien, no tengo nada –aseguró—. Tú no te preocupes por nada.

—¿Segura? –la ojiperla arqueó una ceja, no muy convencida de lo que le decía su amiga, pero ésta sólo asintió, mostrándose convencida.

—Matsuri –interrumpió Temari, con su tono autoritario de siempre—. Si te sientes mal, más te vale que avises –parecía enojada, pero sólo estaba preocupada por su amiga y cuñada, mas Matsuri sólo volvió a asentir, no quería arruinar el día de Hinata por ningún motivo.

—Les prometo que estoy bien, y más nos vale que salgamos, ya es la hora de tu boda, Hinata-chan –al oírla, la joven novia asintió emocionada, aunque no dejaba de estar nerviosa y asustada, la felicidad que sentía al estar a punto de unir su vida a la del hombre que amaba era mucho mayor.

Por su parte, Matsuri había dejado de sentir aquellos dolores, así que pensó que todo iba a estar bajo control, de todos modos, de llegar a pasar algo, Gaara estaría junto a ella todo el tiempo.

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En el enorme jardín de la mansión Hyûga, ya todos estaban sentados en sus lugares, esperando a que la novia apareciera. En la fila de adelante, dos personas se distinguían del resto, ambos portaban una enorme sonrisa de felicidad y orgullo, pues hoy se casaba su único hijo y no podían estar más felices por la mujer que él había escogido. Minato y Kushina Uzumaki habían regresado de su largo viaje hace poco, conocieron a su nuera y estaban encantados con ella, Kushina era una mujer alta, distinguida y muy hermosa, era sorprendentemente joven, tenía una larga cabellera roja como el fuego y unos precisos ojos de color grisáceo azulado. Su esposo, Minato, era prácticamente igual a Naruto, sólo que llevaba el cabello más largo, también lucía bastante joven, muchos pensarían que no se trataba de los padres del novio. Por otro lado, parado al final del pasillo formado por los asientos de los invitados, se encontraba Hiashi Hyûga, esperando a su hija para escoltarla al altar.

Al inicio, había sido difícil para él asimilar que su hija se iba a casar, no importaba lo estricto que era con Hinata, para él seguía siendo su niña, pero había comprendido que ella y Naruto se amaban y que él era un buen hombre, que cuidaría de Hinata como nadie, así que terminó por darles todo su apoyo.

Matsuri y Temari fueron las últimas en tomar sus asientos, ambas del lado de la novia, la castaña no sólo era la dama de honor, sino también la madrina; el padrino era Sasuke, aunque a Naruto le había costado decidirse entre sus dos amigos.

—Se tardaron bastante, amor –dijo Gaara al verla llegar, notándola ligeramente tensa, cosa que no le gustó y le provocó fruncir el ceño—. ¿Estás bien?

—Sí, Gaara, claro que estoy bien –mintió la castaña, pues sus dolores habían vuelto, ahora un poco más fuertes que antes, pero sólo sonrió dulcemente para tranquilizar a su marido.

—Si te llegas a sentir mal, sólo dímelo, no quiero que ni a ti ni a nuestra hija les suceda nada –dijo el pelirrojo, rodeándola con sus brazos y acariciando suavemente su vientre, estaba preocupado por ambas y no quería pensar en que cualquier cosa mala pudiera pasar.

—Como digas, cariño –dijo Matsuri, dándole un pequeño beso en los labios.

La marcha nupcial comenzó a sonar de pronto, avisando que la novia ya estaba llegando, así que todos voltearon a verla. El corazón de Naruto, quién estaba ya en el altar, se aceleró al darse cuenta una vez más de la hermosa mujer que tenía a su lado, Hinata lucía preciosa mientras caminaba del brazo de su padre hacia donde estaba él, simplemente no podía dejar de mirarla.

—Cuida bien de mi hija, Naruto –le dijo Hiashi al llegar, entregándole a la novia, a lo que él asintió, sonriente.

—Lo haré.

La ceremonia dio inicio sin ningún contratiempo, todos estaban atentos mientras los novios decían sus votos, algunos hasta lloraban de la emoción, como la hermana menor de Hinata o los padres del novio, que eran bastante efusivos en demostrar sus sentimientos. Matsuri continuó sintiendo dolores, pero los aguantó en silencio durante todo el tiempo que duró la ceremonia. Finalmente, la boda se selló con un beso de la pareja y todos aplaudieron felizmente, dando inicio a la fiesta de celebración. Cuando habían pasado unas dos horas fue que los dolores y punzadas que sentía Matsuri se tornaron insoportables, estaba bebiendo un vaso de refresco junto a la mesa de los bocadillos, cuando el dolor le obligó a tirar su vaso y llevarse las manos al vientre.

Gaara estaba compartiendo una charla junto a Sasuke y a Naruto, unos metros más allá, esperando a que Matsuri regresara a su lado, pero al ver que se tardaba, la buscó con la mirada, hallándola al cabo de unos segundos, muriendo de dolor.

—¡Matsuri! –se levantó de su asiento aterrado, corriendo hacia ella lo más rápido que pudo. La sostuvo entre sus brazos para que no se cayera y la miró preocupado—. ¿Qué sucede, amor? ¿Qué tienes?

—G-Gaara –la chica cerró sus ojos ante el dolor que sentía, mientras Naruto y Sasuke se acercaban para también ayudar a sostenerla, ya que estaban más cerca que el resto de sus amigos—. Gaara –volvió a llamarlo ella, siendo ayudada a sentarse—. Creo… creo que la bebé ya viene…

—¿Q-qué? ¿Ahora? –cuestionó sorprendido, poniéndose pálido como el papel y asustándose cuando Matsuri volvió a quejarse de dolor—. Naruto, Sasuke, por favor ayúdenme a llevarla al auto –pidió a sus dos amigos, se sentía jodidamente nervioso y asustado, pero él era el que tenía que proceder rápidamente por el bien de su esposa y de su hija, así que hizo su mayor esfuerzo para mantenerse calmado y concentrado. No esperaba que el momento llegara tan pronto, a Matsuri aún le quedaban un par de semanas, pero eso ya no importaba, por fin iba a conocer a su hija.

—Matsuri-chan, respira hondo, todo va a salir bien –le dijo Hinata, quién se había acercado en medio de la conmoción para tratar de ayudar a su amiga, la cual apenas y podía concentrarse en lo que le decían para soportar ese terrible dolor, que era casi como estarse partiendo en dos.

Gaara, junto a Naruto y Sasuke, ayudaron a Matsuri a llegar hasta el auto, sentándola con cuidado en el asiento trasero, en donde el pelirrojo le acarició suavemente el cabello.

—Tranquila, Suri, todo va a salir bien –le dijo, dándole un beso en la frente—. Nuestra hija ya viene, bonita, no te pienso dejar sola, confía en mí.

—Gaara –Matsuri sostuvo su mano, respirando hondo—. Las cosas de la bebé están en la casa, no podemos recibirla sin nada.

—Yo voy por ellas –se acercó Kankuro, también había visto la conmoción, la mayoría de los invitados estaban atentos a lo que estaba pasando— Sólo díganme en dónde las guardan.

Gaara cerró con cuidado la puerta de Matsuri, acercándose a su hermano mientras se revolvía el bolsillo del pantalón, sacando las llaves la casa.

—Están en mi habitación, bajo la cama, es un bolso de color rosa –le dijo a su hermano, el cual asintió con la cabeza, saliendo disparado hacia su auto para ir por las cosas de su sobrina. Gaara se montó en el auto también, conduciendo hacia la clínica en donde siempre se atendían.

—¡Suerte, Gaara, Matsuri-chan! –exclamó Naruto, justo después de que éstos se fueran.

Gaara conducía a toda prisa, aunque estaba concentrado en el camino, no quería poner en peligro la vida de su familia, así que estaba siendo cuidadoso. No podía creer que el parto se hubiese adelantado, así que estaba muy presionado, esperaba que las cosas fuesen más tranquilas, después de todo, era el primer parto de Matsuri y ninguno de los dos tenía experiencia en cosas como estas, era normal estar asustados.

—Gaara… –lo llamó su esposa, con la respiración agitada y el rostro lleno de lágrimas—. C-creo que he roto la fuente, me duele mucho.

—Calma, ya vamos a llegar, aguanta un poco más –decía alarmado, pero procurando que no se le notara. Jamás en su vida se había sentido tan, pero tan asustado y preocupado. Los diez minutos que tardaron en llegar a la clínica se le hicieron eternos, pero, finalmente, lo consiguieron.

Matsuri se sentía nerviosa y agotada, el dolor era increíblemente insoportable; sin embargo, estaba feliz, ansiosa, por fin iba a conocer a su bebé. En un principio, se sentía muy acongojada por hacer arruinado el día de su amiga, pero cuando Hinata le mostró su sonrisa, supo que ella estaba feliz y que le brindaba todo su apoyo, Hinata no era una chica egoísta y estaba segura de que no se molestaría por lo ocurrido.

—Ven –dijo Gaara, luego de estacionar el auto y ayudar a Matsuri a bajar, ella apenas y podía moverse, así que él tuvo que sostenerla para poder llevarla dentro—. Por favor, un doctor –pidió el pelirrojo al ingresar, siendo inmediatamente atendidos por las enfermeras y el personal médico, al darse cuenta de que la chica estaba por dar a luz.

Le dieron una silla de ruegas y la ingresaron a preparación, mientras Gaara se ocupaba de llenar los datos y pagar el ingreso, las manos le temblaban y apenas se acordaba de su propio nombre, le tomó un par de minutos completar aquella ficha, para luego dirigirse a la sala de espera, cayendo sentado sobre uno de los asientos. Se cubrió el rostro con ambas manos y suspiró, su corazón no dejaba de latir con rapidez, se sentía muy frustrado por no poder hacer más por Matsuri, era terrible verla padecer todo ese dolor.

—¡Gaara! –la voz de Kankuro lo distrajo, su hermano mayor había llegado con las cosas de su bebé, así que Gaara suspiró; el no estar solo le daba un poco de alivio. El castaño se paró a su lado, respirando agitado por haber corrido—. ¿Cómo está Matsuri? ¿Ya nació mi sobrina?

Gaara negó.

—Aún no, la ingresaron hace unos minutos y no me han dicho nada –respondió él, todavía tembloroso—. No logro calmarme, Kankuro, ¿cómo lo hiciste tú? –interrogó, confundido. Su hermano se sentó a su lado, apoyando una de sus manos sobre su hombro—. Siento que me voy a desmayar, jamás me sentí así.

—Es normal, Gaara –le respondió Kankuro, tratando de darle un poco de confianza al mostrarle su sonrisa—. Créeme que yo estaba igual que tú cuando nació Miki, incluso cuando nació Rasa todavía estaba nervioso y asustado, pero tienes que tener en cuenta que en este momento Matsuri te necesita entero, tú debes darle tu fuerza a ella, ya que es quien más está trabajando en estos momentos.

El hermano menor asintió con la cabeza, respirando hondo para tranquilizarse. Sus amigos llegaron al poco rato, incluso Naruto y Hinata habían abandonado su boda para ir al hospital, Gaara estaba sorprendido por ello, agradecía la presencia de toda su familia y sus seres queridos.

—¿Todavía no saben nada? –preguntó Naruto, lucía desesperado, pues él iba a ser el padrino de la bebé y estaba ansioso por conocerla, al igual que el resto de los presentes.

—Iré a ver qué sucede –dijo Sakura. La doctora se adelantó hacia el interior de los pasillos que eran sólo para el personal, en busca de alguna noticia, ella no era tan cercana a Matsuri como el resto, pero desde que se conocían, la castaña le agradaba mucho, además, no podía olvidar que Gaara era uno de los mejores amigos de su esposo, así que quería cooperar en todo lo que le fuese posible.

—Gaara, tranquilo –dijo Temari, sentándose al otro lado de su hermano menor, mientras tomaba su mano—. Todo va a salir bien, ¿sí? Ya vas a ser padre, hermano –le animó la rubia, a lo cual, Gaara asintió.

A pesar de lo asustado que estaba, la felicidad lo embargaba por completo, era maravilloso pensar en el hecho de que pronto iba a tener su propia familia junto a la mujer que amaba, la única que alguna vez había amado. Matsuri lo era todo para él, desde que eran sólo amigos, hasta que descubrió que la amaba, que ella le correspondía y que se volvieron pareja, su esposa le daba toda la felicidad que siempre deseó y que no sabía que anhelaba, ahora que iban a ser padres, simplemente no podía contener esas emociones.

Al cabo de un rato, Sakura regresó, llamando a Gaara, quién se puso de pie como un resorte.

—¿Cómo está mi esposa? ¿Todo está bien con mi hija? –interrogaba, bombardeando a la peli rosa con preguntas, la cual solamente sonrió.

—Ella está bien –contestó—, la estaban preparando para el parto, ya está lista, la bebita nacerá en cualquier momento –aseguró con entusiasmo, haciéndole un gesto a Gaara para que la siguiera—. La doctora Yamanaka me envió para avisar que vengas conmigo, Gaara-san, te indicaré qué debes usar para que puedas pasar a estar con ella.

Gaara asintió con la cabeza, todavía no dejaba de temblar, pero se sentía mucho más seguro después de las palabras de aliento de sus dos hermanos mayores.

—¡Suerte, hermanito! –exclamó Kankuro al verlo partir. Le costaba creer que su hermano menor, aquel mujeriego y que solía decir que el amor era para perdedores, ya estaba a punto de convertirse en padre junto a la mujer que amaba. Definitivamente, Matsuri era algo especial, era la única que había logrado que Gaara creyera en el amor y en la familia, que lo quisiera, que fuera feliz con ello. Todavía podía recordar la furia del menor después de la lectura del testamento de su padre, Gaara lucía como si quisiera revivir a Rasa, solamente para volverlo a matar por haberle hecho aquello, pero, estaba claro que su padre sabía que las cosas saldrían bien, por eso hizo lo que hizo, solamente pensaba en la felicidad y el bienestar del menor de sus hijos.

Dentro de la sala de partos, Gaara ya estaba listo, se había puesto una bata, una cofia en el cabello y una mascarilla, para no contaminar la zona. Al ingresar, vio a Matsuri recostada en una camilla, posicionada ya para dar a luz, ella estaba sudando mucho, tenía sus ojos llenos de lágrimas y respiraba agitada, esa imagen le encogía el corazón a Gaara, así que no esperó ni un solo segundo para acercarse a ella, tomando su mano con cuidado.

—¿Cómo estás? –le preguntó, bajando la mascarilla para poder darle un beso en los labios a su esposa, mientras ella apretaba más fuerte su mano.

—B-bien… dentro de lo que cabe –contestó la castaña, emitiendo una dulce y tranquilizadora sonrisa. Una nueva punzada de dolor la invadió y tuvo que morderse el labio inferior para no gritar—. Duele mucho… pero estaré bien –hablaba agitada.

—Claro que estarás bien, no me pienso separar de ti ni un instante –le aseguró Gaara, acariciándole suavemente la mejilla con su mano libre.

La doctora Yamanaka apareció por la puerta, ya lista y dispuesta para el procedimiento, se acercó a Matsuri para revisarla, a ver si estaba lo suficientemente dilatada para comenzar.

—Bien, Matsuri –dijo Ino, sonriendo—. Veo que todo está en orden, así que vamos a comenzar, debes respirar hondo y calmarte, cuando te diga, empieza a pujar.

La castaña asintió con la cabeza, el hecho de que la doctora luciera tan calmada, le daba un poco de confianza, a pesar del terrible dolor que estaba experimentando. Gaara, a su lado, solamente la animaba, mientras ella comenzaba con el trabajo. Era muy difícil, incluso si tenía a su esposo junto a ella y la asistencia y guía de su doctora, sentía que sus fuerzas se desvanecían cada vez que pujaba, desgarrándose la garganta con cada grito agudo.

—Gaara… –llamó al pelirrojo, mirándolo mientras descansaba después de pujar—. Gaara, te amo…

—Yo también te amo, Matsuri –respondió él, sosteniéndola con ambas manos—. Vamos, amor, tú puedes.

—Ahora, Matsuri –le indicó Ino, así que Matsuri reunió sus fuerzas y volvió a pujar, gritando nuevamente—. ¡Ya veo su cabeza, un poco más! –al escuchar aquello, la castaña solamente pensó en continuar, hizo todo el esfuerzo que pudo y, por fin, escuchó a su bebé llorar.

Gaara observaba sorprendido a la bebita, la doctora la sostenía en sus manos y Matsuri cayó rendida sobre la cama. La pequeñita lloraba muy fuerte, era tan diminuta que parecía irreal. La doctora no tardó en cortar el cordón umbilical, para luego entregar a la bebé en los brazos de su madre, la cual no paraba de llorar.

—Aquí está su hija –dijo Ino, notando que ninguno de los dos apartaba la vista de la niña, apenas y la habían limpiado un poco, pues sus padres estaban ansiosos por conocerla—. A pesar de que nació un poco antes, está muy sana –aseguró.

—Mírala, Gaara, es hermosa –dijo entre lágrimas Matsuri, acariciando la cabecita de su niña. Era tan pequeña y dulce, lucía demasiado frágil, tanto, que Gaara sintió que debía protegerla siempre, que iba a velar por su bien hasta su último día de vida; era una emoción curiosa, un amor que jamás había experimentado, era cálido y armonioso, muy distinto de lo que sentía por Matsuri, pero igual de fuerte.

—Es hermosa igual que tú –respondió, tocando con delicadeza la pequeña manito de su bebé, esa pequeña personita que era parte de él y de su esposa. La bebita apenas parpadeó y el pelirrojo notó el color de sus ojitos—. Tiene mis ojos… –murmuró, sorprendido, mientras dibujaba una enorme sonrisa de orgullo en su rostro.

—Se va a parecer mucho a su papá –añadió Matsuri, dándole un pequeño beso en los labios a su marido, quién lo recibió gustoso.

Finalmente, ambos tenían su propia familia, una que pensaban cuidar y proteger con sus vidas.

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En la sala de espera, todos se encontraban ansiosos, había pasado un buen rato desde que Gaara ingresó y nadie salía a decirles nada, Sakura estaba junto a ellos, ya que esa no era su área, no podía interferir. Se comenzaban a preocupar, temiendo que algo haya salido mal, cuando de pronto apareció Gaara, trayendo en los brazos a su bebita. Ella estaba vestida con un enterito de color amarillo, una gorrita blanca para proteger su cabeza y una manta rosada que cubría su cuerpecito del frío. Estaba muy tranquila y tenía sus ojitos cerrados.

—Miren a quién traigo –dijo Gaara con emoción, enseñando orgullosamente a su princesa, la cual era el centro de atención y admiración de todos los presentes.

—Oh, por dios –exclamó Temari, acercándose a su sobrinita— Es preciosa, Gaara, se parece mucho a ti –decía con sus ojos iluminados.

—Mi ahijada es toda una princesa –dijo Naruto, tomando de la mano a Hinata, la cual asintió a sus palabras—. Oye, Hinata, yo también quiero uno –le susurró a su -ahora- esposa, la cual se sonrojó completamente.

—N-Naruto-kun –se quejó la chica.

—Es una lindura –añadió Sakura, sonriendo ampliamente. Sasuke solamente asintió con la cabeza, mirando a su amigo.

—Felicidades, Gaara.

—¡Te felicito, hermano! –Kankuro abrazó a Gaara, teniendo cuidado con su pequeña sobrina—. ¿Cómo está Matsuri?

—Está bien, la están trasladando a otra habitación –fue la respuesta del pelirrojo, aferrando entre sus brazos a su hija, simplemente no podía creer que ya era padre, pero se sentía tremendamente emocionado por ello.

Sari, quién acababa de llegar, trayendo a sus dos hijos con ella, se acercó a mirar a su ahijada, ella sería la madrina, por supuesto.

—Oh, miren qué hermosura tenemos aquí –comentó, mientras Kankuro cogía el cochecito de su hijo y Miki apenas y se estiraba para poder ver a su prima.

Al poco tiempo, los padres de Matsuri aparecieron también para conocer a su nieta, la recién nacida tuvo un montón de visitas tras sus primeras horas de vida, se notaba que sería una niña muy amada.

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Durante la noche, Gaara decidió quedarse en el hospital junto a su esposa, ninguno de los dos podía apartar la mirada de su hija, la cual dormía plácidamente entre los brazos de su madre. Matsuri lucía más bella que nunca ante los ojos de Gaara, la amaba aún más que antes después de ser testigo de todo su esfuerzo para dar a luz a su hija.

—¿Todavía te sientes adolorida? –le preguntó Gaara, sin dejar de mirar sus labios dulces y rojos, que lo seguían llamando tanto o más que la primera vez que los besó.

—No, ya estoy bien, estoy demasiado feliz, no puedo creer que nuestra bebé haya nacido –respondió Matsuri, abrazando un poco más fuerte el pequeño y suave cuerpo de su hijita, después de escucharla balbucear—. La amo mucho, Gaara, igual que te amo a ti.

—Yo también –dijo el pelirrojo, llevando una de sus manos a la mejilla de su amada, para brindarle dulces caricias—, las amo a ambas, más que a mi vida –añadió, antes de estirarse hacia ella y rozar los labios de su mujer, su esposa, besándola con anhelo y pasión, con ese amor que lo desbordaba y lo enloquecía, estaba seguro de que quería pasar toda su vida junto a ellas. Cuando se separó, dejó un suave beso sobre la frente de Matsuri, la cual sonrió—. Y pensar que lo nuestro comenzó con una propuesta de matrimonio falsa, ¿quién diría que podías hacerme tan feliz? –sonrió ladino—. Y yo que te iba a dejar ir.

Matsuri frunció ligeramente el ceño.

—No digas eso ni en broma, tonto –le regañó.

—Tonto estoy por ti –dijo Gaara, antes de volver a besarla, dejándole en claro que jamás se atrevería a abandonarla, que siempre iban a estar juntos.

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—¡Feliz cumpleaños, Minako-chan! –exclamaron todos los presentes.

—Sopla las velitas, amor –dijo Matsuri, sosteniendo en sus manos su teléfono con cámara, para captar el momento en que su pequeña princesa cumplía su primer año de vida. Tenía el cabello castaño claro, así como ella, pero sus ojos eran exactos a los de su padre, era la mezcla perfecta de ambos.

—¡Vamos, nena, pide un deseo! –exclamó su tío Kankuro, con cámara de video en mano.

Minako estaba un poco asustada, no estaba acostumbrada a ver a tanta gente reunida a su alrededor, era una niña muy tímida, así que buscó la mirada de su padre, el cual solamente le sonrió para darle a entender que todo estaba bien. Al sentirse confiada y protegida, sopló las velas de su pastel y pidió su deseo, aplaudiendo con emoción tras terminar.

—¡Dindo! –exclamó, era una de las pocas cosas que podía decir, a pesar de ser tan pequeña, era demasiado lista.

—Lo sé, amor, todo es muy lindo –Matsuri abrazó a su hija, la cual le rodeó el cuello con sus bracitos. Después de un rato, la pequeña fue a jugar con sus primos Miki, Rasa y Haru, entonces, Matsuri se acercó a Hinata, la cual sostenía a un pequeño bebito rubio entre sus brazos, apenas tenía un par de meses; Hinata se había casado con dos meses de embarazo y ni siquiera lo sabía—. ¿Cómo está el pequeño Boruto? –preguntó la castaña, mirando de reojo a su hija junto a sus sobrinos.

—Es un bebé muy sano y fuerte –contestó su amiga—. Naruto-kun está orgulloso desde que nació, no deja de presumirlo –dijo entre risas, observando a su marido a lo lejos hablar con los chicos.

—Boruto es igual a él, debe estar muy feliz –contestó la madre de la cumpleañera.

—¿Ya le has dado la noticia a Gaara-san? –susurró la ojiperla, sabía que era un secreto aún para el esposo de su amiga, así que procuró no hablar demasiado fuerte. Matsuri negó—. ¿No le dirás aún?

—Quizá esta noche –aseguró la chica, bajando la mirada.

Sakura se separó de su esposo Sasuke, acercándose a las dos chicas, ella lucía su abultado vientre de embarazo, se notaba que estaba en las últimas. Temari se acercó también, ambas querían saludar a Boruto, el retoño de sus amigos.

—Este bebé es una ternura –aseguró la peli rosa, acariciando su vientre—. Ya quiero que nazca mi hija, aunque Sasuke-kun es el más ansioso.

—¿Al final ya has decidido su nombre? –le preguntó Temari, ayudándola a sentarse al lado de Hinata, la cual sonreía al ver que Sakura jugaba con la manito de su hijo; y pensar que alguna vez sintió envidia de Sakura, ahora eran grandes amigas.

—Se llamará Sarada.

—Es un nombre lindo –dijo Matsuri, la cual notó que su esposo la llamaba—. Chicas, disculpen –avisó antes de alejarse, yendo hacia Gaara, quién la recibió entre sus brazos y le robó un beso—. ¿Sucede algo, cielo?

—Nada, solamente que también quiero pasar un rato con la solicitada madre de la princesita –contestó él, a lo que Matsuri solamente sonrió, Gaara resultaba ser bastante celoso e infantil a veces.

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Ya era de noche cuando Gaara y Matsuri acostaron a su hija, había jugado todo el día con sus primos y estaba agotada, así que se quedó dormida rápidamente.

—Descansa, princesita –dijo la castaña, dándole un beso en la frente a Minako, para luego arroparla un poco. Ambos salieron del cuarto, apagando la luz y cerrando la puerta, entonces, fueron hacia su habitación. Gaara no tardó en atraparla entre sus brazos, rodeándola por la cintura—. Amor… –susurró ella, un poco sorprendida.

—¿Qué? –el pelirrojo frunció ligeramente el ceño, antes de llenar de besos todo el rostro de su esposa, parecía que estaba ansioso por compartir el lecho nuevamente con ella—. ¿Sabes? Le pregunté a Minako qué deseo había pedido –hablaba entre besos, sus labios rozaban una y otra vez los ajenos.

Matsuri lo rodeó por el cuello, pegándose un poco más a él.

—¿Y qué te dijo? –murmuró, acariciando la rojiza cabellera de su amado, mientras Gaara deslizaba una de sus manos bajo su blusa, acariciándole la piel con las yemas de sus dedos, de ese modo que la hacía vibrar como si fuese la primera vez.

—Que había deseado un hermanito, me lo explicó con las poquitas palabras que se sabe –Gaara mordió el labio inferior de su mujer, al mismo tiempo que le desabotonaba la blusa—. ¿Por qué no le ayudamos a hacerlo realidad?

—¿En serio te dijo eso? –la castaña se detuvo un momento, mirándole con sorpresa, a lo cual, él asintió con la cabeza.

—¿Acaso pasa algo? –interrogó, ligeramente confundido. Matsuri sonrió, acercándose a los labios de Gaara para besarlos suavemente, con calma, mientras acomodaba su mano sobre la mejilla del más alto.

—Estoy embarazada… –susurró contra sus labios de su marido, el cual, por toda respuesta, abrió sus ojos con sorpresa, para después besarla con más ganas que nunca, no podía creer que tendrían otro hijo, incluso si Minako aún era muy pequeña, le fascinaba la idea de agrandar la familia.

Cayeron besándose sobre su cama, llenándose de caricias y desnudándose el uno al otro, estaban felices y ansiosos por demostrarse una vez más lo mucho que se amaban, lo mucho que siempre se iban a amar.

Fin.

...

Este fue el episodio final, pero todavía falta el epílogo, prometo que no me demoraré un siglo para traerlo, jajaja.

¡Nos vemos en otras historias! Gracias por leer todas mis locuras, besos para todos.